La invisibilización de la menstruación: tabú, mitos y silencios
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La invisibilización de la menstruación: tabú, mitos y silencios

Hablar sobre menstruación en México resulta complejo, pues a pesar de ser un proceso biológico, aún sigue siendo un tema tabú; lleno de mitos y silencios. 
Cuartoscuro
Por Mariana Herrera López (Testigo Púrpura)
3 de octubre, 2020
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Beatriz tenía once años cuando tuvo su primera menstruación, ella ya sabía que era lo que estaba pasando; nunca se lo habían explicado en la escuela, pero su mamá le había dicho que eventualmente iba a pasar y se convertiría  en“ toda una señorita”.

“Claro que me acuerdo que fue lo primero que me paso por la cabeza cuando me bajo por primera vez: Ya no soy una niña”, comenta Beatriz, aún recuerda vívidamente que aquel día experimentó un profundo sentimiento de vergüenza, no sabía porque, no quería que nadie se enterara, pero por supuesto, algo así no se puede mantener en secreto. 

Hablar sobre menstruación en un país como México resulta complejo, pues a pesar de que el 52 % de la población experimenta, experimentó o va a experimentar, este proceso biológico, aún sigue siendo un tema tabú; lleno de mitos y silencios. 

Esta invisibilización de la menstruación, termina por influir directamente la información que se produce (o no), que se distribuye y recibe, sobre un proceso tan natural como la vida misma. En consecuencia, esto moldea y afecta la manera en la que las mujeres perciben su menstruación y cómo se mueven por el mundo.

Las carencias en la educación

Las niñas y niños mexicanos comienzan a recibir educación sobre su cuerpo desde el primer año de educación básica, pero no es hasta los últimos tres años de primaria (4º, 5º, 6º) y 1º de secundaria, que se toca el tema de la menstruación.

Abdiel Montero, educador de nivel básico durante 16 años, comenta que las lecciones que las niñas y niños reciben de sus libros de texto sobre estos temas, no abordan el lado humano de los procesos, “sino simplemente es información”.  

Lee: Menstruación libre de impuestos: Proponen iniciativa para eliminar IVA a toallas, copas y tampones

De acuerdo con Joy Valverde, psicóloga, educadora en sexualidad y especialista en pedagogía menstrual, resulta hostil y bastante violento, y en un principio falso, asegurarles a las niñas que la llegada de su menstruación es el inicio de su adultez:

“En la gran mayoría de las niñas genera un proceso de abrumación, se sienten abrumadas hacia el hecho o la posibilidad, que es básicamente una amenaza, de que son susceptibles a que cualquier persona pueda tratarlas como un adulto sexual y que pueda violentarlas, también en esa misma unidad de que son cuerpos accesibles a lo sexual, porque involucra la continuación, que también es un sesgo en la educación que tenemos, que la sexualidad significa en automático reproducción”, señala.

Un sondeo realizado a 88 mujeres (más del 60 por ciento entre las edades de 21-25 años), coinciden en que los dos principales temas a la hora de abordar la menstruación en clase fueron: el proceso de la menstruación biológicamente (81 por ciento ) y el papel que juega en el proceso de reproducción (66.7 por ciento), quedando en último lugar temas como las enfermedades o condiciones relacionadas con la menstruación (13 por ciento) y recomendaciones de salud menstrual (9 por ciento).

En otras partes del mundo la situación no es distinta; de acuerdo con Tabea Hoffman y Mona Lamiri, estudiantes de Erasmus alemanas, la educación en Alemania alrededor de la menstruación se engloba dentro de la educación sexual, y se enfoca en la función biológica de la misma, sin mencionar temas como la salud menstrual o su implicación social en la vida de las mujeres.

Mientras tanto, en Reino Unido, según un estudio realizado en 2017 por Plan International UK, 1 de cada 7 mujeres jóvenes no sabían qué era lo que estaba ocurriendo cuando tuvieron su primer periodo, en tanto que 1 de 4 declararon que no se sentían preparadas para el comienzo de su menstruación.

En dicho estudio, también se menciona que las niñas que declararon haber aprendido sobre la menstruación en la escuela, únicamente recibieron información sobre el proceso biológico, dejando de lado información importante sobre la anatomía de sus cuerpos o el uso de productos de higiene menstrual.

“El tiempo siempre apremia, el maestro es presionado por cumplir un programa, a veces cometemos el error de decir tengo que acabar y no importa la calidad en la que se haya ido la información, a mi me dijeron, aquí empieza y aquí termina y voy corriendo contra reloj”, comenta el profesor Abdiel. 

La psicóloga Valverde comenta que es necesario socializar la menstruación desde los primeros días de vida de los y las infantes.

“La menstruación no es un hecho que aparece espontáneamente en la pubertad, es un proceso que se viene sosteniendo hormonal, fisiológica y mentalmente desde que se nace. El que un niño socialice entender el que todas las personas orinan y defecan, le naturaliza a entender cómo son sus funciones fisiológicas, si un día simplemente teniendo 4 o 5 años alguien comienza a hablarle sobre la orina y sobre la defecación, va a ser un proceso como un poco mortificante o bastante hostil, lo mismo sucede con la menstruación”, señala.

Conocer es salud

Cuando Ilse comenzó la universidad se dio cuenta que algo había cambiado en su periodo; de repente el flujo era más abundante, no se sentía con ganas de comer, nada le caía bien al estómago y el dolor era insoportable. Sin embargo, Ilse recordaba que su mamá y sus amigas le habían dicho que el dolor era normal, era parte de ser mujer, y nunca nadie le había dicho lo contrario. Así que pasar los primeros dos días de su menstruación tirada en la cama sin poder moverse, era a lo que se había acostumbrado. Y aún así, Ilse no podía dejar de pensar, mientras el dolor se la comía, “ como odio ser mujer estos días”.

Lee: La menstruación, un factor de desigualdad de género

La importancia de socializar la menstruación desde temprana edad, de acuerdo con el Doctor David Zarate, también recae en que muchas mujeres sufren condiciones o enfermedades relacionadas con su menstruación (como la amenorrea, la endometriosis, la hiperpolimenorrea, entre otras) que debido a la normalización del dolor durante estos días y el escaso conocimiento del proceso, es difícil detectar sin una consulta médica. 

Pero el tema de educación menstrual no se limita únicamente a las aulas; en diversas partes del mundo han surgido organizaciones, como WASH en Alemania,  The Guttmacher Institute en Estados Unidos o Plan International UK en Reino Unido,  para contribuir a la creación y mejora de la información que existe sobre la menstruación, así como su visibilización como un asunto de carácter social y económico, no sólo privado.

En México, de igual forma, múltiples ONGs y colectivos feministas se han encargado de poner en la mesa de discusión el tema de la menstruación como algo de índole pública; entre ellas Menstruación Digna, una iniciativa que integra a organizaciones como GIRE, el Instituto Simone de Beauvoir, Intersecta, FES México, Gatitos contra la Desigualdad, entre otras.

Anahí Rodríguez, coordinadora e investigadora de Menstruación Digna, explica que la organización se enfoca en tres ejes: gratuidad de los productos de higiene menstrual, la eliminación del IVA a los productos de gestión menstrual y la generación de datos sobre la menstruación en México, pues estos son escasos o prácticamente inexistentes.

De igual forma, Menstruación Digna tiene un eje transversal dedicado a la educación y de acuerdo con Rodríguez, un objetivo a largo plazo es presentar una propuesta sobre la enseñanza de estos temas en las escuelas.

“Limitar el cuerpo a una función reproductiva, también es limitar la vida de las mujeres y limitar el cuerpo de las mujeres a ser mecanismos reproductores, incita a que sigan existiendo violencias sexistas, derivadas de las convivencias con otras personas”, señala Valverde.

“Tengo una sobrina de 5 años, y estoy tratando de hacer con ella lo que no hicieron conmigo, aunque me cuesta un poco de trabajo; darle toda la información que no me dieron a mí y sobre todo que esté segura de que puede hablarlo conmigo y no hay nada de qué avergonzarse, y que si le llega a suceder cuando es una niña, eso no significa que tiene que dejar de serlo”, finaliza Beatriz.

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Cómo se forman los huracanes y por qué son tan frecuentes en México, Estados Unidos y el Caribe

La explicación científica es apasionante y te ayudamos a entenderlo con mapas, gráficos e imágenes satelitales.
30 de agosto, 2021
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Los huracanes son las tormentas más grandes y violentas del planeta.

Cada año, entre los meses de junio y noviembre, azotan la zona del Caribe, el golfo de México y la costa este de Estados Unidos, en algunas ocasiones arrasando con edificios y poblaciones.

Sus homólogos son los tifones, que afectan al noroeste del océano Pacífico, y los ciclones, que lo hacen al sur del Pacífico y el océano Índico.

Zonas donde se forman ciclones tropicales

BBC

Todos son ciclones tropicales, pero el nombre “huracán” se usa exclusivamente para los del Atlántico norte y del noreste del Pacífico.

Pero, ¿cómo se forman y por qué suelen afectar a esta zona del mundo?

Huracanes, bombas de energía

El mecanismo más común de formación de huracanes en el Atlántico — que provoca más del 60% de estos fenómenos — es una onda tropical.

La onda empieza como una perturbación atmosférica que crea un área de relativa baja presión.

Suele generarse en África Oriental a partir de mediados de julio.

Si encuentra las condiciones adecuadas para mantenerse o desarrollarse, esta área de baja presión empieza a moverse de este a oeste, con la ayuda de los vientos alisios.

Origen de la onda tropical y los vientos globales

BBC

Cuando llega al océano Atlántico, la onda tropical puede ser el germen de un huracán, pero para que este se forme necesita fuentes de energía, como el calor y el viento adecuado.

En concreto, es necesario que la superficie del agua esté por encima de los 27ºC y que haya una capa espesa de agua caliente en el océano.

También tiene que haber, por un lado, vientos con un giro horizontal para que la tormenta se concentre. Por el otro, vientos que mantengan su fuerza y velocidad constante a medida que suben desde la superficie del océano.

Si hay cortante de viento, o variaciones del viento con la altura, esto puede interrumpir el flujo de calor y humedad que hace que el huracán se forme.

Además, tiene que haber una concentración de nubes cargadas de agua y una humedad relativa alta presente en la atmósfera.

Ingredientes para un huracán

BBC

Todo esto tiene que ocurrir en las latitudes adecuadas, en general entre los paralelos 10° y 30° del hemisferio norte, ya que aquí el efecto de la rotación de la Tierra hace que los vientos puedan converger y ascender alrededor del área de baja presión.

Cuando la onda tropical encuentra todos estos ingredientes, se crea un área de unos 50-100 km, donde empiezan a interactuar.

“El movimiento de la onda tropical funciona como el disparador de esa tormenta”, explica a BBC Mundo Jorge Zavala Hidalgo, coordinador general del Servicio Meteorológico Nacional de México.

Y es esta tormenta la que hace de catalizador: empieza el baile de calor, aire y agua.

El área de baja presión hace que el aire húmedo y caliente que viene del océano suba y se enfríe, lo que alimenta las nubes.

La condensación de este aire libera calor y provoca que la presión sobre la superficie del océano baje aún más, lo que atrae más humedad del océano, engrosando la tormenta.

Los vientos convergen y ascienden dentro de este área de baja presión, girando en dirección contraria a las agujas del reloj — por influencia de la rotación de la Tierra — y dando a los huracanes esa imagen tan característica.

A medida que la tormenta se hace más poderosa, el ojo del huracán — el área central de hasta 10 km — permanece relativamente tranquilo.

A su alrededor se levanta la pared del ojo, compuesta de nubes densas donde se localizan los vientos más intensos.

Más allá, están las bandas nubosas en forma de espiral, donde hay más lluvias.

La velocidad de los vientos es la que determina en qué momento podemos llamar a este fenómeno “huracán”: en su nacimiento es una depresión tropical, cuando aumenta de fuerza pasa a ser una tormenta tropical y se convierte en huracán cuando pasa de los 118 km por hora.

Pasos de depresión a ciclón tropical

BBC

A partir de ahí, se suelen clasificar en cinco categorías según la velocidad sostenida del viento. En el Atlántico, se usa la escala de vientos Saffir-Simpson para medir su poder destructivo.

Tal es su fuerza que los vientos de un huracán podrían producir la misma energía que casi la mitad de la capacidad de generación eléctrica del mundo entero, según la Administración Nacional de Océanos y de la Atmósfera de Estados Unidos (NOOA, por sus siglas en inglés).

Escala de vientos Saffir-Simpson

BBC

Sin embargo, no es el viento sino la marejada y las inundaciones que provoca la lluvia que descarga el huracán las que generalmente causan la mayor destrucción y pérdida de vidas.

En Estados Unidos, por ejemplo, la marejada provocada por ciclones tropicales en el Atlántico fue responsable de casi la mitad de muertes entre 1963 y 2012, según datos de la Sociedad Americana de Meteorología (AMS, por sus siglas en inglés).

Además de estos factores, la destrucción causada por un huracán va a depender de otras circunstancias, como la velocidad a la que pasa, la geografía del territorio y la infraestructura de la zona afectada.

Mujer en su casa inundada

Getty Images
“Amanda” y “Cristóbal” no llegaron a ser huracanes pero dejaron lluvias extraordinarias y mucha destrucción en México y Guatemala en mayo de 2020.

“No necesariamente el daño o el peligro asociado a un ciclón tropical corresponde a su categoría. Por ejemplo, el ciclón de mayor categoría no tiene por qué tener asociada más precipitación”, dice Jorge Zavala Hidalgo a BBC Mundo.

México, Estados Unidos y el Caribe: las zonas más vulnerables

Uno de los factores que explica que esta parte del mundo sea propensa a los huracanes es que el océano Atlántico, en las latitudes tropicales, tiene la temperatura adecuada para su formación durante más meses al año.

Otro es el movimiento de las grandes corrientes de vientos que empujan a los huracanes.

Los vientos alisios — las corrientes de vientos globales en el trópico — van de este a oeste llevándolos hacia las costas del Caribe, el Golfo de México y el sur de Estados Unidos.

El recorrido de estos vientos también está influenciado por la rotación de la Tierra — el llamado efecto Coriolis — que hace que tiendan a desviarse hacia el norte.

Recorrido de los huracanes en el Atlántico norte en 2019

Wiki Project Tropical Cyclones/Tracks/Nasa/Xyklone
Los huracanes que se formaron en el Atlántico norte durante el 2019 siguieron distintos recorridos según las corrientes globales de viento u otros fenómenos – como los anticiclones – que encontraban en su camino.

En el Atlántico, mientras los huracanes avanzan se desvían levemente hacia el norte; y al superar aproximadamente los 30°N, suelen encontrase con los vientos del oeste, otra de las grandes corrientes globales, que hacen que se curven hacia el este.

En su camino van a toparse con el anticiclón de Bermudas-Azores que va a determinar si se dirigen hacia el Golfo de México o hacia Estados Unidos.

Los anticiclones son regiones de alta presión atmosférica con aire más seco, menos nubes y vientos que giran en la dirección de las agujas del reloj en el hemisferio norte.

El anticiclón de Bermudas actúa como un obstáculo y si los huracanes quieren avanzar tienen que bordearlo. Por este motivo, el tamaño y la posición del anticiclón puede determinar hacia dónde va un ciclón tropical.

Gráfico de localización del anticiclón de Bermudas-Azores

BBC

Si es débil y está más posicionado hacia el este, los huracanes lo rodean y siguen hacia el norte, alejándose del Caribe.

Por lo contrario, si es más fuerte y se encuentra al suroeste, un ciclón tropical puede dirigirse hacia el Golfo de México o hacia Florida.

La posición del anticiclón cambia según el año, las estaciones y puede variar en cuestión de días.

“A causa de esas variaciones, un huracán puede seguir una trayectoria muy distinta hoy que otro que pasa tres o cinco días después”, explica Jorge Zavala Hidalgo, del Servicio Meteorológico Nacional de México.

Siguiendo la misma lógica, los anticiclones y otras masas de aire son responsables de que un huracán se recurve hacia el oeste, como pasó en 2012 con el huracán Sandy, por ejemplo.

Huracán Sandy en Nueva York

Getty Images
En su camino hacia el norte, el huracán Sandy (2012) se curvó azotando las costas de Nueva York y Nueva Inglaterra, en Estados Unidos.

Después de tocar tierra en Cuba, Sandy empezó a desplazarse hacia el noreste, pero un anticiclón en Groenlandia y un frente frío bloquearon su camino. Eso provocó que Sandy retrocediera hacia la costa este de Estados Unidos, causando destrucción en Nueva York y Nueva Jersey.

En el Pacífico Este, a pesar de que es una zona más activa que el Atlántico Norte, tocan tierra menos huracanes.

“Lo que sucede es que esas tormentas suelen dirigirse hacia el oeste o noroeste. Algunas pueden retroceder hacia las costas de México si los vientos son los adecuados, pero la mayoría se dirigen a latitudes más altas, encuentran aguas más frías y desaparecen”, dice a BBC Mundo Gary M. Barnes, profesor retirado de la Universidad de Hawái, Estados Unidos.

Por qué casi no vemos en Sudamérica

Si bien la parte norte del Atlántico puede ofrecer las condiciones ideales para la formación de huracanes, no ocurre lo mismo bajo la línea del Ecuador.

“El Atlántico Sur es más tranquilo porque no hay onda tropical — es un fenómeno más común en el hemisferio norte — y hay más variaciones en la velocidad y en la dirección del viento, algo que inhibe la formación de huracanes”, explica Barnes.

Simulación de todos los huracanes entre 1985 y 2015

NASA
El efecto Coriolis es demasiado débil en la línea del Ecuador para que los vientos giren y formen huracanes.

Además, los ciclones tropicales normalmente no se forman si no están al menos a unos 500 kilómetros del Ecuador, ya que el efecto Coriolis es demasiado débil para hacer que los vientos giren y formen un huracán.

Aunque es un fenómeno que pasa con poquísima frecuencia en Sudamérica, sí se han registrado huracanes en las costas del sur de Brasil.

En 2004, el ciclón tropical Catarina dejó 11 muertos y más de 30.000 personas desplazadas.

¿Y cómo puede impactar el cambio climático?

“El cambio climático provoca que la temperatura de la superficie del océano y la capa gruesa sean más calientes y eso es un problema. Tenemos teorías que dicen que si el océano es más cálido eso puede traducirse en tormentas más fuertes e intensas.”, dice el meteorólogo Gary M. Barnes.

Hay indicaciones de que las áreas en que un ciclón encuentra condiciones para mantenerse y sobrevivir se están extendiendo con el paso del tiempo, según Jorge Hidalgo, coordinador del Servicio Meteorológico Nacional de México.

“Quizás el número de ciclones no aumente pero la distribución de categorías puede cambiar. Es decir, que haya más huracanes de categoría mayor y menos de categoría menor”, añade Zavala.

Los científicos coinciden, ,sin embargo, en que es muy pronto para medir el impacto del cambio climático en la formación y avance de los huracanes.

“Es probable que las tormentas se intensifiquen muy poco a poco, pero vamos a necesitar muchísima data para probar que el calentamiento global va a provocar huracanes más fuertes. En 25 años puede que tengamos evidencias”, concluye Barnes.

Agradecimiento a José Manuel Gálvez, meteorólogo del la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).


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