1.5 millones dejaron de ser atendidos en hospitales públicos por la pandemia
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1.5 millones de personas dejaron de ser atendidas en hospitales públicos del país por la pandemia

Hasta junio de este año hubo 320 mil hospitalizaciones menos en las unidades de salud pública en comparación con el mismo periodo de 2019; las atenciones en urgencias se redujeron en un millón 293 mil.
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Por Arturo Ángel, Juan Pablo Díaz, Alonso Santaella y Nayeli Roldán
2 de septiembre, 2020
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Al menos un millón 500 mil personas con distintos padecimientos como cáncer, hipertensión o diabetes no tuvieron atención hospitalaria y de urgencias en México durante el primer semestre de 2020, sobre todo a partir de abril, cuando comenzó la pandemia por coronavirus en el país. 

Datos de la Secretaría de Salud muestran que hasta junio de este año hubo 320 mil hospitalizaciones menos en las unidades de salud pública en comparación con el mismo periodo de 2019; mientras que las atenciones en urgencias se redujeron en un millón 293 mil, según información preliminar. 

Expertos y autoridades consultadas por Animal Político señalan distintos factores, como que las personas no acuden a hospitales por miedo a contagiarse, o la dificultad de encontrar alguno si el que les corresponde sólo se enfoca en atención a COVID.

Pero también por la decisión del Consejo Nacional de Salud, integrado por la Secretaría de Salud Federal, esa instancia en cada estado, y los titulares del IMSS, ISSSTE, las Secretarías de la Defensa Nacional, la Marina y el DIF, de reconvertir hospitales para dedicarse solo a la atención de pacientes contagiados por COVID.

Ésta es la segunda de tres entregas de la investigación de Animal Político que identifica el impacto de la pandemia. La primera documentó que entre abril y julio ocurrieron 130 mil fallecimientos más que en ese mismo periodo de 2019, aunque sólo la tercera parte tienen la confirmación de contagio y del resto no se conoce la causa de muerte.

Para tratar de identificar los factores que han provocado los decesos, Animal Político revisó las fuentes públicas de información de la Secretaría de Salud para detectar si existe diferencia en los registros de atención hospitalaria y de urgencias de 2019 con los de 2020.

Con esos datos, Juan Pablo Díaz, experto en bioestadística de la Universidad de Toronto, y Alonso Santaella, científico de datos, hicieron estimaciones matemáticas para determinar cuántos mexicanos no tuvieron atención médica, y el resultado es que un millón 591 mil personas —con un intervalo de predicción del 90%— no pudieron hospitalizarse o recibir una consulta en urgencias. En promedio, 4 de cada 10 personas que en circunstancias normales no se hubieran quedado sin atención médica.

Consulta aquí la nota metodológica

A eso se suma que, ante la falta de atención, tampoco se ha hecho el diagnóstico de miles de nuevos casos de enfermedades que van desde VIH, tumores, depresión hasta desnutrición o infecciones urinarias. Lo que se abordará en una tercera entrega.

El exceso de mortalidad, la falta de diagnóstico y de atención hospitalaria son el impacto de la pandemia, pero también de una mala política de salud, explicó en entrevista Malaquías López-Cervantes, epidemiólogo y académico del departamento de Salud Pública de la UNAM. “Hacer la reconversión de los hospitales y dejar de atender gente no es efecto de la pandemia, es la falta de aptitud de la gente que tomó esas decisiones. Esa sí es una decisión”, dijo.

Las cifras oficiales sobre la falta de atención

Los datos preliminares de la Secretaría de Salud muestran que en el primer semestre de 2020 se registraron 748 mil 52 personas hospitalizadas en las unidades médicas públicas de 26 estados del país. La información de seis entidades no se incluyó por no presentar datos actualizados a junio.

En comparación con el mismo periodo del año pasado, en el que se registraron 1 millón 67 mil 426 hospitalizaciones, hay una reducción de 30%. Estados como Jalisco, Baja California Sur o Chiapas presentan bajas más amplias, aunque el fenómeno se repite en todos los estados.

Gráfico: Jesús Santamaría

La secuencia mensual de los datos confirma que la disminución en los ingresos a hospitales del país coincide con la presencia y crecimiento de la pandemia. Por ejemplo, mientras de enero a marzo la cifra de hospitalizados por complicaciones de diabetes se mantuvo arriba de 4 mil personas, de forma similar a 2019, en abril las hospitalizaciones se redujeron a 2 mil 500 y a partir de entonces no han dejado de seguir a la baja.

Gráfico: Jesús Santamaría

Otro informe oficial publicado por el Sistema de Vigilancia Epidemiológica Hospitalaria de Diabetes tipo 2, y que mide con el modelo centinela a los enfermos con diabetes hospitalizados, señala que el primer semestre del año cerró con 8 mil 992 en 152 hospitales. Un desplome del 49% respecto al mismo periodo del año pasado.

Lo mismo sucede con la atención en Urgencias. La Secretaría de Salud registró la reducción de 36% en este tipo de atención en 27 entidades durante el primer semestre de 2020. Bajaron de 3 millones 880 mil 958 a 2 millones 485 mil 54. Estados como Oaxaca, Morelos, Jalisco y Baja California presentan las mayores reducciones.

Gráfico: Jesús Santamaría

Hay otros tipos de tratamientos que también dejaron de ocurrir en los hospitales públicos. Por ejemplo, las quimioterapias y otros métodos relacionados al cáncer de mama y útero en comparación con 2019 tuvieron una baja de 51%.

Incluso se han registrado disminuciones en análisis de laboratorios como los que se practican en el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (INDRE) de la Secretaría de Salud, que cayeron a la mitad a partir de abril, y al cierre del primer semestre ya a un 53%.

Gráfico: Jesús Santamaría

Los datos abiertos de la Secretaría de Salud no incluyen IMSS o ISSSTE, pero en el anexo estadístico del Segundo Informe de Gobierno se publicaron cifras que también confirman caídas significativas en la atención hospitalaria de esas instituciones.

Por ejemplo, el ISSSTE reportó de enero a junio de este año, 46 mil 215 hospitalizaciones en sus áreas de atención especializada, un promedio de 256 pacientes hospitalizados al día, en comparación con el promedio de 381 diarios de 2019.

Y respecto a las consultas de urgencias, en el primer semestre de este año hubo 262 mil 643. Se trata, en promedio, de 500 atenciones menos por día respecto a 2019, cuando la cifra era de 2 mil 26 urgencias diarias.

En cuanto al IMSS, la información se reporta en tasas por cada 1,000 derechohabientes. Según su estadística, al cierre de abril la cifra era de 9.8 hospitalizaciones en sus centros de segundo nivel.  Aún cuando ese promedio se mantuviera el resto del año —lo que parece poco probable porque la crisis de la pandemia se profundizó en mayo y junio—, este 2020 cerraría con una tasa inferior a 30 hospitalizaciones, mientras que la de 2019 fue de 34.

Sobre las consultas de especialidad, con las que se da seguimiento a padecimientos ya diagnosticados que pueden derivar en cirugías, se reportó un registro al cierre de mayo de 77 consultas por cada 1,000 derechohabientes. Dividido por mes, sería una tasa de 15.4 consultas, debajo de la tasa mensual de 2019 que era de 23.4 consultas de este tipo.

Los datos del Segundo Informe de Gobierno también indican que 2020 podría cerrar con 3 millones 205 mil intervenciones quirúrgicas, la cifra más baja de los últimos cinco años y que representa 15 mil menos que las del año pasado.

Consecuencias de la reconversión hospitalaria 

Animal Político solicitó a la Secretaría de Salud federal su versión sobre la caída en el seguimiento y atención, pero no hubo respuesta. Sobre las entidades con más descenso en atención hospitalaria, Jalisco tampoco contestó, la Ciudad de México dijo que respondería en entrevista este viernes 4 de septiembre. Guerrero y Oaxaca sí lo explicaron.

El secretario de Salud de Guerrero, Carlos de la Peña Pintos, confirmó la disminución en las atenciones hospitalarias y señaló, como primer elemento de ello, la decisión tomada en los estados por recomendación del Consejo Nacional de Salud de reconvertir total o parcialmente los hospitales para atender COVID y limitar la atención de otros padecimientos para prevenir contagios. A nivel nacional, más de 900 centros de salud fueron reconvertidos.

En Guerrero, reconoce el secretario, esto se tradujo en la cancelación de todas las cirugías programadas y del 55% de los servicios de consulta de especialidad. Solo se privilegió la atención de cuadros y urgencias de gravedad. Todo ello para prevenir contagios y dirigir más recursos humanos y materiales a la atención de COVID.

De la Peña dijo que servicios como quimioterapias o diálisis no se suspendieron, pero reconoció que mucha gente también dejó de asistir a los hospitales y a recibir algún tratamiento por miedo a contagiarse. Incluso personas posiblemente enfermas con COVID, señala, prefirieron permanecer en sus casas. “Al final llegaban al hospital ya muy graves y morían y otros han perdido la vida en sus casas”, dijo.

El secretario de Salud explicó que en Guerrero no han detectado pacientes que hayan fallecido porque no fueron al hospital o no recibieron seguimiento de una diabetes o un problema de riñón.

En Oaxaca, en cambio, sí ha ocurrido, como lo reconoce Juan Carlos Márquez Heine, Subdirector General de los Servicios de Salud de Oaxaca.

“Sí comenzamos a ver un número de muertes relacionadas con infartos, o por descontrol metabólico, o por patologías propias de obesidad por lo que te comentaba: la gente no sale y entonces se dejan de tomar el medicamento (…) nosotros comenzamos a ver este aumento en el número de decesos, pero más que la desatención es que la gente dejó de acudir a las unidades médicas, sobretodo por miedo”, dijo el funcionario.

Márquez Heine comentó que, además de la ya mencionada reconversión hospitalaria, se tuvo que hacer una reingeniería del personal disponible debido a que una proporción de ellos dejaron de trabajar por ser población de riesgo ante COVID.

Justamente, ese es otro de los factores relevantes: el personal médico. El gobierno federal advirtió la carencia de 240 mil trabajadores de la salud al iniciar esta administración. Con la pandemia, además, se requerían especialistas como neumólogos o enfermeras de terapia intensiva, quienes además de cumplir con el nivel académico, requieren de entrenamiento de meses para atender este tipo de pacientes u operar ventiladores, por ejemplo.

Como parte de la estrategia contra la pandemia, el Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI) comenzó la contratación de personal, que hasta el 1 de julio sumaba 50 mil, según informó el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell.  

A ello se suma que personal de salud con algún factor de riesgo como padecer obesidad, hipertensión, diabetes o afecciones cardiacas fueron retirados de sus puesto de trabajo para evitar contagio por COVID. Y que al menos 97 mil trabajadores de la salud resultaron contagiados hasta el 23 de agosto.

“Obviamente nos baja la productividad y si hay muchas enfermedades que se comienzan a relegar. A lo mejor yo tenía una hernia que no tenía mayor complicación, pero la cirugía estaba programada para mediados de julio pues ni modo, se pospone. Y pues con eso baja la carga hospitalaria”, señaló Márquez Heine.

Sistema de salud rebasado

Expertos consultados por Animal Político coincidieron en que las cifras sobre menos atención hospitalaria reflejan un sistema de salud desbordado.

El doctor e investigador Alejandro Macías, quien lideró la estrategia contra la pandemia de influenza en 2009 en México, señaló que la caída en la atención y hospitalización de diversos padecimientos también ocurrió con la crisis del virus H1N1, situación que es resultado de deficiencias sistémicas que acarrea el sistema de salud en el país.

“(En 2009) se tuvieron que detener las consultas convencionales y los hospitales perdieron la atención y la programación de los procedimientos quirúrgicos habituales y todo eso se tuvo que retomar, pero en aquella ocasión tomó alrededor de 3 a 6 meses volver a tomar cierta normalidad. Lo de aquí va a tomar años (…) El esfuerzo ahora ha sido extraordinario considerando lo maltrecho que estaba el sistema de salud mexicano”, señaló.

Aunque el gobierno federal insiste en que consiguió que el sistema de hospitales no colapse,  Xavier Tello, analista en políticas de salud, advierte que eso depende de como se mire.

“Hay estados que calcula que se van a requerir al menos dos años tan solo para sacar adelante las cirugías que se han tenido que reprogramar como no urgentes (…) lo que yo veo es un sistema de salud rebasado cuando a una señora a la que le tenían que operar una cadera no se le pudo hacer”, dijo Tello.

El especialista también cuestionó que se presuma como un éxito el contar con espacios disponibles en hospitales. “De nada sirve una cama con un ventilador si no hay alguien preparado para usarlo, y de eso también hay un déficit”, añadió.

El epidemiólogo y académico del departamento de Salud Pública de la UNAM, Malaquías López-Cervantes, coincidió con Tello en el sentido de considerar que el sistema de salud está rebasado, y cuestionó que oficialmente se haya construido una imagen de éxito por tener camas para atención de COVID, a costa de dejar a cientos de miles sin tratamiento.

“No se puede decir voy a ganar tres puntos atendiendo a este y voy a perder 30 dejando de atender a todos. La gente que recibía atención era porque necesita recibir atención y el sistema de salud mexicano es muy malo porque está basado en hospitales. Es ahí donde se detectan las enfermedades, Y si necesitan hospital y no hay hospital, es pésimo. Esto se va a reflejar después como una sobremortalidad en todas las áreas, no sólo en COVID, sino también porque no se atendieron”, concluyó.

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Cómo eran las relaciones sexuales de los neandertales

Te contamos lo que los científicos han descubierto hasta ahora sobre el momento de la historia de la humanidad en el que los humanos modernos primitivos y los neandertales tuvieron sus primeros encuentros.
6 de abril, 2021
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Recreación de una mujer neandertal.

Getty Images
El sexo entre los humanos modernos primitivos y los neandertales no era un evento raro.

Sus ojos se encontraron a través del accidentado paisaje montañoso de la Rumania prehistórica.

Era un neandertal y estaba casi al desnudo. Tenía buena postura y piel pálida, quizás ligeramente enrojecida por las quemaduras solares. Alrededor de uno de sus gruesos y musculosos bíceps llevaba un brazalete de garras de águila.

Ella era una humana modernaprimitiva, vestida con un abrigo de piel de animal con un ribete de piel de lobo. Tenía la piel oscura, piernas largas y su cabello estaba recogido en trenzas.

Él se aclaró la garganta, la miró de arriba abajo y, con una voz nasal absurdamente aguda, hizo su mejor presentación. Ella le devolvió la mirada sin comprender. Por suerte para él, no hablaban el mismo idioma. Se rieron incómodamente y, bueno, todos podemos adivinar lo que pasó después.

Por supuesto, eso podría haber sido mucho menos parecido a una escena de una apasionante novela romántica. Quizás la mujer era en realidad neandertal y el hombre pertenecía a nuestra propia especie. Tal vez su relación era de tipo informal y pragmática, porque simplemente no había mucha gente alrededor en ese momento. Incluso se ha sugerido, también, que tales conexiones no fueron consensuadas.

Si bien nunca sabremos qué sucedió realmente en este encuentro, o en otros similares, de lo que podemos estar seguros es que se dio la unión de esa pareja.

Aproximadamente entre 37.000 y 42.000 años después, en febrero de 2002, dos exploradores hicieron un descubrimiento extraordinario en un sistema de cuevas subterráneas en las montañas del suroeste de los Cárpatos, cerca de la ciudad rumana de Anina.

Dentro de la Peştera cu Oase, o “Cueva con huesos”, encontraron miles de huesos de mamíferos. Entre ellos había una mandíbula humana, cuya datación por radiocarbono reveló que era de uno de los humanos modernos primitivos más antiguos conocidos en Europa.

Se cree que los restos permanecieron intactos desde entonces. En ese momento, los científicos notaron que, si bien la mandíbula era inconfundiblemente moderna en su apariencia, también contenía algunas características inusuales similares a las de los neandertales.

Años más tarde, esta corazonada se confirmó.

Los científicos descubrieron que el individuo era un hombre y que probablemente era un 6-9% de neandertal. Esta es la concentración más alta jamás encontrada en un ser humano moderno primitivo, y alrededor de tres veces la cantidad encontrada en los europeos y asiáticos actuales, cuya composición genética es aproximadamente del 1-3% neandertal.

Debido a que el genoma contenía grandes extensiones de secuencias neandertales ininterrumpidas, los expertos calcularon que es probable que el dueño de la mandíbula haya tenido un ancestro neandertal tan solo cuatro o seis generaciones antes. Determinaron que el enlace probablemente ocurrió menos de 200 años antes de la época en que vivió.

Paisaje de los Cárpatos en Rumania.

Getty Images
Un encuentro amoroso entre nuestros ancestros humanos modernos y los neandertales pudo haber tenido lugar en las montañas de los Cárpatos.

Además de la mandíbula, el equipo encontró fragmentos de cráneo de otro individuo en Peştera cu Oase, que poseía una mezcla similar de características. Los científicos aún no han podido extraer ADN de estos restos, pero al igual que la mandíbula, se cree que pueden haber pertenecido a alguien que tenía ascendencia neandertal cercana.

Desde entonces, se ha ido acumulando la evidencia de que el sexo entre los humanos modernos primitivos y los neandertales no era un evento raro.

Escondidos en los genomas de las poblaciones actuales, hay indicios reveladores de que sucedió en muchas ocasiones distintas y en una amplia zona geográfica.

De hecho, el ADN neandertal se puede encontrar en todas las personas que viven hoy en día, incluidas las de ascendencia africana, cuyos antepasados no se cree que hayan entrado en contacto directamente con este grupo.

Y la transferencia también ocurrió al revés. En 2016, los científicos descubrieron que los neandertales de las montañas de Altai en Siberia pueden haber compartido del 1 al 7% de su genética con los antepasados de los humanos modernos, que vivieron hace aproximadamente 100.000 años.

Los besos

En 2017, Laura Weyrich, antropóloga de la Universidad Estatal de Pensilvania, descubrió la marca fantasmal de un parásito microscópico de 48.000 años aferrado a un diente prehistórico.

“Veo a los microbios antiguos como una forma de aprender más sobre el pasado, y el sarro es realmente la única forma confiable de reconstruir los microorganismos que vivían dentro de los humanos antiguos”, dice Weyrich.

Estaba particularmente interesada en lo que comían los neandertales y cómo interactuaban con su entorno. Para averiguarlo, secuenció el ADN de la placa dental en dientes hallados en tres cuevas diferentes.

Dos de las muestras se tomaron de 13 neandertales encontrados en El Sidrón, en el noroeste de España. Para sorpresa de Weyrich, uno de los dientes contenía la firma genética de un microorganismo parecido a una bacteria, Methanobrevibacter oralis, que todavía se encuentra en nuestra boca hoy en día.

Cráneo de un neandertal.

Getty Images
Los neandertales tenían rasgos faciales distintivos, pero se han encontrado algunos cráneos con una mezcla de rasgos.

“Para mí, lo que es fascinante es que este es también uno de los primeros períodos en los que describimos el mestizaje entre humanos y neandertales”, dice Weyrich. “Así que es maravilloso ver una especie de microbio envuelto en esa interacción”.

Weyrich explica que una posible ruta para la transferencia son los besos: “Cuando besas a alguien, los microbios orales van y vienen entre las bocas”, dice.

“Pudo haber sucedido una vez, pero luego de alguna manera se propagó mágicamente, si el grupo de personas infectadas tuvo éxito. Pero también podría ser algo que ocurriera con más regularidad”.

Otra forma de transferir sus microbios orales es compartiendo alimentos. Y aunque no hay evidencia directa de que un neandertal esté preparando una comida para un humano moderno primitivo, una comida romántica podría haber sido una fuente alternativa de M. oralis.

Para Weyrich, el descubrimiento es emocionante porque sugiere que nuestras interacciones con otros tipos de humanos hace mucho tiempo han dado forma a las comunidades de microorganismos que tenemos hoy.

Neandertales masculinos o femeninos

Es imposible decir con certeza si fueron en su mayoría mujeres neandertales las que se acostaron con los hombres humanos modernos primitivos, o al revés, pero hay algunas pistas.

En 2008, los arqueólogos descubrieron un hueso de un dedo roto y un solo diente molar en la cueva Denisova, en las montañas de Altai en Rusia, a partir de la cual se reveló una nueva subespecie de humanos.

Durante años, los “denisovanos” se conocían solo por el puñado de muestras desenterradas en este sitio, junto con su ADN, del cual los científicos descubrieron que su legado continúa hasta el día de hoy en los genomas de personas de ascendencia melanesia y de Asia oriental.

Los denisovanos estaban mucho más relacionados con los neandertales que los humanos actuales; las dos subespecies pueden haber tenido rangos que se superpusieron en Asia durante cientos de miles de años.

Reconstrucción de un denisovano

Maayan Harel
Los denisovanos tienen rasgos comunes con los humanos modernos y los neandertales.

Esto se hizo particularmente evidente en 2018, con el descubrimiento de un fragmento de hueso que pertenecía a una niña, apodada Denny, que tenía una madre neandertal y un padre denisovano.

En consecuencia, tendría sentido si los cromosomas sexuales masculinos de los neandertales fueran similares a los de los denisovanos. Pero cuando los científicos secuenciaron el ADN de tres neandertales, que vivieron hace 38.000 a 53.000 años, se sorprendieron al descubrir que sus cromosomas Y tenían más en común con los de los humanos actuales.

Los investigadores dicen que esto es evidencia de un “fuerte flujo de genes” entre los neandertales y los primeros humanos modernos: se cruzaban mucho.

Otra investigación ha demostrado que casi exactamente el mismo destino tuvieron las mitocondrias neandertales: la maquinaria celular que ayuda a convertir los azúcares en energía aprovechable.

Estos se transmiten exclusivamente de madres a hijos, por lo que cuando se encontraron las primeras mitocondrias humanas modernas en restos de neandertales en 2017, insinuó que nuestros antepasados también estaban teniendo relaciones sexuales con neandertales masculinos.

Enfermedades de transmisión sexual

Hace unos años, Ville Pimenoff estaba estudiando la infección de transmisión sexual por el virus del papiloma humano (VPH) cuando notó algo extraño.

Existe una clara división a nivel mundial entre dónde se encuentran ciertas variantes de este virus. En la mayor parte del planeta, lo más probable es que encuentre el tipo A, mientras que en el África subsahariana la mayoría de las personas están infectadas con los tipos B y C.

Curiosamente, el patrón coincide exactamente con la distribución del ADN neandertal en todo el mundo, pues las personas en África subsahariana no solo portan cepas inusuales del VPH, sino que tienen relativamente poco material genético neandertal.

Para averiguar qué estaba pasando, Pimenoff utilizó la diversidad genética entre el tipo A actual para determinar que surgió por primera vez hace 60.000-120.000 años aproximadamente. Esto lo hace mucho más anterior que los otros tipos de VPH-16 y, lo que es más importante, ocurre en la época en que los primeros humanos modernos emergieron de África y entraron en contacto con los neandertales.

Aunque es difícil de probar definitivamente, Pimenoff cree que inmediatamente comenzaron a intercambiar enfermedades de transmisión sexual, y que la división en las variantes del VPH-16 refleja el hecho de que adquirimos el tipo A de sus antecesores.

“Lo probé miles de veces usando técnicas computacionales, y el resultado siempre fue el mismo: que este es el escenario más plausible”, dice Pimenoff.

Curiosamente, Pimenoff también cree que la adquisición del tipo A de los neandertales explica por qué es tan canceroso en los seres humanos: debido a que lo encontramos por primera vez hace relativamente poco, nuestro sistema inmunológico aún no ha evolucionado para poder eliminar la infección.

Neandertal

Lambert/Ullstein Bild/Getty Images
Tanto hombres como mujeres neandertales se cruzaron con nuestra propia especie, según registros genéticos.

De hecho, el sexo con neandertales podría habernos dejado otros virus, incluido un antiguo pariente del VIH. Pero no hay necesidad de sentirse resentido con nuestros parientes, porque también hay evidencia de que les contagiamos ETS, incluido el herpes.

Los órganos sexuales

Aunque pueda parecer burdo preguntarse cómo eran los penes y las vaginas de los neandertales, los genitales de diferentes organismos han sido objeto de un vasto cuerpo de investigación científica.

Resulta que los órganos sexuales de un animal pueden revelar una cantidad sorprendente de información sobre su estilo de vida, estrategias de apareamiento e historia evolutiva, por lo que hacer preguntas sobre ellos es solo otra ruta para comprenderlos.

El reino animal contiene una variedad caleidoscópica de diseños. Estos incluyen el pulpo argonauta y su pene desmontable con forma de gusano, que puede nadar solo para aparearse con las hembras, o las vaginas triples de canguros, que hacen posible que las hembras estén embarazadas perpetuamente.

Una de las formas en las que los penes humanos son inusuales es que son lisos.

Nuestros parientes vivos más cercanos, los chimpancés comunes y los bonobos, con quienes compartimos alrededor del 99% de nuestro ADN, tienen “espinas del pene”.

Se cree que estas pequeñas púas, que están hechas de la misma sustancia que la piel y el cabello (queratina), evolucionaron para eliminar los espermatozoides de los machos competidores o para irritar ligeramente la vagina de la hembra y hacer que deje de tener relaciones sexuales por un tiempo.

En 2013, los científicos descubrieron que el código genético de las espinas del pene no existe en los genomas neandertal y denisovano, al igual que en los humanos modernos, lo que sugiere que desapareció de nuestros antepasados comunes hace al menos 800.000 años.

Esto es significativo, porque se cree que las espinas del pene son más útiles en especies promiscuas, donde pueden ayudar a los machos a competir con otros y maximizar las posibilidades de reproducción.

Esto ha llevado a la especulación de que, como nosotros, los neandertales y los denisovanos eran en su mayoría monógamos.

Evolución

Getty Images
Hace 100.000 años convivieron diferentes grupos de humanos.

Más promiscuos

Sin embargo, hay alguna evidencia que sugiere que los neandertales tenían más sexo que los humanos modernos.

Los estudios en fetos han demostrado que la presencia de andrógenos como la testosterona en el útero puede afectar la “proporción de los dígitos” de una persona en la edad adulta, una medida de cómo se comparan las longitudes de los dedos índice y anular, calculada dividiendo el primero por el segundo.

En un entorno con niveles altos de testosterona, las personas tienden a terminar con proporciones más bajas. Esto es así independientemente del sexo biológico.

Desde este descubrimiento, se han encontrado vínculos entre la proporción de dígitos y el atractivo facial, la orientación sexual, la asunción de riesgos, el rendimiento académico, cuán empáticas son las mujeres, cuán dominantes parecen los hombres e incluso el tamaño de sus testículos, aunque algunos estudios en esta área son controvertidos.

En 2010, un equipo de científicos también notó un patrón entre los parientes más cercanos de los humanos. Resulta que los chimpancés, gorilas y orangutanes, que generalmente son más promiscuos, tienen proporciones de dígitos más bajas en promedio, mientras que un humano moderno primitivo encontrado en una cueva israelí y los humanos actuales tenían proporciones más altas (0,935 y 0,957, respectivamente).

Los humanos son ampliamente monógamos, por lo que los investigadores sugirieron que podría haber un vínculo entre la proporción de dígitos de una especie y la estrategia sexual.

Si tienen razón, los neandertales, que tenían proporciones entre los dos grupos (0,928), eran un poco menos monógamos que los humanos modernos y actuales.

En familia

Una vez que una pareja de humanos neandertales-modernos-primitivos se encontraban, es posible que se establecieran cerca de donde vivía el hombre, y cada generación seguía el mismo patrón.

La evidencia genética de los neandertales sugiere que los hogares estaban compuestos por hombres, sus parejas e hijos. Las mujeres parecían abandonar el hogar familiar cuando encontraban pareja.

Otra idea de su unión para siempre proviene de un estudio de los genes que dejaron en los islandeses de la actualidad.

El año pasado, un análisis de los genomas de 27.566 de estos individuos reveló las edades en las que los neandertales tendían a tener hijos: mientras que las mujeres eran generalmente mayores que sus homólogas humanas modernas, los hombres generalmente eran padres jóvenes.

Garra de un águila.

STR/AFP/Getty Images
Hace cerca de 130.000 años, un neandertal en lo que hoy es Croacia cortó la garra de un águila posiblemente para hacer joyas.

Si la pareja del principio de este artículo hubiera tenido un un bebé, tal vez, como otros neandertales, la madre lo habría amamantado durante unos nueve meses y destetado por completo alrededor de los 14 meses, que es antes que los humanos en las sociedades modernas no industriales.

La curiosidad sobre estas interacciones antiguas está revelando nueva información sobre cómo vivían los neandertales en general y por qué desaparecieron.

Se cree que estas uniones han contribuido a una variedad de rasgos que los humanos modernos llevamos hoy, desde el tono de piel, el color del cabello y la altura hasta nuestros patrones de sueño, estado de ánimo y sistema inmunológico.

Aprender sobre ellos ya está llevando a posibles tratamientos para enfermedades modernas, como los medicamentos que se dirigen a un gen neandertal que se cree que contribuye a los casos graves de covid-19 .

Ahora se cree que la extinción de los neandertales hace aproximadamente 40.000 años puede haber sido impulsada en parte por nuestra atracción mutua, así como por factores como el cambio climático repentino y la endogamia.

Una teoría emergente es que las enfermedades transmitidas por las dos subespecies, como el VPH y el herpes, inicialmente formaron una barrera invisible, que impedía expandir su territorio y potencialmente entrar en contacto.

En las pocas áreas en las que se superpusieron, se cruzaron y los primeros humanos modernos adquirieron genes de inmunidad útiles que de repente hicieron posible aventurarse más lejos.

Pero los neandertales no tuvieron tanta suerte: el modelo sugiere que si tuvieran una mayor carga de enfermedades, es posible que hayan permanecido vulnerables a estas nuevas cepas exóticas durante más tiempo, independientemente del mestizaje, y esto significa que estaban estancados.

Finalmente, los antepasados de los humanos actuales llegaron a sus territorios y los aniquilaron.

Otra idea es que absorbimos gradualmente su población relativamente pequeña en la de los primeros humanos modernos. Después de todo, ya habían adoptado en gran medida nuestros cromosomas Y así como las mitocondrias, y al menos el 20% de su ADN todavía existe en personas vivas en la actualidad.

Quizás la pareja que se unió en la Rumania prehistórica sobreviva en alguien que lee este artículo.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en BBC Future.


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