'Mujeres de hierro' luchan contra el cáncer de mama, estigmas y discriminación
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Foto: Manu Ureste

'Mujeres de hierro' luchan contra el cáncer de mama, los estigmas y la discriminación 

Mujeres con cáncer de mama tienen que enfrentar la discriminación laboral en tiempos de crisis económica por la pandemia de Covid.
Foto: Manu Ureste
18 de octubre, 2020
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Este lunes 19 de octubre es el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama. Una lucha que, como cuentan las mujeres entrevistadas para este reportaje, va mucho más allá de combatir a contrarreloj una enfermedad.

Se trata también, o tal vez sobre todo, de una lucha contra los estigmas y el desconocimiento y contra la discriminación laboral que, en tiempos de crisis económica por la pandemia de Covid, ha empeorado aun más la situación de miles de mujeres que han tenido que aprender a la fuerza a sobrevivir y a ser unas ‘mujeres de hierro’.

“¿Tienes cáncer? Ya te llamamos nosotros”

Anayanci Álvarez dice que desde que le diagnosticaron cáncer de mama en abril de 2018 nunca ha tratado de ocultar su enfermedad. Al contrario, asegura la mujer de 35 años. Saliendo de la consulta se enjuagó las lágrimas, se abrazó a su marido, y lo primero que hizo al llegar a casa fue comunicar a sus hijos la noticia.

“Aún son pequeños, tienen 9 y 11 años. Pero siempre he sido muy franca con ellos. Les expliqué que el cáncer es una enfermedad muy mala, pero que la voy a vencer”.

Después, cuando comenzaron las sesiones de quimioterapia y las cejas y el cabello se cayeron, y las ojeras comenzaron a anidarse en las bolsas de los ojos, Anayanci tampoco se refugió en la cama, a pesar de que el tratamiento la dejaba completamente agotada.

Tampoco permitió que la depresión se apoderara de la imagen que le devolvía el espejo. Ni que las miradas indiscretas sobre el pecho extirpado, ni los comentarios del tipo ‘tengo una amiga que también se murió de cáncer’, afectaran su estado de ánimo y autoestima.

“Yo salgo a la calle con mi calva y me siento bien, y muy orgullosa por toda la lucha que estoy haciendo. Pienso: ‘tengo una enfermedad muy complicada, es cierto’. Pero yo me veo bien y me siento bien. ¿Cuál es el problema?”.

Anayanci se responde de inmediato que ninguno, obvio. Por eso, aceptó la invitación para ser una de las modelos de la exposición del fotógrafo Gerardo Cárdenas ‘Mujeres de Hierro’, que se presenta de manera virtual este lunes 19 de octubre, y que tiene como objetivo mostrar que en la lucha contra el cáncer tambien hay vida y belleza. Y por eso, añade tajante, se niega a mentir en una entrevista de trabajo cuando le preguntan por qué lleva un año desempleada.

“Les explico que es por el cáncer, claro. Pero les digo que ya puedo trabajar porque pasé las quimios y la radioterapia, y que ahora solo estoy en la fase de revisión cada seis meses”.

Sin embargo, a pesar de contar con amplia experiencia en el sector de las exportaciones comerciales, la respuesta en las últimas diez entrevistas ha sido siempre la misma: ‘ya te llamamos nosotros’.

“Es muy frustrante -dice con voz cansada al otro lado de la línea telefónica-. Me quitaron un seno, pero puedo pensar igual que lo hacía antes. Puedo escribir, puedo estar detrás de un escritorio, y puedo hacer muchas cosas. Sin embargo, las dos opciones que me están dejando son: o no decir en las entrevistas que estoy luchando contra el cáncer, y llevármela como pueda si tengo que ir a una revisión. O decirlo abiertamente y esperar un milagro”.

En espera de esa oportunidad laboral, Anayanci vive con su modesto negocio en internet de venta de ropa y bolsas. No le deja mucho, pero ante la falta de empresas que den oportunidades, es lo que junto al trabajo de su marido les permite sacar adelante a sus hijos.

“Ahora, con el mes del cáncer de mama, todas las empresas se ponen la camiseta y el listón rosa de ‘estamos con ellas, las apoyamos’. Pero la verdad es que, más allá de quedar bien, deberían ser mucho más empáticas. Está bien que se pongan el listón rosa, ¿pero y los trabajos? ¿Y las oportunidades?”, se pregunta Anayanci.

“Con el Covid todo ha empeorado”

Yahel Leguel es psicóloga y fotógrafa, y fue diagnosticada con cáncer de mama en marzo de 2017.

Precisamente hace un año, en octubre de 2019, denunció en un reportaje publicado por Animal Político la discriminación laboral que padecen las mujeres con cáncer de mama y otros pacientes oncológicos.

“Cuando buscas empleo y ven en tu currículum que en los dos últimos años de tu vida te dedicaste a un tratamiento de cáncer… Pues, aunque no te lo digan a la cara, no te contratan porque lo que piensan es: ‘bueno, para qué voy a contratar a esta mujer si ya se va a morir”, narraba en aquel reportaje.

Ahora, un año después, Yahel sigue sin empleo formal, al margen de participar como psicóloga voluntaria en la organización civil Oncoayuda, donde ayuda dando terapias a pacientes oncológicos.

“En todo este tiempo no he visto mejoría, ni ninguna empatía en las empresas. Al contrario, con el Covid 19, todo ha empeorado”, lamenta la psicóloga que explica que, si ya antes era muy complicado encontrar un trabajo siendo paciente oncológico, ahora lo es todavía más porque: uno, los empleos cayeron en picada con la pandemia; y dos, porque son personas especialmente vulnerables al nuevo virus.

Por ejemplo, en su caso, además de destruirle el tumor, la radioterapia le quemó parte del pulmón. Y puesto que el nuevo coronavirus ataca principalmente el aparato respiratorio, contraerlo podría resultar mucho más rápido y letal que el cáncer con el que lleva años batallando.

“Estamos en una situación en la que, o sales a la calle a buscar trabajo arriesgándote mucho porque tienes un factor de riesgo muy elevado, o te quedas en casa y a ver cómo le haces”, plantea.

Y a esta disyuntiva hay que añadir otra complicación, apunta: la pandemia está acaparando buena parte de los esfuerzos y recursos del sistema de salud, dejando rezagada la atención de otros padecimientos y enfermedades graves, como el cáncer. Lo cual provoca retrasos en los tratamientos contra una enfermedad que no espera ni un solo día.

“Hay hospitales, como el mío, donde han seguido dando atención oncológica, a pesar del Covid. Sin embargo, hay muchos servicios que sí se han visto afectados. Por ejemplo, por mi afectación en el pulmón, tendría que verme un neumólogo. Pero los neumólogos están concentrados en atender la pandemia”, explica Yahel, que lleva un mes y medio en espera de que la llamen para hacerse un escaneo de cuerpo completo, luego de que los últimos estudios arrojaran marcadores tumorales elevados en la sangre.

“Un mes y medio en tiempo cáncer es una eternidad -subraya-. Pero tampoco puedo borrar el Covid, ni ir a los hospitales a apresurar a los doctores”.

Y tampoco puede hacerse los estudios en un laboratorio privado, añade, porque cuestan como 45 mil pesos.

“Sin un trabajo fijo, y con la situación económica por la pandemia, a muchos pacientes oncológicos no nos queda más remedio que esperar a que nos atiendan”.

“¿Por qué mejor no renuncias?”

Elisa Lorena Estrada pasó por todo un periplo de hospitales públicos, estudios, y ultrasonidos, cuando a sus apenas 22 años una bolita de unos pocos centímetros apareció en su seno.

En todas las clínicas le dijeron lo mismo: no tienes nada / a tu edad es normal / sigue con tu vida.

Pero Lorena no podía seguir.

Algo en su interior, más el antecedente de su abuela que falleció por cáncer de mama, no la dejaba tranquila. Así que acudió a la Fundación Cáncer de Mama (FUCAM), una organización civil especializada en la detección y el tratamiento especializado en cáncer de mama.

Allí, tras hacerle una biopsia, el diagnóstico confirmó su terrible intuición: tenía un tumor maligno expandiéndose por el seno que, a pesar de lo que aseguran los otros diagnósticos fallidos, ya estaba en etapa avanzada.

Así que tenía que empezar de inmediato con las quimios.

“Cuando te dan el diagnóstico es como una bomba que te cae encima. Piensas: ‘Me voy a morir’. Pero luego, cuando pasa un poco el shock, te dices: ‘No, tengo que seguir adelante. Quiero ver crecer a mi hija’. Y empiezas a sacar fuerzas de donde no sabías que las tenías, porque, en realidad, somos mucho más fuertes de lo que pensamos”.

En su caso, la sospecha lejana de que algo no andaba bien con esa bolita también la ayudó a digerir más rápido la noticia. Por eso, una vez pasado el impacto, su principal interés fue “iniciar cuanto antes la batalla”.

Y lo hizo: tres semanas después del diagnóstico, inició con las sesiones de quimio, que duraron dede septiembre del año pasado hasta marzo de este 2020. Y ya en abril, la operaron para extirparle el seno afectado “en una masectomía radical”. En septiembre empezó con las radiaciones, y ahora sigue en tratamiento de inmunoterapia que durará al menos otros seis meses.

Lorena está ganando la batalla a la enfermedad. Pero, como contaron Anayanancy y Yahel, ahora su otra batalla está siendo el empleo.

Precisamente, poco después de terminar con las quimios en marzo encontró trabajo en una instancia gubernamental, de la que prefiere omitir su nombre. Antes de comenzar, les dijo que tenía cáncer de mama, que ya había superado las quimios, que estaba en la fase de radioterapias para terminar de eliminarlo, y que el oncólogo le había dado luz verde para volver a trabajar.

“Con la pandemia está siendo muy difícil encontrar un trabajo. Así que pensé: qué bueno que me aceptaron aquí”.

Pero pronto surgieron las complicaciones. Lorena acudía a las 7 de la mañana a sus radioterapias, a una clínica ubicada en Coapa, en el sur de la Ciudad de México, y de ahí se tenía que trasladar hasta Santa Fe, a unos 30 kilómetros de distancia en el extremo poniente. Un océano de distancia en términos capitalinos.

Pronto, comenzaron los toques de atención por los retrasos y las sugerencias de que mejor lo dejara “porque no iba a poder sacar adelante el trabajo”.

“Me parece ilógico, porque yo fui honesta desde el inicio con mi cáncer, y solo les pedía llegar un poco tarde porque mis radiaciones eran a las siete y muy lejos del lugar de trabajo”.

En abril, cuando la pandemia de Covid empezó a arreciar en México, dos personas de su oficina resultaron positivas. Y a la par, ella comenzó a tener dolor de cabeza, cansancio y fiebre. Su oncólogo le dijo que, muy probablemente, era un efecto pasajero de la radioterapia. Pero por precaución le pidió que se aislara un par de semanas. Y esa fue la gota que derramó la paciencia de sus jefes.

“Me dijeron que, si me aislaba, quién iba a hacer mi trabajo. Y como decían que el trabajo requería gente al 100%, y como mi contrato además era temporal, pues me quedé sin empleo”.

Ahora, Lorena se mantiene gracias al apoyo de su familia y de su pareja. Se siente frustrada porque no ha vuelto a encontrar trabajo -a ella también le aplican la de ‘ya te llamaremos’ cuando menciona la palabra cáncer-, pero dice que se mantiene positiva y optimista, porque, paradógicamente, la enfermedad que la amenaza es la que le ha enseñado a no derrumbarse. A mantenerse firme y fuerte, como una ‘mujer de hierro’.

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La mujer chilena que quiere que le dejen interrumpir su embarazo tras tomar anticonceptivos defectuosos

Más de 170 mujeres quedaron embarazadas luego de que el sistema de salud público chileno les diera anticonceptivos defectuosos. Esta es la historia de una de ellas.
20 de marzo, 2021
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Fue en octubre del año pasado cuando Javiera*, de 32 años, descubrió que estaba embarazada.

La noticia le resultó sorprendente. Hacía tres años que tomaba anticonceptivos.

Sin embargo, el test salió positivo.

La mujer descubrió entonces que no era la única.

Ella y otras 170 mujeres en Chile habían sido víctimas de un escándalo que ha golpeado fuertemente al sistema de salud público de ese país: la administración, por error, de anticonceptivos defectuosos a miles de mujeres.

La pastilla se llama Anullete CD, del Laboratorio Silesia S.A, y, hasta hace siete meses era repartida a más de 300.000 personas acogidas al programa de planificación familiar del Estado.

El Instituto de Salud Pública (ISP) de Chile alertó de esta situación en agosto del año pasado, solicitando el retiro del mercado de estos anticonceptivos.

Pero la medida llegó demasiado tarde. El comprimido había estado en circulación por más de un año y las denuncias sobre embarazos no deseados aumentaban todos los días.

A pesar de que la mayoría de esas 170 mujeres ha optado por continuar con sus embarazos, Javiera decidió solicitar un aborto.

Así, el 17 de diciembre del año pasado, la joven se dirigió al Centro de Salud Familiar (Cesfam) donde la atendían y presentó su petición.

mujer embarazada

Getty Images
La mayoría de las chilenas afectadas por los anticonceptivos defectuosos han decidido continuar con sus embarazos.

En Chile, la interrupción del embarazo está permitida bajo tres causales: la inviabilidad del feto, peligro de la vida de la madre o violación. Para las dos primeras, no hay límite en las semanas de gestación del embarazo.

Javiera se acogió a la segunda causal, argumentando que, producto de la situación en la que se encuentra, estaba sufriendo un importante daño psicológico y, en consecuencia, su vida estaba en peligro.

El Cesfam no respondió a su solicitud y entonces Javiera decidió acudir a los tribunales.

Argumentos del recurso de protección

Desbalance en su salud psíquica, crisis de pánico, angustia, falta de apetito, síntomas de desánimo e incluso carencia de motivación que le han impulsado a tener “ideas suicidas” fueron parte del cuadro de salud que la mujer esgrimió ante la justicia chilena.

La joven aseguró además que no cuenta con medios económicos ni redes de apoyo para cuidar a un hijo o hija, pues recién está dando los primeros pasos para ejercer su profesión técnica.

movimiento feminista chile

Getty Images
El movimiento feminista en Chile ha abogado fuertemente por los derechos reproductivos de la mujer.

El recurso de protección presentado ante los tribunales por la defensa de Javiera -quien hoy ya tiene 23 semanas de embarazo-, plantea que el Cesfam donde se atendía tuvo un “actuar ilegal y arbitrario” al omitir la solicitud de aborto y solicita que se evalúe su estado psíquico con el fin de optar a una interrupción del embarazo.

Un fallo “significativo” para los derechos de las mujeres en Chile

Este miércoles, la Corte de Apelaciones de San Miguel, en Santiago, acogió el requerimiento de la joven, marcando un importante precedente para los derechos reproductivos de las mujeres en Chile.

En un fallo unánime, el tribunal resolvió que en el caso de Javiera hubo vulneración al derecho a la vida, integridad física y psíquica de la mujer, como también una vulneración a su derecho a la igualdad ante la ley.

Además, la sentencia concluyó que al no responder a la solicitud inicial de la mujer, el Cesfam había actuado, en efecto, no solo de forma “caprichosa” y “arbitraria” sino también “ilegal”.

La Corte de Apelaciones ordenó que dentro del plazo de cinco días el Centro de Salud Familiar evalúe a la mujer para determinar si se puede o no acoger a la causal de interrupción del embarazo.

De acuerdo con el dictamen, el Estado de Chile tiene una “obligación proactiva de cuidar la vida y la integridad física y psíquica de las personas” y “abandonó esta obligación desde que entregó anticonceptivos defectuosos”.

Los jueces, además, afirmaron que “la falta de medios físicos, espirituales, económicos y sociales” en un embarazo no deseado representa un riesgo vital en sí mismo, que muchas veces “perpetúa la precariedad de las mujeres”.

aborto manifestaciones

Getty Images
En Chile, el aborto es legal solo en tres causales.

“Este fallo es muy significativo en la posibilidad de avanzar, tanto en términos jurídicos como sociales, en los derechos reproductivos de las mujeres en Chile”, dice a BBC Mundo la abogada Laura Dragnic, de la Corporación Miles, que representó a Laura en el requerimiento.

La abogada, además, asegura que la sentencia marca un precedente respecto a la ley de aborto en el país sudamericano.

“El fallo habla de la interrupción voluntaria del embarazo como un derecho legal. Y eso es importante porque en general la interpretación de la ley de aborto en Chile es para circunstancias de extrema necesidad”, señala.

“Hasta ahora no se ha comprendido como un derecho propiamente. Y eso es muy significativo, sobretodo considerando las discusiones que se avecinan en cuanto al aborto legal dentro del proceso constituyente”, agrega.

Pero a Javiera todavía le queda camino por recorrer. La Cesfam deberá pronunciarse respecto a su salud y, luego, se resolverá si puede interrumpir o no su embarazo.

De todas maneras, la demora en el proceso no la ha ayudado. Con 23 semanas de embarazo, un aborto no es lo más recomendado.

Al respecto, Laura Dragnic afirma que la decisión la tomará una vez que exista una resolución final por parte del Cesfam.

*La organización querellante solicitó mantener la confidencialidad respecto al verdadero nombre de Javiera, con el fin de resguardar su privacidad.


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