Caravana migrante: más de mil ingresan en Guatemala pese a barrera policial 
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Caravana migrante: más de mil ingresan en Guatemala pese a barrera policial 

Cerca de un millar de personas caminan hacia la frontera de El Ceibo con Guatemala. La marcha llega a poco más de un mes de que se celebren las elecciones en EU.
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Cerca de mil 300 integrantes de la caravana migrante ingresó a territorio guatemalteco, según el instituto migratorio del país centroamericano.

Las autoridades dispusieron de una barrera policial que fue superada por la marcha. Las leyes para prevenir el coronavirus obligan a presentar una prueba PCR o de antígenos que demuestre que no se padece COVID-19. Sin embargo, los migrantes lograron romper la barrera de policías.

Esta nueva caravana migrante con destino a Estados Unidos partió en la madrugada del miércoles desde la estación metropolitana de San Pedro Sula, Honduras. Un grupo de unas 900 personas (según datos del Instituto Guatemalteco de Migración) y se dirigieron a la frontera El Corinto, la más cercana a la costa del Caribe, que une Honduras con Guatemala. Al mismo tiempo, otro grupo de unos 200 integrantes permaneció en la estación con el propósito de ponerse en ruta al amanecer. La marcha se convocó a través de mensajes en redes sociales como Facebook y grupos de Whatsapp.

Se trata de la segunda caravana de migrantes que se organiza durante este año, pese a la pandemia por COVID-19. De hecho, el acceso terrestre a Guatemala apenas se reabrió el pasado viernes 18 de septiembre. Además, esta convocatoria llega a poco más de un mes de las elecciones en Estados Unidos en las que el presidente Donald Trump se juega la reelección contra el demócrata Joe Biden. 

Lee: 60% de los migrantes de México y Centroamérica pospusieron sus planes debido a la pandemia de COVID

A última hora de la noche no había reportes de que agentes de la Policía hondureña trataran de obstruir el paso de los migrantes, cuyo grupo más rezagado transitaba por la colonia López Arellano, una barriada popular de San Pedro Sula con fuerte presencia de pandillas.

Las autoridades migratorias guatemaltecas, país que deben atravesar los migrantes antes de llegar a México, anunciaron que se habían establecido diversas coordinaciones para “atender” la caravana sin especificar si les permitirá el paso. Los países del C4 (Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua) disfrutan de un régimen de libre tránsito entre ellos presentando el documento de identidad. Ahora debido a la pandemia el control fronterizo se ha endurecido y para el ingreso Guatemala exige prueba de no padecer COVID-19 (PCR o antígeno). No obstante, existen muchos puntos ciegos por donde los migrantes están acostumbrados a transitar.

El Instituto Nacional de Migración (INM) emitió un comunicado en el que desmintió “cualquier aseveración sobre regularizar el paso de caravanas de personas migrantes indocumentadas por la frontera sur del territorio nacional, como se difunde en redes sociales”. 

“El INM no promueve caravanas de personas nacionales y extranjeras por México”, dice el comunicado, que no da detalles sobre el previsible despliegue de Guardia Nacional en la frontera. 

La última marcha de estas características llegó al sur de México entre el 18 y el 23 de enero de este año. Cerca de 4 mil migrantes trataron de cruzar por las fronteras de El Ceibo, Tabasco, y Ciudad Hidalgo, Chiapas en diferentes jornadas, pero las caravanas fueron disueltas. En todos casos los migrantes fueron detenidos, encerrados en estaciones migratorias y posteriormente deportados. 

En aquel momento el presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró que existían empleos en México para aquellos que lo desearan. Sin embargo, la oferta se limitó a ser retornados a sus países y esperar a que se pusiera en marcha en Honduras y El Salvador los programas “Sembrando Vida” y “Jóvenes Construyendo el Futuro”. Como Animal Político reveló, el dinero destinado a esos proyectos todavía no ha salido de México. 

Las caravanas migrantes se en una fórmula para tratar de alcanzar Estados Unidos que tuvieron su auge en octubre y noviembre de 2018, cuando todavía estaba en la presidencia Enrique Peña Nieto. Entonces, miles de personas (al menos siete mil según las autoridades de Suchiate, en Chiapas), en su mayoría procedentes de Honduras, El Salvador y Guatemala, atravesaron México hasta llegar a Tijuana, Baja California, con intención de cruzar Estados Unidos.

Lee: Niños migrantes: los menores a los que se les niega el “sueño mexicano”

En enero de 2019, con Andrés Manuel López Obrador en el gobierno, más de 15 mil centroamericanos que integraban la primera caravana de aquel año recibieron tarjetas de residente por motivos humanitarios.

Las presiones de Donald Trump hicieron girar la política migratoria de México. En junio, el canciller Marcelo Ebrard firmó un acuerdo por el que se comprometió a frenar el flujo hacia el norte. Desplegó 6 mil integrantes de la Guardia Nacional en el sur y aceleró la implantación del programa “Quédate en México” que obliga a solicitantes de asilo en Estados Unidos a quedarse en ciudades como Tijuana, Juárez, Nuevo Laredo o Matamoros esperando hasta su cita con el juez. Más de 65 mil personas fueron incluidos en este programa, que posteriormente incluyó a Guatemala, Honduras y El Salvador como “terceros países seguros”.

En enero de este año la situación fue bien diferente a 2019 y los migrantes fueron interceptados, detenidos y deportados. 

La pandemia por COVID paralizó los flujos migratorios. Estados Unidos decretó el cierre de fronteras y suspendió las garantías legales, cerrando la posibilidad de pedir asilo e imponiendo un modelo de deportación exprés. Este sistema sigue funcionando en la actualidad. 

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Lula vs. Bolsonaro: "Es la elección más importante de Brasil tras el fin de la dictadura", afirma experto

José Murilo de Carvalho, uno de los principales historiadores de Brasil, dice en una entrevista con BBC Mundo que “el país está dividido al medio y el elegido, sea quien sea, tendrá que enfrentar una gran oposición”.
30 de octubre, 2022
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El balotaje presidencial de Brasil entre Luiz Inácio Lula da Silva y Jair Bolsonaro este domingo es la elección más importante del país desde el fin de la dictadura militar en 1985, afirma, para BBC Mundo, el politólogo e historiador José Murilo de Carvalho.

En el mayor país de América Latina está en juego el “todavía frágil sistema democrático”, dijo el miembro de la Academia Brasileña de Letras y de la Academia Brasileña de Ciencias.

El expresidente Lula, un izquierdista de 77 años que obtuvo 48.4% de los votos en la primera vuelta de las elecciones este mes, llega al balotaje con una ventaja de entre cuatro y ocho puntos en distintas encuestas de intención de votos válidos publicadas este sábado.

Pero el actual presidente Bolsonaro, un ultraderechista de 67 años, obtuvo en la primera vuelta una votación mayor a la que anticipaban los sondeos (43,2%) y aspira a ser reelecto contra muchos pronósticos.

El ganador debe superar este domingo el 50% de los votos válidos (sin contar aquellos en blanco y anulados) para iniciar un nuevo mandato presidencial el 1 de enero de 2023.

El resultado puede variar por factores como el nivel de abstención o cómo se decanten los votantes indecisos y volátiles, que algunas encuestas ubican en torno a 5%.

La campaña estuvo marcada por una fuerte polarización política, hechos de violencia y dudas sobre si Bolsonaro, un excapitán del Ejército que buscó sembrar sospechas sin pruebas sobre el sistema electoral brasileño, aceptará una eventual derrota.

“No se puede descartar un espectáculo circense similar al que montó (Donald) Trump en Estados Unidos”, señala Carvalho en alusión a la negativa del entonces presidente de ese país y aliado de Bolsonaro a aceptar su propia derrota en las elecciones de 2020.

Tras su último debate con Lula, Bolsonaro sostuvo que “no hay la menor duda” de que respetará el resultado de la elección aunque le sea adverso: “Quien tenga más votos, gana”, declaró.

Lo que sigue es una síntesis del intercambio vía correo electrónico con Carvalho, quien tiene 83 años y ha recibido varios premios y títulos de doctor honoris causa a lo largo de su carrera:


Explique por favor cómo evalúa la importancia histórica de estas elecciones en Brasil que enfrentan al expresidente Lula con el actual presidente Bolsonaro.

La República brasileña tiene 133 años. La primera elección con participación popular significativa fue en 1945.

La segunda en 1950, cuando yo tenía 11 años, fue disputada por Getúlio Vargas, un exdictador civil, y por un brigadier de la Fuerza Aérea que ayudó a deponerlo en 1945, en representación de militares, élite y clase media.

Getúlio, en ese momento comparado con Perón, había adoptado un programa laboral fuerte y ganó con el apoyo de los obreros. En 1954, ante la fuerte oposición de militares y civiles, fue forzado a renunciar y se suicidó.

La lucha contra el laborismo y el nacionalismo, agravada por la Guerra Fría, llevó al golpe de 1964 y la dictadura militar (1964-1985).

José Murilo de Carvalho

Academia Brasileira de Letras/Guilherme Gonçalves
José Murilo de Carvalho anticipa que el presidente que sea electo en Brasil “tendrá que enfrentar una gran oposición”.

Hoy tenemos algo semejante. Un representante del laborismo (Lula) que intenta volver al poder enfrentando a un presidente apoyado por la clase media, los militares y por empresarios.

La gran diferencia hoy es la ausencia de la Guerra Fría y de la amenaza de intervención norteamericana, aunque los factores externos no estén del todo ausentes.

¿Ve esta elección como la más importante del país al menos desde el retorno de la democracia?

Es sin duda la más importante tras el fin de la dictadura por estar en juego nuestro aún frágil sistema democrático.

¿Observa algún riesgo de crisis o ruptura institucional en Brasil asociado al resultado de estas elecciones?

El riesgo sólo podría venir en caso de una derrota del presidente (Bolsonaro). No se puede descartar un espectáculo circense similar al que montó Trump en Estados Unidos.

Mi apuesta es que las Fuerzas Armadas no lo apoyarán y que la presión externa será fuerte en Estados Unidos, la Unión Europea y los principales países de Hispanoamérica.

¿En qué medida Bolsonaro y Lula representan dos formas diferentes de entender Brasil?

La diferencia es grande. Lula es como un nuevo Vargas con una base de apoyo entre obreros, pobres e intelectuales.

Una mujer mira material de campaña con las caras del candidato izquierdista Lula sa Silva y el presidente ultraderechista Jair Bolsonaro.

Reuters
Los brasileños eligen a su presidente entre dos opciones muy distintas.

Bolsonaro se basa en sectores de la clase media, el pentecostalismo, grandes empresas, la agroindustria y los militares de las Fuerzas Armadas y las policías.

Parte de la disputa también se da en el campo de los valores, especialmente en lo referente a la familia y la identidad de género.

En el caso de Bolsonaro llega a esta segunda vuelta tras un gobierno muy tumultuoso, acusado por sus críticos de actitudes autoritarias, de dividir al país, de responder de forma equivocada a la pandemia de coronavirus y, con esto, agravar durante su gobierno la situación crítica que ya tenía Brasil.

Aun así, tiene posibilidades de ganar un segundo gobierno, según encuestas de opinión.

¿Cómo explica este apoyo que tiene el presidente?

Es una pregunta de un millón de dólares. ¿Cómo un presidente irrespetuoso de la ley, que desprecia las instituciones, incluidos los poderes de la República, y los valores democráticos, intolerante con los avances en la igualdad de género y de raza, indiferente, si no hostil, a la protección del medio ambiente, por dar algunos ejemplos, fue electo y tiene posibilidad de ser reelegido?

Parte de la respuesta puede estar en el hecho de que también hay un gran rechazo al expresidente Lula.

Jair Bolsonaro

Getty Images
Bolsonaro a capitalizado en votos el rechazo a Lula y su Partido de los Trabajadores.

Las encuestas muestran el gran rechazo de los entrevistados hacia los dos, entre 47% (Bolsonaro) y 41% (Lula).

El país está dividido al medio y el elegido, sea quien sea, tendrá que enfrentar una gran oposición.

En el caso de Lula, busca volver a ser presidente tras los escándalos de corrupción que surgieron durante los gobiernos de su Partido de los Trabajadores y de una condena por corrupción anulada por el Supremo, sin que el expresidente haya hecho una gran autocrítica por los errores cometidos. ¿Cuál es el motivo principal por el que puede volver al palacio de Planalto?

Sin duda, tiene que haber un lado personal: demostrar que es inocente y no pasar a la historia como un presidente condenado.

También está la arrogancia de su partido, el Partido de los Trabajadores, que nunca quiso admitir que hubo corrupción.

Lula

Getty Images
Lula promete volver a los tiempos de bonanza económica que tuvo Brasil en su presidencia (2003-2010).

Para el partido, el expresidente es su único candidato que puede ganar la elección.

Brasil conmemoró el bicentenario de su independencia en septiembre. ¿Diría que estas elecciones sugieren que Brasil todavía está buscando qué país quiere ser?

No hay mucho que celebrar en este bicentenario.

Por el lado político, no pudimos construir una república democrática sobre bases sólidas, como se puede observar en lo que está ocurriendo hoy. Seguimos bajo la tutela de las Fuerzas Armadas, que se consideran guardianes de la República.

Por el lado social, somos el octavo país más desigual del mundo y el 84º en el Índice de Desarrollo Humano.

La independencia se hizo bajo el sueño de construir aquí un gran imperio. En la década de 1930, el austríaco Stefan Zweig escribió un libro elogioso titulado “Brasil, país de futuro”. Ese imperio y ese futuro están lejos, si es que alguna vez llegan.


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