1.5 millones dejaron de ser atendidos en hospitales públicos por la pandemia
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1.5 millones de personas dejaron de ser atendidas en hospitales públicos del país por la pandemia

Hasta junio de este año hubo 320 mil hospitalizaciones menos en las unidades de salud pública en comparación con el mismo periodo de 2019; las atenciones en urgencias se redujeron en un millón 293 mil.
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Por Arturo Ángel, Juan Pablo Díaz, Alonso Santaella y Nayeli Roldán
2 de septiembre, 2020
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Al menos un millón 500 mil personas con distintos padecimientos como cáncer, hipertensión o diabetes no tuvieron atención hospitalaria y de urgencias en México durante el primer semestre de 2020, sobre todo a partir de abril, cuando comenzó la pandemia por coronavirus en el país. 

Datos de la Secretaría de Salud muestran que hasta junio de este año hubo 320 mil hospitalizaciones menos en las unidades de salud pública en comparación con el mismo periodo de 2019; mientras que las atenciones en urgencias se redujeron en un millón 293 mil, según información preliminar. 

Expertos y autoridades consultadas por Animal Político señalan distintos factores, como que las personas no acuden a hospitales por miedo a contagiarse, o la dificultad de encontrar alguno si el que les corresponde sólo se enfoca en atención a COVID.

Pero también por la decisión del Consejo Nacional de Salud, integrado por la Secretaría de Salud Federal, esa instancia en cada estado, y los titulares del IMSS, ISSSTE, las Secretarías de la Defensa Nacional, la Marina y el DIF, de reconvertir hospitales para dedicarse solo a la atención de pacientes contagiados por COVID.

Ésta es la segunda de tres entregas de la investigación de Animal Político que identifica el impacto de la pandemia. La primera documentó que entre abril y julio ocurrieron 130 mil fallecimientos más que en ese mismo periodo de 2019, aunque sólo la tercera parte tienen la confirmación de contagio y del resto no se conoce la causa de muerte.

Para tratar de identificar los factores que han provocado los decesos, Animal Político revisó las fuentes públicas de información de la Secretaría de Salud para detectar si existe diferencia en los registros de atención hospitalaria y de urgencias de 2019 con los de 2020.

Con esos datos, Juan Pablo Díaz, experto en bioestadística de la Universidad de Toronto, y Alonso Santaella, científico de datos, hicieron estimaciones matemáticas para determinar cuántos mexicanos no tuvieron atención médica, y el resultado es que un millón 591 mil personas —con un intervalo de predicción del 90%— no pudieron hospitalizarse o recibir una consulta en urgencias. En promedio, 4 de cada 10 personas que en circunstancias normales no se hubieran quedado sin atención médica.

Consulta aquí la nota metodológica

A eso se suma que, ante la falta de atención, tampoco se ha hecho el diagnóstico de miles de nuevos casos de enfermedades que van desde VIH, tumores, depresión hasta desnutrición o infecciones urinarias. Lo que se abordará en una tercera entrega.

El exceso de mortalidad, la falta de diagnóstico y de atención hospitalaria son el impacto de la pandemia, pero también de una mala política de salud, explicó en entrevista Malaquías López-Cervantes, epidemiólogo y académico del departamento de Salud Pública de la UNAM. “Hacer la reconversión de los hospitales y dejar de atender gente no es efecto de la pandemia, es la falta de aptitud de la gente que tomó esas decisiones. Esa sí es una decisión”, dijo.

Las cifras oficiales sobre la falta de atención

Los datos preliminares de la Secretaría de Salud muestran que en el primer semestre de 2020 se registraron 748 mil 52 personas hospitalizadas en las unidades médicas públicas de 26 estados del país. La información de seis entidades no se incluyó por no presentar datos actualizados a junio.

En comparación con el mismo periodo del año pasado, en el que se registraron 1 millón 67 mil 426 hospitalizaciones, hay una reducción de 30%. Estados como Jalisco, Baja California Sur o Chiapas presentan bajas más amplias, aunque el fenómeno se repite en todos los estados.

Gráfico: Jesús Santamaría

La secuencia mensual de los datos confirma que la disminución en los ingresos a hospitales del país coincide con la presencia y crecimiento de la pandemia. Por ejemplo, mientras de enero a marzo la cifra de hospitalizados por complicaciones de diabetes se mantuvo arriba de 4 mil personas, de forma similar a 2019, en abril las hospitalizaciones se redujeron a 2 mil 500 y a partir de entonces no han dejado de seguir a la baja.

Gráfico: Jesús Santamaría

Otro informe oficial publicado por el Sistema de Vigilancia Epidemiológica Hospitalaria de Diabetes tipo 2, y que mide con el modelo centinela a los enfermos con diabetes hospitalizados, señala que el primer semestre del año cerró con 8 mil 992 en 152 hospitales. Un desplome del 49% respecto al mismo periodo del año pasado.

Lo mismo sucede con la atención en Urgencias. La Secretaría de Salud registró la reducción de 36% en este tipo de atención en 27 entidades durante el primer semestre de 2020. Bajaron de 3 millones 880 mil 958 a 2 millones 485 mil 54. Estados como Oaxaca, Morelos, Jalisco y Baja California presentan las mayores reducciones.

Gráfico: Jesús Santamaría

Hay otros tipos de tratamientos que también dejaron de ocurrir en los hospitales públicos. Por ejemplo, las quimioterapias y otros métodos relacionados al cáncer de mama y útero en comparación con 2019 tuvieron una baja de 51%.

Incluso se han registrado disminuciones en análisis de laboratorios como los que se practican en el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (INDRE) de la Secretaría de Salud, que cayeron a la mitad a partir de abril, y al cierre del primer semestre ya a un 53%.

Gráfico: Jesús Santamaría

Los datos abiertos de la Secretaría de Salud no incluyen IMSS o ISSSTE, pero en el anexo estadístico del Segundo Informe de Gobierno se publicaron cifras que también confirman caídas significativas en la atención hospitalaria de esas instituciones.

Por ejemplo, el ISSSTE reportó de enero a junio de este año, 46 mil 215 hospitalizaciones en sus áreas de atención especializada, un promedio de 256 pacientes hospitalizados al día, en comparación con el promedio de 381 diarios de 2019.

Y respecto a las consultas de urgencias, en el primer semestre de este año hubo 262 mil 643. Se trata, en promedio, de 500 atenciones menos por día respecto a 2019, cuando la cifra era de 2 mil 26 urgencias diarias.

En cuanto al IMSS, la información se reporta en tasas por cada 1,000 derechohabientes. Según su estadística, al cierre de abril la cifra era de 9.8 hospitalizaciones en sus centros de segundo nivel.  Aún cuando ese promedio se mantuviera el resto del año —lo que parece poco probable porque la crisis de la pandemia se profundizó en mayo y junio—, este 2020 cerraría con una tasa inferior a 30 hospitalizaciones, mientras que la de 2019 fue de 34.

Sobre las consultas de especialidad, con las que se da seguimiento a padecimientos ya diagnosticados que pueden derivar en cirugías, se reportó un registro al cierre de mayo de 77 consultas por cada 1,000 derechohabientes. Dividido por mes, sería una tasa de 15.4 consultas, debajo de la tasa mensual de 2019 que era de 23.4 consultas de este tipo.

Los datos del Segundo Informe de Gobierno también indican que 2020 podría cerrar con 3 millones 205 mil intervenciones quirúrgicas, la cifra más baja de los últimos cinco años y que representa 15 mil menos que las del año pasado.

Consecuencias de la reconversión hospitalaria 

Animal Político solicitó a la Secretaría de Salud federal su versión sobre la caída en el seguimiento y atención, pero no hubo respuesta. Sobre las entidades con más descenso en atención hospitalaria, Jalisco tampoco contestó, la Ciudad de México dijo que respondería en entrevista este viernes 4 de septiembre. Guerrero y Oaxaca sí lo explicaron.

El secretario de Salud de Guerrero, Carlos de la Peña Pintos, confirmó la disminución en las atenciones hospitalarias y señaló, como primer elemento de ello, la decisión tomada en los estados por recomendación del Consejo Nacional de Salud de reconvertir total o parcialmente los hospitales para atender COVID y limitar la atención de otros padecimientos para prevenir contagios. A nivel nacional, más de 900 centros de salud fueron reconvertidos.

En Guerrero, reconoce el secretario, esto se tradujo en la cancelación de todas las cirugías programadas y del 55% de los servicios de consulta de especialidad. Solo se privilegió la atención de cuadros y urgencias de gravedad. Todo ello para prevenir contagios y dirigir más recursos humanos y materiales a la atención de COVID.

De la Peña dijo que servicios como quimioterapias o diálisis no se suspendieron, pero reconoció que mucha gente también dejó de asistir a los hospitales y a recibir algún tratamiento por miedo a contagiarse. Incluso personas posiblemente enfermas con COVID, señala, prefirieron permanecer en sus casas. “Al final llegaban al hospital ya muy graves y morían y otros han perdido la vida en sus casas”, dijo.

El secretario de Salud explicó que en Guerrero no han detectado pacientes que hayan fallecido porque no fueron al hospital o no recibieron seguimiento de una diabetes o un problema de riñón.

En Oaxaca, en cambio, sí ha ocurrido, como lo reconoce Juan Carlos Márquez Heine, Subdirector General de los Servicios de Salud de Oaxaca.

“Sí comenzamos a ver un número de muertes relacionadas con infartos, o por descontrol metabólico, o por patologías propias de obesidad por lo que te comentaba: la gente no sale y entonces se dejan de tomar el medicamento (…) nosotros comenzamos a ver este aumento en el número de decesos, pero más que la desatención es que la gente dejó de acudir a las unidades médicas, sobretodo por miedo”, dijo el funcionario.

Márquez Heine comentó que, además de la ya mencionada reconversión hospitalaria, se tuvo que hacer una reingeniería del personal disponible debido a que una proporción de ellos dejaron de trabajar por ser población de riesgo ante COVID.

Justamente, ese es otro de los factores relevantes: el personal médico. El gobierno federal advirtió la carencia de 240 mil trabajadores de la salud al iniciar esta administración. Con la pandemia, además, se requerían especialistas como neumólogos o enfermeras de terapia intensiva, quienes además de cumplir con el nivel académico, requieren de entrenamiento de meses para atender este tipo de pacientes u operar ventiladores, por ejemplo.

Como parte de la estrategia contra la pandemia, el Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI) comenzó la contratación de personal, que hasta el 1 de julio sumaba 50 mil, según informó el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell.  

A ello se suma que personal de salud con algún factor de riesgo como padecer obesidad, hipertensión, diabetes o afecciones cardiacas fueron retirados de sus puesto de trabajo para evitar contagio por COVID. Y que al menos 97 mil trabajadores de la salud resultaron contagiados hasta el 23 de agosto.

“Obviamente nos baja la productividad y si hay muchas enfermedades que se comienzan a relegar. A lo mejor yo tenía una hernia que no tenía mayor complicación, pero la cirugía estaba programada para mediados de julio pues ni modo, se pospone. Y pues con eso baja la carga hospitalaria”, señaló Márquez Heine.

Sistema de salud rebasado

Expertos consultados por Animal Político coincidieron en que las cifras sobre menos atención hospitalaria reflejan un sistema de salud desbordado.

El doctor e investigador Alejandro Macías, quien lideró la estrategia contra la pandemia de influenza en 2009 en México, señaló que la caída en la atención y hospitalización de diversos padecimientos también ocurrió con la crisis del virus H1N1, situación que es resultado de deficiencias sistémicas que acarrea el sistema de salud en el país.

“(En 2009) se tuvieron que detener las consultas convencionales y los hospitales perdieron la atención y la programación de los procedimientos quirúrgicos habituales y todo eso se tuvo que retomar, pero en aquella ocasión tomó alrededor de 3 a 6 meses volver a tomar cierta normalidad. Lo de aquí va a tomar años (…) El esfuerzo ahora ha sido extraordinario considerando lo maltrecho que estaba el sistema de salud mexicano”, señaló.

Aunque el gobierno federal insiste en que consiguió que el sistema de hospitales no colapse,  Xavier Tello, analista en políticas de salud, advierte que eso depende de como se mire.

“Hay estados que calcula que se van a requerir al menos dos años tan solo para sacar adelante las cirugías que se han tenido que reprogramar como no urgentes (…) lo que yo veo es un sistema de salud rebasado cuando a una señora a la que le tenían que operar una cadera no se le pudo hacer”, dijo Tello.

El especialista también cuestionó que se presuma como un éxito el contar con espacios disponibles en hospitales. “De nada sirve una cama con un ventilador si no hay alguien preparado para usarlo, y de eso también hay un déficit”, añadió.

El epidemiólogo y académico del departamento de Salud Pública de la UNAM, Malaquías López-Cervantes, coincidió con Tello en el sentido de considerar que el sistema de salud está rebasado, y cuestionó que oficialmente se haya construido una imagen de éxito por tener camas para atención de COVID, a costa de dejar a cientos de miles sin tratamiento.

“No se puede decir voy a ganar tres puntos atendiendo a este y voy a perder 30 dejando de atender a todos. La gente que recibía atención era porque necesita recibir atención y el sistema de salud mexicano es muy malo porque está basado en hospitales. Es ahí donde se detectan las enfermedades, Y si necesitan hospital y no hay hospital, es pésimo. Esto se va a reflejar después como una sobremortalidad en todas las áreas, no sólo en COVID, sino también porque no se atendieron”, concluyó.

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'Hará más mal que bien’: los peligros de apresurar la vacuna contra la COVID

La FDA adelantó que podría aprobar el uso de emergencia de una vacuna contra la COVID antes de que terminen los ensayos clínicos, pero varios expertos advierten que esto sería un "grave error".
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4 de septiembre, 2020
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El jefe de la Administración de Alimentación y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), Stephen Hahn, adelantó que podría aprobar el uso de emergencia de una vacuna contra el coronavirus antes de que terminen los ensayos clínicos, algo sobre lo que varios expertos han advertido, tildándolo de “grave error”.

En una entrevista ofrecida al medio británico The Financial Times y publicada el domingo, Hahn insistió en que, de tomarse, la decisión será “científica, médica y basada en datos”, y no una respuesta política a las presiones del gobierno estadounidense para que se apruebe una vacuna.

A finales de agosto, el presidente Donald Trump acusó a la FDA de “retrasar” la aprobación de la vacuna hasta después del 3 de noviembre, fecha en la que los votantes acudirá a las urnas para decidir quién gobernará el país durante los próximos cuatro años.

De darle luz verde antes de terminar la fase 3 de los ensayos clínicos, EE.UU. se convertirá en el tercer país en aplicar la polémica medida, después de que Rusia y China lo hicieran en agosto.

Cuando el 11 del pasado mes las autoridades rusas registraron su vacuna Sputnik V, asegurando que había demostrado ser “altamente efectiva y segura”, científicos en todo el mundo y la misma Organización Mundial de la Salud (OMS) acogieron con escepticismo.

Días después, el 20 de agosto, Moscú anunció que iniciaría las pruebas clínicas en 40.000 voluntarios en distintos países.

Vacuna contra el coronavirus.

Getty Images
Rusia y China han aprobado vacunas contra el coronavirus sin culminar la fase 3 de los ensayos clínicos.

La fase 3 de los ensayos clínicos suele considerarse la más crucial, pues es la etapa en la que los investigadores tratan de ver cuán eficaz y segura es la vacuna probándola en decenas de miles de personas.

“En otras palabras, se busca la reducción real de los casos de la enfermedad en el número de personas que fueron vacunadas comparado con el mismo número de sujetos que no recibieron la vacuna”, le explicó hace semanas el doctor Ian Jones, profesor de Virología de la Universidad de Reading en Reino Unido, a BBC Mundo.

Si bien en las etapas previas también se evalúa el desempeño y la seguridad del producto, la fase 3 es la que “realmente te dice que la vacuna es capaz de prevenir que ocurra la infección”, según el virólogo británico.

“Falsas esperanzas”

Pero quizás el lado más peligroso de aprobar una vacuna antes de culminar todos los ensayos clínicos son sus posibles consecuencias.

Mijail Murashko.

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El ministro de Salud ruso ha desestimado las preocupaciones y dudas que genera el programa de vacunas Sputnik V.

En conversación con BBC Mundo, Jones explica que hay varios problemas asociados con que la vacuna sea aprobada demasiado pronto.

Lo primero es que podría generar falsas esperanzas: puede que la gente se apresure a ponerse la vacuna “cuando en realidad tal vez no sea la mejor vacuna, sino la primera que está disponible“.

“Esto causaría decepción en los individuos que se inmunizaron”, añade.

Según el experto, una vacuna que no funcione tan bien como debería podría extender la idea de que (la vacuna en general, todas las que se están desarrollando contra la COVID-19) es ineficiente y suscitar desconfianza dentro de la población. “Al final, una vacuna apresurada hará más mal que bien”.

“Simplemente le quitaría valor a todas las demás vacunas. Y le daría alas al lobby antivacunas, que se aprovechará de cualquier desliz. Es perjudicial para todo el mundo“.

Más difícil ponerle fin a la pandemia

Este lunes, la científica en jefa de la OMS, Soumya Swaminathan, se unió a las advertencias de la comunidad de expertos y aseguró que autorizar una vacuna demasiado pronto y con pocos datos podría tener una variedad de consecuencias negativas.

Vacuna contra el coronavirus.

Reuters
La fase 3 de los ensayos clínicos es frecuentemente considerada como la más crucial, pero la Administración de Alimentación y Medicamentos de Estados Unidos está considerando saltársela.

“En primer lugar, hará que sea muy difícil continuar con los ensayos clínicos aleatorios”, dijo.

“Y en segundo lugar, existe el riesgo de que se introduzca una vacuna que no se haya estudiado de manera adecuada y que podría resultar que es poco eficaz y no cumple con el trabajo de ponerle fin a esta pandemia o, peor aún, que tenga un perfil de seguridad inaceptable”.

Para que una vacuna sea aprobada por la FDA, se debe haber demostrado que es segura y eficaz en función de los datos recopilados tras ser probada en miles de voluntarios.

Es un proceso de verificación que puede durar meses.

Swaminathan agregó que la aprobación del uso de emergencia de una vacuna debe realizarse “con mucha seriedad”, particularmente porque se trata de una decisión que “podría provocar efectos secundarios adversos” en algunas partes de la población.

Un pequeño riesgo de mutación

La confianza de la gente en una campaña de vacunación es crucial, por lo que aprobar una vacuna antes de que culminen todos los ensayos clínicos podría además limitar el número de personas que se dejarían inyectar.

Una niña recibiendo una vacuna.

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Ian Jones, profesor de Virología de la Universidad de Reading, dice el objetivo es tener una vacuna que nos inmunice completamente y no una que funcione a medias.

“Se trata de una preocupación muy seria, subraya.

“Si la gente piensa que la primera vacuna en ser lanzada lo ha sido por el simple hecho de ser la primera (en desarrollarse), pero no es necesariamente la mejor, podrían considerar que no vale la pena aplicársela, lo que llevaría a no querer ser inmunizados”, prosigue.

“Pero el peligro es que no querrían inmunizarse con una vacuna que funcione mejor y que podría venir después, y eso haría que el virus siga circulando”.

Jones considera poco probable que la vacuna no funcione del todo debido a las pruebas que ya se han hecho.

Pero otro riesgo, según explica, es que el virus podría transformarse y evitar la respuesta inmune generada por la vacuna aprobada con apuro, mutar en una forma ligeramente diferente, que ninguna de las vacunas podría combatir.

“No queremos una vacuna que funcione a medias”

Sin embargo, él no cree que las preocupaciones deban centrarse en cuán segura es la vacuna, sino en su eficacia.

El virus junto a una inyección.

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Soumya Swaminathan advierte que aprobar una vacuna sin finalizar todos los ensayos clínicos podría provocar efectos secundarios adversos en algunas partes de la población.

“No queremos una vacuna que funcione a medias, queremos una que nos inmunice completamente”.

“En realidad, pienso que todas las vacunas que están siendo probadas en la actualidad son bastante seguras y probablemente no le causarán ningún daño a quien las reciba. Pero cuando apruebas una vacuna que funciona mal, estás fijando expectativas sumamente bajas, y lo que venga después no tendrá la obligación de ser mejor”.

“Estarías abriéndole paso a una serie de genéricos que también van a funcionar mal“.

Para este virólogo británico esto es algo que se debe evitar, y para hacerlo la fase 3 del proceso debe ser culminada, probando la vacuna “en tanta gente como sea posible, para así conocer su resultado habitual con una dosis habitual“.

“Tomar atajos para lograr vacunas no es exactamente una buena idea. Sería un grave error”, concluye.

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