Descalificaciones y represión, sello de la jornada por aborto legal en CDMX
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Itxaro Arteta

Descalificaciones, represión, violencia: así fue la jornada por la despenalización del aborto en la CDMX

La jornada de este 28S inició con la acusación de la jefa de gobierno de que una empresa mantenía la toma de la sede de la CNDH, luego, durante la marcha se dio la contención de las manifestantes que avanzaban hacia el Zócalo.
Itxaro Arteta
29 de septiembre, 2020
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Habían pasado solo 10 minutos y 700 metros del camino que pretendía seguir una de las marchas por el aborto legal y seguro en la Ciudad de México, cuando la policía la rodeó, montó un encapsulamiento que duró cuatro horas, y dio comienzo a un operativo de represión que provocó la respuesta violenta de las manifestantes.

El fuerte operativo policial ocurrió minutos después de que la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, descalificara la marcha de este lunes y hablara de un presunto vínculo entre un empresario ligado a la gestión de Enrique Peña Nieto y el movimiento feminista.

Las policías vaciaron decenas de extintores para frenar las agresiones, pero también cualquier intento de acercamiento o avance, aún cuando no hubiera fuego por apagar.

Lee: ¿Dar información sobre el aborto es un crimen? Diputado de NL denuncia a feministas por apología del delito

Según datos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, se movilizaron mil 700 policías mujeres del Grupo Atenea, equipadas con 165 extintores.

También según cifras oficiales, hubo 600 manifestantes, es decir, casi tres agentes por participante.

Cierran el paso con extintores

A las 2 de la tarde fue la cita en el Monumento a la Revolución, donde llegaron a congregarse unas 300 chicas con pañuelos verdes, la mayoría vestidas de negro y con la cara tapada, que se identifican como Bloque Negro. A las 2:40 empezaron a caminar, causando destrozos a su paso, ante los que policías formaron vallas para proteger edificios o mobiliario. Al llegar al Caballito, ya habían sido agredidas dos agentes con golpes y patadas.

Entonces las uniformadas se colocaron antes del cruce con Balderas para cerrar el paso de Avenida Juárez. En filas, montaron sus escudos para no dejar ningún hueco, mientras otros cientos de elementos cubrían ambos lados de la calle, y otro grupo cerraba también el paso por detrás, en la calle de Humboldt. Dentro de ese ‘encapsulamiento’  quedaron manifestantes, encapuchadas, periodistas y observadoras de Derechos Humanos que formaron escuetas vallas de paz.

Las manifestantes llevaban palos y martillos, tiraron algunos petardos y alrededor de cinco bombas molotov que provocaron quemaduras a algunas de las policías. Según el gobierno capitalino, hubo 43 agentes heridas. Las policías empezaron a responder entonces activando los extintores, que además de apagar el fuego, causan irritación en los ojos y garganta. Aunque solo se reportaron 13 ciudadanas lastimadas y atendidas ahí mismo.

Fue tal la cantidad de extintores activados, que a pesar de ser un espacio abierto y que no estaba saturado por manifestantes, hubo momentos en que la mitad del área se veía completamente blanca, era imposible respirar o siquiera abrir los ojos, y eso afectó a las propias policías. En un momento, las chicas corrieron hacia un extremo y quienes traían agua auxiliaban a las que habían sido afectadas con el gas; mientras que en el otro extremo, sin poder romper filas, decenas de policías tosían sin parar y trataban de hacer pasar el efecto bebiendo o mojándose la cara con botellas de agua que les proporcionaban los elementos que venían de apoyo detrás de ellas.

El encapsulamiento en ese punto duró dos horas con veinte minutos, hasta las 5:10, por lo que en ese tiempo las manifestantes pasaron de las agresiones a solo gritar consignas o pintarlas en el suelo, después interpretaron la “Canción Sin Miedo” de Vivir Quintana, que se ha vuelto una especie de himno feminista, volvían las agresiones o tan solo gritos contra las policías. Hubo un momento en que formaron una línea que a lo largo de varios minutos se iba acercando poco a poco a la línea de escudos, y cuando estaban ya a unos dos metros, sin que mediara ninguna agresión ni fuego, las agentes volvieron a disparar varios extintores para obligar a las chicas a retroceder.

Entérate: Creencias personales, tiempos y rencillas políticas atoran despenalización del aborto en México

A lo largo de la jornada fue posible ver que no solo había Ateneas, sino también agentes de Tránsito, otras con escudos de la Policía Bancaria e Industrial, y efectivos hombres, de los que la Secretaría negó su presencia hasta que Animal Político mostró fotos, y entonces reconoció que había 50, pero detrás de las vallas metálicas que protegían Bellas Artes y los accesos a las calles que conducen al Zócalo.

Llegan a marcha entre descalificaciones al movimiento feminista

Al llegar a la protesta, el ambiente ya estaba crispado entre las feministas por las descalificaciones que el gobierno, tanto local como federal, ha hecho de los recientes movimientos de mujeres.

Apenas unas horas antes, en la conferencia mensual en la que la Secretaría de Gobernación (Segob) informa de las acciones para combatir la violencia de género, una funcionaria federal acusó que hay grupos feministas cobrando a las víctimas por ayudarlas a tener una atención que es gratuita.

Más temprano, la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, acusó a la empresa GINGroup, señalada como “facturera”, de estar financiando a quienes tomaron la sede de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), porque en una de sus audiencias públicas alguien le contó que una empleada de esa empresa fue a donar víveres a la toma.

Apenas el viernes, el propio presidente Andrés Manuel López Obrador dijo tener información de que hay gente infiltrada en contra de su gobierno que está utilizando el feminismo para atacarlo.

Y durante el fin de semana ya había sido encapsulada otra manifestación, organizada por el Bloque Negro, que pretendía ir de la CNDH al Congreso. Esto como acción previa al Día de Acción Global por el Acceso al Aborto Legal y Seguro, que se realiza cada año en 28 de septiembre en ciudades de todo el mundo.

Al final de la jornada de este lunes, hubo una nueva descalificación por parte del gobierno capitalino, que envió un comunicado que iniciaba anunciando que fueron 32 mujeres encapuchadas quienes “boicotearon” la marcha con actos violentos, por lo cual se aplicó el protocolo de actuación policial durante manifestaciones, por el que se encapsuló a todas las manifestantes.

Otras dos horas encapsuladas hasta la Antimonumenta

Después de las más de dos horas sin avanzar en Avenida Juárez y Balderas, en las que algunas chicas se quejaban de que eso era un secuestro e iba en contra del libre tránsito y el derecho a la protesta, llegaron elementos de la Brigada Marabunta, una organización civil que evita confrontaciones en marchas de este tipo.

Esta Brigada sí formó una valla de paz entre manifestantes y policía, y entonces se acordó que se permitiría al contingente avanzar hasta la Antimonumenta por los feminicidios instalada frente al Palacio de Bellas Artes. Ahí esperaba la otra mitad del total de manifestantes que se congregaron para pedir aborto legal y seguro para las mujeres en todo el país, ya que hasta ahora, solo está despenalizado sin restricciones en la Ciudad de México y en el estado de Oaxaca.

Pero esos 500 metros más que avanzó la marcha, los avanzó totalmente encapsulada. Fueron más de 45 minutos los que se tardó en llegar, ya que primero, las policías del frente caminaban de espaldas –lo que provocó que más de una tropezara y cayera–, luego avanzaban las de los lados al paso de las manifestantes, y las del fondo seguían cerrando la retaguardia, de modo que nadie podía salir.

Lee más: Entre fuerte operativo policiaco, feministas piden aborto legal en Xalapa, Veracruz

Entre las 6 y las 7 de la tarde, continuó la violencia intermitente, ya que la policía seguía rodeando por un lado al contingente que venía del Monumento a la Revolución y por otro a quienes estaban en un templete instalado en Eje Central, entre quienes había integrantes de la Coordinación 8 de Marzo, del colectivo Pan y Rosas, organizaciones como Asamblea de Barrios y sindicatos como el de Luz y Fuerza, además de otras manifestantes independientes.

Aunque el Palacio de Bellas Artes estaba protegido por vallas metálicas, se apostó frente a ellas una línea de policías, por lo que algunas manifestantes lanzaban botellas, latas de spray vacías, pintura, pedazos de cristales rotos y gritos en su contra. En algunos momentos, de detrás de los escudos eran devueltas las botellas y latas a las manifestantes, por lo que nuevamente hubo intercambios de golpes, y otra vez las policías activaban los extintores uno tras otro, incluso cuando las chicas ya se habían replegado y eran los integrantes de Brigada Marabunta quienes recibían todo el polvo irritante, y ya sin fuego que apagar, a pesar de que las autoridades aseguraron en sus comunicados que solo se utilizan para ese fin.

Finalmente, pasadas las 7 de la tarde y sin mayor explicación, se hicieron a un lado las policías, solo a tapar las calles que llevan al Zócalo, donde está instalado el campamento del Frente Nacional AntiAMLO (FRENA), y acompañando la marcha por las orillas, como en otras manifestaciones.

Entonces las mujeres pudieron marchar coreando consignas feministas, bailando batucada y con pancartas que piden la no criminalización del aborto.

“Las ricas abortan, las pobres mueren”, decía una manta. “El aborto clandestino asesina la libertad”, “Si aborta, la culpa; si eyacula, la disculpa”, “Embarazo no deseado, aborto acompañado”  y “Nuestras abuelas nos dieron el voto, nuestras madres el divorcio y nosotras daremos el derecho a decidir”, eran otras.

Con las horas que habían pasado, las mujeres caminaron lo más deprisa que pudieron por Eje Central hasta el metro Garibaldi, en donde doblaron por Reforma hasta llegar a Metro Hidalgo, donde personal les indicó que la estación estaba abierta. Tras comentar un momento, con la noche ya sobre sus cabezas y el contingente mermado, la manifestación se dispersó ya sin ningún incidente, mientras cientos de policías que superaban por mucho la cantidad de mujeres para ese momento siguieron todo el movimiento, hasta que ya no quedó nadie.

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Chernóbil: los guardias que cuidan a los perros abandonados en la Zona de Exclusión del desastre nuclear

Los descendientes de las mascotas abandonadas por quienes huyeron del desastre de Chernóbil están entablando una curiosa relación con los humanos encargados de proteger el área contaminada.
26 de abril, 2021
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No había pasado mucho tiempo desde su llegada a la Zona de Exclusión de Chernóbil cuando Bogdan se dio cuenta de que su nuevo trabajo incluía a algunos compañeros inesperados. Desde sus primeros días como guardia de control en Chernóbil, ha compartido el lugar con una jauría de perros.

Bogdan (no es su nombre real) está ahora en su segundo año de trabajo en la zona y ha llegado a conocer bien a los perros. Algunos tienen nombre, otros no. Algunos permanecen cerca, otros permanecen separados, van y vienen cuando les place. Bogdan y los otros guardias los alimentan, les ofrecen refugio y ocasionalmente les brindan atención médica. Los entierran cuando mueren.

Todos los perros son, en cierto sentido, refugiados del desastre del 26 de abril de 1986 —hace 35 años—en el que explotó el reactor número 4 en la Central Nuclear de Chernóbil.

Posteriormente, decenas de miles de personas fueron evacuadas de la ciudad ucraniana de Pripyat. Se les dijo que dejaran a sus mascotas.

Los soldados soviéticos dispararon a muchos de los animales abandonados en un esfuerzo por evitar la propagación de la contaminación. Pero algunos de los animales se escondieron y sobrevivieron.

Después de 35 años, cientos de perros callejeros ahora deambulan por la Zona de Exclusión de 2 mil 600 km establecida para restringir la circulación de personas dentro y fuera del área.

Nadie sabe cuáles de los perros descienden directamente de las mascotas varadas y cuáles pueden haber llegado desde otro lugar. Pero ahora todos son perros de la zona.

Sus vidas son peligrosas. Están en riesgo de contaminación radiactiva, ataques de lobos, incendios forestales y hambre, entre otras amenazas. La esperanza de vida promedio de los perros es de solo cinco años, según Clean Futures Fund, una organización no gubernamental que monitorea y brinda atención a los perros que viven dentro de la Zona de Exclusión.

Un perro callejero en la zona radioactiva de Pripyat, la ciudad que quedó abandonada luego del desastre.

Getty Images
Algunos perros que viven en la Zona de Exclusión pueden ser descendientes de las mascotas abandonadas durante la evacuación de 1986, pero otros pueden haber llegado de casualidad.

Es bien sabido que los perros habitan este lugar en ruinas. Algunos de ellos incluso se han convertido en celebridades menores en las redes sociales.

El cofundador de Clean Futures Fund, Lucas Hixson, quien abandonó su carrera de investigación para cuidar de los animales, ofrece recorridos virtuales por la Zona de Exclusión con los perros.

Pero se sabe menos sobre los trabajadores locales que interactúan con estos caninos a diario.

Apodos

Jonathon Turnbull, candidato a doctor en geografía en la Universidad de Cambridge, Reino Unido, se dio cuenta de que valdría la pena recopilar las historias de estas personas.

“Si quería conocer a los perros”, dice, “tenía que acudir a las personas que mejor los conocían, y esos eran los guardias”.

Lo que descubrió es una conmovedora historia de la relación de los guardias con los animales de este entorno abandonado, una historia sobre el profundo vínculo entre humanos y perros.

Por ejemplo, los guardias han puesto apodos a varios de los perros.

Según Turnbull, está Alpha, cuyo nombre hace referencia a un tipo de radiación, y Tarzán, un perro muy conocido por los turistas de Chernóbil, que puede hacer trucos cuando se le ordena y que vive cerca de la famosa instalación del radar Duga.

Luego está Sausage, una perrita baja y gorda a la que le gusta recostarse sobre las tuberías de calefacción en invierno. Estas tuberías sirven a uno de los edificios utilizados por los trabajadores en la Zona de Exclusión que son parte de los esfuerzos en curso para desmantelar y descontaminar la planta de energía en ruinas.

“Cara de piedra”

El acceso a la Zona de Exclusión de Chernóbil requiere un permiso, por lo que los guardias tienen la tarea de vigilar los puntos de control de entrada y salida del área.

Las personas que esquivan estos puntos de control para entrar sin autorización en la Zona de Exclusión se conocen como “acosadores”. Los guardias los denuncian a la policía.

Cuando Turnbull, que vive en la capital de Ucrania, Kiev, comenzó a hacer visitas regulares a la zona, se encontró con Bogdan y otros guardias de los puestos de control.

Tenían cara de piedra y se mostraban reacios a hablar al principio, así que les llevó vodka y chocolates.

Luego les ofreció la oportunidad de participar en su investigación, que según él fue un “punto de inflexión”.

Los guardias tenían solo una solicitud: “por favor, por favor, traigan comida para los perros”. Eso fue lo que Turnbull hizo.

Sergey Shamray, trabajador de la planta nuclear de Chernóbil le da pedazos de pan a unos perros callejeros, en 2017.

Getty Images
Los guardias alimentan a los perros callejeros.

Turnbull entrevistó a uno de los participantes del estudio en nombre de BBC Future. El guardia en cuestión ha pedido no ser identificado para evitar una acción disciplinaria en el trabajo, por lo que aquí nos referimos a él con el seudónimo de “Bogdan”.

Lealtad

Cuando Bogdan camina por las calles abandonadas de la zona en busca de acosadores, los perros lo acompañan felices, dice. Siempre parecen ansiosos por ver si él o un turista podrían llevar comida. Si un perro de compañía se distrae o sale corriendo para perseguir a un animal, eventualmente regresa a Bogdan, agrega.

La lealtad va en ambos sentidos. Turnbull dice que a veces los guardias se toman la molestia de ayudar a los perros sacándoles las garrapatas incrustadas en la piel o poniéndoles inyecciones contra la rabia.

Monitorear quién entra y sale de la Zona de Exclusión a veces resulta en una ocupación aburrida. Pero siempre hay perros cerca.

En algunos puestos de control, los guardias han adoptado más o menos a algunos de los animales. Los alimentan y les dan cobijo. Pero no todos son tan mansos. Durante su investigación, un guardia le dijo a Turnbull: “No podemos inyectar a Arka porque muerde”.

Otro participante habló de una perrita que era aún más difícil de abordar. Se niega a ser tocada en absoluto. “Debes darle una sartén y marcharte. Ella espera hasta que te vayas y luego come”, explicó el guardia.

Guardias de Chernóbil con un perro callejero en 2017.

Getty Images
Algunos guardias dicen que los perros los alertan de la presencia de intrusos.

Los perros a veces ladran a los extraños a primera vista, esa es su naturaleza, cuenta Bogdan. Pero mientras no se sientan amenazados, a veces se calman y mueven la cola. De vez en cuando, incluso parece que están sonriendo, agrega.

Peligro de radiación

En general, se aconseja a los visitantes de Chernóbil que no toquen a los perros, por temor a que los animales puedan llevar polvo radiactivo. Es imposible saber dónde deambulan los animales y algunas partes de la Zona de Exclusión están más contaminadas que otras.

Además de los perros, hay vida silvestre en la Zona de Exclusión de Chernóbil. En 2016, Sarah Webster, una bióloga del gobierno de EU que trabajaba en la Universidad de Georgia en ese momento, y sus colegas publicaron un artículo en el que revelaron cómo los mamíferos, desde lobos hasta jabalíes y zorros rojos, habían colonizado la Zona de Exclusión.

Los datos de cámaras ocultas mostraron que el número de animales no necesariamente era más bajo en aquellas áreas donde la contaminación radiactiva es mayor.

Los animales que viven en la Zona de Exclusión no están necesariamente confinados allí. Un estudio posterior de Webster y sus colegas, publicado en 2018, detalló los movimientos de un lobo monitoreado con un dispositivo GPS. Viajó 369 km desde la zona, siguiendo un arco largo hacia el sureste, luego nuevamente hacia el noreste, y finalmente entró a Rusia.

Lobos en la zona de exclusión.

Getty Images
También hay lobos en la Zona de Exclusión.

En teoría, los lobos, perros y otros animales podrían transportar contaminación radiactiva, o mutaciones genéticas potencialmente transmitidas por reproducción, a lugares fuera de la Zona de Exclusión.

“Sabemos que está sucediendo, pero no entendemos el alcance o la magnitud”, dice Webster.

Turnbull dice que los guardias generalmente no se preocupan por la radiación, aunque ocasionalmente pueden usar dosímetros para revisar a un perro.

“Asistentes”

En realidad, parece que los perros, a través de la compañía que ofrecen, terminan tranquilizando a quienes interactúan con ellos regularmente, explica Greger Larson, un arqueólogo que estudia la domesticación animal en la Universidad de Oxford y que no participó en la investigación de Turnbull.

“Se están poniendo en la piel de los perros”, sugiere, refiriéndose a los guardias. “Si el perro está bien, eso significa que estás bien”.

Un perro callejero con ojos tristes pide comida en la zona de exclusión.

Getty Images
A pesar de vivir en un área donde los humanos todavía están en gran parte excluidos, los perros alrededor de Chernóbil llevan una vida “próspera”.

Pero en verdad, esto puede ser solo una falsa sensación de seguridad.

“Es un entorno extraño”, señala Turnbull. “No puedes ver el peligro. Estás constantemente consciente de que podría estar ahí, pero todo parece normal”.

A pesar de que los perros podrían representar un riesgo en términos de radiactividad, los guardias como Bogdan enfatizan en cambio los beneficios de tenerlos cerca.

Por ejemplo, afirma conocer perros que ladran de formas notablemente diferentes según lo que hayan visto en la distancia: un humano desconocido, un vehículo, un animal salvaje.

Debido a estas útiles señales de advertencia, Bogdan piensa en los perros como “asistentes”.

“Mundo postapocalíptico”

Lo que está sucediendo en la Zona de Exclusión es un eco de interacciones con perros que se sabe que han ocurrido dentro de las civilizaciones humanas durante miles de años, dice Larson.

Perros en un parque de diversiones de Prypiat, una ciudad abandonada después del desastre.

Getty Images
Los perros de Chernóbil se han vuelto casi tan famosos como la icónica noria del parque de atracciones de Pripyat.

“Vemos esto durante los últimos 15 mil años o más. Esto es lo que la gente hace, asociaciones muy cercanas no solo con perros sino con muchos animales domésticos […] para decir ‘este es nuestro apego al paisaje'”, explica.

En todo el mundo, hay perros que viven en un estado intermedio similar: no del todo domesticados ni del todo salvajes. Estos son los perros que deambulan por las ciudades y áreas industriales en busca de comida, los que pueden ser adoptados hasta cierto punto por las personas, pero que no llegan a considerarse mascotas.

Un cachorro callejero camina a lo largo de unas vías de tren cerca de la planta nuclear de Chernóbil, en 2017.

Getty Images
Un estimado de 900 perros viven en la Zona de Exclusión.

Los perros de Chernóbil también viven en este tipo de espacio, al borde de la domesticación, pero hay una diferencia, según Webster, quien anteriormente ha participado en un estudio distinto al de Turnbull.

“La Zona de Exclusión es muy diferente porque está abandonada por humanos”, relata. “Las únicas personas en ese paisaje en el día a día, en realidad, son los guardias”. Como tal, las oportunidades de los perros para hacerse amigos de los humanos son muy limitadas.

Si bien el mundo exterior sigue fascinado por los perros y su historia, para muchos guardias la conexión es mucho más profunda.

Bogdan dice que a menudo se le pregunta por qué se debe permitir que los perros permanezcan en la Zona de Exclusión.

“Nos dan alegría”, responde. “Para mí, personalmente, esto es una especie de símbolo de la continuación de la vida en este mundo radiactivo y postapocalíptico”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en BBC Future.


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