Fiscalías mandan al archivo y dejan sin aclarar 90% de las denuncias
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Cuartoscuro Archivo

Fiscalías mandan al archivo y dejan sin aclarar 90% de las denuncias

Solo 1 de cada 10 casos reportados como resueltos llega a un juez, y de esos solo en la tercera parte el MP termina acusando formalmente a alguien para ir a juicio.
Cuartoscuro Archivo
22 de octubre, 2020
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En 2019 las fiscalías del país reportaron la resolución de más de un millón de carpetas de investigación abiertas por denuncias de víctimas de algún delito, desde robos o extorsiones, hasta homicidios. Pero, en promedio, solo 1 de cada 10 de esos casos fue enviado ante un juez para proceder contra el probable responsable.

A las denuncias restantes, los agentes del Ministerio Público les dieron carpetazo sin esclarecer lo sucedido, la mayor parte de ellas enviándolas a un archivo “temporal” hasta que pase algo que permita retomarlas. En otros casos se concluyó que no había indicios para proceder en contra de alguien, o se decidió simplemente no continuar con las indagatorias.

Así lo revela el Censo Nacional de Procuración de Justicia Estatal 2020 realizado por INEGI, que además muestra que solo la tercera parte de las carpetas que sí fueron enviadas a un juez terminó sosteniéndose hasta la fase de juicio.

El censo (al que le faltan datos de seis estados que no entregaron su información a tiempo) detalla que a lo largo de 2019 las distintas agencias del Ministerio Público del país reportaron 1 millón 67 mil 972 carpetas de investigación “determinadas”, es decir, carpetas en donde fue posible tomar alguna resolución para que no siguieran abiertas.

Pero de ese total solo en 114 mil 53 casos, que equivalen al 10.7 por ciento, la determinación consistió en enviarlas ante un juez con evidencia inicial suficiente para proceder en contra de algún probable o probables responsables del delito denunciado. Se trata, apenas, de 1 de cada 10 casos.

Hay otros 91 mil 899 casos donde los fiscales cerraron el expediente sin enviarlo al juez ni seguir con la investigación, pero consiguiendo un arreglo entre las partes.

En cambio, las 862 mil 20 carpetas restantes fueron cerradas por las agencias del MP sin beneficio alguno para quien presentó la denuncia, pues el delito no fue esclarecido ni hubo reparación del daño. De ellas 477 mil 456, que equivalen a casi el 45 por ciento de total de carpetas determinadas, fueron enviadas al “archivo temporal”, como se le denomina a la opción de no cerrarlas de manera definitiva, pero dejarlas congeladas y sin investigar hasta que haya nuevos elementos.

Hay 236 mil 811 carpetas que las fiscalías resolvieron con la determinación de no proceder en contra de nadie; 59 mil 74 casos donde se declararon incompetentes para realizar una investigación; y en 46 mil 654 casos simplemente decidieron ejercer su facultad de no investigar lo denunciado.

Los datos del censo de INEGI también revelan que en 2019 las fiscalías reportaron la resolución de 152 mil 582 averiguaciones previas que corresponden a denuncias por delitos presentadas cuando aun estaba vigente el viejo sistema penal, es decir, antes de 2016. El 98 por ciento de los casos fue resuelto archivándolos o congelándolos de manera definitiva, y solo en el 2 por ciento de estas averiguaciones se procedió penalmente en contra de un probable responsables.

Por otro lado, las fiscalías reportaron al cierre del año pasado 1 millón 528 mil 168 averiguaciones previas y carpetas de investigación que seguían abiertas y pendientes de alguna resolución. A ellas se sumarian los nuevos casos que han sido denunciados a lo largo de 2020.

Ni con el juez, garantía de éxito

El que las carpetas de investigación lleguen ante un juez (casos judicializados) tampoco es garantía de que los probables responsables terminarán procesados o que se reparará el daño. Y es que, bajo las reglas del sistema penal acusatorio, las fiscalías deben desarrollar una fase de investigación complementaria en la que reúnan elementos que permitan formular una acusación formal e ir a juicio.

Los datos del censo de INEGI revelan que el 37.6 por ciento de dichos casos concluyó con una acusación formal en contra de los probables responsables, luego de la fase de investigación complementaria. En promedio es 1 de cada 3 carpetas que fueron originalmente judicializadas.

¿Qué pasa con el resto de los casos que llegaron al juez? Pues que en el 10 por ciento de ellos los fiscales terminan declarándose incompetentes para seguir con la investigación (de forma similar como ocurre con los que no son enviados nunca al juez); en el 8.5 por ciento se ordena la suspensión del proceso; el 7 por ciento se cierra por orden de un juez de amparo; entre otros.

Más fiscales, menos forenses

Los datos del censo de INEGI también abordan los recursos humanos y materiales con los que contaban las instituciones de procuración de justicia del país al cierre de 2019, y en general se advierten pocos cambios respecto a años anteriores. Es una infraestructura insuficiente para resolver incluso delitos graves como los homicidios dolosos, como documentó Animal Político en este reportaje.

En el lado positivo hay un ligero incremento respecto a la cifra de fiscales y agentes del Ministerio Público con los que se cuenta. La cifra pasó de 12 mil 36 servidores públicos en esta función en 2018 a 12 mil 714 en 2019, un incremento del 5.6 por ciento.

También creció la cifra de policías de investigación adscritos a las agencias del Ministerio Público al pasar de 10 mil 237 a 11 mil 844.

En cuanto a servicios periciales, el censo arroja que en 2019 había 6 mil 242 peritos de todas las especialidades en las distintas fiscalías, un cinco por ciento más de los que había en el 2018. Sin embargo, la cifra de médicos forenses disminuyó al pasar de 1 mil 173 en 2018 a 1 mil 120 el año pasado. También se redujo el número de químicos forenses de 520 a 456, una reducción del 12 por ciento.

De acuerdo con el censo, en el país existen 281 unidades de servicios periciales y 146 unidades del servicio médico forense. A ellos se suman 338 laboratorios fijos y móviles.

En términos de recursos económicos, las fiscalías reportaron a INEGI que en el 2019 ejercieron un presupuesto total de 44 mil 400 millones de pesos. Los presupuestos mas altos se ejercieron en Ciudad de México, por mucho, con 7 mil 32 millones de pesos, seguido del estado de México con 4 mil 359 millones, y Chihuahua con 3 mil 663 millones. En cambio, los montos mas bajos se ejercieron en Baja California Sur, Hidalgo y Tlaxcala.

Datos incompletos, otra vez

A igual que sucedió con el Censo de Gobierno, Seguridad y Sistemas Penitenciarios estatales 2020, en los datos del Censo de Procuración de Justicia Estatal 2020 falta información de varios estados. En esta ocasión, fueron los estados de Aguascalientes, Coahuila, Morelos, Yucatán, Estado de México y Sinaloa quienes no reportaron sus datos de carpetas de investigación iniciadas y resueltas.

Consultados sobre ello, en el INEGI indicaron que dicha situación obedece a complicaciones que han tenido los estados para culminar con el llenado de formularios, debido a la pandemia de COVID, y a que no consideraron esto como una actividad prioritaria.

No obstante, en el Instituto indicaron que los datos del censo se actualizarán conforme llegue y verifique la información faltante.

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Mutaciones del coronavirus: ¿cómo será su evolución?

Expertos explican la importancia de conocer las mutaciones del SARS-CoV-2 no sólo para hacer una vigilancia genómica de la pandemia, sino también para conocer el impacto que pueda tener la evolución del virus sobre ella.
19 de agosto, 2021
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Las mutaciones de los virus ocurren por errores al azar en la replicación de su genoma cuando se multiplican dentro de la célula. Esos errores generan la diversidad biológica necesaria para que sobre ella actúe la selección natural.

Los virus no tienen voluntad ni controlan sus mutaciones, pero el proceso evolutivo siempre da como resultado una mejor adaptación al medio. En este caso, a nosotros.

¿Cómo actúa la selección natural sobre el SARS-CoV-2? Básicamente de dos formas: o bien hace desaparecer mutaciones que son deletéreas o perjudiciales o bien selecciona mutaciones favorables porque tienen un valor adaptativo.

Conocer las mutaciones del coronavirus SARS-CoV-2 es interesante para realizar una vigilancia genómica de la pandemia, pero también para conocer el impacto que pueda tener la evolución del virus sobre ella.

Evolución del SARS-CoV-2 a lo largo de la pandemia

Desde que el SARS-CoV-2 realizó el salto a nuestra especie ha acumulado más de 12.700 mutaciones. La mayoría no tienen consecuencias biológicas. Otras han dado lugar a nuevas variantes. Algunas de ellas se denominan variante de interés (VOI) o de preocupación (VOC).

  • Variante de interés (VOI): variante del SARS-CoV-2 que porta cambios genéticos que pueden causar una enfermedad más severa, escapar al sistema inmune, afectar al diagnóstico de la enfermedad o a su transmisibilidad, provocando transmisión comunitaria en varios países, aumentando su prevalencia con un impacto notable sobre la salud pública.
  • Variante de preocupación (VOC): es una VOI que haya demostrado una mayor transmisibilidad, peor pronóstico, mayor virulencia o una menor eficacia de las medidas de salud pública, incluidos los tratamientos conocidos y las vacunas.

Al inicio de la pandemia (antes de febrero de 2020), cuando todavía no se tenía un control sobre la transmisión comunitaria del virus, hubo un periodo de rápida diversificación genética del virus coincidente con su transmisión en cada región geográfica.

Ilustración de anticuerpos atacando el SARS CoV-2.

Science Photo Library
Ilustración de anticuerpos atacando el SARS CoV-2.

A partir de marzo de 2020, con la llegada de los confinamientos en casi todo el mundo, ocurrió una extinción masiva y una homogeneización de mutaciones (variantes). Los confinamientos frenaron la expansión de algunas variantes.

Tras la relajación de las restricciones, se produjo una nueva diversificación, esta vez de forma más progresiva. Esta fase de la evolución del coronavirus tuvo un importante componente geográfico, donde la aparición de mutaciones y variantes se agruparon por regiones geográficas.

¿Qué hubiese pasado sin confinamientos? No lo sabemos, pero posiblemente habría ocasionado una mayor y más rápida diversificación de las mutaciones.

Y, por tanto, la aparición de un mayor número de variantes. La evolución del virus se habría acelerado y con ella su adaptación al ser humano. Esto hubiera sucedido con un alto coste en vidas y pérdida de salud para millones de personas.

Selección convergente

Hasta la fecha han aparecido más de 100 mutaciones que dan lugar a cambios en la secuencia de aminoácidos de las proteínas del virus.

Científico

Getty Images

Algo a tener en cuenta es que algunas de estas mutaciones han surgido recurrentemente durante la pandemia en diferentes variantes o linajes a lo largo de todo el planeta de una manera completamente independiente.

Esto indica que hay una fuerte presión selectiva actuando sobre dichas posiciones: es lo que se conoce como convergencia evolutiva. El virus encuentra una y otra vez las mismas soluciones (mutaciones) para adaptarse mejor al ser humano y asegurar su supervivencia.

También pueden ocurrir mutaciones que suponen una desventaja para la supervivencia o replicación del virus. Esto es una selección purificante.

Por ejemplo, una mutación que sea reconocida por determinado tipo de anticuerpo muy prevalente en una población hará que esa variante desaparezca en favor de otras que no la tengan. Esos casos son difíciles de detectar sin una secuenciación de todos los casos de la población.

Hay tres posiciones en el genoma que han sufrido mutaciones claves en la evolución de la pandemia hasta la fecha. La primera es la mutación D614G en la proteína de la espícula. Las otras dos son la R203K y la G204R, que han ocurrido en la proteína de la nucleocápside del virus.

Mutaciones relevantes en la espícula

La espícula del virus es la llave que abre la entrada a la célula humana. Así que no es de extrañar que haya habido una selección positiva en el sitio de unión al receptor, favorecida por aquellas mutaciones que son más eficientes en la infección.

La mutación D614G apareció hacia febrero de 2020. Esta mutación se ha detectado en la variante alfa, contribuyendo a su expansión a otras zonas geográficas, principalmente europeas en su inicio. Pero también surgió en prácticamente todas las variantes de interés como la beta y la delta.

Virus

Getty Images
La mutación D614G se sitúa dentro de la proteína espiga, la que el virus utiliza para penetrar en nuestras células.

Curiosamente, este sitio es más propenso a cambios, y la mutación podría ser debida a múltiples ganancias del aminoácido ácido aspártico, para una posterior pérdida y substitución por la glicina.

Algunas regiones del genoma son más susceptibles a mutaciones que otras. Por ejemplo, en el sitio de unión de la espícula han aparecido otras 31 mutaciones.

Las diferentes variantes se determinan en función de estas mutaciones. Son una huella de selección que aparecen en los diferentes linajes del virus.

Otras mutaciones de la espícula que han aparecido en las VOC son la N501Y y la E484K, que se ha asociado con una disminución de la respuesta de los anticuerpos neutralizantes.

Estas mutaciones indican una rápida adaptación del virus a los humanos, permaneciendo aquellas que facilitan el contagio entre personas, y su entrada en las células humanas.

Mutaciones en la nucleocápside

Si la espícula es la llave de entrada a la célula, la nucleocápside es la armadura que protege su información dentro de la célula y asegura su transcripción.

La región que codifica para la proteína de la nucleocápside parece acumular la mayor proporción de mutaciones positivas en el genoma del SARS-CoV-2, como la R203K y la G204R. Las mutaciones que ayudan a proteger este material genético del virus proporcionan una ventaja evolutiva.

Aunque la nucleocápside ha recibido menos atención que la proteína de la espícula, parece desempeñar un papel fundamental en la evolución del virus y su adaptación para sobrevivir en las células humanas.

Es previsible que se sigan acumulando mutaciones en esta región del genoma a lo largo de la pandemia. Estas mutaciones tendrán como resultado una replicación más eficiente en nuestras células.

Futuro de la evolución del SARS-CoV-2

En el año y medio que ha pasado de pandemia, el SARS-CoV-2 está adaptándose a los humanos, así como a diferentes especies animales. Las principales mutaciones están favoreciendo la transmisibilidad, sobre todo en su rapidez (selección positiva). En menor medida están favoreciendo la resistencia a la inmunidad (selección negativa).

Científicas

Getty Images

La transmisibilidad del virus es alta en comparación con otros virus respiratorios, lo que juega a favor de su supervivencia, al igual que su ventana de contagio relativamente amplia en algunos infectados asintomáticos o presintomáticos. Aunque la mortalidad es relativamente baja en el conjunto global de la población, el virus es capaz de saturar el sistema sanitario y tener una alta letalidad en grupos de edades avanzadas.

Las tasas de letalidad globales del virus no son determinantes en la supervivencia del SARS-CoV-2, ya que las principales tasas de ataque ocurren en estadios menos graves de la enfermedad. Esta circunstancia hace que la evolución del coronavirus no esté determinada por lo que ocurre tras el proceso de infección, en el curso de la enfermedad y la subsiguiente convalecencia en el hospedador.

Por tanto, es poco probable que ocurran mutaciones en el virus que supongan un cambio drástico en su letalidad (mayor o menor). Será cuestión de azar que algunas mutaciones acaben siendo más o menos letales.

Sí que es esperable que surjan nuevas mutaciones que aumenten la capacidad de transmisión del virus. También son posibles las mutaciones que supongan una menor eficacia de las vacunas. Su éxito dependerá de lo rápido que se consiga inmunizar a un elevado porcentaje de la población mundial.

Cortar las cadenas de contagio con las medidas preventivas que conocemos y las vacunas siguen siendo las medidas principales para acabar con la pandemia.

Aunque es pronto para saberlo, no se puede descartar que haya que variar la composición de las vacunas en un futuro para incluir variantes nuevas que puedan inducir una respuesta inmune más eficaz.

*Óscar González-Recio es genetista e investigador Científico del INIA-CSIC, Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA)

María de Toro es responsable Plataforma de Genómica y Bioinformática, Centro de Investigación Biomédica de La Rioja (CIBIR)

Miguel Ángel Jiménez Clavero es virólogo y profesor de Investigación, Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA)

**Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons.Haz clic aquí para leer la versión original.


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