Denunció a su agresor antes de ser asesinada; autoridades la ignoraron
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Manifestantes contra los feminicidios en Tijuana. Foto: Cuartoscuro

Brenda Patricia denunció a su agresor antes de ser asesinada; las autoridades la ignoraron

En Baja California, el delito de feminicidio fue tipificado apenas en febrero de 2015 y de acuerdo al código penal local, la pena puede oscilar entre 20 a 50 años de prisión.
Manifestantes contra los feminicidios en Tijuana. Foto: Cuartoscuro
Por Sergio Haro Cordero
19 de septiembre, 2020
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Un poco antes del mediodía del miércoles 24 de agosto de 2016, en la sala dos del Nuevo Sistema de Justicia Penal en Mexicali, se efectuó la audiencia de lectura de sentencia, la primera por feminicidio en Baja California, entidad en la que Mexicali fue pionero en la instauración de este nuevo sistema en agosto del 2010. Seis años después quedó vigente en todo el Estado.

En esta audiencia que apenas duró 15 minutos, el presunto responsable, Cristian Ruiz Pérez —el asesino de su ex pareja, Brenda Patricia Ramírez González—, recibió una sentencia de 18 años de prisión, esto debido a que las partes aceptaron un juicio abreviado, opción propuesta por la fiscalía y en la que el imputado acepta su culpa y recibe una condena menor.

En Baja California, el delito de feminicidio fue tipificado apenas en febrero de 2015 y de acuerdo al código penal local, la pena puede oscilar entre 20 a 50 años de prisión.

Brenda Patricia fue encontrada asesinada, ahorcada, la mañana del lunes 26 de octubre de 2015 en su domicilio —donde vivía sola— y de inmediato las sospechas apuntaron hacia su ex pareja, Cristian Ruiz  Pérez, de quien estaba separada desde hace tres años pero la seguía hostigando, la amenazaba, golpeaba,hasta que finalmente la mató.

El agresor estuvo prófugo durante nueve meses hasta que el 12 de julio de 2016 fue detenido en Mexicali por agentes de la Policía Estatal Preventiva. Ante los policías estatales aceptó que era adicto al cristal, que usaba “un globito diario…”.

En la lectura de la sentencia, la juez Ana María Elías incluyó en el castigo la imposición de la reparación del daño por un monto de 718 661 pesos además de una amonestación verbal.

Lee: Mujeres realizan Antigrita en Guadalajara; exigen justicia por feminicidios y desapariciones

*

Brenda Patricia y Cristian se casaron por la vía civil el 17 de junio de 2011, en las oficinas de la delegación de Palaco —en la zona oriente de Mexicali— ella tenía 16 años y dijo ante el juez ser estudiante, él contaba con 18 años y en su profesión asentó, ser “proveedor”.

Ambos vivían en la zona de la colonia El Cóndor, un fraccionamiento popular implementado por Infonavit en la zona sureste de Mexicali.

Pero la miel duró muy poco, apenas año y medio. “Ella lo dejó porque era drogadicto, violento, no la dejaba salir de su casa, la encerraba”, cuenta una de las hermanas de la joven en referencia al muchacho que trabajaba como mesero en el restaurant-bar Hooters.

Y es que después de la boda, la joven medio se alejó de su familia, pero en ocasiones, cuando lograban visitarla le notaron huellas de golpes. Un día que sus hermanas la visitaban, llegó el entonces marido —evidentemente estaba drogado— la regañó y la metió a la fuerza a la casa que compartían.

En otra ocasión, Brenda Patricia le habló a una de sus hermanas, estaba muy asustada. “Ven, ayúdame —le dijo— me tiene encerrada, no  puedo salir”. Al acudir, notaron que la puerta principal del domicilio, tenía una cadena que cruzaba una horadación en la pared e incluía a la puerta de madera, el candado lo cerraron por fuera.

A raíz de tanto conflicto, ella optó por dejarlo, pero nunca se pudo librar de él. “La agredía, la golpeaba en la vía pública, ella se le escondía, así duro cinco años”, expone la familiar de la muchacha asesinada. En ese tiempo, Brenda Patricia acudió en numerosas ocasiones a demandar al ex marido agresor por violencia, por maltrato y por intento de secuestro.

La actitud de las autoridades era que nada podían hacer en esas demandas debido a que no había flagrancia. “O sea que para que me hagan caso yo tengo que estar muerta”, preguntó indignada Brenda Patricia a uno de los agentes de la procuraduría.

De acuerdo a sus familiares, en el último año fueron cerca de siete denuncias interpuestas por las agresiones del hombre con el que tenía más de tres años separada.

Desde a mediados del año pasado, Brenda Patricia vivía sola en la casa que había sido de sus padres —quienes se cambiaron a Los Ángeles— ahí en El Cóndor en avenida de Los Cisnes 3469, donde habitó la familia durante años y donde además habían instalado un pequeño negocio de abarrotes, el cual ya no funcionaba.

“Me tocó en muchas ocasiones, cuando la visitábamos y él llegaba, le quebraba los vidrios del carro, nos insultaba, nos aventaba piedras”, refiere una de las hermanas de Brenda Patricia, quien aún recuerda los gritos de su excuñado hacia su joven hermana.

 “¡Nunca vas a ser feliz!

¡Siempre vas a ser mía!”.

Otras veces llegaba de madrugada, tocaba las ventanas, intentaba meterse. Cuando hablaban al número de emergencia 066, la policía o no llegaba o lo hacían ya tarde.

En ese tiempo, la joven —que estudiaba la prepa abierta y trabajaba en una refresquería—, seguido decía que quería ingresar a las filas de la Policía Estatal Preventiva con la idea de poder proteger a otras mujeres que vivían el infierno del hostigamiento.

Brenda Patricia llevaba tres meses viviendo sola, tenía siete meses con un novio de su misma edad, Irving Ulises, y antes anduvo con otro muchacho a quien sólo conocieron como Néstor, alias El Pit, con quien terminó porque también la golpeaba.

Cristian Ruiz Pérez, su ex marido y agresor, se había tatuado en el pecho un nombre de mujer, “Paty” y antes del incidente tenía cerca de un mes que no la había buscado, hostigado, lo que a la misma Brenda Patricia le extrañó, “se me hace raro que no haya venido a buscarme…”, les dijo a sus hermanas, bromeando.

De acuerdo a sus hermanas, ella estaba muy feliz con su nuevo novio, disfrutaba el amor.

Entérate: Asesinato de Danna en BC no fue tipificado como feminicidio, pese a extrema violencia

*

A las 5:27 de la mañana del lunes 26 de octubre de 2015, Irving Ulises recibió en su Facebook un raro mensaje enviado desde un contacto que no reconoció, Pablo Ortiz, y que lo dejó inquieto: “ei, ve a ver como está tu novia, escuché unos malos rumores…”.

Una hora después ya estaba tocando en la puerta que da a la calle Cisnes, ahí en el fraccionamiento El Cóndor, en la casa de su novia. Pero no había respuesta, gritaba, tocaba de nuevo, insistente, sin lograr algún resultado. Cerca de las 8:00 de la mañana recibió otro mensaje “ya fuiste con ella, andan diciendo que la mató en su casa, no la conozco bien pero me preocupó eso…”.

Una de las vecinas se dio cuenta de la presencia del novio y habló a Nancy Lizbeth, hermana de Brenda Patricia, quien —junto con su marido— llegó minutos después con las llaves que tenía del domicilio. La última vez que la había visto con vida fue el viernes anterior.

La construcción de la casa llega hasta el perímetro de la banqueta —ahí tenían antes el abarrotes— y a su hermana se le hizo raro que la primer chapa en la puerta metálica estuviese abierta, y la segunda puerta sí tenía candado —por fuera— pero estaba abierta la segunda chapa, sólo con el seguro del picaporte. Ingresaron y notaron que la segunda puerta, una de vidrio que Brenda Patricia siempre tenía abierta, estaba cerrada.

Al abrir esa puerta de vidrio, sobre el sillón café de la sala estaba Brenda Patricia, parecía dormida y de espaldas al televisor encendido. Vestía unos shorts negros y una camiseta de la refresquería donde trabajaba, bajo ésta un top rosa fiucha. Tenía arena en los pies y al tratar de despertarla nada, nunca se movió, la voltearon y notaron que estaba fría, muerta.

La autopsia arrojó que había muerto de asfixia por estrangulamiento y todas las sospechas apuntaron hacia el ex marido hostigador.

De hecho algunos de los vecinos —quienes conocían a Brenda Patricia y su familia de toda la vida— se dieron cuenta como cerca de las 9:00 de la noche del domingo 25 de octubre, llegó al lugar Cristian Ruiz Pérez, alias El Marak, quien estuvo gritando insistentemente para que Paty —como le decía— le abriera. Una vecina dice que pasó tres veces por ahí, debido a que salió a hablar al teléfono público.

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La primera fue cerca de las 9:00 de la noche y ahí estaba El Marak, insistiendo a gritos. En la segunda vuelta, se dio cuenta de que Brenda Patricia abrió pero platicaban a través de la reja, él desde afuera y parece que así duraron un buen rato. En su tercera salida al teléfono público, cerca de las 11:30 de la noche, ya no estaban.

Una de las versiones más significativas fue la de un amigo de El Marak, quien relató a las autoridades cómo la tarde del domingo estuvo tomando cerveza con su amigo Cristian Ruiz Pérez, visitaron unas amigas y siguieron bebiendo. Cerca de las 9:00 de la noche, cuando regresaron ahí al fraccionamiento El Cóndor, pasaron por la casa de la ex pareja de El Marak y este le pidió que se parara, que iba a bajarse. Luego de dejarlo, su amigo siguió hasta su casa donde llegaron otros conocidos y continuaron libando.

Recordó que cerca de las 11:30 de la noche El Marak regresó ahí con ellos, pero venía muy serio, demudado, no se le entendía lo que quería decir y le tuvo que escribir en su celular el mensaje “Me chingué a mi ruca…”, fue la única información y éste asegura que pensó que la había golpeado, además que no era la primera vez. Refiere que siguieron tomando, llegaron otros amigos, posteriormente se fueron y luego se quedó dormido ahí en el asiento de su auto, afuera de la casa de su mamá, donde estaban bebiendo. La señora en su declaración asentó que cerca de las 7:00 de la mañana salió y ahí estaba, solo y despierto El Marak, lucía nervioso y lo metió para que se acostara un rato ahí en la sala. Horas después se levantó y se fue.

Originalmente, un juez penal emitió el 3 de diciembre de 2015 una orden de aprehensión contra Cristian Ruiz Pérez como presunto responsable en el delito de homicidio agravado por razón de parentesco y fue hasta el 12 de julio de 2016 que éste fue detenido por agentes de la Policía Estatal Preventiva de Baja California, ahí mismo en Mexicali.

En su declaración inicial aceptó ser adicto al cristal desde siete años atrás, que consumía “un globito” diario. 

Fue vinculado a proceso por el delito de feminicidio por la juez Sara Perdomo, y el 10 de agosto de 2016, la agente del Ministerio Público,  Consuelo García, presentó la propuesta para llevar un juicio abreviado —donde el imputado acepta su culpabilidad tras ofrecerle una sentencia menor—, y el lunes 22 de agosto fue la audiencia de aceptación.

“Yo siempre me negué al juicio abreviado, yo no lo quería, pero tampoco tenía suficientes pruebas para seguir. Tenía las demandas pero ellos —en la procuraduría— me ponían pretextos, me decían que no eran suficientes. Yo lo que sé, es que los del Ministerio Público, en el momento en que quieren cortar el caso, ahí lo quieren dejar. Yo me estresé”, sostuvo Brenda Lizbeth, la hermana de la joven asesinada quien como representante familiar firmó el acuerdo.

El miércoles 24 de agosto, la jueza Ana María Elías González encabezó la audiencia de lectura de sentencia donde se incluyó una pena de 18 años de prisión —dos menos que el mínimo— para un responsable de feminicidio. Además se incluyó la reparación del daño por 718 661 pesos.

“Como no tiene bienes, olvídate de ese dinero”, le aclaró la Ministerio Público a la hermana de la víctima.

En el Código Penal de Baja California existe un capítulo —el vii— que tiene que ver con la amonestación, y textualmente incluye:

Artículo 66.- Concepto.- La amonestación consiste en la advertencia que el Juez dirige al condenado, haciéndole ver las consecuencias del delito que cometió exhortándolo a la enmienda y conminándolo a evitar su reincidencia. Esta manifestación se hará en público o en lo privado según parezca prudente al Juez.

En esa audiencia donde se dictó la primera sentencia por feminicidio, la jueza Elías la exhortó verbalmente “a que no vaya a cometer más delitos y que estos años en prisión le sirvan para reflexionar sobre su conducta para que esté en posibilidad de reinsertarse en la sociedad y que no vuelva a delinquir…”.

Este capítulo del libro: “La vida en rosa…las muertas de Mexicali”, es reproducido con la autorización de la familia de Sergio Haro Cordero y la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).

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Cómo eran las relaciones sexuales de los neandertales

Te contamos lo que los científicos han descubierto hasta ahora sobre el momento de la historia de la humanidad en el que los humanos modernos primitivos y los neandertales tuvieron sus primeros encuentros.
6 de abril, 2021
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Recreación de una mujer neandertal.

Getty Images
El sexo entre los humanos modernos primitivos y los neandertales no era un evento raro.

Sus ojos se encontraron a través del accidentado paisaje montañoso de la Rumania prehistórica.

Era un neandertal y estaba casi al desnudo. Tenía buena postura y piel pálida, quizás ligeramente enrojecida por las quemaduras solares. Alrededor de uno de sus gruesos y musculosos bíceps llevaba un brazalete de garras de águila.

Ella era una humana modernaprimitiva, vestida con un abrigo de piel de animal con un ribete de piel de lobo. Tenía la piel oscura, piernas largas y su cabello estaba recogido en trenzas.

Él se aclaró la garganta, la miró de arriba abajo y, con una voz nasal absurdamente aguda, hizo su mejor presentación. Ella le devolvió la mirada sin comprender. Por suerte para él, no hablaban el mismo idioma. Se rieron incómodamente y, bueno, todos podemos adivinar lo que pasó después.

Por supuesto, eso podría haber sido mucho menos parecido a una escena de una apasionante novela romántica. Quizás la mujer era en realidad neandertal y el hombre pertenecía a nuestra propia especie. Tal vez su relación era de tipo informal y pragmática, porque simplemente no había mucha gente alrededor en ese momento. Incluso se ha sugerido, también, que tales conexiones no fueron consensuadas.

Si bien nunca sabremos qué sucedió realmente en este encuentro, o en otros similares, de lo que podemos estar seguros es que se dio la unión de esa pareja.

Aproximadamente entre 37.000 y 42.000 años después, en febrero de 2002, dos exploradores hicieron un descubrimiento extraordinario en un sistema de cuevas subterráneas en las montañas del suroeste de los Cárpatos, cerca de la ciudad rumana de Anina.

Dentro de la Peştera cu Oase, o “Cueva con huesos”, encontraron miles de huesos de mamíferos. Entre ellos había una mandíbula humana, cuya datación por radiocarbono reveló que era de uno de los humanos modernos primitivos más antiguos conocidos en Europa.

Se cree que los restos permanecieron intactos desde entonces. En ese momento, los científicos notaron que, si bien la mandíbula era inconfundiblemente moderna en su apariencia, también contenía algunas características inusuales similares a las de los neandertales.

Años más tarde, esta corazonada se confirmó.

Los científicos descubrieron que el individuo era un hombre y que probablemente era un 6-9% de neandertal. Esta es la concentración más alta jamás encontrada en un ser humano moderno primitivo, y alrededor de tres veces la cantidad encontrada en los europeos y asiáticos actuales, cuya composición genética es aproximadamente del 1-3% neandertal.

Debido a que el genoma contenía grandes extensiones de secuencias neandertales ininterrumpidas, los expertos calcularon que es probable que el dueño de la mandíbula haya tenido un ancestro neandertal tan solo cuatro o seis generaciones antes. Determinaron que el enlace probablemente ocurrió menos de 200 años antes de la época en que vivió.

Paisaje de los Cárpatos en Rumania.

Getty Images
Un encuentro amoroso entre nuestros ancestros humanos modernos y los neandertales pudo haber tenido lugar en las montañas de los Cárpatos.

Además de la mandíbula, el equipo encontró fragmentos de cráneo de otro individuo en Peştera cu Oase, que poseía una mezcla similar de características. Los científicos aún no han podido extraer ADN de estos restos, pero al igual que la mandíbula, se cree que pueden haber pertenecido a alguien que tenía ascendencia neandertal cercana.

Desde entonces, se ha ido acumulando la evidencia de que el sexo entre los humanos modernos primitivos y los neandertales no era un evento raro.

Escondidos en los genomas de las poblaciones actuales, hay indicios reveladores de que sucedió en muchas ocasiones distintas y en una amplia zona geográfica.

De hecho, el ADN neandertal se puede encontrar en todas las personas que viven hoy en día, incluidas las de ascendencia africana, cuyos antepasados no se cree que hayan entrado en contacto directamente con este grupo.

Y la transferencia también ocurrió al revés. En 2016, los científicos descubrieron que los neandertales de las montañas de Altai en Siberia pueden haber compartido del 1 al 7% de su genética con los antepasados de los humanos modernos, que vivieron hace aproximadamente 100.000 años.

Los besos

En 2017, Laura Weyrich, antropóloga de la Universidad Estatal de Pensilvania, descubrió la marca fantasmal de un parásito microscópico de 48.000 años aferrado a un diente prehistórico.

“Veo a los microbios antiguos como una forma de aprender más sobre el pasado, y el sarro es realmente la única forma confiable de reconstruir los microorganismos que vivían dentro de los humanos antiguos”, dice Weyrich.

Estaba particularmente interesada en lo que comían los neandertales y cómo interactuaban con su entorno. Para averiguarlo, secuenció el ADN de la placa dental en dientes hallados en tres cuevas diferentes.

Dos de las muestras se tomaron de 13 neandertales encontrados en El Sidrón, en el noroeste de España. Para sorpresa de Weyrich, uno de los dientes contenía la firma genética de un microorganismo parecido a una bacteria, Methanobrevibacter oralis, que todavía se encuentra en nuestra boca hoy en día.

Cráneo de un neandertal.

Getty Images
Los neandertales tenían rasgos faciales distintivos, pero se han encontrado algunos cráneos con una mezcla de rasgos.

“Para mí, lo que es fascinante es que este es también uno de los primeros períodos en los que describimos el mestizaje entre humanos y neandertales”, dice Weyrich. “Así que es maravilloso ver una especie de microbio envuelto en esa interacción”.

Weyrich explica que una posible ruta para la transferencia son los besos: “Cuando besas a alguien, los microbios orales van y vienen entre las bocas”, dice.

“Pudo haber sucedido una vez, pero luego de alguna manera se propagó mágicamente, si el grupo de personas infectadas tuvo éxito. Pero también podría ser algo que ocurriera con más regularidad”.

Otra forma de transferir sus microbios orales es compartiendo alimentos. Y aunque no hay evidencia directa de que un neandertal esté preparando una comida para un humano moderno primitivo, una comida romántica podría haber sido una fuente alternativa de M. oralis.

Para Weyrich, el descubrimiento es emocionante porque sugiere que nuestras interacciones con otros tipos de humanos hace mucho tiempo han dado forma a las comunidades de microorganismos que tenemos hoy.

Neandertales masculinos o femeninos

Es imposible decir con certeza si fueron en su mayoría mujeres neandertales las que se acostaron con los hombres humanos modernos primitivos, o al revés, pero hay algunas pistas.

En 2008, los arqueólogos descubrieron un hueso de un dedo roto y un solo diente molar en la cueva Denisova, en las montañas de Altai en Rusia, a partir de la cual se reveló una nueva subespecie de humanos.

Durante años, los “denisovanos” se conocían solo por el puñado de muestras desenterradas en este sitio, junto con su ADN, del cual los científicos descubrieron que su legado continúa hasta el día de hoy en los genomas de personas de ascendencia melanesia y de Asia oriental.

Los denisovanos estaban mucho más relacionados con los neandertales que los humanos actuales; las dos subespecies pueden haber tenido rangos que se superpusieron en Asia durante cientos de miles de años.

Reconstrucción de un denisovano

Maayan Harel
Los denisovanos tienen rasgos comunes con los humanos modernos y los neandertales.

Esto se hizo particularmente evidente en 2018, con el descubrimiento de un fragmento de hueso que pertenecía a una niña, apodada Denny, que tenía una madre neandertal y un padre denisovano.

En consecuencia, tendría sentido si los cromosomas sexuales masculinos de los neandertales fueran similares a los de los denisovanos. Pero cuando los científicos secuenciaron el ADN de tres neandertales, que vivieron hace 38.000 a 53.000 años, se sorprendieron al descubrir que sus cromosomas Y tenían más en común con los de los humanos actuales.

Los investigadores dicen que esto es evidencia de un “fuerte flujo de genes” entre los neandertales y los primeros humanos modernos: se cruzaban mucho.

Otra investigación ha demostrado que casi exactamente el mismo destino tuvieron las mitocondrias neandertales: la maquinaria celular que ayuda a convertir los azúcares en energía aprovechable.

Estos se transmiten exclusivamente de madres a hijos, por lo que cuando se encontraron las primeras mitocondrias humanas modernas en restos de neandertales en 2017, insinuó que nuestros antepasados también estaban teniendo relaciones sexuales con neandertales masculinos.

Enfermedades de transmisión sexual

Hace unos años, Ville Pimenoff estaba estudiando la infección de transmisión sexual por el virus del papiloma humano (VPH) cuando notó algo extraño.

Existe una clara división a nivel mundial entre dónde se encuentran ciertas variantes de este virus. En la mayor parte del planeta, lo más probable es que encuentre el tipo A, mientras que en el África subsahariana la mayoría de las personas están infectadas con los tipos B y C.

Curiosamente, el patrón coincide exactamente con la distribución del ADN neandertal en todo el mundo, pues las personas en África subsahariana no solo portan cepas inusuales del VPH, sino que tienen relativamente poco material genético neandertal.

Para averiguar qué estaba pasando, Pimenoff utilizó la diversidad genética entre el tipo A actual para determinar que surgió por primera vez hace 60.000-120.000 años aproximadamente. Esto lo hace mucho más anterior que los otros tipos de VPH-16 y, lo que es más importante, ocurre en la época en que los primeros humanos modernos emergieron de África y entraron en contacto con los neandertales.

Aunque es difícil de probar definitivamente, Pimenoff cree que inmediatamente comenzaron a intercambiar enfermedades de transmisión sexual, y que la división en las variantes del VPH-16 refleja el hecho de que adquirimos el tipo A de sus antecesores.

“Lo probé miles de veces usando técnicas computacionales, y el resultado siempre fue el mismo: que este es el escenario más plausible”, dice Pimenoff.

Curiosamente, Pimenoff también cree que la adquisición del tipo A de los neandertales explica por qué es tan canceroso en los seres humanos: debido a que lo encontramos por primera vez hace relativamente poco, nuestro sistema inmunológico aún no ha evolucionado para poder eliminar la infección.

Neandertal

Lambert/Ullstein Bild/Getty Images
Tanto hombres como mujeres neandertales se cruzaron con nuestra propia especie, según registros genéticos.

De hecho, el sexo con neandertales podría habernos dejado otros virus, incluido un antiguo pariente del VIH. Pero no hay necesidad de sentirse resentido con nuestros parientes, porque también hay evidencia de que les contagiamos ETS, incluido el herpes.

Los órganos sexuales

Aunque pueda parecer burdo preguntarse cómo eran los penes y las vaginas de los neandertales, los genitales de diferentes organismos han sido objeto de un vasto cuerpo de investigación científica.

Resulta que los órganos sexuales de un animal pueden revelar una cantidad sorprendente de información sobre su estilo de vida, estrategias de apareamiento e historia evolutiva, por lo que hacer preguntas sobre ellos es solo otra ruta para comprenderlos.

El reino animal contiene una variedad caleidoscópica de diseños. Estos incluyen el pulpo argonauta y su pene desmontable con forma de gusano, que puede nadar solo para aparearse con las hembras, o las vaginas triples de canguros, que hacen posible que las hembras estén embarazadas perpetuamente.

Una de las formas en las que los penes humanos son inusuales es que son lisos.

Nuestros parientes vivos más cercanos, los chimpancés comunes y los bonobos, con quienes compartimos alrededor del 99% de nuestro ADN, tienen “espinas del pene”.

Se cree que estas pequeñas púas, que están hechas de la misma sustancia que la piel y el cabello (queratina), evolucionaron para eliminar los espermatozoides de los machos competidores o para irritar ligeramente la vagina de la hembra y hacer que deje de tener relaciones sexuales por un tiempo.

En 2013, los científicos descubrieron que el código genético de las espinas del pene no existe en los genomas neandertal y denisovano, al igual que en los humanos modernos, lo que sugiere que desapareció de nuestros antepasados comunes hace al menos 800.000 años.

Esto es significativo, porque se cree que las espinas del pene son más útiles en especies promiscuas, donde pueden ayudar a los machos a competir con otros y maximizar las posibilidades de reproducción.

Esto ha llevado a la especulación de que, como nosotros, los neandertales y los denisovanos eran en su mayoría monógamos.

Evolución

Getty Images
Hace 100.000 años convivieron diferentes grupos de humanos.

Más promiscuos

Sin embargo, hay alguna evidencia que sugiere que los neandertales tenían más sexo que los humanos modernos.

Los estudios en fetos han demostrado que la presencia de andrógenos como la testosterona en el útero puede afectar la “proporción de los dígitos” de una persona en la edad adulta, una medida de cómo se comparan las longitudes de los dedos índice y anular, calculada dividiendo el primero por el segundo.

En un entorno con niveles altos de testosterona, las personas tienden a terminar con proporciones más bajas. Esto es así independientemente del sexo biológico.

Desde este descubrimiento, se han encontrado vínculos entre la proporción de dígitos y el atractivo facial, la orientación sexual, la asunción de riesgos, el rendimiento académico, cuán empáticas son las mujeres, cuán dominantes parecen los hombres e incluso el tamaño de sus testículos, aunque algunos estudios en esta área son controvertidos.

En 2010, un equipo de científicos también notó un patrón entre los parientes más cercanos de los humanos. Resulta que los chimpancés, gorilas y orangutanes, que generalmente son más promiscuos, tienen proporciones de dígitos más bajas en promedio, mientras que un humano moderno primitivo encontrado en una cueva israelí y los humanos actuales tenían proporciones más altas (0,935 y 0,957, respectivamente).

Los humanos son ampliamente monógamos, por lo que los investigadores sugirieron que podría haber un vínculo entre la proporción de dígitos de una especie y la estrategia sexual.

Si tienen razón, los neandertales, que tenían proporciones entre los dos grupos (0,928), eran un poco menos monógamos que los humanos modernos y actuales.

En familia

Una vez que una pareja de humanos neandertales-modernos-primitivos se encontraban, es posible que se establecieran cerca de donde vivía el hombre, y cada generación seguía el mismo patrón.

La evidencia genética de los neandertales sugiere que los hogares estaban compuestos por hombres, sus parejas e hijos. Las mujeres parecían abandonar el hogar familiar cuando encontraban pareja.

Otra idea de su unión para siempre proviene de un estudio de los genes que dejaron en los islandeses de la actualidad.

El año pasado, un análisis de los genomas de 27.566 de estos individuos reveló las edades en las que los neandertales tendían a tener hijos: mientras que las mujeres eran generalmente mayores que sus homólogas humanas modernas, los hombres generalmente eran padres jóvenes.

Garra de un águila.

STR/AFP/Getty Images
Hace cerca de 130.000 años, un neandertal en lo que hoy es Croacia cortó la garra de un águila posiblemente para hacer joyas.

Si la pareja del principio de este artículo hubiera tenido un un bebé, tal vez, como otros neandertales, la madre lo habría amamantado durante unos nueve meses y destetado por completo alrededor de los 14 meses, que es antes que los humanos en las sociedades modernas no industriales.

La curiosidad sobre estas interacciones antiguas está revelando nueva información sobre cómo vivían los neandertales en general y por qué desaparecieron.

Se cree que estas uniones han contribuido a una variedad de rasgos que los humanos modernos llevamos hoy, desde el tono de piel, el color del cabello y la altura hasta nuestros patrones de sueño, estado de ánimo y sistema inmunológico.

Aprender sobre ellos ya está llevando a posibles tratamientos para enfermedades modernas, como los medicamentos que se dirigen a un gen neandertal que se cree que contribuye a los casos graves de covid-19 .

Ahora se cree que la extinción de los neandertales hace aproximadamente 40.000 años puede haber sido impulsada en parte por nuestra atracción mutua, así como por factores como el cambio climático repentino y la endogamia.

Una teoría emergente es que las enfermedades transmitidas por las dos subespecies, como el VPH y el herpes, inicialmente formaron una barrera invisible, que impedía expandir su territorio y potencialmente entrar en contacto.

En las pocas áreas en las que se superpusieron, se cruzaron y los primeros humanos modernos adquirieron genes de inmunidad útiles que de repente hicieron posible aventurarse más lejos.

Pero los neandertales no tuvieron tanta suerte: el modelo sugiere que si tuvieran una mayor carga de enfermedades, es posible que hayan permanecido vulnerables a estas nuevas cepas exóticas durante más tiempo, independientemente del mestizaje, y esto significa que estaban estancados.

Finalmente, los antepasados de los humanos actuales llegaron a sus territorios y los aniquilaron.

Otra idea es que absorbimos gradualmente su población relativamente pequeña en la de los primeros humanos modernos. Después de todo, ya habían adoptado en gran medida nuestros cromosomas Y así como las mitocondrias, y al menos el 20% de su ADN todavía existe en personas vivas en la actualidad.

Quizás la pareja que se unió en la Rumania prehistórica sobreviva en alguien que lee este artículo.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en BBC Future.


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