26 grupos criminales operan en Edomex; CJNG y Familia Michoacana dominan
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Jesús Santamaría

26 grupos criminales operan en Edomex; Cártel Jalisco y la Familia Michoacana disputan la entidad

La Familia Michoacana tiene presencia en 55 de los 125 municipios de la entidad, lo que representa un despliegue en el 44% del territorio; el CJNG está en 31.
Jesús Santamaría
Por Zedryk Raziel y Arturo Ángel
24 de septiembre, 2020
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El Estado de México es un polvorín plagado de grupos de la delincuencia organizada. En él operan al menos 26 organizaciones delincuenciales, desde cárteles hasta células criminales, que han hundido a la entidad en la violencia y han convertido a los mexiquenses en víctimas permanentes del tráfico de drogas, homicidios, feminicidios, secuestros, extorsiones y robos, conforme datos oficiales.

La cartografía de los grupos criminales construida por autoridades de inteligencia del Gobierno mexiquense dista por mucho de los diagnósticos elaborados por la Federación. El pasado lunes, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) identificó a ocho organizaciones delincuenciales con operaciones en la entidad; en junio, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) definió que eran sólo cuatro.

Información de fuentes de inteligencia estatales obtenida por Animal Político identifica a dos grandes cárteles en disputa por el territorio: La Familia Michoacana, con dominio mayoritario en el sur del estado -en colindancia con Guerrero, Morelos y Michoacán-, y el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), que pelea el control en el Valle de México, esto es, en los municipios que rodean a la CDMX, y en el oriente.

En total, La Familia tiene presencia en 55 de los 125 municipios de la entidad, lo que representa un despliegue en el 44% del territorio; el CJNG está en 31 municipios. Ambas organizaciones criminales disputan el dominio en 23 demarcaciones, en algunos casos sólo entre ellas dos, en otros, en enfrentamiento con más grupos delincuenciales. 

Lee: Cártel de Jalisco opera en 27 estados del país; hay otros 18 grupos criminales

La pelea por la plaza entre los cárteles y las células criminales ha tenido efectos en la vida y seguridad de los mexiquenses. El gobierno local, encabezado por el priista Alfredo del Mazo, ha identificado que 20 municipios concentran el 72.5% del total de la incidencia delictiva estatal, por lo que son considerados focos rojos. En absolutamente todos ellos operan La Familia y/o el CJNG. Algunos de esos municipios son ya célebres por su incesante aparición en las secciones de nota roja de los medios: Ecatepec, Tecámac, Chalco, Chimalhuacán, Ixtapaluca, La Paz, Nezahualcóyotl, Tlalnepantla o Nicolás Romero. 

El Edomex se ha posicionado como segundo lugar nacional por denuncias de extorsión, un delito que las agencias de inteligencia estatales atribuyen principalmente al cártel de La Familia Michoacana, liderado en la entidad por los hermanos Hurtado Olascoaga: Johnny, alias “El Pez” o “El Mojarro”, y José Alfredo, alias “El Fresa” o “El Feyo”. 

Según los informes a los que este medio tuvo acceso, La Familia controla el precio de productos como la carne de cerdo, la tortilla, el huevo, el jitomate y el pollo, y de materiales para el sector de la construcción. La mecánica consiste, según las fuentes, en extorsionar a pequeños empresarios para que compren los productos y bienes a proveedores específicos, presuntamente ligados al grupo criminal; además, se practica el “cobro de piso”. Los municipios más afectados por estos delitos son los ubicados al sur del estado.

De acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), hasta agosto de este año, el Edomex registró 2 mil 005 víctimas de extorsión, cifra superior a las 1 mil 577 de todo 2019 y a las 1 mil 010 de 2018. 

Otros delitos considerados de alto impacto también están al alza. En cuanto a homicidios dolosos, hubo 1 mil 902 víctimas hasta agosto de este año, casi la misma cantidad que las registradas en todo 2019 (1 mil 954), y casi el doble que las de 2018 (1 mil 160). Por narcomenudeo local se han abierto 2 mil 400 carpetas de investigación este año, contra 2 mil 531 del año pasado y 1 mil 279 de 2018.

El Edomex también ha mostrado incrementos en delitos del fuero federal. Por ejemplo, por posesión de armas de uso exclusivo del Ejército se han iniciado 663 carpetas de investigación hasta agosto de este año; en todo 2019 fueron 702, y en 2018, 553. También se han iniciado 234 carpetas por delitos contra la salud (narcotráfico), cifra que casi iguala la cantidad total de 2019 (245) y que ya superó la de 2018 (209). Por delincuencia organizada se han abierto 13 carpetas de investigación en 2020, 22 en 2019 y 14 en 2018.

Tráfico de droga, extorsión y secuestro

Las agencias de seguridad e inteligencia estatales tienen identificados a los cabecillas de cada grupo delincuencial, así como sus áreas de influencia y sus principales actividades criminales.

Además de La Familia y el CJNG, el Gobierno mexiquense ha detectado operaciones importantes del Cártel Nuevo Imperio -que surgió como una célula del Cártel de Sinaloa-, el Cártel del Golfo, Los Caballeros Templarios, Guerreros Unidos, Los Beltrán Leyva, Los Rojos, la Unión Tepito y la Fuerza Anti Unión (estas dos últimas surgidas en la Ciudad de México y que han expandido sus operaciones hacia las periferias urbanas del Valle de México, previamente disputadas por La Familia y el CJNG, lo que explica los elevados índices de violencia en esa región).

Lee: El Cártel de Jalisco en CDMX: seis años de crecimiento, alianzas y un atentado inédito

Existen otros 17 grupos delincuenciales dedicados indistintamente al tráfico de drogas, el robo al autotransporte, la extorsión y el secuestro: Los Rojos, el Cártel de Tláhuac, el Cártel del Centro, el Cártel del Sur, El Grupo, La Barredora, La Nueva Empresa y el Grupo del Comandante R10.

También Los Águila, Los Talibanes, Los Monterrey, Los 13, CJNGXL, Los Charales, Los Zotacos, Los Martincillos y una denominada “Célula Independiente”.

Según los informes de inteligencia, La Familia Michoacana sostiene una disputa por el control del territorio para el trasiego y venta de drogas, armas y municiones con el CJNG en el Valle de México y con la Unión Tepito y la Fuerza Anti Unión en el oriente. Las autoridades estatales tienen identificados a 10 líderes de La Familia.

El CJNG tiene como principal adversario al cártel de La Familia, a la que ha lanzado amagos de “limpia de plaza” mediante narcomantas. También tiene enfrentamientos con el Cártel de Tláhuac y la Unión Tepito -esta última dirigida por Rachif Castro y con operaciones en Tecámac, Ecatepec y Nezahualcóyotl, territorios dominados por el CJNG-. De acuerdo con los reportes a los que se tuvo acceso, este cártel coopta a “células independientes” o “fracciones” de otros grupos consolidados para extender su control territorial sobre el narcomenudeo, el secuestro, la extorsión y el robo de vehículos. El Gobierno estatal definió 13 objetivos del CJNG, incluyendo a dos cercanos colaboradores del fundador del grupo criminal, Nemesio Oseguera, “El Mencho”: Gonzalo Mendoza Gaytán, “El Rey Sapo”, y Juan Carlos Valencia, “El JP” o “El 3”.

El Cártel del Golfo tiene operación en los municipios de Amecameca, Tlalnepantla, Tecámac, Cuautitlán Izcalli y Naucalpan, zonas de influencia también del CJNG. Liderado por José Roberto Díaz Cornelio, “Comandante Pepe”, el Cártel del Golfo en el Edomex está integrado por personas provenientes en su mayoría de Tamaulipas, según los informes de inteligencia.

El grupo Guerreros Unidos, dirigido por Ángel Casarrubias Salgado, “El Mochomo”, tiene su zona de influencia en municipios sureños del Edomex (bastión de La Familia), como Valle de Bravo, Amanalco, Otzoloapan, Zacazonapan, Tenango del Valle, Ixtapan de la Sala, Tianguistenco y Xonacatlán.

La Fuerza Anti Unión, que dirige un sujeto identificado con el alias de “Boxer” o “Androide”, es vinculada por las autoridades mexiquenses al robo de autotransporte y la extorsión a transportistas, lo que representaría la principal fuente de financiamiento de la organización. Opera principalmente en Ecatepec, donde disputa el control de la extorsión y de la venta de drogas, armas y piratería con la Unión Tepito y La Familia Michoacana, de acuerdo con los reportes indagados.

Lee: Operativo Agave Azul: Hacienda congela 1,939 cuentas presuntamente vinculadas al Cártel de Jalisco

Otro grupo delincuencial con presencia en el estado el Los Caballeros Templarios, liderado por Rodolfo Maldonado Bustos y/o José Pineda González, quien había sido jefe de plaza del CJNG, y que tiene presencia en los municipios de Aculco, Polotitlán, Jilotepec y Soyaniquilpan.

Complicidad entre la policía y los grupos criminales

Otro factor que ha abonado a la elevada penetración de los grupos del crimen organizado en el Edomex y al aumento de la incidencia delictiva es la colaboración de los agentes policiacos con los presuntos delincuentes.

La Secretaría de Seguridad Pública estatal, a través de la Unidad de Asuntos Internos, ha abierto 3 mil 874 expedientes en contra de agentes por actos de corrupción, especialmente por nexos con organizaciones criminales, en los tres años de la administración de Del Mazo.

De ese total, 1 mil 580 han derivado en carpetas de investigación de la Fiscalía estatal. Al menos en 10 casos se ha obtenido la vinculación a proceso contra elementos policiales por su participación en secuestros, extorsiones y homicidios, de acuerdo con información oficial. 

Uno de los casos más recientes está relacionado con el asesinato de Adrián Menes Cortés, “La Hormiga”, presunto operador del CJNG. La Fiscalía descubrió que fue “levantado” por dos agentes estatales, quienes ya fueron sentenciados y encarcelados.

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¿Por qué muchas mujeres aún se cambian el nombre para usar el apellido de sus maridos?

Tomar el apellido del esposo tiene un origen patriarcal histórico, ¿por qué entonces tantas mujeres mantienen esta tradición?
27 de septiembre, 2020
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Novia con brazo apoyado en el de su novio.

Getty Images
En Estados Unidos, la mayoría de mujeres adoptan el apellido de sus maridos cuando se casan.

Planear una boda en tiempos de pandemia es algo lleno de incertidumbres, pero Lindsey Evans, de 30 años, tiene clara una certeza: “cuanto más se acerca la fecha, más segura estoy de que quiero adoptar su apellido”.

La boda entre esta californiana y su pareja está prevista para julio de 2021.

En Estados Unidos, la mayoría de mujeres adoptan el apellido de sus maridos cuando se casan. En concreto un 70%, según uno de los análisis de datos más exhaustivos en los últimos años.

En Reino Unido, esa cifra asciende a casi un 90%, según datos de 2016. Y el 85% de esas mujeres tiene entre 18 y 30 años.

Aunque la tendencia es menor que hace una generación, queda claro que esta norma cultural aún persiste con fuerza en varios países del mundo occidental. Incluso a pesar de que hoy vivimos en una era más individualista y con mayor conciencia de género.

Aunque las definiciones de feminismo pueden variar, un 68% de mujeres menores de 30 años se definen como feministas en EE.UU. y alrededor del 60% en Reino Unido.

“Es bastante sorprendente, ya que esta tradición viene de la historia patriarcal, de la idea de que una mujer casada se convertía en una de las posesiones del hombre”, dice Simon Duncan, profesor de la Universidad de Bradford, en Reino Unido, quien ha estado investigando esta práctica.

Lindsay Evans

Lindsay Evans
Lindsey Evans, de 30 años, quiere adoptar el apellido de su futuro marido.

Es una tradición arraigada en la mayoría de países de habla inglesa, aunque el concepto de “adueñar” esposas hace más de un siglo que no se usa en Reino Unido y actualmente no hay ningún requerimiento legal para adoptar el nombre del marido.

Gran parte de Europa occidental sigue el mismo patrón, con las excepciones de España e Islandia, donde las mujeres mantienen sus apellidos y Grecia, que estableció un requerimiento legal en 1983 para que las mujeres retuvieran su apellido de por vida.

Incluso en Noruega, categorizado como uno de los países líderes en igualdad de género y con una historia patriarcal menor, la mayoría de mujeres siguen tomando el apellido de sus maridos. Allí, sin embargo, alrededor de la mitad de las mujeres que adoptan otros nombres mantienen su apellido de solteras como segundo nombre, que funciona como apellido secundario.

“¿Es esto solo una tradición inofensiva o hay algún tipo de significado que se filtra desde esos tiempos hasta ahora?”, se pregunta Duncan, quien recientemente se asoció con académicos de la Universidad de Oslo y la Universidad del Oeste de Inglaterra para ahondar en por qué persiste esta tradición.

Tradiciones patriarcales

Por supuesto, hay numerosas razones por las que una mujer puede querer cambiar su apellido de soltera, ya sea porque le disgusta o por desasociarse de padres ausentes o abusivos miembros de la familia.

Pero a través de un intenso análisis de investigaciones y entrevistas con parejas recién casadas o comprometidas en Reino Unido y Noruega, el equipo de Duncan identificó dos motivos especiales.

El primero fue la persistencia del poder patriarcal. El segundo, el ideal de “buena familia”; la creencia de que compartir el nombre de tu pareja simboliza el compromiso y te une a ti y a tus posibles hijos dentro de una unidad.

Algunas parejas aceptan el cambio de nombre simplemente por ser una tradición, mientras que otras adoptan con entusiasmo la idea de transmitir los apellidos del hombre.

“Algunos hombres todavía insisten en mantener ese tipo de suposición patriarcal que viene del pasado. Algunas mujeres están de acuerdo con eso y lo tienen internalizado. Hay mujeres realmente ansiosas en asumir el apellido de su esposo”, explica Duncan.

Hombre proponiendo matrimonio.

Getty Images
Cambiar al nombre del esposo está asociado con otras tradiciones como que sea el hombre el que pide matrimonio.

La investigación de su equipo expone que el hecho de que las mujeres cambien su nombre está vinculado a otras tradiciones patriarcales como que los padres entreguen a sus hijas antes de la boda o que los hombres sean los que proponen matrimonio.

Estos elementos, dice Duncan, forman parte del “paquete de matrimonio” para muchas parejas.

“Es parte del romance”, coincide Corinna Hirsh, alemana de 32 años residente en Estocolmo, Suecia, quien tomó el apellido de su marido al casarse el año pasado.

“Dormimos en habitaciones separadas la noche anterior. Mi padre y mi marido dieron un discurso, pero yo no”, agrega.

Hirsh cree que estas tradiciones le ayudan a ella y su pareja a desarrollar un vínculo más profundo, a pesar de ya llevar más de ocho años juntos. “No esperábamos sentirnos más cerca tras la boda, pero el hecho de haberla organizado a lo grande y tener un solo apellido hicieron el truco”.

La “buena familia”

El segundo motivo que Duncan y su equipo indagaron se basa más en percepciones públicas. Concluyeron que tomar el apellido de tu pareja se percibe como una forma de mostrar compromiso y unión hacia el exterior.

“Siento que nos da una identidad como familia y no como individuos”, concuerda Lindsey Evans en California.

Familia.

Getty Images
Muchas mujeres eligen tener el mismo apellido que sus parejas para dar más sentido de unidad familiar.

La investigación de Duncan concluyó que esta narrativa de “buena familia” era especialmente fuerte entre las mujeres que ya habían tenido hijos. Incluso algunas de las que no adoptaron el nombre de sus parejas lo hicieron después de dar a luz.

“Quise hacerlo para tener una mejor conexión con mi hijo, no solo en nuestra relación, sino también sobre el papel”, dice Jamie Berg, bailarina y gimnasta estadounidense de 36 años residente en Oslo, Noruega.

Tras mantener su nombre de nacimiento durante varios años, sobre todo porque era importante para su identidad profesional, añadió el nombre de su marido a su pasaporte y otros documentos cuando su hijo nació para “así tener los tres el mismo apellido”. Esto, esperaba, evitaría líos administrativos, por ejemplo, al viajar fuera del país.

El estudio de Duncan destacó otro sentimiento común entre muchos padres, y es que los niños pueden terminar confundidos o infelices como resultado de que los padres tengan nombres diferentes.

Pero argumenta que si bien esto puede crear incomodidad en los adultos, la investigación sociológica sugiere un impacto limitado en los niños, y la mayoría no se confunde en absoluto sobre quién conforma su familia, independientemente de su apellido.

¿Tradición contra el feminismo?

Los académicos están divididos sobre cómo esta norma juega en contra de los esfuerzos para conseguir la igualdad de género.

Duncan describe como “bastante peligroso” si las parejas lo hacen porque adoptan la tradición o simplemente la asumen por defecto.

“Perpetúa la idea de que el marido es la autoridad… reproduciendo la tradición de que el marido es el líder de la casa”, explica el investigador.

Ese argumento es fuertemente apoyado por mujeres como Nikki Hesford, de 34 años y propietaria de un negocio en el norte de Inglaterra. Ahora está divorciada, pero se negó a tomar el nombre de su exmarido cuando se casaron, y dice que le sorprende ver que pocas esposas hacen lo mismo.

Mujer con mano extendida.

Getty Images
Algunas mujeres piensan que asumir el apellido de la pareja masculina no ayuda al movimiento feminista.

“Las mujeres se quejan de que siempre terminan siendo las cuidadoras, las que dejan de lado el trabajo cuando se enferma el niño, lo llevan al hospital o la que sufren con sus carreras profesionales. Pero es que desde el principio sientan el precedente (con el cambio de nombre) al decir ‘tú eres más importante que yo, tú el principal y yo la secundaria'”, argumenta Hesford.

“Algunas personas me dicen que lo estoy pensando demasiado y que no significa nada, pero yo no estoy de acuerdo”, amplía.

Sin embargo, Hilda Burke, una terapeuta de parejas irlandesa, cree que las mujeres que eligen conservar sus apellidos no deberían juzgar tan rápido a las otras. La especialista apunta que estos conceptos de “romance retro”, reforzados por el cine y la literatura, se han amplificado con las redes sociales.

Esto significa que las mujeres seguirán influenciadas por este tipo de mensajes, a pesar de que el feminismo cuenta con una mayor plataforma hoy en día.

“Mucha parte del contenido de las influencers gira en torno a tener un novio, una gran fiesta de matrimonio y luna de miel. Incluso aunque esas mujeres se identifiquen como feministas, el estilo de vida que representan es el del ideal romántico”, dice Burke.

La especialista opina que, para muchas, cambiar al apellido de sus maridos es una opción pragmática y no necesariamente tiene que ver con ser más o menos feminista.

Pareja de casados en la playa.

Getty Images
“Mucha parte del contenido de las influencers gira en torno a tener un novio, una gran fiesta de matrimonio y luna de miel. Incluso si esas mujeres se identifican como feministas, el estilo de vida que representan es el del ideal romántico”.

Otro argumento es que, a fin de cuentas, el feminismo también se trata de dar a las mujeres libertad de decisión. Esto significa que siempre y cuando sean ellas las que decidan qué nombre tomar, no debería importar si va a favor o no de las normas patriarcales.

“Mi novio jamás me ha dicho que debo adoptar su apellido. Como feminista, soy capaz de tomar la decisión que es mejor para mí sin preocuparme por los roles de género“, dice Evans.

¿Seguirá así en el futuro?

Los investigadores debaten acaloradamente cuán prevalente será la tradición de tomar el apellido de los maridos en el futuro. Hay poca investigación académica predictiva, aunque hay indicios de que, a pesar del lento progreso hasta la fecha, tanto mujeres como hombres están cada vez más abiertos a alternativas.

En Reino Unido, una encuesta de 2016 a más de 1.500 personas mostró que al 59% de las mujeres todavía les gustaría tomar el apellido de su cónyuge al contraer matrimonio, y el 61% de los hombres todavía quiere que lo hagan así.

Aunque estas cifras son altas, son alrededor de un 30% más bajas que la proporción de británicos que actualmente siguen la tradición.

Otra encuesta mostró que el 11% de los jóvenes de 18 a 34 años en Reino Unido ahora están usando apellidos compuestos cuando se casan. Se trata de un práctica que tradicionalmente hacían las familias más adineradas.

“Lo hablamos antes y decidimos que como íbamos a compartir todo en nuestras vidas, también tenía sentido compartir los nombres”, explica Nick Nillsson-Bean, un británico de 36 años residente en Suecia, quien tiene el mismo apellido compuesto de su esposa.

Hombre poniendo anillo a su mujer.

Getty Images
Muchas parejas, por otra parte, optan por llevar apellidos compuestos.

“Se sentía un poco arcaico que tomara mi apellido”, explica.

En Estados Unidos, un número cada vez mayor de mujeres también está optando por apellidos compuestos sin guiones para ser más visibles online por motivos profesionales.

Mientras tanto, algunas parejas mezclan sus nombres o inventan otros nuevos para compartir y los hombres adoptan los apellidos de sus esposas, aunque ambos fenómenos siguen siendo inusuales.

“No estaba obsesionado con toda la masculinidad y la patriarcal y sabía lo importante que era conservar la identidad para mi esposa“, dice Ciaran McQuaid, un ingeniero británico de 39 años que cambió su nombre y se puso el apellido de su esposa.

Dado que las mujeres tienden a casarse más tarde (la edad promedio es ahora de 35 años o más en países europeos, incluidos Reino Unido, Italia y España, y alrededor de 28 en EE.UU.) esto también puede tener un impacto en la elección de nombres futuros.

Una investigación conjunta de Noruega y EE.UU. expone que las mujeres mayores, más educadas y económicamente independientes tienen más probabilidades de mantener sus nombres de nacimiento, mientras que la práctica es menos popular entre las más jóvenes, con salarios más bajos y dentro de la comunidad afroestadounidense.

Pareja casada.

Getty Images
Las mujeres de la comunidad afroestadounidense son menos propensas a conservar sus apellidos tras casarse.

“Ya tenía casa, título, automóvil…si cambiaba de nombre tendría que cambiar todos esos documentos y licencias”, explica America Nazar, una dentista de 50 años residente en Noruega que no cambió su nombre tras casarse el año pasado.

Otros investigadores destacan la influencia de la comunidad LGBTIQ, donde ya hay tendencia a ser más flexibles a la hora de cambiar de nombres.

La doctora Heath Schechinger, psicóloga y terapeuta de la Universidad de Berkeley en California, predice que se puede alentar a las parejas heterosexuales a mantener sus propios nombres a medida que “el concepto de ‘familia’ se expande”.

Es hora de que esto se convierta en una discusión abierta dentro de las asociaciones y no en algo que se asuma o esté predeterminado”, coincide la gerente de marketing Verity Sessions, de 35 años, de Inglaterra, que mantuvo su propio nombre cuando se casó con su esposa.

“Algunos de mis amigos han decidido tomar el apellido de su esposa”, dice.

Sin embargo, dice que entiende que otras parejas “simplemente aman una tradición” o podrían optar por nombres que simplemente “hacen que un árbol genealógico sea un poco más fácil de elaborar”.

En Londres, la psicoterapeuta Burke también cree que las nomenclaturas convencionales van a cambiar, aunque ahora con la batalla contra la covid-19 están teniendo lugar otras prioridades,

Los fanáticos de la tradición de los nombres masculinos como Corinna Hirsch, sin embargo, esperan que no se extinga. “Sería bueno si continúa, pero solo si no es forzado”, opina.


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