Candidaturas de religiosos para las municipales en Brasil baten récords
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Fabio Rodrigues Pozzebom, Abr

Las candidaturas de religiosos para las municipales de este año en Brasil batieron récords

El mayor número de candidatos sacerdotes en estas elecciones también está relacionado con la elección del presidente Bolsonaro, según investigador
Fabio Rodrigues Pozzebom, Abr
Por Bruno Fonseca, Mariama Correia, (Agencia Pública)
25 de octubre, 2020
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Traducción: La diaria//Infografías: la diaria, a partir de originales de Larissa Fernandes, de Agência Pública

Pastores, sacerdotes, obispos y otros líderes religiosos aparecerán con más frecuencia en las urnas este año. Según una investigación de Agencia Pública a partir de datos del Tribunal Superior Electoral (TSE), las municipales del 15 de noviembre registraron un récord de candidatos que declararon como principal ocupación que son “sacerdotes, miembros de orden religiosa o secta”. Son en total 885, el número más alto de esta categoría en las elecciones municipales desde 2008.

Además de aquellos que declararon que esa es su actividad principal, más de 8,700 candidatos utilizan nombres vinculados a la religión, como pastor, pastora, padre, misionero y apóstol, entre otros, según un relevamiento del portal de información G1. La mayoría de estos candidatos, sin embargo, declararon otras ocupaciones, como ama de casa y empresario.

La mayor cantidad de estos postulantes (101) es del partido Republicanos, vinculado a la Iglesia Universal del Reino de Dios, cuyo presidente es el diputado federal Marcos Pereira, obispo de esa iglesia y vicepresidente de la cámara baja. Uno de cada diez candidatos que declararon sus cargos religiosos como profesión es de ese partido este año.

Republicanos es históricamente uno de los lemas que más concentran candidatos en esta categoría. Fue el partido con más postulantes con profesión vinculada a iglesias y grupos religiosos en 2008 y 2012, cuando utilizó las siglas PRB (Partido Republicano Brasileño), y en las últimas cuatro elecciones reunió a más de 300 candidatos que declaran que su ocupación está vinculada a una iglesia.

El segundo partido en cuanto a candidatos en este grupo (79) es el Partido Social Cristiano, que tiene como presidente nacional –ahora con licencia– al pastor Everaldo Pereira, de la Asamblea de Dios. El pastor Everaldo fue el responsable del bautismo del presidente Jair Bolsonaro en el río Jordán, en Israel. Bolsonaro estuvo afiliado al Partido Social Cristiano de 2016 a 2018, cuando pasó al Partido Social Liberal. Actualmente, el pastor Everaldo se encuentra detenido por participar en planes para desviar recursos de salud pública en Río de Janeiro.

Los diez partidos que lanzaron a más sacerdotes y religiosos para las contiendas electorales este año tienen un perfil conservador y están alineados a la derecha. El perfil más común de los candidatos es el de un hombre con bachillerato completo, autodeclarado negro y que compite en San Pablo. Este estado es el que registró la mayor cantidad de líderes religiosos que se postulan a cargos públicos, pero es en otro, Amapá, donde este número es proporcionalmente mayor. Los siguen Mato Grosso do Sul y Pará.

El número de candidatas mujeres ha aumentado año tras año –ya es una quinta parte del número total de postulantes cuya profesión está vinculada a las iglesias–, pero aún está por debajo del 30% por partido definido por la ley.

A pesar de que los candidatos con una profesión religiosa son numerosos, el porcentaje de los que resultan elegidos está por debajo del promedio: cerca de 8% de ellos fueron elegidos en 2016, frente a casi 14% del total de candidatos que se postularon ese año. La mayoría de los postulantes religiosos, sin embargo, encuentra la manera de ingresar a la política mediante la suplencia. Por cada candidato con una profesión relacionada con las religiones que fue elegido, ocho se convirtieron en suplentes. “La suplencia es una forma de establecer pactos”, analiza el profesor de Sociología de la Universidad Federal de São Carlos e investigador del Centro de Religión, Economía y Política André Ricardo de Souza. “Cuando colocas suplentes vinculados a instituciones religiosas, estás buscando el apoyo de los votantes de esa religión”, considera.

Entre los 885 candidatos que dijeron tener el sacerdocio como ocupación profesional, hay al menos 387 que se identifican como pastores y pastoras, y 28 como padres, además de obispos, obispas y misioneros. Estos títulos generalmente se asocian con religiones cristianas, como la católica y la evangélica.

Un candidato a concejal por Republicanos en el municipio de Americana, en San Pablo, Miguel Pires, de 48 años, dijo que durante la campaña no va a dejar las actividades como pastor de la Iglesia Cuadrangular de Jardim América 2, que tiene 200 miembros.

En su primera disputa electoral, Pires decidió incursionar en la política luego de 20 años de atender a dependientes de drogas en el proyecto Una Nueva Historia, una casa de recuperación evangélica mantenida por él, donde alberga a 20 personas. “Siempre estoy llamando a la puerta del Ayuntamiento. Las ONG, los proyectos sociales como el mío enfrentan dificultades. Se precisa tener alguien allá, en la cámara”, argumenta. El candidato dice que “la iglesia necesita tomar su banca en la política”. “De lo contrario, se van a aprobar muchas leyes contra las familias cristianas”, dice, y pone como ejemplo proyectos relacionados con el aborto y las cuestiones de género.

Candidaturas confesionales

Al optar por llevar un título religioso a las urnas, el candidato busca legitimidad entre los miembros de su institución religiosa, que son sus primeros votantes, analiza Brenda Carranza, cientista social y profesora de Antropología de la Religión en la Universidad Estatal de Campinas. “Presentarse como padre, pastor, misionero, especialmente en un partido conservador, en este momento de alto conservadurismo, da prestigio”. Carranza destaca el aumento de la confesionalidad en cargos políticos en Brasil como fenómeno reciente.

“La participación de los sacerdotes en la política siempre ocurrió, pero era un activismo vía lobby, en los pasillos del poder. Hoy, con la pluralización de la participación religiosa, fundamentalmente pentecostal, en la esfera pública, la disputa partidista en las elecciones es más feroz, lo que obliga a los representantes a identificarse institucionalmente para marcar su presencia y visibilidad”, explica.

El compromiso político-partidario de representantes de instituciones religiosas ha crecido en Brasil desde que la Asamblea de Dios decidió dedicarse a la política partidaria, recuerda el investigador del Centro de Religión, Economía y Política André Ricardo de Souza. 

“Posteriormente, la Iglesia Universal del Reino de Dios ha tomado una postura muy firme en este sentido. Eso explica el gran papel del Partido Social Cristiano y de Republicanos en estas candidaturas”, dice.

Si bien la legislación electoral no establece una restricción a la candidatura de personas que ocupan cargos religiosos, el abogado electoral Fernando Neisser aclara que, si el postulante decide mantener actividades sacerdotales durante la campaña, no puede utilizar el espacio de la institución religiosa para ganar votantes. “Por ejemplo, aprovechar el púlpito para pedir votos es irregular”.

Bolsonaro, política y religión

El mayor número de candidatos sacerdotes en estas elecciones también está relacionado con la elección del presidente Bolsonaro, dice De Souza. “Su candidatura y actuación relacionada con el espectro cristiano conservador (Bolsonaro es católico y su esposa, evangélica) estimula a los candidatos en este segmento”.

Para De Souza, la creciente proyección que han tenido los evangélicos en cargos en el gobierno federal, como la ministra de Derechos Humanos, Mujer y Familia, Damares Alves, también incentiva las candidaturas, además del propio interés de las instituciones religiosas en contar con representantes que puedan defender sus agendas en el Legislativo y el Ejecutivo.

“No endiosamos al presidente Bolsonaro, pero él representa ideas, proyectos, cosas que son importantes para nosotros”, confiesa el pastor presbiteriano Izaias Meireles, candidato a concejal en Curitiba por el partido minoritario Avante. Decidió entrar en la política partidaria por sugerencia de los miembros de su iglesia, con 200 integrantes. Para los presbiterianos –una denominación evangélica tradicional que tiene al menos dos pastores en Planalto: el ministro de Justicia y Seguridad Pública, André Mendonça, y el ministro de Educación, Milton Ribeiro– la mezcla entre religión y política no es tabú, dice el pastor candidato.

“Vivimos en sociedad, utilizamos los servicios públicos. Creemos que debemos participar en los procesos políticos y servir a Dios con ello”, afirma. Meireles no utiliza el título de pastor en la candidatura y se ha alejado de las actividades pastorales para hacer campaña.

Dominio cristiano

Pai Ivon de Oyá, del terreiro Ilê Cultural Axé Oyá Egun, con 30 miembros, es uno de los pocos sacerdotes candomblé en la disputa electoral de este año. Candidato a concejal por el Partido Comunista de Brasil en Olinda, un municipio de Pernambuco, hace trabajo social con mujeres y niños en situación de vulnerabilidad y dice que se sintió obligado a entrar en la política. “Porque hay una fuerte representación de otras religiones, pero no están representadas las de origen africano e indígena, los pueblos negro e indígena”, afirma. El candidato tiene la intención de seguir desarrollando sus actividades en el terreiro durante la campaña.

El avance político del segmento afro ha sido impulsado por los movimientos sociales en los últimos años, dice Christina Vital da Cunha, profesora del Programa de Posgrado en Sociología de la Universidad Federal Fluminense y colaboradora del Instituto de Estudios Religiosos. “Este movimiento ha aumentado el número de candidaturas de pais y mães”.

La Cunha considera que las candidaturas de los sacerdotes religiosos, en general, son una estrategia para fortalecer el capital político, para conectar con nichos. “Para los cargos de representación proporcional, se sigue valorando esta estrategia. Cabe señalar que para los cargos que se eligen por mayorías las estrategias son otras. Justamente porque se espera que en esos cargos el candidato pueda comunicarse con múltiples sectores sociales”, analiza.

La estrategia de nicho, dice Da Cunha, también se ve en las candidaturas de personal militar, maestros, médicos. “Son identidades que generan expectativas públicas, además de conectar a los actores sociales emocional e ideológicamente en este contexto político”.

Este artículo fue publicado originalmente por Agencia Pública.

 

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El desertor homosexual que escapó de Corea del Norte (y de su matrimonio) y encontró el amor a los 62 años

Jang Yeong-jin huyó de Corea del Norte escapando de un matrimonio sin amor. Ahora se ha prometido con su novio.
22 de marzo, 2021
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Jang

Oh Hwan
A los 62 años, Jang ha encontrado el amor y se va a casar con su novio estadounidense.

La singular historia del único desertor abiertamente homosexual de Corea del Norte fue cubierta por la prensa internacional cuando publicó su autobiografía. Ahora, 25 años después de huir de su país, cuenta a la BBC sus planes para casarse con su novio estadounidense.

Jang Yeong-jin nunca le habían parecido atractivas a las mujeres. Pero no fue hasta la noche de bodas, a los 27 años, que esto le hizo su vida más difícil.

Jang se sintió intensamente incómodo. “No podía poner un dedo sobre mi esposa“, recuerda.

Aunque la pareja finalmente consumó su matrimonio, el sexo era poco habitual.

Cuatro años después, su esposa seguía sin quedar embarazada, y uno de los hermanos de Jang comenzó a averiguar. Jang admitió que jamás se había sentido atraído por una mujer, y su hermano lo mandó rápido al doctor.

“Fui a muchos hospitales en Corea del Norte porque pensé que tenía algún problema“.

Nunca se le ocurrió a Jang, o su familia, que podía haber otra razón por su falta de interés hacia su esposa.

Pruebas médicas

“La homosexualidad no es un concepto en Corea del Norte”, dice.

Si se ve a alguien correr a saludar a un amigo del mismo sexo, se asume que son buenos amigos. De hecho, con frecuencia se ve a adultos del mismo género agarrados de la mano en la calle, explica.

“Corea del Norte es una sociedad totalitaria. Tenemos mucha vida comunitaria, así que es normal para nosotros”.

Echando la vista atrás, Jang piensa que no era el único incomprendido.

Cuando ingresó en el hospital durante un mes para hacer pruebas médicas, conoció a otros pacientes.

“Descubrí que muchos habían tenido una experiencia similar: hombres que no podían sentir nada hacia una mujer”.

Pero explorar lo que realmente sentían era casi imposible.

“En Corea del Norte, si un hombre dice que no le gusta una mujer, la gente piensa que está enfermo”.

Un hombre con el que Jang había servido en el ejército lo visitó varias veces después de ser dado de alta. Le confió que su noche de bodas también había sido un desastre y que ni siquiera podía tomar de la mano a su esposa.

“Creo que era alguien como yo”, reflexiona Jang.

Park Jeong-Won, profesor de leyes en la Universidad Kookmin en Seúl, Corea del Sur, no tiene conocimiento sobre alguna ley explícita en Corea del Norte contra las relaciones homosexuales.

Pero agrega que las leyes del estado contra las relaciones extramaritales y la violación de las costumbres sociales probablemente serían utilizadas para enjuiciar cualquier acto sexual gay.

Jang

Oh Hwan
El caso de Jang se conoció abiertamente cuando publicó su biografía hace 25 años.

Otro académica en Seúl, Kim Seok-hyang, ha entrevistado docenas de desertores sobre esto, y dice que ninguno había escuchado jamás hablar sobre el concepto de homosexualidad.

“Cuando les preguntaba sobre homosexualidad, les costaba entender. Así que tenía que explicarlo a cada persona”, dice Kim, profesora de estudios norcoreanos en la Universidad de Mujeres Ewha.

Todos los desertores le confesaron que si alguien les descubría explorando relaciones con alguien del mismo sexo, serían condenados al ostracismo, incluso posiblemente ejecutados.

Jang fue dado de alta con un historial médico limpio. Todas las pruebas médicas solicitadas por su hermano mostraron que no tenía nada malo.

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BBC

La decisión de marcharse

Por otro lado, la esposa de Jang seguía siendo infeliz.

“Pensaba: ‘Debería dejar marchar a esta persona. Deberíamos encontrar una forma de ser felices'”, cuenta el desertor.

Jang solicitó el divorcio. Sin embargo, este proceso no es fácil en Corea del Norte. Se requiere el permiso de un tribunal, y estos priorizan la unidad familiar, dice el profesor de leyes Park Jeong-Won.

Solo autorizan una separación si el matrimonio es visto como una amenaza a la ideología del país, explica.

Fue entonces cuando Jang se dio cuenta que solo le quedaba la opción de huir, de abandonar Corea del Norte. Esto anularía automáticamente su matrimonio y permitiría volver a casarse a su mujer.

Pero el catalizador de su decisión fue una visita del mejor amigo de Jang, un hombre llamado Seoncheol.

Habían crecido juntos en el pueblo norteño de Chongjin. Eran muy cercanos, y dormían en la misma cama cuando uno se quedaba en casa del otro durante la infancia.

Pero cuando crecieron, los sentimientos de Jang por Seoncheol se intensificaron.

“Realmente Seoncheol me gustaba mucho. Todavía sueño con él”.

A veces Seoncheol le visitaba para cenar y, una noche, preocupado por lo tarde que se había hecho, Jang persuadió a Seocheol para que se quedara a dormir.

Unas horas más tarde, Jang se encontró saliendo de su propia cama y acercándose a Seoncheol. Estaba devastado cuando su amigo dormido ni siquiera se movió.

“No sé exactamente qué quería de él, tal vez solo que me abrazara fuerte”, dice Jang.

Aquel momento le hizo sentir que su vida en Corea del Norte había llegado a su fin.

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BBC

La fuga

Jang llegó a Corea del Sur en abril de 1997 arrastrándose por la zona desmilitarizada (DMZ) llena de minas que divide las dos naciones, después de que su ruta inicial le dejara varado en China.

Cruzar la DMZ es tan arriesgado e infrecuente que su fuga fue noticia en el sur.

Zona desmilitarizada en Corea del Norte.

Getty Images
Jang escapó a través de las verjas fortificadas de la zona desmilitarizada llena de minas que divide las dos Coreas.

Las dinámicas en Seúl eran muy distintas a las de Corea del Norte, pero incluso aquí el caso de Jang desconcertó a los funcionarios surcoreanos.

Todos los desertores de Corea del Norte se someten a varias semanas de interrogatorios obligados del Servicio de Inteligencia de Corea del Sur (NIS) para comprobar que no son espías.

Jang fue interrogado durante más de cinco meses porque se resistía a explicar la verdadera razón por la que desertó.

Cuando finalmente admitió que simplemente no se sentía atraído por su esposa, se le permitió quedarse, pero una vez más fue enviado al médico.

“Los funcionarios del NIS me dijeron que debía haber alguna razón por la que no me gustaban las mujeres”.

En aquel tiempo, incluso en el sur había poca conciencia sobre las distintas orientaciones sexuales. Varios doctores le recomendaron buscar ayuda psicológica, pero ignoró sus consejos.

Descubrimiento y decepción

Entonces, en la primavera de 1998, 13 meses después de llegar a Corea del Sur, Jang abrió una revista para leer una entrevista que dio sobre su deserción.

Al pasar la página, descubrió un artículo sobre hombres homosexuales saliendo del armario, con una escena de una película estadounidense que mostraba dos hombres besándose sobre una cama.

Ahí se convenció de que él también era homosexual.

“Cuando vi aquello, supe enseguida que era ese tipo de persona. Por eso no me gustaban las mujeres”.

Aquella revelación transformó la vida de Jang, quien se volvió un cliente habitual de los bares para gays en Seúl.

Pero años después, este nuevo mundo expuso a Jang a un fraude devastador.

En 2004, el dueño de uno de los bares favoritos de Jang le presentó a un auxiliar de vuelo.

Salieron durante tres meses y Jang se enamoró.

El auxiliar de vuelo le pidió a Jang mudarse juntos, pero le explicó que, como vivía con su padrastro, primero debían comprar una casa más grande.

Jang se mudó de su apartamento alquilado y le dio US$82.000 de sus ahorros y todas sus pertenencias.

Nunca más volvió a verle. Acudió cada día a la estación de policía durante dos semanas hasta que le dijeron que se diera por vencido.

Jang jamás pensó que alguien pudiese engañarle de esta manera.

“En Corea del Norte tenemos una vida muy controlada. Si hubiera dicho que alguien me había estafado, el partido lo habría rastreado y castigado con dureza”.

Jang enfermó y fue hospitalizado durante un mes. Piensa que fue producto del estrés. Esto significó perder su trabajo en una fábrica. Como consecuencia, se quedó sin dinero, sin casa y desempleado.

Poco a poco fue reconstruyendo su vida. Consiguió un trabajo como limpiador, ahorró para rentar una nueva casa y comenzó a escribir en su tiempo libre.

De niño ganó una vez un concurso de escritura, pero entonces se requería que los estudiantes solo escribieran para honrar al régimen norcoreano.

Ahora, finalmente, Jang podía escribir lo que quisiera. Su autobiografía A Mark of Red Honor (“La marca del honor rojo”) fue publicada en 2015.

Encontrar el amor

Tomó un largo tiempo antes de que Jang se arriesgara a tener una cita. El año pasado, con 62 años, Jang conoció a Ming-su, el dueño de un restaurante, en un sitio de citas.

Cuatro meses más tarde, Jang viajó a la nación que conocía como “el país de los lobos”, el término despectivo de Pyongyang hacia Estados Unidos.

Pero cuando Jang vio a Min-su esperándolo en la sala de llegadas, su corazón se hundió. Min-su llevaba pantalones cortos y gorra, y dice Jang que esto le decepcionó.

“Al ver cómo se vestía, asumí que era un hombre maleducado y brusco“, dice Jang.

Jang

Jang Yeong-jin
Compartiendo vinos y picnics, la pareja se ha ido conociendo cada vez más.

El confinamiento por coronavirus les dio espacio para conocerse mejor, bebiendo vinos y organizando picnics.

“Cuanto más le conocía, más podía ver su buen carácter. Aunque es ocho años menor que yo, es el tipo de persona que primero se preocupa por los demás”.

Tras dos meses, Min-su decidió proponerle matrimonio.

Ahora Jang está finiquitando sus documentos para probar que su matrimonio en Corea del Norte está terminado y esperan casarse a fines de este año.

“Siempre me sentía miedoso, triste y solitario cuando vivía solo. Soy muy introvertido y sensible, pero él es una persona optimista. Somos buenos el uno para el otro”, dice.

Jang y su prometido.

Jang Yeong-jin
Jang y su prometido tienen varios planes para cuando terminen las restricciones por coronavirus.

Pero a pesar de su felicidad recién descubierta, Jang sigue obsesionado por el impacto que su deserción tuvo en su familia.

Varios de sus parientes fueron desterrados a una aldea remota en el helado norte, un destino brutal para aquellos cuyos familiares se perciben como desleales al régimen. Seis de sus familiares murieron de hambre y enfermedad, incluida su madre y cuatro de sus hermanos.

Jang dice que la única forma en que puede lidiar con esa culpa es escribiendo.

“Siempre que pienso en mi familia es muy doloroso para mí, por eso decidí escribir. Pienso que es la única manera en que puedo compensarle”, reflexiona.

Pero al menos le consuela que su decisión de abandonar Corea del Norte dio nuevas oportunidades a su esposa. Escuchó que había vuelto a casarse.

“Siempre pensé que era muy talentosa, así que me sentí muy feliz por ella”.

Y dice que espera expandir sus horizontes una vez se flexibilicen las restricciones por el coronavirus y quiere visitar Washington, a media hora en auto, con Min-su.

“Escuché que hay muchos bares gay allí. Quiero ir a esos bares con él”.

Mientras tanto, dice que disfruta de la tranquilidad de los suburbios, que describe como si estuviera en un “cuento de hadas”.

Min-su es un nombre falso.


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