La sororidad de las doulas de aborto ante la pandemia de COVID-19
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Cuartoscuro

La sororidad de las doulas de aborto ante la pandemia de COVID-19

El símil con las doulas tradicionales o  acompañantes de madres primerizas se utiliza en varios países para promover el entrenamiento de las mujeres que auxiliarán a otras para interrumpir una gestación.
Cuartoscuro
Por Delia Angélica Ortiz
25 de octubre, 2020
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Cubrebocas. Gel antibacterial. Careta. Hay que trasladarse al aeropuerto cumpliendo todas las medidas sanitarias. Vannessa tiene miedo de viajar a la ciudad con más contagios por COVID-19. No lo demuestra. Ella no es la mujer que abortará. Solo la acompaña. Así que se muestra fuerte.

Vannesa Jiménez es una doula de aborto. El símil con las doulas tradicionales o  acompañantes de madres primerizas se utiliza en varios países para promover el entrenamiento de las mujeres que auxiliarán a otras para interrumpir una gestación.

Lee: El aborto seguro cae 44%; las redes ciudadanas dan acompañamiento a las mujeres

En México, el término es utilizado por Fondo María, una organización especializada en derechos reproductivos que organiza cursos en educación sexual, atención psicológica y legal para las integrantes de colectivos feministas interesadas en guiar a otras mujeres en el ejercicio de ese derecho.

“Ir a la Ciudad de México es como ir a otro país. Me sorprende que siendo mexicana, nuestros derechos estén limitados a una situación geográfica”, cuenta Vannesa, quien también es integrante de la Red Necesito Abortar México.

Durante la pandemia, esta red neoleonesa ha atendido cientos de mensajes de Facebook, whatsapp y correo electrónico buscando información sobre aborto seguro.

Uno de los acompañamientos que Vannesa hizo a la Ciudad de México fue por violación. “El aborto es legal e ilegal al mismo tiempo en todo México, por más absurdo que suene”, cuenta en referencia a que los códigos penales locales solo permiten la interrupción de un embarazo bajo ciertas circunstancias.

En la Ciudad de México, el aborto es legal desde hace 13 años. Entrar a una clínica capitalina ILE (por Interrupción Legal del Embarazo) es como acudir a un consultorio dental. Los procedimientos para realizar un aborto voluntario son ambulatorios, no requieren quirófano ni estancia hospitalaria, por lo que la paciente podrá salir caminando.

Tanto en los servicios públicos como privados, se solicita ir con un familiar o amigo. En caso de que la mujer no tenga ese apoyo en casa es cuando puede acudir a una organización o colectivo feminista para no ir sola.

Garantizar un derecho

Itzel Cruz Palma prepara su despacho de terapia con muñecas y otros elementos de juego para recibir a su paciente. Como psicóloga de la clínica en salud reproductiva Acompáñame, debe platicar con una niña de 11 años que llega de Tabasco a la Ciudad de México con una gestación de 5 meses, resultado de una violación en los primeros meses de la pandemia.

“En los servicios de interrupción (del embarazo), la violencia es una constante”, comparte Cruz Palma en entrevista.

Llamemos María a esta niña de 11 años. Ha pasado una semana, desde que un ginecólogo en Tabasco le rompió la fuente para inducirle un aborto. Luego de haber sido sometida a una práctica ginecobstrétrica inadecuada, es necesario que viaje a la Ciudad de México para que le realicen una Aspiración Manual Endouterina (AMEU).

El procedimiento es ambulatorio y sin dolor, no pone en riesgo la vida de la niña y toma menos de una hora. El resto serán las sesiones de terapia psicológica en su ciudad de origen.

Las redes de apoyo otorgan subsidios cuando la vida podría estar en riesgo, el embarazo es resultado de un ataque sexual o la víctima no cuenta con los recursos económicos para trasladarse a la capital.

En caso de que el procedimiento no pueda realizarse en un hospital público capitalino —donde solo hay atención de lunes a viernes—, tienen convenios con clínicas privadas especializadas en salud reproductiva como Acompáñame o los centros que opera la Fundación Marie Stopes México.

Los lineamientos sanitarios por COVID-19 redujeron el número de citas tanto en unidades públicas como privadas con servicio ILE, restringieron la entrada de los acompañantes y exigen que a las pacientes se les tome la temperatura antes de ingresar a los centros. Ante sospecha de síntomas de coronavirus, las mujeres deberán realizarse una prueba de COVID-19 y solo en caso de resultar negativa podrán regresar a ejecutar la interrupción.

La clínica Acompáñame participa en un programa piloto para documentar los beneficios de la medicina a distancia con servicio TeleILE para dar información sobre aborto seguro a las mujeres que no quieren viajar a la Ciudad de México por miedo a un contagio.

“Hay causales que permiten el servicio TeleILE. La violación es una de ellas. El embarazo adolescente también es un embarazo de alto riesgo y podemos hacer accesible el servicio por esa condición”, explica Ana María Camarillo Zavala, directora de la clínica.

Actualmente, de las 13 unidades ILE públicas capitalinas, 8 centros se mantienen dando el servicio, pero su servicio de “medicina a distancia” aún no está disponible. De hecho, para acudir a una centro de salud reproductiva operando en la emergencia sanitaria es necesario comunicarse a Locatel para tener la información precisa sobre requisitos y horarios de atención.

Dada la baja afluencia a los centros de salud, la alcaldía Azcapotzalco activó un programa de interrupción del embarazo para acudir de manera gratuita a las clínicas de la Fundación Marie Stopes para aquellas mujeres de la demarcación que necesiten ejercer este derecho, pero sin correr riesgo a un contagio por acudir a un hospital público.

Aunque los servicios de Marie Stopes son de bajo costo, las mujeres que no puedan cubrir esos montos y acrediten su residencia en esa alcaldía pueden solicitar el subsidio delegacional enviando un correo electrónico a [email protected]

Las organizaciones y colectivos feministas también han sido muy activas en difundir información sobre aborto seguro en casa. Ipas México, organización internacional especializada en derechos reproductivos, publicó un video sobre el uso adecuado de misoprostol para interrumpir el embarazo. A la fecha, lleva casi un millón de visualizaciones en YouTube.

Las recomendaciones se basan en los criterios avalados por la Organización Mundial de la Salud y para solicitar más información o la valoración de un profesional médico tienen disponible correo electrónico y abierta la comunicación en redes sociales.

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Por qué el año no termina realmente a la medianoche del 31 diciembre (y no siempre dura lo mismo)

La fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es un sistema, a la larga, "inventado".
31 de diciembre, 2020
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año nuevo Nuevo

Getty Images
El momento en que comienza y termina el año es una convención.

Brindis y uvas, bailes, resoluciones y rituales… la medianoche del 31 de diciembre es un momento de festejo, esperanza y recuento para millones de personas en todo el planeta.

Un año “termina” y otro “comienza” y, con él, las aspiraciones de un mejor tiempo y de innumerables propósitos y nuevas metas.

Es el último día del calendario gregoriano, el patrón de 365 días (más uno en bisiesto, como 2020) que ha regido en Occidente desde que se dejó de usar el calendario juliano en 1582.

Su paso celebra el fin de un ciclo que ha marcado las cuentas del tiempo para diversas culturas desde hace milenios: una vuelta completa de la Tierra alrededor de su estrella.

“Lo que entendemos tradicionalmente por año, tanto en astronomía como en muchas culturas, es ese lapso que tarda nuestro planeta en darle la vuelta al Sol”, indica el astrónomo y académico Eduard Larrañaga, del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia.

Sin embargo, según explica el también físico teórico a BBC Mundo, la fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es una convención, o sea un sistema, a la larga, “inventado”.

“Asumir que el año termina a la medianoche del 31 de diciembre y empieza el 1 de enero es una construcción social, una definición que se hizo en un momento de la historia”, dice.

De acuerdo con Larrañaga, dado que la base para la medición de un año es el tiempo que tarda la Tierra en darle la vuelta al Sol, el conteo de cuándo empieza y termina ese ciclo puede ocurrir, en la práctica, en cualquier momento.

“Desde el punto de vista astronómico, no ocurre nada especial el 31 de diciembre para decir que es ahí donde termina el año ni ocurre nada especial el 1 de enero para decir que ahí es cuando comienza“, señala.

“En realidad, a lo largo de la órbita de la Tierra no hay nada especial ni fuera de lo común que ocurra para marcar el cambio de un año”, agrega.

Pero no termina ahí.

La duración exacta que le damos al año de 365 días (o 366 en los bisiestos) es otra convención social.

“En realidad, hay muchas formas de medir la duración de un año” y si se hace de una u otra forma, la duración no es la misma, indica Larrañaga.

Pero ¿cómo es posible?

La duración del año

Desde que fue introducido por el emperador Julio César en el año 46 a. C., el calendario juliano sirvió para contar el paso de los años y la historia en Europa hasta finales del siglo XVI.

Sin embargo, desde entrada la Edad Media, varios astrónomos se dieron cuenta de que con esa manera de medir el tiempo se producía un error acumulado de aproximadamente 11 minutos y 14 segundos cada año.

Fue entonces cuando en 1582 el papa Gregorio XIII promovió la reforma del calendario que usamos hasta el día de hoy e introdujo los bisiestos para corregir los errores de cálculo del calendario juliano.

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Getty Images
Millones de personas celebran el cambio de año este 31 de diciembre.

Larrañaga explica que, desde el punto de vista de la astronomía, base para la definición de lo que es un año, no existe una única unidad de medida, sino al menos cuatro para contar el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol.

  • Año juliano o calendario: “Es una convención y se usa en astronomía como una unidad de medida en la que se considera que la Tierra le da la vuelta al Sol en 365,25 días”.
  • Año sideral: “Es el que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol respecto a un sistema de referencia fijo. En este caso, se toma como referencia el grupo de las estrellas fijas y ese año tiene una duración de 365,25636”.
  • Año trópico medio: “En este se toma en cuenta longitud de la eclíptica del Sol, es decir, la trayectoria del Sol en el cielo con respecto a la Tierra a lo largo del año, principalmente en los equinoccios. Y este dura un poco menos que el año sideral, 365,242189 días”.
  • Año anomalístico: “La Tierra, al igual que los otros planetas, se mueve en elipsis. Esa elipsis hace que el Sol en algunas ocasiones esté más cerca y más lejos de la Tierra. Pero hay un punto donde ambos están lo más cerca posible, el llamado perihelio”. Y el año anomalístico es el tiempo transcurrido entre dos pasos consecutivos de la Tierra por su perihelio. Dura 365,2596 días”.

Si bien Larrañaga señala que todos están sobre el orden de los 365 días, asumir que este es el periodo exacto de la duración de un año se vuelve una simplificación.

Pero además, no tiene en cuenta otro factor.

“Hay otra cuestión, y es que, aunque tenemos esos cálculos, no todos los años duran lo mismo, no tienen la misma duración cada vez“, dice.

El largo de los años

De acuerdo con el experto, si bien los astrónomos han tratado de calcular con precisión a través de los siglos el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol, existe un problema básico que les impide obtener un número definitivo.

“Hay que tener en cuenta que la duración de los años nunca es igual debido a que en el Sistema Solar todo cambia. Tomemos el año anomalístico: mientras la Tierra se mueve alrededor del Sol, el perihelio cambia como resultado de la acción gravitatoria de otros planetas, como Júpiter”, dice.

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Getty Images
La influencia gravitatoria de los planetas y el movimiento de la Tierra hacen que la duración del año no sea igual siempre.

El físico teórico señala que algo similar ocurre con el llamado año trópico medio, que mide el intervalo de tiempo entre dos pasos consecutivos del Sol por el punto Aries o equinoccio de primavera, o con el sideral.

“El año trópico medio también cambia, dado que depende del eje de la Tierra, que está torcido. Es como un trompo que va balanceándose. Entonces, la fecha y el momento del equinoccio también es diferente”, dice.

“Y si comparamos cuánto duraba el año sideral en 2020 con cuánto duró en el 1300 seguramente notaremos una diferencia. Siempre estaría en torno a los 365 días, pero no sería la misma duración exacta, porque el movimiento de la Tierra no es siempre el mismo”, agrega.


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