Samantha, reina de belleza trans en Puebla, fue asesinada; FGE no atiende caso
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Samantha, reina de belleza trans en Puebla, fue asesinada con dolo; FGE evade hablar con la familia

La joven de 23 años murió el pasado 20 de agosto, en Atlixco, Puebla, luego de ser impactada intencionalmente por un automóvil.
Especial
Por Lucero Hernández
31 de agosto, 2020
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Los padres, hermanos y abuelitos de Samantha Rosales Barrios colocan en el patio de la casa sillas para su novenario. El silencio de pronto se rompe por los gritos y el llanto de la abuelita con quien Samantha, mujer trans, vivió hasta antes de que el jueves 20 de agosto muriera embestida con “dolo” por un automóvil mientras circulaba en una motocicleta en Atlixco, Puebla. 

“Dijo que se iba morir siendo reina y así fue, se murió siendo reina”, dijo su hermano Silvestre Flores Rosales, cinco años menor que Samantha. 

Entre lágrimas recuerda a su hermana de 23 años, quien en 2019 obtuvo el titulo de “Señorita Atlixco Gay” de la firma Carlos y Meche, la de mayor prestigio en la comunidad gay a nivel nacional. 

Aunque pareciera un número mas en la cifra de homicidios en Puebla, el asesinato de Samantha advierte también del persistente odio hacia las mujeres transgénero. Su corona llena de brillos luce colgada en su cuarto, una habitación con piso de cemento; en el otro extremo, un crucifijo. 

Lee: La historia de Jeidy, joven indígena que sufrió un ataque transfóbico en Tehuacán, Puebla

En su cama descansan sus muñecos de peluche. La cortina del cuarto se encontraba en el suelo. Su mamá la levanta y con una sonrisa advierte que al parecer Samantha los vino a visitar, porque la cortina estaba bien sujetada. 

Samantha fue encontrada muerta la madrugada del jueves 20 de agosto sobre el pavimento en el bulevar Ferrocarriles, en Atlixco, Puebla, de donde era originaria. 

Videos de vigilancia en la zona muestran que un automóvil impactó la motocicleta en la que ella y un acompañante viajaban, ambos cayeron. El acompañante se levantó, tomó la motocicleta y se retiró dejando a Samantha en el suelo. 

Su abuelo recibió la llamada que alertó a su familia sobre la muerte de la joven. Cuando llegaron al lugar, les impidieron acercarse al cuerpo de la muchacha. Aunque le explicaron a los policías municipales que la víctima era su hija, no los dejaron pasar. 

Sus padres Fabiola Rosales y Silvestre Flores, en ningún momento vieron llegar a los peritos para resguardar el cuerpo de su hija. Fue la funeraria la que levantó el cuerpo. 

La Fiscalía General del Estado (FGE) Puebla no ha querido atender a la familia. Un encuentro en persona y una llamada es lo único que han recibido. Llegaron al absurdo de pedirles pruebas o algo que pudiera ayudarlos a identificar al asesino, pero ellos sólo saben que esa noche Samantha había salido y las amistades que le conocen no saben a dónde fue. 

Para su padre, el trabajo de la Fiscalía ha sido “deficiente”. Incluso les pidieron que llamaran a una amiga de Samantha para que acudiera a declarar, cuando ellos mismos les dijeron que la chica estaba en disposición de ayudar a ubicar al agresor. 

La familia tiene claro que fue un asesinato y pide justicia. Quieren encontrar al homicida y por ello convocaron, junto con el colectivo LGBTT+, a dos manifestaciones el viernes 28 y sábado 29 de agosto en la FGE y en la Casa de Justicia de Atlixco, donde colocaron listones con la exigencia de justicia. 

El pasado 21 de agosto, el fiscal Gilberto Higuera Bernal declaró que investigan el asesinato de Samantha como feminicidio, considerando “la calidad de la persona” y “el dolo” con el que fue asesinada. 

El Código Penal de Puebla en su artículo 338 Bis establece una pena de 40 a 60 años de prisión y una multa de 500 a mil días de salario a quien cometa un feminicidio. De incluir la agravante por odio establecida en el artículo 330 Bis, por género o preferencias sexuales, la sanción aumentaría 20 años más. 

“Iban exclusivamente sobre la moto porque el carro bien podía seguir derecho, pero los embistió y la otra persona de la moto ni siquiera se agachó, no la auxilió, se montó sobre su moto y jamás volvió a ver a Sam (…) Sí nos lástima porque quedó tendida. La persona de la moto, si hubiera obrado de buena manera, se hubiera quedado ahí. Le hubiéramos dado las gracias por acompañarla, pero no lo hizo, se vio cobarde”, expresó su padre. 

“Exigimos justicia, porque no merecía morir en esas circunstancias; queremos que paguen. No queremos que el proceso se alargue”, enfatizó su madre antes de empezar el novenario que realizan en la casa que habitó Samantha en La Magdalena Axocopan.

Un libro pendiente 

A los 16 años de edad Samantha decidió su género y empezó a consumir hormonas. Sus padres y hermanos la apoyaron. Estudió una carrera universitaria, aprendió zumba y se convirtió en instructora. Amaba las pasarelas y concursar, logró lo que quería, y sólo le faltó escribir su libro. 

Quería compartir su historia, decir: “yo nací hombre, pero me fui transformando y quiero que los jóvenes que tengan esa inquietud lo hagan, que no se queden estancados”, compartió Fabiola, su madre, en entrevista con Animal Político. 

Lee: Congreso de Puebla congela iniciativa trans sobre derecho al cambio de identidad

Hace seis años empezó a hacer pasarelas mientras estudiaba la preparatoria. En el día era Santiago y en la noche Samantha hasta que decidió su género. “Nunca hubo un rechazo, porque uno como padre nunca rechaza a sus hijos…hay que apoyarlos … ya no estamos como para espantarnos”, expresaron sus padres. 

Silvestre, su hermano, recuerda que cuando platicaron del tema “le dijimos que la íbamos a apoyar siempre, que decidiera su felicidad, no tenía que preocuparse sobre lo que dijeran los demás, que fuera feliz… No lo vamos a juzgar porque es nuestra sangre”. 

Sus padres, tres hermanos y dos abuelos convivieron con Samantha sin rechazarla. Su guardarropa cambió y fue común ver vestidos y maquillajes “es su casa al final de cuentas, podía hacer y deshacer”. 

Para Samantha era un orgullo mostrarse libre con su identidad de género y así lo compartía en sus redes sociales, lo mismo hacía con sus logros académicos. Desde primaria hasta la universidad siempre fue de primeros lugares en aprovechamiento, era una alumna ejemplar. La que fue su preparatoria, el CBTIS en Atlixco, la invitó a dar pláticas a las nuevas generaciones. 

Tenía un año de haber terminado su carrera. Era Licenciada en Administración de Pequeñas y Medianas Empresas por la BUAP. Su abuelo cada día viajaba con ella de Atlixco a la ciudad de Puebla para que tomara sus clases. Eligió esa carrera porque quería emprender su propio negocio, tener una boutique o su propia marca de ropa. 

En vida, halagos; ya muerta, transfobia

En vida Samantha no vivió agresiones por su identidad de género como las que vive ahora con su muerte. En redes sociales se transmite odio y agresiones contra la hija de la familia Flores Rosales: con groserías y violencia hay quienes se han llegado a burlar de su muerte y de la atención mediática que genera un caso más por crimen de odio.

“Nos lastima ver comentarios transfóbicos. ¿Por qué si la veían en la calle nunca le dijeron nada?, siempre eran miradas lascivas de cualquier hombre. A mí me decían ‘oye qué guapa’. Mientras estaba aquí, eran halagos, y ahora sí lástima porque no se puede defender”, manifestó molesto su padre. 

Lee: Vinculan a proceso a dos de los agresores de Jeidy, a quien dispararon por ser mujer trans

Por un lado eran las miradas por su belleza, pero también por reconocerla como mujer transgénero. En una ocasión su madre le preguntó si eso le incomodaba y ella contestó que no, que estaba acostumbrada.

Hoy su familia se queda con los recuerdos que en vida les entregó Samantha, como aquel concurso de pasteles en bicicleta en el que participaron sus hermanos pequeños y ganaron el pastel. Samantha no quería quedarse atrás e ingresó a la carrera, pero en ninguna vuelta la vieron pasar hasta que apareció llena de tierra y con raspaduras. Se había caído y perdió un diente. Pidió a su familia ayudarla a buscar ese diente, pero no lo encontraron. 

“Samantha quería brillar” 

Samantha logró ser reina de la mano de Miguel Ángel Martínez Cervantes, químico con especialidad en análisis clínicos, y también organizador de eventos de belleza gay en Puebla. 

Miguel Ángel tiene ocho años con el colectivo LGBTTIQ en Atlixco. Su incursión en concursos de belleza gay comenzó cuando inició el programa de VIH, con las pruebas rápidas gratuitas a la población de la comunidad. 

En 2002 una chica trans le pidió apoyo para participar en un evento de belleza, así fue como ingresó en la organización de eventos y notó que era la única manera de acercarse a ese grupo más vulnerable no sólo por la preferencia sexual sino por la forma en cómo expresan esas preferencias. 

“Cuando vi sus necesidades encontré la puerta para entrar al colectivo y jalarlos al terreno de la salud; desde 2002 comencé a tener demasiados casos de VIH en el municipio, pero no sabía cómo jalarlos. Al empezar a apoyarlos, ellos se acercaban y me decían ‘siento este malestar, tengo este problema’ y yo los vinculaba”. 

Miguel Ángel conoció a Samantha en 2014 cuando tenía 16 años. De sus reinas de belleza es la segunda que matan. La primera fue Yokzana Martínez Vázquez, asesinada en 2015 cuando tenía 22 años, en un ataque transfóbico que aún no ha sido aclarado.

Ha contabilizado tres asesinatos contra mujeres transgénero en casos documentados, aunque advierte que ‘no documentados’ hay muchos más, pues ha sido testigo de insultos verbales y físicos que reciben las chicas de la sociedad atlixquense, de la que lamenta que no se permitan conocer a fondo a la comunidad LGBT+. 

Lee: Apuñalan en el Edomex a Karina, mujer trans; su estado de salud es delicado

“Samantha quería brillar, le encantaban los brillos y las piedras en los vestidos y lo está consiguiendo porque ahora es un angelito más que brilla con mucha intensidad allá y tenemos a alguien que nos va a estar cuidando”, compartió Ángel. 

Cuatro crímenes transfóbicos en Puebla

Con el asesinato de Samantha Puebla suman cuatro crímenes transfóbicos en lo que va del año. La región Puebla-Izúcar de Matamoros es peligrosa para las mujeres transgénero. 

El pasado 19 de julio Estephanie y Karla fueron amarradas a un árbol y golpeadas por dos hombres en un camino que conecta a los municipios de Huaquechula y Tepeojuma. 

El colectivo LGBTTTIQ en Atlixco está dispuesto a colaborar. Quieren poner un alto a las agresiones contra los integrantes de su comunidad. Les indigna lo sucedido, porque entre ellas saben protegerse, pero nadie supo de la salida de su amiga y con quienes se encontraba. 

Gabriela Chumacero, activista de la comunidad transgénero en Puebla, declaró a Animal Político, que la cifra es mayor por todos los casos que ha investigado la Fiscalía como crímenes pasionales y muchos otros que han quedado sin investigarse. 

Para la comunidad trans, señaló, el asesinato de Samantha es un motivo más para exigir que se detenga la transfobia, pero lamentó que en el país haya más casos que no se investiguen porque los encarpetan ante la nula exigencia de sus familiares. Se pronunció por un censo de mujeres transgénero para saber cuántas son y en caso de alguna agresión o desaparición, sea mayor la alerta. 

Que el homicidio de Samantha se investigue como feminicidio, dijo, es resultado de una lucha conjunta de las mujeres trans que espera pueda concretar un acercamiento con la Fiscalía Especializada en Investigación de Delitos de Violencia de Género contra las Mujeres en el estado de Puebla.

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Reuters

5 claves para entender la confusión sobre la cifra de muertos por COVID en México

Es una de las preguntas más repetidas en México desde la llegada del COVID-19: ¿son realmente las muertes por coronavirus muchas más de las que reporta y a qué se debe esa discrepancia de datos?
Reuters
6 de julio, 2020
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Es una de las preguntas más repetidas en México desde la llegada del coronavirus: ¿son realmente las muertes por COVID-19 muchas más de las reportadas oficialmente?

El gobierno ha recibido duras y repetidas acusaciones de querer ocultar la magnitud real de la pandemia.

Las autoridades lo niegan e insisten en que sus cifras oficiales solo reflejan las víctimas diagnosticadas con un test de la enfermedad. Por lo tanto, reconocen que por fuera se quedan todas las que fallecieron sin habérseles hecho la prueba.

Estas discrepancias entre el número total de muertes registradas en pandemia y las atribuidas oficialmente al coronavirus no son un fenómeno exclusivo de México.

Pero las críticas de quienes no creían en el balance oficial —30.639 muertos hasta la madrugada de este lunes— en un país de más de 125 millones habitantes llevaron al gobierno a encargar la revisión de miles de defunciones sospechosas en los últimos meses para tratar de arrojar algo de claridad.

Los resultados de estas análisis aún no se conocen, pero se da por hecho que el aumento en los números puede ser considerable.

El subsecretario de Salud de México, Hugo López-Gatell, reconoció la semana pasada que las muertes totales durante el brote podrían haber sido hasta el triple del balance habitual en años anteriores.

Hugo López-Gatell

Gobierno de México
Hugo López-Gatell es la cara visible del gobierno de México frente a la pandemia.

Estas son 5 claves para entender qué hace tan difícil conocer el balance real de víctimas por COVID-19 en México y si sus discordancias en los datos son mayores a las de otros países azotados por la pandemia

1. Las muertes sin diagnóstico de COVID-19

Al igual que muchos países, México solo contabiliza oficialmente las muertes por coronavirus que fueron confirmadas con pruebas de laboratorio.

Ello deja fuera del balance a miles que fallecieron antes de que se les tomara la muestra, ya sea porque llegaron muy graves al hospital o porque su empeoramiento fue muy rápido. Algo que también se ha visto en otros países como Ecuador o Brasil.

Esto fue más frecuente al inicio de la pandemia. “Al principio no se les practicaba la prueba porque, una vez ya fallecidos, no se creía importante para el reporte”, reconoce Gabriel O’Shea, secretario de Salud del Estado de México, el más poblado del país.

Eso, más las carencias y el desconocimiento general sobre cómo gestionar el nuevo coronavirus en sus inicios se tradujeron en miles de certificados de defunción con diagnósticos incorrectos.

“Muchas unidades médicas ni siquiera tenían acceso a las pruebas porque aún no se había establecido una red de laboratorios o porque no se contaban con insumos para la toma de muestras”, asegura el doctor Malaquías López, vocero de la Comisión COVID-19 de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Muestras de covid

Reuters
A muchos de los fallecidos por coronavirus en México al inicio de la epidemia no se les practicaba la prueba, lo que impidió confirmar su diagnóstico.

“Al principio no sabíamos ni cómo llenar ese certificado de defunción. El doctor decía: ‘Mi paciente se murió con estos síntomas, ¿qué pondré si no tengo el examen de laboratorio? Pues le pondré neumonía atípica'”, dice Gabriel O’Shea en entrevista con BBC Mundo.

Esto cambió, dice, con el lineamiento técnico sobre cómo certificar las muertes que el gobierno publicó con base en las recomendaciones de la OMS a mediados de abril, un mes y medio después de detectarse el primer contagio en el país.

También ayudó el cambio de estrategia y la decisión de realizar pruebas PCR a todos los pacientes de COVID-19, incluso después de fallecer, siempre que resulte posible.

Pero, para entonces, los registros ya se habían llenado con actas de defunción que mostraban diagnósticos confusos como “probable COVID, “sospechoso de COVID”, las citadas “neumonías atípicas” o conceptos similares, a falta de poder confirmarse sin la prueba de laboratorio.

Mujer a la que le toman una muestra

AFP
En la actualidad, la prueba de COVID-19 se realiza a pacientes tanto vivos como muertos, cuando las circunstancias permiten aún recoger la muestra.

Investigaciones periodísticas han resaltado el alto número de estos diagnósticos poco claros y muchos acusaron a las autoridades de querer maquillar la realidad, algo que el gobierno niega.

Las acusaciones de falta de transparencia sí llevaron al Ejecutivo a anunciar, a inicios de junio, la creación de una comisión técnica para analizar esas actas de defunción para determinar “la mortalidad no observable” y sumar sus datos al balance de muertes reportadas.

Sus conclusiones, al igual que las de un grupo de expertos similar creado específicamente para Ciudad de México, se darán a conocer próximamente y alterarán sin duda la huella oficial conocida hasta ahora de lo que el coronavirus ha supuesto en el país.

2. Las muertes en casa

Otro de los desafíos para tener diagnósticos de COVID-19 confirmados oficialmente se da en el caso de las personas que mueren mientras son llevadas al hospital o en su propia casa.

Pese a que no suponen un porcentaje muy elevado del total de afectados, tomar una muestra útil en estas personas para enviar al laboratorio puede seguir resultando difícil.

“Cuando el médico acude a la casa y sospecha de una posible muerte por COVID, debe pedir a la jurisdicción que vaya a recoger la muestra. Pero esta se debe tomar poco después del fallecimiento y no horas después para que sirva para llevar control”, subraya O’Shea, quien también resultó contagiado con el virus hace unas semanas.

Laboratorio de covid/19 en Mexico

AFP
Las muestras deben ser recogidas poco después del fallecimiento para poder ser analizadas en los laboratorios de COVID-19, lo que no siempre es posible cuando la persona muere en su casa.

Estos casos son más complicados por el hecho de que ni el propio médico que acude a la casa ha podido ver por sí mismo los síntomas del paciente, sino que se remite a las explicaciones de los familiares.

“A veces, solo te saben decir que por la mañana empezó a arrojar muchas flemas y al mediodía ya había muerto en casa. Entonces tenía un problema pulmonar, pero si esa persona tenía 85 o 90 años, ¿puedo yo decir que fue COVID? Se vuelve difícil”, le dice López a BBC Mundo.

El experto cree que el número de muertes en casas se puede ver acentuado por el hecho de que en México “hay segmentos de la población que no reconocen ninguna fuente formal de atención médica y no saben a dónde dirigirse”.

“No sabemos a dónde van estas personas cuando algo les sucede. O no buscan la atención, o lo hacen en algún servicio privado de bajo costo que no tiene capacidad ni los mecanismos para notificar algún problema”, agrega.

3. El exceso de muertes

El exceso de muertes es el número de fallecimientos ocurridos en esta pandemia por encima del promedio de muertes registradas en el mismo período de años anteriores.

Con base a este cálculo que López-Gatell reconoció la semana pasada al diario The Washington Post que la cifra general de muertos en Ciudad de México podría haber sido el triple de lo habitual, lo que después dijo que podría ocurrir también en todo el país.

Se contempla que la mayoría de este exceso de muertes corresponda a víctimas de covid-19 no registradas, aunque también incluiría fallecidos por otras causas.

Según O’Shea, en el Estado de México no se registró exceso de mortalidad por otras enfermedades, pero sí se dispararon los casos por causas respiratorias.

“En 2018 tuvimos reporte de 1,300 fallecidos por neumonía; 2,185 en 2019 y ahora en 2020 ya tenemos 7,924”, enumera con datos hasta el viernes 3 de julio.

Entierro en el Estado de Mexico.

Getty Images
Cerca de 8.000 actas de defunción sospechosas serán analizadas en el Estado de México para determinar si se debieron al covid-19.

Equipos de epidemiólogos revisan este alto número de neumonías para concluir si fueron o no debidas al covid.

Pero, basado en la positividad de casos vista en la evolución de esta pandemia, el secretario de Salud mexiquense calcula que “seguramente el 50% (de los 7,924) serán casos de covid”.

Estos se sumarían entonces a las más de 4,600 muertes confirmadas hasta ahora en el estado. Es decir, que la cifra actual de muertos en el Estado de México casi se duplicaría.

De nuevo, el exceso de muertes no es un fenómeno exclusivo de México sino identificado en buena parte del mundo durante esta pandemia.

Una investigación de la BBC sobre una treintena de países identificó al menos 130.000 personas fallecidas durante este período al margen de las muertes reconocidas como coronavirus.

Pero O’Shea sí señala un factor que puede contribuir a un mayor exceso de muertes en México respecto a otros países y a que la fase de máxima transmisión se haya convertido en “meseta” y los casos no acaben de disminuir visiblemente tras varias semanas.

“Aquí (en el estado de México) tenemos el primer y nada honroso lugar en obesidad, y también en pacientes diabéticos sin medicamento y sin control: cinco millones de los 13 que viven en el país”, recuerda.

“Es muy diferente la epidemiología de un mexicano que la de un noruego. Por estas comorbilidades de diabetes, hipertensión y obesidad es que el virus es más agresivo y, por ende, tenemos mayor mortalidad en nuestro país”.

4. La demora en los resultados de los tests

En este punto de la pandemia, el doctor López de la UNAM cree que el actual “cuello de botella” a la hora de tener mayor claridad sobre los casos es el rezago en la obtención de los resultados de las pruebas de laboratorio.

Así, en los datos que el gobierno publica diariamente, se observa cómo gran número de las nuevas muertes no ocurrieron realmente en las pasadas 24 horas, sino semanas o incluso meses antes.

Muestra

AFP
El retraso a la hora de analizar las muestras de posibles casos de covid-19 hace que algunos de los positivos se confirmen días o semanas después.

Ello dificulta enormemente el seguimiento epidemiológico y el conocer cuándo realmente la curva de casos comenzará a bajar, ya que las confirmaciones de las muestras de casos sospechosos recogidas hoy tardarán días o semanas en llegar.

Algo similar ocurrió en abril en Ecuador, cuando en un día duplicó su número oficial de contagios debido a la obtención de miles de resultados de pruebas retrasadas.

Y aunque en México se fueron abriendo laboratorios estatales para procesar las pruebas después de que inicialmente solo se realizaran en el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (Indre) de la capital, el alto número de tests aún mantiene saturados los sistemas.

"Ahora, el cuello de botella está en el tiempo que se tarda en regresar el resultado de las pruebas de covid-19 desde el laboratorio"", Source: Malaquias López, Source description: Profesor de Salud Pública y vocero de la Comisión Covid-19 de la UNAM., Image: Malaquías López, profesor de Salud Pública y vocero de la Comisión Covid-19 de la UNAM.

En el Estado de México, según su titular de Salud, se está a la espera de conocer el resultado de unas 4.000 pruebas de las 2,000 que se realizan diariamente.

O’Shea calcula que, actualmente, los resultados de los tests realizados en su estado demoran hasta una semana en ser publicados, frente a “los 15 o 20 días, o incluso un mes” que pueden llegar a tardar en laboratorios federales como el Indre, asegura.

5. La necesidad o no de contabilizar todas las muertes

Al igual que las autoridades federales, el secretario de Salud del Estado de México niega tajantemente tener interés en ocultar las muertes reales por COVID-19 y atribuye las discrepancias en los datos a los factores ya mencionados.

“Yo no veo el fin o la utilidad de que yo, como doctor, pudiera querer esconder o no informar de los casos. No veo que estemos luchando por tener un último o segundo lugar, de eso no se trata”, dice O’Shea.

“Al contrario, estaré muy feliz el día en que tenga la letalidad definitiva en mi estado, para ver cómo afectó a los mexiquenses. El índice de muertos que deje la pandemia es muy importante saberlo, el registro es vital para saber el comportamiento de este virus”.

Cementerio en Mexico.

Reuters
Expertos discuten sobre si registrar el 100% de muertes por COVID-19 es imprescindible o no para diseñar las estrategias sanitarias frente a la pandemia.

Pero López-Gatell insistió en los últimos días en que no es necesario tener una contabilidad completa de indicadores como las muertes para reconocer los patrones de ocurrencia de la enfermedad y poder así actuar frente a su propagación.

Y aunque subrayó no querer decir que no sea importante contabilizar todos los eventos, sobre todo los fallecimientos, aseguró que no es objetivo de ningún sistema de vigilancia epidemiológica contabilizar todos los casos.

“En ningún país del mundo se tiene un número del tamaño real de la epidemia”, dijo en varias ocasiones, y recordó cómo en Estados Unidos sus autoridades sanitarias reconocieron que la epidemia podría ser diez veces mayor.

"Yo no veo el fin o la utilidad de que yo, como doctor, pudiera querer esconder o no informar de los casos. No veo que estemos luchando por tener un último o segundo lugar"", Source: Gabriel O´Shea, Source description: Secretario de Salud del Estado de México., Image: Gabriel O´Shea, secretario de Salud del Estado de México.

Su planteamiento recuerda al utilizado para defender el método Centinela, empleado al inicio de la epidemia en México para contabilizar los casos con un sistema de muestreo similar al de las encuestas.

El Centinela permitía tener un estimado de casos de COVID-19, aunque lejos del número real, al considerarse que no era necesario para plantear las estrategias sanitarias, lo que provocó enfrentamientos entre defensores y críticos de este método.

“El argumento que se dio para usar el Centinela se basaba en la creencia de que estábamos ante una enfermedad casi idéntica a la influenza, con una variación muy predecible en términos de estacionalidad y de la cantidad de personas que pueden llegar a tener alguna forma grave”, dice López.

Con la influenza se considera pertinente enfocarse en ofrecer atención hospitalaria a los casos graves, pensando que todos los demás “se curarían solos”. Así que resulta suficiente con tener una idea del número de contagios, pero sin saberlo con exactitud.

“Cuando llegó el COVID a México se pensó que se podría tratar igual que la influenza, y creo que fue un error fatal, un error monumental por el que ahora ya no hay manera de reconstruir la realidad y conocer exactamente el alcance de la enfermedad”, concluye el experto de la UNAM.

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