Aumenta 45% las agresiones a periodistas en primer semestre de 2020
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Cuartoscuro

Aumenta 45% las agresiones a periodistas en primer semestre de 2020

A nivel nacional, la Ciudad de México encabeza la lista de entidades con más agresiones documentadas, seguida de Puebla y Oaxaca.
Cuartoscuro
14 de septiembre, 2020
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Cada 10.75 horas se agredió a un periodista en México durante el primer semestre de 2020, señala Artículo 19 en su más reciente informe.

De acuerdo con la organización que defiende la libertad de expresión, de enero a junio de 2020 se documentó un aumento de 45% en las agresiones, pues pasaron de 280 en 2019 a 406 este año.

Los estados con más agresiones son la Ciudad de México, Puebla, Oaxaca, Veracruz y Quintana Roo.

Artículo 19 refiere que en 2019, el primer año de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, se registraron 609 agresiones contra periodistas lo que convierte a este en el año más más violento contra la prensa en la última década.

Lee: Estigmatizados por el poder y con condiciones laborales precarias, la situación de periodistas en México

Si se compara ese número con los primeros seis meses de este año, ya se alcanzó el 66% de los casos ocurridos el primer año. Según Artículo 19, el registro del primer semestre de 2020 supera el total de agresiones ocurridas en 2015.

“De continuar esta tendencia, el 2020 sería el año más violento para la prensa desde que ARTICLE 19 tiene registro”.La organización documenta agresiones contra la prensa en México desde el 2009.

Asesinatos y tipos de agresión en 2020

De enero a junio, la organización ha documentado 4 asesinatos de periodistas: el de la periodista María Elena Ferral, ocurrido el 30 de marzo en Veracruz; el de Jorge Armenta registrado pasado el 16 de mayo en Sonora; Pablo Morrugares, asesinado el 2 de agosto en Guerrero, y Julio Valdivia, asesinado el 9 de septiembre en Veracruz.

Con estos 4 casos, según el registro de Artículo 19, son 15 los periodistas asesinados por su labor, durante la actual administración.

En cuanto a los principales tipos de agresión sufridos por las y los periodistas en el presente año se encuentran las amenazas, intimidaciones y hostigamientos, así como bloqueos informativos y alteraciones de contenido.

Los casos registrados por la organización se desglosan de la siguiente manera:

– 96 amenazas, de las cuales 40 fueron amenazas de muerte. Esto representa un incremento de más del 26% con respecto al mismo periodo del año anterior.

– 91 casos de intimidaciones y hostigamientos, lo que implica un incremento del 40%. En particular, las campañas de desprestigio se duplicaron. Con 36 agresiones, casi llegan al total de 39 registradas a lo largo de todo el año pasado.

– Los bloqueos informativos y alteraciones de contenido registrados ascendieron a 61 casos, lo que representa una duplicación de éstos.

– Se registraron 47 ataques físicos. Lo que implica un preocupante aumento del 80%, dada la vulnerabilidad que este tipo de agresiones representan para la integridad física de periodistas en México.

De acuerdo con las organización, algunos de los factores que propician el aumento de las agresiones contra periodistas “son la intolerancia de los funcionarios públicos al escrutinio público, particularmente vinculado a la pandemia; la represión de protestas, y la captura del poder público por el crimen organizado.

Te puede interesar: En tres meses, 53 periodistas fueron atacados por su cobertura del COVID-19 en México

Incluso, el informe detalla que con 199 agresiones documentadas, casi 1 de cada 2 es perpetrada por funcionarios públicos.

Con relación a la cobertura de la pandemia por COVID, en el primer semestre de 2020 Artículo 19 registró al menos 68 agresiones contra periodistas y medios durante la cobertura de la pandemia.

En los últimos meses, el trabajo de diversos medios de comunicación y periodistas ha sido cuestionado y estigmatizado por el propio presidente Andrés Manuel López Obrador y por diferentes gobernadores tan solo por informar sobre el número de casos confirmados y fallecimientos registrados por el virus.

Por ejemplo, el gobernador de Baja California, Jaime Bonilla y su equipo han bloqueado la investigación de algunos medios e incluso el gobernador ha llamado “mentirosos” a quienes indagan sobre los datos de la pandemia presentados como oficiales.

Puebla es otro caso crítico, pues al menos 25 de las agresiones (poco más del 50% en el estado) están vinculadas al gobierno de Miguel Barbosa quien suele criticar y rechazar preguntas de medios sobre el manejo de la pandemia.

Otro dato preocupante es que las ataques contra mujeres periodistas se duplicaron en este primer semestre con relación al año anterior, pasando de 56 a 111. Mientras que las agresiones en coberturas de movimientos sociales o protestas, entre estos las marchas de mujeres exigiendo justicia, representan más del 16% de las agresiones.

El crimen organizado también juega un papel en las agresiones contra la prensa. En Quintana Roo, Guerrero, Baja California y Sonora se registraron asesinatos, desapariciones y amenazas contra periodistas por parte de algún grupo del crimen organizado.

CDMX encabeza la lista 

A nivel nacional, la Ciudad de México encabeza la lista de entidades con más agresiones documentadas.

Le siguen: Puebla, Oaxaca, Veracruz y Quintana Roo.

Estos cinco estados concentran casi la mitad de las agresiones totales, el 48%.

En la CDMX suman 64 agresiones, 37 más que las registradas en el mismo periodo de 2019. De las 64 agresiones, casi el 30% fueron cometidas por funcionarios del gobierno federal.

La organización resalta el caso de Puebla, ya que pasó de ser la décima a la segunda entidad con mayor número de agresiones con 49 casos durante los primeros seis meses de 2020.

Por su parte Oaxaca registra 32 casos, uno menos que el mismo periodo de 2019, y Veracruz tiene 26, a diferencia de los 33 del año pasado.

Ante este contexto, Artículo 19 pide a las autoridades federales, estatales y municipales revertir estas cifras mediante el fortalecimiento del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, además de crear políticas públicas integrales para garantizar el ejercicio libre y seguro del periodismo.

Entre otras cosas, la organización recomienda desarrollar una política que establezca la abstención “de emitir declaraciones que descalifiquen o estigmaticen a la prensa y que la ubiquen en una posición de mayor vulnerabilidad”.

A la Fiscalía General de la República (FGR) le pide ejercer su facultad de atracción en aquellos casos “de más graves delitos contra la libertad de expresión”. Y a las fiscalías estatales la exhorta a investigar debidamente para identificar y conducir ante los órganos judiciales a los responsables de agresiones contra la prensa.

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Los miniórganos creados por científicos que revolucionan el conocimiento sobre COVID

Desde minipulmones a minivasos sanguíneos. Técnicas desarrolladas hace pocos años permiten evaluar rápidamente posibles tratamientos y entender mejor cómo el coronavirus afecta a diferentes partes del cuerpo.
5 de diciembre, 2020
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Imagina tomar un puñado de células humanas de diferentes tipos y, después de una serie de procedimientos, transformarlas en un órgano en miniatura, que funciona y puede ser observado a simple vista.

Esto ya es posible hoy: los miniórganos (u organoides, nombre preferido entre los científicos) son una herramienta poderosa, que ayuda a comprender cómo el SARS-CoV-2, el coronavirus responsable de la pandemia actual, causa daños en diferentes partes de nuestro cuerpo.

Gracias a esta tecnología, los expertos evaluaron varios tratamientos posibles y entendieron rápidamente que la covid-19 no era solo una enfermedad que afectaba al sistema respiratorio, sino que tenía repercusiones en el corazón, intestino, riñones e incluso en el cerebro.

¿Pero cómo se crea un miniórgano? ¿Y qué ventajas tiene en comparación con otros métodos más antiguos, como los cultivos celulares y las cobayas de laboratorio?

Volver al pasado para proyectar el futuro

La materia prima básica para la construcción de un organoide son las células simples presentes en la piel o el sistema urinario. Tras la selección, los científicos realizan un procedimiento que hace que estas unidades se conviertan en células madre.

Es como si esas células retrocedieran en el tiempo. A través de una transformación genética se vuelven células madre nuevamente”, señaló la neurocientífica Marília Zaluar Guimarães, del Instituto D’Or de Investigación y Educación, en Río de Janeiro (IDor).

La descripción de este proceso biológico y la tecnología capaz de hacerlo factible le valieron al británico John Gurdon y al japonés Shinya Yamanaka el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 2012.

Placa de petri circular con pequeñas esferas dentro que representan los minicerebros

Getty Images
Esta ilustración muestra el tamaño de minicerebros en una placa de Petri y cómo pueden ser apreciados a simple vista.

Pero esa es apenas una parte de la historia. Después de que las células “retroceden en el tiempo”, es preciso realizar otro paso. “Hacemos que estas células madre se diferencien y se especialicen nuevamente”, agregó Guimarães, quien también es profesora de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) en Brasil.

En otras palabras, es posible tomar una célula de la piel y, siguiendo unos pocos pasos, lograr una metamorfosis para que se convierta en una neurona o en un glóbulo rojo.

La gran ventaja es que los organoides no son solo un montón de células que pueden ser analizadas con la ayuda de un microscopio. Hablamos aquí de formaciones más complejas, que agrupan a más de un tipo de célula y, a menudo, son visibles a simple vista. Realmente se trata de un órgano en escala reducida.

“Los minicerebros, por ejemplo, son esféricos, pero no tienen la misma forma que el órgano real. Lo que nos permite saber que esa estructura se asemeja al original son sus características celulares y bioquímicas”, explicó el biólogo Daniel Martins de Souza, de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) en Brasil.

Los orígenes

En una perspectiva histórica, la posibilidad de construir miniórganos es muy reciente. Los científicos solo han podido avanzar significativamente en este tema en los últimos 10 años.

Pero en este período breve los organoides ya hicieron grandes contribuciones a la ciencia. Uno de los mayores ejemplos de esto ocurrió durante la epidemia de Zika, que preocupó al mundo en 2015 y 2016.

Bebé en Brasil que padece microcefalia con una médica

Getty Images
Investigaciones con las nuevas técnicas permitieron demostrar que el Zika afecta las células del sistema nervioso e inhibe su crecimiento, provocando el síndrome congénito que causa microcefalia en bebés.

Transmitido por la picadura del mosquito Aedes aegypti, el virus causa síntomas relativamente simples, como fiebre baja, dolor y enrojecimiento de los ojos.

Pero la explosión de casos de microcefalia (cuando el bebé nace con un cráneo y un cerebro más pequeños de lo habitual) en la región noreste del país fue una señal de alerta: ¿podría una infección de zika durante el embarazo estar relacionada con esta complicación grave?

La sospecha se confirmó gracias a la investigación con organoides. En el laboratorio, un equipo liderado por el neurocientífico Stevens Rehen, de UFRJ e IDor, utilizó minicerebros para demostrar que el Zika en realidad afecta las células del sistema nervioso e inhibe su crecimiento, provocando el síndrome congénito asociado con la infección, que causa microcefalia y otros problemas de salud en los bebés.

“Esta fue la primera vez que se utilizó el modelo de los organoides para comprender una enfermedad viral”, recordó Guimarães.

Las ventajas

En las últimas décadas, los cultivos celulares y las cobayas han sido los principales medios para realizar estudios preliminares con candidatos a fármacos o vacunas.

La idea es comprender cómo actúan estas nuevas moléculas a una escala menor y más controlada antes de pasar a los ensayos clínicos con seres humanos.

Estas metodologías también permiten comprender cómo una determinada enfermedad afecta al organismo, aunque sea en forma simplificada.

Ilustración que muestra coronavirus y el cuerpo de un hombre

Getty Images
Sin los organoides, el conocimiento sobre la covid-19 tardaría mucho más en estar disponible.

Pero las alternativas más antiguas tienen una serie de limitaciones, comenzando por su propia simplicidad, que no reproduce las mismas características de la vida real.

“Los organoides, en cambio, están compuestos por diferentes células y tienen una estructura tridimensional. Por eso, tienen funciones más similares a lo que sucede en la realidad“, afirmó el experto en farmacéutica Kazuo Takayama, profesor de la Universidad de Kioto en Japón.

En el caso de las cobayas también existe una limitación en la cantidad de animales disponibles para su uso en experimentos. “Es posible cultivar miniórganos en el laboratorio casi infinitamente, por lo que pueden usarse para probar nuevos medicamentos a gran escala”, agregó Takayama.

Conocimiento optimizado

Durante una pandemia como la que estamos viviendo, este enfoque moderno también permitió acelerar algunos procesos y obtener información esencial rápidamente.

Sin los organoides, el conocimiento sobre la covid-19 tardaría mucho más en estar disponible. Esto, a su vez, obstaculizaría el avance de la ciencia y retrasaría aún más la llegada de métodos seguros y eficaces de diagnóstico, prevención y tratamiento.

Ilustración de un vaso sanguíneo, células de la sangre y un coronavirus

Getty Images
Las investigaciones con miniórganos permitieron entender qué células invade el coronavirus. Actualmente se sabe que el patógeno puede afectar los vasos sanguíneos.

Veamos ejemplos prácticos de cómo sucedió esto en los últimos meses. Ante la emergencia sanitaria mundial, muchos expertos quisieron evaluar si ya existían medicamentos disponibles en el mercado que pudieran combatir el virus o mitigar sus daños.

Muchas de estas terapias se probaron en organoides. Aquellos tratamientos que no funcionaron de inmediato fueron descartados. Y los medicamentos que mostraron algún efecto positivo inicial evolucionaron más rápidamente hacia las siguientes fases de investigación. Imagina cuánto tiempo se ahorró con esta evaluación inicial.

Pero las aplicaciones fueron más allá del área farmacéutica. Investigadores en Japón y Estados Unidos se centraron en los minipulmones y descubrieron que el SARS-CoV-2 invade y destruye células del sistema respiratorio. Esto, a su vez, puede generar una respuesta inflamatoria muy fuerte y dañina para la salud de la persona afectada por la infección.

“En general, los organoides nos permitieron comprender qué células humanas invade el coronavirus y utiliza para replicarse. Nuestro grupo demostró que esto sucede en el intestino, lo que explica los síntomas gastrointestinales que se observan en muchos pacientes”, señaron los investigadores Joep Beumer y Maarten Geurts, del Instituto Hubrecht, en Holanda.

Otro experimento realizado en la Universidad de la Columbia Británica en Canadá y en el Instituto de Biotecnología Molecular en Viena, Austria, construyó vasos sanguíneos en miniatura. De esa forma se pudo observar que el virus de la covid-19 invade el endotelio (la capa interna de las venas y arterias).

Esto tiene dos implicaciones principales. El primero es la formación de coágulos que bloquean el paso de la sangre y pueden desencadenar un ataque cardíaco, un derrame cerebral o una trombosis. En segundo lugar, existe la sospecha de que a través de la circulación sanguínea el patógeno puede “filtrarse” a diferentes áreas del cuerpo y afectar otros órganos importantes.

Las iniciativas no terminan ahí. Se sigue trabajando con organoides para evaluar posibles huellas del coronavirus en el hígado, los riñones, el corazón y el cerebro.

Foto tomada con un microscopio que muestra neuroesferas y coronavirus

Carolina Pedrosa – IDor
Neuroesferas infectadas por SARS-CoV-2. Los puntos azules son los núcleos de las células. La zona verde es el coronavirus.

Los límites

A pesar de tener tantas ventajas, los organoides no son perfectos y no permiten encontrar todas las respuestas.

“Esta es un área que está dando sus primeros pasos y enfrenta importantes desafíos. Muchas de estas estructuras están hechas con células aún inmaduras, lo que significa que no son 100% comparables a los órganos de un adulto“, afirmó Núria Montserrat Pulido, profesora del Instituto de Bioingeniería de Cataluña, España.

La bioquímica Shuibing Chen, de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, destacó la gran variabilidad entre los modelos de miniórganos utilizados por los grupos de investigación.

“Necesitamos estandarizar este material para comprender las aplicaciones de nuestros esfuerzos en el mundo real”, advirtió.

La inversión financiera es otra barrera a considerar en este contexto. “Los materiales que utilizamos son caros y estamos trabajando para crear sistemas rentables”, añadió Chen.

Souza destacó un impedimento más: los miniórganos son (aún) estructuras aisladas, que no interactúan con otros sistemas del cuerpo humano. Por ello no es posible comprender cómo los efectos del coronavirus en los riñones, por ejemplo, repercuten en el corazón o en el intestino.

“Tal vez en el futuro tendremos diferentes organoides conectados, para que interactúen en el laboratorio”, agregó Souza.

Si los organoides ya han aportado tanto conocimiento en sus primeros pasos, imagina lo que podrán hacer cuando sean perfeccionados.


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https://www.youtube.com/watch?v=3KQvURTJmgA

Si los organoides ya han aportado tanto conocimiento en sus primeros pasos, imagina lo que podrán hacer cuando sean perfeccionados.

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