“Escuchar la alerta sísmica es vivir de nuevo la pesadilla del 19S”
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Las heridas que dejó el 19S: “Escuchar la alerta sísmica es vivir de nuevo la pesadilla”

Damnificados cuentan cómo han sido estos tres años en los que, además de sus hogares, están tratando de reconstruir sus vidas tras el sismo de 2017.
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19 de septiembre, 2020
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Este sábado 19 de septiembre se cumplen tres años del sismo de intensidad 7.1 con epicentro en la zona limítrofe entre Puebla y Morelos, y que dejó 369 víctimas mortales -228 en la Ciudad de México-, miles de damnificados en Morelos, Puebla, Guerrero, y Oaxaca, y daños materiales millonarios en edificios públicos, así como en inmuebles comerciales y particulares.

Animal Político entrevistó a damnificados que narran cómo han sido estos tres años en los que, además de sus hogares, están tratando de reconstruir sus vidas tras el temblor.

Lee: Deudas, secuelas psicológicas y lecciones aprendidas: así reconstruyen sus vidas los damnificados del 19S

Años de incertidumbre

El edificio donde vive Jesús Castillejos, en el número 405 de la calle Sevilla, en la colonia Portales Norte de la alcaldía capitalina Benito Juárez, pasó por los tres colores del semáforo de riesgo estructural que el anterior gobierno de la ciudad creó para catalogar los miles de inmuebles que resultaron dañados por el sismo.

Pasó por el color rojo, es decir, riesgo de colapso inminente; por el amarillo, que refería que tenía daños severos y que era necesaria una revisión a profundidad; y hasta por el verde, es decir, que era un inmueble seguro, de bajo riesgo, y perfectamente habitable.

Aunque, como constató en un reportaje Animal Político publicado un mes después del temblor, a simple vista los daños eran más que evidentes y el edificio, más bien, parecía una zona de desastre: los escombros estaban desperdigados por escaleras, rellanos y en el interior de los departamentos, por los que apenas se podía caminar.

Las paredes de ladrillo estaban rajadas por grietas en forma de equis, tan profundas que incluso dejaban ver el interior de la habitación contigua. Y en las camas de los dormitorios yacían estanterías de madera, pedazos de techo fracturado, y las puertas de los armarios que el sismo arrancó de las bisagras.

En la planta baja, en la cochera, la postal era igual de inquietante: un bosque de cientos de polines de madera ayudaba a las maltrechas vigas de concreto a sostener el peso de un edificio de cuatro niveles, ubicado a tan solo unos metros de distancia de Tokio 517, que colapsó parcialmente.

“Fueron meses de incertidumbre -señala ahora Jesús Castillejos, cuando este sábado se cumplen tres años del terremoto-. Nos aventamos como un año de trámites burocráticos solo para que nos dijeran cuál era exactamente el daño que tenía nuestro edificio y si algún día podríamos regresar a nuestros hogares”.

“Fue un caos”, recalca Jesús, que recuerda las noches durmiendo en colchonetas donadas bajo el plástico de una tienda de campaña improvisada, en la que los vecinos hacían guardia para evitar el saqueo de su patrimonio.

“No sabíamos qué hacer, porque nunca habíamos enfrentado una situación así. Y las autoridades tampoco se ponían de acuerdo. No sabían a dónde teníamos que ir a tocar puertas. Todos estábamos igual”.

Finalmente, tras varios dictámenes contradictorios, y luego de que el seguro no accediera a cubrir los daños por sismo -solo robos, incendios e inundaciones-, llegaron otros Directores Responsables de Obras (DRO) del gobierno de la ciudad que hicieron un estudio definitivo en el que, tras escanear la estructura, se determinó que el edificio presentaba daños importantes, pero era rescatable.

Por lo que, a través de una constructora, el ejecutivo de la ciudad instaló nuevas vigas de acero de refuerzo, reparó los daños, y tras un año de trabajos se lo entregó a sus inquilinos en septiembre del año pasado.

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Pensar en tu supervivencia

“Cuando regresé a mi departamento, esa primera noche me sentí contento y agradecido, pero también me regresaron los recuerdos de la pesadilla que vivimos ese día. No pude dormir. Tenía miedo a que volviera a pasar lo mismo”.

Ahora, Jesús cuenta que, como muchos damnificados, y como muchas de las personas que vivieron ese día uno de los temblores más destructivos en México, su vida ha cambiado en múltiples aspectos.

Por supuesto, el pánico a la alerta sísmica es la secuela más presente.

“Escuchar de nuevo esa alerta es volver a vivir la pesadilla, literal. Es un temor que, aunque sigas adelante con tu vida y a veces te olvides de todo esto, siempre está ahí contigo, especialmente por las noches”.

Sevilla 405. Cortesía

De hecho, añade Jesús, desde aquel 19 de septiembre duerme con los tenis junto a la cama, y con el oído pendiente por si tiene que salir corriendo, como asegura que hizo en el pasado temblor de junio, cuando a pesar de la pandemia salió a la calle sin cubrebocas, como el resto de sus vecinos.

Otra consecuencia: buscar grietas y rutas de evacuación en cualquier parte.

“Sin querer, ya me volví experto en grietas en paredes, muros y trabes”, dice entre risas. “Cuando voy caminando y veo un edificio lo primero en lo que me fijo es en eso, en ver cómo están sus trabes, si no tiene grietas o alguna fisura”.

“También me fijo mucho en las posibles rutas de evacuación. Antes nunca pensaba en eso, pero ahora siempre estoy calculando cuál es la mejor ruta de escape, o dónde está la zona de seguridad del edificio. O, si voy por la calle caminando, me fijo cuáles son los lugares que no tienen edificios altos alrededor, ni postes de luz”.

“Es decir, sin querer, ya piensas en tu propia supervivencia. En estar listo para cuando venga el próximo sismo”.

No obstante, el damnificado asegura que el principal cambio, el gran aprendizaje que le dejó el temblor, es algo más profundo.

“Ahora me enfoco mucho más en mi salud, y en tener a las personas que más quiero cerca”, asegura.

“Sé que lo material duele, lo he vivido en carne propia. Pero los edificios se pueden reconstruir. En cambio, la pérdida de un ser querido… eso no se reconstruye nunca. Por eso, tras el sismo, vivo menos a la carrera y más al día, en el presente. Disfrutando de cada momento”.

“Volver a la normalidad está lejos”

“Cada vez que suena la alerta sísmica es como viajar atrás en el tiempo”.

Carlos Luz, vecino del Multifamiliar Tlalpan, en la Ciudad de México, dice que así sintió cuando apenas el 23 de junio pasado la alerta sísmica volvió a cortar el aliento de la ciudad con el aviso de que un sismo de intensidad 7.5 venía en camino desde las profundidades de Oaxaca, en el sureste mexicano.

Ya pasaron tres años desde el 19S. El Multifamiliar, tras extenuantes trámites burocráticos, protestas, cortes de carreteras, y un largo etcétera, está reconstruido. Y el edificio 1C, en el que perdieron la vida nueve personas, está de nuevo en pie y con gente habitando sus departamentos.

Aun así, Carlos dice que durante los 62 segundos que duró el sonido metálico de la alerta el pasado 23 de junio, la mente le jugó una mala pasada: lo trasladó de vuelta al silencio que reinó en la zona tras el brutal impacto del edificio colapsado contra el suelo. Volvió a oler el aroma dulzón del gas impregnando el ambiente. A atragantarse con la lluvia densa de polvo que cubría los carros estacionados. A escuchar los gritos apagados de auxilio de los vecinos. A sentir el miedo en la saliva y a sentir la piel erizada con la imagen de las brigadas de rescatistas de todas las edades y nacionalidades tratando de meterse por los huecos de los escombros.

“La vida nos cambió en dos segundos”, recuerda Carlos. “Y regresar a esa normalidad plena, a la vida que teníamos hace tres años, todavía está lejos”. 

“Y si le sumas lo que estamos viviendo ahora, pues todavía más complicado. Porque no hemos superado aún los efectos devastadores que nos dejó el temblor, cuando ya estamos metidos en una pandemia terrible”.

Luego de tres años de pesadilla burocrática y de múltiples desacuerdos con el gobierno de la ciudad, Carlos asegura que finalmente está satisfecho con la reconstrucción de su edificio y del Multifamiliar. El ejecutivo gastó 400 millones en reforzar los nueve edificios y en entregar departamentos con nuevas instalaciones hidráulicas y sanitarias, y con pisos, ventanas, baños, y cocinas nuevas.

Cuartoscuro

“Prácticamente nos entregaron una vivienda reconstruida desde cero, aunque sabiendo que, obviamente, son departamentos con más de 50 años de antigüedad”, señala el vecino.

Aún así, Carlos dice que, como otros vecinos que decidieron rentar su departamento en el nuevo 1C para no regresar a ese lugar de tantos recuerdos dolorosos, le gustaría vender su propiedad. Pasar la página y empezar de cero en otro sitio, lejos del Multifamiliar y de todo lo que vivió aquel 19 de septiembre.

Pero no podrá hacerlo, al menos en los próximos cinco años. Ya que el acuerdo con el gobierno capitalino es que los propietarios de las viviendas reconstruidas no pueden venderlas hasta pasado ese tiempo.

“La verdad, no tengo miedo a que vuelva a temblar y se caiga el edificio. He estado muy pendiente de cómo fue la reconstrucción y el reforzamiento, y creo que sí se ha hecho una buena cimentación, un buen trabajo. Ese no es el problema”, plantea Carlos, que desde su balcón ve a tan solo unos metros de distancia el nuevo 1C que se levanta en el lugar del siniestro.

“La cosa es que, honestamente, tras el temblor ya no quería regresar. Siempre dije que cuando me entregaran el departamento lo iba a vender. Pero ahora, con esto de que no puedo venderlo hasta dentro de cinco años, y con las rentas cómo están, no me queda más remedio que volver al Multifamiliar y esperar a que ese tiempo se pase rápido para empezar de nuevo mi vida en otro lugar”.

Damnificados del Multifamiliar Tlalpan han regresado casi por completo a la normalidad. Cuartoscuro

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La historia detrás de la icónica imagen del hombre cayendo de una de las Torres Gemelas

El fotógrafo Richard Drew, de Associated Press, corrió al World Trade Center la mañana del 11 de septiembre de 2001 y registró la imagen histórica de un hombre saltando hacia su muerte. La identidad del hombre sigue siendo un misterio.
11 de septiembre, 2021
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Por motivos editoriales y por la sensibilidad de la imagen, BBC no muestra la fotografía del hombre que salta al vacío.


Muerte o muerte. En la mañana del 11 de septiembre de 2001, decenas de personas se enfentaron a esta falsa alternativa. Con fuego y humo dentro de los edificios del World Trade Center de Nueva York, las víctimas en los pisos superiores comenzaron a saltar, perdiendo la vida al caer hasta desde 417 metros de altura.

La escena de personas que saltan de los edificios atacados por dos aviones es uno de los aspectos más oscuros y sensibles de la tragedia, de la que se cumplen 20 años este sábado.

La imagen de una de estas personas, un hombre que cae casi en picado, boca abajo y su cuerpo paralelo a las líneas de las Torres Gemelas, se volvió icónica.

El día después de la tragedia, varios periódicos publicaron la foto tomada por Richard Drew, fotógrafo de Associated Press. Han pasado los años y la imagen es para muchos demasiado dolorosa de contemplar. Otros vieron en ella la terrible estética de ese salto a la muerte.

Esta es la historia de la icónica foto de “The Falling Man” (“El Hombre Que Cae”).

“Era un día cualquiera en Nueva York”, comienza Richard Drew, ahora de 74 años.

Fotógrafo desde los 19 años, el experimentado Drew, entonces de 54 años, acababa de cubrir el torneo de tenis del US Open en Queens, Nueva York. Ese martes 11 de septiembre cubriría la Semana de la Moda de Nueva York, más específicamente, el primer desfile de maternidad con modelos embarazadas reales. Drew vio el desfile en Bryant Park, justo en el centro de Manhattan, junto a un camarógrafo de la cadena de televisión CNN.

Humo saliendo de una de las torres

Getty Images

Mientras hablaban, el camarógrafo de CNN dijo: “Hubo una explosión en el World Trade Center. Un avión chocó contra el World Trade Center”.

Al instante sonó el teléfono celular de Drew. Era su editor, quien le ordenó que corriera a la escena. Drew agarró su cámara y corrió a Times Square. Desde allí, tomó el metro hacia las Torres Gemelas.

Cuando salió de las escaleras del metro, vio una imagen inolvidable: las dos torres en llamas. Comenzó a fotografiar a personas conmocionadas por el caos que las rodeaba, el FBI ya en las calles aislando el área.

“Entonces me di cuenta de que el humo soplaba de oeste a este y di la vuelta para evitarlo. Me quedé junto a las ambulancias, entre un socorrista y un policía”, dice a BBC Brasil.


El socorrista fue el primero en darse cuenta. Señalando hacia arriba, gritó: “¡Dios mío, la gente se está tirando del edificio!”, recuerda Drew.

El fotógrafo apuntó con su cámara. “Tomé tantas fotos como pude de personas que se caían del edificio”, dice.

“No sé si saltaron por elección o si se vieron obligados a saltar por el fuego o el humo. No sé por qué hicieron lo que hicieron. Sólo sé que tuve que grabarlo”, cuenta.

Humo saliendo de las Torres Gemelas tras los ataques del 11 de septiembre

Getty Images

El Servicio Forense de la Ciudad de Nueva York declaró más tarde que las personas que saltaban de los edificios no podían ser llamadas “suicidas” porque eran expulsadas del edificio por el humo, el fuego o las explosiones.

La causa de muerte de todos los que perdieron la vida en la caída de las Torres Gemelas, atacadas ese día por al Qaeda, fue catalogada como “asesinato” en los certificados de defunción.

En un informe de 2002, el diario USA Today calculó a través de fotos, videos y entrevistas que 200 personas murieron de esta manera en la tragedia del 11 de septiembre. A partir de las fotos, The New York Times estimó que fueron 50 personas.

Según los relatos de los sobrevivientes, el hecho de que la gente saltara desde el edificio de al lado pudo haber salvado la vida de cientos de personas que, al verlos, se apresuraron a evacuar su lugar de trabajo.

“No fui frío”

Mientras fotografiaba, Drew experimentó algo siniestro: escuchó el ruido de cuerpos golpeando el suelo. “Algunos dicen que fui frío. No es eso. Soy un periodista capacitado. Te sumerges en el momento y simplemente fotografías lo que está sucediendo, en piloto automático”, dice.

Gente alrededor de las Torre Gemelas luego del ataque

Getty Images

“Cuando alguien comenzaba a caer, apuntaba con mi visor. Como trabajaba con una cámara digital, cuando mantenía mi dedo en el botón de la cámara, tomaba varias fotografías. Y, así seguía a la gente que se estaba cayendo del edificio “. A las 9:41, registró para siempre los últimos momentos del “hombre que cae”.

Cuando Drew regresó a la sala de redacción y fue a revisar sus fotos, supo instantáneamente que esta era la más fuerte de todas. “Estaba vertical, con la cabeza gacha, entre las dos torres. Había una simetría allí. Pero solo estuvo así por un momento. Si hubiera sido otro momento, hubiera salido en otra posición”, dice.

Foto “silenciosa”

“A mucha gente no le gusta ver esta foto. Creo que la gente se identifica con ella y tiene miedo de tener que enfrentarse a la misma decisión que ese hombre algún día”, dice Drew.

Para él, la imagen es representativa de lo que sucedió ese día: “Es una de las pocas que muestra a alguien muriendo en el ataque más grave que hemos sufrido en Estados Unidos”, dice. A pesar de ser una foto sobre la muerte, reconoce Drew, es una foto “silenciosa”. “No es como otras fotos violentas de muertes que ocurren en guerras”.

Torres Gemelas

Getty
Hace 20 años, el ataque en Nueva York se cobró la vida de casi 3.000 personas.

Esa noche, Drew regresó a casa con un colega. Se sentaron y hablaron de todo menos de lo que habían visto ese día. Su esposa, dice Drew, se levantó al amanecer con ganas de pasar la aspiradora por toda la casa. “El estrés postraumático viene después”, reconoce. “Hablar de lo que sucedió ayuda. Ese fue un momento en mi historia, al igual que fue un momento en la Historia”.

Otro momento en la Historia y su historia: cuando tenía 21 años y vivía en Los Ángeles, en 1968, Drew fue uno de los cuatro fotógrafos presentes en otro momento histórico: la muerte del senador Bobby Kennedy, hermano del expresidente John F. Kennedy.

“Estaba en el escenario detrás de él para fotografiarlo cuando hablaba. Me dio sed y fui a buscar agua”, dice Drew. “Salió y lo seguí. Cuando lo atacaron, me subí a una mesa junto a él y lo fotografié en el suelo”.

“Solo estaba haciendo mi trabajo, al igual que solo estaba haciendo mi trabajo años después, el 11 de septiembre”, señala.

¿Quién era el hombre que cae?

Drew dice que ha reflexionado sobre quién era el hombre al que registró saltando desde una de las Torres Gemelas, pero nunca de manera “muy profunda”.

“Fue una de las casi 3.000 personas que murieron ese día. No sé su nombre, ni la decisión que tuvo que tomar. Sé que se lanzó de un edificio y yo estaba allí para capturar ese momento”, cuenta.

Pero el misterio que rodea su identidad ha preocupado a otros.

Uno de ellos, el periodista estadounidense Tom Junod. Dos años después del 11 de septiembre, Junod escribió un artículo de portada para la revista “Esquire” en el que acuñó el nombre deEl hombre que cae” para el protagonista de la foto y trató de identificarlo.

Junod dio con dos nombres. Uno, Norberto Hernández, chef del restaurante Windows on the World, que estaba ubicado en el piso 106 de la Torre Norte. Pero la familia de Hernández dijo que no podía ser él por la ropa que llevaba.

El segundo hombre era Jonathan Briley, un ingeniero de sonido de 43 años que también trabajaba en el restaurante. Los hermanos de Briley dijeron que pensaban que, por la ropa y el cuerpo del hombre, podría ser el de la foto.

Es posible que sea él, pero no hay forma de estar seguro.

En 2006, el director estadounidense Henry Singer realizó un documental basado en los informes de Junod y utilizando otras imágenes capturadas ese día.

Avión en Kabul

La elección entre la muerte y la muerte parece haber sido también lo que sucedió hace tres semanas en Afganistán, cuando, desesperados por abandonar el país, unos hombres se colgaron del fuselaje de un avión estadounidense.

Las dos imágenes son como dos finales terribles de esta historia que se unieron 20 años después.

Casi un mes después de los ataques a las Torres Gemelas, el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunció la guerra contra Afganistán. Estados Unidos sacaría del poder a los talibanes, que daban cobijo a al Qaeda, los perpetradores de los ataques, en el territorio que controlaban.

Afganos esperando para salir del aeropuerto de Kabul el 16 de agosto de 2021.

AFP
Cientos de afganos corrieron al aeropuerto de Kabul y se aferraron a un avión con la esperanza de salir del país.

Después de 20 años, cuando el presidente Joe Biden llevó a Estados Unidos a poner fin a la guerra al retirar a las tropas estadounidenses de Afganistán, los talibanes regresaron al poder.

Fue la desesperación de permanecer en un país nuevamente controlado por los talibanes lo que hizo que los afganos se aferraran a las alas y al fuselaje de un avión.

El avión despega y los cuerpos caen en picado hacia la nada, tal como lo hicieron el 11 de septiembre. Un joven futbolista de 19 años, Zaki Anwari, murió tratando de escapar de esta manera.

El fotógrafo de “El hombre que cae” se negó a comentar sobre Afganistán o la política actual. Hoy, Drew fotografía la emoción de los “corredores” de la Bolsa de Valores de Nueva York, justo al lado de donde alguna vez estuvieron las Torres Gemelas y donde ahora hay un monumento a las víctimas del 11 de septiembre.


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