En 2019 crecen muertes por diabetes, cáncer, suicidios y VIH
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En 2019 crecen muertes por diabetes, cáncer, suicidios y VIH; bajan por accidentes viales

Aun sin COVID, el 2019 fue el año con la mayor tasa de muertes de la última década en México; son cinco años con el nivel global de mortalidad al alza.
Cuartoscuro
30 de octubre, 2020
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Un total de 747 mil 784 personas perdieron la vida en 2019 en México. En promedio, por cada 10 mil personas que habitan en nuestro país, hubo 59 que fallecieron. Se trata de la mayor tasa anual de muertes de la última década.

Los fallecimientos por enfermedades como cáncer, diabetes o influenza, junto con los decesos por otras causas como el VIH, trastornos mentales e incluso los suicidios, crecieron el año pasado. En contraste, los homicidios se estabilizaron por primera vez en el último lustro y las muertes por accidentes de transito registraron un leve descenso.

Así lo revelan los datos oficiales de mortalidad de 2019 publicados ayer por el Inegi, a partir de los cuales también es posible dimensionar el nivel de mortalidad que ha tenido el COVID-19 en 2020. Y es que, comparado con 2019, los más de 90 mil casos confirmados hasta ahora por la nueva enfermedad la ubicarían como la tercera causa de muerte solo detrás de los infartos y la diabetes.

Y si se toma en cuenta que la cifra de víctimas totales por la pandemia ya asciende a casi 200 mil con exceso de mortalidad incluido (casos confirmados, no confirmados y otros colaterales), se puede adelantar que la pandemia de COVID podría ser la primera causa de muerte al cerrar 2020.

En cuanto a 2019, los datos recopilados por Inegi a partir de todos los certificados de defunción arrojan 747 mil 784 personas que fallecieron en México, de las cuales el 56.4% fueron hombres, y el 43.5% mujeres.

Lo anterior significa que, en promedio, el año pasado murieron casi 2 mil 50 personas todos los días. Son 85 fallecimientos cada hora o, dicho de otra forma, entre una y dos muertes ocurridas por minuto.

Para dimensionar el crecimiento, el año pasado hubo 25 mil muertes más que lo registrado en 2018. Y en comparación con 2010, son 155 mil muertos por encima de aquel año.

Pero para medir correctamente la evolución de las personas que fallecen cada año Inegi hace la comparación por tasas, con lo que se toma en cuenta el crecimiento de la población. El resultado confirma que el año pasado la tasa fue de 59 muertos por cada diez mil personas, la mayor de la década.

Con 2019 ya son cinco los años consecutivos en los que crece la tasa anual de muertes en México. Entre 2013 y 2014 no hubo un descenso, pero la tasa se mantuvo estable. El último decremento en la tasa anual se registró de 2010 a 2011 cuando bajó de 52 a 51 muertos por cada diez mil habitantes.

Lee: 2019, el año con más asesinatos de mujeres en México; más de 10 casos al día, según Inegi

Enfermedades al alza

En México, 9 de cada 10 personas fallece a causa de una enfermedad de acuerdo con los datos de Inegi. Y hay ocho padecimientos que concentran casi el 70% de todas las muertes en México. La letalidad de todas esas enfermedades va en incremento y algunos casos de manera significativa.

Por ejemplo, las enfermedades del corazón fueron la causa número 1 de decesos en el país en 2019 con 156 mil 41 víctimas en total, lo que equivale a una tasa de 12.3 casos por cada diez mil habitantes. Es una tasa superior a la de 2018 que fue de 11.9, y notablemente arriba de la de 2010 que era de 9.2 casos. Año con año el crecimiento ha sido sostenido.

Lo anterior significa que en tan solo una década la tasa de personas que mueren a causa de un infarto o una enfermedad del corazón ha ascendido más de 33%.

En el caso de la diabetes, la segunda causa de muerte en México en 2019, lo que hay es un repunte luego de una caída en años pasados. Mientras que en 2016 y 2017 la tasa llegó a 8.6 casos, para 2018 había caído a 8.1, pero el año pasado escaló a 8.2 casos. En total, en 2019 fallecieron 104 mil 354 personas por complicaciones relacionadas con este padecimiento.

Los fallecimientos por tumores malignos (cáncer), tercera causa de muerte, también registran un incremento sostenido. En 2019 la cifra fue de 88 mil 680 victimas, una tasa de 7 casos por cada cien mil habitantes. En una década la letalidad de esta enfermedad ha crecido, ininterrumpidamente, un 13%.

La tasa de muertes por padecimientos en el hígado, cuarta causa de defunción en México, también ascendieron llegando a 3.2 por cada cien mil habitantes, la mas alta de la década empatando con 2016. Un padecimiento que se ha mantenido estable son las defunciones por enfermedades cerebrovasculares con 1.9 casos, misma tasa de los últimos cuatro años, pero superior a la registrada de 2010 a 2015.

Uno de los incrementos más notorios se registran en las muertes por influencia o neumonía, que además son la octava causa de muerte en México. En 2019 fallecieron 31 mil 81 hombres y mujeres por esta enfermedad, que es una tasa de 2.5 casos por cada cien mil habitantes. En comparación con 2010, donde la tasa fue de 1.4, se trata de un incremento de casi el 80% de la letalidad de esta enfermedad en la última década.

Aunque en menor medida, los decesos por padecimientos renales – décima causa de defunción – también arrojan un ascenso. En 2019 se reportaron 14 mil 630 decesos por esta enfermedad, equivalentes a una tasa de 1.16 casos, un incremento del 5% respecto al año pasado.

Los datos de Inegi también revelan incrementos en enfermedades que, si bien no son de las que causan más muertos, sí son de alto interés epidemiológico. Destacan los casos de VIH que dejaron un saldo de 5 mil 323 fallecidos en 2019, equivalentes a una tasa de 4.2 casos por cada cien mil personas.

Dichas cifras evidencian un “rebrote” en los fallecimientos por VIH en los últimos dos años. Y es que de 2011 a 2016 se había conseguido descender la tasa de 4.4 casos a 3.8 casos; para 2017 se mantuvo en el mismo nivel, pero en 2018 ascendió a una tasa de 4 casos y en 2019 los ya referidos 4.2 casos.

Los padecimientos por trastornos mentales también registraron un ligero incremento al pasar de 4 mil 644 casos en 2018 a 4 mil 768 en 2019.

Suicidios suben; muertes por choques bajan

En nuestro país 1 de cada 10 personas que pierde la vida no lo hace a causa de una enfermedad en el cuerpo sino en un hecho externo, generalmente violento. En 2019 fueron 83 mil 882 personas las que fallecieron por estas causas de las cuales el 43.7% fueron en homicidios, el 39.9% en accidentes de tránsito o transporte, y el 8.6% fueron en suicidios.

El balance de 2019 en este tipo de fallecimientos fue contrastante. En cuanto a homicidios, como se puede consultar a detalla en esta nota, la cifra fue de 36 mil 661 víctimas, un nivel casi idéntico al de 2018. No es un dato menor si se toma en cuenta que los asesinatos llevaban cuatro años en notable ascenso. El punto negativo es que la cifra de mujeres asesinadas fue la mas alta de la que haya registro.

En cuanto a las muertes por hechos de tránsito o transporte el balance de 2019 fue de 15 mil 156 casos que son casi 900 muertes menos en comparación con las que se registraron un año antes.

Un dato interesante destacado por Inegi en el caso de los decesos por accidentes de tránsito es que cuando más ocurren son los domingos, seguido de los sábados y los lunes. El horario en el que se registran mayores decesos es entre la medianoche y la una de la mañana.

En contraste con las causas anteriores, los suicidios sí tuvieron un incremento claro. El 2019 cerró con 7 mil 223 casos, un alza del 6% respecto a 2018. El 2019 también fue el año con la tasa más alta de suicidios de la última década; sus 5.7 casos por cada cien mil habitantes representan un incremento de casi el 30% respecto a la tasa de 4.4 casos registrada en 2010.

El informe de Inegi destaca que el 81.8% de las personas que se suicidaron en 2019 eran hombres, y solo el 18.2% corresponden a mujeres.

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La familia que no tiene huellas dactilares

Una familia en Bangladesh tiene una rara mutación genética que les ha representado dificultades en un mundo cada vez más dependiente de datos biométricos.
26 de diciembre, 2020
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Apu Sarker me mostró la palma abierta de su mano durante una videoconferencia desde su casa en Bangladesh. Al comienzo nada me pareció raro, pero cuando miré más de cerca me percaté de lo lisas que eran las superficies de sus dedos.

Apu, de 22 años, vive con su familia en una aldea en el distrito norteño de Rajshahi. Hasta hace poco, trabajaba como asistente médico. Su padre y abuelo eran agricultores.

Los hombres en la familia de Apu parecen compartir una rara mutación genética que se cree que solo afecta a un puñado de personas en el mundo: no tienen huellas dactilares.

Antes, en las épocas del abuelo de Apu, no tener huellas digitales no era gran lío. “Nunca lo pensé como un problema”, dijo Apu.

Pero después de décadas, esos pequeños surcos que se arremolinan en las puntas de nuestros dedos -llamados dermatoglifos– se han convertido en el dato biométrico más recopilado del mundo.

Se usan para todo, desde el paso por un aeropuerto hasta para abrir nuestros teléfonos inteligentes.

Un teléfono inteligente que se abre con la huella digital

AFP
Hoy en día, las huellas digitales se utilizan para operar un sinnúmero de dispositivos, como el teléfono inteligente.

En 2008, cuando Apu era niño, Bangladesh introdujo una Tarjeta de Identidad Nacional para todos los adultos y la base de datos requería una huella del pulgar.

Los funcionarios confundidos no sabían si emitirle una tarjeta al padre de Apu, Amal Sarker. Finalmente, recibió una tarjeta con el sello “SIN HUELLA DIGITAL”.

En 2010, las huellas dactilares se volvieron obligatorias para pasaportes y licencias de conducción.

Después de varios intentos, Amal logró conseguir un pasaporte mostrando un certificado de una junta médica. Nunca lo ha usado, en parte porque teme que haya problemas en el aeropuerto. Y, aunque conducir una motocicleta es esencial para su trabajo de agricultor, nunca ha obtenido una licencia.

“Pagué la tarifa, pasé el examen, pero no me dieron la licencia porque no podía dar una huella digital”, explicó.

Registro de datos biométricos en Bangladesh

Getty Images
Bangladesh ha realizado una extensa recopilación de datos biométricos de sus habitantes, sin los cuales no se puede aquirir un pasaporte, o una licencia de conducir, ni siquiera una tarjeta SIM para el teléfono.

Amal carga consigo el recibo de pago de la licencia, pero no siempre le ayuda cuando lo detienen. Le han multado dos veces. En ambas ocasiones explicó sobre su dolencia a los policías, dijo, y les mostró las puntas de sus dedos para que vieran. Ninguno le perdonó la multa.

“Siempre es un experiencia vergonzosa para mí”, contó Amal.

En 2016, el gobierno hizo obligatorio comparar la huella digital con la base nacional de datos para poder comprar una tarjeta SIM para un celular.

“Parecieron confundidos cuando fui a comprar una SIM, el software de su sistema se congelaba cada vez que ponía mi dedo en el sensor”, dijo Apu, con una sonrisa irónica.

Le rechazaron la compra. Todos los hombres de su familia tienen que usar tarjetas SIM bajo el nombre de su madre.

Amal

BBC
Los dedos de Amal Sarker no tienen los patrones distintivos que se encuentran en la mayoría de las personas.

La dolencia rara que afecta a la familia Sarker se llama adermatoglifia.

Se dio a conocer ampliamente en 2007 cuando Peter Itin, un dermatólogo suizo, fue contactado por una mujer de su país que tenía problemas entrando a EE.UU.

Su cara correspondía a la foto de su pasaporte, pero los agentes de inmigración no podían registrar sus huellas dactilares. No tenía.

Tras examinarle, el profesor Itin encontró que la mujer y ocho miembros de su familia sufrían una rara condición, con las yemas de los dedos planas y un número reducido de glándulas sudoríparas en las manos.

Trabajando con otro dermatólogo, Eli Sprecher, y la estudiante de posgrado Jann Nousbeck, el profesor Itin examinó el ADN de 16 miembros de la familia -siete con huellas digitales y nueve sin éstas.

“Los casos aislados son muy raros y no se han documentado más que unas pocas familias”, contó el profesor Itin a la BBC.

Agente de inmigración en EE.UU. verifica las huellas digitales de una pasajera

Getty Images
En muchos países, como en EE.UU., los agentes fronterizos verifican las huellas digitales de los viajeros antes de permitir su entrada.

En 2011, el equipo se enfocó en un gen, SMARCAD1, que mutó en los nueve miembros sin huellas de la familia y pudieron identificarlo como la causa de la rara dolencia. Prácticamente no se conocía nada de este gen. La mutación no parecía causar otros efectos negativos aparte de los cambios en las manos.

La mutación que se buscó durante todos esos años afectaba un gen “del que nadie sabía nada”, expresó el profesor Sprecher. Por eso tardaron años en encontrarlo.

Una vez descubierto, la enfermedad fue nombrada adermatoglifia, pero el profesor Itin la apodó “enfermedad de demora migratoria”- por su primera paciente que tuvo problemas entrando a EE.UU.- y el nombre resultó.

Amal y Apu

BBC
Amal y Apu Sarker. “No está en mis manos, es algo que heredé”, dijo Amal.

La enfermedad de demora migratoria puede afectar a varias generaciones de una familia. El tío de Apu Saker, Gopesh, que vive en Dinajpur, a unos 350km de Daca, tuvo que esperar dos años antes de que le autorizaran un pasaporte.

“Tuve que viajar a Daca cuatro o cinco veces en los últimos dos años para convencerles de que sufría la mutación”, declaró Gopesh.

Cuando su oficina empezó a utilizar un sistema de control de asistencia con huellas digitales, Gopesh tuvo que convencer a sus jefes que le permitieran utilizar el sistema antiguo: firmando una planilla de asistencia todos los días.

Un dermatólogo en Bangladesh ha diagnosticado la condición de la familia como queratodermia palmoplantar congénita, que el profesor Itin cree que evolucionó en adermatoglifia secundaria, una versión de la enfermedad que también puede producir resequedad cutánea y reducción de la transpiración en las palmas de las manos y plantas de los pies.

Los Sarker na reportado todos estos síntomas.

Se necesitarían hacer más exámenes para confirmar si la familia tiene alguna forma de adermatoglifia.

El profesor Sprecher expresó que su equipo estaría “muy contento” de ayudar a la familia con pruebas genéticas.

Los resultados de esas pruebas podrían darles a los Sarker alguna certidumbre, pero no les aliviaría la carga de navegar diariamente por un mundo sin huellas digitales.

El hermano menor de Apu Sarker, Anu

BBC
El hermano menor de Apu Sarker, Anu, también heredó la rara mutación genética.

Los Sarker que padecen de esta mutación están viviendo en una sociedad que no solo les resulta más difícil de manejar, sino que no ha evolucionado para acomodar su problema.

Amal Sarker pasó la mayoría de su vida sin mucho traspié, pero ahora dice que siente tristeza por sus hijos.

“No está en mis manos, es algo que heredé”, declaró.

“Pero la manera en que mis hijos y yo nos estamos metiendo en todo tipo de problemas, es realmente doloroso para mí”.

Amal y Apu acaban de recibir un nuevo tipo de tarjeta de identidad nacional emitida por el gobierno bangladesí, tras presentar un certificado médico. La tarjeta utiliza otros datos biométricos –un escaneo de la retina y reconocimiento facial.

Pero todavía no pueden comprar una tarjeta SIM ni obtener una licencia de conducción. Expedir un pasaporte es un largo y arduo proceso.

“Estoy cansado de explicar mi situación una y otra vez. He pedido consejo a mucha gente, pero nadie puede darme una respuesta definitiva”, se quejó Apu. “Alguien me sugirió ir a un tribunal. Si todas las otras opciones fallan, eso es lo que tendré que hacer”.

Apu espera poder conseguir un pasaporte, dijo. Le encantaría viajar fuera de Bangladesh. Sólo tiene que empezar a llenar la solicitud.

Las fotos son cortesía de la familia Sarker.


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https://www.youtube.com/watch?v=5BNNcz1-soc

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