Solo 1 de cada 3 policías del país está certificado como apto para trabajar
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Cuartoscuro

Solo 1 de cada 3 policías del país está certificado como apto para hacer su trabajo

A cuatro años de la creación de los lineamientos para certificar a todos los policías del país, esto sigue sin conseguirse. Al ritmo actual se necesitarían otros cuatro años para concluir el proceso.
Cuartoscuro
7 de septiembre, 2020
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En México solo uno de cada tres policías que patrullan las calles, indagan delitos o controlan el tránsito cuentan con el certificado que prueba que tienen las habilidades suficientes para hacer bien ese trabajo. Ello pese a que esta semana se cumplen cuatro años desde que se expidieron los lineamientos para certificarlos.

Fue el 9 de septiembre de 2016 cuando el Consejo Nacional de Seguridad publicó las reglas para que cada policía del país obtuviera el Certificado Único Policial (CUP), que avala que el agente aprobó diversas pruebas que la ley marca, entre ellas exámenes físicos, sicológicos, de conocimientos, toxicológicos, y de control de confianza.

Superar las evaluaciones y contar con la certificación es un requisito obligatorio para que un policía pueda oficialmente estar en activo, de acuerdo con la Ley del Sistema Nacional de Seguridad Pública

Lee: Policías dan golpiza a detenido en Chiapas; Comisión denuncia trato degradante

Pero datos obtenidos vía transparencia por Animal Político arrojan que, de los 409 mil 870 policías estatales, municipales y de investigación en activo en el país hasta julio pasado, solo 140 mil 210 que equivalen a la tercera parte de todos ellos cuenta con el CUP expedido a su favor.

La certificación completa de los policías del país, y por ende la depuración de aquellos que no cuenten con las capacidades para serlo, es un objetivo que se ha incumplido por parte de los gobiernos pese a las prórrogas que se han dado para ello.

Inicialmente y con la emisión de los lineamientos para otorgar el CUP se autorizó un plazo de tres años para que todos los estados y la federación pudieron completar el procedimiento el cual vencía el 9 de septiembre de 2019.

Sin embargo, y como este medio publicó en su momento, al concluir dicho periodo de tres años solo se había conseguido la certificación de la cuarta parte de los policías desplegados en el país- El Consejo Nacional de Seguridad decidió entonces dar una mueva prórroga de 18 meses que concluirá en marzo de 2021.

El problema es que transcurrido un año de dicho plazo apenas se ha conseguido certificar a 60 mil policías mas. A este ritmo se necesitarían al menos de cuatro años mas para concluir la certificación. Es decir, del doble del tiempo que ha transcurrido desde que se emitieron los lineamientos del CUP.

Quien es quien en la certificación

Los datos proporcionados por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) en respuesta a una solicitud de transparencia dan cuenta de los distintos niveles de retraso en que se encuentra las distintas corporaciones policiales y entidades del país.

El mayor retraso en cuanto a porcentaje se encuentra a nivel de los policías estatales, pues de los 230 mil 630 que se encuentran desplegados en el país, solo 65 mil 304 que equivalen al 28.3 por ciento cuentan con el CUP. 

Lee: Policías de León, Guanajuato, torturaron y agredieron sexualmente a adolescentes

Ciudad de México es la entidad federativa con la menor proporción de policías certificados con un 10 por ciento. Sin embargo, en realidad es la segunda entidad con la mayor cantidad de policías certificados con casi 10 mil 500, solo que su estado de fuerza supera los cien mil efectivos (mas que cualquiera en el país) lo que reduce su porcentaje.

Las otras entidades con un porcentaje de policías estatales con CUP menor al 30 por ciento son Veracruz con apenas 15 por ciento; Puebla con 16 por ciento; Chihuahua con 19 por ciento; Nayarit con 22 por ciento; Hidalgo y Yucatán con 26 por ciento; y Zacatecas y Michoacán con 29 por ciento.

En el otro extremo destacan Guanajuato y Querétaro como las entidades con mayor avance al reportar mas del 80 por ciento de sus policías con su CUP.

En el universo de las policías municipales, en el país hay 141 mil 196 uniformados desplegados de los cuales 62 mil 8, que representan el 43.9 por ciento, cuentan con la mencionada certificación.

El foco rojo a nivel municipal es, por mucho, Guerrero donde apenas el 3 por ciento de los agentes municipales cuenta con la certificación que los avala como aptos para realizar dicho trabajo. Otros cuatro estados reportan solo entre el 10 y 20 por ciento de sus policías municipales con CUP: Tlaxcala, Veracruz, Baja California y Chihuahua.

En cambio, hay cuatro estados donde más del 80 por ciento de los agentes municipales cuentan con certificación: Durango, Campeche, Colima y Querétaro.

Y en el caso de los policías de investigación (también llamados policías ministeriales) adscritos a las fiscalías y procuradurías estatales, los datos arrojan que de los 38 mil 44 elementos apenas 12 mil 898 que equivalen al 33.9 por ciento cuentan con la certificación que marca la ley.

En este caso hay tres estados con menos del 1 por ciento de sus agentes ministeriales certificados: Hidalgo, Ciudad de México, y Sonora. Por el contrario, Querétaro y Chihuahua reportan arriba del 90 por ciento de sus agentes que ya cuentan con el CUP.

¿Y las fuerzas federales? Aun peor…

Si los estados y municipios no han cumplido con la certificación de sus policías, el gobierno federal menos. Incluso, su nivel de avance es aun inferior.

Los datos entregados por el SESNSP arrojan que la Guardia Nacional (antes Policía Federal) contaba hasta julio pasado con 83 mil 39 elementos desplegados en el país. Sin embargo, apenas 8 mil 605 de sus elementos cuentan con el CUP. Esto es apenas 1 de cada 10 guardias desplegados.

Animal Político publicó el pasado 17 de agosto que la conformación de la Guardia se ha acelerado gracias a la transferencia de reclutas de las fuerzas armadas que no cuentan con las mínimas evaluaciones policiales que marca la ley.

En cuanto a la Fiscalía General de la República (antes PGR) los datos tampoco son favorables; de sus 4 mil 81 policías ministeriales o de investigación, apenas 660 que equivalen al 16 por ciento están debidamente certificados. Se trata de solo 1 de cada 5 agentes federales con CUP.

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Qué es la 'coronafobia', el miedo 'desadaptativo' que no nos protege del COVID

Los individuos con este miedo extremo tienden a experimentar un conjunto de síntomas fisiológicos desagradables desencadenados por pensamientos o información relacionada con esta enfermedad.
10 de enero, 2022
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Para el año 2030, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que los problemas de salud mental serán la principal causa de discapacidad en el mundo.

Según un informe del Ministerio de Sanidad español, el trastorno de ansiedad es el más frecuente: afecta al 6,7 % de población (8,8 % en mujeres, 4,5 % en hombres). Esta cifra alcanza el 10,4 % si se incluyen signos o síntomas de ansiedad.

Dentro de este espectro de problemas mentales, uno de los diagnósticos más frecuentes es el trastorno de ansiedad fóbica o fobia específica.

La última edición de Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM V) define estos trastornos como la aparición de miedo o ansiedad intensa, inmediata (casi siempre) y desproporcionada ante objetos o situaciones específicas que, de forma general, no serían consideradas peligrosas y que, además, el paciente intenta evitar o resistir activamente.

El miedo “desadaptativo”, el que no nos protege

Las fobias tienen como punto de partida la emoción básica de miedo.

Normalmente, esta tiene una función eminentemente adaptativa para la supervivencia. Permite detectar amenazas inminentes reales y generar una respuesta apropiada frente a las mismas.

Sin embargo, cuando dicho miedo interfiere de forma negativa en el funcionamiento cotidiano de la persona en alguno de los ámbitos de su vida por ser persistente, desproporcionado, irracional e infundado, pierde su carácter adaptativo.

De hecho, la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM V), de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, contempla el siguiente criterio diagnóstico para la fobia: el miedo, la ansiedad o la evitación causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

Y esta es precisamente la característica fundamental que convierte a la fobia en un problema de salud mental.

La pandemia, un caldo de cultivo para las fobias

La pandemia de covid-19 ha erosionado la salud mental de una gran parte de la sociedad.

Del mismo modo, en personas vulnerables o con predisposición ha supuesto un aumento alarmante de los trastornos mentales. Los más prevalentes son la depresión y la ansiedad.

De forma más concreta, cualquier situación alarmante o catastrófica (como una pandemia) supone el caldo de cultivo perfecto para la aparición de trastornos relacionados con el miedo excesivo.

niños en la escuela

Malte Mueller/Getty Images
Las medidas de contención y el aislamiento social han perjudicado la salud mental de muchas personas.

Así, diversos estudios que han evaluado brotes previos de enfermedades infecciosas como la gripe española de 1918 o el brote de ébola en África Occidental en 2014 han asociado estos a respuestas cognitivas, afectivas o conductuales desproporcionadas frente a cualquier aspecto asociado a las mismas.

Son destacables aspectos como el riesgo de infección a través del contacto físico o los espacios cerrados, la muerte o infección de seres queridos, las medidas de contención, el aislamiento social y la soledad, la pérdida masiva de empleo o la inestabilidad financiera, entre otros.

En este contexto, sabemos que no todo el mundo tiene la misma posibilidad de desarrollar una fobiaante un determinado evento desencadenante. Dependerá de la presencia de factores genéticos y ambientales, además de otros factores específicos de cada tipo de fobia.

Por ejemplo, en el caso de las fobias asociadas a las pandemias (como la de covid-19), se ha visto que las variables de diferencia individual como la falta de tolerancia a la incertidumbre, la vulnerabilidad percibida a la enfermedad o la propensión a la ansiedad parecen desempeñar un papel fundamental.

Fobias asociadas al confinamiento

La medida del confinamiento impuesta en prácticamente todos los países al inicio de la pandemia llevaron a un aislamiento.

Esto se ha traducido en una reducción drástica del contacto físico y social y una afectación de la salud mental. En este proceso también participaron las restricciones en el ocio y tiempo libre.

Las consecuencias de ello han sido diversas en relación a la salud mental de las personas.

Por un lado, asociado directamente al aislamiento social destaca la agorafobia, un trastorno de ansiedad fóbica en el que la persona experimenta un miedo intenso ante lugares o situaciones de los cuales sería difícil huir o pedir ayuda en caso de urgencia.

Por otro lado, el aislamiento también puede llevar asociada una afectación negativa de las habilidades sociales, con una mayor propensión a la fobia social.

ilustración: confinamiento

Malte Mueller/Getty Images
El confinamiento puede dejar una huella psicológica.

El grupo poblacional que más se ha visto afectado son los adolescentes. En este caso, el miedo se da ante situaciones sociales en las que el individuo está expuesto al posible examen por parte de otras personas.

“Coronafobia” y otras fobias asociadas al contagio

A un lado, una de las fobias que la actual pandemia ha generado de forma específica es la conocida como ‘coronafobia’, una ansiedad excesiva a contraer el covid-19.

Así, los individuos con este miedo extremo tienden a experimentar un conjunto de síntomas fisiológicos desagradables desencadenados por pensamientos o información relacionada con esta enfermedad.

Esta fobia es realmente incapacitante en la medida en que está fuertemente relacionada con el deterioro funcional y la angustia psicológica y, por tanto, tiene importantes implicaciones para el bienestar mental.

Asimismo, relacionado con el miedo excesivo al contagio, es destacable el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), otra alteración relacionada con la ansiedad cuyos síntomas pueden verse exacerbados en el contexto del covid-19.

El DSM V define el TOC como la presencia de obsesiones, compulsiones o ambas.

ilustración: mujer con mascarilla

Malte Mueller/Getty Images
El miedo al contagio es más dañino para algunas personas que el contagio en sí mismo.

En primer lugar, las obsesiones son pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes no deseadas. Por ejemplo, en el contexto de la pandemia, la idea de contagiarse o de contagiar a los seres queridos.

En segundo lugar, las compulsiones pueden aparecer para hacer frente al malestar generado por las obsesiones en forma de comportamientos repetitivos que la persona aplica de manera rígida.

Por ejemplo, lavarse las manos con frecuencia se ha planteado como una medida de prevención más frente a la infección.

Sin embargo, esta conducta suele ser una compulsión frecuente del TOC asociado a la contaminación.

Así, esta acción que es adecuada y saludable (no solo en época de pandemia si no de forma general) puede convertirse en la base del aumento de la prevalencia del TOC asociado al covid-19 en este caso.

Evaluación de la coronafobia

La coronafobia es un problema relativamente nuevo dado que se trata de una fobia específicamente asociada al covid-19.

No obstante, existen estudios sobre fobias relacionadas con otras enfermedades infecciosas como se ha comentado anteriormente.

ilustración: terapia covid

Malte Mueller/Getty Images
Los psiquiatras están desarrollando herramientas para evaluar la coronafobia.

Debido a ello, y siguiendo las recomendaciones de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA), se están desarrollando herramientas con propiedades psicométricas válidas para un correcto diagnóstico de este trastorno en auge.

Un ejemplo de este tipo de instrumentos de evaluación es la Escala de Fobia COVID-19.

Esta ha demostrado validez convergente y discriminante así como consistencia interna. Además, ha sido validada en poblaciones de diferentes partes del mundo como Estados Unidos, Corea e Irán.

Dada la situación tan alarmante asociada a la pandemia que se mantiene a largo plazo de manera más o menos latente, este tipo de instrumentos son fundamentales.

No solo son importantes para diagnosticar nuevos casos específicos de coronafobia, sino también por la posible exacerbación de la sintomatología de pacientes en tratamiento.

O, incluso, por las recaídas que puedan presentar antiguos pacientes que ya habían sido dados de alta.


*Aránzazu Duque Moreno es doctora en Neurociencias, directora del Grado en Psicología y Secretaria de la Cátedra de Humanización de la Asistencia Sanitaria y miembro del grupo de investigación Psicología y Calidad de Vida en la Universidad Internacional de Valencia (España).

*Basilio Blanco Núñez es personal docente investigador de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Internacional de Valencia (España).

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation y se publica en BBC Mundo bajo licencia Creative Commons. Puedes leer la versión original aquí.


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