Plantón Frena: Me dieron una casa de campaña. Es mejor que el albergue
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‘Me dieron una casa de campaña. Es mejor que estar en el albergue’: participante en el plantón de Frena

Los partidarios de López Obrador aseguran que este es un movimiento de clase alta, muy alta. Quienes forman parte del plantón lo niegan. Aunque aquí se encuentra poca gente cuya economía vaya al día.
24 de septiembre, 2020
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Germán no ha parado un segundo desde que los primeros integrantes del Frente Nacional Anti AMLO (Frena) irrumpieron en el Zócalo. Pasan algunos minutos de las 7 de la tarde del miércoles y el campamento está en “ebullición”. Él va de un lado a otro. Ayuda a una señora que no logra clavar su casa de campaña. Acarrea unas botellas de agua que alguien donó a los manifestantes. Corta pedazos de un plástico negro para cubrir las carpas en caso de que llueva.

El hombre, nacido en Tlaxcala hace 38 años, pareciera uno de los activistas más convencidos de la iniciativa de rechazo a Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, reconoce que no tiene inconveniencias en cuestiones políticas. Que ni unos ni otros. Que está ahí porque ha encontrado un modo de vida. Antes de que la marcha de Frena llegara a la Avenida Juárez, el sábado, Germán dormía en la calle, en el parque, junto a Bellas Artes.

Lee: Integrantes de Frena llegan al Zócalo; policías capitalinos rodean la plancha

“El albergue no le deja salir a uno y me aburro, me siento deprimido. Aquí al menos ando haciendo algo, ayudando a la gente y eso. Me siento mejor. Me brindaron una casa de campaña para estar aquí. Es mejor que estar encerrado en Coruña (como se conoce al centro para personas en situación de calle ubicado en Viaducto)”, explica. Cuenta que cuando el plantón se instaló y pasaron los días, él comenzó a echar una mano. Se dio de forma natural, sin que hubiese una captación. Hay gente que necesitaba manos y a él le venía bien una casa de campaña. “Apoyo cuidándoles algo. Es lo único. De vez en cuando, sí le ayudo a la gente, algo me regala. Eso sí, comida no me falta”, explica.

La protesta de Frena ya ha logrado su primer objetivo: alcanzar el Zócalo. Tras cinco días en la Avenida Juárez y rodeados de policías de la Ciudad de México, un amparo permitió que el movimiento alcanzara la plaza de la Constitución. Ahí pretenden quedarse “hasta que López Obrador se vaya”, como insiste su líder, Gilberto Lozano. Pero no parece que el presidente tenga intención de dimitir ni, sobre todo, que las marchas tengan la fuerza suficiente como para si quiera que la propuesta esté sobre su mesa. Así que el plantón amenaza con eternizarse. Está acostumbrada la plancha a acoger descontentos casi desde que se abandonó aquel monumento a la independencia que daría nombre a la plaza en el siglo XIX.

Desde el sábado, cuando tuvo lugar la primera protesta, decenas de personas se turnan en el plantón para mantener la protesta. Su objetivo inicial era llegar al Zócalo, pero una gran barrera policíaca se lo impidió. Así que se quedaron en Juárez hasta Reforma, como si quisieran emular aquel 2006 en el que su antagonista, López Obrador, inició un largo plantón contra lo que denunció como fraude electoral en las elecciones.

Aquí y ahora, Frena se presenta como apartidista y amplio. “¿Eres mexicano? ¿Te cae mal López? Entonces eres Frena”, afirma Lozano.  La realidad, sin embargo, es que este es sobre todo un movimiento conservador en el que las palabras “Venezuela” y “Cuba” aparecen regadas en cualquier discurso. El discurso general es el miedo a que México se convierta “en un país comunista” a partir de la adhesión de Morena al Foro de Sao Paulo, un espacio que aglutina a los partidos de la izquierda de América Latina desde 1990. A partir de ahí hay una larga lista de agravios: “destrucción de la economía”, “ineficiencia”, “desabasto de medicinas”. Algunos cuestionan el desmantelamiento de las ayudas sociales y otros cuestionan esas mismas ayudas sociales por ser una forma de clientelismo. También aparecen diatribas contra lo que denominan “ideología de género” y hay un sector ultrarreligioso que, en lugar de consignas, lo que lanza son avemarías y rezos por la patria.

Lo explicaba el lunes por la noche Elías Salazar, licenciado en Informática y una de las escasas personas que se mantenía en el plantón de Juárez. “Peleamos por la situación de México, no queremos otra Venezuela u otra Cuba”. El hombre era de los que asegura que duerme en la protesta “algún día si y otro no”. “AMLO se rodeó de puros corruptos, es una persona que no escucha razones, no entiende la situación de un país y los resultados macroeconómicos. Además, nos preocupa la anexión al Foro de Sao Paulo”, decía, protegido por un grueso abrigo y capucha que le tapaba de la molesta lluvia.

Junto a él Adriana Villalobos, una mujer de la Ciudad de México que sí tiene su carpa y asegura que pasa aquí todas las noches, explica que la idea es seguir la estrategia que hizo caer en Bolivia a Evo Morales. “Ha sido eficaz en muchos países para acabar con dictadores”, asegura.

Entérate: Ya llegará la revocación de mandato para que participen, dice AMLO a FRENA

Evo Morales, primer presidente indígena del país andino se impuso en las elecciones del 20 de octubre de 2019, pero un informe de la Organización de Estados Americanos (OEA) le acusó de manipular votos. En medio de un contexto de protestas, la cúpula policial y militar forzó un golpe de Estado y le obligó a dejar el poder. Morales se exilió en México y se impuso un gobierno de extrema derecha liderado por Jeanine Añez, que irrumpió en el palacio presidencial con una biblia de grandes dimensiones. Tras posponer dos veces las elecciones, parece que los comicios serán el 18 de octubre. El que fue ministro de Morales, Luis Arce, encabeza las encuestas.

Mientras que Salazar y Villalobos explican sus posiciones, la carpa que queda a sus espaldas es revisada por una mujer. Está vacía, así que toma de la mano a un hombre que llega con una pequeña mochilita como única posesión y lo acomoda en el interior. Cierra la cremallera, pero al minuto regresa con una torta. Luego, repite la operación con una botella de agua.

“Siempre vamos a tener gente infiltrada o gente indigente que se anexa, pero no podemos impedirlo”, se resigna el hombre. Aunque para él, lo importante es otra cosa. “En toda esta manifestación no se ha roto un cristal, el comercio no se cierra, le estamos dando, vamos y comemos ahí, los negocios están abiertos. No es como cuando ellos estaban en Reforma”, argumenta, en referencia al plantón de 2006 de López Obrador y sus seguidores.

Fecha clave: 30 de noviembre

Desde el inicio de la protesta, el sábado, hasta el miércoles, las expectativas estaban puestas en llegar al Zócalo. La decisión de un juez permitió que las carpas ya estén instaladas en la plancha. Y ahora viene la gran interrogante: ¿qué va a pasar a partir de ahora? Lo explica Sergio López, de Toluca: “Nunca nos vamos a cansar. Vamos a estar hasta el 30 de noviembre”.

La idea que transmiten muchos manifestantes es que López Obrador debe dimitir antes del 30 de noviembre. Así, constitucionalmente tendrían que convocarse nuevas elecciones presidenciales. Cuando se les pregunta sobre qué hacer en el más que probable caso de que López Obrador los ignore, todos ellos muestran más fe que perspectivas claras: “tendrá que dimitir”. Hablan de un plan B y un plan C como algo muy remoto. Como si plantar un puñado de casas de campaña en el Zócalo haya hecho caer algún gobierno.

Mientras tanto, mantienen la retórica de que ellos son la avanzada, que vienen miles detrás desde otros estados o que representan a una mayoría social que no está en el Zócalo porque tiene que trabajar. Pero lo cierto es que, hasta el momento, únicamente tienen ocupada la mitad del Zócalo. La otra mitad está vallada y protegida por agentes de policía. Es muy previsible que en los próximos días la batalla sea tratar de alcanzar esta otra parte de la plancha, la más cercana al Palacio Nacional.

La idea del apoyo exterior está muy arraigada. Gilberto Lozano, el líder, aseguró a Ciro Gómez Leyva tener “patrocinio” para una protesta de tres años. Así que quienes llegan aquí no tienen que preocuparse por la comida o la tienda de campaña. Lo explica Araceli Javier, de 36 años, ama de casa de Naucalpan, Estado de México. “Afortunadamente hay buena organización, nos donan las cobijas, las casitas, los viáticos, la comida. Aunque no hay mucha gente aquí, hay gente que está donando apoyos”, dice.

Con estas perspectivas lo lógico es que el campamento se convierta en parte del paisaje habitual del Zócalo, al menos durante los próximos dos meses. Hay comisión Covid-19 y por la mañana se reparte café y por la noche tortas. Hay un montón de casas de campaña todavía en su envoltorio esperando a ser ocupadas. Hay un grupo religioso que no deja de orar ni por un minuto y, tras el cordón policial, un grupito de partidarios de López Obrador que alimentan que se enzarzan con los acampados. Aquí llega una pregunta fundamental: ¿Cómo se trabaja si uno se mantiene 24/7 en una protesta? González explica que tiene un negocio en el que están empleadas 30 personas y que sigue dirigiéndolo desde el plantón.

Una mujer a su lado, que no quiere dar su identidad, afirma que vive de los tres departamentos que renta como oficinas. “Vivir de las rentas no es fácil, hay que estar siempre pendiente”, asegura. Adriana de Juárez, que se suma a la conversación, dice que se dedica a la compraventa de bienes raíces, lo que le permite seguir su negocio, mientras que Arturo Martínez Domínguez asegura que a sus 73 años perdió la gerencia de un negocio de alimentación porque la crisis le hizo perder sus clientes. Así que tiene tiempo para la protesta.

Primera noche en el Zócalo

Cae la noche en el Zócalo y nadie se mueve a pesar de que el miércoles fue un día intenso de marcha, pequeños empujones con la policía y la victoria simbólica de alcanzar la plaza que un juzgado había otorgado. En los días previos, cuando el plantón estaba en la avenida Juárez, muchas de las tiendas estaban vacías. La lluvia fue inclemente, sobre todo el domingo, por lo que algunos de los manifestantes optaron por marcharse a casa para dormir sin temor a resfriarse y regresar durante el día para mantener la protesta.

El miércoles, día de la toma del Zócalo, la climatología no fue tan adversa. Así que al menos 200 tiendas se instalaron en la mitad de la plancha, que lucía inmensa ante un contingente que incrementó con el paso de las horas pero que no llegó a completar la plaza a medio aforo. En este caso la gran mayoría de las casas de campaña estaban llenas. Al menos, hasta las 8 de la noche. Después de cinco días desde del inicio de la protesta ya se ha formado una heterogénea composición de los manifestantes.

“Me ha tocado vivir muchos cambios de gobierno y este es el peor de todos. Porque está impulsando una política socialista, en la que el pueblo dependa del gobierno, porque está dando sus dádivas a la gente que no trabaja”, dice Donato Sosa, de 57 años.

Explica que él trabajaba como publicista, pero la llegada de la pandemia de Covid-19 tumbó todos sus proyectos laborales. Así que ahora, mientras busca un empleo, dedica buena parte de su tiempo a la protesta contra López Obrador. En su caso se mantiene todo el día en el campamento, pero, al caer la noche, regresa a su vivienda en la Ciudad de México. Minutos después, la tienda que él vigila es ocupada por otro hombre. Huraño, desconfía de la prensa. Dice que la razón de estar aquí es que su salario se redujo a la mitad por culpa del presidente. Con otros compañeros, lo veremos ir y venir durante toda la tarde ayudando a armar tiendas y cargar colchones.

Los partidarios de López Obrador aseguran que este es un movimiento de clase alta, muy alta. Quienes forman parte del plantón lo niegan. Aunque aquí se encuentra poca gente cuya economía vaya al día. Los que perdieron el empleo, como Sosa, venían de otra posición. Al menos, la mayoría ellos.

Otros, como Jorge González Munguia, vienen de otra realidad. “Trabajaba en una escuela, pero la cerraron por la pandemia. Desde entonces vendo algunas cosas en la calle, pero no tengo empleo fijo”. Explica el hombre que vive en una pensión cuando le alcanza el dinero. Cuando no, tiene que quedarse en la calle. Lo ve como una especie de expiación por sus “malos comportamientos” del pasado. Ahora, sin embargo, es uno de los voluntarios más activos.

“El primer día que vi la movilización, nunca había visto un plantón como este o una forma de expresión hacia el gobierno que tenemos. Hablé con una gente de Torreón y me sumé. Si tengo que barrer, o lo que les tenga que ayudar en la seguridad, lo hago. Pero no me dan dinero, no estoy por dinero. Estoy en contra del gobierno, del sistema que tenemos actualmente. Para mí, apoyar está perfecto”, explica.

Mientras relata que él no votó por Obrador pero que está aquí porque considera que su gestión ha provocado mucho desempleo, llega un hombre: “necesitamos manos, hay que descargar la comida”. Ambos se marchan. Es la primera noche en el plantón del Zócalo y hay mucho que hacer.

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Por qué la pandemia de COVID-19 disminuyó nuestra capacidad de concentración (y 3 trucos para recuperarla)

Una de las consecuencias psicológicas de la pandemia es la dificultad para concentrarse en tareas como la lectura o el trabajo.
19 de diciembre, 2020
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Da la impresión que ya llevamos años en estos “tiempos inciertos”.

Hace meses nuestras rutinas fueron interrumpidas y nos hemos visto obligados a adaptarnos.

Y una consecuencia importante es el estado de fatiga mental. Se volvió más difícil concentrarse durante un período largo de tiempo y parece que estuviéramos en un estado colectivo de distracción casi constante.

“Sentí que tenía un bloqueo mental que me impedía concentrarme “, afirma la escritora y lectora asidua Sophie Vershbow.

Ella entró en ese estado de ánimo al principio de la pandemia y su tuit en el que admitía no poder concentrarse lo suficiente para leer un libro recibió más de 2.000 “me gusta”.

Pero no está sola. Haga una búsqueda rápida en internet y encontrará una avalancha de artículos recientes sobre personas que no pueden concentrarse, el predominio de la “niebla mental” y las diferentes formas de pérdida de concentración.

Por supuesto, gran parte de este sentimiento subjetivo de distracción mental se centra en los aspectos prácticos de la vida actual.

Para muchas personas, sobre todo para los padres y madres, el cambio repentino al trabajo desde casa significó una intensificación del conflicto entre su labor profesional y la vida doméstica.

Es complicado concentrarse en una hoja de cálculo mientras los hijos luchan por el control remoto del televisor.

Trabajo en casa

Alamy
El trabajo en casa cambió la vida a personas en todo el mundo.

Pero parece que hay más que eso. Incluso cuando se termina el trabajo del día y los niños están en la cama, no deja de ser difícil escapar con la ayuda de una novela.

La teoría

Existe una teoría psicológica, aplicada originalmente en el contexto del aprendizaje, que puede ayudar a explicar por qué vivir en la era de la covid-19 puede haber convertido nuestras mentes en una ensalada mixta.

Se llama teoría de la carga cognitiva y fue desarrollada por primera vez por el psicólogo educativo australiano John Sweller.

Nuestras mentes son como sistemas de procesamiento de información. Cuando estamos trabajando en un problema, especialmente uno desconocido, dependemos de nuestra “memoria de trabajo“, que es muy limitada tanto en su capacidad de almacenamiento como en el tiempo que retiene los datos.

Cuanto menos familiarizado uno está con una tarea, más dependerá de su memoria de trabajo para intentar hacer algún malabar con la información relevante y buscar una solución.

Por el contrario, cuando uno es experto, la mayor parte de lo que necesita saber se almacena en la memoria de largo plazo y puedes completar la tarea en piloto automático.

Nuevas tareas, nuevos niveles de estrés

La teoría de la carga cognitiva proporciona un marco útil para comprender las diferentes formas en que la pandemia puede estar causando estragos en la función mental.

Mujer corriendo

Alamy
El ejercicio es una buena manera de reducir el estrés.

Primero, le fuerza a adoptar nuevas rutinas y le despoja la capacidad de hacer cosas en automático.

Por ejemplo, en una reunión de trabajo de antes simplemente la persona aparecía y se unía a la discusión.

Ahora, si ese mismo individuo trabaja de forma remota, debe iniciar su software de videoconferencia, preocuparse por la conexión a internet, ajustar sus tiempos a los posibles retrasos, etc.

Lo mismo se aplica a los desafíos domésticos como hacer la compra online en lugar de en persona en el supermercado.

Estas adaptaciones forzosas obligan a salir del piloto automático y le exigen a nuestra limitada capacidad de memoria de trabajo.

Para esta teoría, la “carga cognitiva” intrínseca requerida en gran parte de lo que hacemos ha aumentado.

Pasamos la mayor parte de nuestro tiempo obligados a pensar deliberada y conscientemente, más como novatos que como un expertos, y eso es agotador en sí mismo.

En segundo lugar, las investigaciones basadas en la teoría de la carga cognitiva sostienen que las emociones pueden interferir con el procesamiento de la información.

Imagen de cerebro

Getty Images
La pandemia provoca que nuestro cerebro se esfuerce más.

Cuando uno está ansioso, por ejemplo, se reduce la capacidad de la memoria de trabajo. Esto hace que sea más difícil resolver cualquier problema mental que requiera una resolución consciente.

Algo parecido a los nervios durante un examen que revuelven el cerebro y dificultan resolver operaciones matemáticas o redactar una oración coherente.

O cómo el estrés ante una prueba de manejo hace que sea mucho más difícil realizar las diferentes maniobras solicitadas.

En tercer lugar, esta teoría habla de la “carga cognitiva externa”. Se trata de la demanda sobre la capacidad de nuestra memoria de trabajo impuesta por distracciones que no son directamente relevantes para lo que se trata de hacer.

Estas alteraciones podrían ser solo tareas secundarias básicas que se ejecutan en segundo plano, como escuchar el boletín de noticias mientras se trabaja.

Lo que sucede ahora es que las interrupciones cotidianas causadas por la pandemia obligan a las personas a aprovechar su capacidad de memoria de trabajo con más frecuencia.

Cuando uno está más estresado y los niveles de ansiedad aumentan, o si se están haciendo malabares con múltiples tareas y compromisos, disminuye la capacidad de la memoria de trabajo.

Es lo peor de ambos mundos y otra razón por la que te puedes sentir agotado mentalmente.

Factor covid-19

Por lo general, en un momento de conflicto, podemos resolver el problema de forma rápida y la carga cognitiva se vuelve más manejable.

Mujer con barbijo

Getty Images
La pandemia nos impone desafíos nuevos todos los días.

Lo sorprendente de la vida en esta pandemia es que la situación no deja de cambiar.

Los gobiernos de todo el mundo están implementando constantemente restricciones diferentes y más complejas.

Reglas de viaje, instrucciones de autoaislamiento, listas de observación de síntomas, nuevas aplicaciones para teléfonos inteligentes, etc. No pasa un día sin que escuchemos sobre algún cambio.

Cualquier situación novedosa impone una carga cognitiva en nuestros cerebros, pero el hecho de que la covid-19 tuviera un impacto tan extendido en la sociedad nos obligó a absorber información nueva más rápido de lo que éramos capaces”, explica Samuli Laato, investigadora de la Universidad de Turku, quien estudia el papel de la carga cognitiva en el comportamiento de compra inusual de las personas durante la pandemia (compra por pánico) y en el intercambio generalizado de información errónea.

La experta explica que “en general, la incertidumbre siempre aumenta la carga cognitiva. Los factores estresantes como la amenaza para la salud, el miedo al desempleo y el miedo a las perturbaciones del mercado de consumo provocan eso”.

“Además, se introdujeron políticas de trabajo remoto a nivel mundial, lo que requirió que las personas se adaptaran a las nuevas tecnologías y una nueva forma de trabajar en conjunto “, añade Laato.

Planificación y autodisciplina

Afortunadamente, interpretar el efecto de agotamiento mental de la vida pandémica a través de la lente de la teoría de la carga cognitiva nos brinda algunas estrategias simples y efectivas.

En primer lugar, hay que intentar establecer nuevas rutinas y mantenerlas, de modo que no utilicemos constantemente la capacidad de la memoria de trabajo para tareas cotidianas.

Por ejemplo, recientemente invertí en un sistema de internet inalámbrico con repetidores que redujo la interferencia en las videollamadas y me tomé el tiempo para leer sobre las diferentes funciones de las distintas plataformas de conferencias virtuales.

Al comprender esta clase de elementos básicos necesarios durante la pandemia, ya no tendremos que desperdiciar capacidad mental en ellos.

Mujer duerme

Getty Images
Dormir bien es fundamental para mejorar nuestra salud mental.

En segundo lugar, debido a que estamos atravesando una era de mayor ansiedad e incertidumbre, es importante poner un esfuerzo adicional en el manejo del estrés, para que su memoria de trabajo no se vea constantemente sobrecargada por las preocupaciones.

Esto significa comer bien, hacer ejercicio y establecer una rutina regular a la hora de dormir, así como encontrar tiempo para actividades que relajen.

En la medida en que la situación lo permita, se pueden elaborar planes de contingencia para diferentes aspectos de su vida. Realizar preparativos realistas para escenarios temidos puede ser un gran alivio para la ansiedad.

Además, hay que darle al cerebro un descanso de las diarias actualizaciones de cifras de la pandemia.

Se puede considerar disponer días (o al menos tardes o noches enteras) para evitar cualquier charla o información referida a la covid-19.

Finalmente, es importante aliviar la tensión de la memoria de trabajo desconectando cualquier “carga cognitiva extraña”.

Esto significa esforzarse más en organizar el tiempo y ser disciplinado con las distracciones.

Tratar de reservar momentos del día dedicados a diferentes tareas, ya sean laborales o domésticas.

Por ejemplo, cuando se trabaja es mejor no tener encendido el televisor o la radio con las noticias de fondo.

Cuando se juega con los hijos, no tener el teléfono móvil al lado, o al menos no revisar correos electrónicos o Twitter.

Hay que permitir que la mente se concentre en una cosa a la vez y la recompensa será sentirse menos agotado mentalmente.

Parece que vamos a vivir en esta era pandémica por un tiempo todavía.

Si bien la ansiedad y la anomalía constantes cansan mentalmente, puede consolarnos el hecho de que no somos los únicos que se sienten así.

Nuestros cerebros tienen una capacidad de procesamiento limitada que se está extendiendo al límite en este momento, pero con una planificación cuidadosa y autodisciplina, hay formas de reducir la carga cognitiva y redescubrir cómo concentrarnos.

*Este artículo es una adaptación, puedes leer la versión original en inglés aquí.


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