Los datos falsos sobre COVID que difundieron manifestantes sin cubrebocas en CDMX
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

Los datos falsos sobre COVID que difundieron manifestantes sin cubrebocas en CDMX

“La verdad nos hará libres”, dicen los manifestantes que repiten desinformación sobre COVID-19, ideas que han sido desmentidas por autoridades de Salud.
21 de septiembre, 2020
Comparte

Luego de reverenciar a los 4 puntos cardinales y agradecer a la madre tierra por sus servicios, unas 20 personas pusieron su frente sobre el suelo del camellón en Reforma. Son mujeres, hombres, personas de la tercera edad, familias completas con carriolas, jóvenes, niños y mascotas quienes se dieron cita este domingo a las 11 de mañana frente al Ángel de la Independencia. Su objetivo: expresarse a favor del uso del dióxido de cloro como tratamiento médico. También revelar “la verdad” sobre lo que ellos llaman la “plandemia orquestada por el Nuevo Orden Mundial”. 

Es fácil identificar quiénes son parte del movimiento convocado a través de redes sociales por la Coalición Mundial Salud y Vida (COMUSAV), la Asociación Médicos por la Verdad y Humanos por la Verdad. Todas ellas presentes en diversos países de Europa y Latinoamérica. Ninguno trae cubrebocas. Todos dicen no tener miedo de la pandemia que la Organización Mundial de la Salud declaró hace poco más de 6 meses. 

“¡México despierta!” Es el primer grito que se escucha retumbar. “¡No al uso de cubrebocas!”, “¡Sí hay cura, no es la vacuna!”, ¡Un pueblo informado jamás será manipulado!”, “!La verdad nos hará libres!”, le siguen. 

 “Esta es la segunda vez que nos reunimos aquí. Todo empezó porque nos dimos cuenta que se está compartiendo información en redes sociales pero no hacemos nada. Por eso decidimos formar un grupo y salir a la calle”, señala una “maestra en educación con 22 años de experiencia en la docencia y 15 años investigando la relación entre las vacunas y el autismo”.

Lo que dice es cierto, antes de que ellos salieran a la calle a difundir sus mensajes, en Facebook, Instagram, Twitter, WhatsApp y hasta en TikToK ya se compartían  miles de publicaciones con información equivocada sobre COVID-19. Lo que inspiró la alianza coordinada por la Red Internacional de Verificación de Hechos (International Fact Checking Network, IFCN) para desacreditar la información falsa relacionada con el coronavirus en redes sociales. 

El dióxido de cloro no es un medicamento aprobado por ninguna autoridad sanitaria a nivel mundial

Para ninguno de los presentes es una sorpresa que el Dióxido de Cloro, también conocido como MMS (suplemento mineral milagroso) o CDs no es considerado por la autoridades sanitarias como un tratamiento efectivo contra la COVID-19 o cualquier otra de las diversas enfermedades que dicen, puede “curar”. 

De hecho, ellos mismos saben y señalan que autoridades, médicos, medios de comunicación y “otros detractores no se han cansado de decir que los CDs son tóxicos”. Sin embargo, ellos sostienen que hay “muchos testimonios y casos” de pacientes que lograron superar la enfermedad al consumir Dióxido de Cloro y por ello exigen que se les deje de “satanizar”. 

Pero no sólo no es reconocido, sino que en más de una ocasión ha despertado las alarmas de las autoridades de salud a nivel mundial. No, no es un tratamiento. Sí, se considera peligroso. 

Estados Unidos, Chile, Argentina, España, Ecuador, Colombia, Perú y Paraguay son algunos de los países que han desaconsejado su ingesta, aún mucho antes de la pandemia de COVID-19. 

En México, el 23 de julio la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) señaló que “no cuenta con evidencia científica que determine el uso de dicho producto para el tratamiento de ninguna enfermedad”. 

De acuerdo con la Cofepris “el dióxido de cloro es un gas de color amarillo o amarillo-rojizo utilizado como blanqueador en la fabricación de papel y en el proceso de tratamiento de agua. Al entrar en contacto con el agua reacciona para formar iones clorito. Ambas sustancias químicas son altamente reactivas y al ser ingeridas pueden provocar irritación de la boca, el esófago y el estómago, se pueden presentar náuseas, vómito y diarrea, además de trastornos cardiovasculares y renales”.

La  Organización Panamericana de la Salud (OPS) dice que “no recomienda utilizar productos a base de dióxido de cloro o clorito de sodio por vía oral o parenteral en pacientes con sospecha o diagnóstico de COVID-19, ni en ningún otro caso, porque no hay evidencia sobre su eficacia y la ingesta o inhalación de estos productos podría ocasionar graves efectos adversos”.

La descripción de la OPS y de Cofepris coincide con lo que dice la página Chemical Safety Facts. Ellos señalan que el dióxido de cloro si se usa en hospitales y otros entornos sanitarios, para esterilizar los equipos médicos y de laboratorio, las superficies, habitaciones y herramientas.

Pero también advierten que: “el dióxido de cloro no es una cura o tratamiento para dolencias médicas, incluidos, entre otros, autismo, VIH, malaria, virus de la hepatitis, gripe, resfriados comunes y cáncer. Las afirmaciones de que la ingestión de dióxido de cloro, a menudo anunciado como ´Solución Mineral Milagrosa´ o MMS, curará estas u otras dolencias son falsas”.

¿Pero si el CDs es peligroso entonces por qué se usa en las transfusiones de sangre? 

La verdad es que el dióxido de cloro NO se usa en las transfusiones de sangre. Como explicamos en esta verificación de acuerdo con la Federación Española de Autismo: “En los Servicios de Transfusión de los hospitales  antes de transfundir cualquiera de los componentes sanguíneos, no se lleva a cabo ningún proceso de eliminación de patógenos ni semejante”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que toda la sangre donada sea analizada para la detección de infecciones antes de su uso. Pero en ningún caso, describe algo parecido a la “desinfección o eliminación” de patógenos.  

KidsHealth.org  explica que “toda la sangre donada se analiza para detectar diversos virus, incluyendo el VIH (el virus que provoca el SIDA), los virus de la hepatitis B y C, la sífilis y el virus del Nilo Occidental. Si se detecta cualquiera de estos virus en una sangre donada, esta se destruye”. 

En la “NORMA Oficial Mexicana NOM-253-SSA1-2012, Para la disposición de sangre humana y sus componentes con fines terapéuticos”, tampoco aparece nada sobre el uso de dióxido de cloro.

Aunque sí hubo quien patentó el uso de dióxido de cloro como un método para desinfectar la sangre antes de realizar una transfusión, su aplicación no se manifiesta en los protocolos actuales de transfusión internacionales. 

“¡No al cubrebocas!”

Una de las consignas presentes a lo largo de toda la manifestación fue la que inspiraba a los presentes a no usar cubrebocas. De hecho, uno de los ponentes instó a los participantes a besarse, abrazarse y respirar con fuerza, a pesar de encontrarse en medio de un tumulto de más de 100 personas y de que todas esas acciones no son recomendadas por las autoridades de la Ciudad de México. ¿Por qué lo hicieron? Según dijeron, “para demostrar que no tienen miedo”, que “ningún virus es mortal”. También dicen que el cubrebocas disminuye la cantidad de oxígeno que llega a la sangre. Además, propicia que quien lo porta respire su propio CO2. 

Pero esta afirmación no sólo ha sido desmentida por El Sabueso de Animal Político y Animal.mx, también por los verificadores de Maldito Bulo en España, Ap News, AFP Chile, y Chequeado en Argentina, por mencionar algunos.  

Incluso la Organización Mundial de la Salud ha declarado que: “Utilizar mascarillas médicas durante mucho tiempo puede ser incómodo, pero no provoca intoxicación por CO2 ni hipoxia”.

Lo que sí es verdad es que en el Plan Gradual hacia la Nueva Normalidad que publicó el gobierno de la Ciudad de México en la Gaceta oficial dice: “será obligatorio para todas las personas que habiten o transiten en la Ciudad de México el uso de cubrebocas”. 

La jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum Pardo, explicó que tomó esta decisión con base en estudios científicos, cómo la investigación coordinada por el doctor Mario Molina. La cual sugiere que “esa medida protectora reduce significativamente el número de infecciones”.

El artículo científico de Mario Molina y su equipo de investigadores escribieron es una comparación de las tendencias en infecciones de COVID-19 entre Italia y  la Ciudad de Nueva York antes y después de la implementación obligatoria de cubrebocas. 

Este estudio concluye que: “el uso de los cubrebocas en público corresponde a la medida más efectiva para prevenir la transmisión de la enfermedad entre personas, y que esta práctica, que es relativamente barata, junto con pruebas extensivas, cuarentenas y el seguimiento de contactos plantea la mejor oportunidad para controlar la pandemia del COVID-19, antes de que se desarrolle una vacuna que funcione”.

Conspiraciones sobre el nuevo orden mundial y otras desinformaciones 

La negativa a usar cubrebocas y la exigencia a las autoridades para permitir la ingesta de Dióxido de Cloro no fue la única desinformación que salió de las redes sociales y se materializó en un amplio grupo de personas reales que aplauden, exigen, divulgan datos falsos, se abrazan sin cubrebocas y llaman a más personas a sumarse al movimiento. 

El argumento de que “se prohibieron las autopsias” como método de encubrimiento; que “todo es una plandemia orquestada por Bill Gates, quien fue expulsado de la India”; y que “las pruebas PCR no detectan virus”, son sólo algunas de las múltiples desinformaciones que salieron de Internet y convocaron a personas a las calles de la Ciudad de México, Cancún, Monterrey, Guadalajara, Tampico, Colima y Mexicali. 

Pero nada de eso es verdad. Las autopsias no están prohibidas. Tan es así que el 24 de marzo de 2020, la OMS publicó en su sitio oficial una Guía provisional titulada “Prevención y control de infecciones para el manejo seguro de un cadáver en el contexto de COVID-19”. En ella desarrolla los procedimientos adecuados para la realización de autopsias durante la pandemia.

De hecho, existen estudios como el informe “Hallazgos pulmonares post mortem en una gran serie de casos de COVID-19 del norte de Italia”, que se basa en la realización de este tipo de procedimientos. 

Tampoco se puede probar que la pandemia fue causada de forma intencional, ni que Bill Gates haya estado involucrado. Es más, ese mito de que fue expulsado de la India por  dañar con su vacuna a niños tampoco es verdad. Su fundación sigue trabajando en India. Las fotografías que supuestamente comprueban los daños son de niños africanos que no recibieron la vacuna contra la poliomelitis.  

Que la prueba PCR no detecte virus tampoco es verdad. Las pruebas PCR también se llaman pruebas de reacción en cadena de la polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés). Detectan directamente el ARN (ácido ribonucleico), que es el material genético específico del virus presente en las muestras tomadas de secreciones respiratorias del paciente. 

Sin embargo, la desinformación amenaza con atraer a más personas que dicen “estar hartos de la prensa y de las autoridades que mienten”. Así como le pasó a aquella ciclista que paseaba por Reforma y al escuchar al doctor Efrén Cabrera Rivera, representante de Médicos por la Verdad México declarar que su lucha no era política, sino un “movimiento científico y pacífico”, se quedó y tal vez regresé por más “verdad” el próximo domingo, cuando también se reunirán.  

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

7 formas de gastar menos en alimentos en tiempos de inflación y comer bien

Latinoamérica es la región del planeta donde es más caro alimentarse de manera saludable y cuesta tres veces más que lo que la gente puede pagar.
13 de mayo, 2022
Comparte

Comer se volvió cada vez más caro.

Una familia promedio latinoamericana gasta en comida entre el 25% y el 40% de su presupuesto mensual, de acuerdo a cifras oficiales de cada país. Los sectores más pobres destinan todavía un porcentaje mayor.

América Latina es la región donde es más caro comer de forma saludable en el planeta junto con África, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés).

Para poder hacerlo, cada persona necesitaba US$4,25 diarios en 2019, último dato disponible. Eso es tres veces más de lo que la población podía pagar.

El monto actualizado será mayor, estima el subdirector general de la FAO y representante para América Latina y el Caribe, Julio Berdegué, en diálogo con BBC Mundo.

Panadería.

AFP

La FAO calcula un índice del precio de los alimentos y ahora es el momento en el que es más caro comer, al menos desde que se tienen registros.

Eso lleva a una peor alimentación, y por consiguiente a mayores tasas de malnutrición e incluso hambre.

Entonces, en tiempos de alta inflación y con la subsiguiente subida del precio de los alimentos lo más sencillo puede ser cambiar por productos que son más baratos pero que no necesariamente son tan saludables ni tienen el equilibrio nutricional que requiere nuestro cuerpo.

“Dado que en América Latina es más caro comer saludable, nos movemos a más carbohidratos, más azúcar, más grasa. Todo eso es barato”, señala Berdegué.

Comer bien y al mismo tiempo gastar menos es todo un desafío. Aquí te presentamos 7 acciones que puedes llevar a cabo para lograrlo.

1. Cocinar

Tal vez sea la más obvia, pero es esencial. Comprar comida afuera, en la calle o en un comercio, es muchas veces lo más rápido, pero no lo más conveniente para el bolsillo.

Una mujer prepara una bandeja con plátano maduro que sirve en una feria de comida callejera en Medellín, Colombia.

Getty Images

Además, cuando compramos comida hecha no sabemos cuál es la calidad de los ingredientes utilizados, o incluso qué ingredientes se utilizaron para su elaboración.

Lo mismo ocurre con la comida prefabricada que venden en el supermercado, productos conocidos como ultraprocesados. Estos contienen excesos de grasas malas, sodio y azúcares, entre otros componentes, que se añaden para darle mejor sabor pero que no contribuyen a la salud.

Cocinar en casa hace que sepamos exactamente qué estamos comiendo y que paguemos menos por ello.

2. Comer lo justo

Un alto porcentaje de las personas come más cantidad de alimentos que la que exige el organismo.

Reducir las porciones que nos servimos a las cantidades recomendadas para el funcionamiento humano ayuda al bolsillo y, al mismo tiempo, a sentirnos mejor físicamente.

“Las cantidades que se sirven en muchos de nuestros países son demasiado grandes. La compra en el mercado sube muchísimo y, además, este exceso de comida lleva al sobrepeso”, dice a BBC Mundo la nutricionista venezolana Ariana Araujo.

Una dieta de entre 2.000 y 2.500 kilocalorías es un número adecuado de ingesta diaria.

3. Cambiar de recetas

Venta de carne en un mercado de México.

Getty Images

Sustituir ingredientes o platos completos es una de las formas de abaratar el gasto en comida.

Determinados productos básicos como el aceite, el café, algunas frutas y verduras, la carne de vaca, el pan (y la harina de trigo en general), los huevos y algunas legumbres aumentaron de precio más que la suba promedio de alimentos y bebidas no alcohólicas en la mayoría de los países latinoamericanos, de acuerdo a la información publicada por instituciones oficiales que se encargan de medir la inflación.

Las tortillas de maíz, parte fundamental de la dieta mexicana, le cuestan a los consumidores de ese país 17,7% más ahora que hace un año. La harina de maíz, imprescindible para las arepas, ha subido de precio en toda la región.

Se pueden buscar sustitutos que sean nutricionalmente equivalentes o similares, pero que no se hayan encarecido tanto o incluso hayan bajado de precio.

Mercado de legumbres.

Getty Images
Los frijoles aumentaron menos de precio que otros alimentos en la mayoría de los países latinoamericanos y son una buena fuente de proteína.

Para ello es necesario conocer qué productos son intercambiables.

Una comida balanceada debería estar compuesta por una mitad de frutas y verduras, un cuarto de proteínas y el otro cuarto de carbohidratos, afirma Araujo.

En el grupo de las proteínas se encuentran la carne de res y de cerdo, pollo, pescado, leche, quesos, huevos, frijoles, lentejas y guisantes.

La carne de cerdo es la que, en general, subió menos de precio en los últimos 12 meses en América Latina, mientras que el pollo y el pescado acompañaron la suba general, que fue menor al encarecimiento de la carne bovina.

Los frijoles, en cambio, no tuvieron tal incremento de precios e, incluso, están más baratos que un año atrás en algunos países.

“Hemos disminuido fuertemente el consumo de legumbres, de frijoles, garbanzos, lentejas, cuando son productos accesibles que aportan buenas cantidades de proteínas”, dice Berdegué.

Entre los carbohidratos están el arroz, el pan, el maíz, la pasta, el plátano y los tubérculos -papa, yuca, batata, entre otros-.

El arroz y los tubérculos se encarecieron menos que el trigo y el maíz, por lo que optar por los primeros contribuirá a abaratar el menú.

Huevos y tortillas de harina de trigo.

Getty Images

“Algo que se puede hacer es mezclar en un mismo plato cereales -arroz, pasta- con legumbres. Los dos se complementan y ayudan a formar una proteína muy similar a la de la carne”, explica José Balbanian, docente de la Escuela de Nutrición de la Universidad de la República en Uruguay.

Con esa combinación el organismo obtiene los aminoácidos esenciales.

“El sustituto a nivel nutricional es fácil de conseguir. El problema es cómo cambiar la cultura de las personas. ¿Cómo le quitas a un mexicano la tortilla o a un venezolano la arepa?”, se pregunta Araujo.

Respecto a los aceites, Araujo sostiene que puede ser cualquiera, salvo el de palma porque es una grasa saturada que no es saludable. Balbanian agrega que es necesario su consumo, aunque no en frituras.

4. Planificar las compras

Cartel de ofertas en la puerta de un supermercado en Buenos Aires.

Getty Images

Hacer un plan de lo que debemos comprar antes de ir al mercado es clave para el ahorro.

Lo primero es saber qué queremos comprar para luego decidir dónde. Ir por frutas y verduras, quesos o carnes a la feria suele ser más económico que en grandes comercios.

Cuando se va a un supermercado, lo ideal según Araujo es recorrer las tres paredes del local -los costados y la trasera- formando una “U” invertida.

En estos pasillos se encuentran comúnmente los productos frescos y de allí debemos seleccionar el 80% de la compra para que sea saludable, afirma la nutricionista.

No se puede ir con hambre al supermercado, porque si estoy corto de dinero y encima voy con hambre veo una promoción de un ultraprocesado que me gusta mucho y caigo en comprarlo”, asegura Balbanian.

Tener claro qué se va a cocinar en los días siguientes ayuda a calcular mejor las cantidades y no comprar de más, algo importante en los alimentos perecederos para no tener que tirarlos luego porque se echaron a perder.

Un consejo de Balbanian es comprar en grandes cantidades, para una misma familia o entre varias personas, para ahorrar.

Una recomendación de Araujo es mirar en los estantes inferiores, donde suelen ubicarse los productos con menor procesado que son más baratos.

5. Buscar de temporada

Mercado de frutas y verduras.

Getty Images

Las frutas y verduras son intercambiables entre sí; lo importante es variar entre ellas.

“Aportan fibra, vitaminas y minerales que son muy difíciles de encontrar en otros alimentos”, dice Balbanian.

Para achicar el costo de la alimentación, lo que aconsejan los expertos es comprar los productos de temporada o estación, dependiendo del país y su clima.

Intentar comer tomate fuera de temporada hace que sean más caros porque quienes los venden han recurrido a cadenas de frío para conservarlos durante meses o que los produzca en invernaderos, ambos sistemas que encarecen los alimentos.

Por el contrario, en temporada se encuentran los productos en abundancia, a precios bajos, y es cuando están más gustosos y nutritivos.

A veces, hay productos que en el pasillo de congelados se encuentran más baratos que frescos y se puede sacar provecho de esas oportunidades, siempre y cuando los ingredientes que están escritos en la bolsa sean exclusivamente el producto que buscamos, sin agregados, sostiene Araujo.

6. Aplicar técnicas de conservación

Pollería

Getty Images
Si bien el pollo se ha encarecido en la mayoría de los países de América Latina, es todavía más económico que otras carnes y se puede utilizar como sustituto para obtener proteínas.

Una alternativa es comprar cuando está barato y aplicar alguna técnica de conservación.

La más sencilla es poner los alimentos en el congelador. Pueden ser tanto carnes como la mayoría de los vegetales -siempre que no quieras comerlos crudos luego- y frutas.

Con los vegetales, la recomendación es que cuando se vayan a consumir se provoque un choque térmico, del frío al calor intenso, para que no pierda textura y sepa peor.

También se pueden cocinar mayores cantidades que las que vayas a comer de inmediato y guardar porciones en el congelador para más adelante, o cocinar ingredientes sueltos y congelarlos para utilizarlos más adelante en preparaciones.

“Eso mantiene más del 90% de sus nutrientes”, afirma Araujo y agrega que ella hace eso en su casa.

Para no recurrir al frío siempre y dejar atiborrado el congelador, otra opción es la conserva.

Hay diferentes técnicas, pero la más sencilla es envasar al vacío. “Se hacía mucho en la Segunda Guerra Mundial con los vegetales”, cuenta Araujo.

7. Optar por segundas marcas o marcas blancas, pero antes leer

Persona comprando pasta en el supermercado.

Getty Images
Las marcas blancas no son necesariamente de peor calidad que las primeras marcas.

Por efecto del marketing, muchas veces creemos que un producto de la marca más destacada -también llamada primera marca- es mejor que las otras. Esto no necesariamente es así.

“Es importante leer la lista de ingredientes, más que el cuadro nutricional, e identificar azúcares y grasas de mala calidad”, afirma Balbanian.

Araujo dice que en ocasiones las segundas marcas o incluso las marcas blancas -aquellas genéricas de la cadena de supermercados- son más saludables porque, para abaratar, no utilizan determinadas grasas o azúcares que las primeras marcas sí usan para darle otro sabor al producto.

En otras, no son mejores pero tampoco peores. “Mi recomendación es leer las etiquetas y comparar. Casi siempre son bastante parecidas y hay un ahorro importante”, dice Araujo.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=xzJmRZ2Sw4Y

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.