1.5 millones dejaron de ser atendidos en hospitales públicos por la pandemia
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1.5 millones de personas dejaron de ser atendidas en hospitales públicos del país por la pandemia

Hasta junio de este año hubo 320 mil hospitalizaciones menos en las unidades de salud pública en comparación con el mismo periodo de 2019; las atenciones en urgencias se redujeron en un millón 293 mil.
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Por Arturo Ángel, Juan Pablo Díaz, Alonso Santaella y Nayeli Roldán
2 de septiembre, 2020
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Al menos un millón 500 mil personas con distintos padecimientos como cáncer, hipertensión o diabetes no tuvieron atención hospitalaria y de urgencias en México durante el primer semestre de 2020, sobre todo a partir de abril, cuando comenzó la pandemia por coronavirus en el país. 

Datos de la Secretaría de Salud muestran que hasta junio de este año hubo 320 mil hospitalizaciones menos en las unidades de salud pública en comparación con el mismo periodo de 2019; mientras que las atenciones en urgencias se redujeron en un millón 293 mil, según información preliminar. 

Expertos y autoridades consultadas por Animal Político señalan distintos factores, como que las personas no acuden a hospitales por miedo a contagiarse, o la dificultad de encontrar alguno si el que les corresponde sólo se enfoca en atención a COVID.

Pero también por la decisión del Consejo Nacional de Salud, integrado por la Secretaría de Salud Federal, esa instancia en cada estado, y los titulares del IMSS, ISSSTE, las Secretarías de la Defensa Nacional, la Marina y el DIF, de reconvertir hospitales para dedicarse solo a la atención de pacientes contagiados por COVID.

Ésta es la segunda de tres entregas de la investigación de Animal Político que identifica el impacto de la pandemia. La primera documentó que entre abril y julio ocurrieron 130 mil fallecimientos más que en ese mismo periodo de 2019, aunque sólo la tercera parte tienen la confirmación de contagio y del resto no se conoce la causa de muerte.

Para tratar de identificar los factores que han provocado los decesos, Animal Político revisó las fuentes públicas de información de la Secretaría de Salud para detectar si existe diferencia en los registros de atención hospitalaria y de urgencias de 2019 con los de 2020.

Con esos datos, Juan Pablo Díaz, experto en bioestadística de la Universidad de Toronto, y Alonso Santaella, científico de datos, hicieron estimaciones matemáticas para determinar cuántos mexicanos no tuvieron atención médica, y el resultado es que un millón 591 mil personas —con un intervalo de predicción del 90%— no pudieron hospitalizarse o recibir una consulta en urgencias. En promedio, 4 de cada 10 personas que en circunstancias normales no se hubieran quedado sin atención médica.

Consulta aquí la nota metodológica

A eso se suma que, ante la falta de atención, tampoco se ha hecho el diagnóstico de miles de nuevos casos de enfermedades que van desde VIH, tumores, depresión hasta desnutrición o infecciones urinarias. Lo que se abordará en una tercera entrega.

El exceso de mortalidad, la falta de diagnóstico y de atención hospitalaria son el impacto de la pandemia, pero también de una mala política de salud, explicó en entrevista Malaquías López-Cervantes, epidemiólogo y académico del departamento de Salud Pública de la UNAM. “Hacer la reconversión de los hospitales y dejar de atender gente no es efecto de la pandemia, es la falta de aptitud de la gente que tomó esas decisiones. Esa sí es una decisión”, dijo.

Las cifras oficiales sobre la falta de atención

Los datos preliminares de la Secretaría de Salud muestran que en el primer semestre de 2020 se registraron 748 mil 52 personas hospitalizadas en las unidades médicas públicas de 26 estados del país. La información de seis entidades no se incluyó por no presentar datos actualizados a junio.

En comparación con el mismo periodo del año pasado, en el que se registraron 1 millón 67 mil 426 hospitalizaciones, hay una reducción de 30%. Estados como Jalisco, Baja California Sur o Chiapas presentan bajas más amplias, aunque el fenómeno se repite en todos los estados.

Gráfico: Jesús Santamaría

La secuencia mensual de los datos confirma que la disminución en los ingresos a hospitales del país coincide con la presencia y crecimiento de la pandemia. Por ejemplo, mientras de enero a marzo la cifra de hospitalizados por complicaciones de diabetes se mantuvo arriba de 4 mil personas, de forma similar a 2019, en abril las hospitalizaciones se redujeron a 2 mil 500 y a partir de entonces no han dejado de seguir a la baja.

Gráfico: Jesús Santamaría

Otro informe oficial publicado por el Sistema de Vigilancia Epidemiológica Hospitalaria de Diabetes tipo 2, y que mide con el modelo centinela a los enfermos con diabetes hospitalizados, señala que el primer semestre del año cerró con 8 mil 992 en 152 hospitales. Un desplome del 49% respecto al mismo periodo del año pasado.

Lo mismo sucede con la atención en Urgencias. La Secretaría de Salud registró la reducción de 36% en este tipo de atención en 27 entidades durante el primer semestre de 2020. Bajaron de 3 millones 880 mil 958 a 2 millones 485 mil 54. Estados como Oaxaca, Morelos, Jalisco y Baja California presentan las mayores reducciones.

Gráfico: Jesús Santamaría

Hay otros tipos de tratamientos que también dejaron de ocurrir en los hospitales públicos. Por ejemplo, las quimioterapias y otros métodos relacionados al cáncer de mama y útero en comparación con 2019 tuvieron una baja de 51%.

Incluso se han registrado disminuciones en análisis de laboratorios como los que se practican en el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (INDRE) de la Secretaría de Salud, que cayeron a la mitad a partir de abril, y al cierre del primer semestre ya a un 53%.

Gráfico: Jesús Santamaría

Los datos abiertos de la Secretaría de Salud no incluyen IMSS o ISSSTE, pero en el anexo estadístico del Segundo Informe de Gobierno se publicaron cifras que también confirman caídas significativas en la atención hospitalaria de esas instituciones.

Por ejemplo, el ISSSTE reportó de enero a junio de este año, 46 mil 215 hospitalizaciones en sus áreas de atención especializada, un promedio de 256 pacientes hospitalizados al día, en comparación con el promedio de 381 diarios de 2019.

Y respecto a las consultas de urgencias, en el primer semestre de este año hubo 262 mil 643. Se trata, en promedio, de 500 atenciones menos por día respecto a 2019, cuando la cifra era de 2 mil 26 urgencias diarias.

En cuanto al IMSS, la información se reporta en tasas por cada 1,000 derechohabientes. Según su estadística, al cierre de abril la cifra era de 9.8 hospitalizaciones en sus centros de segundo nivel.  Aún cuando ese promedio se mantuviera el resto del año —lo que parece poco probable porque la crisis de la pandemia se profundizó en mayo y junio—, este 2020 cerraría con una tasa inferior a 30 hospitalizaciones, mientras que la de 2019 fue de 34.

Sobre las consultas de especialidad, con las que se da seguimiento a padecimientos ya diagnosticados que pueden derivar en cirugías, se reportó un registro al cierre de mayo de 77 consultas por cada 1,000 derechohabientes. Dividido por mes, sería una tasa de 15.4 consultas, debajo de la tasa mensual de 2019 que era de 23.4 consultas de este tipo.

Los datos del Segundo Informe de Gobierno también indican que 2020 podría cerrar con 3 millones 205 mil intervenciones quirúrgicas, la cifra más baja de los últimos cinco años y que representa 15 mil menos que las del año pasado.

Consecuencias de la reconversión hospitalaria 

Animal Político solicitó a la Secretaría de Salud federal su versión sobre la caída en el seguimiento y atención, pero no hubo respuesta. Sobre las entidades con más descenso en atención hospitalaria, Jalisco tampoco contestó, la Ciudad de México dijo que respondería en entrevista este viernes 4 de septiembre. Guerrero y Oaxaca sí lo explicaron.

El secretario de Salud de Guerrero, Carlos de la Peña Pintos, confirmó la disminución en las atenciones hospitalarias y señaló, como primer elemento de ello, la decisión tomada en los estados por recomendación del Consejo Nacional de Salud de reconvertir total o parcialmente los hospitales para atender COVID y limitar la atención de otros padecimientos para prevenir contagios. A nivel nacional, más de 900 centros de salud fueron reconvertidos.

En Guerrero, reconoce el secretario, esto se tradujo en la cancelación de todas las cirugías programadas y del 55% de los servicios de consulta de especialidad. Solo se privilegió la atención de cuadros y urgencias de gravedad. Todo ello para prevenir contagios y dirigir más recursos humanos y materiales a la atención de COVID.

De la Peña dijo que servicios como quimioterapias o diálisis no se suspendieron, pero reconoció que mucha gente también dejó de asistir a los hospitales y a recibir algún tratamiento por miedo a contagiarse. Incluso personas posiblemente enfermas con COVID, señala, prefirieron permanecer en sus casas. “Al final llegaban al hospital ya muy graves y morían y otros han perdido la vida en sus casas”, dijo.

El secretario de Salud explicó que en Guerrero no han detectado pacientes que hayan fallecido porque no fueron al hospital o no recibieron seguimiento de una diabetes o un problema de riñón.

En Oaxaca, en cambio, sí ha ocurrido, como lo reconoce Juan Carlos Márquez Heine, Subdirector General de los Servicios de Salud de Oaxaca.

“Sí comenzamos a ver un número de muertes relacionadas con infartos, o por descontrol metabólico, o por patologías propias de obesidad por lo que te comentaba: la gente no sale y entonces se dejan de tomar el medicamento (…) nosotros comenzamos a ver este aumento en el número de decesos, pero más que la desatención es que la gente dejó de acudir a las unidades médicas, sobretodo por miedo”, dijo el funcionario.

Márquez Heine comentó que, además de la ya mencionada reconversión hospitalaria, se tuvo que hacer una reingeniería del personal disponible debido a que una proporción de ellos dejaron de trabajar por ser población de riesgo ante COVID.

Justamente, ese es otro de los factores relevantes: el personal médico. El gobierno federal advirtió la carencia de 240 mil trabajadores de la salud al iniciar esta administración. Con la pandemia, además, se requerían especialistas como neumólogos o enfermeras de terapia intensiva, quienes además de cumplir con el nivel académico, requieren de entrenamiento de meses para atender este tipo de pacientes u operar ventiladores, por ejemplo.

Como parte de la estrategia contra la pandemia, el Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI) comenzó la contratación de personal, que hasta el 1 de julio sumaba 50 mil, según informó el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell.  

A ello se suma que personal de salud con algún factor de riesgo como padecer obesidad, hipertensión, diabetes o afecciones cardiacas fueron retirados de sus puesto de trabajo para evitar contagio por COVID. Y que al menos 97 mil trabajadores de la salud resultaron contagiados hasta el 23 de agosto.

“Obviamente nos baja la productividad y si hay muchas enfermedades que se comienzan a relegar. A lo mejor yo tenía una hernia que no tenía mayor complicación, pero la cirugía estaba programada para mediados de julio pues ni modo, se pospone. Y pues con eso baja la carga hospitalaria”, señaló Márquez Heine.

Sistema de salud rebasado

Expertos consultados por Animal Político coincidieron en que las cifras sobre menos atención hospitalaria reflejan un sistema de salud desbordado.

El doctor e investigador Alejandro Macías, quien lideró la estrategia contra la pandemia de influenza en 2009 en México, señaló que la caída en la atención y hospitalización de diversos padecimientos también ocurrió con la crisis del virus H1N1, situación que es resultado de deficiencias sistémicas que acarrea el sistema de salud en el país.

“(En 2009) se tuvieron que detener las consultas convencionales y los hospitales perdieron la atención y la programación de los procedimientos quirúrgicos habituales y todo eso se tuvo que retomar, pero en aquella ocasión tomó alrededor de 3 a 6 meses volver a tomar cierta normalidad. Lo de aquí va a tomar años (…) El esfuerzo ahora ha sido extraordinario considerando lo maltrecho que estaba el sistema de salud mexicano”, señaló.

Aunque el gobierno federal insiste en que consiguió que el sistema de hospitales no colapse,  Xavier Tello, analista en políticas de salud, advierte que eso depende de como se mire.

“Hay estados que calcula que se van a requerir al menos dos años tan solo para sacar adelante las cirugías que se han tenido que reprogramar como no urgentes (…) lo que yo veo es un sistema de salud rebasado cuando a una señora a la que le tenían que operar una cadera no se le pudo hacer”, dijo Tello.

El especialista también cuestionó que se presuma como un éxito el contar con espacios disponibles en hospitales. “De nada sirve una cama con un ventilador si no hay alguien preparado para usarlo, y de eso también hay un déficit”, añadió.

El epidemiólogo y académico del departamento de Salud Pública de la UNAM, Malaquías López-Cervantes, coincidió con Tello en el sentido de considerar que el sistema de salud está rebasado, y cuestionó que oficialmente se haya construido una imagen de éxito por tener camas para atención de COVID, a costa de dejar a cientos de miles sin tratamiento.

“No se puede decir voy a ganar tres puntos atendiendo a este y voy a perder 30 dejando de atender a todos. La gente que recibía atención era porque necesita recibir atención y el sistema de salud mexicano es muy malo porque está basado en hospitales. Es ahí donde se detectan las enfermedades, Y si necesitan hospital y no hay hospital, es pésimo. Esto se va a reflejar después como una sobremortalidad en todas las áreas, no sólo en COVID, sino también porque no se atendieron”, concluyó.

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Qué es la 'desigualdad oculta' y por qué perjudica sobre todo a las mujeres que trabajan

Se ha hablado mucho sobre cómo las mujeres tienen que realizar la mayor parte de las tareas domésticas, pero lo que es menos conocido es la "carga mental" que también recae mayoritariamente en las mujeres, afectando su capacidad de trabajar.
25 de agosto, 2021
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Organizarles un programa con amigos o reservar sus turnos médicos. Pensar cómo esconder verduras en sus comidas o asegurarte de que haya suficientes en la lista del supermercado.

Preocuparte por si tu hijo va por buen camino en la escuela, su tu hija necesita zapatos nuevos y cuándo reemplazar tu lavarropas.

Por sí solas, todas estas pueden parecer tareas pequeñas, pero se acumulan.

Y si le preguntas a las parejas heterosexuales con hijos cuál de los dos suele lidiar con ellas, es probable que la mayoría de la misma respuesta: la madre.

Numerosos estudios muestran que las mujeres en relaciones heterosexuales todavía hacen la mayor parte del trabajo doméstico y el cuidado de niños.

Si bien muchas parejas tienen como objetivo dividir sus responsabilidades en un 50:50, por diversas razones estructurales y socioeconómicas terminan asignando tareas según los roles estereotípicos de género.

Incluso en las parejas que piensan que han logrado una división igualitaria del trabajo, las formas de cuidado más ocultas generalmente terminan recayendo en la mujer.

De hecho, un creciente cuerpo de investigación indica que, para las responsabilidades del hogar, las mujeres realizan mucho más trabajo cognitivo y emocional que los hombres.

Comprender por qué esto sucede podría ayudar a explicar por qué la igualdad de género no solo se ha estancado, sino que está retrocediendo, a pesar de que el tema se debate más que nunca.

Y una comprensión más amplia de este trabajo detrás de escena podría ayudar a las parejas a redistribuir las tareas de manera más equitativa, algo que, aunque inicialmente será difícil, podría desempeñar un papel importante para ayudar a las madres a aligerar su carga.

Una madre sostiene a un niño que llora

Getty Images
La carga oculta es mental y emocional: las investigaciones muestran que tareas como calmar a los niños angustiados generalmente recaen sobre las madres.

Trabajo invisible e ilimitado

Los expertos dicen que este trabajo oculto se presenta en tres categorías superpuestas:

  • trabajo cognitivo: consiste en pensar en todos los elementos prácticos de las responsabilidades del hogar, incluida la organización de citas para jugar, las compras y la planificación de actividades.
  • trabajo emocional: mantener las emociones de la familia; calmar las cosas si los niños se portan mal o si se preocupan por cómo les va en la escuela.
  • carga mental: es la intersección de las dos anteriores. Es preparar, organizar y anticipar todo, tanto lo emocional como lo práctico, que debe estar resuelto para que la vida fluya.

Este trabajo oculto es difícil de medir, porque es invisible y se realiza internamente, lo que dificulta saber dónde comienza y dónde termina.

En 2019, Allison Daminger, candidata a doctorado en sociología y política social en la Universidad de Harvard, descubrió que, si bien la mayoría de los participantes en su estudio sobre el trabajo cognitivo del hogar se dieron cuenta de que las mujeres estaban haciendo la mayor parte, esto no era considerado una “forma normal de trabajo”.

En su investigación, que incluyó a 35 parejas, los hombres se referían a sus esposas usando términos como “gerente de proyecto”, o decían que ellas estaban “haciendo un mayor seguimiento”.

Daminger identificó cuatro etapas claras del trabajo mental relacionadas con las responsabilidades del hogar:

  • anticipar las necesidades
  • identificar opciones
  • decidir entre las opciones
  • monitorear los resultados

Su investigación mostró que las madres hicieron más en las cuatro etapas; aunque las parejas a menudo tomaban decisiones juntas, las madres se ocupaban más de la anticipación, la planificación y la investigación.

En otras palabras, los padres estaban informados cuando se trataba de tomar decisiones, pero las madres hacían todo el resto del trabajo.

Una familia desayunando

Getty Images
Los padres suelen participar de las decisiones, pero no de la planificación, investigación, ejecución y monitoreo de las actividades de los niños.

Este trabajo oculto tiene varios impactos; sabemos, por ejemplo, que las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de preocuparse por el cuidado de los niños incluso cuando no están con sus hijos.

Esto causa estrés adicional, porque esa preocupación siempre está presente, incluso cuando las mujeres deberían concentrarse en otras cosas.

La carga mental es ese hilo que trae tu familia a tu vida laboral“, dice Leah Ruppanner, profesora asociada de sociología en la Universidad de Melbourne y autora de Motherlands (“Tierras de madres”).

Es la preocupación constante de bajo nivel sobre si estamos haciendo lo suficiente y sobre el impacto que nuestra forma de crianza tendrá en el futuro de nuestro hijo o hija.

“Siempre estás tratando de mitigar el riesgo futuro”, señala Ruppanner.

“Control materno”

Una cosa que desconcertó a Daminger fue que esta distribución desigual del trabajo mental no parecía crear mucho conflicto entre sus participantes.

Para entender por qué, realizó un estudio de seguimiento que, un año después, mostró que las parejas justificaban algunos de estos comportamientos relacionados con el género.

Tanto hombres como mujeres sugirieron que la división desigual del trabajo mental se debía a que uno de los miembros de la pareja trabajaba más horas.

O afirmaron que las mujeres estaban “por temperamento interesadas en estar organizadas”, que simplemente eran buenas para planificar el futuro.

Esto mostró que los participantes creían que las diferencias de personalidad y las limitaciones laborales estaban impulsando estas desigualdades.

Estos eran participantes bien educados que aceptaron participar, por lo que es posible que no fueran completamente representativos, pero aún así da una idea interesante de un concepto erróneo que otros estudios han desacreditado: las mujeres no son naturalmente mejores en la planificación, organización o el multitasking, solo se espera que lo hagan más y, por lo tanto, eventualmente se vuelvan mejores en eso.

Una mujer tratando de trabajar con sus dos hijas al lado

Getty Images
Las mujeres no son naturalmente mejores con el “multitasking” sino que se hacen expertas por necesidad.

Sin embargo, existen otras razones estructurales por las que las mujeres continúan asumiendo una mayor carga mental.

A menudo encuentran una manera de trabajar de manera flexible, mientras que los trabajos de los hombres se consideran más rígidos y sus carreras son tradicionalmente más lineales.

Esto significa que las mujeres están más disponibles para el cuidado de los niños, lo hacen más y, como resultado, tienen que pensar más en ello.

Algo incluso más fuerte es que las expectativas de género, que comienzan desde el nacimiento, explican por qué las ideas sobre quién hace las tareas del hogar y el cuidado de los niños están tan arraigadas.

Se sabe que las hijas hacen más tareas domésticas que los hijos, por ejemplo.

Los ideales de la maternidad también se incorporan a esta ecuación. Por ejemplo, el hogar a menudo se considera un dominio de la mujer.

Sabemos que las mujeres son juzgadas por la pulcritud con más dureza que los hombres.

Un estudio mostró que si se decía que una misma habitación supuestamente en alquiler pertenecía a una mujer (Jennifer), ella era calificada como menos simpática, menos competente y menos trabajadora. Si se decía que pertenecía a un hombre (John), no había iguales juicios de valor.

¿La conclusión? El estado del hogar de una mujer estaba literalmente vinculado a su valor.

Estos ideales pueden autoperpetuarse. Debido a que las mujeres son más juzgadas por la forma en que funciona su hogar, es esencial que muestren un “control materno”.

Esto significa asumir tareas de cuidado infantil que podrían compartirse, como planificar comidas o elegir ropa, sugiriendo sutilmente que es el trabajo de una madre.

Piensa en el viejo chiste: “Bueno, la vistió su padre” (cuando la niña estaba mal vestida). Es gracioso si un papá lo hace mal, pero si las madres hacen las cosas mal implica una mala maternidad.

Una mujer vistiendo a su hija

Getty Images
La tarea de elegir la ropa de los niños suele recaer en las madres y si lo hacen mal son juzgadas por ello mucho más severamente que los padres.

A pesar de los avances que hemos logrado con que sea más normal que los hombres cuiden de los niños, todavía existe “la sensación de que las mujeres son en última instancia responsables de los resultados familiares”, señala Daminger.

“Hay más costos para una mujer si estas cosas no salen bien o no ocurren”, afirma.

Impactos, en casa y en el trabajo

Sin embargo, el hecho de que las madres terminen asumiendo esta carga mental tiene consecuencias.

Las madres están más estresadas, cansadas y menos felices que los padres durante el cuidado de los niños, según muestra la investigación, en parte porque ellos tienden a realizar actividades divertidas y recreativas con más frecuencia.

Un estudio sueco mostró que cuando las mujeres pensaban que la distribución de las tareas domésticas más obvias era injusta y las percepciones sobre la contribución de cada miembro de la pareja eran diferentes, esto generaba problemas en el matrimonio y aumentaba la probabilidad de una separación.

El riesgo también es el agotamiento de las madres, que inicialmente pueden pedir ayuda, lo que puede sonar fastidioso si tiene que repetirse una y otra vez.

“Y luego eso afecta a las relaciones“, dice el sociólogo Daniel Carlson de la Universidad de Utah, quien descubrió que la distribución desigual de las responsabilidades de cuidado en las parejas también puede conducir a menos relaciones sexuales.

Si las mujeres quedan agobiadas en sus casas, además, eso significa que muchas sienten que no pueden dedicar física o mentalmente las horas extra que exigen muchos lugares de trabajo, por lo que la brecha salarial de género continúa ampliándose.

Un hombre y su hij@ limpian la casa

Getty Images
Distribuir las tareas domésticas más equitativamente beneficia la relación de pareja.

La mayoría de los trabajos a tiempo parcial los realizan mujeres, por ejemplo, y, a su vez, es menos probable que obtengan aumentos salariales o ascensos después de tener hijos, lo que dificulta aún más la búsqueda de los mejores empleos.

Muchas abandonan la fuerza laboral por completo.

Habla más, haz menos

Desde que estalló la pandemia, el vínculo entre la igualdad de género en el hogar y la participación de las mujeres en la fuerza laboral ha estado más en el centro de atención que nunca.

Si bien hay muchos problemas sistémicos en juego, abordar el trabajo doméstico oculto dentro de las parejas podría ayudar a aliviar la carga que recae sobre las mujeres y disuadirlas de otras actividades.

Está claro que la mayoría de los hombres quieren involucrarse más en la vida de sus hijos, por lo que, para facilitar esto, las parejas podrían hablar explícitamente sobre quién hace qué, de principio a fin (no sirve mucho llevar a los niños a jugar con amigos si la otra persona tuvo que planificar y organizar el encuentro).

Para fomentar nuevos hábitos que ayuden a compartir la carga, tenemos que hacer que lo invisible sea más visible.

Tener conocimiento de ello es un buen primer paso, coincide Daminger, y tener constantemente claro quién está gestionando qué tarea, incluida la planificación.

Si declaramos explícitamente cuánta planificación implica cada aspecto del cuidado de los niños y las tareas del hogar, quedará más claro cuánto trabajo oculto hacemos.

Dos hombres cambian a sus bebés

Getty Images
Las parejas homosexuales dividen el cuidado de los niños de forma más equitativa, lo que demuestra que es posible hacerlo.

Afortunadamente, no todas las parejas dividen el cuidado de forma desigual: las parejas del mismo sexo, por ejemplo, tienen una distribución mucho más equitativa en comparación con las parejas heterosexuales, ya que no deben cumplir con los roles de género esperados.

Esto muestra que la carga se puede compartir claramente cuando se habla de ella de manera más abierta.

Por lo tanto, a nivel social, también debemos replantear algunas creencias muy arraigadas sobre lo que es el papel de un hombre o una mujer.

Carlson, quien dirigió una investigación que muestra que los puntos de vista igualitarios sobre el reparto de tareas contribuyen a la frecuencia sexual, dice que también debemos considerar los “factores estructurales que no permiten que haya flexibilidad en el lugar de trabajo”.

Por ejemplo, la norma de que los hombres son el sostén económico de la familia y “la cultura del trabajador ideal que empuja a los hombres a la fuerza laboral y los mantiene fuera del hogar”.

La política también podría ayudar: las investigaciones muestran que los hombres que toman una licencia por paternidad se encargan más del cuidado de sus hijos más adelante.

Pero en ausencia de políticas, quizás la mejor manera de que las mujeres reduzcan la carga mental sea hacer menos.

Esto puede generar dolor inicial, en pos de una ganancia a largo plazo, dice Carlson.

Si la madre deja de pensar en lo que hay que hacer y el padre no anticipa estas necesidades es posible que inicialmente cause estrés o críticas, pero eso podría permitir el aprendizaje para la próxima vez.

“Es una especie de condicionamiento operante clásico. No les estamos dando descargas eléctricas como en los experimentos con hámsteres… pero es como, ‘Oh, no me acordé de hacer esto la última vez y hubo una consecuencia negativa'”.

Con el tiempo, hacer menos podría aumentar la participación de nuestra pareja y, a su vez, liberar más energía mental para concentrarnos en nosotras mismas.

Al principio, es posible que nos juzguen por ello, pero podría llevarnos a una mayor felicidad más adelante. Todos aprendemos de la práctica, después de todo.

Melissa Hogenboom (@melissasuzanneh en Twitter) es la editora de BBC Reel y autora del libro, “The Motherhood Complex” (El complejo de maternidad), publicado en Reino Unido en mayo de 2021.


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