Madera importada domina el mercado de México pionero en manejo forestal
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Foto: UZACHI.

Madera importada domina el mercado de México, pionero en el manejo forestal comunitario

Los productores que hacen un manejo sostenible de sus bosques enfrentan dificultades para ser competitivos en un mercado afectado por la madera proveniente de países como Chile, y el comercio ilegal trasnacional.
Foto: UZACHI.
Por Marco Antonio Hernández T. y Priscila Hernández Flores (Mongabay)
25 de octubre, 2020
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La industria forestal mexicana está dominada por la madera importada. De los poco más de 27 millones de metros cúbicos de madera en rollo que se consumen anualmente en el país, apenas 9 millones se producen localmente; así que cerca del 67 % proviene del exterior, de acuerdo con datos que reporta la Comisión Nacional Forestal (Conafor) en el informe Estado que guarda el sector forestal en México, 2019.

En términos económicos, de acuerdo con datos de la Conafor, México importa productos forestales maderables —incluyendo celulosa y papel— por un valor de 8214 millones de dólares y exporta apenas 2030 millones, lo que genera una balanza comercial deficitaria de 6184 millones de dólares.

Lee: ¿Por qué la deforestación y la pérdida de especies abren la puerta a nuevas enfermedades?

Everardo Martínez, presidente de la Asociación Nacional de Importadores y Exportadores de Productos Forestales en México (Imexfor), atribuye esta situación al estancamiento de la producción local: “la industria forestal no ha tenido crecimiento en los últimos 15 años y eso ha hecho que las necesidades del país hayan tenido que satisfacerse con la importación”.

El 76 % de la madera que se produce en el país proviene de bosques comunitarios; el resto es de predios privados y plantaciones. Y aunque México destaca a nivel nacional por ser pionero en el manejo forestal comunitario, este modelo de aprovechamiento sustentable de los bosques sigue muy acotado: de los poco más de 15 mil ejidos y comunidades que pueden considerarse forestales, solo 2943 operan algún tipo de aprovechamiento comercial de sus recursos; de ellas, poco menos de 1300 han logrado crear empresas forestales comunitarias y solo alrededor de 50 realizan procesos de transformación de segundo nivel de la madera, para producir desde triplay hasta muebles, de acuerdo con datos de la Conafor.

Además, aquellos ejidos y comunidades que han logrado llegar a la escala mayor de producción de madera enfrentan varias dificultades para ser competitivas: “Nos hace falta mejorar en nuestros procesos del aprovechamiento e industrialización de la madera, mejorar el proceso de trabajo en las comunidades para que la producción se incremente”, reconoce Israel Santiago García, director general de Empresas Forestales de Pueblos Mancomunados, en Oaxaca.

Esos retos productivos fueron cuantificados a nivel nacional por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) y la organización Reforestamos México, que en 2014 elaboraron el Índice de Competitividad Forestal Estatal, que arrojó resultados poco alentadores. Después de analizar 42 indicadores económicos, ambientales y sociopolíticos, el estudio concluyó que “no existen bosques competitivos” en México, y que incluso los tres estados mejor calificados (Coahuila, Chihuahua y Nuevo León), alcanzaron un puntaje máximo de 57 puntos sobre 100.

El reporte de IMCO y Reforestamos México advierte, sin embargo, que esa situación contrasta con la riqueza y superficie de los bosques mexicanos: por una parte, señala, México es uno de los 17 países megadiversos del mundo; por otra, “…mientras que nuestra superficie forestal es tres veces la de Finlandia, su producción es diez veces mayor a la nuestra”.

No son los únicos en llamar la atención sobre esa paradoja. En el documento sobre su Proyecto de fortalecimiento empresarial en paisajes productivos forestales, publicado en enero de 2018, el Banco Mundial calcula que México tiene la capacidad para aumentar su producción de madera “a más del doble” de su volumen actual, y asegura incluso que el país “…tiene el potencial para producir sosteniblemente 60 millones de metros cúbicos de madera en rollo”.

Es a partir de ese contexto que el Banco Mundial plantea que un crecimiento anual de la producción forestal entre 1 y 3 %, además de viable, permitiría, para 2025, cuadruplicar el número de personas que trabajaban el sector en 2015 (373 873), logrando un incremento de 23 143 empleos por año.

Los retos de la apertura comercial

El estancamiento de la capacidad productiva local no es, sin embargo, el único factor que explica la balanza comercial deficitaria del sector forestal mexicano.

De acuerdo con datos del Diagnóstico del Comercio Internacional Forestal, elaborado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la Conafor, ese déficit también se explica por la apertura comercial que México inició en 1994, con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que eliminó los aranceles de los productos forestales provenientes de Canadá y Estados Unidos. Este último es líder mundial en la producción industrial de madera en rollo.

Hoy, México es uno de los países con más acuerdos de libre comercio firmados en el mundo. Entre ellos destacan el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica y la Alianza del Pacífico, México, Colombia, Perú y Chile, ya que generaron las condiciones para la importación de madera desde Sudamérica, donde Chile y Perú han emprendido ambiciosas políticas de promoción a las plantaciones forestales comerciales.

De acuerdo con datos de Global Forest Resources Assessment 2020, de la FAO, Chile cuenta hoy con 3 185 000 hectáreas de plantaciones forestales comerciales y Perú con 1 088 000 hectáreas (México tiene apenas 100 mil), en las que se cultivan árboles de rápido crecimiento que permiten producir madera a menor precio.

Los efectos de esa apertura han sido evidentes para las empresas forestales comunitarias mexicanas: “El precio que ellos manejan es mucho más bajo que el que nosotros manejamos. Sabemos que la calidad de nuestra madera es mucho mejor, pero el cliente prefiere comprar barato y comprar más”, asegura Roque Alejandro Estrada Carreón, secretario del comisariado ejidal de El Largo y Anexos, en el estado de Chihuahua, una de las empresas forestales comunitarias más consolidadas en el aprovechamiento de pino y encino del norte de México.

Al sur del país, en Oaxaca, el panorama no se percibe de manera distinta. Israel Santiago, de Pueblos Mancomunados, explica: “mucha de la madera que se importa viene de plantaciones forestales que están jugando un papel muy fuerte. Aquí en México, la mayor parte de la madera que se procesa proviene de bosques naturales. Entonces, el costo de aprovechamiento, el costo de producción de materia prima es muy alto”. Esto lo sustenta con datos comparativos: un metro cúbico de madera de importación se vende, en promedio, en 1300 pesos (58 dólares), cuando un metro cúbico de madera mexicana tiene un costo aproximado de 2603 pesos (116 dólares).

Héctor Anguiano, gerente de la comunidad forestal Nuevo San Juan Parangaricutiro, en el estado de Michoacán, recuerda que hace seis años, cuando la madera chilena comenzó a llegar a México les “pegó” por los precios bajos. Cuando su mercado se dio cuenta de que era madera “muy muy tierna, de plantaciones forestales; pero malita tanto para la construcción como para la elaboración de productos de acabado fino”, el boom de la madera chilena bajó y volvieron a buscarlos.

Desde Durango, Alfredo Corral, gerente de Grupo Sezaric, una de las empresas forestales comunitarias más exitosas del país, explica que la calidad de la madera mexicana, desarrollada con lentitud, sigue representando una fortaleza competitiva para los productores locales: “En dureza y manejo nada que ver con lo que viene de importación, porque son de plantaciones; es la bondad que nosotros tenemos y por eso hemos sobrevivido, porque hay sectores que saben de la calidad de nuestro producto, si no ya hubiéramos tenido que parar. Nuestra madera tiene muchos años de vida, la madera que viene de plantaciones es madera nueva que no tiene resistencia”.

Corral aprovecha esa diferencia para insistir en un reclamo que hacen los productores mexicanos de manera recurrente: “Las condiciones para extraer la madera en México son distintas a las plantaciones comerciales de otros países. Aquí se trata de bosques naturales, con topografía accidentada, que incrementa los costos en caminos, en extracción y en maniobras, ¿cómo es posible que no le pongan un arancel de entrada a la madera que viene de plantaciones que cortan árboles como si fuera maíz?”,

Anguiano, desde la comunidad forestal Nuevo San Juan Parangaricutiro, aclara que si bien en el caso de Chile “la comparación sirvió” para que los clientes reconocieran las diferencias de calidad, la entrada reciente de madera brasileña al mercado mexicano sí está impactando en el Norte, Sur y Occidente del país, porque se trata de una madera con características muy similares a la local.

Su percepción tiene sustento: Brasil cuenta con 485 396 000 hectáreas de bosques de regeneración natural, mientras que México tiene apenas 65 millones.

Es en parte debido a esas diferencias que la fijación de aranceles a las importaciones está lejos de contar con un respaldo unánime en México, donde las autoridades han avanzado de manera permanente en la simplificación de los trámites para la importación de madera. Everardo Martínez, presidente de Imexfor, señala que fijar aranceles sería “un error muy grave porque la producción nacional es muy limitada y no es limitada por las importaciones, es limitada de que no hay un trabajo a largo plazo para desarrollar la industria forestal en México”.

El Banco Mundial, sin embargo, ha planteado una ruta alterna, al proponer en su reporte Fiscal Instruments for Sustainable Forests, de 2019, que los productos forestales reciban un tratamiento fiscal definido no solo en función del volumen de producción sino también de los modos de producción, para incentivar prácticas sostenibles.

La propuesta del Banco Mundial coincide con los planteamientos de las empresas forestales comunitarias de México, que en distintos momentos han señalado la dificultad que enfrentan para que incluso las autoridades reconozcan la especificidad de su visión y su trabajo, que además de los criterios de eficacia productiva tienen como prioridad la creación de empleos, el manejo sostenible de los bosques, la prestación de servicios ambientales, la defensa de la biodiversidad y la inversión en servicios e infraestructura para la comunidad.

Lee el reportaje completo en Mongabay 

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"Es horrible lo que sucede": la devastadora crisis de salud mental del personal sanitario por la pandemia

Diez meses de COVID-19 han dejado la salud mental de profesionales de la salud en un punto de quiebre, muchos se han 'traumatizado' tras la primera ola de enfermedad.
19 de enero, 2021
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El coronavirus ha empeorado la vida laboral de muchas personas. Muchos hemos tenido que aislarnos de nuestros colegas; otros han sido despedidos por empleadores que citan los costos de la pandemia.

Pero quizás el impacto más grande ha sido en los servicios de salud y los asilos de ancianos.

Diez meses de covid-19 han dejado la salud mental de muchos profesionales de la salud en un punto de quiebre, según Claire Goodwin-Fee, quien dirige en Reino Unido la organización Frontline19 con su colega terapeuta Ellen Waldren.

La organización ofrece terapia gratuita a los trabajadores de salud y se financia con donaciones.

Actualmente, dice Clarie Goodwin-Fee, ayuda a unos 1.800 trabajadores de la salud a la semana.

Claire le contó a Sonja Jessup de la BBC la magnitud del problema de salud mental que está presenciando. Y a continuación lo explica en sus propias palabras.

“La gente se siente enferma de tener que ir al trabajo”

paramédicos

Getty Images
“El personal del Servicio Nacional de Salud (NHS) (de Reino Unido) quedó ‘traumatizado’ por la primera ola de covid”.

Estoy esperando el titular que diga: “El doctor se suicidó a causa de la pandemia”. Va a suceder. Si no es hoy, será pronto porque están devastados y quieren que la gente lo sepa.

Hay una gran cantidad de ansiedad. La gente se siente enferma por ir al trabajo y lo que van a ver allí.

Están viendo múltiples muertes en un turno: alguien el otro día vio morir a ocho o nueve personas.

Alguien más se puso en contacto con nosotros y dijo: “Sé que para cuando vuelva mañana a mi turno, seis de mis pacientes no estarán allí”.

¿Cómo me las arreglo? El personal del Servicio Nacional de Salud (NHS) (de Reino Unido) quedó ‘traumatizado’ por la primera ola de covid.

El personal de primera línea no tiene tiempo para procesarlo, por lo que se repite un trauma tras trauma tras trauma.

Y, sin embargo, estas personas se van a casa, cenan, intentan relajarse lo mejor que pueden, se levantan, se lavan, todo el tiempo preocupándose por si van a infectar a las personas con las que viven.

Algunas personas funcionarán en piloto automático, hasta el momento en que físicamente no puedan más, pero están siendo empujadas al límite.

“Apoyó la cabeza sobre el escritorio y lloró”

Vimos un médico, que tiene una familia joven pero que se mantiene separado de ellos, que estaba traumatizado por el hecho de que había perdido a dos de sus colegas por covid.

En un turno perdió a cinco pacientes bastante rápido y tan pronto como se liberaron esas camas, se llenaron y entraron más pacientes.

Luego tuvo que telefonear a los familiares de las personas que lamentablemente habían fallecido. Dijo que no estaba equipado para hacer eso, que no sabía qué decir.

Colgó el teléfono y apoyó la cabeza en el escritorio y lloró. Dijo: “Ya no puedo manejarlo”.

Se está llamando a los paramédicos a hacer turnos en los que van a las casas. Y nos dicen que miran a la gente y saben que van a morir porque están muy enfermos.

Uno de esos eventos puede suceder y probablemente se podría manejarlo con el soporte adecuado. Pero esto está sucediendo muchas veces. ¿Cómo se supone que alguien pueda enfrentar eso?

“Es horrible lo que sucede”

ambulancia

Getty Images
“En un turno un médico perdió a cinco pacientes bastante rápido y tan pronto como se liberaron esas camas, se llenaron y entraron más pacientes”.

El personal de los asilos de ancianos ha luchado mucho durante la pandemia.

La dedicación y la compasión hacia las personas que cuidan es asombrosa, es inspirador.

Muchos de ellos se mudaron a las residencias porque no querían arriesgarse a la contaminación trayendo algo de sus casas.

Algunos dijeron que han perdido al 70% de las personas en estos hogares.

Han lavado y vestido sus cuerpos y estas son personas con las que han tenido relaciones; los han alimentado, cuidado, hablado con ellos, y han compartido recuerdos.

Luego tienen que vestirlos para sus últimos momentos y volver a casa o subir y tratar de relajarse…¿cómo puede alguien enfrentar eso?

Es horrible lo que sucede. Es absolutamente horrible y los hogares de ancianos fueron ignorados durante mucho, mucho tiempo y necesitan apoyo desesperadamente.

Algo que recuerdo -me rompió el corazón-, recibimos un correo electrónico en la organización al comienzo de la pandemia en el que alguien preguntaba de manera muy tentativa: “¿Supongo que este servicio no se aplica a las personas en hogares de ancianos?”

Y dije “sí, por supuesto que sí, ¿por qué no?” Y dijeron “porque no somos un servicio profesional”.

Es desgarrador que estas personas que están capacitadas profesionalmente, que están salvando la vida de numerosas personas, sean tratadas tan mal.

médicos

PA Media
“Vimos un médico que estaba traumatizado porque había perdido a dos de sus colegas por covid”.

Tenemos médicos que viven en garajes u hoteles y se mantienen separados de sus seres queridos porque saben que esta nueva cepa es mucho más contagiosa, por lo que necesitan protegerlos ya que son mamás y papás, abuelos y todas estas cosas.

Sus colegas mueren a su alrededor y luego tienes a estas personas diciendo que el “Covid no es real”.

Me encantaría que la gente viera realmente lo que está pasando en las salas de hospital. Es espantoso.

Hemos tenido personas que han estado en situaciones de terrorismo y nunca han tenido apoyo.

Ahora están trabajando en esta pandemia y tienen algo llamado trastorno de estrés post traumático complejo, que es cuando alguien ha visto numerosas situaciones traumáticas.

Estamos viendo a mucha más gente con esto. Estamos recibiendo personas que tienen trastorno de estrés postraumático y, sin embargo, muchos de ellos todavía están trabajando.

Hay gente con licencia de enfermedad debido a crisis nerviosas completas.

Hemos hablado con personas que han sido internadas en clínicas de salud mental porque están muy traumatizadas por lo que están viendo.

El sistema ya está empezando a fallar, pero va a empeorar. Este será un problema mayor a largo plazo. Necesitamos detenerlo ahora.

¿Qué va a pasar con estas personas?

trabajadores de salud

Getty Images
“Hay gente con licencia de enfermedad debido a crisis nerviosas completas”.

Es sorprendente que la gente esté buscando ayuda y, por supuesto, queremos seguir ayudando, pero a veces es muy abrumador.

La necesidad es demasiado grande. Creo que esta situación ya lleva tiempo, pero obviamente cuanto más hablamos de lo que está sucediendo y compartimos lo difíciles que son las cosas, y algunas personas realmente están pasando por situaciones horribles que tienen que superar, eso aumenta la cantidad de personas que buscan apoyo.

El lado positivo es que con la financiación adecuada podríamos aumentar la ayuda.

Los psicoterapeutas están todos calificados y asegurados así que saben lo que están haciendo.

Mi preocupación es que si no nos volvemos sostenibles y no recibimos financiación, a largo plazo, ¿qué va a pasar con estas personas que son la verdadera columna vertebral del Reino Unido?


“Sentí un miedo avasallador”: el testimonio de la enfermera de emergencias Sarah Fogarasy

Sarah Fogarasy

BBC
Sarah Fogarasy es enfermera en la unidad de emergencias del Hospital Royal Glamorgan en Gales.

Sarah Fogarasy era la enfermera jefe en turno en la unidad de emergencias del Hospital Royal Glamorgan en Gales donde hace unos días 13 ambulancias tuvieron que esperar afuera del hospital porque la unidad estaba a toda su capacidad.

“Teníamos a 13 pacientes afuera. Yo no tenía cabida en esta unidad, no tenía capacidad de reanimación, no tenía capacidad para poner a un paciente en CPAP si lo necesitaba y no tenía áreas físicas para colocar al paciente”, cuenta Sarah.

“Esto me pone muy emotiva … por primera vez me senté para tratar de coordinar esta unidad y sentí un miedo tan avasallador que lo único que quería era irme”.

“Pensé: ‘se acabó, terminé con esto’ … Y da miedo, te llena de miedo cuando tienes 13 ambulancias afuera, esperando en fila en el estacionamiento. ¿Qué haces en esta situación?”.


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