CDMX, Tlaxcala, Sonora, estados con mayor alza de muertes durante pandemia
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CDMX, Tlaxcala, Sonora, Campeche y BC, los estados con mayor aumento de muertes durante la pandemia

Hasta el 31 de agosto, ocurrieron 136 fallecimientos adicionales a los esperados por cada 100 mil habitantes a nivel nacional, aunque nueve estados superaron ese registro.
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Por Proyecto Li y Nayeli Roldán
5 de octubre, 2020
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En cinco meses de pandemia de COVID-19, hasta el 31 de agosto, ocurrieron 136 fallecimientos adicionales a los esperados por cada 100 mil habitantes en México, pero al analizar la situación por cada entidad, nueve están por encima de esa cifra. Ciudad de México, Tlaxcala, Sonora, Campeche, Baja California, Estado de México, Morelos, Veracruz y Quintana Roo, son los estados de la República que superan la tasa nacional de exceso de mortalidad con cifras que van de 148 a 257 de muertes adicionales por cada 100 mil habitantes.

El exceso de mortalidad es el número adicional a las muertes “esperadas”, toda vez que en cada población, de acuerdo a sus características, ocurre prácticamente el mismo número de fallecimientos cada año, es decir, existe una tendencia a menos que ocurra un fenómeno que le afecte, como una guerra, una catástrofe natural o, como sucede ahora, una pandemia.

Animal Político y Proyecto Li publicaron ayer que el exceso de mortalidad en cinco meses de pandemia asciende a 173 mil fallecimientos en todo el país. Esto al comparar el número de fallecimientos ocurridos entre el 1 de abril y el 31 de agosto de 2019 con respecto a 2020. Y significa que la tasa de exceso en el país se ubica en 136 por cada 100 mil habitantes.

Sin embargo, al revisar la situación de cada estado, el panorama es contrastante. Mientras hay entidades por encima de esa cifra, Durango y Aguascalientes, registran una tasa de exceso de mortalidad de 40 por 100 mil habitantes, la más baja en todo el país; mientras que Querétaro y Nayarit tienen una tasa de 60 muertes en exceso por cada 100 mil habitantes.

La pandemia en los estados

La Ciudad de México fue la primera en reportar contagios de covid y tiene la mayor población residente y flotante, sobre todo del Estado de México, factores que incrementan el riesgo de contagio y propagación y, por ende, hacen más complejo el manejo de la pandemia.

De acuerdo con el cálculo que hicimos para esta investigación, entre el 1 de abril y el 31 de agosto, la CDMX tiene un exceso de mortalidad de 30 mil 815 fallecidos, que lo ubicaría con una tasa de 342 por cada 100 mil habitantes.

Sin embargo, Eduardo Clark, encargado de Tecnología de la Agencia Digital de Innovación Pública de la Ciudad de México CDMX, explicó que habría que considerar a los no residentes, es decir, las personas que fueron atendidas y fallecieron en un hospital de la Ciudad de México, pero que vivían en otra entidad federativa.

Durante toda la pandemia, la proporción de personas no residentes que fallecieron en la CDMX se ubica en entre 28%-30%, mientras que en años previos la proporción era de 25%.

Sin embargo, por el momento no se conoce públicamente este dato con el resto de los estados, es decir, el número de personas residentes de un estado que fallecieron en otro, debido a que los datos obtenidos para esta investigación obedece a el número de actas de defunción en los registros civiles que no tiene el dato de la residencia de cada persona fallecida.

Es por ello, que considerando el argumento de la Agencia Digital y restando esa proporción de los no residentes fallecidas en la CDMX, la tasa de exceso de mortalidad se ubicaría en 256 por 100 mil habitantes.

Pero aún con ello, la Ciudad de México estaría a la cabeza en el número de muertes adicionales, pero para la Agencia Digital, este dato mide sólo “la tasa de penetración de la pandemia, no letalidad”.

La tasa de fatalidad de caso, que significa el número de casos positivos que derivan en defunción, en el caso de la CDMX “la gente se infecta más, pero el porcentaje de fallecimientos es menor al de otras entidades federativas. Hubiera sido catastrófico todo lo que podría haber ocurrido en la Ciudad, pero aún con exceso de mortalidad, si tuviéramos la tasa de fatalidad de caso, sería peor”, afirma Eduardo Clark.

Tlaxcala, una entidad con un millón 380 mil habitantes, registró del 1 de abril al 31 de octubre, 3 mil 540 muertes más en 2020 que en comparación con el mismo periodo de 2019. Lo que representa una tasa de exceso de mortalidad de 257 por cada 100 mil habitantes.

Del total de fallecidos adicionales, sólo mil 32 tuvieron confirmación de covid, lo que representa 29% del total de muertes adicionales registradas en el estado.

Tlaxcala fue la última entidad en registrar el primer caso de covid, el 25 de marzo, tras la llegada de la pandemia de covid al país con un primer caso el 27 de febrero. Hasta este 4 de octubre tenía un acumulado de 7 mil 601 casos confirmados que lo ubica en el lugar 15 entre todo el país. Actualmente se encuentra en semáforo amarillo, decir, tiene mayor apertura económica y de actividades generales.

En Sonora, el séptimo lugar en número de casos confirmados, con 24 mil 972 y 2 mil 891 fallecimientos con confirmación de COVID hasta este 4 de octubre, registró 6 mil 283 muertes en exceso, lo que representa una tasa de 204 por 100 mil habitantes.

Tanya Llanes, directora de estadística de la Secretaría de Salud de Sonora, explicó que las principales causas de muerte en el estado este año son neumonía e influenza, diabetes y agresiones. Además, otras enfermedades crónicas como padecimientos del corazón y obesidad también tuvieron incremento, aunque corresponde a una tendencia de los últimos años.

De acuerdo a sus números preliminares, “a nivel estatal, hay 200 defunciones superiores de más respecto al año pasado”.

Sin embargo, la dependencia estatal aún no ha concluido la recopilación total de los certificados de defunción de los últimos meses para agregarlo al Sistema Estadístico de Defunciones a nivel nacional, por lo que no han determinado el exceso de mortalidad en el estado de manera oficial. “Se trata de un sistema que no actúa en tiempo real”, dijo en entrevista.

Campeche fue la primera entidad en pasar a amarillo en el semáforo epidemiológico el pasado 14 de agosto, luego que en julio presentó el mayor pico de exceso de muertes, y al 31 de agosto sumó 1,982 fallecimientos adicionales.

También es única entidad que actualmente se ubica en semáforo verde, que, según la definición de la Secretaría de Salud, “se permiten todas las actividades, incluidas las escolares”.

En tanto, Baja California, tiene 7 mil 22 fallecimientos adicionales hasta el 31 de agosto de 2020, de los cuales 3 mil 555 tuvo confirmación la COVID como causa de muerte, lo que significa 50%.

El mayor pico de exceso de muertes en la entidad ocurrió en mayo, con 3 mil 900, puesto que fue uno de los estados donde la propagación comenzó desde marzo, pero el número de fallecimientos ha bajado en los meses siguientes.

No podría atribuirse la totalidad de muertes al contagio del virus, puesto que, según expertos, también se consideran aquellos que tenían la sospecha de la covid, pero no fueron confirmados; quienes tenían otros padecimientos pero no fueron atendidos oportunamente, y los que fallecieron en sus casas por temor de acudir a un hospital.

Además, Animal Político publicó en septiembre que 1.5 millones de personas dejaron de ser atendidas en hospitales públicos debido a que el sistema de salud estuvo enfocado en atender pacientes covid, lo cual, también influir en los decesos de personas con otros padecimientos, señalaron expertos.

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Vacuna contra COVID: por qué algunas dosis acaban en la basura y qué se puede hacer para evitarlo

El mundo vive una carrera por hacerse con las escasas vacunas disponibles contra la COVID. ¿Por qué algunas acaban en la basura o se vacuna a personas no prioritarias?
5 de febrero, 2021
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Enfermeras cargan dosis de la vacuna en Nantes, Francia.

Reuters
Muchos países se enfrentan al reto de administrar las vacunas antes de que se estropeen.

Golpeado por la pandemia de covid, el mundo se enfrentó primero al reto de desarrollar en tiempo récord una vacuna. Ahora, al de distribuirla a escala planetaria sin malgastar una sola de las preciadas dosis.

Con la oferta de vacunas disponibles lejos aún de cubrir la ingente demanda mundial, los gobiernos han establecido rigurosos planes de vacunación que establecen los colectivos que deben ser vacunados primero: generalmente, personas mayores, enfermos crónicos y trabajadores de los servicios de salud.

Sin embargo, no han tardado en aparecer las noticias de personas no pertenecientes a estos grupos prioritarios que recibían la vacuna, o, algo más sorprendente aún, de dosis que acababan en el cubo de la basura.

En la ciudad de Trelew, en la Patagonia argentina, la prensa local informó de que hubo que desechar 140 dosis de la vacuna rusa Sputnik-V porque se había roto la cadena de frío en su conservación.

En España, el general al mando de las Fuerzas Armadas tuvo que dimitir después de que se hiciera público que había recibido la vacuna, pese a que algunos de sus colaboradores les dijeron a los medios españoles que lo había hecho precisamente para evitar que se echaran a perder las dosis sobrantes en su departamento tras vacunar a las personas prioritarias.

En México, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, condenó por “inmoral” al médico que vacunó a dos familiares después de un error en el sistema de citas del hospital en el que trabaja.

Son solo algunos ejemplos de noticias que han provocado malestar y críticas en muchos países cuando la mayoría de la gente sigue a la espera y en muchos casos aún sujeta a distintos grados de confinamiento.

El desafío de optimizar las vacunas

Lo cierto es que los sanitarios se pueden ver a veces ante un incómodo dilema, ya que las vacunas requieren condiciones especiales de conservación y, en algunos casos, sobre todo en pequeñas localidades o lugares alejados, no pueden cumplirse a rajatabla los estrictos criterios fijados por los gobiernos.

La vacuna fabricada por Pfizer, por ejemplo, debe conservarse a temperaturas muy bajas y, una vez descongelada, ha de usarse antes de 5 días.

La Sputnik-V se comercializa en ampollas de cinco dosis, por lo que si se quiere evitar malgastar ninguna, debe haber un número igual de pacientes listos para recibir el pinchazo.

Una profesional de la salud recibe la vacuna en un hospital de Ciudad Juárez, México.

Reuters
Los trabajadores sanitarios figuran entre los colectivos prioritarios en la mayoría de países.

Como explicó en conversación con BBC Mundo el doctor Pablo Bonvehí, jefe de la sección Infectología y Control de Infecciones del CEMIC, un centro de investigación médica de Buenos Aires, “la prioridad es no desperdiciar la vacuna“.

“Una campaña de vacunación, y más una como esta, es siempre un gran desafío de ingeniería”, indica el experto. Y no siempre es posible acomodar la disponibilidad de vacunas con el número de pacientes dispuestos a ponérsela, su disponibilidad para acercarse a los centros de vacunación a recibirla y las necesidades de espacio para mantener la distancia social en ellos.

A esto se suma el problema de los pacientes que no acuden a las citas programadas, sea porque no pueden desplazarse o porque, como los seguidores del movimiento antivacunas, rechazan la inmunización o desconfían de los gobiernos y los fabricantes de medicamentos.

¿Qué hacer entonces con la dosis sobrante cuando ya se ha cubierto el cupo de pacientes prioritarios agendados para el día?

Contenedores de residuos sanitarios en Manchester, Inglaterra.

Getty Images
En algunos países ya ha habido noticias de vacunas que acaban en la basura.

En Estados Unidos ya ha habido centros sanitarios que han empezado a convocar por la emisora de emergencias a los paramédicos que quieran vacunarse una vez cubierto el cupo diario para evitar que se echen a perder las dosis sobrantes.

Y un equipo médico del estado de Oregón que quedó atrapado en una congestión de tráfico comenzó a vacunar a otros automovilistas retenidos ante la imposibilidad de volver a refrigerar a tiempo las dosis que llevaban consigo.

Mejor en un brazo que en el cubo de la basura

Ante la emergencia sanitaria global, los centros médicos a nivel local se enfrentan al desafío de vacunar a la mayor cantidad de gente en el menor tiempo posible, conservando adecuadamente las vacunas y priorizando a los grupos de población de riesgo establecidos por las autoridades nacionales.

En esa tarea titánica, han encontrado una inesperada colaboración en los grupos de espontáneos que hacen fila junto a las clínicas y los centros de vacunación a la espera de que se les administre alguna de las dosis no utilizadas, una imagen cada vez más frecuente en Estados Unidos y en Israel, el país que lidera la frenética carrera global por la vacunación.

“A todas las dificultades se suma la de la incertidumbre acerca de las dosis que se van recibir y cuándo”, señala el doctor Bonvehí.

Para los dispensarios locales se complica aún más llevar una planificación adecuada de la vacunación ya que en muchos casos los gobiernos tampoco han podido ofrecer un calendario claro de vacunación y son ellos quienes centralizan la adquisición de los medicamentos.

Un hombre carga una bombona de oxígeno en Manaos, Brasil.

Reuters
América Latina es una de las regiones más golpeadas por la pandemia y muchos países aún no han podido comenzar a vacunar.

Para los países de renta media, como la mayoría de los de América Latina, que se encuentran detrás de los más ricos en la lista de espera global por recibir la vacuna en la cantidad y con la regularidad suficientes, hacer un uso óptimo de las que llegan se hace más crítico si cabe.

Bonvehí propone que “en las citas se llame a pacientes suplentes, para que, si alguien no se presenta, no haya que desperdiciar ninguna dosis”.

Y la Organización Mundial de la Salud ha pedido que los países más prósperos, que han comprado muchas más dosis de las necesarias para vacunar a toda su población, envíen las que no usen a los países en desarrollo.

Todo, porque, como le dijo Amesh Adalja, especialista en enfermedades infecciosas de la Johns Hopkins University, a la cadena NPR, “una vacuna en un brazo siempre va a ser mejor que una vacuna en el cubo de la basura”.


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