Laura lleva 8 años buscando a su hijo desaparecido en Orizaba
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Daniel Garmu / El Mundo de Orizaba

'Hacemos lo que la policía no quiere hacer': Laura lleva 8 años buscando a su hijo desaparecido en Orizaba

"Ha sido un largo caminar sin respuesta alguna. Hay una gran tristeza en la casa", dice la madre del joven que está desaparecido desde octubre de 2012.
Daniel Garmu / El Mundo de Orizaba
Por Jessica Ignot / El Mundo de Orizaba
3 de septiembre, 2020
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Tras el cambio a semáforo amarillo en Veracruz, el Colectivo de Familias de Desaparecidos Orizaba-Córdoba reanudó la búsqueda de sus seres queridos; fueron 155 días en los que se vieron obligados a parar por la pandemia de coronavirus.

Esta semana, padres, madres, familiares, amigos, parejas, han vuelto a su terrible rutina: rastrear cualquier pista de sus desaparecidos en hospitales, comandancias, centros de detención, y también en las múltiples fosas clandestinas que brotan en el estado de Veracruz.

Entérate: Colectivos reinician búsqueda de desaparecidos en Veracruz tras cinco meses de pausa por la epidemia

El diario El Mundo de Orizaba, en colaboración con Animal Político, publica en esta segunda entrega la historia del joven Marco Julio Gómez Mora, desparecido en 2012 en la ciudad de Orizaba, en la zona central montañosa del estado.

Su madre narra en entrevista que su hijo soñaba con ingresar en las fuerzas básicas de las Chivas de Guadalajara cuando, tras reunirse con unos amigos en un bar, desapareció sin dejar rastro. Desde entonces, la familia asumió la labor de investigación de una policía que la única respuesta que les dio fue: “Por algo desapareció tu hijo”.

“El corazón mutilado”

El 14 de octubre de 2012 marcó la vida de Laura Mora Castro y de su familia: nunca olvidará que ese día desapareció su hijo Marco Julio.

La vida, en efecto, le cambió para siempre: desde ese día, Laura, que viste una playera blanca y que sostiene durante toda la entrevista una cartulina con la fotografía y los datos de su hijo, cuenta que vive con una herida abierta, cuyo dolor no ha mitigado a pesar del paso del tiempo.

La gente puede pensar que ya se olvidó de su hijo, dice Laura, pero asegura que “no hay ni un segundo” que deje de pensar si Marco Julio está bien, si ya comió, si tiene frío, o si está enfermo. El dolor que vive como madre no se lo desea a nadie, porque desde que su hijo desapareció dice que vive con “el corazón mutilado”.

“En los momentos de soledad es cuando más me vienen los recuerdos y las preguntas: ¿Por qué? ¿Por qué desapareció? Es algo que uno no entiende, ¿cómo va a desaparecer? Es como si ahorita estuviera aquí y al ratito volteas… y ya no está. Es algo muy duro de asimilar”, trata de explicar Laura.

Marco Julio, al momento de su desaparición en octubre de 2012, estaba estudiando la preparatoria, y era fanático del futbol. De hecho, uno de sus grandes sueños era probarse con las fuerzas básicas de las Chivas de Guadalajara.

“Mi hijo es muy cariñoso”, recalca Laura, que siempre habla de Marco en tiempo presente, porque dice que tiene intacta la esperanza de que “en cualquier momento” regresará a su vida.

“Nunca lo vi que se metiera en problemas, la gente lo estima mucho porque es muy respetuoso. Ahorita que no está, me dicen que no entienden por qué desapareció, si no se metía con nadie, no era problemático, es una persona muy carismática”.

“No te vayas, ya es tarde”

Marco Julio salió de su casa la noche del 14 de octubre de 2012, alrededor de las 11.

“Ya se iba a acostar -cuenta Laura-. Y ya estaba arreglando su cama, cuando le suena el teléfono y yo escucho que contesta y dice: ‘Sí, ahorita voy para allá’. Sale de la habitación y me dice: ‘Mamá ahorita regreso’. Yo le respondo: ‘No te vayas, ya es tarde hijo’”.

Pero Marco le explicó a su madre que únicamente iba a entregar un teléfono a un amigo, y que no tardaría en regresar. Sin embargo, esa fue la última vez que Laura vio a su hijo. Marco ya no regresó.

Inmediatamente, empezaron a buscarlo por Orizaba, porque el chico no era de los que faltara a su casa a dormir. Fueron a buscarlo a la cárcel municipal y a los hospitales.

Según se supo después, Marco Julio contactó por medio de las redes sociales a un amigo de la preparatoria, que fue quien le marcó a su cel, y se citaron en un bar.

“Supimos que estuvieron en un antro. El chico dice que mi hijo llegó al local. Y luego dice algo que no puedo creer: asegura que mi hijo le entregó el teléfono, platicaron un rato, estuvieron sentados, y que él se movió un momento del lugar, y cuando regresa mi hijo ya no estaba. Que había desaparecido”.

“Por algo desapareció”

Desde ese momento, empieza el vía crucis para la familia del joven, que rápido inició la búsqueda y puso una denuncia por su desaparición. Sin embargo, las autoridades les respondieron lo trístemente clásico en estos casos: que tenían que esperar las 72 horas de rigor. Resignada, la familia esperó que pasara ese tiempo, regresó a poner la denuncia, y llevó los papeles de identificación de Marco.

“Me pasó esto cuando recién empezaron fuerte las desapariciones. Yo no sabía nada, no sabía qué hacer, a dónde ir. Me trajeron de un lado a otro, pasaban los días y los agentes investigadores fueron muy crueles, me decían: ‘Por algo desapareció tu hijo’”, comenta.

La familia, como muchas otras familias en Veracruz y en México, fue la que tuvo que hacer sus propias investigaciones de cómo desapareció Marco Julio; fueron ellos los que se entrevistaron con los amigos con los que estuvo esa noche que desapareció. Y así fue cómo lograron al menos armar la cronología de la desaparición.

En ese entonces, Laura explica que no sabía muchas cosas que tras su ingreso en el Colectivo de Familias de Desaparecidos Orizaba-Córdoba tuvo que aprender para preparar la búsqueda a fondo de su hijo. No sabía, por ejemplo, que tenía derecho de exigir a las autoridades de investigación que abrieran una denuncia inmediata por la desaparicion, que podía exigir la sábana de llamadas del celular de su hijo, y que, en definitiva, tenía derechos que de haberse cumplido pudieron haber ayudado a agilizar la investigación y la búsqueda de Marco Julio.

“Ha sido un largo caminar sin respuesta alguna. Hay una gran tristeza en la casa, nos cambió la vida a todos”, lamenta la mujer, que explica que su hijo mayor cambió mucho con la desaparició de Marco, puesto que era unos hermanos muy unidos.

De hecho, en la familia se evita tocar este tema. Platican de Marco Julio como si estuviera en otra ciudad trabajando, o estudiando; platican de lo que hacía y cómo era, de sus travesuras, “pero nunca tocamos el tema de por qué se lo llevaron, o por qué desapareció. Nunca decimos: ‘¿te acuerdas del día que salió y desapareció?’. No, eso nunca lo hablamos. Aun nos duele mucho”.

La herida sigue abierta y duele mucho volver a tocarla, concluye Laura, que insiste en que mantiene la esperanza.

“Es algo que nunca lo vamos a superar, aunque tengo fe de que algún día regrese. Ojalá y Dios quiera”.

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Por qué el objetivo debe ser aprender a vivir con la COVID, no luchar contra él

Eliminar al coronavirus de la faz de la Tierra sería extraordinario. La erradicación total de un virus solo se ha logrado una vez en la historia.
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18 de febrero, 2021
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El gobierno británico dijo recientemente que espera transformar la COVID-19 en una enfermedad manejable, como la gripe.

Las vacunas y los nuevos tratamientos, argumentan ministros y sus asesores científicos, reducirán la tasa de mortalidad y nos permitirán vivir con el virus, en vez de estar luchando constantemente contra él.

¿Pero es esto posible?

Objetivo inalcanzable

Eliminar la COVID de la faz de la Tierra sería grandioso, por supuesto, dadas las muertes y la destrucción que causa.

Pero el único problema es que la erradicación solo ha sido lograda con un virus: la viruela, en 1980.

Tomó décadas llegar a este punto, y científicos y gobiernos solo pudieron lograrlo gracias un serie de circunstancias únicas.

Primero, la vacuna era tan estable que no necesitaba ser refrigerada y, cuando era suministrada, era obvio de forma inmediata si había funcionado o no.

También era evidente cuando una persona se había infectado. No era necesario para ello hacer un test de laboratorio, lo cual era una gran ventaja a la hora de contener brotes.

La COVID, como todos sabemos, es completamente diferente.

La estrategia “COVID cero”

En cambio, el movimiento llamado “cero COVID” tiende a hablar de eliminación. Esto significa básicamente reducir el número de casos a cerca de cero en un territorio y mantenerlo así.

Viruela

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Una serie de circunstancias únicas hicieron que la viruela pudiese erradicarse en 1980.

Uno de los defensores de más alto perfil de esta teoría es la profesora Devi Sridhar, experta en salud pública de la Universidad de Edimburgo, en Escocia.

Sridhar cree que deberíamos tratar a la COVID-19 como al sarampión, que ha sido mayormente eliminado en los países ricos.

La profesora argumenta que las continuas restricciones para reducir el número de casos junto con un sistema más efectivo de rastreo y testeo, más vacunación, permitiría contener al virus y regresar a una “suerte de vida doméstica normal”, donde la apertura de restaurantes, bares y la realización de eventos deportivos y musicales fuera posible.

Pero el precio a pagar, dice, sería restringir los viajes internacionales e imponer restricciones en las fronteras, así como “cuarentenas breves y severas” cuando los casos suban de forma inevitable.

Deepti Gurdasani, epidemióloga clínica de la Universidad de Londres, es otra defensora de esta estrategia. Ella es una de más de 4.000 signatarios de la petición “COVID cero”, que hace un llamado para que se debata esta propuesta en el parlamento británico.

“La vida podría retornar a algo parecido a la normalidad. Podríamos incluso abrir corredores de viaje con otros países que han seguido ese camino”, dice.

El problema del enfoque del sarampión

Quizás sea una perspectiva tentadora, pero una que muchos creen que está fuera del alcance o que requeriría restricciones tan sostenidas que los costos económicos y sociales serían enormes.

“COVID cero no es compatible con los derechos individuales y las libertades que caracterizan a las democracias de posguerra”, señala el profesor Francois Balloux, director del Instituto de Genética del University College de Londres.

Países como Nueva Zelanda, Taiwán y Australia han logrado esto porque pudieron evitar que el virus se afianzara, y todo parece indicar que una vez que las poblaciones de estos países estén vacunadas, comenzarán a levantar las restricciones en las fronteras.

Aeropuerto

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Una condición de la estrategia COVID cero es el cierre de fronteras.

Pero ningún país que haya visto la propagación del virus como ocurrió en Reino Unido ha logrado suprimirlo hasta el punto de eliminarlo.

Las vacunas en teoría son una nueva herramienta para alcanzar esto, como ha pasado con el caso del sarampión.

Pero hay una falla significativa en este argumento, explica la profesora Jackie Cassell, experta en salud pública de la Universidad de Brighton.

El sarampión, dice, es un virus “inusualmente estable”. Esto significa que no cambia de una manera que le permita evadir el efecto de la vacuna. De hecho, la misma vacuna se ha utilizado esencialmente desde la década de 1960, y también proporciona inmunidad de por vida.

Ya está claro que, “lamentablemente”, este no es el caso de este coronavirus, dice Cassell.

El desafío es mantenerse por delante del virus

Las variantes que han surgido en Sudáfrica y Brasil le permiten al virus cambiar para evadir parte de la inmunidad creada por las vacunas.

El virus que circula en Reino Unido también ha mutado y ha conseguido un cambio clave -conocido como E484- que permite que esto suceda.

A medida que se vacunen más personas, es probable que esto aumente. Esto se debe a que las mutaciones que pueden sortear la respuesta inmune de alguna manera tendrán una ventaja selectiva, señala Adam Kucharski, profesor de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, quien ha llevado a cabo una investigación sobre brotes globales desde Zika hasta Ébola.

“No podemos salvarnos de esto. Puede que necesitemos actualizar las vacunas”.

Vacuna

PA Media
Las vacunas en teoría son una nueva herramienta para detener la propagación del virus.

El desafío es, entonces, “estar por delante del virus”, explica. Pero esto no es, según cree, tan difícil como parece.

Los coronavirus cambian menos que la gripe, dice, lo que significa que las vacunas deberían seguir siendo efectivas en una gran medida.

Es más, el hecho de que las mutaciones que se están viendo compartan algunas características clave nos da una buena idea de la ruta que están siguiendo. “Es de esperar que sea más fácil de actualizar que la vacuna de la gripe, donde hay muchas cepas diferentes”.

Aunque advierte que se debe tener sumo cuidado en este momento, ya que una población que está construyendo inmunidad en un momento en que hay mucha infección alrededor proporciona un caldo de cultivo ideal para que las variantes escapen de esas vacunas.

Kucharski dice que es demasiado pronto para saber si llegaremos al punto en que el coronavirus pueda tratarse como una gripe, ya que aún no hemos visto por completo el impacto que tendrán las vacunas.

Eliminar el riesgo

Esta precaución es comprensible, ya que los científicos quieren ver primero la evidencia del despliegue del programa de vacunación en el mundo real. Salud Pública de Inglaterra está llevado a cabo un estudio en que analiza esto, y se espera que se publique antes de que se levanten las restricciones.

Pero todas las indicaciones de los ensayos clínicos y la experiencia de Israel, que lidera el tema de la vacunación de la población en el mundo, es que tendrán un impacto significativo en las infecciones, y donde no, al menos contribuirán a evitar casos serios de COVID-19, complicaciones cuando los síntomas se prolongan, así como muertes.

Coronavirus

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Todo indica que podemos llegar a un punto en que, como dijo el principal asesor médico de Inglaterra, Chris Whitty, la COVID no sea un riesgo.

Para aquellos que todavía son susceptibles porque se niegan a vacunarse o porque la vacuna no ha funcionado en ellos, el avance en los tratamientos será vital.

Todo indica que podemos llegar a un punto en que, como dijo el principal asesor médico de Inglaterra, Chris Whitty, la COVID no sea un riesgo.

Esto no significa que nadie morirá. Whitty ha hablado de llegar a un tasa de muertes “tolerable”. Y ciertamente muchos esperan que el próximo invierno sea un desafío, con especial preocupación de que las comunidades más desfavorecidas sean las más afectada, por el temor de que la aceptación de la vacunación haya sido más baja en estas áreas.

Pero es fácil olvidar que la gripe también puede matar a gran escala. En 2017-18, por ejemplo, más de 20.000 personas murieron en Reino Unido a causa de la gripe.

Fue un invierno duro y frío y las muertes por otras causas, como enfermedades cardíacas y demencia, también aumentaron, lo que llevó el exceso de muertes invernales a cerca de 50.000. La sociedad apenas parpadeó.

“Hemos convivido con los virus durante milenios”, dice el profesor Robert Dingwall, miembro del Grupo de Amenazas de Virus Respiratorios Nuevos y Emergentes del gobierno. “Haremos lo mismo con la COVID”.


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