Salud añade tres nuevos indicadores a semáforo: solo Colima continúa en rojo
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Salud añade tres nuevos indicadores a semáforo: diez estados en amarillo y solo Colima continúa en rojo

La semana pasada únicamente Campeche estaba en semáforo amarillo. Ahora se suman otros estados como Sonora, Chihuahua y Veracruz.
Cuartoscuro
28 de agosto, 2020
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La Secretaría de Salud anunció una modificación en la forma de evaluar el semáforo que indica la incidencia de la pandemia de COVID-19 en los estados. Con esta nueva medición, que incluye diez indicadores en lugar de los cuatro anteriores, ya son diez estados en semáforo amarillo (riesgo moderado) y solo uno, Colima, en rojo. El resto se mantiene en naranja, considerado como “riesgo alto”.

El doctor Ricardo Cortés, titular de la dirección General Promoción de Salud, fue el encargado de presentar el semáforo en la conferencia vespertina sobre COVID pero no dio detalles sobre los motivos que explican la modificación de los indicadores. 

Lee: México supera las 63 mil muertes por COVID; Salud suma 552 fallecimientos

La semana pasada únicamente Campeche estaba en semáforo amarillo. Ahora otros nueve estados le acompañan: Sonora, Chihuahua, Tamaulipas, Veracruz, Tlaxcala, Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Tabasco. 

En naranja se mantiene la mayoría de estados de la república: Baja California, Baja California Sur, Sinaloa, Durango, Zacatecas, Nayarit, Guanajuato, Querétaro, Jalisco, Michoacán, Estado de México, Ciudad de México, Morelos, Yucatán, Quintana Roo, Puebla, Hidalgo, Aguascalientes, San Luis Potosí, Nuevo León y Coahuila. 

En rojo, con máximo riesgo, se encuentra Colima. 

La Secretaría de Salud anunció que se modifican los criterios para el semáforo.

Anteriormente solo se utilizaban cuatro medidores: porcentaje de ocupación de camas en terapia intensiva, porcentaje de casos positivos de coronavirus; tendencia de camas ocupadas y tendencia de casos positivos, es decir, el comportamiento esperado con base en los números actuales, y que es calculado por el Conacyt.

Lee: Pedir un comprobante No-COVID es discriminatorio y hay que denunciarlo: López-Gatell

Ahora son diez los indicadores divididos en tres categorías.

Como “Indicadores de síndrome Covid” se evalúan: tasa de reproducción efectiva de Covid19, tasa de incidencia de casos estimados activos por 100 mil habitantes, porcentaje semanal de positividad al virus SarsCov2 y tendencia de casos de síndrome Covid19 por cada 100 mil habitantes.

Como “indicadores de hospitalización” se analiza la tasa de casos hospitalizados por cada cien mil habitantes, porcentaje de camas generales ocupadas en los hospitales de la red hospitalaria para la atención de infecciones respiratorias agudas graves (IRAG), porcentaje de camas con ventilador ocupadas en los hospitales de la red IRAG y tendencia de casos hospitalizados por cada cien mil habitantes.

El último indicador es el de las defunciones e incluye: tasa de mortalidad por cien mil habitantes y tendencia de la tasa de mortalidad por cien mil habitantes

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Viacrucis de Iztapalapa: la olvidada historia de cómo surgió esta representación de Semana Santa

Cada año en Ciudad de México hay una recreación de grandes proporciones de la Pasión de Cristo. Su origen se dio en un momento de gran necesidad para México.
15 de abril, 2022
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Hasta antes de la pandemia de coronavirus, cerca de dos millones de personas se congregaban en el sureste de Ciudad de México para presenciar la representación de la Pasión de Cristo.

Es uno de los rituales de Semana Santa más importantes y de maores proporciones del mundo, y se celebra en Iztapalapa, la alcaldía más poblada de la capital mexicana.

Curiosamente, el origen de esta tradición de casi 180 años está en otra enfermedad que se azotó México en el siglo XIX: una epidemia de cólera.

“La epidemia fue una situación límite, como la actual. Enfrentaron una mortandad tan grande que creían que iban a desaparecer“, explica a BBC Mundo la antropóloga Mariángela Rodríguez.

Este año, la Pasión de Cristo espera recuperar el esplendor que tenía hasta antes de la pandemia, con el regreso de cientos de miles de visitantes dado que Ciudad de México ha registrado un bajo nivel de contagios de covid-19 en los últimos meses.

Y como antes, unos 5.000 participantes, entre actores, organizadores y penitentes, volverán a las calles de Iztapalapa.

Pero ¿cómo surgió el fervor por la Pasión de Cristo en un antiguo barrio prehispánico?

La representación de la Pasión de Cristo de Iztapalapa

Getty Images

El “teatro evangelizador”

Si bien el ritual de los últimos días de la vida de Jesús, según la tradición católica, comenzó a escenificarse hace dos siglos en Iztapalapa, el cómo pasó a formar parte de la fe de la mayoría de los mexicanos viene de mucho antes.

El colonialismo y la instauración del catolicismo como única religión permitida desde el siglo XVI supuso el adoctrinamiento generalizado de los pueblos indígenas, los cuales tenían una diversidad de creencias y tradiciones que fueron prohibidas.

Una de las herramientas que más sirvió al clero fue el “teatro evangelizador”, explica Rodríguez, pues echó mano del arraigado gusto de los pueblos prehispánicos, como el mexica de Ciudad de México, por las puestas en escena teatrales.

La representación de la Pasión de Cristo de Iztapalapa

Getty Images

“Tenían que popularizar las creencias y no había manera de enseñarlas de manera oral o escrita. Y lo más útil fue usar imágenes”, explica Rodríguez.

En su tiempo, los dramaturgos prehispánicos eran los sacerdotes que componían comedias cortas representadas ante el público con temas religiosos o profanos. Los actores incluso eran profesionales, dedicándose casi exclusivamente a ello.

En las ceremonias y fiestas indígenas abundaba el sentido dramático, tanto en procesiones como en cantos, danzas, trajes y escenificaciones que tenían un alto contenido emotivo.

“Los mexicanos eran en especial sensibles a las formas teatrales, pues gustaban mucho de la farsa y la comicidad. Sin embargo, también se conmovían ante los hechos cruentos y dolorosos. Esto nos permite entender por qué fueron tan receptivos a la Pasión de Cristo”, señala la antropóloga Mariángela Rodríguez en su investigación titulada “Los insólitos caminos de la tradición: Semana Santa en Iztapalapa”.

Facsímil del códice Tonalámatl de Aubin

BBC
Los pueblos prehispánicos tenían muchas ceremonias alegóricas que eran vistas por grandes públicos.

Los evangelizadores españoles aplicaron lo que ahora se conoce como “culto de sustitución”.

Templos como el del Señor del Santo Entierro, conocido popularmente como el Señor de la Cuevita, el más venerado en Iztapalapa, en la época prehispánica era el de Tezcatlipoca, una deidad de los mexicas.

Una doble intención

La antropóloga reconoce la astucia de los españoles al haber usado la cosmovisión indígena como herramienta didáctica de la evangelización católica.

Pero los pueblos prehispánicos también se sirvieron de este fenómeno para preservar sus tradiciones.

La representación de la Pasión de Cristo de Iztapalapa

Getty Images

“El culto de sustitución muestra que, para que sobreviviera la religiosidad indígena, tuvo que vestirse de católica. La Virgen de Guadalupe es Tonantzin del mundo indígena”, le dice Rodríguez a BBC Mundo.

Hasta la fecha, elementos alegóricos de las viejas tradiciones prehispánicas siguen vivos en torno a rituales católicos como el viacrucis de Iztapalapa.

Aquellos caballeros águila o tigre prehispánicos hoy siguen apareciendo en las danzas de los carnavales que preceden a la Semana Santa y que forman parte de la tradición católica de la cuaresma.

El mismo sitio en donde hoy se realiza la Pasión de Cristo no es otro que el antiguo Huizachtépetl (“cerro de los huizaches”, en la lengua náhuatl) donde cada 52 años tenía lugar la ceremonia del Fuego Nuevo.

La promesa

Hacia el año 1833, México vivió una epidemia de cólera morbus que causó decenas de miles de muertes. En Ciudad de México falleció el 5% de la población y decenas de miles enfermaron.

La gente de Iztapalapa acudió ante el Señor de la Cuevita para pedirle el fin de la enfermedad. En retribución, recrearían el Vía Crucis de Jesucristo cada año a partir de 1843.

La representación de la Pasión de Cristo de Iztapalapa

Getty Images

“Creían que iban a desaparecer. Entonces el tamaño de la promesa tenía que ser así de grande”, explica Rodríguez.

El pueblo de Iztapalapa se apropió de la celebración y su organización, más allá de las directrices de la Iglesia católica.

“Es la elaboración propia de los pueblos. Se basa en textos que son básicamente melodramas. Si bien la Iglesia ya echaba mano del melodrama, aquí es hipermelodrama“, señala la antropóloga.

“Hay que recordar que en la Biblia no existen las tres caídas. Y acá sí. Y está la virgen María y María Magdalena que lloran”, añade.

La representación de la Pasión de Cristo de Iztapalapa

Getty Images

La representación del viacrucis es convalidado por la Iglesia a través de la celebración de misas, pero los organizadores son un grupo familias que han heredado la estafeta desde hace décadas.

“Todos los que participan tienen una manda o promesa para transformar su mundo. Buscar la salud, buscar empleos, son las peticiones más importantes que se hacen ahí”, señala Rodríguez.

“Es un pueblo que ama sus tradiciones”.


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