Por pandemia, cae hasta 50% detección de enfermedades como cáncer y diabetes
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Foto: AFP/Archivo

La pandemia provoca que diagnósticos de enfermedades como cáncer o diabetes caigan hasta 50% en México

Expertos advierten consecuencias a mediano y largo plazo por la falta de atención de potenciales enfermos. El 2020 cerraría con la cifra más baja de consultas en 16 años.
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Por Arturo Angel y Nayeli Roldán
3 de septiembre, 2020
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Hospitales y clínicas del sistema de salud del país disminuyeron la detección y seguimiento a enfermedades distintas al Covid-19 entre 20 y hasta 50% durante el primer semestre del año. Esto implica que miles de personas podrían padecer obesidad, diabetes, VIH, depresión, cánceres, desnutrición, alzhéimer, u otras enfermedades sin haber sido diagnosticadas.

La baja en la detección de enfermedades comenzó en marzo —cuando se detectó el primer caso de Covid en México— y, desde entonces, la situación solo se ha agravado. Expertos y autoridades advierten que no se trata de un descenso de la presencia de enfermedades, sino que factores como la reconversión de hospitales para atender la pandemia, la cancelación de citas programadas, y el temor de ir a las clínicas llevó a hacer menos diagnósticos.

Entérate: 1.5 millones de personas dejaron de ser atendidas en hospitales públicos del país por la pandemia

Este año cerraría con la cifra más baja de consultas dadas en las unidades de salud de los últimos 16 años, de acuerdo con datos del anexo estadístico del Segundo Informe de Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.

El diagnóstico de menos enfermedades es una muestra más del impacto de la pandemia en México, a ello se suma el aumento en el número de muertes en 2020 en comparación a los fallecimientos del año anterior, y la falta de atención hospitalaria y de urgencias, como se publicó en entregas anteriores.

Los boletines de vigilancia epidemiológica que la Secretaría de Salud publica cada semana, para monitorear los nuevos casos de un centenar de distintas enfermedades, dan cuenta de cómo disminuyó en México la detección de padecimientos. Por ejemplo, en el primer semestre de este año se detectaron 173 mil 033 casos nuevos de diabetes tipo II, 60 mil casos menos que en el mismo periodo de 2019.

Hasta marzo de este año los diagnósticos mensuales de este tipo de diabetes registraban alzas de 1 a 4% en comparación con 2019, pero para mayo ya habían caído 22% y en julio 28%.

Y no es el único caso: los diagnósticos de cáncer de útero en el primer semestre de este año son 1 mil 184, 37% menos que en el mismo periodo de 2019. Los de cáncer de mama, que hasta marzo pasado había 10% más que el año anterior, a junio ya eran 20% menos.

En cuanto a padecimientos del corazón, en el primer semestre de este año se diagnosticaron 23 mil 342 casos, 13 mil menos que en 2019. Mientras que en enero los diagnósticos habían aumentado 8%, para julio el descenso ya era de 40%.

Y aunque la obesidad es una de las enfermedades que las autoridades han señalado como causa de complicaciones en caso de contagio de Covid19, su diagnóstico también ha ido a la baja. Los casos registrados en los primeros seis meses de 2020 son 214 mil 779, mientras que un año antes sumaban 369 mil 025.

Sobre VIH, la Secretaría de Salud publica el documento Informe VIH-SIDA 2020 en el que se reporta la detección de 1 mil 718 casos durante los primeros seis meses de este año, mientras que en todo 2019, según el mismo informe, hubo 6 mil 443 nuevos casos. Si se saca un promedio diario, eso implica que el diagnóstico en 2020 se redujo la mitad.

Gráfico: Jesús Santamaría

Reconversión hospitalaria y miedo

La caída en los registros de nuevas enfermedades no significa que, de un año a otro, México se convirtió en un país más sano, sino que el sistema de salud no los está detectando ni atendiendo y eso traerá consecuencias tanto para los enfermos como para la administración pública, coinciden especialistas.

Las razones de esta caída pasan necesariamente por la pandemia, por la reconversión hospitalaria para enfocarse en atender a pacientes Covid y por el temor de las personas a contagiarse al acudir a un hospital, dijeron funcionarios públicos de Oaxaca y Guerrero, quienes atendieron a las entrevistas solicitadas. Para este reportaje también se buscó a la Secretaría de Salud Federal —que no atendió la petición—, y a la de Ciudad de México, que dijo que responderán este viernes 4 de septiembre.

Entérate: México, el país en que más trabajadores de salud han muerto por COVID

El subdirector de los Servicios de Salud de Oaxaca, Juan Carlos Márquez Heine, confirmó que con el arranque de la pandemia comenzó a caer de forma notoria la cifra de personas que buscaban asistir a una consulta normal o de urgencia.

“La gente comenzó a dejar de acudir a los centros de salud y a las unidades médicas para recibir atención. Empezamos a ver una disminución en los diagnósticos de manera temprana de ciertas enfermedades. O de la continuidad en el tratamiento de enfermedades ampliamente conocidas”, dijo.

Márquez Heine atribuyó esta situación principalmente al miedo de las personas a contagiarse. Incluso dijo que notó un descenso en la atención de mujeres embarazadas, porque ellas no acudían al seguimiento prenatal por miedo a contraer el virus.

El secretario de Salud de Guerrero, Carlos de la Peña Pintos, dijo que por recomendación del Consejo Nacional de Salud decidieron suspender diversos procedimientos en hospitales que fueron reconvertidos para atender Covid, lo que provocó un descenso en los diagnósticos.

El objetivo detrás de estas decisiones, explicó, era evitar la saturación de hospitales de enfermos por Covid19, como se registró en otros países, y a su vez, no exponer al contagio de este nuevo virus a personas que tal vez podían acudir por otra enfermedad.

“La experiencia que observamos en otros países nos dejó claro la importancia de tener el suficiente espacio en otros hospitales para atender a los pacientes y que se debía tener áreas especiales separadas en una ruta diferente y con filtros (…) ante esta circunstancia se tomó la determinación de suspender las consultas externas programadas, así como suspender la cirugía programada”, aseguró de la Peña.

En Guerrero, aproximadamente el 55% de las consultas externas de especialidad se suspendieron. Lo que se mantuvo vigente fue la atención de situaciones verdaderamente urgentes como los heridos en percances vehiculares o personas cuya vida estuviera en riesgo.

Gráfico: Jesús Santamaría

Consecuencias a mediano y largo plazo

Para Malaquías López-Cervantes, epidemiólogo y académico del departamento de Salud Pública de la UNAM, el que la gente deje de ir a consultas por miedo o por decisión de la propia autoridad se vuelve particularmente delicado dado que en México la medicina preventiva es nula y solo con la consulta externa y de especialidad se detecta, en muchos casos, padecimientos graves.

“La gente necesita hospitales y la consulta porque de otra forma no hay sistemas de prevención que permitan identificar antes esos casos. El sistema de salud en México esta basado en hospitales”, señaló.

El doctor e investigador Alejandro Macías, quien lideró la estrategia contra la pandemia de influenza en 2009 en México, advirtió que el déficit en el diagnóstico de nuevos padecimientos como la depresión o cánceres puede tener consecuencias que hoy no son tan claras, pero que en el mediano y largo plazo pueden traer repercusiones a la salud pública.

“En muchos casos puede ser que la consecuencia no sea tan grave. Tal vez los piquetes de abeja y ese tipo de situaciones donde lo más probable es que no haya pasado nada. Pero en lo que se refiere a la atención de las enfermedades crónico-degenerativas e inclusive de algunos accidentes y traumas, seguramente puede haber alguna consecuencia a largo plazo”, dijo Macías.

Macías añade que, difícilmente, podría haberse encontrado una solución menos costosa para la salud pública, pues México enfrenta una carencia sistemática de recursos humanos y materiales que hace muy complicado enfrentar un fenómeno de por sí extraordinario como lo es la pandemia de Covid.

“Estamos creando una deuda que va a ir creciendo de muchas enfermedades que primero, no se detectaron a tiempo, y segundo de la gente que ya tiene una enfermedad crónica, que no han recibido la atención adecuada. Y eso seguramente tendrá consecuencias para la salud pública”, indicó.

En el mismo sentido, el analista en políticas de Salud Pública, Xavier Tello, consideró que la caída en los casos no detectados tendrá múltiples consecuencias en el mediano y largo plazo, y que van desde la pérdida de las tendencias orgánicas de cada enfermedad monitoreada —lo que impide saber si realmente se agravó o no un padecimiento—, hasta la falta de atención oportuna de cada persona enferma.

De acuerdo con datos del Segundo Informe de Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, se estima que 2020 puede terminar con un descenso de hasta 18 millones de consultas externas en las unidades públicas del país respecto al registro del año pasado. Es la cifra más baja de los últimos 16 años.

Sin embargo, Antonio Ramos-De la Medina, director Médico del Hospital Español de Veracruz y del Centro de Investigación en Cirugía Global, advierte que la decisión de volcarse en la atención hacia la pandemia “fue la correcta”, pues se trataba de evitar “una ola de pacientes que iban a llegar de golpe a las instituciones y el aumento en el riesgo de mortalidad de pacientes quirúrgicos”.

De acuerdo con un estudio del National Institute of Health Research Unit on Global Surgery (NIHR GSU) del Reino Unido, al que pertenece Ramos, 51% de los pacientes sometidos a alguna intervención con infección perioperatoria por Covid podrían presentar complicaciones pulmonares y 24% podrían fallecer en los 30 días posteriores. 

Sin embargo, ha faltado una estrategia de planeación para responder al rezago que tenemos porque ahora “lo que tenemos son pacientes que tienen tres o cinco meses de haberse esperado para recibir atención, entonces son casos más avanzados; o gente que no acudió por miedo, ahora llegan con enfermedades más complicadas”.

De hecho, el estudio del Centro de Investigación de Cirugía Global con base en modelos estadísticos advierte que tomará tres años y medio la recuperación de las 183 mil cirugías canceladas en el país, siempre y cuando el sistema de salud se reactive de inmediato.

¿Qué hacer para remediarlo?

Antonio Ramos-De la Medina advierte que para solucionar el rezago se necesita, primero, tener información precisa y rápida para establecer una estrategia conjunta en un sistema de salud tan fragmentado como el mexicano, donde el IMSS, el ISSSTE, ahora el INSABI, los hospitales estatales e institutos “no se hablan entre ellos”.

“Que todo el sistema de salud trabajara de manera conjunta para ir atendiendo por áreas el rezago. De alguna manera el Gobierno Federal hizo un intento en que algunos hospitales privados prestaron sus servicios para algunas cirugías, pero eso sólo soluciona una pequeña parte del catálogo de procedimientos”.

En lo local, algunas autoridades están diseñando sus propias estrategias para diagnosticar a los nuevos pacientes. En Oaxaca, por ejemplo pusieron en marcha un plan de brigadas de salud que visitan las casas para tratar de identificar a la población en riesgo.

“Vimos que había pacientes diabéticos que se estaban comenzando a descontrolar porque preferían quedarse  en casa sin la medicina. Entonces el objetivo de estas brigadas es identificar a esas personas y llevarles los medicamentos. Es una consulta muy básica pero sirve para no perder seguimiento”, explicó el subdirector de los Servicios de Salud de Oaxaca, Márquez Heine.

Espera que con el regreso del personal médico que se ausentó de sus labores por tener algún factor de riesgo ante Covid, y conforme se avance en la desconversión de hospitales, se podrá diseñar una estrategia para tratar de agilizar las consultas médicas.

En el caso de Guerrero, el secretario de Salud afirmó que reactivarán las consultas, cirugías y otros procedimientos pospuestos sólo hasta que el estado alcance el semáforo verde, y aún así, no podrán realizarse de la misma forma que antes de la pandemia.

No se pueden tener salas llenas de espera. Tiene que reprogramarse la consulta con toda la molestia que esto signifique, pero para evitar contagios debemos reprogramar la consulta con mucho espacio. La calendarización de la consulta debe hacerse de tal manera que no concentre un volumen importante de personas en las áreas de consulta externa. Y si hay 100 lugares ocupar solo 30 y respetando horarios estrictamente. Sin aglomeraciones y sana distancia”, explicó el funcionario.

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Día de Muertos: de dónde viene la relación especial de México con la muerte

Mientras en muchos lugares el Día de Muertos está marcado por lágrimas y tristeza, en México se rodea de un halo de fiesta y color, de celebración a la vida y de reencuentro con los difuntos.
1 de noviembre, 2020
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“El culto a la vida, si de verdad es profundo y total, es también culto a la muerte. Ambas son inseparables. Una civilización que niega a la muerte acaba por negar a la vida”.

Pocas frases como esta de Octavio Paz definen mejor la postura que los mexicanos mantienen ante la muerte y de la que presumen con tremendo orgullo cada año en el Día de Muertos.

Mientras en buena parte del planeta esta fecha está marcada por la tristeza y las lágrimas, en México se rodea de un halo de fiesta y color, de celebración a la vida y de reencuentro con los difuntos que se cree que regresan a nuestro mundo por un día.

Y lejos de perder fuerza con el paso de los años, esta particular manera de celebrar el Día de Muertos va pasando de generación en generación. Como en el caso de Gabriela Luna, una joven de Ciudad de México que asumió esta tradición tras la pérdida de su abuela materna.

“Ella ponía un altar gigante, así que cuando se va, yo asumo la tradición que ella me enseñó y le dedico la ofrenda cada año. Para mí es una forma de no perder una costumbre en la que siento que los que no están, me acompañan”, le dice a BBC Mundo.

Gabriela Luna

GABRIELA LUNA
Gabriela comenzó a colocar cada año su altar de muertos tras el fallecimiento de su abuela materna.

“Sin duda genera una identidad para nosotros los mexicanos, porque muy en el núcleo de esta práctica se encuentra nuestro código principal: la familia”, asegura esta artista del modelado de lana.

La pandemia de covid-19 limita esta vez las tradicionales visitas a cementerios y panteones de México por parte de familiares que, cada año, comparten con quienes ya no están su comida y música favoritas.

También impedirá los clásicos desfiles donde la catrina, la icónica calavera sonriente popularizada por Diego Rivera, era su mayor símbolo.

Se trata de un Día de Muertos lleno de misticismo que provoca curiosidad y fascinación a partes iguales en el resto del mundo… aunque también confunde a quienes les cuesta comprender esta posición de los mexicanos ante la muerte.

Día de celebración, no de tristeza

Para entender el origen de esta relación hay que retroceder hasta la Mesoamérica de hace miles de años. Algunos de los pueblos originarios organizaban fiestas para guiar a los muertos en su recorrido al Mictlán, el inframundo de la mitología mexica.

Cementerio en Mexico

Getty Images
Las luces, colores, música y comida favorita de los fallecidos inundan cada año los cementerios de México.

Otros disponían altares con ofrendas para recordar a los muertos y se colocaban cráneos como símbolos de la muerte y el renacimiento.

Según una antigua leyenda, Quetzalcóatl -el dios en forma de serpiente emplumada- bajó al inframundo y depositó su semen sobre unos huesos molidos para dar vida al ser humano, por lo que para aquellos pueblos los restos de huesos simbolizaban de cierto modo la semilla de la vida.

Porque, sin lugar a dudas, si había un mensaje central en estas celebraciones del culto a los muertos era la creencia de que sus almas acaban por regresar al mundo de los vivos.

Así que, ¿por qué asociar el Día de Muertos con la tristeza si, según la cosmovisión indígena, es precisamente el día en que quienes se fueron de nuestro lado nos vienen a visitar?

Pan de muerto

Getty Images
Los mexicanos esperan ansiosos seta época del año par disfrutar del tradicional pan de muerto, que simula tener unos huesos en la parte superior.

Para ellos, la muerte no era otra cosa que un símbolo de la vida que se representa en el altar ofrecido a los difuntos.

Miles de años después, millones de hogares mexicanos siguen colocando con sumo cariño y detalle sus altares en los que se combinan multitud de símbolos, comida, papel picado y fotos de personas fallecidas.

Es precisamente este recuerdo de quienes ya no están lo que permite -junto a la ayuda de las velas y de la olorosa flor de cempasúchil- que las almas de los difuntos encuentren el camino de regreso a casa para convivir con la familia y disfrutar de los alimentos dispuestos en los altares en su honor.

“Es una gran fiesta quizá equiparable a la Navidad de Europa. Es fiesta porque está ese recuerdo de los muertos que regresan. Incluso hay leyendas sobre familias que no ponen ofrenda, y los muertos vienen a recordarles que lo hagan”, dice Andrés Medina, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

La influencia española

Pero la llegada de los españoles a México influyó radicalmente en la celebración de su Día de Muertos.

Por ejemplo, fueron ellos los que hicieron coincidir la fiesta de los muertos de los indígenas -que duraban dos meses- con las celebraciones católicas del Día de Todos los Santos y los Fieles Difuntos (1 y 2 de noviembre).

Desfile por el Día de Muertos en Ciudad de México.

AFP
Aunque el Día de Muertos en México se concentra actualmente en el 1 y 2 de noviembre, las celebraciones tradicionales se prolongaban por dos meses.

En la actualidad, el Día de Muertos mexicano es el resultado de una mezcla de estas dos culturas, de tradiciones precolombinas y católicas.

Aunque a juzgar por lo diferente que son hoy en día las celebraciones en México y España, pareciera que la primera cultura pesó mucho más que la segunda.

Para el escritor y antropólogo Claudio Lomnitz, una de las razones es que el “proceso de modernización” de los rituales sobre la muerte que sucede en Europa y parte de América desde el siglo XVIII no tuvo el mismo efecto en México, que ya se acercaba al final de su etapa colonial.

“España ya entraba en guerra en Europa y la Corona tenía problemas financieros como para preocuparse de esto”, le dice a BBC Mundo el autor de “Ideas de la muerte en México”.

“Además, en México la presencia de la Iglesia -sobre todo en el siglo XIX, pero también antes- era menos fuerte que en España, por lo que el culto popular pudo florecer mucho más al estar menos dominado por el clero”, agrega.

Un hombre con una gran montaña de flores de cempasúchil.

Getty Images
La flor de cempasúchil no puede faltar en los altares de muertos en México.

Esta postura ante la celebración continuó aún después de la independencia de México.

“Incluso los liberales como Benito Juárez, que eran muy anticlericales y contrarios a estos rituales que consideraban supersticiosos, acabaron por aceptar esta celebración diciendo que era una fiesta popular nacional y evitando su asociación tan cercana con la Iglesia”, dice el experto.

Lo inédito de la celebración mexicana

Algunas de estas tradiciones del culto a los muertos no son, sin embargo, exclusivos de México: algunas también se pueden encontrar cada Día de Muertos en lugares de Bolivia, Perú, Colombia o parte de Centroamérica, entre otros.

Lo que sí hace único el caso de México es cómo “nacionalizó” con orgullo estas costumbres como símbolo del país.

Mural de Diego Rivera

Getty Images
Aunque la Catrina fue mundialmente popularizada por Diego Rivera, el origen de este personaje es la Calavera Garbancera, una figura creada por el caricaturista José Guadalupe Posada.

“En otros países son costumbres folclóricas o pueden verse como algo pasado de moda. Durante años, se inhibió la celebración de muertos por considerarla no moderna o contraria a los valores liberales”, dice Lomnitz.

“En cambio, en México la fiesta creció enormemente. Solo aquí hubo una elaboración cultural de esto como algo que reflejara el espíritu colectivo nacional, es único en esto”.

Y ese nacionalismo fue más exaltado a partir de un episodio clave en la historia del país: la Revolución Mexicana.

“Aparte de la tradición de los pueblos, llegó la promoción de un gobierno con afán de reproducir un discurso nacionalista muy fuerte”, opina Medina, quien celebra que se siga conmemorando este día aunque lamenta que parte de la población no conozca realmente su significado.

“En el Día de los Niños Muertos (1 de noviembre) hay lugares donde grupos de niños van de casa en casa pidiendo su calaverita como ofrenda, un dulce. Ellos representan a esos niños muertos que regresan para esos días, aunque quizá ni lo sepan y para la gente haya perdido esa idea”, le dice a BBC Mundo.

¿Qué refleja esto de los mexicanos?

Para Lomnitz, esta visión ante la muerte refleja la estrecha relación de los mexicanos con sus difuntos. “No con la muerte en general, sino con sus fallecidos”, subraya.

Y por otro lado, cree que pone de manifiesto una sensibilidad y sentido del humor macabro muy especial que el país muestra, por ejemplo, a la hora de utilizar la muerte para hacer críticas político sociales a través de los textos conocidos como “calaveritas literarias”.

El propio André Bretón, el teórico francés considerado padre del surrealismo, calificaba a México como la patria del humor negro por sus numerosas costumbres que concilian la vida y la muerte.

Sin embargo, los expertos niegan que esta celebración suponga que México se burla de la muerte o que no recibe con pena y dolor cuando llega este momento de la vida.

“La celebración de muertos no significa que los mexicanos no tengan miedo a la muerte. Más bien es la alegría porque los muertos regresan. Pero creo que ha habido una malinterpretación, una lectura superficial de nuestra fiesta”, explica Medina.

Imagen de la película "Coco" de Disney Pixar (Foto: Disney Pixar)

BBC
La película “Coco”, de Disney Pixar, popularizó la tradición mexicana del Día de Muertos en medio mundo. (Foto: Disney Pixar)

Esa idea en parte se tiene también en los muchos países en los que el Día de Muertos mexicano se ha hecho muy popular en los últimos años.

Georgina Larruz, mexicana de 30 años que estudia en Rusia , le tuvo que explicar a sus alumnas de español que esa celebración que conocieron en buena parte (como millones de personas en el mundo) gracias a la película animada “Coco” es mucho más que diversión, canciones y alcohol.

“Es una fiesta que nos une como comunidad, y. el hecho de yo poner aquí mi ofrenda, a miles de kilómetros de casa, te hace sentir esa conexión con tu familia, con tus muertos y, en definitiva, con lo que eres”, le dice a BBC Mundo desde Moscú.

Atar de Georgina Larruz

GEORGINA LARRUZ
A Georgina le tocó recurrir a productos rusos para elaborar su pequeño altar de muertos en su residencia estudiantil en Moscú.

Desde Ciudad de México, Gabriela Luna coincide en lo satisfactorio que es pensar que hay un puente gracias al cual, los familiares fallecidos regresan este día “honrándonos y acompañándonos”.

“Ya solo en virtud de eso, me parece que nosotros deberíamos seguir preservando esos colores, que además nos hacen a los mexicanos tan característicos y tan únicos en el mundo”, afirma orgullosa.

Tras la celebración de este atípico Día de Muertos, tendrá que pasar otro año hasta que los recuerdos en la memoria de los vivos en México vuelvan a lograr el regreso, al menos por unas horas, de las almas de sus difuntos.


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