Con Cienfuegos bajaron 58% detenciones de presuntos agresores del Ejército
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Con Cienfuegos disminuyeron 58% las detenciones de presuntos agresores del Ejército

En Nayarit, donde la Organización Beltrán Leyva mantenía a su socio “El H2”, y que según la DEA protegía Cienfuegos, se registraron menos ataques militares y civiles armados respecto al sexenio pasado.
Cuartoscuro
19 de octubre, 2020
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Durante la gestión del General Salvador Cienfuegos al frente de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), los enfrentamientos entre militares y civiles armados disminuyeron un 37.06% comparado con el sexenio anterior, pero también bajaron significativamente las detenciones de los agresores del Ejército, de acuerdo cifras oficiales obtenidas vía la Plataforma Nacional de Transparencia.

Mientras que en el sexenio del presidente Felipe Calderón (1 de diciembre de 2006-30 noviembre de 2012) el Ejército registró 2,744 enfrentamientos armados, con el presidente Enrique Peña Nieto (1 de diciembre de 2012-30 noviembre de 2018) se reportaron 1,726 ataques de este tipo.

Producto de estos enfrentamientos, con el político panista Felipe Calderón murieron 171 militares y 1,019 quedaron heridos, mientras que 3,306 agresores murieron, 420 quedaron heridos, y 2,723 presuntos criminales fueron detenidos.

Lee: No habrá limpieza en el Ejército hasta que se demuestre culpabilidad de Cienfuegos: AMLO

En contraste, en la administración de Peña Nieto (con el General Cienfuegos al mando de la Sedena), 94 militares murieron, 548 resultaron heridos, a la par que 1,282 agresores fallecieron en los enfrentamientos, 242 quedaron heridos y 1,126 fueron detenidos. 

En el caso de los agresores muertos entre un sexenio y otro, las cifras representan una disminución del 61.22% con Cienfuegos, en tanto hubo una baja del 42% de agresores heridos y una del 58% en el caso de los atacantes detenidos. 

Estas cifras fueron utilizadas por la Sedena para la elaboración de su “índice de letalidad”, datos que además fueron previamente validados por el Centro Nacional de Planeación, Análisis e Información para el Combate a la Delincuencia (CENAPI) dependiente de la Fiscalía General de la República (FGR).

El General Salvador Cienfuegos fue detenido el pasado jueves en el Aeropuerto de Los Ángeles, California, Estados Unidos, acusado de haber utilizado su cargo como Secretario de la Defensa en México (2012-2018) para ayudar a la organización del narcotráfico de Juan Francisco Patrón Sánchez, conocido como “H-2”, y quien fuera socio de los hermanos Beltrán Leyva. 

Entérate: Más allá de Tlatlaya y Ayotzinapa: el historial militar que dejó el General Cienfuegos

Todo esto presuntamente entre diciembre de 2015 y febrero de 2017, cinco meses después de que Joaquín “el Chapo” Guzmán Loera, líder del Cártel del Pacífico o Sinaloa y acérrimo enemigo de los Beltrán, se escapara por segunda ocasión de una prisión de máxima seguridad en México.

De acuerdo con el Departamento de Justicia de los Estados Unidos,  el “H-2” dirigía (fue abatido en 2017) una “violenta organización” que tenía como sede los estados de Nayarit y Sinaloa, México, a quien se le atribuye la introducción de miles de kilogramos de cocaína, heroína, metanfetamina y marihuana a los Estados Unidos, incluida la ciudad de Nueva York, donde se encuentra radicado el caso del General Cienfuegos.

En una carta de motivos enviada a la juez que lleva el caso de Cienfuegos, las autoridades norteamericanos aseguraron que la organización del “H-2 ha utilizado la corrupción de funcionarios públicos, incluidos los sobornos al acusado mientras era un alto funcionario mexicano, como medio y método para lograr las metas de su empresa de narcotráfico. A cambio de sobornos de otros funcionarios del gobierno mexicano, el Cartel H-2 aseguró el arresto y la tortura de narcotraficantes rivales por parte de las fuerzas del orden mexicanas, la liberación de los miembros del Cartel H-2 de la prisión y la capacidad de participar en actividades narcotráfico, tráfico de armas de fuego y violencia, incluidas decenas de asesinatos, sin interferencia de las fuerzas del orden mexicano”.

Bajan enfrentamientos en Nayarit

En el estado de Nayarit, donde la Organización Beltrán Leyva mantenía a su socio “El H2”, en el sexenio de Felipe Calderón se registraron 32 enfrentamientos entre militares y civiles armados, mientras que con Peña Nieto fueron ocho ataques. Tres de esos enfrentamientos se dieron en 2013; dos en 2017 y tres en 2018.

En esa misma entidad, el Ejército reportó con Calderón un militar muerto, 22 heridos, además de 52 agresores muertos, cuatro heridos y 34 detenidos.

En contraste, con Peña Nieto no se reportó ningún militar muerto, pero sí tres heridos, además de un agresor abatido, seis más heridos y dos presuntos criminales detenidos. Se trata de una disminución del 81.25% en cuanto al número de agresores detenidos entre la primera y segunda administración.

Lee más: ¿Quiénes eran los militares de confianza del General Cienfuegos en su paso por la Sedena?

En Guerrero, donde los hermanos Beltrán Leyva mantenían una fuerte presencia de asesinos y operadores de la organización, se dieron 170 enfrentamientos con Felipe Calderón y 125 con Peña Nieto.

Además, en el sexenio de Calderón murieron 15 militares contra nueve de Peña Nieto; 61 militares heridos con el panista y 30 con el priista.

Aparte, las cifras de agresores muertos, heridos y detenidos entre estas dos  administraciones son significativas. Mientras que con Calderón hubo 268 agresores muertos, con Peña se reportaron 130 (poco menos de la mitad); además, se registraron 25 agresores con el panista contra 13 del priista; y 139 agresores detenidos con el primero contra 71 del segundo (una disminución del 49%).

En Sonora, donde la organización Beltrán ha tenido una importante presencia criminal en poco menos de dos décadas, también se registró una baja significativa en cuanto al número de agresores detenidos, no así en el número de enfrentamientos.

Con Felipe Calderón se reportaron 43 enfrentamientos contra 34 de Peña Nieto; se registraron cuatro militares muertos en el primer sexenio contra uno del segundo; 10 militares heridos contra cinco; ocho agresores muertos contra nueve; un agresor herido contra 10; y 49 agresores detenidos contra 21 de Cienfuegos. Esto último representó una disminución del 57% en ese rubro.

Lee: Cienfuegos protegió entre 2015 y 2017 al líder de los Beltrán Leyva en Nayarit y atacó a sus enemigos

Y en Sinaloa, donde los Beltrán también mantienen una importante presencia criminal, a pesar de que allí también operaba el Cártel del Pacífico sus antiguos socios, el número de agresores muertos y detenidos también disminuyó significativamente con Cienfuegos al mando de la Sedena.

En la administración de Calderón se registraron 125 enfrentamientos contra 103 de Peña Nieto. En cuanto al número de militares muertos y heridos fueron 15 y 46, respectivamente, en el primer sexenio, contra 14 y 44 del segundo, una cifra muy similar en ambos casos.

Donde no hay similitudes es en el número de agresores muertos y heridos. Con Calderón se reportaron 104 y 18 agresores muertos y heridos, respectivamente, mientras que con Peña Nieto fueron 39 y 23 los atacantes muertos y heridos. Una disminución del 62.5%.

En cuanto al número de agresores detenidos entre un sexenio y otro también hay una disminución. Con Calderón hubo 136 atacantes detenidos contra 89 en el mando de Salvador Cienfuegos. Una baja del 34.55%.

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Día de Muertos: de dónde viene la relación especial de México con la muerte

Mientras en muchos lugares el Día de Muertos está marcado por lágrimas y tristeza, en México se rodea de un halo de fiesta y color, de celebración a la vida y de reencuentro con los difuntos.
1 de noviembre, 2020
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“El culto a la vida, si de verdad es profundo y total, es también culto a la muerte. Ambas son inseparables. Una civilización que niega a la muerte acaba por negar a la vida”.

Pocas frases como esta de Octavio Paz definen mejor la postura que los mexicanos mantienen ante la muerte y de la que presumen con tremendo orgullo cada año en el Día de Muertos.

Mientras en buena parte del planeta esta fecha está marcada por la tristeza y las lágrimas, en México se rodea de un halo de fiesta y color, de celebración a la vida y de reencuentro con los difuntos que se cree que regresan a nuestro mundo por un día.

Y lejos de perder fuerza con el paso de los años, esta particular manera de celebrar el Día de Muertos va pasando de generación en generación. Como en el caso de Gabriela Luna, una joven de Ciudad de México que asumió esta tradición tras la pérdida de su abuela materna.

“Ella ponía un altar gigante, así que cuando se va, yo asumo la tradición que ella me enseñó y le dedico la ofrenda cada año. Para mí es una forma de no perder una costumbre en la que siento que los que no están, me acompañan”, le dice a BBC Mundo.

Gabriela Luna

GABRIELA LUNA
Gabriela comenzó a colocar cada año su altar de muertos tras el fallecimiento de su abuela materna.

“Sin duda genera una identidad para nosotros los mexicanos, porque muy en el núcleo de esta práctica se encuentra nuestro código principal: la familia”, asegura esta artista del modelado de lana.

La pandemia de covid-19 limita esta vez las tradicionales visitas a cementerios y panteones de México por parte de familiares que, cada año, comparten con quienes ya no están su comida y música favoritas.

También impedirá los clásicos desfiles donde la catrina, la icónica calavera sonriente popularizada por Diego Rivera, era su mayor símbolo.

Se trata de un Día de Muertos lleno de misticismo que provoca curiosidad y fascinación a partes iguales en el resto del mundo… aunque también confunde a quienes les cuesta comprender esta posición de los mexicanos ante la muerte.

Día de celebración, no de tristeza

Para entender el origen de esta relación hay que retroceder hasta la Mesoamérica de hace miles de años. Algunos de los pueblos originarios organizaban fiestas para guiar a los muertos en su recorrido al Mictlán, el inframundo de la mitología mexica.

Cementerio en Mexico

Getty Images
Las luces, colores, música y comida favorita de los fallecidos inundan cada año los cementerios de México.

Otros disponían altares con ofrendas para recordar a los muertos y se colocaban cráneos como símbolos de la muerte y el renacimiento.

Según una antigua leyenda, Quetzalcóatl -el dios en forma de serpiente emplumada- bajó al inframundo y depositó su semen sobre unos huesos molidos para dar vida al ser humano, por lo que para aquellos pueblos los restos de huesos simbolizaban de cierto modo la semilla de la vida.

Porque, sin lugar a dudas, si había un mensaje central en estas celebraciones del culto a los muertos era la creencia de que sus almas acaban por regresar al mundo de los vivos.

Así que, ¿por qué asociar el Día de Muertos con la tristeza si, según la cosmovisión indígena, es precisamente el día en que quienes se fueron de nuestro lado nos vienen a visitar?

Pan de muerto

Getty Images
Los mexicanos esperan ansiosos seta época del año par disfrutar del tradicional pan de muerto, que simula tener unos huesos en la parte superior.

Para ellos, la muerte no era otra cosa que un símbolo de la vida que se representa en el altar ofrecido a los difuntos.

Miles de años después, millones de hogares mexicanos siguen colocando con sumo cariño y detalle sus altares en los que se combinan multitud de símbolos, comida, papel picado y fotos de personas fallecidas.

Es precisamente este recuerdo de quienes ya no están lo que permite -junto a la ayuda de las velas y de la olorosa flor de cempasúchil- que las almas de los difuntos encuentren el camino de regreso a casa para convivir con la familia y disfrutar de los alimentos dispuestos en los altares en su honor.

“Es una gran fiesta quizá equiparable a la Navidad de Europa. Es fiesta porque está ese recuerdo de los muertos que regresan. Incluso hay leyendas sobre familias que no ponen ofrenda, y los muertos vienen a recordarles que lo hagan”, dice Andrés Medina, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

La influencia española

Pero la llegada de los españoles a México influyó radicalmente en la celebración de su Día de Muertos.

Por ejemplo, fueron ellos los que hicieron coincidir la fiesta de los muertos de los indígenas -que duraban dos meses- con las celebraciones católicas del Día de Todos los Santos y los Fieles Difuntos (1 y 2 de noviembre).

Desfile por el Día de Muertos en Ciudad de México.

AFP
Aunque el Día de Muertos en México se concentra actualmente en el 1 y 2 de noviembre, las celebraciones tradicionales se prolongaban por dos meses.

En la actualidad, el Día de Muertos mexicano es el resultado de una mezcla de estas dos culturas, de tradiciones precolombinas y católicas.

Aunque a juzgar por lo diferente que son hoy en día las celebraciones en México y España, pareciera que la primera cultura pesó mucho más que la segunda.

Para el escritor y antropólogo Claudio Lomnitz, una de las razones es que el “proceso de modernización” de los rituales sobre la muerte que sucede en Europa y parte de América desde el siglo XVIII no tuvo el mismo efecto en México, que ya se acercaba al final de su etapa colonial.

“España ya entraba en guerra en Europa y la Corona tenía problemas financieros como para preocuparse de esto”, le dice a BBC Mundo el autor de “Ideas de la muerte en México”.

“Además, en México la presencia de la Iglesia -sobre todo en el siglo XIX, pero también antes- era menos fuerte que en España, por lo que el culto popular pudo florecer mucho más al estar menos dominado por el clero”, agrega.

Un hombre con una gran montaña de flores de cempasúchil.

Getty Images
La flor de cempasúchil no puede faltar en los altares de muertos en México.

Esta postura ante la celebración continuó aún después de la independencia de México.

“Incluso los liberales como Benito Juárez, que eran muy anticlericales y contrarios a estos rituales que consideraban supersticiosos, acabaron por aceptar esta celebración diciendo que era una fiesta popular nacional y evitando su asociación tan cercana con la Iglesia”, dice el experto.

Lo inédito de la celebración mexicana

Algunas de estas tradiciones del culto a los muertos no son, sin embargo, exclusivos de México: algunas también se pueden encontrar cada Día de Muertos en lugares de Bolivia, Perú, Colombia o parte de Centroamérica, entre otros.

Lo que sí hace único el caso de México es cómo “nacionalizó” con orgullo estas costumbres como símbolo del país.

Mural de Diego Rivera

Getty Images
Aunque la Catrina fue mundialmente popularizada por Diego Rivera, el origen de este personaje es la Calavera Garbancera, una figura creada por el caricaturista José Guadalupe Posada.

“En otros países son costumbres folclóricas o pueden verse como algo pasado de moda. Durante años, se inhibió la celebración de muertos por considerarla no moderna o contraria a los valores liberales”, dice Lomnitz.

“En cambio, en México la fiesta creció enormemente. Solo aquí hubo una elaboración cultural de esto como algo que reflejara el espíritu colectivo nacional, es único en esto”.

Y ese nacionalismo fue más exaltado a partir de un episodio clave en la historia del país: la Revolución Mexicana.

“Aparte de la tradición de los pueblos, llegó la promoción de un gobierno con afán de reproducir un discurso nacionalista muy fuerte”, opina Medina, quien celebra que se siga conmemorando este día aunque lamenta que parte de la población no conozca realmente su significado.

“En el Día de los Niños Muertos (1 de noviembre) hay lugares donde grupos de niños van de casa en casa pidiendo su calaverita como ofrenda, un dulce. Ellos representan a esos niños muertos que regresan para esos días, aunque quizá ni lo sepan y para la gente haya perdido esa idea”, le dice a BBC Mundo.

¿Qué refleja esto de los mexicanos?

Para Lomnitz, esta visión ante la muerte refleja la estrecha relación de los mexicanos con sus difuntos. “No con la muerte en general, sino con sus fallecidos”, subraya.

Y por otro lado, cree que pone de manifiesto una sensibilidad y sentido del humor macabro muy especial que el país muestra, por ejemplo, a la hora de utilizar la muerte para hacer críticas político sociales a través de los textos conocidos como “calaveritas literarias”.

El propio André Bretón, el teórico francés considerado padre del surrealismo, calificaba a México como la patria del humor negro por sus numerosas costumbres que concilian la vida y la muerte.

Sin embargo, los expertos niegan que esta celebración suponga que México se burla de la muerte o que no recibe con pena y dolor cuando llega este momento de la vida.

“La celebración de muertos no significa que los mexicanos no tengan miedo a la muerte. Más bien es la alegría porque los muertos regresan. Pero creo que ha habido una malinterpretación, una lectura superficial de nuestra fiesta”, explica Medina.

Imagen de la película "Coco" de Disney Pixar (Foto: Disney Pixar)

BBC
La película “Coco”, de Disney Pixar, popularizó la tradición mexicana del Día de Muertos en medio mundo. (Foto: Disney Pixar)

Esa idea en parte se tiene también en los muchos países en los que el Día de Muertos mexicano se ha hecho muy popular en los últimos años.

Georgina Larruz, mexicana de 30 años que estudia en Rusia , le tuvo que explicar a sus alumnas de español que esa celebración que conocieron en buena parte (como millones de personas en el mundo) gracias a la película animada “Coco” es mucho más que diversión, canciones y alcohol.

“Es una fiesta que nos une como comunidad, y. el hecho de yo poner aquí mi ofrenda, a miles de kilómetros de casa, te hace sentir esa conexión con tu familia, con tus muertos y, en definitiva, con lo que eres”, le dice a BBC Mundo desde Moscú.

Atar de Georgina Larruz

GEORGINA LARRUZ
A Georgina le tocó recurrir a productos rusos para elaborar su pequeño altar de muertos en su residencia estudiantil en Moscú.

Desde Ciudad de México, Gabriela Luna coincide en lo satisfactorio que es pensar que hay un puente gracias al cual, los familiares fallecidos regresan este día “honrándonos y acompañándonos”.

“Ya solo en virtud de eso, me parece que nosotros deberíamos seguir preservando esos colores, que además nos hacen a los mexicanos tan característicos y tan únicos en el mundo”, afirma orgullosa.

Tras la celebración de este atípico Día de Muertos, tendrá que pasar otro año hasta que los recuerdos en la memoria de los vivos en México vuelvan a lograr el regreso, al menos por unas horas, de las almas de sus difuntos.


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