IMSS atendió menos enfermos y bajó vacunación en el primer año de AMLO
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IMSS atendió menos enfermos y bajó vacunación y reparto de anticonceptivos en el primer año de AMLO

2019 representó una baja en prácticamente todos los servicios que ofrece el Instituto.
Cuartoscuro Archivo
Por Zedryk Raziel, Manu Ureste, Nayeli Roldán y Arturo Angel
6 de octubre, 2020
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Durante el primer año de gobierno de López Obrador, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) sufrió una asfixia presupuestal que impactó en la atención a los derechohabientes y dejó a la institución debilitada ante el golpe de la pandemia de Covid en 2020.

Según datos oficiales del Seguro Social, 2019 fue el peor de los últimos cuatro en prácticamente todos los servicios que ofrece el Instituto: hubo menos doctores, atendió a menos enfermos, se vacunó a menos personas…

Entre los índices que cayeron están la detección de padecimientos, particularmente la diabetes y la hipertensión; la detección de enfermedades graves, como el cáncer mamario y el cérvico uterino; y las acciones de prevención en los módulos PREVENIMSS.

También se dejaron de aplicar 2.8 millones de vacunas, cayendo la aplicación de dosis contra la influenza, el sarampión y las paperas, entre otros padecimientos.

Además, se hicieron menos trasplantes; se repartieron 2 millones menos de anticonceptivos; y aumentó el número de pacientes que, a pesar de tener una receta, salieron de los centros médicos sin todas sus medicinas hasta alcanzar casi uno de cada cinco pacientes.

En infraestructura hubo retrasos en el gasto en equipamiento médico y en obras de 39 hospitales, lo que originó que cayera el número de camas censables. Y, en cuanto al personal, hubo menos doctores por cada mil derechohabientes, sumado a retrasos en las contrataciones de abogados que, a la par, disparó un 53% el monto que el IMSS pagó en juicios perdidos.

La caída en la atención a los derechohabientes coincide con la parálisis presupuestal que sufrió el IMSS en 2019, una de las peores en los últimos años, de acuerdo con estadísticas oficiales: hasta octubre de ese año se registró un subejercicio de 21 mil millones de pesos que no se habían gastado en medicamentos y material de curación, equipo médico, personal, y obras.

Esta parálisis se produjo mientras en 2019 la Secretaría de Hacienda y el IMSS libraban una disputa por hacerse con el control del presupuesto y la administración del Seguro Social, a raíz de la orden presidencial de centralizar en la Oficialía Mayor de Hacienda las compras y contrataciones de todas las instituciones públicas, incluido el Seguro Social.

La batalla inició desde el primer día del actual gobierno entre los entonces titulares de la Secretaría de Hacienda, Carlos Urzúa, y del IMSS, Germán Martínez, de acuerdo con cientos de oficios internos a los que tuvo acceso Animal Político y con testimonios de exdirectivos del Seguro Social. Del lado de Urzúa, estaba Raquel Buenrostro, responsable del gasto en el gobierno. Y ambas partes se lanzan acusaciones de la caída en los servicios del Instituto.

La crisis escaló a una denuncia que fue presentada por el propio IMSS —todavía dirigido por Germán Martínez— en mayo de 2019 ante la Fiscalía General de la República (FGR) en contra de su exdirector administrativo, Flavio Cienfuegos, al que básicamente acusa de ser el responsable de la ‘parálisis’ presupuestal del Instituto.

Tras un año de investigaciones, la Fiscalía determinó que sí hubo afectaciones en el abasto de insumos y medicinas, y el próximo jueves 9 de octubre solicitará a un juez federal que procese a Cienfuegos por ello.

En su renuncia en mayo de 2019, que hizo pública, Germán Martínez acusó que Hacienda invadía ilegalmente facultades del IMSS para ejercer con autonomía su presupuesto y que la centralización del gasto en la figura de la Oficialía Mayor había provocado un daño a la salud y la integridad de los 69 millones de derechohabientes.

Raquel Buenrostro, exoficial mayor, rechazó en entrevista con Animal Político que haya tenido alguna injerencia en cómo gastó sus recursos el IMSS, del que dijo que tiene su propia área de finanzas y de administración y un consejo técnico que toma las decisiones. Y señaló que las inconformidades en el instituto surgieron debido a que el nuevo modelo de compras consolidadas de medicamentos que encabezó Hacienda “generó una gran molestia en determinados grupos de interés, que vieron su margen de actuación muy reducido”.

Por su parte, la defensa de Flavio Cienfuegos dijo a este medio que las imputaciones que se hacen en la denuncia en su contra “no son correctas”.

“En ningún momento se incumplió con la debida diligencia en el servicio público y menos aún se causó daño patrimonial o institucional, o afectación a los servicios del IMSS”, señaló la defensa, que asegura que cuenta con las pruebas para demostrar la inocencia de Cienfuegos ante la justicia, aunque para no afectar al debido proceso dijo que no hará más declaraciones.

Caída en la atención

Al margen de lo que se dirima en los tribunales, los datos reflejan un hecho: que la pandemia de Covid, que ya suma 81 mil muertes, azotó a un Seguro Social debilitado y ahorcado presupuestalmente, y que en 2019 tuvo descensos en las cifras de atención a la ciudadanía.

De acuerdo con el portal de datos abiertos del IMSS, en 2019 aumentaron las consultas de medicina familiar, de especialidades, y de urgencias. Sin embargo, la detección de enfermedades y padecimientos sufrió un descenso del 4.5%, destacando casos como la delegación IMSS DF Sur, que atendió a 795 mil 675 personas menos; una caída del 17.5% respecto de 2018.

De hecho, de 35 delegaciones del IMSS, incluyendo DF Norte y Sur, solo tres mejoraron en la detección de enfermedades. Las 32 restantes empeoraron.

Destacan los descensos en la detección de diabetes e hipertensión, dos padecimientos que, por la pandemia de Covid, han cobrado especial relevancia por ser factores que elevan la mortalidad: al corte del 23 de julio pasado, Salud informó que el 73% de los fallecidos por Covid padecía diabetes, hipertensión, u obesidad. 

En 2019, la hipertensión tuvo una baja de casi medio millón de detecciones que se dejaron de hacer, en comparación con 2018. De hecho, esta cifra es la más baja en el IMSS desde 2011.

Para la diabetes, se realizaron 866 mil 572 acciones menos que en 2018; una caída del 6.3%, siendo la cifra más baja desde 2015. También cayó 6.3% el número de pacientes de diabetes atendidos en los módulos de DIABETEIMSS.

En cuanto a diferentes tipos de cáncer, se llevaron a cabo 2 millones 371 mil 133 acciones para la detección del cérvico-uterino, 144 mil 871 menos que en 2018, una caída de casi el 6%, la cifra más baja desde 2012.

Para el cáncer mamario se hicieron 6 millones 330 mil 994 acciones de detección, 134 mil 194 menos, un descenso del 2%.

En los módulos PREVENIMSS, donde se previenen diferentes tipos de cáncer, así como el sobrepeso y la obesidad, la atención cayó un 7%. En total, se llevaron a cabo 22 millones 770 mil acciones, la cifra más baja desde 2010.

También bajó 47% la detección de hepatitis, la cifra más baja en una década. Y se registró un 9% a la baja en la detección de tuberculosis.

“Nos surtíamos de las sobras”

Los derechohabientes también padecieron la falta de medicamentos. De acuerdo con informes oficiales del IMSS, en 2019 hubo una disminución en el surtimiento completo de recetas en las farmacias de las unidades de salud.

Ese año, el Seguro expidió 227.3 millones de recetas, de las cuales, en el 81.85% de los casos se surtieron por completo los medicamentos prescritos; el resto -alrededor de 41 millones de derechohabientes- no recibieron todas las medicinas que les recetaron médicos para tratar sus padecimientos.

En 2018 se surtió por completo el 85% de las 217.8 millones de recetas expedidas ese año; en 2017, el nivel de surtimiento de recetas completas fue de 87%.

Exdelegados del IMSS accedieron a ser entrevistados con la condición de anonimato, y confirmaron las dificultades que enfrentaron.

“Con el nuevo sistema de centralización de las compras en Hacienda, y ante la escasez de medicamentos, nos orillaron a buscar en otras delegaciones si les sobraban algunas claves para conseguir medicinas. Es decir, otras delegaciones nos surtían de lo que les sobraba”, dijo uno de los exdelegados.

Otros exfuncionarios matizaron que el IMSS “ya venía muy debilitado” y con un problema de corrupción desde sexenios pasados.

“No es un problema 100% de esta nueva administración -añade el exdelegado del IMSS-. Pero, con la decisión de centralizar las compras, todo se complicó muchísimo más”.

Aunque las historias de desabasto de medicinas y de hospitales sin insumos son añejas, desde principios de 2019 comenzaron a ser habituales en medios las denuncias de familias que señalaban escasez de fármacos contra el cáncer, como el metotrexato, y la indebida suspensión de quimioterapias en hospitales del IMSS, el ISSSTE y de la Secretaría de Salud. Incluso, padres y madres de niños con cáncer encabezaron numerosas protestas en Palacio Nacional, el Senado y en el aeropuerto capitalino.

En marzo del año pasado, el Presidente López Obrador culpó a las farmacéuticas por el desabasto; Asa Cristina Laurell, entonces subsecretaria de Salud, atribuyó la escasez a la administración anterior de Peña Nieto por anomalías en la licitación de medicamentos de 2018; y Raquel Buenrostro dijo en noviembre del año pasado, cuando aún era Oficial Mayor de Hacienda, que el desabasto de metotrexato obedeció a una mala administración burocrática y no a la falta del fármaco oncológico.

“En todo caso, si es que hubo desabasto, se tiene que revisar por qué el contrato de 2018 salió incompleto, o fue insuficiente”, destacó Buenrostro en una entrevista reciente para este reportaje.

La cifra más baja en vacunas desde 2013

Pero no solo hubo problemas con los medicamentos. Otra exdelegada explicó que enfrentaron problemas por las vacunas, luego de que las compras de 2018 fueran insuficientes y en 2019 hubo partidas desiertas.

“No teníamos vacunas para la influenza porque no se compraron. Y esto provocó que solo se pudieran administrar a un segmento de la población y no a todos, como en años anteriores”, expuso.

Las cifras oficiales del IMSS lo corroboran: se dejaron de aplicar 2 millones 815 mil 833 vacunas contra diversos padecimientos a derechohabientes; una caída del 8.8%. De hecho, la cifra total de dosis, 28 millones 934 mil 310, es la más baja desde 2013.

Una de las vacunas que bajó fue la señalada por la exdelegada, la de anti-influenza: se aplicaron 10 millones 591 mil 361 dosis, 8 mil 767 menos que en 2018. La cifra más baja desde 2014.

Además, se desplomó un 66% las dosis de vacunas contra el tétanos (de 4 millones 362 mil dosis en 2018 se bajó a 1 millón 476 mil en 2019), y bajaron las dosis de la vacuna triple viral (-26%) contra el sarampión, las paperas y la rubeola. A la par en el descenso en las vacunas contra el sarampión en 2019, en los primeros meses de 2020 se registró un brote inédito de esta enfermedad, aunque estuvo focalizado en gran parte en la Ciudad de México. 

Mientras que el reparto de anticonceptivos se redujo casi 15%, destacando Nayarit y Querétaro, donde la entrega cayó un 50% y un 47%, respectivamente. Solo en Aguascalientes (8%) y Chiapas (2.3%) aumentó.

Instituto rico, pacientes pobres

En paralelo a estas cifras de atención, los datos oficiales también confirman que en 2019 hubo una parálisis financiera para el instituto. No es que el IMSS no tuviera dinero: sencillamente le ataron las manos para ejercerlo.

En el primer trimestre de 2019, el instituto gastó 147 mil 568 millones de pesos del monto que tenía presupuestado para dicho periodo -167 mil 664 millones-, lo que significó un subejercicio de 20 mil 096 millones de pesos (es decir, dejó sin ejercer el 11.9% de su presupuesto). En contraste, en el mismo periodo del año anterior, su subejercicio fue de apenas 0.52%.

Y para el segundo trimestre de 2019, el subejercicio ya había ascendido a 27 mil 550 millones de pesos.

En medio de esta parálisis, el entonces director del IMSS, Germán Martínez, renunció al cargo denunciando que funcionarios de Hacienda tenían una “injerencia perniciosa” debido al control del gasto del Seguro Social.

“El rezago en infraestructura es brutal -en 2019 prácticamente está en 0% el avance de obras y el pago a proveedores-; los contratos y convenios de servicios se rezagan, y algunos están por vencerse sin horizontes de legalidad; las compras de equipamiento paradas; las reclamaciones y litigios aumentan, y, si bien el abasto de medicamentos está garantizado, es precario y en algunos lugares pende de un hilo”, advirtió el ahora senador morenista.

En sus informes trimestrales, el IMSS explicó oficialmente a qué obedeció este subejercicio. Y la justificación es parecida a la queja de Martínez Cazares: “se tiene un menor ejercicio de lo que se programó originalmente en medicamentos y material de curación”; y “no se ejercieron recursos en su totalidad para mobiliario, instrumental y equipo médico y de laboratorio derivado a la terminación anticipada de algunas obras”.

Martínez Cazares renunció el 21 de mayo y fue relevado de la dirección general del IMSS por Zoé Robledo. El entonces director de Administración, Flavio Cienfuegos Valencia, dejó el cargo el 15 de julio.

Con la nueva administración del Seguro Social, encabezada por Robledo, a finales del tercer trimestre de 2019 comenzó a contenerse el subejercicio de recursos (septiembre cerró con un subejercicio de 21 mil 242 millones de pesos). Y para el cierre del año, prácticamente ya se había destapado el cuello de botella presupuestal registrado durante tres cuartas partes de 2019.

Parálisis en infraestructura

El 21 de mayo de 2019, el mismo día que presentó su renuncia como director general del IMSS, Germán Martínez denunció ante la Auditoría Superior de la Federación (ASF) que estaban paralizadas 39 obras hospitalarias, no obstante que había una inversión autorizada de 1 mil 653 millones de pesos.

El hoy senador morenista sostuvo que, al mes de mayo, había un 0% de avance en la infraestructura programada para 2019, y acusó al entonces director de Administración, Flavio Cienfuegos, de trabar el flujo de recursos y, con ello, poner en riesgo el patrimonio inmobiliario del instituto, el equipamiento médico y el derecho a la seguridad social de la población.

Las cifras oficiales también apuntan que 2019 fue uno de los peores años de subejercicio presupuestal para la construcción y mantenimiento de infraestructura del IMSS: hubo un subejercicio de 68.8% del gasto para inversión física, pues apenas se ejercieron 4 mil 050 millones de pesos del monto aprobado para dicho rubro, que ascendía a 13 mil 007 millones.

El subejercicio fue peor en cuanto al equipamiento médico (de 75.1%), dado que se gastaron 2 mil 132 millones de pesos de los 8 mil 580 millones autorizados. Y en obra pública se dejó de ejercer el 56.5% del presupuesto programado: de 4 mil 427 millones de pesos, sólo se gastaron 1 mil 928 millones.

El Seguro Social concluyó durante 2019 la construcción de al menos 15 centros de salud locales. Sin embargo, quedó inconclusa la construcción de cinco Hospitales Generales de Zona que habrían aumentado en 648 la capacidad de camas en beneficio de 1 millón 371 mil derechohabientes.

La historia de atrasos para la entrega de hospitales es larga. El IMSS se comprometió a que los hospitales HGZ de Tapachula y Bahía de Banderas (que desde 2017 se construyen mediante un esquema de asociación público-privada) serían entregados a mediados de 2019, pero a la fecha continúan inconclusos (pese a ello, son utilizados como hospitales COVID). El Seguro Social atribuyó a los contratistas los retrasos en ambas obras.

El IMSS tampoco concluyó en 2019 (y tampoco en lo que va de este año) los Hospitales Generales de Zona de Pachuca -cuya construcción inició en 2014-, de Atlacomulco y de Ciudad Acuña -ambos de 2017-.

El efecto de los incumplimientos en materia de infraestructura médica fue que durante 2019 hubo un ligero descenso en las camas hospitalarias: se pasó de una tasa de 0.68 camas por cada mil derechohabientes en 2018 a una tasa de 0.67, lo que contraviene el objetivo de que en este rubro el crecimiento sea sostenido (la recomendación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE, es que un país cuente con 4.7 camas por cada mil habitantes).

Caen contratos por honorarios

En el primer año de la actual administración también hubo una caída en la contratación de personal médico y administrativo. Ese año, el Seguro Social contaba con 1.43 médicos por cada mil habitantes (la recomendación de la OCDE es de 3.4 médicos por cada mil habitantes).

La tasa de 2019 fue menor que la de 2018 y 2017, años en los que se registró una disponibilidad sostenida de 1.55 médicos por cada mil habitantes, de acuerdo con datos del informe anual sobre la situación financiera del instituto. En 2016 la tasa fue de 1.60, y en 2015 de 1.89.

Por último, en 2019 también cayó un 29% la contratación de personal del IMSS por honorarios: por este esquema se contrató a 2 mil 373 personas, casi 1 mil menos que el año previo.

De hecho, en vez de contratar, en 2019 se prescindió de los servicios de 741 médicos y enfermeras que laboraban en unidades médicas urbanas del programa IMSS Bienestar y a quienes ya no se les renovó su contrato por honorarios, según dio a conocer Reforma.

Animal Político buscó al IMSS para solicitar una entrevista, o una postura, sobre dos puntos: la actuación de su exdirector administrativo, Flavio Cienfuegos, y la caída en las estadísticas de atención a derechohabientes. El Instituto señaló la noche de este martes que está en el proceso de dar una respuesta. 

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La historia de la “Pequeña Polonia” de México a la que llegaron refugiados de la Segunda Guerra Mundial

Hace 77 años, cientos de polacos llegaron a México huyendo de la guerra y algunos decidieron quedarse en tierra azteca para siempre. Esta es su desconocida y apasionante historia, contada por algunos de los sobrevivientes.
26 de julio, 2020
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“¡Qué lejos estoy del suelo donde he nacido! / Inmensa nostalgia invade mi pensamiento / Al verme tan solo y triste cual hoja al viento / Quisiera llorar, quisiera morir de sentimiento”.

Así, con los versos de la tradicional “Canción mixteca”, México recibió hace 77 años a cientos de polacos que huían de la Segunda Guerra Mundial y del horror en campos de trabajos forzados.

En efecto, dejaban atrás el suelo donde habían nacido tras un doloroso destierro y llegaban a un nuevo país del que poco o nada conocían, pero que los recibió con alegría y la esperanza de que aquel conflicto bélico pronto llegaría a su fin.

Los años hasta acabar la guerra los pasaron como refugiados en una finca a las afueras de León, en el estado de Guanajuato. A aquel pedacito de su país creado en el corazón de México lo llamaban “la pequeña Polonia”.

Finca de Santa Rosa

Cortesía Embajada de México en Polonia
La hacienda de Santa Rosa estaba ubicada a las afueras de León, en el estado de Guanajuato.

Muchos, sobre todo quienes llegaron siendo niños, aún recuerdan su vida en la hacienda de Santa Rosa como los mejores años de su vida. Pronto pasaron del dziękuję al “gracias” para reconocer la segunda oportunidad que se había presentado en sus vidas.

Tanto fue así, que un puñado de ellos decidieron quedarse para siempre en tierra azteca, y aún hoy confiesan tener el corazón dividido entre sus “dos países”.

Esta es la historia de la tan apasionante como poco conocida historia de solidaridad entre dos países, a priori tan distintos y a más de 10.000 km de distancia, contada por algunos de sus protagonistas.

línea

BBC

Finales de la década de 1930. Polonia parece ser un país condenado a desaparecer: por el oeste son invadidos por el ejército nazi de Hitler, a lo que la Unión Soviética responde ocupando territorios polacos por el este.

La población de Polonia queda atrapada por la pugna entre las dos potencias: los alemanes luchan por expandir lo que consideran su “supremacía racial” y los soviéticos por extender los ideales del comunismo internacional.

Todo el país sufre las consecuencias del inicio de la Segunda Guerra Mundial: asesinatos masivos, encarcelamientos de disidentes, desplazamientos forzados…

La URSS da inicio a la deportación en masa de la población polaca de las zonas que se había anexado para repoblarlas con rusos. Según Polonia, fueron expulsados unos 1,2 millones de personas.

Son enviados a frías e inhóspitas regiones soviéticas como Siberia. Algunos son obligados a ingresar en el ejército y cientos de miles en campos de trabajos forzados bajo condiciones infrahumanas.

Pero su suerte cambió cuando, años más tarde, Alemania invadió la URSS y el gobierno soviético se incorporó al bando de los aliados con Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos.

Una de las condiciones de los ingleses fue que la URSS liberara a los ciudadanos polacos. Había entonces que decidir cuál sería su nuevo destino mientras su país natal seguía soportando lo peor de la guerra.

***

Con 97 años, la polaca Frania Pater recuerda perfectamente cuando, el 1 de septiembre de 1939, los alemanes bombardearon la estación de tren cercana a su ciudad, Lwów (hoy parte de Ucrania).

“Pasaban los aviones, hasta seis juntos, y temblaban todas las ventanas. Yo corría al campo y me tiraba al suelo porque tenía mucho miedo”, relata para BBC Mundo desde su casa en León.

Poco después llegaron los soviéticos y su ciudad se convirtió en el reflejo de lo que ocurría en el resto de la Polonia oriental. De un lado del puente que cruzaba el río, se apostaron las tropas de Hitler. Del otro, las de la URSS.

A las 6:00 de la mañana del 10 de febrero de 1940, los rusos entraron a la casa de la familia de Pater. No les dieron más que media hora para recoger sus pertenencias de una vida y dejar todo atrás.

Frania Pater en una salida a León

Archivo familia Frania Pater
Frania Pater (segunda por la derecha en la fila inferior) fue una de las jóvenes que vivió refugiada en México tras verse obligada a abandonar su hogar.

Viajes en trineo y cuatro semanas en tren después (“el tren se paraba a cada rato”), llegaron a Krasnoyarsk, en Siberia. Otros fueron trasladados a Uzbekistán o Kazajistán.

Como el resto de polacos, Pater fue sometida a jornadas extenuantes en condiciones infrahumanas en campos de trabajos forzados. Ella se encargaba de “sacar la goma de miles de árboles y ponerlas en barriles”.

“No había camas, dormíamos en tablas. Nos daban un kilo de pan por persona para mucho tiempo, así que comíamos puras hierbas. Trabajábamos desde la mañana hasta que oscurecía, yo no sabía ni qué día de la semana era”, recuerda.

Dos años y medio después de aquello, los polacos fueron liberados y Pater pudo dejar Siberia junto a su madre. Su padre, en cambio, no soportó las condiciones como tantos otros y falleció.

***

Una de las claves para que la URSS aceptara liberarlos fue la idea de Reino Unido de que sería efectiva y útil para la guerra la formación de un ejército polaco en territorio soviético.

El primer ministro del gobierno polaco en el exilio, Wladislaw Sikorski, aceptó. Pero vistas sus pésimas condiciones físicas, la URSS aceptó reubicar a los polacos en un clima más favorable en 1942.

Así, unas 40.000 personas entre soldados, mujeres y niños dejaron territorio ruso rumbo a Irán, que en ese momento apoyaba al bloque de los países aliados. Aunque muchos murieron en el camino, su llegada al puerto de Pahlevi los llenó de esperanza.

Niños polacos en Irán

Biblioteca de PRCUA
Cientos de niños polacos fueron recibidos en Irán antes de encontrar un país que les ofreciera refugio permanente.

Pero su estancia en Teherán como refugiados tampoco se pudo prolongar mucho. Su peregrinaje continuó en busca de asilo y fueron trasladados después a la ciudad india de Karachi (hoy parte de Pakistán).

Finalmente, seis países de África Oriental pertenecientes a la Mancomunidad Británica ofrecieron refugio a 20.000 personas. Ni EE.UU. ni Reino Unido les abrieron sus fronteras.

Pero mucho más llamativo fue que México, un país en el otro lado del planeta y con fuertes restricciones ante la inmigración en aquella época, se ofreciera también a recibirlos.

Visita de Sikorski a México

Enrique Díaz / Archivo Gral. de la Nación (México)
El presidente mexicano Manuel Ávila Camacho recibió al primer ministro polaco en el exilio, Wladislaw Sikorski, para oficializar el acuerdo de recepción de refugiados.

“En nuestro libro, insinuamos que realmente fue una petición del gobierno de EE.UU., que fue un gesto en el que se manifestó la participación de México como parte del espíritu panamericanista de apoyo a EE.UU. en la guerra”, dice Gloria Carreño, historiadora y autora junto a Celia Zack de Zukerman del libro “El convenio ilusorio”.

Aquel convenio se firmó a finales de 1942, cuando Sikorski visitó México y fue recibido con honores de jefe de Estado por el presidente Manuel Ávila Camacho.

Los refugiados podrían vivir hasta que terminara la guerra en México. Su transporte y manutención sería posible gracias a un préstamo de Washington al gobierno polaco en el exilio y de organizaciones polacas en EE.UU.

Visita de Sikorski a México

Enrique Díaz / Archivo Gral. de la Nación (México)
Durante su visita a México, Sikorski incluso se probó un sombrero charro.

****

En Karachi, los refugiados polacos tenían que decidir si querían ir a África o a México. La familia de Valentina Grycuk se decantó por América Latina.

Ella tuvo que abandonar Novogrudk (actualmente en Bielorrusia) cuando solo tenía 2 años. Por eso no recuerda su etapa en Siberia, donde murió su madre. A su padre se lo llevaron al ejército, por lo que quedó a cargo de una tía y sus abuelos.

Pese a ser entonces una niña, Grycuk aún conserva a sus 83 años un detalle grabado para siempre en su memoria del viaje rumbo a México a bordo del barco Hermitage, con más de 700 personas a bordo.

Valentina Grycuk en la hacienda de Santa Rosa

Archivo familia Valentina Grycuk
Valentina Grycuk (primera por la derecha en la fila central) estudió en la escuela de la hacienda Santa Rosa.

“A diario se moría mucha gente, me impresionaba ver los cadáveres amortajados y que aventaban (lanzaban) al mar. Ese chasquido que hacían al caer al agua lo tengo tan presente que siempre lo recuerdo cuando estoy en una alberca (piscina) y oigo que alguien se lanza”, recuerda.

Tras paradas técnicas en Australia y Nueva Zelanda, el barco llegó al puerto de San Pedro, al sur de Los Ángeles. De ahí, fueron en tren a la frontera entre El Paso y Ciudad Juárez, en México, hasta llegar a León en Guanajuato.

Era 1 de julio de 1943. Habían viajado durante semanas a lo largo de más de 22.000 km del planeta.

Mapa

BBC

Desde León, Grycuk le cuenta con orgullo a BBC Mundo lo que recuerda de la bienvenida que le dio el país que acabaría siendo su hogar.

“Fue maravilloso. En la estación había muchísima gente con flores, dulces para los niños, música y mariachis. Fue muy cálido, como son los mexicanos, muy cálidos”.

***

Wladyslaw Rattinger fue uno de los liberados en Siberia que pasó a formar parte de los ejércitos formados por polacos para defender Rusia.

Su principal misión era rescatar grupos de cientos de polacos de los campos de Asia Central para enviarlos a Irán. Fue enviado después a Irak, donde lo transfirieron al ejército inglés y le encomendaron acompañar a un segundo grupo de refugiados a México.

Rattinger en Irak

Archivo familia Rattinger
Wladyslaw Rattinger (segundo por la derecha) en Irak, donde fue transferido al ejército británico.

“Definitivamente, ayudó a salvar vidas”, le dice a BBC Mundo su hijo, Andrzej Rattinger.

Su padre, fallecido en 1998, ocupó en esa segunda travesía del Hermitage el cargo de comandante del transporte.

“Él se encargaba de comunicarse con las autoridades, mantener el orden del grupo, que estuvieran culturalmente actualizados… Es sorprendente el nivel de organización del barco, recibieron clases y empezaron a estudiar algo de español”, cuenta.

Buque Hermitage

National Archives Record
El buque Hermitage fue el barco en el que dos grupos de cientos de polacos viajaron hasta México.

El segundo grupo llegó a León el 2 de noviembre de 1943. En total, fueron 1,453 los refugiados polacos que encontraron en la hacienda de Santa Rosa, a 10 km de León, su nuevo hogar.

Era “la pequeña Polonia”.

La pequeña Polonia

Peter Gordon
Foto de familia en “la pequeña Polonia”.

***

Aquella finca, habitada en mayor parte por mujeres y niños (muchos huérfanos), funcionaba organizada como una pequeña población.

Debían vivir en el espacio de la hacienda y tenían prohibido trabajar fuera, por lo que sus labores eran para su propia subsistencia: plantación de hortalizas, granjas o talleres artesanales.

Cultivando en la finca Santa Rosa

A. Trzebiez
Los adultos polacos en Santa Rosa aprendieron oficios, criaban animales y cultivaban sus propios vegetales para contribuir a su alimentación.

Había clínica, capilla y mercado. Los adultos aprendían oficios y los niños estudiaban en la escuela siguiendo el sistema educativo polaco, ya que la intención era que regresaran a su país al acabar la guerra.

“Fueron años maravillosos. Como niña que era, para mí era todo alegría. Vivía con mis abuelitos, no me faltaba de nada, tenía colegio, teníamos que comer… hasta funciones de teatro. Yo era muy feliz allí”, recuerda Grycuk.

Valentina Grycuk haciendo su primera comunión

Archivo familia Valentina Grycuk
Grycuk (a la izquierda del sacerdote) recibió su primera comunión en el campamento.

Precisamente Rattinger, tras acompañar a México al segundo grupo de refugiados, se quedó en Santa Rosa coordinando esas actividades de educación y entretenimiento de la finca como teatro, danza o desfiles.

Según la historiadora Carreño, “los mexicanos estaban contentos con la presencia de los polacos. En todas las fiestas populares, les invitaban a que participaran en los desfiles con sus trajes típicos polacos. Fueron muy integrados a la sociedad de León”.

Rattinger en varias representaciones teatrales

Archivo familia Rattinger
Rattinger, vestido arriba como San Nicolás, coordinaba desfiles, representaciones y otras actividades culturales.

A ello contribuía que, aunque oficialmente los refugiados no podían salir del campamento, con permisos especiales sí podían organizar excursiones a León o Ciudad de México, lo que les permitió interactuar y conocer a la sociedad mexicana.

E igual que los polacos se las arreglaban para salir, también los mexicanos se las ingeniaban para entrar a la finca.

Desfiles festivos en León

Cortesía Embajada de México en Polonia
La comunidad polaca de Santa Rosa participaba en las fiestas populares de León.

Pater recuerda como todos los días iban muchas personas para verlos desde detrás de las rejas de alambre. “Parecíamos un poco animales raros”, ríe.

“Había un mexicano que me vio nada más bajar del barco y que iba a la finca todos los días. Yo me quedaba sentada cerca de las rejas con dos amigas, y él me traía que si una rosa, cosas así…”, relata.

Jóvenes polacas en León

Cortesía Embajada de México en Polonia
Algunas jóvenes polacas formaron familia con ciudadanos mexicanos.

“Estaba prohibido que los mexicanos entraran al centro, pero él le dio unos zapatos al guardia y así tenía libre todos los días para que le dejaran entrar. Ya ve, que con dinero baila el perro”, cuenta riendo.

Aquel hombre se convirtió en su marido y el principal motivo por el que, después de acabar la guerra y de que la hacienda de Santa Rosa fuera oficialmente clausurada al terminar 1946, Pater decidiera quedarse para siempre en México.

La escuela en Santa Rosa

Cortesía Embajada de México en Polonia
Los niños seguían el sistema educativo polaco, ante la previsión de que volverían a su país tras la guerra.

***

Cuando se anunció a los refugiados que tenían permiso para instalarse y trabajar fuera de la finca o mudarse, la mayoría eligió como nuevo destino EE.UU., especialmente la ciudad de Chicago, donde había gran presencia de diáspora polaca.

Rattinger mostrando la finca Santa Rosa

Archivo familia Rattinger
Rattinger, a la izquierda, mostrando el campamento a unos visitantes antes de que la finca fuera cerrada en diciembre de 1946.

Muchos tenían la ilusión de volver a Polonia, aunque su país -entonces bajo dominio de la URSS, la misma que los había expulsado y llevado a campos de trabajos forzados- ya se parecía poco al que guardaban en sus recuerdos.

“En Polonia ya no tenía nada, nos quitaron todo: la casa, los terrenos… nos quedamos sin nada”, lamenta Pater. Quienes sí decidieron regresar fueron un centenar de polacos, a quienes siempre se conoció en su país como “mexicanitos”.

Otros intentaron establecerse en México, aunque no a todos les resultó fácil y acabaron marchándose. Pero Pater, al igual que Grycuk y Rattinger, formaron familia con mexicanos y se quedaron para siempre.

Frania Pater junto a su esposo

Archivo familia Pater
Frania Pater se casó con el mexicano Antonio Luna Azpeitia, quien falleció en 1971.

Años más tarde llegarían los reencuentros con aquellos a quienes daban por perdidos a causa de la guerra. Rattinger volvió a ver su madre y hermano en Polonia en los 50. Tras casi 40 años sin verse y pensar que estaba muerto, Pater se encontró con su hermano en Inglaterra.

“Yo me separé de mi padre en Siberia cuando tenía 2 años, por lo que no le recordaba. Puedo decir que lo ‘conocí’ ya en los 70, cuando fui a verlo a Polonia”, lamenta Grycuk.

“Gocé a mi padre 90 días, juntando las tres veces que alcancé a ir. Pero esos días valieron por años”.

Frania Pater y Valentina Grycuk en la actualidad

Archivo familia Valentina Grycuk
Frania Pater y Valentina Grycuk, en una imagen actual, fueron recibidas en Varsovia junto a otros refugiados polacos sobrevivientes tras la Segunda Guerra Mundial.

***

El hijo de Rattinger cuenta que a su padre, como a tantas personas que pasaron por episodios traumáticos como la guerra, no le gustó hablar mucho de ello durante años hasta que la familia lo convenció para que les transmitiera su historia.

“Yo ya les he platicado mi historia a todos, saben cómo fue. No pienso en lo malo ahorita, ¿ya qué me falta? ¡Si cualquier día cuelgo los tenis”, dice Pater riendo.

Los tres protagonistas de esta historia reconocieron siempre su profundo agradecimiento a México por la acogida y la oportunidad que encontraron por empezar una nueva vida.

Valentina y Frania junto a familiares con una bandera mexicana.

Archivo familia Valentina Grycuk
Grycuk y Pater, en la imagen junto a familiares, agradecen la generosidad de México por acogerlas sin olvidar sus raíces polacas.

Pero tanto Rattinger como Pater, que llegaron a Latinoamérica siendo ya jóvenes, tenían muy presente su origen.

“Definitivamente, mi papá siempre se consideró polaco, que es algo que debemos admirar los latinos, ese sentido tan fuerte de patria y nacionalidad. Pero también decía que su vida era de mexicano”, recuerda Rattinger.

Rattinger junto a su esposa y la medalla concedida por el gobierno polaco.

Archivo familia Rattinger
Wladyslaw Rattinger junto a su esposa. A la derecha, la medalla que le otorgó el gobierno polaco por su labor.

“Yo, si soy franca, me siento más mexicana”, dice en cambio Grycuk. Asegura que cuando pone el pie en Polonia “el corazón me late porque siento que allí está mi raíz, es una sensación que quizá nadie la puede entender si no la vive”.

“Pero en México está mi vida, no tengo más que gratitud y adoro este país”, remarca.

La antigua finca de Santa Rosa funciona actualmente como internado de reintegración para grupos de jóvenes y adolescentes, testigo silencioso de aquel apasionante episodio de la historia del que ya solo los mayores en León se acuerdan.

Antes y ahora de un edficio de la finca Santa Rosa

Archivos familiares
Así se veía uno de los edificios de Santa Rosa durante los años de estancia de los refugiados polacos y en la actualidad.

En Polonia tampoco es un episodio ampliamente conocido, si bien se hacen esfuerzos por hacer que esta muestra de amistad y solidaridad no se olvide con el tiempo.

Su gobierno planeaba inaugurar este año un museo en memoria de “Los niños de Siberia” cuya apertura fue pospuesta por la pandemia de covid-19. La embajada de México en Polonia, por su parte, inauguró en julio una exposición sobre la visita de Sikorski al país en 1942.

Valentina Grycuk junto al presidente polaco y su esposa.

Archivo Valentina Grycuk
Grycuk junto al presidente polaco, Andrzej Duda, y su esposa.

“El tema de los niños de Santa Rosa es aún hoy muy valorado porque muy pocas naciones se mantuvieron cerca de la Polonia invadida por los ejércitos nazi y soviético en 1939”, le dice a BBC Mundo desde Varsovia el embajador mexicano, Alejandro Negrín.

“Cuando presenté mis cartas credenciales como embajador al presidente de Polonia, Andrzej Duda, él se refirió con aprecio a ese momento histórico y el mensaje que recibo de distinguidas personalidades es muy claro: ‘Polonia y los polacos no olvidan'”.


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