Pandemia deja 130 mil muertos en 4 meses, solo 51 mil reconocidos por COVID
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El impacto de la pandemia: 130 mil muertos en cuatro meses, solo 51 mil reconocidos por COVID

El exceso de muertes puede deberse a que enfermedades distintas a Covid no fueron atendidas por el sistema de Salud, o a que muchos no acudieron a la clínica por temor a un contagio.
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Por Proyecto Li (PROYECTO_Li), Nayeli Roldán y Arturo Ángel
2 de septiembre, 2020
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En cuatro meses, entre abril y julio de 2020, México ha registrado 130 mil fallecimientos más que en 2019, de los cuales sólo de una tercera parte sabemos que murieron por Covid.

De las 79 mil muertes restantes no se conoce todavía la causa, pero especialistas consultados afirman que serían tres fundamentalmente: por Covid, aunque todavía no son reconocidos públicamente; por otras enfermedades que no fueron atendidas, o personas a las que les dio miedo acudir a un hospital para tratarse y fallecieron en sus casas. Se trata, pues, del impacto de la pandemia en México.

Entérate: Miedo a COVID aleja de los hospitales a pacientes con otras enfermedades

Hasta el 31 de julio ocurrieron 51 mil muertes confirmadas por Covid, y tomando en cuenta que el total de decesos hasta esa fecha ascendía a 130 mil, significa que por cada fallecido a causa del contagio, hay 2.5 muertos.

Para ponerlo en contexto actual, al 1 de septiembre se han registrado 65, 241 muertes por Covid; considerando la tendencia anterior, en el país podría haber ya 163 mil muertes extra, en comparación con 2019.

Animal Político presenta la primera de tres entregas de una investigación que identifica el impacto de la pandemia. Primero, por el exceso de fallecimientos ocurridos en estos meses y, como abundaremos en la siguiente, por la caída en la atención hospitalaria en un sistema de salud que se enfocó, sobre todo, a los contagiados de Covid, y dejando sin atención al resto de enfermos. 

Proyecto Li y Animal Político solicitaron desde mayo pasado el número de actas de defunción de 2015 a 2020 reportadas al Registro Nacional de Población (Renapo), que concentra la información nacional, y al registro civil de cada entidad para hacer la comparación de fallecimientos, tal como lo hizo la Secretaría de Salud hace un mes, pero con corte a junio. 

Esto porque de acuerdo con el tipo de población, ocurren casi el mismo número de muertes por cada tipo de enfermedad cada año, pero en un contexto de pandemia como este, el número de fallecimientos adicionales a los esperados es lo que se considera como “exceso de mortalidad”. 

Dicho número se obtiene al comparar las defunciones ocurridas durante los mismos meses de 2019, con el número de fallecimientos ocurridos en los mismos meses de 2020. En este caso, de abril a julio. 

Se trata de un método que también han utilizado otros países para calcular las otras muertes registradas, dada la dificultad de saber con exactitud el número de fallecimientos por Covid, ya sea porque se requiere de pruebas de laboratorio para confirmarlas o por las posibles inconsistencias en el registro de las actas de defunción.  

Esa medición clasifica “las muertes asociadas directa o indirectamente con Covid y otras afecciones que provocan defunciones” y permite “medir y comparar el impacto de las medidas de salud pública”, explicó Jean Marc Gabastou, asesor internacional de emergencias de salud de la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud. 

Ruy López Ridaura, director general del Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades (CENAPRECE), presentó el exceso de mortalidad registrada hasta el 30 de junio, pero sólo en 20 estados del país, en la conferencia de prensa del 25 de julio pasado. 

De acuerdo con sus cálculos, se esperaban 130 mil fallecimientos de marzo a junio de este año, tomando en cuenta la tendencia de 2014 a 2018, pero con la pandemia se registraron 202 mil fallecimientos. Es decir, hasta el 30 de junio había 71 mil 315 muertes en exceso en 20 estados. “Esto representó un 55% de exceso de mortalidad”, explicó López Ridaura.

Para entonces, se reconocían 22 mil 367 personas fallecidas a causa de Covid. Lo cual significaba, dijo el funcionario, que por cada muerte confirmada por coronavirus había 2.6 fallecimientos. 

127 mil personas fallecidas en 2020 

Para obtener el exceso de mortalidad hasta julio, Proyecto Li —una  plataforma ciudadana que da seguimiento a los efectos de la pandemia con base en información oficial— replicó la metodología de la Secretaría de Salud. 

Primero, identificó el número de actas de defunción registradas de 2014 a 2018 en el INEGI y los comparó con los datos del Registro Nacional de Población, que concentra toda la información de los registros civiles, y con los reportes de registro civil de cada entidad federativa. Todo obtenido a través de solicitudes de información. 

El periodo elegido para la comparación abarca del 1 de abril al 31 de julio, toda vez que la primera muerte por coronavirus se registró el 18 de marzo. 

De ahí que, el exceso de mortalidad ocurrido en la pandemia asciende a 130 mil 377 personas fallecidas en 31 entidades del país, entre el 15 de marzo y el 31 de julio.

En julio, tras la reapertura de actividades económicas luego del confinamiento, se registró el mayor número de muertes en 21 estados del país: Baja California Sur, Campeche, Coahuila, Colima, Guanajuato, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tabasco, Tamaulipas, Veracruz y Tlaxcala. 

En Chiapas y Puebla ocurrieron más fallecimientos en junio; y en mayo ocurrieron más decesos en Baja California, Chihuahua, Ciudad de México, Estado de México y Morelos. 

La Ciudad de México y el Estado de México han sido las entidades con el mayor número de contagios. La primera tuvo el mayor exceso de muertes en mayo, al registrar 11 mil 473. En los cuatro meses analizados ha tenido un exceso de 26 mil 568 fallecimientos en comparación con los cuatro meses de 2019.

El Estado de México tuvo el mayor pico en mayo, con 10 mil 631 muertes. Y de marzo a julio sumó 27 mil 613 muertes en exceso.  

En tanto, Nuevo León registró el mayor exceso en julio, con 2 mil 398 fallecimientos. Mientras que Veracruz también tuvo mayor exceso de mortalidad en julio, con 3 mil 575 fallecimientos, pese a que en mayo, por ejemplo, el número de fallecimientos fue de mil 465. 

Tabasco, fue una de las primeras entidades que pasó a semáforo naranja el 11 de junio, es decir, la reapertura de actividades económicas, pero en julio, tuvo 1,008 muertes en exceso, el mayor registrado entre los cuatro meses de análisis.

Yucatán fue la única entidad que no presentó datos de junio y julio en el Renapo ni a través de solicitud de transparencia a su registro civil, pero sí se incluyeron los datos de abril y mayo. 

¿Qué significa el número de fallecidos?

No podría sostenerse que los 130 mil fallecidos fueron contagiados de Covid, pues también están quienes “no recibieron una atención adecuada porque el sistema de salud estaba volcado a otra cosa. O alguien que tuviera un accidente por ejemplo y no se le pudo atender; o que necesitaba una cirugía urgente y no se le pudo dar”, asegura el epidemiólogo e integrante del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), Alejandro Macías. 

Pero el número de fallecidos es tal que incluso los certificados de defunción que se entregaban habitualmente a los sistemas de salud estatales han sido insuficientes. Oaxaca, por ejemplo, recibe una dotación de 28 mil certificados de defunción para todo el año, aunque no se utilizan todos. Pero ese número de documentos ya se ocupó en lo que va de 2020. 

Justamente, el director del CENAPRECE, Ruy López Ridaura, reconoció que calcular el exceso de mortalidad tiene la intención de “vigilar” el comportamiento de enfermedades crónicas en medio de la pandemia, porque “no queremos que por un problema de acceso a medicamentos, de un problema de acceso a servicios hospitalarios, personas se puedan o puedan tener un desenlace fatal por otras causas que no sean secundarias a Covid”.

Pero para el epidemiólogo Malaquías López-Cervantes, integrante de la Academia Nacional de Medicina, el exceso de mortalidad no sólo es el impacto de la pandemia sino “una decisión”, porque “hacer la reconversión de los hospitales y dejar de atender gente ese no es efecto de la pandemia, es la falta de aptitud de la gente que tomó esas decisiones, es una mala política de salud”. 

Se refiere a la reconversión hospitalaria para atención única de pacientes con Covid que el gobierno mexicano adoptó como estrategia de atención a la pandemia. De ahí que la ocupación hospitalaria ha sido un parámetro permanente para medir el manejo de la pandemia. 

De hecho, sobrepasar el 75% de ocupación hospitalaria en los estados ha significado una alerta para ampliar inmediatamente el número de camas de atención. Hasta este lunes, por ejemplo, la ocupación hospitalaria a nivel nacional se ubicó en 35%. Sin embargo, sumaron 66 mil 120 fallecimientos.

No sólo se trata de mantener la capacidad hospitalaria, agrega Macías. “Cuando todo esto empezó, México tenía no más de 3 mil camas razonablemente buenas de terapia intensiva. Ahora supuestamente tenemos unos 10 mil ventiladores. Pero aunque tengas camas y luego ventiladores la pregunta es ¿quién las va a manejar? El personal que teníamos especializado para eso era muy escaso, y eso no se puede remediar de la noche a la mañana”. 

La nota metodológica y los datos abiertos de esta investigación puede ser consultada en la plataforma ciudadana Proyecto Li.

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Mascarillas 'egoistas': ¿qué son y por qué no se recomienda su uso para evitar el contagio de la covid-19?

En algunas partes del mundo las mascarillas que tienen una válvula de exhalación han sido prohibidas. Te contamos por qué expertos dicen que no son efectivas en el contexto de una pandemia.
3 de septiembre, 2020
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Mascarilla con válvula

Getty Images

Una de las discusiones que más tiempo tomó zanjar en los inicios de la pandemia giró en torno a la utilidad de las mascarillas como medida para evitar el contagio del SARS-CoV-2.

Sin embargo, ahora que Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja que los gobiernos alienten al público en general a usarlas donde haya “una transmisión generalizada y sea difícil el distanciamiento físico” y como parte de una serie de medidas para la prevención, que incluyen el lavado de manos y la distancia social, el debate parece haberse trasladado a la efectividad de un modelo de mascarilla en particular: la que tiene válvula.

¿Sirven o no sirven estas mascarillas faciales para frenar el avance de la pandemia? ¿Nos protegen más que las que no tienen? ¿Y por qué han generado polémica?

Respuesta contundente

Son varias las mascarillas en el mercado que vienen con una válvula en el centro o en un costado (los modelos N95, FPP2 y FPP3 cuentan con ella).

Pero independientemente del modelo del que se trate y de qué porcentaje de partículas filtre cada una, ningún cubrebocas con válvula es efectivo en el contexto de una pandemia, advierten los expertos.

Esto se debe a que esta clase de mascarilla protege a quien la usa, pero no a los demás, dado que filtra las partículas del aire exterior cuando la persona inhala, pero permite el escape de partículas a través de la válvula cuando la persona exhala.

Es decir, si la persona que la usa está infectada, puede expulsar gotículas con el virus al exhalar, y poner en riesgo al resto de las personas.

Familia con mascarillas

Getty Images
Las mascarillas más simples son las que se recomiendan en el contexto comunitario.

Tal es así, que en junio el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) y portavoz del Ministerio de Sanidad sobre la pandemia en España, Fernando Simón, tildó estos tipos de mascarillas como “egoístas”, precisamente por proteger solo a quien la lleva.

“El problema de la válvula es que el aire que exhala la persona que la lleva, lo concentra en un punto concreto. Eso puede hacer que alguien que esté expuesto a ese aire pueda infectarse”, explicó.

“Pueden ser las mascarillas egoístas porque yo me protejo y los demás me preocupan poco”, añadió.

En opinión de Ben Killingley, especialista en medicina de urgencias y enfermedades infecciosas del Hospital del University College en Londres, Reino Unido, si bien el uso general de la mascarilla tiene el doble propósito de proteger a ambas partes, “la razón por la que se promueve es para que las gotas que exhala la gente que puede estar infectada y no lo sabe no les lleguen a los demás”.

Y, desde este punto de vista, no tiene ningún sentido que se utilicen mascarillas con válvula en el contexto comunitario.

“En realidad, solo los respiradores, que se ajustan bien a la cara, tienen válvulas, y estos están reservados para los profesionales de la salud. El público ha tenido acceso a ellos, pero la recomendación para la gente es que utilice las mascarillas faciales quirúrgicas básicas, y no este tipo de mascarillas que no brindan ningún beneficio añadido para ellos”, enfatiza Killingley.

No recomendables, excepto algunos casos

Dado que la protección funciona en un solo sentido, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en EE.UU. (CDC, por sus siglas en inglés), que meses atrás se adelantó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) en recomendar el uso de mascarillas, también advirtió en contra de su uso.

Asimismo, autoridades de distintas regiones en España, donde el uso de mascarillas es obligatorio hasta en la calle, han prohibido esta clase de respiradores en algunas circunstancias.

Y en muchos lugares del mundo —incluidas algunas aerolíneas— tampoco se permite el ingreso a espacios cerrados con ellas.

Mascarilla con válvula

Getty Images
Las mascarillas con válvula están destinadas a los trabajadores sanitarios.

¿Para que se hacen mascarillas con válvula entonces?

“La idea de incluir una válvula que se cierra cuando se inspira y se abre cuando se exhala es que sean más cómodas para el trabajador sanitario que las usa”, explica Killingley.

“Esas mascarillas son más cómodas de usar, porque permite una mejor circulación de aire“.

Al permitir la salida de aire, la válvula ayuda a regular la temperatura y evitar que la tela se humedezca.

Por eso resultan útiles si uno está por ejemplo en una obra en construcción, un taller, o en cualquier lugar donde se genere polvo, para evitar respirar estas partículas.

La otra excepción es, como mencionamos antes, el caso de los trabajadores sanitarios, que pueden estar en contacto con personas infectadas, y donde el objetivo es que ellos no se contagien.

Aún así, los CDC dejan claro que el personal hospitalario no puede usarlas en ambientes que deban permanecer estériles (como durante la realización de un procedimiento invasivo o en una sala de operaciones), ya que la válvula “permite que el aire exhalado no filtrado entre en el ambiente estéril.

Y para otros procedimientos, cuando los trabajadores de la salud utilizan este tipo de mascarillas con válvulas, lo suelen hacer acompañados de una careta protectora.

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