Aborto seguro cae 44%; las redes ciudadanas acompañan a las mujeres
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Andrea Paredes

El aborto seguro cae 44%; las redes ciudadanas dan acompañamiento a las mujeres

Esta baja en el acceso al derecho de practicar un aborto seguro agrava la crisis de violencia que se vive en el confinamiento.
Andrea Paredes
Por Delia Angélica Ortiz
23 de octubre, 2020
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El acceso a un aborto seguro en México se redujo casi la mitad por la presencia de COVID-19. Justo cuando se alertó del incremento de la violencia contra las mujeres y de los embarazos no planificados, fue más complicado ejercer ese derecho, porque las mujeres se encontraron con clínicas cerradas y falta de información. 

Las clínicas que realizan la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) en la Ciudad de México pasaron de ser 13 en marzo a 8, en este momento. Así que, entre abril y junio de 2020, dejaron de acudir 44% solicitantes de abortos electivos, si se compara con la tendencia del año anterior. 

Organizaciones como Ipas México, especializada en salud sexual y reproductiva, reportaron que hubo mujeres que deambularon de un hospital a otro, sin tener información precisa sobre los centros a los que podían acudir para interrumpir su embarazo. 

Ipas recibió mensajes de mujeres que se encontraban afuera de las unidades hospitalarias preguntando sobre centros gratuitos o de bajo costo para poder realizar la interrupción. “Asistimos a dos de las clínicas de ILE de la Ciudad de México que aparecen (en el directorio oficial de clínicas) y nos dicen que no tienen el servicio por la situación de pandemia”, se lee en uno de los textos que recibieron. 

Al cierre de junio de este año, 6 mil 258 mujeres pudieron interrumpir su embarazo, pero esta es una cifra 21% menor en comparación con 2019, según los datos abiertos de la Agencia Digital de Innovación Pública (ADIP) de la Ciudad de México.

También para las mujeres de otros estados se complicó ejercer este derecho. Antes de la pandemia, en las clínicas de la Ciudad de México, en donde el aborto está despenalizado desde 2007, cada año se atendía en promedio a 700 mujeres de entidades como Puebla, Hidalgo, Morelos, Jalisco y Querétaro. Esa cifra ahora es 30% menor. 

Organizaciones de la sociedad civil como el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), Ipas México y Fondo María advierten que esta baja en el acceso al derecho de practicar un aborto seguro agrava la crisis de violencia que se vive en el confinamiento. Las mujeres permanecen más tiempo en casa y están expuestas a agresiones sexuales que tienen por consecuencia embarazos no deseados. 

Las llamadas por violencia de género al 911 aumentaron y llegaron a niveles récord, durante el primer semestre de 2020. Se registraban dos llamadas por minuto denunciando algún tipo de agresión: familiar, de pareja, contra la mujer, hostigamiento sexual o violación, según datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública. 

El Consejo Nacional de Población ratificó este 19 de octubre que, por la pandemia, en México habrá más de 145 mil embarazos no planeados adicionales, de los cuales 21 mil serán de niñas y adolescentes. 

María Antonieta Alcalde Castro, directora de Ipas México, explica que otorgar a estas mujeres y niñas el acceso a decidir evita que la maternidad sea forzada. “Ese tipo de maternidad puede provocar problemas que luego la sociedad no tiene capacidad de atender”, dice en entrevista para Animal Político.

Tras haber sido víctima de violencia sexual, María interrumpió su embarazo con apoyo de la sociedad civil, ante la falta de respuestas del Estado. La llamaremos María. Tiene 11 años. Es su madre quien habla por ella.

“No sabíamos que en Tabasco se podía abortar en cualquier semana de la gestación, por violación, sin interponer denuncia”, cuenta en referencia a la Norma Oficial Mexicana (NOM) 046-SSA2-2005 que ordena a todos los hospitales públicos interrumpir embarazos resultado de un ataque sexual, sin que la víctima denuncie el delito ministerialmente.

Redes de acompañamiento

El “Quédate en casa” también repercutió en que mujeres no pudieran salir de sus hogares para buscar opciones, ya sea por las restricciones de movilidad o porque las frenó el miedo al contagio. 

Patricia, por ejemplo, no quiso trasladarse a la Ciudad de México. En Nuevo León no podía interrumpir su embarazo, pues en esa entidad las alteraciones graves en el producto no son causal para solicitar un aborto por elección. Buscó ayuda en los colectivos de la sociedad civil para detener la gestación con misoprostol y mifepristona, una combinación recomendada por la Organización Mundial de la Salud para bloquear la progesterona y provocar contracciones.

“No quería estar sola ni viajar sola. Preparé todo para tomar el medicamento en casa. Pensé en las mujeres que tienen que pasar todo esto solas”, recuerda. 

Las colectivas feministas y las organizaciones sociales han reportado que durante la pandemia se triplicó el número de llamadas de mujeres que buscan información y acompañamiento sobre aborto seguro. 

“Parte clave del acompañamiento es que las chicas sepan que no están cometiendo un delito, sino que están ejerciendo un derecho”, cuenta Vanessa Jiménez, integrante de la Red Necesito Abortar.

Ipas México reportó que pasaron de atender 15 mensajes mensuales a 62 en abril, 212 en mayo y 171 en junio. Es decir que, en el primer mes de confinamiento, se cuadruplicó el número de llamadas que recibieron y luego, al siguiente mes, ese número volvió a incrementarse en la misma proporción.

“Hay mayor necesidad y menor oferta de los estados. Hay menos servicios ILE trabajando. Estamos viendo mayor uso de las redes de acompañantes que damos la información, pero esto es responsabilidad del Estado y el gobierno debería estar buscando formas para dar una mejor respuesta, a través de modalidades como medicina a distancia”, dice Alcalde Castro, de Ipas México.

Las clínicas y los hospitales capitalinos con servicio de aborto legal voluntario atienden a mujeres de las 16 delegaciones y de la zona conurbada en 95% de los casos. El 5% restante proviene de otros estados. Entre abril y junio de 2020, la atención para mujeres foráneas cayó en 66%, en relación con los mismos meses del 2019. 

Hubo mujeres de entidades como Oaxaca, que aún con la despenalización aprobada en ese estado en septiembre de 2019, seguían trasladándose a la CDMX, pero entre abril y junio, no lo hicieron más.

“Las mujeres que podrían haber viajado a la CDMX, para acudir al servicio ILE, se quedaron en su propia entidad y recurrieron al aborto en casa. No creo que las mujeres que querían interrumpir su embarazo hayan dejado de hacerlo por la pandemia”, dice Isabel Fulda, subdirectora de GIRE. 

Para GIRE, las redes de acompañamiento constituidas por organizaciones y colectivas feministas son actores fundamentales para favorecer el acceso al aborto seguro. Gracias a su labor, las mujeres que no pueden o no quieren acudir a los centros de salud o a quienes se les ha negado o retrasado el servicio de interrupción del embarazo, pueden practicarse un aborto sin poner en riesgo su salud y su vida.

Fondo María, una red que ha acuñado en México el término “doulas de aborto”, opera desde una línea de atención disponible para los 32 estados de la república. Sofía Garduño, co-coordinadora del grupo, explica que ante la obligatoriedad del trabajo remoto debieron enrutar ese número telefónico a sus domicilios particulares para continuar dando el servicio.

“Eso solo nos permite atender una llamada a la vez, por lo que pedimos a las mujeres ser pacientes”, dice.

Las doulas de aborto tienen conocimientos en salud sexual y reproductiva, así como atención psicológica y legal para guiar a las solicitantes de información sobre el procedimiento más seguro en su entidad de origen. También cuentan con protocolos de seguridad para que la interrupción se realice sin contratiempos. 

Cuando sospechan sobre alguna complicación que podría poner en riesgo la salud de la mujer, activan su red de apoyo para acudir a una clínica pública o incluso privada en la Ciudad de México para realizar el procedimiento. 

Luego de ingresar por urgencias a una operación de vesícula, Laura se enteró que estaba embarazada. Es estudiante de psicología. De las charlas feministas que se organizaban en su universidad conoció al Colectivo Pactos Violeta de Morelos. Así contactó a Fondo María y pudo trasladarse a una clínica privada capitalina para que le realizaran una Aspiración Manual Endouterina (AMEU), procedimiento recomendado dada su condición de salud. 

Eda Alcántara Pérez, fundadora de ese colectivo morelense, comenta que el encierro ha hecho doblemente complicada la comunicación para quienes las buscan. “Con la pandemia, las estudiantes regresaron a sus lugares de origen. Ha sido más difícil hacer el acompañamiento, porque están con su familia o con el agresor”, explica. 

Colectivos locales como Pactos Violeta suma casi 3 mil seguidores en Facebook, Fondo María cuenta con 40 mil. Otras como Marie Stopes México, fundación internacional que opera centros de salud sexual y reproductiva, llegan a 300 mil.

Estos sitios difunden continuamente información sobre enfermedades de transmisión sexual, métodos anticonceptivos y protocolos autorizados por la OMS para la interrupción del embarazo. También comparten testimonios de las mujeres que han decidido ejercer ese derecho, como ocurre con quienes por haber perdido su empleo decidieron no continuar con un embarazo en tiempos del COVID-19.

 

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Cómo es Palm Beach, la isla de Florida con la población más blanca y rica de EU, el nuevo hogar de Trump

Vecinos de Palm Beach recibieron con banderas y aplausos a Donald Trump el pasado 20 de enero. Pero no todos los residentes están igual de felices.
23 de enero, 2021
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Intentar entrar en una isla a la que pocos días antes ha llegado un expresidente de Estados Unidos con la idea de convertirse en un vecino más no es tarea sencilla.

Menos si ese expresidente es Donald Trump, con toda la pasión, el fervor, la controversia y las medidas de seguridad que lo acompañan.

Carreteras cortadas, desvíos obligatorios y un férreo control policial hacen que sea imposible acercarse a Mar-a-Lago, el resort donde Trump ha pasado largos fines de semana y períodos vacacionales en estos últimos cuatro años y donde ahora tiene intención de establecer su residencia permanente.

Una decisión que ha generado incomodidad entre algunos de los vecinos de Palm Beach, la ciudad en la que se encuentra la imponente construcción y que es conocida por su exclusividad, elitismo y riqueza, pero -sobre todo- por su deseo de mantener ese estatus.

Una casa en Palm Beach, Florida

BBC Mundo
Las fincas de Palm Beach tienen una flora exuberante.

¿Cómo es este selecto rincón del sur de Florida que Trump definió como paraíso en la Tierra?

Un lugar de retiro

Palm Beach es una ciudad que durante todo el año tiene apenas 11.000 habitantes, una cifra que se triplica en temporada alta (de noviembre a abril), cuando llegan las llamadas “aves migratorias”, personas que normalmente residen en lugares más fríos del país.

Separada del continente por una enorme masa de agua, el lago Worth, los residentes hablan de su ciudad como una isla a la que se puede acceder por la carretera de la costa o a través de una serie de puentes, uno de los cuales conduce directamente hasta Mar-a-Lago.

Mar-a-Lago a lo lejos, Palm Beach

BBC Mundo
Los controles y cortes de carretera impidieron que nos acercáramos al resort de Mar-a-Lago.

Después de manejar una hora y media desde Miami, me dirigía hacia él cuando me encontré con la primera barrera: un letrero con una gran flecha que desviaba todo el tráfico hacia la izquierda.

Quería seguir el recorrido que hizo el convoy que transportó a Trump y familia el pasado miércoles 20 de enero, horas después de haber abandonado la Casa Blanca y la presidencia del país.

Ese día, decenas de seguidores colocados a ambos lados de la carretera le dieron la bienvenida con banderas y carteles de apoyo.

Seguidores de Trump lo reciben en Palm Beach

Getty Images
Los residentes de Palm Beach votaron mayoritariamente por Trump en las pasadas elecciones de noviembre.

Este viernes, lo que había era un caos de autos que daban la vuelta en busca del camino para poder llegar a su destino.

Los atascos y los cortes de carretera son la principal fuente de frustración para una comunidad de personas que, en su mayoría, eligieron Palm Beach como lugar de retiro para no tener que lidiar precisamente con estos fastidios de la vida diaria.

Lujo por todas partes

Encontrada la alternativa para acceder a Palm Beach, llama la atención el contraste con la ciudad que queda atrás, West Palm Beach. No son solo lugares separados por un puente, sino también por millones de dólares.

Un deportivo blanco en la avenida Worth, Palm Beach

BBC Mundo
Los autos de lujo son comunes en las calles de Palm Beach.

Grandes fincas escondidas tras la maleza, con enormes arbustos y plantas cubriendo los muros, una playa larga y estrecha, tiendas de moda con las firmas más exclusivas, galerías de arte y restaurantes con terrazas al sol esperan al curioso visitante.

Los residentes, sin embargo, no se muestran tan abiertos hacia quienes llegamos de fuera.

Ante la pregunta de cómo se sienten ahora que Trump no está de paso, la mayoría prefiere no contestar.

Melissa, una joven que fuma en el exterior de la tienda de ropa en la que trabaja en la avenida Worth, eje del lujo comercial de la ciudad, le dice a BBC Mundo que para ella nada cambia.

“Trump lleva cuatro años viniendo a Mar-a-Lago como presidente, y antes de eso también venía, estamos acostumbrados a los controles y las esperas. Lo único que cambia es que ahora somos más conocidos, aunque la atención también pasará”.

No todos los vecinos asumen la presencia de Trump en la ciudad con tanta naturalidad.

Una batalla legal

“He recibido correos y llamadas de residentes que no quieren que el presidente viva en el condado de Palm Beach”, le cuenta a BBC Mundo Mack Bernard, comisionado del condado de Palm Beach para el distrito 7, al que pertenece Mar-a-Lago.

“Él está en la ciudad, tendrá que alcanzar un acuerdo con la ciudad para ver si puede continuar usando Mar-a-Lago como residencia, tengo entendido que hay limitaciones” explica.

Fachada de Mar-a-Lago

Getty Images
Donald Trump compró Mar-a-Lago en 1985 por US$10 millones.

Las limitaciones a las que se refiere el comisionado datan de 1993, año en el que Trump y el Ayuntamiento de Palm Beach firmaron un pacto por el que el entonces magnate recibía permiso para transformar la mansión en un club social, pero con la contrapartida de no poder usar el edificio como residencia.

Según el convenio, las estancias en el club solo podían ser de 21 días al año, distribuidos en tres semanas no consecutivas. Además, se le imponía al club un máximo de 500 miembros y Trump se comprometía a que al menos un 50% de esos miembros residieran o trabajaran en Palm Beach.

El pasado 15 de diciembre, el abogado Reginald Stambaugh en representación de la familia DeMoss, propietaria de una finca junto a Mar-a-Lago, envió una carta al ayuntamiento y al Servicio Secreto de Estados Unidos en la que denuncia la violación del mencionado acuerdo.

Donald Trump y Xi Jinping

Getty Images
Trump recibió en Mar-a-Lago a líderes internacionales como el presidente de China, Xi Jinping.

“Según el acuerdo de uso de 1993, Mar-a-Lago es un club social y nadie puede residir en la propiedad”, escribió Stambaugh.

“Para evitar una situación embarazosa para todos y darle al presidente tiempo para hacer otros planes de vivienda en la zona, confiamos en que trabajarán con su equipo para recordarles los parámetros del acuerdo de uso ”, proseguía la carta.

“Palm Beach tiene muchas propiedades encantadoras a la venta y seguro que puede encontrar una que satisfaga sus necesidades”.

Sin embargo, el expresidente hizo caso omiso de esta misiva y la Organización Trump emitió un comunicado que decía: “No hay un documento o acuerdo en vigor que prohíba al presidente Trump usar Mar-a-Lago como su residencia“.

Una vivienda en Palm Beach

BBC Mundo
Las propiedades en Palm Beach están muy resguardadas del exterior.

BBC Mundo intentó hablar con el abogado Stambaugh, pero no recibió respuesta.

Una figura extravagante

Conocedores de Palm Beach como el cronista social Laurence Leamer o el agente inmobiliario Rick Rose han apuntado en distintas entrevistas que el desprecio de una parte de la sociedad de Palm Beach hacia Donald Trump no es nada nuevo.

El periodista Ronald Kessler, autor de más de 20 libros sobre la Casa Blanca, el Servicio Secreto y agencias de inteligencia como el FBI o la CIA, cree que esta imagen de rechazo se está exagerando.

Donald Trump saluda

Reuters
Trump goza de apoyo en Florida, estado que ganó en las elecciones de 2016 y 2020.

En entrevista con BBC Mundo, Kessler recuerda que, tanto en 2016 como en 2020, una mayoría de la gente de Palm Beach votó por Trump.

“Siempre ha habido la conocida ‘vieja guardia’ que tiende a ser antisemita y antinegros y a la que nunca le cayó bien. El club de Trump admitía negros y judíos”, indica.

“A algunos no les gusta su estilo, piensan que es extravagante, algo en lo que casi todo el mundo está de acuerdo, pero creo que es solo eso, un segmento de la población”.

Para Kessler, la idea de la carta no tiene fundamento legal.

“El hecho de que vaya a vivir allí no es tan distinto de lo que hacía cuando era presidente, que estaba de viernes a domingo o dos semanas en Navidad, o incluso antes de la presidencia”, afirma.

Map

La ciudad de las donaciones

Palm Beach es el segundo municipio del condado del mismo nombre y recibió categoría de ciudad el 17 de abril de 1911, tras descubrirse que la vecina West Palm Beach iba a intentar anexarse la isla ese mismo año.

Después de más de 100 años de elegante evolución, Palm Beach es una comunidad volcada en los eventos sociales, no en vano el conjunto de sus residentes dona más dinero per cápita a organizaciones caritativas que cualquier comunidad de todo Estados Unidos.

“La ciudad gira en torno a los bailes caritativos que se organizan”, señala Ron Kessler.

Una casa en Palm Beach, Florida

BBC Mundo
En Palm Beach se celebran numerosos eventos de recaudación de fondos para donarlos a causas sociales.

“Ponen tanta atención en las decoraciones y en la comida como en el dinero que donan. Hay comités para estos bailes, se dan peleas internas para ver quién es el miembro de la alta sociedad más querido o la reina social de Palm Beach”, agrega.

“Esa es su industria. Son todos ricos, no necesitan trabajar, por lo tanto, tienen esa forma de socializar y estas jerarquías”.

Mar-a-Lago

Trump aterrizó en ese ambiente en 1985 cuando compró Mar-a-Lago por US$10 millones.

La mansión de 126 habitaciones había sido propiedad de Marjorie Merriweather Post, dueña de General Foods, que murió en 1973 y se la dejó en herencia al gobierno de Estados Unidos como una posible “Casa Blanca de invierno”.

El gobierno la devolvió en 1981. Después de comprarla, Trump se gastó millones en rehabilitar la propiedad mientras vivía allí por temporadas, generalmente entre noviembre y mayo, cuando el clima de Florida es atemperado.

Vista aérea de Mar-a-Lago

Reuters
El club Mar-a-Lago tiene 7 hectáreas de extensión.

A principios de los 90, Trump entró en dificultades financieras por la caída de los precios de los inmuebles y el fracaso de varios de sus negocios y le dijo al ayuntamiento que no podía hacerse cargo de los US$3 millones anuales que costaba el mantenimiento.

Fue entonces cuando se firmó el acuerdo por el que Trump pudo convertir Mar-a-Lago en un club social en el que, hoy día, los miembros pagan una cuota inicial de US$200.000 y una tarifa anual de US$14.000.

Mar-a-Lago es lo más cercano al paraíso. Lo dice Trump y yo estoy de acuerdo”, sostiene Ron Kessler, que ha visitado el lugar en varias ocasiones.

“Cualquiera que está allí queda deslumbrado por la belleza, el follaje, el agua a los dos lados de la isla, el beach club que está en el océano, las dos piscinas climatizadas a unos 25 grados todo el año, la comida, las bebidas… es espectacular, una maravilla”.

Autoridades esquivas

La descripción que realiza el escritor estadounidense encaja con el porte de las otras mansiones que se adivinan detrás de las verjas y las frondosas palmeras.

Fachada en la avenida Worth

BBC Mundo
Hay mucha reserva de las autoridades y los residentes de Palm Beach para hablar con la prensa.

Cuando intento acercarme a Mar-a-Lago desde la zona norte, una barrera similar a la que había en el puente indica que el paso de todos los vehículos, excepto los de los residentes, está prohibido.

Hay un control policial a un kilómetro y medio de distancia de la casa de Trump. Los agentes explican que el perímetro seguirá activo durante unos días.

“Poco a poco recuperaremos la normalidad, ahora está todo muy reciente y las amenazas son reales“, nos dice uno de los policías.

Tanto la Oficina del Sheriff del condado de Palm Beach como el Departamento de Policía de la ciudad responden a nuestras preguntas con el mismo mensaje: “La prioridad es garantizar la seguridad no solo de Trump sino de todos los residentes”.

Seguidores de Trump y un vehículo del sheriff del condado de Palm Beach

EPA
La Oficina del Sheriff del condado de Palm Beach lleva años colaborando con el Servicio Secreto para la protección de Trump y su familia.

Respecto a la disputa por la posible residencia permanente de Trump, las autoridades de la ciudad se muestran esquivas.

Desde el Ayuntamiento, la alcaldesa, la republicana Gail Coniglio, no reacciona a nuestra solicitud de entrevista.

El administrador de la ciudad, Kirk Blouin, nos hace llegar un escueto mensaje: “El Ayuntamiento no está al tanto de la intención de Trump en este sentido. Cuando sepamos, como un hecho, que el presidente Trump pretende residir en Mar-a-Lago abordaremos el asunto de la forma apropiada”.

Una función positiva

Por su parte, el comisionado Mack Bernard, del gobierno del condado, intenta encontrar las ventajas de tener una figura tan relevante en el vecindario.

Una casa en Palm Beach, Florida

BBC Mundo
La diferencia de riqueza entre Palm Beach y su vecina West Palm Beach es abrumadora.

“Cuando tienes un expresidente que vive en tu distrito, mi forma de pensar es preguntarme qué cosas positivas pueden salir de esto”, le dice Bernard a BBC Mundo.

Para el comisionado, Trump podría ayudar a la ciudad y al condado a abordar mejor los problemas causados por la pandemia.

“Tenemos muchos residentes que no han sido vacunados y también hay muchos de sus seguidores que no creen en el distanciamiento social o en la importancia de llevar mascarilla”, expone.

Playa de Palm Beach

BBC Mundo
La playa de Palm Beach tiene unos 5 kilómetros de extensión.

“Al igual que hay expresidentes que adoptan causas que son monumentales y pueden cambiar el país, espero que mientras Trump sea uno de nuestros residentes use su poder y su micrófono para influir en la actitud de sus seguidores y abogar por que los residentes del condado de Palm Beach sean vacunados”.

Queda por ver si los reservados habitantes de Palm Beach verían con buenos ojos esta nueva función del expresidente y terminarían por acogerlo como uno de los suyos.


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