"Son seis años y nada": estos son los pendientes en el caso Ayotzinapa
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Foto: RODRIGO ARANGUA / AFP

"Son seis años y nada": estos son los pendientes de la investigación sobre Ayotzinapa

Órdenes de aprehensión contra militares, las capturas de Carlos Gómez Arrieta y una exMP, así como el arresto de un policía federal son las novedades del informe. Queda pendiente lo importante: saber qué ocurrió con los 43 estudiantes y una nueva narrativa que sustituya la denominada “verdad histórica”, ya desechada.
Foto: RODRIGO ARANGUA / AFP
27 de septiembre, 2020
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“Queríamos llegar con un poco más. Son ya seis años y no tenemos nada”. Las palabras de María Martínez Ceferino, madre del normalista desaparecido Miguel Ángel Hernández Martínez, sintetizan el desánimo con el que los padres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa afrontan el sexto aniversario de los hechos de Iguala. Durante meses, los familiares de los desaparecidos mostraron su frustración ante la escasez de avances y la presentación del informe era el modo con el que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador reafirmaba su compromiso con sus reivindicaciones. 

El balance, sin embargo, tiene sus vacíos. Existe consenso en desechar la denominada “verdad histórica”. Es decir, que hay acuerdo sobre qué es lo que no ocurrió. También hay anuncios de calado, como las órdenes de aprehensión contra militares, hasta ahora intocables. Sin embargo, las grandes interrogantes siguen pendientes: ni se sabe dónde están los 43 estudiantes ni qué ocurrió para que se los llevasen. Aunque para llegar hasta ahí, los investigadores tienen primero que deshilvanar todo el entramado levantado sobre el caso durante la administración de Enrique Peña Nieto. 

Las autoridades se manejan en tres ámbitos fundamentales de investigación. El primero, la búsqueda de los 43 normalistas. El segundo, la investigación de los responsables de su desaparición. El tercero, perseguir a quienes desviaron las pesquisas para cubrir posibles alianzas entre fuerzas de seguridad y crimen organizado, haciendo perder un tiempo precioso cuando los hechos acababan de perpetrarse. En un año, el gobierno de López Obrador puede presumir de pequeños avances en cada uno de los campos. Sin embargo, queda por hacer. Lo reconocía el subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas, cuando dijo que “la única verdad es que no hay verdad respecto a la desaparición forzada de los estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa y de los homicidios y agresiones cometidas el 26 de septiembre de 2014 en Iguala”.

Argumentó Encinas que, al contrario que la administración de Enrique Peña Nieto, ellos no van a forzar una nueva “verdad histórica” que luego sea desmentida. “Estamos en el momento de la judicialización de las investigaciones y de la ruptura del pacto del silencio para esclarecer un crimen de Estado a 6 años de distancia”, dijo. 

Lee: En fotos: Marcha por el sexto aniversario de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa

Identificaciones paralizadas por Covid-19

Sobre las identificaciones, no hay novedades desde que el 18 de junio la universidad de Innsbruck certificase la coincidencia genética de uno de los restos con el de Cristian Alfonso Rodríguez Telumbre, uno de los jóvenes desaparecidos. Un pequeñísmo hueso correspondiente a un pie que se ubicó a 800 metros del vertedero de Cocula, el lugar en el que, según la versión difundida por el gobierno de Enrique Peña Nieto, fueron quemados los cuerpos de los jóvenes. Este hallazgo sirvió para que tanto gobierno como familias y organizaciones de Derechos Humanos enterrasen la denominada “verdad histórica”.

Desde aquella identificación no hay avances. En otra área de la misma zona se hallaron unos 900 restos susceptibles de ser analizados. Pero todavía hay que hacer el cribado y saber cuántos realmente irán a Austria. La pandemia por Covid19 ha frenado el proceso. Por un lado, porque impide viajar al equipo de forenses argentinos. Por otro, por las dificultades técnicas que implica enviar los restos en avión hasta el país europeo.  

Militares prófugos y un policía federal encarcelado

El anuncio más relevante viene en el ámbito de las detenciones. López Obrador aseguró que “se han entregado ordenes de aprehensión contra militares que se van a ejecutar”, lo que confirma los rumores que venían escuchándose en las últimas semanas. Martínez Ceferino, la representante de las víctimas, se lo había vuelto a recordar al presidente y este recogió el guante. “Dicen que a los muchachos se los entregaron a la delincuencia. No nos interesa eso. Se los llevaron policías, Participaron los militares, hubo videos, fotografías, operaron el C4. ¿Dónde están esas pruebas? ¿Cuándo les van a llegar a los militares?”, insistió la mujer.

Por el momento no hay más detalles. Las familias llevan tiempo pidiendo que se persiga a integrantes del 27 Batallón de Infantería de Iguala. Alejandro Encinas anunció que la Secretaría de la Defensa (Sedena) ha entregado la información solicitada (personal castrense, antecedentes militares, bitácoras, informes, comunicaciones, radiogramas, estructura del batallón y bases de operación, fotografías y videos, órdenes de operación) y también ha puesto a disposición del ministerio público a los integrantes del batallón para que sean interrogados y, si es el caso, procesados. 

Más allá de esto no sabemos ni cuántos militares tiene orden de aprehensión ni cuál es su graduación. Solo que están dentro de los 73 requerimientos liberados desde marzo. De ellos, únicamente 34 han podido completarse, de los que 24 son policías federales. El resto están prófugos. Entre ellos, los militares. 

Desde que la actual administración llegó al gobierno, un total de 80 personas han sido arrestadas. El objetivo de los investigadores, aseguran, es romper el “pacto de silencio” entre quienes participaron o tuvieron algo que ver con los hechos. Tanto Omar Trejo, titular de la Unidad Especializada en Investigación y Litigación del Caso Ayotzinapa, como Alejandro Gertz Manero, fiscal general, insisten en que ya hay logros en este ámbito. 

Siguiendo en el ámbito de los arrestos, los funcionarios pusieron en valor dos capturas: la de Carlos Gómez Arrieta, exmando policial acusado de torturas, y la de Blanca “N”, antigua ministerio público a la que se acusa de maltratar a los detenidos y de participar en la manipulación de la investigación. En realidad, Gómez Arrieta no fue detenido, sino que se entregó ante la FGR. De hecho, mientras estuvo prófugo escapó de un operativo para capturarlo en Michoacán, donde ejercía como subsecretario de Seguridad Pública antes de darse a la fuga. 

Tomás Zerón “robó más de mil millones de pesos”

Uno de los grandes objetivos sigue siendo Tomás Zerón, el antiguo jefe de la Agencia de Investigación Criminal (AIC), al que ahora no solo se acusa de torturas y de construir una versión de los hechos manipulada, sino también de enriquecerse ilícitamente por ello. El fiscal Gertz Manero le acusó de llevarse más de mil millones de pesos de la antigua Procuraduría General de la República (PGR) como pago por sus servicios y dijo que gestionan su extradición con Israel, el país al que supuestamente huyó desde Canadá.

Omar Trejo anunció que 25 de las órdenes de aprehensión son contra personas vinculadas directamente en los hechos y el sábado se vinculó a proceso al policía federal Víctor Manuel “N”, a quien se señala de participar en la desaparición forzosa de los estudiantes y contra el que ya hay dictado auto de prisión. 

“Los responsables de la desaparición forzada de los 43 estudiantes están plenamente identificados y se les está procesando con toda legalidad”, dijo el fiscal Gertz Manero. El problema, como recordó Alejandro Encinas, es que muchos están en libertad. 

Entérate: Informe Ayotzinapa: 80 detenidos, 30 acciones de búsqueda y un resto identificado

El subsecretario de Derechos Humanos señaló directamente a varios jueces como responsables de esta falta de justicia efectiva. El primero, el Juez Primero de Distrito de Procesos Penales en Tamaulipas, Samuel Ventura Ramos, que otorgó la libertad a 77 presuntos implicados en la desaparición forzosa. Reconoció Encinas que fueron objeto de torturas, pero consideró que no les exime de responder por sus delitos y que, además, el juez no actuó contra los torturadores. “En este caso, el juez no fincó ninguna responsabilidad a los presuntos torturadores, privilegiando el derecho de los presuntos perpetradores sobre el derecho a la justicia que deben gozar las víctimas, dejando en la impunidad a quienes alteraron la investigación”, afirmó.

También apuntó hacia otros dos jueces: Gabriel Domínguez Barrios, juez noveno de Distrito en Iguala, quien dejó en libertad a Marco Antonio R., quien había sido recapturado tras su deportación de los Estados Unidos, y el Secretario de Acuerdos del Juzgado Segundo de Distrito Penal del Estado de México, Marco Aurelio González, que iba a liberar a Ángel C. a cambio de un soborno. 

El gobierno de López Obrador siempre tomó Ayotzinapa como un símbolo de las vulneraciones a los derechos humanos perpetradas durante sexenios anteriores. En su intervención, el mandatario reconoció que “estamos ante una gran injusticia cometida por el Estado mexicano. Es un asunto de Estado. Y por eso ahora el Estado tiene que reparar el daño y tiene que aclarar lo que sucedió, y tiene que entregar buenas cuentas y tiene que haber justicia”. A falta de una narrativa sobre qué es lo que ocurrió, los familiares, por voz de María Martínez Ceferino, reconocieron el esfuerzo del actual gobierno. Aunque hora más tarde tuvieron que volver a marchar por las calles de la Ciudad de México. Una marcha que es símbolo también de todo lo que falta por saber en la desaparición de los 43 estudiantes. 

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500 años de la Conquista México- Tenochtitlan: ¿una traición indígena?

La caída de México-Tenochtitlan, ocurrida justo este viernes hace 500 años, el 13 de agosto de 1521, cambió todo en el mundo prehispánico. ¿Cómo se fraguó y por qué dejó a una facción como "traidora"?
13 de agosto, 2021
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Hace 500 años ocurrió uno de los episodios más transformadores de la historia de México.

El 13 de agosto de 1521, hace justo ahora 500 años, la ciudad indígena de México-Tenochtitlan -hoy Ciudad de México- fue capturada luego de un estado de sitio y batallas encarnizadas que se prolongaron durante tres meses.

Era la conquista de México, la cual fue protagonizada por miles de guerreros con rostro y color de piel familiar para los mexicas que gobernaban aquella imponente urbe.

Y es que tal hazaña fue obra de un ejército 99% indígena.

El otro 1% era un contingente de hispanos, esclavos africanos e indígenas caribeños encabezados por un hombre, el español Hernán Cortés.

“Lo que los une es un enemigo común, los de México-Tenochtitlan”, dice a BBC Mundo el historiador Miguel Pastrana, un investigador sobre el periodo indígena-colonial de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Cortés fue el gran articulador de una alianza que los indígenas en ese momento, subraya Pastrana, entendieron de otra manera. Entonces desconocían que desembocaría en el poder hispano en América.

“Hasta la caída de Tenochtitlan, los indígenas ven a los españoles como un grupo más de tantos. No concibieron la magnitud del cambio que se avecinaba. No son del todo conscientes de las implicaciones de la presencia española”, advierte el investigador.

Una ilustración de Tenochtitlan

DEA PICTURE LIBRARY/De Agostini via Getty Images
Hernán Cortés describió Tenochtitlan como una urbe palaciega. Esta ilustración, del año 1900 aprox., muestra la plaza central y el Templo Mayor en el siglo XVI.

Eso ha dejado a pueblos mexicanos con origen indígena, como Tlaxcala, bajo el estigma de “traición”.

Pero una revisión fiel de los hechos muestra que lo ocurrido hace 500 años no fue ni una gesta épica de los hispanos ni una traición indígena, sino el producto de una alianza muy pragmática.

Los indígenas no eran un pueblo único

Una cosa hay que tener clara para comprender lo que ocurrió, explican los historiadores: los pueblos indígenas de la región eran muchos y cada uno actuaba conforme a sus propios intereses.

Había señoríos, los atépetl, cada uno de las cuales tenía su propio gobernante (tlatoani), su pueblo y su territorio.

Altépelt, o ciudad-Estado. La organización política de aquella época estaba conformada por los "altépetl", o ciudad-Estado [ México-Tenochtitlan Era la principal ciudad-Estado de la Triple Alianza, junto a los señoríos de Texcoco y Tacuba. ],[ Tlaxcallan Era la unión de cuatro altépetl: Tepeticpac, Tizatlán, Ocotelulco y Quiahuiztlán. Se aliaron con los europeos. ] , Source: Fuente: UNAM, Image: Códice Osuna.

En la práctica funcionaban como ciudad-Estado, cada uno de los cuales construía alianzas para expandirse y defenderse.

La más poderosa era la Triple Alianza, conformada por los señoríos de México-Tenochtitlan, Texcoco y Tacuba, que controlaban a decenas de pueblos de los alrededores, en algún momento más de 50.

Los señoríos bajo su dominio debían pagar tributo y servirles de apoyo militar, administrativo y hasta religioso, explica Pastrana.

Y había pueblos rivales de los mexicas, como la Confederación de Tlaxcallan (donde hoy se ubica el estado de Tlaxcala), con quienes tuvieron guerras y conflictos mucho antes de la llegada de los europeos.

“Hay muchos pueblos que estaban resentidos con los mexicas por la política expansionista y las reformas de Moctezuma”, el gobernante de la Triple Alianza.

Hernán Cortés y Moctezuma II

Getty Images
La diplomacia entre Hernán Cortés y el rey Moctezuma II duró muy poco tiempo.

Los hispanos habían tenido un primer encuentro con Moctezuma en 1519, pero en junio del año siguiente fueron expulsados de la ciudad tras el enfrentamiento de la “Noche Triste”.

Entonces vino una recomposición de fuerzas que dio fin al dominio mexica un año después.

Cortés se dio cuenta de que debía regresar con una gran alianza indígena para avanzar sobre un objetivo común: la poderosa Triple Alianza.

“Lo que los une es un enemigo común, los tenochcas, y la mutua necesidad”, enfatiza Pastrana.

Los pueblos que se aliaron con Cortés

La alianza que establecieron los pueblos indígenas con los hispanos fue clave para asediar entre mayo y agosto de 1521 a la ciudad de México-Tenochtitlan, la cual vivía momentos de debilidad.

Además de contar con un número de combatientes a caballo y armamento europeo, la fuerza principal del ejército invasor eran los miles de indígenas -principalmente tlaxcaltecas– para combatir la resistencia mexica.

Pero también había fuerza indígena de muchos otros pueblos: Cempoala, Quiahuiztlan, Texcoco, Chalco, Xochimilco, Azcapotzalco y Mixquic.

Una ilustración de la expedición de Cortés

Getty Images
Las fuerzas de Cortés tenían apoyo militar y logístico de los pueblos indígenas, incluso traductores.

“Era un ejército enorme e imponente, con muchísimos efectivos, sobre todo indígenas. Por cada español habría 10 o 15 indígenas, además de las fuerzas de apoyo”, explica Pastrana.

La victoria hispano-indígena fue gradual, con avances y retrocesos jornada tras jornada a partir de mayo de 1521.

Los españoles mandaron construir 13 bergantines, unas embarcaciones que fueron clave para vencer a las canoas que los mexicas usaron exitosamente en el pasado para defender el lago que rodeaba a México-Tenochtitlan.

Luego de varios enfrentamientos, se lograron posicionar en tres de las calzadas que contactaban la isla de Tenochtitlan y su ciudad hermana, Tlatelolco, con tierra firme, cortando así todo suministro de comida y apoyo militar.

Cuadro de Tomás J. Filsinger,

Cortesía de Tomás J. Filsinger
La ciudad de México-Tenochtitlan era una isla conectada por canales a los pueblos vecinos. Cortés huyó hacia Tacuba.

También cortaron el agua potable, haciendo que lentamente cayeran las bajas -calculadas en decenas de miles- y la moral de la ciudad mexica.

Los mexicas tuvieron algunas victorias en las que capturaron españoles a los que les dieron muerte y colocaron sus cabezas en sitios notorios para intimidar a los enemigos, según el relato del cronista Bernardino de Sahagún.

La caída de Cuahtémoc y la Triple Alianza

Cansados del lento avance, y las bajas producto de las pequeñas batallas que ganaban los mexicas, las huestes de Cortés exigieron un ataque final.

Aun dubitativo, el líder del ejército hispano-indígena optó entonces por una ofensiva devastadora y desmoralizante contra el enemigo.

“Para minar la confianza de los mexicas nuevamente, que ahora ya sabían la forma de combatir de los españoles, consideró que debía mostrar una crueldad nunca antes vista“, explica el historiador Julio Arriaga en “La Caída de Tlatelolco”.

En la calzada de Iztapalapa, según relató el propio Cortés en sus “Cartas de Relación”, encontró a mujeres y niños buscando comida.

“Casi sin dudarlo, se lanzó sobre ellos junto con los tlaxcaltecas, matándolos en cantidades que, según él mismo, superaron el número de ochocientos”, señala Arriaga.

La defensa del Templo Mayor

Getty Images
Los mexicas no pudieron defender durante mucho tiempo su ciudad.

Primero cayó Tenochtitlan. Después los españoles avanzaron hasta Tlatelolco, el último reducto donde estaba Cuauhtémoc, el último gobernante mexica.

El 13 de agosto de 1521, el tlatoani fue capturado y llevado ante Cortés.

“Cuauhtémoc le pide al conquistador que lo mate con su daga, a lo que Cortés se muestra compasivo y lo perdona”, señala Arriaga.

“Y allí, en esa fecha tan importante para el mundo mesoamericano, el 13 de agosto de 1521 (…), la Triple Alianza es capturada por Cortés y sus aliados tlaxcaltecas”.

¿Una traición indígena?

Los pueblos indígenas que se aliaron a los europeos han cargado con el señalamiento de traición desde que la toma de México-Tenochtitlan se cuenta desde el punto de vista nacionalista mexicano.

Pero los historiadores señalan por qué es erróneo pensar que había una causa indígena que fue traicionada.

“No había una idea de ‘lo indígena’ como tal. Esa idea es producto de la conquista, no es anterior a ella”, explica Pastrana.

“Definitivamente no se puede hablar de una traición porque no eran pueblos amigos. No eran grupos que tuvieran una alianza pacífica, una relación de iguales. Tenían una serie de conflictos. No puede hablarse en ningún sentido de traición”, sostiene el historiador.

La Malinche junto a Hernán Cortes en un códice

Getty Images
Indígenas como “La Malinche” (mujer al centro), una traductora de las filas de Cortés, han sido denostadas durante siglos como traidores.

De hecho, la alianza originalmente fue una propuesta de los indígenas de Cempoala y Quiahuiztlan, reforzada por los tlaxcaltecas, pero la entendían en distintos términos.

“Para Cortés, los pueblos indígenas se dan por vasallos a la Iglesia católica por intermedio de él. Para los indígenas, es una relación entre iguales, entre amigos que establecen un pacto de mutuo apoyo político-militar. Ellos no saben qué es un rey ni mucho menos qué es ser católico”, continúa.

La historia muestra que al apoyar la conquista hispana, los indígenasperdieron todo podercon el establecimiento de la colonia española.

Pero eso no lo podían saber en ese momento, subraya Pastrana.

“Los indígenas vieron a un grupo de gente rara que podría ayudarle a sus intereses. Pero no eran conscientes de lo que venía. Nadie podría haberlo estado”, sostiene el historiador.

“En la política de ayer y de hoy, todo plan se hace con malicia. No lo veamos en términos morales, veámoslo en términos culturales. Los españoles de esa época no tenían que ser hermanas de la caridad, ni los indígenas, que eran explotadores”.

Una ilustración de la casta mestiza

INAH/Museo Nacional del Virreinato
Con el tiempo se estableció todo un sistema jerárquico social en la que los indígenas ocupaban los estratos inferiores.

El 13 de agosto de 1521 terminó la era de la Triple Alianza en el poder, pero no ocurrió un cambio de la noche a la mañana.

Pasaron décadas para que se consolidara un nuevo orden de la vida en el territorio de dominio mexica que pasó a ser el de la Nueva España.

“No es solo la sustitución de un grupo de poder por otro: fue un cambio cultural, político, económico, lingüístico, biológico radical“, explica Pastrana.

A partir de la captura de México-Tenochtitlan, la empresa hispana en América se extendería hacia una enorme expansión por Centro y Sudamérica en las décadas siguientes.

“El 13 de agosto de 1521 fue el primer gran capítulo de la construcción del mundo moderno“, considera Pastrana

“Los pueblos de la región de Mesoamérica -a la que pertenecía México-Tenochtitlan- no acaban en 1521, sino que empiezan a transformarse. Y es el inicio de una enorme experiencia cultural que es Nueva España”, concluye.


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