Salud usó en 2019 el fondo de enfermedades graves para comprar insumos básicos
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Salud ya había usado en 2019 el fondo de enfermedades graves para comprar insumos básicos como jeringas y jarabes

El año pasado la Secretaría de Salud utilizó 2 mil 108 millones de pesos del Fondo para comprar ranitidina, jarabes, agujas y hasta biberones.
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29 de octubre, 2020
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La transferencia de 33 mil millones del Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos del Seguro Popular a la Tesorería de la Federación para comprar vacunas contra el coronavirus aprobada ayer por la Cámara de Diputados, es la segunda maniobra para ocupar los recursos de una bolsa que sólo se dedicaba a atender enfermedades graves y caras como cáncer o VIH, en los casos de pacientes sin seguridad social.

Desde 2019, la Secretaría de Salud utilizó 2 mil 108 millones de pesos de dicho Fondo para comprar ranitidina, jarabes, agujas y hasta biberones, todos insumos del nivel básico de atención, como parte de las compras consolidadas de medicamentos encabezadas por la Secretaría de Hacienda.

Entérate: Morena quiere que dinero del Fondo de Salud no sea solo para cáncer sino también para COVID

Sin embargo, el Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos que financiaba el extinto Seguro Popular servía para solventar los gastos de 66 enfermedades como cáncer, malformaciones genéticas o trasplantes, y que a la población de bajos recursos sin seguridad social les podía resultar impagables.

A través del Fondo, creado desde 2003, se concentraban los recursos para también hacerlos crecer con los rendimientos. Previsto, sobre todo, para las enfermedades catastróficas de largo plazo, es decir, los futuros enfermos.

De ahí que en 17 años de “alimentación” del Fondo, sumó una bolsa de 97 mil millones de pesos, pero la Cámara de Diputados aprobó retirarle 33 mil millones para supuestamente comprar las vacunas contra la COVID, aunque no quedó asentado así en la reforma a la Ley General de Salud.

Sobre la decisión de desaparecer el Seguro Popular en esta administración, el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador argumentó que pese a ello nadie se quedaría sin atención, pues se crearía el Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI). Por ello, la Secretaría de Salud modificó los lineamientos para que el dinero ya no sólo fuera ocupado para pagar el tratamiento de enfermedades graves, sino para cualquier tipo de gasto.

Hasta el último reporte del Seguro Popular en junio de 2019, se habían ejercido 6 mil 161 millones de pesos del Fondo para Gastos Catastróficos de los 11 mil 700 millones de pesos autorizados para ese año. Esto quiere decir que del total ejercido, 34% fue para las compras consolidadas de insumos básicos.

Las compras

En una revisión de Compranet, la plataforma donde por ley deben ser publicados todos los contratos del gobierno, el Seguro Popular o nombrado formalmente como Comisión Nacional de Protección Social en Salud (CNPSS) fue el organismos que más aumentó sus compras entre toda la administración pública en 2019: pagó 2 mil 108 millones de pesos a través de 223 contratos de medicamentos y equipo médico.

Esto porque la Comisión no se encargaba de hacer compras de insumos, sino pago de tratamientos por paciente. Si bien el presidente ha señalado corrupción en este modelo, la decisión fue sólo disponer de los recursos para adquirir insumos para atención básica en lugar de sólo enfocarse a una especializada.

Al revisar los productos comprados en 20 contratos, y consultar a especialistas sobre su uso, se constató que también se pagaron insumos y medicamentos que corresponden a atención de primer y segundo nivel. Es decir, no son parte de requerimientos para enfermedades consideradas catastróficas.

Por ejemplo, con el Fondo de Gastos Catastróficos se compraron 290 mil guantes de exploración por 19 millones 946 mil pesos con la empresa Ambiderm S. A. de C. V.; 6 millones 609 mil pesos para jeringas con aguja en un contrato con la compañía DL Medica S. A. de C. V.

También 7 millones de pesos por 46 mil 608 envases de “faboterapico”, una solución contra la picadura de alacrán que se distribuye en su mayoría a clínicas rurales, y 4 millones 613 mil pesos para comprar cinta testigo para esterilización.

Un millón 355 mil pesos fue para la empresa Importadora y Manufacturera Bruluart, S. A. por la compra de 212 mil envases de grageas de ranitidina, usada en el tratamiento de gastritis y más 268 mil pesos por 9 mil piezas de biberones de vidrio con mamila para la empresa Surtidora Médica de Occidente.

De los jarabes de salbutamol y de difenhidramina, utilizados para tratamiento bronquial y de alergias, se gastaron 937 mil pesos y 684 mil pesos, respectivamente. O analgésicos como metamizol sódico.

Insumos básicos como éstos se deben comprar de las partidas presupuestales de los propios hospitales de acuerdo a sus necesidades de atención, por eso el Fondo servía sólo para hacer frente a aquellas enfermedades que significaban un gasto mayor en las finanzas de las unidades médicas.

Si bien entre los contratos están las compras de medicamentos de alta especialidad como Velpatasvir y Sofosbuvir para tratar la hepatitis C y por lo que se pagó 220 millones de pesos a Farmacéuticos Maypo, no hay certeza que con esta compra queden solventadas las necesidades de cada una las unidades médicas en los estados.

¿Por qué es importante el fondo de gastos catastróficos?

Por ejemplo, si una mujer sin seguridad médica era diagnosticada con cáncer de mama y estaba afiliada al Seguro Popular era canalizada a un hospital de alta especialidad para recibir tratamiento que era solventado por la unidad médica y después, la Comisión Nacional de Protección Social en Salud (CNPSS) se lo reembolsaba.

Los recursos provenían del Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos de la CNPSS, que se mantenía con recursos federales anuales, más los intereses que generaba.

Para funcionar tenía reglas de operación que especificaba el tratamiento de 66 tipo de enfermedades como cáncer en niños y adultos, malformaciones congénitas, cuidados intensivos de recién nacidos, enfermedades cardiovasculares e infectocontagiosas; trasplantes y alteraciones genéticas, incluidas en el catálogo de enfermedades de este fondo y que es actualizado cada periódicamente.

De acuerdo con los reglamentos de la Comisión Nacional de Protección Social en Salud (CNPSS), y el Fideicomiso donde se encuentran los recursos, el organismo sólo tenía la facultad de administrar el dinero y transferirlos a las entidades de acuerdo al número de afiliados atendidos. Era un ‘gestor’, por eso nunca hacía compras.

El hospital debía reportar a la Comisión, el nombre del paciente, CURP, afiliación al seguro popular, tipo de enfermedad a tratar, días de internamiento y justificar el uso de cada tratamiento. La suma de esa atención era reembolsada por el Seguro Popular al hospital de especialidad.

Otra forma de atención para mujeres con cáncer de mamá era a través de la Fundación de Cáncer de Mama (Fucam), quien las afiliaban al Seguro Popular, pagaba el tratamiento y después les era reembolsado, pero la semana pasada ésta informó que dejará de hacerlo toda vez que ya no hay acuerdo con el nuevo Instituto de Seguridad para el Bienestar.

Fucam informó que entre 2017 y 2019 recibieron del gobierno federal 776 millones de pesos para pagar el tratamiento de 3 mil 884 pacientes, lo que significa 199 mil pesos por persona. El monto entregado en dos años sólo es la mitad de lo que esta administración gastó en compra de insumos en 2019 de la bolsa de gastos catastróficos.

Los reglamentos 

Animal Político analizó todos los contratos de 2019 y el Seguro Popular fue la entidad que más aumentó la contratación entre toda la administración pública. En 2018 gastó 8 millones de pesos en contratos para cuestiones administrativas, pero en 2019 subió a 2 mil 109 millones de pesos en contratos, lo que significó un aumento de 25,132% entre un año y otro.

El cambio se debió a que por primera vez pagó 223 contratos de compras consolidadas y unitarias de medicamentos y equipo médico que sumaron 2 mil 108 millones de pesos, y el resto fue para gastos de mantenimiento del edificio que ocupaba.

Pero para entonces, la situación del Seguro Popular era incierta, toda vez el presidente Andrés Manuel López Obrador había decidido desaparecerlo y en su lugar instituir el Instituto Nacional de Salud para el Bienestar (INSABI), pero los reglamentos de operación del primero continuaban vigentes.

La Comisión Nacional tenía como facultades instrumentar la política de protección social en salud, desarrollar el plan estratégico del sistema, formalizar acuerdos con los gobiernos estatales que recibirían dinero de esta bolsa, y “administrar los recursos financieros y efectuar las transferencias que correspondan a los estados”.

Mientras que los lineamientos específicos del Fideicomiso (donde se encuentran los recursos del Seguro Popular) se establecía que el Fondo de Protección para Gastos Catastróficos se debían destinar a la “atención integral de intervenciones, incluyendo tratamientos, medicamentos e insumos” asociadas a las enfermedades previstas en el catálogo.

También para el “desarrollo de infraestructura de unidades hospitalarias que proporcionan servicios médicos de alta especialidad del ámbito federal o estatal”.

Sin embargo, en 2019, gracias al acuerdo firmado por el secretario de Salud, Jorge Alcocer, publicado el 13 de septiembre del año pasado, por primera vez el Seguro Popular usó dinero para pagar medicamentos comprados por la Secretaría de Hacienda.

En el “acuerdo por el que se modifica el diverso por el que se delegan facultades en el Director General de Administración y Finanzas de la CNPSS”, instruía a Blanca Elisa Chávez Buenrostro, titular de administración a la “adquisición, distribución y entrega de los recursos en especie (…) incluyendo el llevar a cabo los procedimientos para la adjudicación de los contratos correspondientes”.

Además, Alcocer ordenaba que dichas compras se realizaran “con cargo al Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos”.

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El eclipse que salvó la vida de Cristóbal Colón en su cuarto viaje a América

Por sus conocimientos de astronomía, Cristóbal Colón pudo saber que habría un eclipse mientras estaba en Jamaica. Te contamos cómo lo utilizó para no morir de hambre.
11 de octubre, 2020
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Ilustración de Colón mostrando el eclipse a los nativos. Camille Flammarion 1879.

Getty Images
Hubo un eclipse el 29 de febrero de 1504 y Colón lo supo aprovechar para salvarse del hambre.

Son muchos los historiadores que coinciden en que Cristóbal Colón, el primer navegante europeo que llegó a América, fue un hombre sumamente astuto.

Pese a que tenemos pocas certezas sobre su vida, hay consenso en que su inteligencia y rapidez lo ayudaron en varias oportunidades, tanto a conseguir lo que buscaba como a salvarse de aprietos y necesidades.

Una de esas ocasiones se dio en 1504 cuando el Almirante estaba varado en Jamaica durante su cuarto y último viaje al continente.

Y para lograr lo que quería de los nativos de la isla recurrió a sus extensos conocimientos astronómicos.

“Un genio del engaño”

Colón partió en 1502 hacia América con el propósito de hallar un estrecho marítimo hacia Asia.

Pero tras más de un año navegando había perdido dos embarcaciones y las otras dos estaban muy deterioradas, lo que les impedía continuar.

Así que él y un centenar de hombres terminaron varados en el norte de Jamaica.

Imagen en 3D de las carabelas de Colón.

Getty Images
En su cuarto viaje a América, Colón quedó varado en Jamaica tras el naufragio y deterioro de sus embarcaciones.

No era la primera vez que Colón llegaba a esta isla ni tampoco la había llamado así.

El navegante llegó allí en 1494 y la bautizó como la isla Santiago. Sin embargo, nunca se refirió a ella con ese nombre en su diario del cuarto viaje. Siempre usó Jamaica.

Esa denominación deriva del nombre original de los aborígenes arahuacos que es Xaymaca o Yamaya que significa “tierra de madera y agua”.

El genovés envió a un grupo, comandado por uno de sus colaboradores Diego Méndez de Segura, en canoa a la isla La Española en busca de ayuda para rescatarlos.

Mientras esperaban consiguió intercambiar con los nativos algunas de sus posesiones por comida. Sin embargo, pasaban los días y los meses y el rescate no llegaba.

A finales de 1503, la relación con los indígenas empezó a deteriorarse.

“Se amotinaron y no le querían traer de comer como solían”, cuenta Méndez de Segura en su testamento.

Las memorias de Méndez de Segura y detalles de este último viaje fueron publicadas en 1825 por Martín Fernández de Navarrete en el libro “Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV”.

Si querían sobrevivir, tenían que hacer algo. Y Colón diseñó un plan tan genial como perverso: atemorizar a los aborígenes con un eclipse que ocurriría el 29 de febrero de 1504, justo el día extra de ese año bisiesto.

Retrato de Cristóbal Colón

Getty Images
Colón supo usar la astronomía para engañar a los nativos de Jamaica en 1504.

Y el navegante sabía por sus estudios que no sería cualquier eclipse, sino uno lunar que teñiría al satélite natural de la Tierra de rojo como la sangre. Podía presentarlo como un castigo divino del cual los nativos no podrían escapar.

“Colón era un genio del engaño. Y esta era una idea salvadora”, le dice a BBC Mundo Antonio Bernal, divulgador científico del Observatorio astronómico de Fabra, en Barcelona, España.

El episodio está extensamente narrado en el libro “El Memorial de los Libros Naufragados”, del historiador inglés Edward Wilson-Lee, sobre el que puedes leer más en el link que sigue.

Dios está enojado

Según el relato de Méndez, “Él (Colón) hizo llamar a todos los caciques y les dijo que se maravillaba de que no le llevaran comida como solían, sabiendo, como les había dicho, que había venido allí por mandato de Dios”.

Les dijo “que Dios estaba enojado con ellos y que se los mostraría aquella noche por señales que haría en el cielo; y como aquella noche era el eclipse de la Luna, casi todo se oscureció”.

Colón reforzó la idea de que Dios provocaba el eclipse por enfado, “porque no le traían de comer y ellos le creyeron y se fueron muy espantados y prometieron que le traerían siempre de comer“, dice el libro de Fernández de Navarrete.

Eclipse lunar de julio de 2018

Getty Images
El eclipse de Luna suele teñir al satélite natural de la Tierra en rojo por unos minutos.

Colón sabía a qué hora empezaba el eclipse y que la Luna se volvería roja.

“El eclipse de Luna tiene dos partes principales: una es el principio, que es la parte parcial, en la que la Luna se ve parcialmente oscura. Y cuando está toda negra, empieza la segunda parte que es la de totalidad”, explica Bernal.

“Este eclipse tenía, además, una característica especial: la Luna se eclipsaba cuando todavía estaba sin salir, debajo del horizonte”, añade.

Entonces cuando apareció en el cielo ya se vio parcialmente oscura.

“Y después de la totalidad, los eclipses de Luna hacen que esta se vea roja, por refracción de la atmosfera terrestre“, detalla.

Esto se debe a que la luz solar no llega directamente a la Luna, sino que parte ella es filtrada por la atmósfera de la Tierra y os colores rojizos y anaranjados se proyectan sobre el satélite natural.

¿Pero por qué estaba Colón tan seguro de que habría un eclipse?

El almanaque

Cristóbal Colón tenía muchos conocimientos a su haber: sabía de navegación, hablaba varias lenguas, y “tenía una escritura muy bonita”, según cuenta Consuelo Varela, profesora de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de España.

“Él era un hombre con una gran capacidad y un ansia de conocer y aprender. Quizás la característica que resaltaría de Colón es su empeño en saber las cosas”, le dice a BBC Mundo la historiadora española experta en temas americanos y en Colón.

Pero sobre todo “Colón conocía el cielo”, agrega Bernal. “Conocía las estrellas y se guiaba por ellas”.

El Almirante era un aficionado a la astronomía y se sabe que en sus viajes llevaba consigo un calendario de eclipses: el almanaque Regiomontano.

Este fue confeccionado por el astrónomo y matemático alemán Johann Müller (1436-1476), cuyo apodo era precisamente “Regiomontano”, que proviene de la traducción latina del nombre de la ciudad alemana donde nació: Königsberg y que significa (Montaña real o Montaña Regia).

Parte del almanaque de Regiomontano con dos agujas móviles para calcular el movimiento de la Luna.

Gentileza Biblioteca de la Universidad de Glasgow
El almanaque Regiomontano contaba con dos agujas móviles para calcular el movimiento de la Luna.

Los calendarios y almanaques impresos eran extremadamente populares en los siglos XV y XVI y proporcionaban a la gente los conocimientos básicos necesarios para planificar sus rutinas diarias.

“Los fenómenos celestes servían para muchas cosas: primero para orientarse, y segundo, la meteorología se predecía con los fenómenos celestes. Hoy sabemos que eso es un error, pero en ese tiempo no se sabía”, explica Bernal.

El almanaque de Regiomontano, en particular, era muy utilizado porque sus cálculos eran muy precisos.

Su creador registró varios eclipses de Luna y su interés lo llevó a hacer la importante observación de que la longitud en el mar se podía determinar calculando distancias lunares.

Incluso en 1472 observó un cometa, 210 años antes de que el astrónomo Edmund Halley lo viera “por primera vez”, destaca la Universidad de Glasgow en sus archivos y colecciones especiales, que cuenta con una copia de este calendario impreso en 1482.

Estas dos páginas del almanaque de Regiomontano describen los eclipses de Sol y Luna. En el extremo derecho inferior está señalado el eclipse de Luna del 29 de febrero de 1504 que utilizó Cristóbal Colón.

Gentileza Biblioteca de la Universidad de Glasgow
Estas dos páginas del almanaque de Regiomontano describen los eclipses de Sol y Luna. En el extremo derecho inferior está señalado el eclipse de Luna del 29 de febrero de 1504 que utilizó Cristóbal Colón.

Se trataba de una ayuda indispensable para cartógrafos, navegantes y astrólogos.

Fue esa la herramienta que Colón utilizó para “predecir” el eclipse lunar del 29 de febrero de 1504 y salvarse a él y a sus hombres de morir de hambre, hasta que en junio de ese año finalmente llegaron los refuerzos que tanto esperaban.

“Colón era un hombre enormemente listo y esa era la única forma que tenía de asustar a los indios. El sobresalto que se debieron dar los pobres indígenas“, dice bromeando Consuelo Varela.


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