‘Los ciudadanos se hartaron del COVID y los hospitales volvieron al caos’
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Los ciudadanos decidieron que era suficiente COVID y hospitales volvieron al caos: personal de salud

Los médicos y enfermeras apenas alcanzaron a tener un breve respiro cuando los hospitales se están volviendo a llenar en México. La sensación que tienen es de soledad frente a la epidemia.
Cuartoscuro
23 de noviembre, 2020
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El personal de salud en México está cansado y frustrado y se les nota en la voz. Hace unos meses, se les escuchaba a ratos un tono de enojo, que se acompañaba con un ritmo más rápido en las palabras, cuando hablaban de las personas que no respetaban el confinamiento, de sus amigos fallecidos por atender a los pacientes o de los días transcurridos con una sola mascarilla N95. Ahora hablan con un ritmo medio y un tono plano. No es resignación, es hartazgo, es el efecto de sentirse atrapados en una epidemia que no cede. 

Apenas habían tenido un breve respiro. Los hospitales registraban menos ingresos COVID. Ya se había iniciado el proceso de reconversión a la inversa en algunos, para volver a atender a los pacientes con enfermedades distintas al coronavirus y el ambiente en el interior de las instituciones iba perdiendo la atmósfera densa de una zona de contagio y muerte. 

Ahora el caos los está envolviendo de nuevo. Los casos de COVID que se registran cada día van en aumento, después de una ligera baja.

Lee: “Lo que se ha hecho ha dado resultados, ¿por qué cambiar?”: AMLO defiende estrategia contra COVID

El 10 de mayo, ya con la epidemia instalada a nivel nacional, se registraron en México, de acuerdo a datos de la Secretaría de Salud, 1,562 casos nuevos de COVID-19. Para el 30 de junio ya había 5,414, casi cuatro veces más, en menos de dos meses. 

El 1 de agosto, el día con más casos nuevos de COVID, hubo 9,556. Desde ese punto, la cifra empezó a bajar: en agosto y septiembre los números oscilaron entre 5 mil y 6 mil. El 13 de octubre hubo 4,295.

Pero entonces vino la subida, para el 31 de octubre ya eran otra vez 6,151 los casos nuevos de COVID; el 11 de noviembre fueron 7,646 y este viernes 20 se registraron en la base de datos de la Secretaría de Salud 6,426. 

Las cifras de julio no se han alcanzado, pero los casos muestran un oscilante repunte, con foco en estados del centro norte: Querétaro, Zacatecas, Nuevo León, Durango, Chihuahua, Coahuila y Ciudad de México. 

Hospitales de nuevo a tope

Elvira Luna, enfermera en el Hospital Central de la Ciudad de Chihuahua, dice que pocos días después de que el estado pasó a semáforo amarillo (el 28 de septiembre), los ingresos en esa institución se incrementaron al doble. 

La economía necesitaba recuperarse, dijeron los gobiernos locales y el federal, y los semáforos estatales dejaron el rojo, para pasar a naranja, amarillo y hasta verde, en el caso de Campeche. Una parte de la gente necesitaba salir, otra quería salir y salió. Volvió el tráfico en las grandes ciudades, los bares y las fiestas. No importó que la epidemia no registrara un descenso significativo. 

El Hospital Central de Chihuahua donde trabaja Elvira es estatal y desde el inicio de la pandemia se enfocó sólo en la atención de pacientes COVID, así que ahí en realidad la emergencia no pasó nunca, pero ahora ha vuelto a empeorar. 

Entérate: Por COVID, aumenta población con ingresos inferiores al valor de una canasta alimentaria: Coneval

“Ya llevamos ocho meses trabajando así, en la emergencia todo el tiempo, siete horas con el equipo de protección sin poder tomar agua, sin ir al baño”. Siete horas diarias por ocho meses metidos en un uniforme que asfixia y agota, tratando de salvar pacientes con los pulmones y otros órganos a medio reventar. 

Siete horas diarias por ya no se sabe cuánto tiempo más. Elvira dice que ya debieron empezar a enviar personas con COVID al Hospital Militar porque en el Central ya no cabían. 

El fin de semana pasado se abrieron afuera de ese hospital dos unidades móviles, dos carpas, donde se envía a los pacientes que van mejorando y están más estables, para en las salas quedarse con los críticos.

Samantha, a quien llamaremos así para reservar su identidad puesto que es una enfermera contratada por el Insabi para atender la emergencia y teme tener repercusiones en su trabajo, dice que en el Hospital General de México, en la capital del país, donde trabaja, la torre quirúrgica ya había dejado de recibir pacientes COVID y estaba retomando la atención de cirugías normales. 

“Yo ya estoy asignada a quirófano desde septiembre. Después de meses atendiendo a pacientes graves de COVID, viendo fallecimientos todos los días, ya estaba casi en la normalidad de un hospital. Ya solo una torre estaba reservada a COVID, ahora ya son tres otra vez y falta solo que se vuelva a reconvertir esta, la quirúrgica. Creemos que eso pasará pronto, en dos semanas”. 

Aurelia, también nombre ficticio, es enfermera en el Hospital General de Zona #47 del IMSS, en la CDMX, durante los peores meses de la pandemia estuvo en el área de urgencias COVID. Recuerda que en junio y julio había hasta 12 ingresos por día al hospital. Ella vivía entre el desgaste que es atender pacientes graves, el agobio del traje de protección y el miedo de contagiarse y contagiar a su hija de dos años. 

En agosto cuando los ingresos de las personas con COVID bajaron a cero en algunos días o a 1 o 2, la enviaron al área de hospitalización, ya con los pacientes regulares. 

“Ahora no sé qué vaya a pasar, han estado subiendo los ingresos por COVID a hasta siete por día, aún no llegamos a los niveles de junio y julio, pero está subiendo y ya el desgaste ha sido mucho”.  

También lo ha sido el riesgo. México es el país con más defunciones por COVID-19 entre los trabajadores de salud. De acuerdo con un informe de Amnistía Internacional, hasta agosto de 2020 habían muerto 1,320; en Estados Unidos, 1,077; en Reino Unido, 649 y en Brasil, 643 integrantes del personal sanitario. 

Arriba, abajo y otra vez arriba 

El 1 de abril de 2020, los datos del Sistema de Información de la Red IRAG, donde las instituciones están reportando su nivel de disponibilidad, indicaba que había solo 8 unidades médicas con 70% o más de ocupación en camas de hospitalización general y solo 2 con ese mismo nivel en camas con ventilador en Unidades de Cuidados Intensivos (UCI). Los hospitalizados por infección respiratoria aguda grave (IRAG) eran apenas 93. 

El 22 de abril, poco más de 20 días después, ya había más del triple de hospitales, 27, con 70% o más de ocupación en hospitalización general, y 14 con el mismo lleno en camas con ventilador en UCI. Los hospitalizados IRAG eran ya 2,857. 

Para el 20 de julio, los hospitales que reportaron 70% o más de ocupación en hospitalización general llegaron hasta los 222, más de 27 veces más que los de principios de abril, y 125 con ese nivel de lleno en camas con ventilador en UCI. Los pacientes IRAG alcanzaron los 16,142. 

Eran los días de esa atmósfera de muerte y miedo al contagio. Salas de espera vacías, pasillos por donde caminaban en silencio uno o dos de los integrantes del personal, los módulos de comida y las cafeterías cerrados. 

Eran los días en los que Janeth Cortés, jefa de enfermeras en el área de terapia intensiva del Hospital Juárez contó a Animal Político el dolor y la frustración de ver a los pacientes morir uno tras otro, pese al esfuerzo del equipo médico y la confianza que los enfermos les depositaban. 

“Tuve un paciente con el que estábamos platicando, riendo un poquito, eso fue cuando recién entré a la guardia. Pero al paso de las horas se fue agravando. Ya se estaba cansando porque no podía respirar. Había que intubarlo. Él decidió que sí. Me dijo que se ponía en nuestros manos y falleció”, las lágrimas interrumpieron la narración de Janeth en ese punto. 

El mismo dolor y frustración tenía el personal de todos los hospitales donde pacientes COVID fallecían de a cinco por turno, ante un virus que parecía indomable. El dolor y la rabia era también, es todavía, por sus compañeros infectados y fallecidos.

Después vino una leve tregua. Desde agosto los casos de COVID y los ingresos a los hospitales empezaron a bajar. Para el 10 octubre, ya se reportaba que los hospitales con 70% o más de ocupación eran 80, y 70 con ese nivel en camas con ventilador en UCI. Los pacientes IRAG descendieron a 8,693. 

Pero el descenso se interrumpió de pronto. Solo 10 días después, el 20 de octubre ya eran 109 los hospitales que reportaban 70% o más de ocupación en hospitalización general, 77 en camas con ventilador en UCI y 10, 396 hospitalizados IRAG. 

Lee más: Cómo el COVID-19 generará la mayor deuda pública mundial de la historia (y por qué no es necesariamente algo malo)

La movilidad se había incrementado en el país, la gente volvió a hacer muchas de sus actividades en el espacio público y eso se reflejó en los ingresos a hospital. 

A principios de mayo, de acuerdo a los registros de Facebook presentados por la Secretaría de Salud, la movilidad en Chihuahua, por ejemplo, había bajado alrededor de 45%, a finales de agosto ya era hasta 15% más alta que en los meses de enero y febrero, previos a la pandemia. 

En Durango pasó algo muy similar y también en Aguascalientes, Coahuila, Nuevo León y Querétaro. 

En la CDMX, la gente salió, pero menos. A principios de mayo, la movilidad en la capital cayó más de 65%. A partir de entonces ha ido a la alza, con su punto más elevado en la primera semana de noviembre cuando ya solo era 20% menor que en enero o febrero de 2020. 

Carolina Gómez Moreno, médico adscrito al área de urgencias del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INCMNSZ), decía hace un mes, a mediados de octubre, en referencia a que la actividad había vuelto casi a la normalidad y la gente andaba en la calle, “es como si el resto del mundo hubiera seguido con su vida y nosotros estamos aquí, como si nada más nosotros siguiéramos en la pandemia, yo sé que la realidad no es así, pero parece que la gente ya decidió que ya tuvo suficiente”.

La médica estaba ya frustrada. “Ver a la gente salir, si me da como el sentimiento de no manches yo no he visto a mis papás (viven en Aguascalientes), no he visto a mi mamá, no he ido a ver a mi familia en tantos meses por ser empático, por no estar regando el virus, y la gente sale así como si nada, eso sí me da mucho sentimiento”.

Para el 21 de noviembre había ya 145 hospitales reportando 70% o más de ocupación, 78 con el mismo nivel en camas con ventilador en UCI y 12, 083 pacientes IRAG. 

Samantha, la enfermera del Hospital General en la CDMX, dice que ella y sus compañeros esperan otro repunte, por culpa del Buen Fin. 

“Cuéntale dos semanas a partir de las filas por el Buen Fin y seguro ya estamos llenos, en menos de dos semanas las terapias de las cuatro torres del hospital ya serán COVID de nuevo”, dice la enfermera con tono de resignación. 

Eso del Buen Fin debieron pararlo, dice, “pero pues hay intereses políticos y económicos ahí. Y nosotros, sobretodo, los contratados por Insabi seremos de nuevo la carne de cañón frente al virus y para qué, para que sigan sin darnos la plaza y no nos paguen ni prima por trabajar domingos y días festivos”. 

Aurelia, la enfermera del IMSS, dice que frente al repunte siente mucha frustración. “Parece que a la gente no le importa lo que pasa aquí en los hospitales y es desgastante. Nosotros nos restringimos de salir para no arriesgar a los demás, no arriesgar a nuestra familia. Un compañero enfermero falleció por COVID, tenía 37 años, era joven, sano y dejó a una niña, parece que a nadie le importa eso”. 

El poco consuelo que hay en estos días entre el personal de salud es que el repunte de contagios no va a la par de un repunte en muertes. 

La gente está llegando antes al hospital, dice Elvira, eso nos da un mayor margen al personal sanitario para salvarles la vida.

En los primeros meses de la epidemia, dice, “los pacientes llegaban ya cuando estaban muy complicados, directos a la intubación. Ahorita ya tienen más conocimiento sobre la enfermedad y llegan menos graves, eso nos abre las posibilidades de salvarlos. Por ejemplo si vemos que un paciente se está agravando, le avisamos al médico y se valora si es candidato a intubarse de forma oportuna, en lugar de que esté tan grave que llegué al paro respiratorio aun con el soporte o de que muera en la intubación”.

Entre las estrategias del gobierno para ampliar la atención a los afectados, el martes 17 de noviembre en la conferencia del presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que se ampliaba el convenio con hospitales privados, esta vez no solo para transferir a pacientes no COVID, como en los meses anteriores, sino también para atender a personas afectadas por el coronavirus. 

“Se ha optado para que en hospitales privados se atienda también a enfermos graves de COVID. Esto no se contempló en la primera etapa del convenio, se atendían a enfermos de otros padecimientos en hospitales privados para liberar espacios, camas, en los hospitales públicos y atender a enfermos de COVID”, dijo el presidente. 

La ampliación del convenio le permitirá al sector salud disponer de 150 camas en 50 hospitales privados. Se espera que la medida ayude a quitar presión en las instituciones públicas, mientras hospitales temporales como el del Citibanamex reportan lleno total en sus camas con ventilador.

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Cómo es la primera vacuna de ADN del mundo para COVID-19 (sin agujas) aprobada por India

India aprobó el uso de emergencia de una nueva vacuna de ADN, la primera en el mundo. Te contamos de qué se trata y cuáles son sus ventajas y desventajas.
21 de agosto, 2021
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El ente regulador de medicamentos de India aprobó la primera vacuna de ADN del mundo contra la COVID-19 para uso de emergencia.

Según un estudio provisional citado por el fabricante de vacunas Cadila Healthcare, la vacuna ZyCoV-D de tres dosis previno la enfermedad sintomática en el 66% de los vacunados.

Las vacunas de ADN anteriores han funcionado bien en animales, pero no en humanos.

India ha administrado hasta ahora más de 570 millones de dosis de tres vacunas aprobadas previamente: Covishield, Covaxin y Sputnik V.

Aproximadamente el 13% de los adultos han completado su ciclo de vacunación y el 47% ha recibido al menos una vacuna desde el comienzo de la campaña en enero.

Cadila Healthcare dijo que había realizado el mayor ensayo clínico de la vacuna en India hasta la fecha con 28 mil voluntarios en más de 50 centros.

La tercera fase clave de los ensayos clínicos se llevó a cabo en el pico de la segunda ola mortal del virus y esto, según su fabricante, reafirma la “eficacia de la vacuna contra las cepas mutantes”, especialmente la variante delta que es altamente infecciosa.

¿Pero cómo funciona esta vacuna y qué la hace diferente?

Traspaso de información

El ADN y el ARN son componentes básicos de la vida. Son moléculas que llevan información genética que se transmite de padres a hijos.

Vacuna

Getty Images
Una de las ventajas de la vacuna india de ADN es que no necesita temperaturas muy frías para conservarse.

Al igual que otras vacunas, una vacuna de ADN, una vez administrada, le enseña al sistema inmunológico del cuerpo a combatir el virus real.

ZyCoV-D utiliza plásmidos o pequeños anillos de ADN, que contienen información genética, para suministrar la vacuna entre dos capas de la piel.

Estos plásmidos llevan información a las células para producir la “proteína espiga”, que el virus utiliza para adherirse e ingresar a las células humanas.

La mayoría de las vacunas contra la COVD-19 funcionan dándole instrucciones al cuerpo para que produzca un fragmento de la proteína espiga para activar el sistema inmunológico, y hacer que éste produzca anticuerpos y se enseñe a sí mismo a combatir el virus.

Sin aguja

Esta es la primera vacuna de ADN humano contra la covid-19.

Vacunación

Getty Images

Hay una serie de vacunas de ADN aprobadas en Estados Unidos, por ejemplo, para su uso en animales, incluida una vacuna para una enfermedad equina y otra contra el cáncer de piel para perros.

Actualmente, se están probando más de 160 vacunas de ADN diferentes en ensayos clínicos en humanos en EE. UU.

Variante delta

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La mayoría son para el tratamiento de cánceres existentes y un tercio para el tratamiento del VIH.

ZyCov-D es también la primera vacuna de India para la COVID-19 sin agujas.

Se administra con un inyector desechable sin aguja, que utiliza un delgado chorro del líquido para penetrar en la piel y distribuir la vacuna en el tejido adecuado.

Ventajas

Científicos dicen que las vacunas de ADN son relativamente baratas, seguras y estables.

También se pueden almacenar a temperaturas más altas (entre -2 a 8° C).

Cadila Healthcare afirma que su vacuna mostró una “buena estabilidad” a 25° C durante al menos tres meses; esto ayudaría a que la vacuna se transportara y almacenara fácilmente.

Desventajas

Las vacunas de ADN desarrolladas para enfermedades infecciosas en humanos han fallado en el pasado.

“El problema es que funcionan bien en animales. Pero no terminan ofreciendo el mismo nivel de protección en la respuesta inmune en humanos”, señaló Gagandeep Kang viróloga y primera mujer india en ser elegida como miembro de la Sociedad Real de Londres.

El desafío, dice, fue cómo introducir el ADN plasmídico en la célula humana para que diera una respuesta inmunitaria duradera.

Jeremy Kamil, virólogo del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad Estatal de Luisiana en Shreveport, EE.UU., comparte su visión.

Vacunas

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“Las vacunas de ADN plasmídico se han probado en el pasado. Pero sabemos que es muy difícil introducir el ADN plasmídico en el núcleo de las células humanas, especialmente en los adultos”, indicó Kamil.

Las vacunas de ARNm, que utilizan ARN mensajero, una molécula para producir las proteínas, como Pfizer o Moderna, no necesitan llegar al núcleo de la célula para ser efectivas y ofrecer una mayor eficacia y es probable que produzcan una inmunidad más duradera.

El otro inconveniente potencial es que ZyCoV-D requiere tres dosis, en lugar de dos. El fabricante de la vacuna dice que está evaluando la posibilidad de ofrecer dos dosis.

“Me encantaría que una empresa de vacunas superara los inmensos desafíos para que funcione. Pero es imperativo que los datos de eficacia se examinen de forma independiente”, concluyó Kamil.


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