Denunció a su agresor antes de ser asesinada; autoridades la ignoraron
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Manifestantes contra los feminicidios en Tijuana. Foto: Cuartoscuro

Brenda Patricia denunció a su agresor antes de ser asesinada; las autoridades la ignoraron

En Baja California, el delito de feminicidio fue tipificado apenas en febrero de 2015 y de acuerdo al código penal local, la pena puede oscilar entre 20 a 50 años de prisión.
Manifestantes contra los feminicidios en Tijuana. Foto: Cuartoscuro
Por Sergio Haro Cordero
19 de septiembre, 2020
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Un poco antes del mediodía del miércoles 24 de agosto de 2016, en la sala dos del Nuevo Sistema de Justicia Penal en Mexicali, se efectuó la audiencia de lectura de sentencia, la primera por feminicidio en Baja California, entidad en la que Mexicali fue pionero en la instauración de este nuevo sistema en agosto del 2010. Seis años después quedó vigente en todo el Estado.

En esta audiencia que apenas duró 15 minutos, el presunto responsable, Cristian Ruiz Pérez —el asesino de su ex pareja, Brenda Patricia Ramírez González—, recibió una sentencia de 18 años de prisión, esto debido a que las partes aceptaron un juicio abreviado, opción propuesta por la fiscalía y en la que el imputado acepta su culpa y recibe una condena menor.

En Baja California, el delito de feminicidio fue tipificado apenas en febrero de 2015 y de acuerdo al código penal local, la pena puede oscilar entre 20 a 50 años de prisión.

Brenda Patricia fue encontrada asesinada, ahorcada, la mañana del lunes 26 de octubre de 2015 en su domicilio —donde vivía sola— y de inmediato las sospechas apuntaron hacia su ex pareja, Cristian Ruiz  Pérez, de quien estaba separada desde hace tres años pero la seguía hostigando, la amenazaba, golpeaba,hasta que finalmente la mató.

El agresor estuvo prófugo durante nueve meses hasta que el 12 de julio de 2016 fue detenido en Mexicali por agentes de la Policía Estatal Preventiva. Ante los policías estatales aceptó que era adicto al cristal, que usaba “un globito diario…”.

En la lectura de la sentencia, la juez Ana María Elías incluyó en el castigo la imposición de la reparación del daño por un monto de 718 661 pesos además de una amonestación verbal.

Lee: Mujeres realizan Antigrita en Guadalajara; exigen justicia por feminicidios y desapariciones

*

Brenda Patricia y Cristian se casaron por la vía civil el 17 de junio de 2011, en las oficinas de la delegación de Palaco —en la zona oriente de Mexicali— ella tenía 16 años y dijo ante el juez ser estudiante, él contaba con 18 años y en su profesión asentó, ser “proveedor”.

Ambos vivían en la zona de la colonia El Cóndor, un fraccionamiento popular implementado por Infonavit en la zona sureste de Mexicali.

Pero la miel duró muy poco, apenas año y medio. “Ella lo dejó porque era drogadicto, violento, no la dejaba salir de su casa, la encerraba”, cuenta una de las hermanas de la joven en referencia al muchacho que trabajaba como mesero en el restaurant-bar Hooters.

Y es que después de la boda, la joven medio se alejó de su familia, pero en ocasiones, cuando lograban visitarla le notaron huellas de golpes. Un día que sus hermanas la visitaban, llegó el entonces marido —evidentemente estaba drogado— la regañó y la metió a la fuerza a la casa que compartían.

En otra ocasión, Brenda Patricia le habló a una de sus hermanas, estaba muy asustada. “Ven, ayúdame —le dijo— me tiene encerrada, no  puedo salir”. Al acudir, notaron que la puerta principal del domicilio, tenía una cadena que cruzaba una horadación en la pared e incluía a la puerta de madera, el candado lo cerraron por fuera.

A raíz de tanto conflicto, ella optó por dejarlo, pero nunca se pudo librar de él. “La agredía, la golpeaba en la vía pública, ella se le escondía, así duro cinco años”, expone la familiar de la muchacha asesinada. En ese tiempo, Brenda Patricia acudió en numerosas ocasiones a demandar al ex marido agresor por violencia, por maltrato y por intento de secuestro.

La actitud de las autoridades era que nada podían hacer en esas demandas debido a que no había flagrancia. “O sea que para que me hagan caso yo tengo que estar muerta”, preguntó indignada Brenda Patricia a uno de los agentes de la procuraduría.

De acuerdo a sus familiares, en el último año fueron cerca de siete denuncias interpuestas por las agresiones del hombre con el que tenía más de tres años separada.

Desde a mediados del año pasado, Brenda Patricia vivía sola en la casa que había sido de sus padres —quienes se cambiaron a Los Ángeles— ahí en El Cóndor en avenida de Los Cisnes 3469, donde habitó la familia durante años y donde además habían instalado un pequeño negocio de abarrotes, el cual ya no funcionaba.

“Me tocó en muchas ocasiones, cuando la visitábamos y él llegaba, le quebraba los vidrios del carro, nos insultaba, nos aventaba piedras”, refiere una de las hermanas de Brenda Patricia, quien aún recuerda los gritos de su excuñado hacia su joven hermana.

 “¡Nunca vas a ser feliz!

¡Siempre vas a ser mía!”.

Otras veces llegaba de madrugada, tocaba las ventanas, intentaba meterse. Cuando hablaban al número de emergencia 066, la policía o no llegaba o lo hacían ya tarde.

En ese tiempo, la joven —que estudiaba la prepa abierta y trabajaba en una refresquería—, seguido decía que quería ingresar a las filas de la Policía Estatal Preventiva con la idea de poder proteger a otras mujeres que vivían el infierno del hostigamiento.

Brenda Patricia llevaba tres meses viviendo sola, tenía siete meses con un novio de su misma edad, Irving Ulises, y antes anduvo con otro muchacho a quien sólo conocieron como Néstor, alias El Pit, con quien terminó porque también la golpeaba.

Cristian Ruiz Pérez, su ex marido y agresor, se había tatuado en el pecho un nombre de mujer, “Paty” y antes del incidente tenía cerca de un mes que no la había buscado, hostigado, lo que a la misma Brenda Patricia le extrañó, “se me hace raro que no haya venido a buscarme…”, les dijo a sus hermanas, bromeando.

De acuerdo a sus hermanas, ella estaba muy feliz con su nuevo novio, disfrutaba el amor.

Entérate: Asesinato de Danna en BC no fue tipificado como feminicidio, pese a extrema violencia

*

A las 5:27 de la mañana del lunes 26 de octubre de 2015, Irving Ulises recibió en su Facebook un raro mensaje enviado desde un contacto que no reconoció, Pablo Ortiz, y que lo dejó inquieto: “ei, ve a ver como está tu novia, escuché unos malos rumores…”.

Una hora después ya estaba tocando en la puerta que da a la calle Cisnes, ahí en el fraccionamiento El Cóndor, en la casa de su novia. Pero no había respuesta, gritaba, tocaba de nuevo, insistente, sin lograr algún resultado. Cerca de las 8:00 de la mañana recibió otro mensaje “ya fuiste con ella, andan diciendo que la mató en su casa, no la conozco bien pero me preocupó eso…”.

Una de las vecinas se dio cuenta de la presencia del novio y habló a Nancy Lizbeth, hermana de Brenda Patricia, quien —junto con su marido— llegó minutos después con las llaves que tenía del domicilio. La última vez que la había visto con vida fue el viernes anterior.

La construcción de la casa llega hasta el perímetro de la banqueta —ahí tenían antes el abarrotes— y a su hermana se le hizo raro que la primer chapa en la puerta metálica estuviese abierta, y la segunda puerta sí tenía candado —por fuera— pero estaba abierta la segunda chapa, sólo con el seguro del picaporte. Ingresaron y notaron que la segunda puerta, una de vidrio que Brenda Patricia siempre tenía abierta, estaba cerrada.

Al abrir esa puerta de vidrio, sobre el sillón café de la sala estaba Brenda Patricia, parecía dormida y de espaldas al televisor encendido. Vestía unos shorts negros y una camiseta de la refresquería donde trabajaba, bajo ésta un top rosa fiucha. Tenía arena en los pies y al tratar de despertarla nada, nunca se movió, la voltearon y notaron que estaba fría, muerta.

La autopsia arrojó que había muerto de asfixia por estrangulamiento y todas las sospechas apuntaron hacia el ex marido hostigador.

De hecho algunos de los vecinos —quienes conocían a Brenda Patricia y su familia de toda la vida— se dieron cuenta como cerca de las 9:00 de la noche del domingo 25 de octubre, llegó al lugar Cristian Ruiz Pérez, alias El Marak, quien estuvo gritando insistentemente para que Paty —como le decía— le abriera. Una vecina dice que pasó tres veces por ahí, debido a que salió a hablar al teléfono público.

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La primera fue cerca de las 9:00 de la noche y ahí estaba El Marak, insistiendo a gritos. En la segunda vuelta, se dio cuenta de que Brenda Patricia abrió pero platicaban a través de la reja, él desde afuera y parece que así duraron un buen rato. En su tercera salida al teléfono público, cerca de las 11:30 de la noche, ya no estaban.

Una de las versiones más significativas fue la de un amigo de El Marak, quien relató a las autoridades cómo la tarde del domingo estuvo tomando cerveza con su amigo Cristian Ruiz Pérez, visitaron unas amigas y siguieron bebiendo. Cerca de las 9:00 de la noche, cuando regresaron ahí al fraccionamiento El Cóndor, pasaron por la casa de la ex pareja de El Marak y este le pidió que se parara, que iba a bajarse. Luego de dejarlo, su amigo siguió hasta su casa donde llegaron otros conocidos y continuaron libando.

Recordó que cerca de las 11:30 de la noche El Marak regresó ahí con ellos, pero venía muy serio, demudado, no se le entendía lo que quería decir y le tuvo que escribir en su celular el mensaje “Me chingué a mi ruca…”, fue la única información y éste asegura que pensó que la había golpeado, además que no era la primera vez. Refiere que siguieron tomando, llegaron otros amigos, posteriormente se fueron y luego se quedó dormido ahí en el asiento de su auto, afuera de la casa de su mamá, donde estaban bebiendo. La señora en su declaración asentó que cerca de las 7:00 de la mañana salió y ahí estaba, solo y despierto El Marak, lucía nervioso y lo metió para que se acostara un rato ahí en la sala. Horas después se levantó y se fue.

Originalmente, un juez penal emitió el 3 de diciembre de 2015 una orden de aprehensión contra Cristian Ruiz Pérez como presunto responsable en el delito de homicidio agravado por razón de parentesco y fue hasta el 12 de julio de 2016 que éste fue detenido por agentes de la Policía Estatal Preventiva de Baja California, ahí mismo en Mexicali.

En su declaración inicial aceptó ser adicto al cristal desde siete años atrás, que consumía “un globito” diario. 

Fue vinculado a proceso por el delito de feminicidio por la juez Sara Perdomo, y el 10 de agosto de 2016, la agente del Ministerio Público,  Consuelo García, presentó la propuesta para llevar un juicio abreviado —donde el imputado acepta su culpabilidad tras ofrecerle una sentencia menor—, y el lunes 22 de agosto fue la audiencia de aceptación.

“Yo siempre me negué al juicio abreviado, yo no lo quería, pero tampoco tenía suficientes pruebas para seguir. Tenía las demandas pero ellos —en la procuraduría— me ponían pretextos, me decían que no eran suficientes. Yo lo que sé, es que los del Ministerio Público, en el momento en que quieren cortar el caso, ahí lo quieren dejar. Yo me estresé”, sostuvo Brenda Lizbeth, la hermana de la joven asesinada quien como representante familiar firmó el acuerdo.

El miércoles 24 de agosto, la jueza Ana María Elías González encabezó la audiencia de lectura de sentencia donde se incluyó una pena de 18 años de prisión —dos menos que el mínimo— para un responsable de feminicidio. Además se incluyó la reparación del daño por 718 661 pesos.

“Como no tiene bienes, olvídate de ese dinero”, le aclaró la Ministerio Público a la hermana de la víctima.

En el Código Penal de Baja California existe un capítulo —el vii— que tiene que ver con la amonestación, y textualmente incluye:

Artículo 66.- Concepto.- La amonestación consiste en la advertencia que el Juez dirige al condenado, haciéndole ver las consecuencias del delito que cometió exhortándolo a la enmienda y conminándolo a evitar su reincidencia. Esta manifestación se hará en público o en lo privado según parezca prudente al Juez.

En esa audiencia donde se dictó la primera sentencia por feminicidio, la jueza Elías la exhortó verbalmente “a que no vaya a cometer más delitos y que estos años en prisión le sirvan para reflexionar sobre su conducta para que esté en posibilidad de reinsertarse en la sociedad y que no vuelva a delinquir…”.

Este capítulo del libro: “La vida en rosa…las muertas de Mexicali”, es reproducido con la autorización de la familia de Sergio Haro Cordero y la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).

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Qué revelan las máquinas tragamonedas sobre el poderoso negocio de la adicción

Son una de las herramientas más rentables del sector del juego, pero muchos jugadores dicen que ganar no es el objetivo. Entonces, ¿por qué no pueden parar de jugar?
6 de septiembre, 2020
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máquina tragamonedas

Getty Images
La idea es ganar… ¿no?

El primer trabajo de Mollie, cuando era una joven adolescente, fue distribuir cambio para máquinas tragamonedas en una base militar. Para cuando llegó a la madurez, Mollie ya no ganaba su salario con las máquinas tragamonedas, sino que se gastaba todo su cheque de pago en atracones de dos días en ellas.

“Incluso cambié mi seguro de vida por dinero para jugar”, le dijo a Natasha Dow Schüll en una habitación de hotel en lo alto del Strip de Las Vegas. Schüll es una antropóloga que ha estado estudiando el mundo de las máquinas tragamonedas durante dos décadas.

Quizás fue apropiado que la conversación haya tenido lugar entre dos mujeres. Los sociólogos a menudo han descrito el juego como una prueba de hombría, desde un James Bond con esmoquin que demuestra sus nervios de acero en la ruleta de alto riesgo y su habilidad en el póquer, hasta los jugadores de peleas de gallos de Bali analizados por el antropólogo Clifford Geertz en la década de 1970.

Las máquinas tragamonedas, sin embargo, no parecen encajar en absoluto. No requieren habilidad ni nervios de acero. Geertz argumentó que eran una distracción para “mujeres, niños, adolescentes… los extremadamente pobres, los socialmente despreciados y los personalmente idiosincrásicos”.

Pero las máquinas tragamonedas no son un juguete. Son fantásticamente rentables y han crecido como una especie invasora.

Protagonistas

Las encontré en masa en 2005, cuando viajé a Las Vegas para escribir sobre teoría del juego en la Serie Mundial de póquer.

Detalle de carnet del mundial de póker 2005

Getty Images
El póker resultó no ser la principal atracción.

Decenas de periodistas se apresuraron a entrevistar a jugadores estrella. Las máquinas tragamonedas parecían un telón de fondo decorativo deprimente pero colorido, que acogían a jugadores obesos y ancianos que las montaban como sillas de ruedas motorizadas.

Fue solo más tarde que me di cuenta de que realmente el Mundial de Póquer era el telón de fondo decorativo. En lo que respecta a los casinos, las máquinas tragamonedas se habían convertido en el evento principal.

No solo en los casinos: la industria del juego de Reino Unido, una vez dominada por las apuestas en las carreras de caballos, se ha vuelto dependiente de una especie de máquina tragamonedas llamada Terminal de apuestas de probabilidades fijas. Cuando el gobierno anunció en 2018 que se reducirían los tamaños máximos de las apuestas, una casa de apuestas respondió diciendo que tendría que cerrar casi 1.000 sedes.

Ganar no importa

Mollie gasta tanto en las máquinas tragamonedas que un hotel de Las Vegas la ha invitado a quedarse allí de forma gratuita. ¿Espera una gran victoria?, pregunta Natasha Dow Schüll. No. Ella sabe que no hay posibilidad de eso.

“Lo que la gente nunca entiende es que no estoy jugando para ganar”.

¿Un jugador al que no le importa ganar? Eso no parece correcto.

máquina tragamonedas

Getty Images
El botín, para jugadores como Mollie, es irrelevante…

Pero durante mucho tiempo hemos intentado entender qué son realmente las máquinas tragamonedas y la lección que tienen que enseñarnos sobre la economía moderna.

La historia

Generalmente se cuenta que las máquinas tragamonedas comenzaron en Estados Unidos alrededor de 1890.

La Compañía de Juguetes Ideal de Chicago fabricó una con cinco tambores giratorios, cada uno con diez naipes. Si, tras insertar una moneda cinco cartas se alineaban en una mano de póker decente, un asistente te daba un premio. Una firma de Brooklyn, Sittman and Pitt, hizo una versión en 1893 que fue popular en Estados Unidos.

Fue entonces que a Charles Fey, un inmigrante de San Francisco desde Baviera, se le ocurrió la idea de simplificar el dispositivo. Con solo tres carretes, el mecanismo se volvió lo suficientemente sencillo como para que la máquina pagara sin la necesidad de un asistente humano.

La máquina fue un éxito en San Francisco, hasta que el taller de Fey fue destruido en un incendio a raíz del terremoto de 1906.

Pareja feliz con jackpot

Getty Images
…aunque para otros jugadores, ganar -a juzgar por esta foto- es emocionante.

Las máquinas tragamonedas modernas son simplemente computadoras en caparazones, con sus gruesas palancas diseñadas para evocar las viejas máquinas mecánicas.

Es este cambio digital lo que ha hecho que las máquinas tragamonedas sean tan rentables. No hay necesidad de preocuparse por alimentarlas con monedas -el trabajo que solía tener la adolescente Mollie- porque los jugadores llevan tarjetas digitales en cordones que los conectan umbilicalmente a las máquinas.

La zona

Los jugadores nunca necesitan moverse; entran en lo que Mollie llama “la zona”, un estado de absorción similar a un trance donde el resto del mundo se disuelve.

Ganar simplemente significa más crédito, y más crédito significa más “T.O.D”, el acrónimo de time on device o tiempo en el dispositivo.

De eso estaba hablando Mollie cuando dijo que no estaba jugando para ganar.

Tres mujeres jugando en máquinas tragamonedas en la piscina

Getty Images
En la zona… de la piscina.

Las máquinas tragamonedas modernas no son como las loterías o la ruleta, en las que los jugadores viven con la esperanza de ganar el premio mayor.

En cambio, tragan apuestas bajas -tal vez 100 apuestas de un centavo, distribuidas en una cuadrícula vertiginosa de posibles combinaciones ganadoras- y constantemente escupen pequeñas ganancias también (si es que se pueden describir como ganancias).

Si has hecho 100 apuestas de un centavo y recuperas veinte centavos, ¿es realmente una victoria? Con luces intermitentes y jingles de celebración, la máquina te dirá que sí.

El 18%

En una máquina estudiada por investigadores, 100 giros producían 14 ganancias reales -la máquina devolvía más de lo que el apostador había puesto- y 18 falsas ganancias -en las que el jugador recibía algo con gran fanfarria, pero menos de lo que había apostado-.

El mismo equipo de investigación pasó a demostrar en experimentos de laboratorio que una máquina con esa tasa del 18% de falsas victorias era más adictiva que las máquinas con muchas más o muchas menos falsas victorias.

Los diseñadores de máquinas tragamonedas no investigan por gusto: la industria es ferozmente competitiva.

máquina tragamonedas

Getty Images
El ganador, como siempre, es el casino.

Una máquina de US$10.000 puede pagarse sola en un mes, si atrae a los jugadores. De lo contrario, será reemplazada por una con una olla de palomitas de maíz de la que burbujean bolas de lotería, o una que lance aroma a chocolate en la cara del jugador, o una que, en la voz de Donald Trump, anuncie: “¡estás despedido!”… cualquier cosa para deleitar y sorprender.

Siempre están buscando construir una mejor ratonera, y nosotros somos los ratones.

La fuerza de la adicción

B.F. Skinner, uno de los psicólogos más famosos del siglo XX, no se habría sorprendido.

En la Universidad de Harvard, Skinner solía investigar el comportamiento dándole a ratones que apretaban una palanca la recompensa de una bolita de comida.

En una ocasión, les dio la recompensa de forma intermitente: a veces la bolita salía, otras, no. No había forma de que el ratón lo supiera. Sorprendentemente, la recompensa impredecible fue más motivadora que una recompensa generosa y confiable.

B.F. Skinner

Getty Images
B.F. Skinner no se habría sorprendido.

Los adictos a las tragamonedas como Mollie están igualmente enganchados, absortos en “la zona”.

La antropóloga Natasha Dow Schüll una vez vio imágenes, capturadas con la cámara de seguridad de un casino, de alguien que sufría un ataque cardíaco en una máquina tragamonedas:

“Él… colapsa repentinamente sobre la persona a su lado, que no reacciona en absoluto… dos transeúntes lo estiran, uno de ellos es una enfermera de emergencias fuera de servicio. Pocos jugadores en las inmediaciones se mueven de sus asientos… en menos de un minuto, un oficial de seguridad aparece en la escena con un desfibrilador, le da dos descargas eléctricas al hombre… A pesar del hombre inconsciente que yace literalmente a sus pies, los otros apostadores sigue jugando”.

¿Estás seguro de que a ti no te pasa?

Las investigaciones sugieren que las máquinas tragamonedas pueden crear adictos mucho más rápidamente que otras formas de juego, como loterías, juegos de casino o apuestas deportivas.

Pero igualmente desconcertante es la sensación de que en los últimos años, la psicología de la máquina tragamonedas se ha escapado del casino y ha migrado a nuestros bolsillos.

Los adictos en recuperación evitan ir a lugares donde podrían ver máquinas tragamonedas, pero no hay ningún lugar al que podamos escapar de nuestros teléfonos, y hay muchas buenas razones para estar mirándolos.

Todos hemos visto gente “en la zona”, ajena a sus compañeros o al tráfico porque el teléfono es lo único que importa.

Es ese refuerzo intermitente de nuevo: ¿hay más correo electrónico? ¿Algún “me gusta” en Facebook?

Muchos juegos de computadora son más descarados en el uso de refuerzo intermitente, ofreciendo “cajas de botín” con esos destellos familiares y recompensas impredecibles.

Se parece mucho a un juego de azar, y a menudo son juegos de azar para menores de edad.

~Tim Harford escribe la columna “Economista clandestino” en el diario británico Financial Times. El Servicio Mundial de la BBC transmite la serie 50 Things That Made the Modern Economy. Puedes encontrar más información sobre las fuentes del programa y escuchar todos los episodios o suscribirte al podcast de la serie.


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