Morena quiere que el Fondo de Salud sea para cáncer y vacunas COVID
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Morena quiere que dinero del Fondo de Salud no sea solo para cáncer sino también para COVID

Los diputados de Morena y sus aliados quieren canalizar dinero del fondo que atiende enfermedades catastróficas para la vacuna de COVID-19 y hay voces que alertan que se destapará un hoyo para tapar otro.
Cuartoscuro
27 de octubre, 2020
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Los diputados de Morena y sus aliados impulsan una iniciativa de reforma que plantea canalizar una parte de la bolsa de dinero del Fondo de Salud para el Bienestar, antes de Gastos Catastróficos, que atiende enfermedades como el cáncer u otras que suponen erogaciones importantes para las familias sin seguridad social, en la compra de la vacuna contra COVID-19.

La iniciativa con Proyecto de decreto por el que se adiciona un párrafo al artículo 77 bis 17 de la Ley General de Salud, presentada por el diputado Iván Arturo Pérez Negrón, de la fracción parlamentaria de Morena, ha provocado críticas y posturas en contra entre los partidos de oposición, quienes piden, junto con organizaciones de la sociedad civil, no dejar a los pacientes con cáncer y otras enfermedades con gastos catastróficos sin recursos para su atención.

El diputado asegura que esto no pasará y que solo busca ponerle un tope a la acumulación de recursos que se da en el fondo para destinar ese excedente a la atención de otras emergencias.

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La propuesta de Pérez Negrón, que se aprobó este martes en las comisiones de Presupuesto y Cuenta Pública y de Salud de la Cámara de Diputados y que pasará al pleno, atoró hace un par de semanas la discusión de la desaparición de fideicomisos que finalmente aprobó el Congreso.

Pero, qué es el Fondo de Salud para el Bienestar y a quién atiende. Este fondo es el heredero del ya desaparecido Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos y es parte del Fideicomiso del Sistema de protección Social en Salud.

En las reglas de operación de ese fideicomiso se establece que ese fondo de salud es una reserva destinada al apoyo económico para la atención integral de las enfermedades e intervenciones que producen gastos altos para las personas sin seguridad social.

En la iniciativa presentada por Pérez Negrón se asegura que no se pretende desaparecer el Fondo de Salud para el Bienestar ni dejar sin recursos y sin tratamiento a los pacientes de enfermedades como el cáncer.

Lo que plantea es canalizar solo una parte de la reserva de ese fondo, lo que hay ahí almacenado y que no se ha utilizado en estos años, para gastos en salud como la vacuna para COVID-19.

La iniciativa plantea “preservar los recursos requeridos para la atención de aquellas enfermedades cuyo costo puede terminar con el patrimonio de una familia promedio, incluso guarda una reserva muy por encima de los requerimientos anuales para cumplir ese objetivo; pero, al mismo tiempo, evita el efecto acumulativo que hoy impide la aplicación de miles de millones de pesos a la atención del problema de salud pública más grave en más de 100 años”.

Para esto, se mantendrán los tres destinos específicos que actualmente deben tener los recursos del fondo, conforme a la Ley, es decir: 8% a la atención de enfermedades que provocan gastos catastróficos; 2% a la atención de necesidades de infraestructura preferentemente en las entidades federativas con mayor marginación social, y 1% a complementar los recursos destinados al abasto y distribución de medicamentos y demás insumos, así como al acceso a exámenes clínicos, asociados a personas sin seguridad social.

Lo que se pretende modificar, de acuerdo al documento de la iniciativa, es que “cada año ingresan más recursos de lo que en realidad se gasta y prácticamente el doble de lo que se valida”.

De acuerdo a los datos asentados en la iniciativa, en 2018, por ejemplo, los ingresos al Fondo de Salud para el Bienestar, en ese entonces de Gastos Catastróficos, fueron por 14,399.9 millones de pesos, los rendimientos ascendieron a 7,152.0 millones de pesos.

Los egresos fueron de 14,380.1 millones de pesos, los validados (los recursos que se usaron para el pago de tratamientos y medicamentos a pacientes con enfermedades catastróficas) alcanzaron solo los 7,760.7 millones de pesos, pero aún con estos gastos en el fondo quedó disponible un total de 92,880.9 millones de pesos que no se utilizaron.

Para 2019, el monto que quedó en el fondo y que no se usó para atender alguna enfermedad o pacientes alcanzó los 105,873.3 millones de pesos y los validados fueron apenas 2,853.7 millones de pesos, aunque el documento de la iniciativa advierte que este monto podría variar de acuerdo a informes posteriores de la Secretaría de Hacienda.

El resultado de la forma en cómo se usa o no los recursos del fondo, dice la iniciativa, “es la acumulación de una muy importante cantidad de recursos públicos destinados a la atención de la salud de los mexicanos que ni se erogan para cubrir enfermedades que provocan gastos catastróficos, ni se utilizan para ampliar la infraestructura, ni para una mayor cobertura de medicamentos y, ahora, tampoco para la atención de la pandemia de la enfermedad Covid-19”.

La iniciativa plantea, frente a esto, adicionar un párrafo segundo al artículo 77 bis 17 de la Ley General de Salud que quedaría así: “cuando el fondo acumule recursos en un monto superior a dos veces la suma aprobada en el Presupuesto de Egresos de la Federación para el ejercicio fiscal 2020 como aportaciones al fideicomiso del Fondo de Salud para el Bienestar, el remanente podrá destinarse a fortalecer acciones en materia de salud a través del reintegro de recursos correspondiente a la Tesorería de la Federación o mediante el Fondo de Salud para el Bienestar”.

El transitorio segundo de la iniciativa señala que el Instituto de Salud para el Bienestar instruirá a la institución fiduciaria, a más tardar el 1 de abril de 2021, para que concentre en la Tesorería de la Federación la cantidad de hasta 33 mil millones de pesos del patrimonio de ese Fideicomiso (de donde salen los recursos para el Fondo de Salud para el Bienestar), de conformidad con las disposiciones jurídicas aplicables.

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Recursos para enfermedades catastróficas están asegurados

El diputado por Morena, Iván Pérez Negrón, impulsor de la iniciativa de reforma, reitera que no se dejarán de cubrir las enfermedades catastróficas ni a los pacientes a los que se les da atención.

“No desaparece el fondo ni desaparecen los recursos para atender a los niños con cáncer, ni a los adultos, ni el cúmulo de enfermedades que ha determinado el Consejo de Salubridad General como enfermedades que originan gastos catastróficos, eso está garantizado”.

Pérez Negrón se queja de que la oposición ha querido hacer uso político del tema y denostar la iniciativa, pero en realidad, “este fondo se preserva prácticamente en los términos en los que existe, no se reducen los recursos presupuestales que por ley deben destinársele y no se eliminan ni se restringen los tres destinos actuales en que deben aplicarse los recursos (padecimientos, infraestructura y un extra para medicamentos e insumos)”.

El único cambio, subraya,  que establece el párrafo que se adiciona a la Ley de Salud es el establecimiento de un límite, “a esa acumulación de recursos por el fondo y posibilitar el destino del remanente a fines de salud, porque también se ha querido decir que se irá a la bolsa de la Tesorería y Hacienda hará lo que se le pegue la gana con eso y eso es falso, será para salud y este año específicamente será para enfrentar la pandemia de COVID-19 y adquirir las vacunas.”

Peréz Negrón destaca que los recursos que se han venido acumulando no se han utilizado “y hoy ante la necesidad de enfrentar este virus, que además se ha convertido en una enfermedad super catastrófica, que genera gastos exorbitantes a las familias, lo que se hace es tomar una decisión para que esos recursos sigan garantizando la cobertura de las enfermedades catastróficas, pero también que haya recursos para enfrentar la pandemia de COVID-19”.

Sonia Rocha, diputada del grupo parlamentario del PAN e integrante de las comisiones de Presupuesto y Salud, explica que la razón de acumular dinero en esa bolsa es un tema de progresividad. “Es un fideicomiso, creo que no ha entendido ese tema, es un derecho pre adquirido de la gente de estas 66 enfermedades catastróficas (que se incluyen hasta ahora en el fondo) y siguen existiendo enfermedades que se tienen que curar además de la pandemia, no podemos dejar a las mujeres y a los niños con cáncer que no tienen otra seguridad social”.

Cuando se le señala que en la iniciativa se asienta que eso se seguiría cubriendo, matiza que la preocupación (en su bancada) es que “ese fondo aunque cada año sobre dinero no significa que te lo puedas gastar para lo que tú quieras, y no se garantiza que se va  a ir a la pandemia, dónde te garantiza eso si no es un fondo, es a gasto corriente, me lo gasto en lo que quiera, si lo mandas a la tesorería ya no hay garantía por un tema legal de cómo se maneja el recurso”.

Los focos rojos

Judith Senyacen Méndez, coordinadora de Salud y Finanzas Públicas del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), explica que si se deja en este fondo solo dos veces la suma aprobada en el Presupuesto de Egresos de la Federación para el ejercicio fiscal 2020 como aportaciones al fideicomiso del Fondo de Salud para el Bienestar, el riesgo es que no se pueda después ampliar la cobertura y las intervenciones de enfermedades catastróficas, como cierto tipo de cáncer.

La cobertura en leucemia, por ejemplo, está por debajo del 50%. Y el fondo todavía no cubre cáncer de pulmón. “Más bien se tendría que buscar la manera de seguir ampliando cobertura e intervenciones”, subraya. Además, Méndez señala que los fideicomisos deben tener un remante, una bolsa de ahorro.

En este momento, agrega, parece conveniente tomar del remante porque el fideicomiso ya trae acumulado, “pero no va a ser adecuado que  tomen y tomen para gasto corriente de una fuente que se fue creando año con año y que tiene matices de a quién le pertenece ese fondo porque se fue llenando con aportaciones federales y estatales que eran para un destino en específico: para atención de enfermedades catastróficas”.

Entérate:

Mariana Campos, coordinadora del programa de Gasto Público y Rendición de Cuentas de México Evalúa, señala que no es conveniente ponerle un tope a lo que se acumula en ese fondo, más porque no se ha precisado cómo se estableció esa cantidad.

“¿Quién nos dice ese tope, cómo sabemos que ese tope es el conveniente, cómo sabemos que eso es lo que requiere? No hemos visto un estudio de impacto presupuestario en el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (de la Cámara de Diputados), así que cómo sabemos que esa es la cantidad óptima para dejar de reserva”, se pregunta la especialista.

La realidad, prosigue, “es que no se ha estimado el costo de lo que cuesta atender un tratamiento de cáncer, por ejemplo, la leucemia de los niños o el cáncer de mama.  Además, ¿cómo sabemos cuántos mexicanos van a requerir ese servicio el próximo año y cuánto nos va a costar atenderlos? Se necesita saber eso para hacer una buena estimación”.

El otro riesgo, advierte Méndez, del CIEP, es que en 2021 la iniciativa plantea en su exposición de motivos que los 33 mil millones que se reintegrarán a la tesorería se usarán para hacer frente a la pandemia de covid, en específico a la vacuna, pero para el resto de los años no se especifica a qué se destinarán.

Sobre esto, Campos sostiene que la planeación de las finanzas públicas y del gasto público está limitada a un año de ejercicio. “No tenemos una ley de presupuesto y responsabilidad hacendaria que responsabilice al gobierno de financiar los servicios públicos por más de un año.  Es una carencia que hemos tenido en México y por eso hemos promovido la creación de un consejo fiscal que tenga la responsabilidad de planear las finanzas públicas a cinco, 10, 20 años”.

Campos también explica otro aspecto que le falta a la reforma planteada por Morena: no contiene medidas de gobernanza ni de rendición de cuentas a los ciudadanos. Es común, dice, “que en los países desarrollados cuando implementan este tipo de reformas tan delicadas, porque se habla de la vida de las personas, se ponen en marcha comisiones que le den seguimiento a la implementación de la reforma, para obligar el monitoreo y la evaluación, eso no está incluido aquí”.

La analista se pregunta entonces: “¿cómo los ciudadanos vamos a saber que esta reforma fue pertinente o no fue pertinente, cómo nuestros representantes van a saber qué otros aspectos hay que atender de esta reforma, qué hizo falta o qué sobró? Eso no se ha puesto ahí. No se ha mandatado que exista un informe para reportar a la Comisión de Salud o a la de Presupuesto”, concluye Campos.

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Kate McHenry

'La pérdida de olfato por coronavirus hizo que la carne me sepa a gasolina'

Un fenómeno llamado parosmia ha dejado a algunos sobrevivientes de coronavirus en un mundo de esencias distorsionadas.
Kate McHenry
31 de agosto, 2020
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Perder la facultad de oler y degustar son dos síntomas asociados a la COVID-19.

Mientras muchos han recuperado sus sentidos, otros sufren un fenómeno llamado parosmia en el que tienen los sabores y olores distorsionados.

Para Kate McHenry, el agua de la pila deja un hedor horrible. Eso, junto a otro desagradable olor que destila al ducharse, significa que incluso el aseo se ha convertido en algo que debe enfrentar.

“Mi champú favorito tiene ahora el olor más asqueroso del mundo”, dijo McHenry.

Tras caer levemente enferma en marzo, esta inglesa de 37 años fue incapaz de oler algo durante cuatro semanas. Su sentido regresó poco a poco, pero a mediados de junio las cosas “empezaron a oler muy raras” y fueron reemplazadas por un “hedor químico horrible”.

Este hecho ha cambiado la vida de McHenry. Ha perdido peso, tiene ansiedad y añora el placer de comer, beber y socializar. Su problema es tan fuerte que este hedor le desborda incluso en lugares donde simplemente se cocina comida.

Le aterra pensar que ha perdido el sentido de olfato para siempre.

Kate McHenry y su pareja Craig Gordon.
Kate McHenry

Kate se siente culpable cuando su pareja le pregunta qué le apetece comer.

“Me encanta las buenas comidas, salir a restaurantes y beber con amigos, pero todo eso se ha ido. La carne me sabe a gasolina y el prosecco a manzana podrida. Si mi novio Craig se come un curry el olor es horrible. Le sale de sus poros y es difícil estar cerca de él”.

“Me entristezco cuando cocino en las tardes. Craig me pregunta qué quiero comer y me siento mal porque no hay nada que me apetezca. Sé que todo tendrá un sabor horrendo. Me asusta quedarme así para siempre”.

Comida que McHenry puede comer.

Kate McHenry
La pasta con queso es uno de los pocos platos que McHenry puede tolerar.

Las personas con covid-19 pueden perder su sentido del olfato porque el virus daña los nervios terminales de sus narices.

La parosmia puede producirse cuando esos nervios se regeneran y el cerebro es incapaz de identificar debidamente el olor real de algo.

Esta condición está habitualmente vinculada a los resfriados comunes, la sinusitis y las lesiones en la cabeza. Los que los sufren describen oler a quemado, humo de cigarro o carne podrida. En algunos casos el olor es tan fuerte que induce al vómito.

Aunque los profesionales reconocen que la parosmia es un signo de recuperación del olfato, para algunas personas puede tardar años en pasar.

Pasquale Hester

Pasquale Hester
Pasquale Hester afirma que lidiar con la parosmia le quita fuerzas.

Lavarse los dientes con sal

Para Pasquale Hester, también de Inglaterra, la pasta de dientes es uno de sus peores enemigos.

El gusto químico que desprende le produce tantas arcadas que ha empezado a lavarse los dientes con sal, que sabe normal para ella.

Como muchos otros afectados por coronavirus, pasaron semanas hasta que mejoró su sentido del olfato. Pero entonces comió curry por su cumpleaños en junio y se dio cuenta de lo distorsionado que estaba su gusto.

“Escupí la comida porque sabía a pintura. Algunas cosas se toleran mejor. El café, el ajo y la cebolla son lo peor. Puedo comer judías verdes y queso. Lo que me está pasando me afecta. No se lo desearía ni al peor enemigo”, dice Hester.

Lo que comer Pasquale Hester

Pasquale Hester
Un plato de judías verdes y queso es de lo poco que Pasquale puede comer.

Brooke Jones empezó con síntomas en abril y dio positivo por covid-19 una semana más tarde. Describe casi todo lo que huele como “carne podrida con algo sacado de una granja”.

Esta estudiante de 20 años hizo una lista de comida que puede tolerar: gofres tostados, pepino y tomate. Lo demás le disgusta.

“Trato de imaginarme el sabor de las cosas. Si como comida china, incluso si no sabe tan bien, me convenzo de que en realidad no está tan mal”.

Brooke Jones

Brooke Jones
Brooke Jones perdió el sentido del gusto y del olfato.

Impacto psicológico

Se desconoce el número de infectados por covid que han tenido parosmia, pero se estima que cientos de miles han perdido el olfato o gusto de forma temporal.

La profesora Claire Hopkis, presidenta de la Sociedad Rinológica Británica, advierte que hay una “creencia incorrecta generalizada” de que la pérdida de olfato por el virus es a corto plazo”.

“Sí, hay una gran probabilidad de recuperación, pero también muchas personas que perderán este sentido por un período largo de tiempo y ese impacto se está infravalorando“, agrega la especialista.

El olfato juega un rol importante en la memoria, el estado de ánimo y las emociones. Aquellos que sufren alguna disfunción se sienten recluidos.

“Cuando intento explicarlo, algunos piensan que es gracioso. Sé que las secuelas del coronavirus pudieron ser mucho peores, pero me afecta y asusta que nadie es capaz de confirmar si mejorará”, confiesa Jones.

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