60% de personas asesinadas en 2019 no superaban la educación básica
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60% de las personas asesinadas en 2019 no superaban la educación básica

2019 presenta las cifras mas altas de jóvenes, adultos mayores y personas desocupadas asesinadas. En Guanajuato, Edomex, Chihuahua y Michoacán hay subregistros de 200 a 400 homicidios.
Cuartoscuro
24 de septiembre, 2020
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Seis de cada 10 personas que fueron asesinadas en México en 2019 tenía, como mucho, la secundaria terminada; y tres de cada 10 apenas la primaria. La cuarta parte de todas las víctimas eran jóvenes menores de 30 años. Este tipo de homicidios, así como los de personas sin empleo, crecieron el año pasado.

Los datos preliminares de homicidios cometidos en 2019 dados a conocer por el Inegi revelan que 36 mil 476 personas en total fueron asesinadas en el país, una cifra ligeramente inferior a la de 2018 que fue un año récord en violencia. Pero algunas víctimas en específico, como los jóvenes, las personas con educación básica truncada o las desocupadas, sí subieron.

Leer más: Con más de 3 mil homicidios en agosto, 2019 mantiene récord de violencia

Además, la estadística muestra que en algunos estados hay más asesinatos de los que reconocen oficialmente sus fiscalías. Los casos más notorios son los de Chihuahua, Guanajuato, Estado de México y Michoacán, donde las cifras van de 200 a 400 homicidios por encima de lo que habían reportado.

De acuerdo con el balance de Inegi, de las 36 mil 476 personas que fueron asesinadas el año pasado en el país, 32 mil 372 eran hombres y 3 mil 874 mujeres. Como ya se publicó, en el caso de las mujeres es la cifra más alta de víctimas al menos desde 1990, el año más antiguo del que hay registros.

En cuanto a edades, del total de víctimas hay 14 mil 4 que están registradas como menores a 30 años, que equivalen a un 38%. En comparación con 2018, se trata de 257 víctimas más en este rango de edad, lo que convierte a 2019 en el año con más jóvenes asesinados del que haya registro.

Del total de menores de 30 años asesinados, hay 1 mil 494 que no llegaban a los 18 años de edad. Y entre ellos hay 68 que eran bebés que no habían cumplido su primer año de edad; 102 que eran niños de 1 a 4 años; y 83 que tenían 5 a 9 años de edad.

En el otro extremo, el instituto reportó a 590 personas asesinadas mayores de 70 años, ocho casos más que 2018. Se trata, de nueva cuenta, del año con la mayor cantidad de adultos mayores que perdieron la vida de forma violenta en estos registros.

Menos educación, más violencia

Los datos preliminares de Inegi muestran que del total de personas asesinadas el año pasado, 22 mil 844 personas tenían, en el mejor de los casos, la educación básica terminada. Y la mayoría de ellas ni eso. Es, en promedio, 6 de cada 10 de las víctimas registradas.

En 2018, el registro fue de 22 mil 125 personas asesinadas con solo la educación básica completa o truncada, por lo que la cifra de este año es superior en más de 700 casos.

Del grupo de los 22 mil 844 asesinados este año con solo educación básica o menos, hay 10 mil 440 que solo terminaron la primaria o ni eso. Se trata, en proporción, de casi la tercera parte de todas las víctimas de homicidios en el país.

El desglose a detalle arroja que en 2019 fueron asesinadas 3 mil 261 personas con primaria incompleta; 7 mil 179 solo con primaria terminado; 2 mil 720 con secundaria incompleta; y 9 mil 682 con secundaria realizada.

En el otro extremo, los datos muestran que del total de víctimas hay 2 mil 470 que tenían licenciatura terminada, que equivalen a solo el 6% del total de los homicidios registrados.

Por otro lado, los datos oficiales recopilados por Inegi a partir de los certificados de salud muestran que en 2019 hubo 1 mil 203 personas asesinadas que hablaban una lengua indígena, cifra prácticamente idéntica a la del año antepasado.

En donde sí hubo un incremento es en la cifra de personas asesinadas que carecían de algún servicio de seguridad social (IMSS, ISSSTE, Fuerzas Armadas, Pemex). La cifra pasó de 12 mil 337 en 2018 a 12 mil 681 en 2019. 

En promedio, el 35% de las personas asesinadas el año pasado carecía de algún servicio de seguridad social.

Sube violencia en desempleados

Los datos también permiten identificar que al menos 5 mil 740 personas asesinadas en 2019 no tenían ningún tipo de empleo. Se trata de un incremento del 21%, respecto a 2018 donde el registro fue de 4 mil 729.

En proporción, al menos 1 de cada 6 mujeres y hombres asesinados el año pasado carecía de cualquier tipo de empleo formal o informal. Es la cifra más alta de personas desempleadas asesinadas en más de dos décadas de registros.

En cuanto a la población de víctimas que sí estaba ocupada, en general el balance es similar de 2018 a 2019, aunque con ligeros incrementos en cuanto a la cifra de trabajadores artesanales que pasó de 4 mil 763 a 4 mil 954 víctimas; y la de agricultores y ganaderos que creció de 3 mil 199 a 3 mil 307 víctimas.

Subregistro en los estados

De acuerdo con Inegi, en 2019 fueron asesinadas 36 mil 476 personas en México. Esta cifra es superior en 844 casos a las 35 mil 632 víctimas de homicidio y feminicidio que las 32 fiscalías del país reportaron oficialmente al Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

Las variaciones se originan porque la fuente de información de Inegi son los certificados de defunción que expiden los médicos al clasificar un deceso, mientras que los datos de las fiscalías provienen de las carpetas de investigación que se inician cuando se comete o se descubre un presunto homicidio doloso o feminicidio.

Lo anterior permite ubicar posibles casos de homicidio que no están siendo identificados y por ende investigados por las fiscalías de los estados. Es decir, un subregistro en este delito.

Las diferencias más grandes se advierten justo en estados que figuran entre los más violentos del país. El caso mas llamativo es el de Guanajuato donde Inegi reporta 416 homicidios más que los reconocidos por su Fiscalía, es decir 3 mil 558 en SESNSP contra 3 mil 974.

Le sigue Michoacán, donde Inegi reporta 386 crímenes más por encima de los que reporta la Fiscalía estatal; Chihuahua donde se advierte un subregistro de 350 asesinatos al menos; y el Estado de México, donde hay 255 homicidios por encima de lo informado en el SESNSP.

Todas las entidades registran variaciones en los homicidios reportados en Inegi y SESNSP, aunque en menor proporción que las anteriores. No obstante, también se da un fenómeno inverso en el que en Inegi aparecen menos asesinatos que los reportados por las fiscalías estatales.

La mayor diferencia en cuanto a esto se advierte en Ciudad de México, donde Inegi registra 1 mil 300 homicidios en 2019, que son 325 menos que los mil 625 que reportó la Fiscalía General de Justicia capitalina. También Veracruz reporta en 2019 un total de 297 asesinatos más que los que aparecen en instituto; Jalisco 244 más.

Autoridades federales consultadas por Animal Político explicaron que las cifras inferiores en Inegi obedecen a dos factores principales. Por un lado, los datos del instituto son preliminares y se prevé que las cifras definitivas que se darán a conocer en octubre eleven los conteos en estados debido a que aun está pendiente la revisión de algunos certificados de salud.

Por otro lado, existen víctimas de homicidio sobretodo ligadas al hallazgo de fosas clandestinas, como sucede en Jalisco, que las fiscalías reportaron en 2019, aunque los homicidios casi con toda seguridad corresponden a años previos y por eso no figuran en los registros del instituto.

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Karol Czinege/EyeEm/Getty Images

¿Por qué nos gusta tanto la comida crujiente? (y cómo el sonido se convirtió en el sabor olvidado)

Decimos que comemos con los ojos, ¿pero sabías que también puedes comer con los oídos? Por extraño que parezca, los sonidos - y especialmente lo crujiente y crocante - tienen mucho que ver con la experiencia culinaria.
Karol Czinege/EyeEm/Getty Images
18 de octubre, 2020
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El sonido es el sabor olvidado. No solo comemos con la boca, con la nariz o con los ojos. También lo hacemos con el oído.

Lo dice el experto en psicología experimental Charles Spence, que lleva casi dos décadas investigando cómo nuestro cerebro procesa información de cada uno de nuestro sentidos, y cómo comprender eso puede ayudarnos a diseñar mejores alimentos (o unos que nos agraden más).

“Desde el crujido de la comida, hasta el ruido del empaquetado, el roce de la cuchara en el plato o la música que escuchamos mientras comemos; todos los sonidos afectan a nuestra experiencia culinaria, unos más que otros, y también al sabor”, le cuenta a BBC Mundo.

Spence, autor de Gastrophysics: the new science of eating (“Gastrofísica: La nueva ciencia de la comida“, 2017), dirige el laboratorio Crossmodal Research de la Universidad de Oxford, Reino Unido, integrado por especialistas en psicología, neurociencia y cocina. También colabora con chefs de renombre -como el español Ferrán Adriá o el británico Heston Blumenthal- para crear experiencias culinarias “multisensoriales”.

Y es que, según el científico, comer es una experiencia mucho más multisensorial de lo que solemos reconocer, sobre todo a nivel auditivo.

No es el único que lo piensa. “Hay varias cosas que nos hacen sentirnos satisfechos con la comida: el olor, el gusto y la textura, en la que incluimos el sonido”, le dice a BBC Mundo la consultora en alimentación Amanda Miles-Ricketts. “Y no hay nada más satisfactorio que algo crujiente o crocante”.

"No importa que música escuches: hay un sabor que seguro combina bien con ella".", Source: Charles Spence, Source description: psicólogo experimental, Universidad de Oxford, Image:

Precisamente, la preferencia del ser humano por lo crujiente es algo que lleva años fascinando a Spence.

Uno de sus mayores logros es haber creado un ruido electrónicamente modificado de la papa frita para convencer al consumidor de que era más crujiente. Fue un experimento que surgió de la pregunta de si el sabor de una papa frita sería diferente si alteramos su crujido. Y resultó que sí.

La Universidad de Harvard le entregó por ello un Ig Nobel, una parodia del prestigioso galardón “para hacer reír, y luego pensar”.

Pero la cuestión de por qué nos gusta tanto la comida crujiente tiene un trasfondo más serio de lo que parece.

niño comiendo alitas de pollo

Chakarin Wattanamongkol/Getty Images
¿Te entró el apetito?

“Cuando hicimos ese experimento en 2009 era difícil creer que habría interés en el tema, pero desde entonces han surgido muchos trabajos y experimentos para combinar diferentes sonidos y sabores”.

¿Qué nos pasa con la comida crujiente?

“La comida rápida suele ser crujiente, crocante, casi siempre ruidosa”, dice Spence. “A nadie le gusta la idea de una papa frita esponjosa, incluso aunque sepamos que tiene todos los elementos que le dan ese sabor”, comenta el psicólogo.

En su laboratorio de Oxford, ha podido demostrar que las diferentes frecuencias de crujidos pueden alterar cómo percibimos su sabor o incluso que algunos alimentos nos parezcan de mejor o de peor calidad.

“Es una reacción instantánea en nuestro cerebro”, dice Spence. “Todavía estamos investigando por qué nos atrae tanto lo crujiente, pero existen varias teorías”.

“Una de ellas parte de que las verduras y los vegetales más ‘ruidosos’ suelen ser más frescos (y viceversa), por lo que asociamos lo crujiente con lo saludable“.

“Por otro lado (y paradójicamente), algunos alimentos crujientes -como las galletas, los cereales o las frituras- suelen tener un alto contenido en grasa…. y a nuestro cerebro le gusta la idea de grasa, lo cual explicaría nuestra preferencia por ese sonido”.

cereales

Getty Images
Cuando comes algo crujiente, prestas más atención a lo que ocurre dentro de tu boca.

A Miles-Ricketts -que tiene una marca propia de tés especializada en salud y bienestar que lanzó tras sufrir problemas en la piel- le preocupa eso. “Al margen de las manzanas, que obviamente son saludables, los alimentos poco saludables y adictivos que no son naturales suelen ser crujientes. No es pura coincidencia“.

“Finalmente”, añade Spence, “otra teoría que surgió hace un par de años es que cuando empezamos a degustar algo nos suele resultar más sabroso, y nuestro cerebro se va adaptando y desconectando a medida que le parece menos ‘interesante’, pero cuando comes algo ruidoso eso dirige tu atención hacia tu boca, lo cual ayuda a que el sabor se quede por más tiempo”.

Eso significaría que puede que nos guste más la comida crujiente porque sentimos que su sabor dura más.

Pero la cuestión de la experiencia sensorial -y sonora- de la comida va más allá de lo crujiente.

Maridaje fonético

“Piensa en el sonido cuando abres una lata, una botella, el corcho del vino o incluso el del microondas. Todo ello afecta a nuestra experiencia y a cómo percibimos el sabor”, explica Spence. “No es casualidad que las papas fritas se vendan en bolsas de plástico especialmente ruidosas; es puro marketing intuitivo”.

Y así como los ruidos afectan al sabor, también lo hace la música.

"Los alimentos poco saludables y adictivos que no son naturales suelen ser crujientes".", Source: Amanda Miles-Ricketts, Source description: consultora en alimentación y fundadora de Niche Tea, Image:

Spence y su equipo han investigado cómo los sabores dulces y agrios suelen asociarse con notas de alta frecuencia, mientras que los amargos equivalen a notas de baja frecuencia.

“Si, por ejemplo, escuchas cierta música mientras tomas una taza de café o comes una porción de chocolate, puedes intensificar su dulzura“, explica Spence.

Es lo que él llama “sazonar fonéticamente” la comida.

El científico asegura que muchas marcas y músicos se han interesado por esta técnica y ya están poniendo en prácticas maneras de combinar sabores y sonidos para mejorar la experiencia culinaria y responder a la pregunta de “cuál es el sonido de su sabor”.

Miles-Ricketts cree que cada vez más actores en la industria alimentaria tienen en cuenta la “funcionalidad y el propósito de sus productos” y el hecho de que la alimentación es “una experiencia multisensorial”.

papas fritas

Getty Images
¡Ese “crunch” es muy deseable!

“Podríamos incluso aprovechar esto para comer de forma más saludable”, propone Spence. “Podríamos comer con menos azúcar si añadimos un poco de ‘música dulce’ para sazonar alimentos, en lugar de la alta música de algunos restaurantes que, de hecho, suprime nuestra capacidad de saborear adecuadamente”.

“Así como maridamos ciertos alimentos con ciertos vinos, podemos maridar sabores con sonidos y formas“.

“Muchos nunca habrían imaginado que la música puede alterar el sabor de la comida, pero es todo un nuevo campo por explorar. ¿Por qué no maridar un sabor con un sonido?”

“No importa que música escuches: hay un sabor que seguro combina bien con ella”.


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