Justicia y búsqueda de desaparecidos: tareas pendientes en La Laguna
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Justicia, reparación y búsqueda de desaparecidos: tareas pendientes en La Laguna

Los asesinatos se redujeron de forma considerable. Sin embargo, quedaron tareas pendientes y acabar con la impunidad es una de ellas.
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Silvia Ortiz lleva 16 años buscando a su hija Silvia Stephanie Sánchez Viesca Ortiz “Fanny”. Esta desapareció en Torreón, Coahuila, el 5 de noviembre de 2004. Tenía 16 años. En todo este tiempo se han publicado diversas versiones sobre qué ocurrió con la menor. Incluso se llegó a asegurar que un integrante de los Zetas la capturó para entregársela a Heriberto Lazcano Lazcano, “El Lazca”, entonces líder del grupo criminal. Tras 16 años buscando, las autoridades no han dado una explicación a Ortiz. Nadie está detenido, no sabe qué ocurrió con su hija. Desde 2013, la mujer fundó Grupo Vida, uno de los primeros colectivos de Coahuila dedicados a la búsqueda de desaparecidos.

“Hablar de la falta de justicia es hablar de 16 años de impunidad, 16 años que desapareció mi hija y que no sucede nada”, explica Ortiz.

Entérate: Coordinación, cambios culturales y ataques financieros: Así se redujo la violencia del narco en La Laguna

Este caso es símbolo de una de las asignaturas pendientes en La Laguna: los altos índices de impunidad. En su investigación “Reconquistando La Laguna”, los investigadores Jacobo Dayán, Sergio Aguayo y Javier Garza analizan las estrategias adoptadas por autoridades y sociedad civil para lograr un descenso en los homicidios de este territorio, ubicado entre los estados de Coahuila y Durango y que entre 2008 y 2014 fue escenario de una guerra abierta entre el cartel de Sinaloa y los Zetas. El documento pone en valor que los asesinatos se redujeron de forma considerable. Sin embargo, quedaron tareas pendientes y la impunidad es una de ellas.

“Continúa la impunidad al haberse dejado intactas las redes de sustento económico y protección política y existen pendientes tan importantes como la verdad, la justicia, la reparación y la búsqueda de desaparecidos”, señala la investigación.

Según los datos recopilados por los investigadores, entre 2008 y 2014 hubo al menos 3,941 homicidios y 463 desaparecidos en La Laguna. Esta violencia afectó de forma directa a los cuerpos policiales. Como recuerda en el informe Adelaido Flores, director de la policía de Torreón en esos años, “en tres o cuatro años hubo alrededor de cien enfrentamientos contra cuerpos de seguridad, 35 oficiales de la policía perdieron la vida, cinco desaparecieron y 60 unidades fueron destruidas”.

“Muy pocos homicidios fueron resueltos y eso muestra el tema de impunidad: los que hicieron ya no lo pagaron. Lo más probable es que ellos fueran luego asesinados”, dice Javier Garza, uno de los participantes en la investigación. Según explica, la falta de investigación se explicaba por dos motivos: las amenazas de los grupos del crimen organizado, que habían infiltrado corporaciones policiales, y la ausencia de recursos.

“Las víctimas fueron los únicos que centraron su esfuerzo en el tema de la justicia. El resto no lo hizo así. Esto lleva a que los avances fuesen en términos policiales, pero, por ejemplo, no hubiese una preocupación por la reforma a fondo de las fiscalías. Cuando se habla de la reconquista queda pendiente la impunidad, que sigue siendo del 95%”, dice Jacobo Dayán, otro de los investigadores. Entre los asuntos pendientes: abordar la protección política que recibieron los Zetas (solo se hizo con los mandos más bajos) o seguir el rastro de su dinero.

Desaparecidos

Resulta difícil saber cuántas personas desaparecieron durante la época de la guerra en La Laguna. Según explican los investigadores, el gobierno de Coahuila abrió sus expedientes, pero no así el de Durango. Esto provoca que los datos estén sesgados. Por ejemplo, “de las 2 mil 151 personas desaparecidas en Coahuila según datos del Cenapi, el 25.56% son de Torreón. Es simplemente imposible que en Torreón estén registradas 550 desapariciones entre 2006 y 2017 y solo 21 en Gómez Palacio y Lerdo”, dice el documento.

La Laguna es un área metropolitana configurada por cuatro municipios: Torreón y Matamoros en Coahuila y Gómez Palacio y Lerdo en Durango. Parece poco probable que exista una diferencia tan abismal en el número de desaparecidos si todas las localidades se encontraron en medio de la guerra entre el cartel de Sinaloa y los Zetas.

En la línea de buscar a los desaparecidos hay otra tarea pendiente: la identificación de los restos hallados en las fosas clandestinas. El informe indica que según la Fiscalía General del Estado (FGE), en Coahuila hay “más de 87 sitios de inhumación clandestina en 33 municipios de una entidad que tiene un total de 38”. “La cifra ilustra la magnitud de la brutalidad sistémica”, dicen los investigadores.

Las familias comienzan a articularse a partir de 2009. Resultan claves dos colectivos: Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila (Fuundec) y Grupo Vida, el primero que se crea en La Laguna. Ambos grupos surgen en Coahuila, mientras que en Durango hasta 2019 no comienza a trabajar allí Grupo Vida. “Estos colectivos de víctimas estuvieron, con empresarios y medios, en la primera línea de resistencia frente a los criminales”, dice la investigación.

La importancia de los colectivos

La búsqueda de desaparecidos y el hallazgo de fosas clandestinas es uno de los logros de estas familias. En 2015, con el inicio de los trabajos de Grupo Vida, comienzan a descubrirse los lugares de inhumación clandestina y zonas de exterminio. En mayo de 2019, Grupo Vida ya tenía registrados 24 sitios positivos a restos óseos y en 13 de ellos continuaban trabajando. “Como las búsquedas no fructificaban, emularon a los padres de los normalistas de Ayotzinapa y se fueron al campo a buscar, ellos mismos, los restos de desaparecidos”, dicen los investigadores.

“Desde que nos unimos los familiares comienzan a tener la sensación de las autoridades escuchan, hacen caso, ponen atención, cuando antes nos decían que nos fuéramos”, dice Ortiz. La mujer recuerda los inicios de aquellas búsquedas. “Teníamos que arrastrarlos (a las autoridades) para que trabajaran con el debido proceso, que no nos asustaran, ya que se ponían a disparar”, explica.

“El Ejido Patrocinio es la zona de exterminio más grande en la región (66 hectáreas); ahí han localizado decenas de miles de pequeños fragmentos óseos”, explica la investigación. Ortiz, que participó en el hallazgo, recuerda que ni siquiera aparecía en ninguna investigación hasta que los colectivos comenzaron a señalarlo.

El informe recoge los testimonios de personas que vivieron en las inmediaciones de aquel campo de exterminio. “En el Ejido Patrocinio se veía mucho movimiento a todas horas del día, pero era más por las horas de la noche. Entraban muchas camionetas y carros de reciente modelo con los vidrios polarizados y gente armada. Se rumoraba que ahí se movían los malos, es decir, los integrantes del cartel de los Zetas para realizar sus fechorías. En ocasiones se escuchaban disparos pero, debido al miedo y a que se vivía mucha inseguridad, no se atrevían a denunciar. En esos años del 2008, 2009, 2010 y 2011 muchos tuvieron que abandonar sus casas por el temor a recibir algún tipo de amenaza”, recoge la investigación.

“El proceso de búsqueda e identificación observable en los expedientes es caótico y sin protocolo ni orden claro. Incluso la fiscalía de Coahuila reconoce que inhumaron 520 cadáveres de fosas comunes sin que se les tomara muestra de adn. 87 Grupo Vida considera que a 800 cuerpos no se les tomaron muestras y exige su exhumación para ser identificados”, dice la investigación. Esta es una de las tareas pendientes para la consolidación de la paz: la identificación de los cuerpos y que las familias puedan tener acceso a la verdad y la justicia.

Lo explica Silvia Ortiz: “Se devolvió la vida a los pobladores y gracias al trabajo de las familias se marcó la diferencia. Sin embargo, todavía tenemos que estar batallando. Hemos sacado muchísimos restos, pero no se han entregado, porque tienen incapacidad para generar perfiles genéticos”.

“Probablemente muchos de nuestros desaparecidos estén dentro de estos restos que han sido localizados. Pero viene el problema. Hay muchos restos y no hay manera de identificar”, explica la mujer.

Uno de los proyectos desarrollados por en Coahuila y que trasciende a La Laguna es el Centro de Identificación Humana, establecido en Saltillo. Se trata de una infraestructura financiada por el gobierno estatal con el apoyo de la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB) que recientemente contrató a 18 forenses que está siendo capacitado por la Fundación de Antropología Forense de Guatemala. Este equipo tiene una gran experiencia ya que participa en las exhumaciones de víctimas de la guerra civil y el genocidio ixil que tuvo lugar en el país centroamericano entre 1960 y 1996.

A pesar de avances de este tipo, los investigadores todavía esperan más. “Ni a nivel federal ni en los estados hay voluntad política para implementar mecanismos extraordinarios de verdad y justicia para atacar la impunidad y atender a las víctimas”, asegura el informe.

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Tokio: Naomi Osaka, la "tenista rebelde" que está cambiando Japón

La tenista ha causado una verdadera revolución en Japón al poner sobre la mesa temas que en esa sociedad suelen ser un tabú.
24 de julio, 2021
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Naomi Osaka cuenta una historia.

Ocurrió en Florida, donde los mejores tenistas jóvenes del mundo se congregan y compiten.

Osaka, de unos 10 años, se estaba preparando para un partido del prestigioso torneo Orange Bowl cuando escuchó una conversación de su oponente japonés.

“Estaba hablando con otra chica japonesa”, le dijo Osaka al diario Wall Street Journal.

“Y no sabían que yo estaba escuchando o que hablaba japonés”.

“Su amiga le preguntó con quién estaba jugando”, contó Osaka. “Y su amiga dijo: ‘Oh, esa chica negra. ¿Se supone que es japonesa?’. Y luego la chica con la que estaba jugando dijo: ‘No lo creo’ “.

Todo el mundo lo sabe ahora. Osaka, la hija de madre japonesa y padre haitiano, criada en Estados Unidos, es el rostro de Tokyo 2020.

En cada parada de autobús en Tokio, la joven de 23 años aparece mirando hacia abajo desde un anuncio, saludando a los pasajeros locales e internacionales. Está vestida con una chaqueta rosa neón sobre ropa deportiva negra.

Naomi Osaka

Getty Images

El lema del anuncio está escrito mitad en inglés y mitad en japonés. Es la palabra “nuevo”, seguida de un símbolo que puede traducirse como “mundo” o “generación”.

Funciona. Porque Osaka, quien renunció a su ciudadanía estadounidense en 2019 en favor de su herencia japonesa, está trayendo más que títulos a su tierra natal. Ella está trayendo cambio.


“Nos sentimos un poco alejados de ella”

No es necesario volver a la infancia de Osaka para encontrarse con interrogantes sobre cómo encaja en la sociedad japonesa.

“Para ser honesto, nos sentimos un poco alejados de ella porque es muy diferente físicamente“, dijo Nao Hibino, actualmente la número tres de Japón, mientras Osaka avanzaba hacia los escalones más altos del tenis femenino en 2018.

“Creció en un lugar diferente y no habla tanto japonés”, agregó. “No es como Kei (Nishikori), que es un jugador japonés puro”.

Osaka no es la primera deportista de raza mixta o “hafu” que genera este tipo de interrogantes.

Sanchio Kinugasa

Getty Images
La estrella del béisbol Sachio Kinugasa era hijo de padre afroestadounidense y madre japonesa.

Sachio Kinugasa and Hideki Irabu eran estrellas del béisbol.

Ni ellos ni el público japonés estaban interesados ​​en hablar sobre sus padres estadounidenses -soldados que ocuparon el país después de la Segunda Guerra Mundial- o la discriminación que enfrentaron.

Osaka es diferente.

“Algunas personas mayores han planteado ideas sobre cómo debe hablar y comportarse una atleta japonesa en público”, explica Hiroaki Wada, reportera del periódico Mainichi de Japón.

Naomi no encaja en ese molde tradicional. Ella visibilizó esos problemas a través de sus palabras y acciones en Japón”, agrega.

“El tema de la raza y la identidad se discutieron más en los medios y en las redes sociales gracias a ella, incluidas sus declaraciones políticas. Es una figura que despierta pensamientos y reacciones”.

Sus denuncias contra el racismo

Osaka entró en el club reservado a los jugadores en el US Open del año pasado con un plan. Empacó siete mascarillas faciales diferentes. Una para cada ronda del torneo. Cada una con el nombre de un estadounidense negro que murió por presunta violencia policial o racista.

Las usó todas, mostrando los nombres de George Floyd, Breonna Taylor y Trayvon Martin a una audiencia global en su camino hacia el título.

Ese es un tema con el que Japón, una de las naciones con menor diversidad étnica del mundo, todavía lucha.

Naomi Osaka

Getty Images
Osaka utilizó mascarillas en el US Open denunciando el racismo en EE. UU.

Por ejemplo, la emisora pública japonesa NHK se disculpó el año pasado después de que una película animada que explicaba las protestas por la justicia racial caricaturizara a las personas negras y excluyera algunas de las razones clave del movimiento.

Y en 2019, la compañía japonesa de fideos instantáneos Nissin publicó, y luego retiró, un anuncio con una ilustración de Osaka con piel blanca.

Es un tema que está arraigado profundamente en otras generaciones. La madre y el padre de Osaka emigraron a Estados Unidos cuando ella tenía 3 años, sin la aprobación de sus abuelos maternos.

“Creo que lo que ha pasado en el último año ha sido un proceso de aprendizaje para los japoneses“, dice Robert Whiting, autor de Tokyo Junkie, un libro que detalla sus casi 60 años viviendo en la ciudad.

Naomi Osaka

Getty Images

“Ha habido una discusión en programas de televisión, explicando por qué Naomi se siente de esa manera y habla del modo en que lo hace”.

“En Japón, la tradición es evitar conflictos y discusiones. No es como en Estados Unidos, donde es algo común”, agrega Whiting.

“Generalmente, cuanto más famoso, más taciturno eres. No quieres ninguna controversia, no quieres que eso se refleje en tus compañeros de equipo, tu organización o patrocinadores”.

“El individualismo es algo muy valorado en Occidente, pero no en Japón. Aquí, la armonía es lo más importante”, explica.

Largos episodios de depresión

Si el año pasado el tema giraba en torno al origen de Osaka, este año lo ha hecho sobre su vida.

En mayo, después de decir inicialmente que no hablaría con los medios durante el Abierto de Francia, se retiró de ese torneo y luego de Wimbledon, citando problemas de salud mental y largos episodios de depresión durante los tres años anteriores.

Naomi Osaka

Getty Images

Los Juegos Olímpicos de Tokio marcan su regreso a la cancha después de dos meses.

Ella es la figura japonesa de más alto perfil que ha instalado el problema de la salud mental en la opinión pública. Pero no es la única.

La futbolista internacional Kumi Yokoyama, de 27 años, reveló el mes pasado que es transgénero y que tiene la intención de hacer la transición por completo a hombre, una vez que se retire del deporte.

Explicó cómo haber jugado en Estados Unidos y Alemania le había hecho tomar conciencia de la ignorancia y los prejuicios en Japón.

En 2020, Hana Kimura, una luchadora profesional, se quitó la vida después de aparecer en Terrace House, un popular reality show.

En la población japonesa en general, el número de personas que reportan problemas de salud mental se ha duplicado entre 1999 y 2014.

“Tradicionalmente en nuestra nación, recordando cuando era niño, hace 40 años, era vergonzoso que tú o un pariente tuyo tuvieran un problema de salud mental”, dijo el periodista Hiroaki Wada.

“En general, la percepción de debilidad, probablemente más entre los atletas, ha impedido que la gente hable”.

“Pero las cosas están cambiando. La gente se está volviendo más abierta a admitir que las personas tienen problemas de salud mental y que es algo con lo que tenemos que lidiar”, comentó.

Osaka y la nueva generación japonesa

Y Whiting no tiene ninguna duda de dónde viene ese cambio.

“Creo que Naomi Osaka y otros japoneses de raza mixta todavía son forasteros hasta cierto punto”, apunta.

Naomi Osaka

Getty Images

“Pero esta generación de japoneses es mucho más sofisticada que las generaciones anteriores, tienen una perspectiva mucho más global con el acceso a internet y a innumerables canales de televisión”.

“Hay un entendimiento más amplio que no existía cuando llegué en la década de 1960 o en las décadas de 1980 y 1990. El mundo es un lugar mucho más pequeño ahora y Japón se ha beneficiado de eso”.

Un nuevo mundo. Una nueva generación. Como sea que lo expliques, Osaka es una parte importante del cambio.


BBC Mundo en Tokio

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