Coordinación y vigilancia: Así se redujo la violencia del narco en La Laguna
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Coordinación, cambios culturales y ataques financieros: Así se redujo la violencia del narco en La Laguna

Una estrategia común entre autoridades, sociedad civil y empresarios logró reducir los homicidios, detalla un estudio de Jacobo Dayán y Sergio Aguayo.
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La Laguna pasó de ser uno de los territorios más violentos de México a reducir los homicidios notablemente en un contexto de incremento de la violencia. Entre 2006 y 2014 la zona fue el escenario de una guerra entre el cartel de Sinaloa y Los Zetas. La brutalidad de estos últimos fue el detonante que los convirtió en el objetivo número uno de las autoridades. Descabezar a este grupo criminal se convirtió en el objetivo principal de una estrategia con múltiples factores que tuvo éxito en bajar el número de asesinatos. Una política pública centrada en socavar las bases económicas y culturales de los narcos, una coordinación policial que fue más allá de las barreras administrativas y la presión y vigilancia de la sociedad civil organizada son algunos de los ingredientes que explican los logros.

Entérate: El penal de Piedras Negras, salón de fiestas y campo de exterminio de los Zetas en Coahuila

La investigación “Reconquistando La Laguna”, desarrollada por Sergio Aguayo y Jacobo Dayán con la colaboración de Javier Garza, y publicada por el Colmex, analiza aquellos años de violencia y cómo los incentivos compartidos por diferentes actores lograron reducir la violencia. De los mil 060 homicidios perpetrados en 2012 (con una tasa de 95 asesinatos por cada 100 mil habitantes) a los 139 que se registraron en 2018 (con una tasa de 12 muertes violentas por cada 100 mil habitantes, por debajo de la media nacional que estuvo en 29 por cada 100 mil). Para los autores, esta es “la experiencia más exitosa en la construcción de la paz en México” y un modelo que podría inspirar a otros gobiernos. El trabajo sigue la línea de otras obras como “El yugo Zeta” o “En el desamparo”, en el que los autores analizan la violencia perpetrada por Los Zetas en el norte de México.

“La masacre de San Fernando fue la gota que colmó el vaso y provocó un cambio de estrategia”, explica Jacobo Dayán. La brutalidad de aquel crimen lleva una estrategia en la que el primer objetivo será acabar con Los Zetas. Y ahí se alinean los intereses del gobierno federal, gobiernos estatales y locales, Estados Unidos e, incluso, los del cartel de Sinaloa, que tenía el interés de hacerse con el control de la plaza.

“Hubo una confluencia de intereses y de lecturas. Se decidió descabezar al cartel que más violencia estaba perpetrando”, explica Sergio Aguayo. El investigador destaca que el objetivo del trabajo es mostrar que la sociedad civil tiene un papel que jugar al hacer frente al crimen organizado.

Más de 3 mil asesinatos

Entre 2007 y 2014 La Laguna fue un campo de batalla. Su ubicación geográfica convierte a la región en un punto estratégico que conecta el Pacífico con la frontera noreste. Por eso era un objetivo deseado para los diferentes carteles. Históricamente fue un territorio controlado por el cartel de Juárez. Pero con el inicio del siglo XXI, dos grupos entraron en disputa. Por un lado, el cartel de Sinaloa, en aquel momento liderado por Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”. Por el otro, Los Zetas, un grupo de antiguos militares que operó como brazo armado del cartel del Golfo hasta que se convirtieron en una estructura independiente y que se expanden desde Tamaulipas. El caso de este último grupo criminal es relevante porque su irrupción implica un cambio respecto a modelos anteriores: su uso de la violencia es más brutal y sofisticado y, además, diversifica sus mercados criminales y no se limita al narcotráfico.

Para contextualizar la violencia: entre 2008 y 2014 se registraron al menos 3 mil 941 homicidios en La Laguna, así como 463 desaparecidos. Entre los hechos que marcarán un punto de inflexión está la balacera en las afueras del estadio Corona, en Torreón, donde miles de personas seguían un partido de fútbol cuando comenzaron los disparos en el exterior. “Lo que había sucedido decenas de veces, entonces resonó porque era afuera de un estadio que estaba lleno y las balas penetraron al interior”, explica Javier Garza.

Para llegar a ese escenario, la investigación relata cómo Los Zetas llegan a La Laguna entre los años 2003 y 2004. Su estrategia: reclutar policías y mandos militares mediante la extorsión. “Tenían un método bien simple: dinero e intimidación, plata o plomo”, explica la investigación. Esta infiltración policial tuvo sus características propias. Por ejemplo, Los Zetas mandaban en el penal de Torreón, Coahuila, mientras que el cartel de Sinaloa hacía lo propio en el de Gómez Palacio, Durango.

La penetración de este grupo delictivo se observa en hechos como las cartas remitidas a los empresarios de Coahuila en 2007 en los que amenaza a quien tenga negocios ilícitos al margen de su organización. Durante este periodo, la estrategia criminal es de “violencia pedagógica”. “Mataban a algún integrante del gremio respectivo para infundir miedo y exigir obediencia”, dice la investigación, que señala que el grupo criminal “diseñó una estrategia para aterrorizar a toda la población”.

Coordinación policial y sociedad civil

En este contexto de extrema violencia se registran los movimientos de reacción que dan lugar a lo que los investigadores consideran “reconquista”. En un primer momento, el secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo, atribuye el éxito al Mando Especial, “una original estructura de la cual depende la Policía Metropolitana y la Unidad Metropolitana Antisecuestros”. Sin embargo, a juicio de los investigadores, a esta explicación “le falta realzar el papel que desempeñaron algunos actores de la sociedad civil”.

El primer ámbito analizado de esta estrategia es el político. Con la llegada al gobierno de Coahuila de Rubén Moreira en 2011 “desaparece la pasividad”, dice el estudio. “Los Zetas fueron contenidos, descabezados y fragmentados”, asegura. Una de las primeras líneas de trabajo fue la limpieza de las corporaciones policíacas. Eventos como la huelga de policías de Torreón y el posterior desmantelamiento de todo el cuerpo permite desarrollar nuevos cuerpos más profesionalizados, con mayores controles de confianza.

Además, se desarrolla una estrategia que busca atacar las bases económicas y culturales del narco. Entre las medidas aplicadas: se erradican las máquinas tragamonedas, se evita la venta de alcohol ilegal, se clausuran los casinos porque pagaban derecho de piso. Se prohíben las peleas de gallos y las carreras de caballos, se cierran las table dance, se clausuran los yonkes, se instalan bloqueadores en las prisiones y se auditan las gasolineras, que eran una fuente de financiación y lavado de dinero de Los Zetas. En el ámbito cultural, se destruyeron los altares a la Santa Muerte, se frenó la difusión de narcocorridos en la radio, se alentó la cultura de la denuncia y se desarrollaron estrategias de promoción de empleo y deporte.

El punto de quiebre llega el octubre de 2012, con la muerte de un sobrino de los Zetas 40 y 42. A los tres días se registra un enfrentamiento en Progreso (Coahuila) en el que muere Heriberto Lazcano, el Z3, máximo líder del grupo criminal en aquel entonces (aunque otras fuentes aseguran que sigue con vida).

Planes de los empresarios

El papel de los empresarios es fundamental en la recuperación del espacio de La Laguna, según la investigación. Hartos de ser blancos de secuestros, entre 2008 y 2009 comienzan a movilizarse buscando seguridad. Ante el acoso del crimen organizado, los empresarios han reaccionado de diversas formas. En un extremo están quienes se organizan en grupos armados, como guardias blancas o autodefensas. En el otro, quienes buscan soluciones pacíficas e institucionales. La Laguna está en este segundo grupo, según destaca el informe.

Uno de los obstáculos que encuentran a la hora de plantear sus reivindicaciones es la división administrativa. La Laguna está ubicada en dos estados, siete municipios, dos regiones militares y dos zonas militares.

A pesar de ello, los empresarios lanzaron tres grandes proyectos: una policía metropolitana, un grupo antisecuestros metropolitano y una asociación civil que con datos proporcionados por la administración.

La Fuerza Metropolitana es un cuerpo con mando militar y policías de Coahuila, Durango y federales. “Funcionó porque resuelve problemas asociados con el conflicto creado por las diferentes competencias”, explica la investigación.

“Los actores someten sus egos al bien mayor. Esto es extraordinario. El ejercito acepta que va a ceder la operatividad, que la policía metropolitana tendrá autonomía”, explica Sergio Aguayo. En su opinión, aunque existe un mando militar no se puede hablar de una militarización de la seguridad pública ya que los operativos están a cargo de policías.

“El mando especial no son soldados, sino un general a cargo de una coordinación en la que participan soldados, policías municipales, estatales, y de una manera en la que ya no tienen que detenerse por tema de fronteras”, añade Javier Garza.

Como parte de la reacción de la sociedad civil aparece el trabajo de los colectivos. Grupos como Fuundec y Grupo Vida tendrán un papel fundamental a la hora de presionar a las instituciones.

En la estrategia federal tuvo un papel muy relevante el Centro de Fusión de Inteligencia y Operatividad ubicado en Monterrey. En realidad, la idea era establecer seis oficinas como esta a lo largo de toda la república. Sin embargo, solo es instalaron dos: una en la capital y esta de Monterrey, dedicada a combatir a Los Zetas. Lo explica en el documento Guillermo Valdés, ex director del Centro de Información y Seguridad Nacional (Cisen). “El objetivo no era deshacer la organización. La estrategia era ir de abajo hacia arriba, agarrando als estacas, reduciendo las capacidades de violencia y operación de la organización, deteniendo de preferencia a los contadores que tenían computadoras con mucha información sobre la red de protección sobre los líderes de plaza y sobre los líderes regionales”, dice.

Como punto negativo, el informe reconoce que en esta “reconquista” también “hubo excesos gubernamentales que organizaciones de derechos humanos catalogaron como crimen contra la humanidad”.

Aunque la estrategia logró disminuir los asesinatos en La Laguna en un contexto en el que la violencia en México está en auge, también hay asuntos pendientes. Jacobo Dayán enumera la impunidad, la ausencia de investigación de la protección política y el rastro del dinero. “¿Dónde quedaron los fondos de Los Zetas?”, se pregunta.

El actual modelo sigue funcionando hasta el punto de que la Guardia Nacional no llegó para suplantarlo, sino que se acomodó. Cabe preguntarse si una estrategia local como esta puede expandirse a toda la República. “No hay una estrategia nacional para los retos que impone el crimen organizado”, dice Aguayo. El despliegue a lo largo de todo el país del Cartel Jalisco Nueva Generación, una estructura que los investigadores equiparan con Los Zetas por su violencia y modelo organizativo, es un reto que afrontan las autoridades. Para Javier Garza, la enseñanza de La Laguna es la colaboración por encima de divisiones políticas.

El ebook se puede descargar de manera gratuita en los siguientes enlaces:

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La desesperación de los venezolanos varados en la frontera de México por no poder entrar a EU

El cierre de la frontera de EU para los venezolanos dejó a miles de ellos varados en México. Sin dinero para avanzar ni regresar, guardan la esperanza de que el gobierno de Joe Biden rectifique.
4 de noviembre, 2022
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Cuando creía estar acostumbrada a las despedidas, Estefanía dejó atrás a Toby, el pitbull que la acompañó durante su estancia en Colombia, donde vivió por cinco años tras emigrar de Venezuela.

Su madre falleció cuando tenía 12 años. Vio por última vez a su padre el día que abandonó Caracas, y el hermano se quedó en Bogotá hace dos meses, cuando Estefanía emprendió el camino por tierra hacia Estados Unidos con un grupo de 21 personas, y una fantasía que prefería guardarse para no pecar de infantil: conocer Disney.

Ahora vive en un campamento improvisado de migrantes en Ciudad Juárez, a donde llegó dos semanas después de que el gobierno del presidente estadounidense, Joe Biden, anunciara el cierre de la frontera con México para los venezolanos, con el objetivo de “abordar la migración irregular más aguda y ayudar a aliviar la presión sobre las ciudades y estados que reciben a estas personas”.

La venezolana de 26 años superó la primera noche a la intemperie, a 4 grados centígrados, vestida con un jean y un delgado suéter de algodón rosado que recolectó de las donaciones que hacen organizaciones y habitantes de Ciudad Juárez desde que los venezolanos se instalaron en las márgenes del Río Bravo, frente al muro que construyó el gobierno de Donald Trump en El Paso, al sur de Texas.

Ciudad Juárez es uno de los cinco puntos de la frontera mexicana que recibe a los venezolanos expulsados por las autoridades estadounidenses desde el miércoles 12 de octubre de 2022, cuando se anunció la nueva medida migratoria.

Mapa de las ciudades mexicanas que reciben a los venezolanos expulsados desde EE.UU.

BBC

Más de 150.000 venezolanos ingresaron a territorio estadounidense a través de la frontera con México durante el último año fiscal, un aumento de 293% con respecto al año anterior.

Hasta septiembre de este año, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados ha reconocido el 94% de las 8.665 solicitudes de estatus de refugiados que ha recibido de ciudadanos venezolanos.

Un campamento improvisado de migrantes venezolanos se instaló en Ciudad Juárez

Itzel Aguilera
Un campamento improvisado de migrantes venezolanos se instaló en Ciudad Juárez.

“Tu guerrera está bien”

A Estafanía le regalaron una carpa, confeccionada con una delgada tela de poliéster que la resguardaba del viento y el polvo. Desplegó sobre la carpa una pesada lona azul que encontró en la calle para hacerla más cálida, tomó un par de cobijas gruesas del puesto de donativos y logró dormir.

A medida que se acumulaban las donaciones, carpas de diferentes colores y tamaños se armaron como refugios para otros migrantes. Familias de seis personas se acomodaban en carpas para dos, aprovechando el calor corporal para conciliar el sueño.

Al día siguiente, Estefanía evitó comer los tacos y burritos picantes que repartían los voluntarios. Debía pagar 5 pesos cada vez que usara el baño en la tienda de neumáticos ubicada al otro lado del camino. Decidió tomar sopa una vez al día. Si disminuía las visitas al lavabo, podría ahorrar algunos pesos y pagar su turno para cargar la batería del celular en el mismo comercio.

“Quédate tranquilo, tu guerrera está bien”, le dice a su padre cuando puede llamarlo. Le ha contado que disfruta de una amplia vista de Estados Unidos desde el lugar donde se encuentra, sin aclarar que duerme en una carpa.

Estefanía caminó desde Colombia hasta México para llegar a EE.UU.

Itzel Aguilera
Estefanía caminó desde Colombia hasta México para llegar a EE.UU.

No le ha dicho que las autoridades migratorias mexicanas la detuvieron dos veces antes de llegar a la frontera norte. “¿Quién te mandó a salir de tu país?”, respondió un agente cuando protestó porque la comida tenía gusanos.

Tampoco le ha contado que solo 4 de los 21 compañeros que salieron con ella desde Bogotá para cruzar la selva del Darién y Centroamérica lograron llegar a Ciudad Juárez.

Al conocer la noticia de que no podrían entrar a Estados Unidos, los otros 17 se dispersaron. Unos decidieron quedarse en Costa Rica. Otros fueron detenidos por las autoridades migratorias de México o tomaron el camino de vuelta a Venezuela.

La duda

Desde la loma que habitan unos 600 migrantes, censados informalmente aquella mañana del viernes 28 de octubre por un venezolano, Estefanía observa a otros compañeros del campamento que atraviesan el Río Bravo y se entregan a las autoridades migratorias de Estados Unidos.

No se ha decidido a cruzar. Si la salud la acompaña, calcula que puede resistir 15 o 20 días más en su carpa de Ciudad Juárez, para dar tiempo a que ocurran las elecciones de medio término en Estados Unidos, previstas para el martes 8 de noviembre, que definirán cuánto apoyo tendrá Biden en el Congreso para la segunda mitad de su mandato.

Los venezolanos cruzan hacia EE.UU. por el Río Bravo.

Itzel Aguilera
Los venezolanos cruzan hacia EE.UU. por el Río Bravo.

“Tenemos la esperanza de que el presidente Joe Biden recapacite la decisión que tomó y nos dé una oportunidad a los que estamos aquí. Tengo el temor de que si cruzo, tenga esa mancha y eso me impida cumplir mi sueño”.

Volver a Venezuela le resulta impensable. “Uno no puede extrañar algo que no existe. Y el país que yo dejé ya no existe”.

Confiando en Dios

Los migrantes del campamento de Ciudad Juárez izaron una bandera de Venezuela y otra de México, delinearon con piedras un SOS gigante en el suelo y desplegaron pancartas para pedir la ayuda de Biden, visible para cualquiera que se asome desde la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza en El Paso.

Un aviso de SOS en el campamento de migrantes de Ciudad Juárez.

Itzel Aguilera
Los migrantes venezolanos intentan llamar la atención de las autoridades estadounindenses.

Poco después del mediodía, Julieta baja la cuesta que conduce al río tomada de la mano de sus dos hijos, junto con su madre y su hermana menor, para entregarse y pedir asilo.

“Estoy confiando en Dios. Me levanté decidida, con la fe grandísima. Dios me ha puesto en el camino tantas cosas maravillosas que esto es de él y de nadie más”, dice mientras se quita los zapatos y las medias para evitar resbalarse con las piedras lavadas por el agua.

Le pregunto si es consciente de que pueden ser expulsados. “Sí, claro. Nos dijeron que están dándoles prioridad a los niños“, responde la venezolana de 32 años. “Tenemos familiares de aquel lado que nos están esperando”.

Al igual que otros migrantes, Julieta dejó las pocas pertenencias que le quedaron luego de atravesar el Darién. Una vez que se entregue, sólo podrá conservar el pasaporte, el teléfono, el dinero, y las prendas. Tendrá que tirar todo lo demás.

“Mi mayor temor es que me regresen más lejos, a otro lugar de la frontera. Si me regresan hasta aquí, perfecto. Sigo intentando y sigo luchando porque para eso salí, para luchar por el futuro de ellos”, afirma rodeada por sus familiares.

Los migrantes instalaron banderas de México y Venezuela en el campamento de Ciudad Juárez.

Itzel Aguilera
Muchos migrantes se debaten entre quedarse en México o volver a Venezuela.

Expulsados versus admitidos

Mileyde presencia el intento de Julieta de cruzar la frontera vestida con un suéter y un pantalón deportivo gris y unas crocs azules, la ropa que le dieron en el puesto migratorio en Estados Unidos en el que durmió una noche, y desde donde fue expulsada el día anterior.

“Nos llevaron a un refugio, no sé cómo llamarlo, una cárcel. Uno se siente como privado de libertad completamente. No tuvimos acceso a llamada, siempre con la puerta cerrada, siempre con las órdenes de los oficiales. Tuvimos una ducha y nos entregaron este uniforme”.

Mileyde, su esposo y su nuera no han decidido cuál será su próximo destino. “Estamos a la expectativa porque está la opción de ir a Venezuela, aunque no es muy claro para nosotros”. Su hijo ya está en Estados Unidos. “Quedarnos en México sería una opción, porque nos están ofreciendo 180 días para optar a un permiso de trabajo. Estamos pensándolo”.

Mileyde fue expulsada de EE.UU. por Ciudad Juárez.

Itzel Aguilera
Mileyde fue expulsada de EE.UU. por Ciudad Juárez.

Un migrante que pidió el anonimato pronosticó que el campamento se mantendrá hasta que los carteles del narco mexicano que operan en Ciudad Juárez lo permitan. “Sabemos que el día que ellos quieran, nos sacan de aquí a plomo“.

Milena es uno de los pocos ejemplos de migrantes que han sido admitidos en Estados Unidos después del cierre de la frontera para los venezolanos. Cruzó a través de Matamoros, en el extremo oriental de México, junto con su hija, su hermana y su sobrina. La venezolana de 32 años pidió mantener su identidad anónima por temor a que su testimonio interfiera en el trámite del asilo.

“En todos los países nos robaban y se aprovechaban de nosotras. Todo el esfuerzo que hicimos para pasar el infierno de la selva y México no puede quedar en vano”.

Migrantes venezolanos protestan en un campamento en Ciudad Juárez.

Itzel Aguilera
El cierre de la frontera de EE.UU. para los venezolanos dejó a miles de ellos varados en México.

Los albergues de Tijuana

Tijuana dispone de más de 30 refugios para migrantes en el extremo occidental de México. Al otro lado se encuentra la ciudad de San Diego, en el estado de California. La mayoría de los albergues ya estaban llenos cuando comenzaron a llegar los venezolanos, a mediados de octubre.

“En la casa donde nos encontramos hay venezolanos, haitianos, hondureños, guatemaltecos, salvadoreños, mexicanos“, explica Claudia Portela, directora del albergue Desayunador Salesiano Padre Chava en Tijuana. “Vienen por diferentes situaciones, y cuando llegan los venezolanos estamos a tope”.

Claudia Portela, directora del albergue Desayunador Salesiano Pedro Chava en Tijuana

Marcos González
Claudia Portela dirige el albergue Desayunador Salesiano Pedro Chava en Tijuana.

De los 96 migrantes que durmieron en el Desayunador Salesiano el jueves 27 de octubre, 36 eran venezolanos. Preguntan a Claudia qué opciones tienen, qué ocurrirá con ellos ahora. Prefiere ser honesta y responder que nada está claro.

“Si les tomaron huellas y entraron de forma irregular, eso puede pesar si solicitan asilo. Realmente no lo sabemos. La persona tiene que saber que es una posibilidad. Si no, tristemente los van a deportar a su país”.

En la negociación que el gobierno de Biden sostuvo con el del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, para aplicar la nueva medida no participaron las autoridades de ciudades fronterizas como Tijuana, principales receptoras de los migrantes.

Los términos que firmó el gobierno federal con Estados Unidos se nos hacen injustos, porque no ven las consecuencias que puedan causar en las ciudades fronterizas. No están obligados a consultarlo, pero sí están obligados a ayudarnos a resolver este tema”, considera Enrique Lucero, director de Atención al Migrante de la Alcaldía de Tijuana.

Para afrontar la contigencia, el gobierno de la ciudad acondiciona una instalación deportiva como refugio para 300 venezolanos.

“Es una migración que está en el peor de los mundos, porque llegan sin condición migratoria, retornados de Estados Unidos. No es una migración que nos llegó del sur, sino que los están retornando desde el norte. Atravesaron diez países para llegar a la frontera y el Darién, gastaron US$6.000 y a su representación diplomática no se le ve mucha iniciativa”.

Enrique Lucero, director de la oficina de Atención al Migrante de la Alcaldía de Tijuana.

Marcos González
Enrique Lucero dirige la oficina de Atención al Migrante de la Alcaldía de Tijuana.

El dilema de escoger un nuevo destino

José llegó hace pocos días al Desayunador Salesiano. Cruzó la frontera junto con su pareja y su hijo por Ciudad Juárez. Ella y el niño fueron admitidos y trasladados a Chicago. Él fue expulsado por Tijuana. “Si hubiera un vuelo humanitario, me devolvería a Venezuela. Me quedé sin plata, sin nada. La decisión de venir aquí me costó mi familia“.

Junior es padre de unas mellizas que cumplieron un año de edad tres días después de que él emprendiera el viaje por tierra desde Venezuela hacia Estados Unidos. Tras haber visto cadáveres en el Darién, asegura no estar dispuesto a volver a la selva, aunque sí a Venezuela en avión para Navidad, si el gobierno de Biden no rectifica su decisión sobre los migrantes venezolanos luego de las elecciones de mitad de período.

Mis hijas están creciendo sin mi amor. Mi ilusión era comprarles una casa en Estados Unidos, pero si no puedo lograrlo, prefiero volver a Venezuela”, asegura el técnico en administración contable de 31 años mientras ayuda a servir la cena en el comedor del albergue.

Comedor del Desayunador Salesiano Padre Chava

Marcos González
El Desayunador Salesiano Padre Chava aloja a casi un centenar de migrantes a finales de octubre de 2022.

Emmanuel es la excepción. Tras haber sido expulsado en Tijuana, el universitario de 22 años está decidido a volver a Venezuela. Conserva los zapatos que usó para atravesar Colombia, el Darién, Centroamérica y México como un símbolo del coraje que desarrolló a lo largo de la travesía.

Estos zapatos son para mí como un trofeo, valen mucho. Siento que soy un hombre más hecho. Después de esta experiencia, para mí todo es posible”.

Tres días después de entrevistar a Estefanía en el campamento de Ciudad Juárez, un grupo de migrantes atravesó el Río Bravo agitando una bandera de Venezuela gigante. Fue repelido por las autoridades estadounidenses con disparos de balas de goma.

Estefanía cruzó ese día. Desde entonces su chat de Whatsapp aparece desconectado. Los amigos que cruzaron con ella la selva del Darién y se quedaron en el campamento en Ciudad Juárez no han vuelto a hablar con ella, para saber si fue admitida o expulsada de Estados Unidos.


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