Comunidades forestales: 4 claves para entender la lucha por una 'justicia fiscal'
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Foto: Cortesía Ixtlán de Juárez.

Comunidades forestales de México: 4 claves para entender su lucha por una "justicia fiscal"

Las empresas forestales comunitarias reciben el mismo trato fiscal que las grandes compañías y pagan hasta un 30% de sus utilidades en impuesto sobre la renta.
Foto: Cortesía Ixtlán de Juárez.
Por Alexandra de Amesti/Mongabay Latam
22 de noviembre, 2020
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Desde hace 30 años, los comuneros de Ixtlán de Juárez en la sierra de Oaxaca trabajan para aprovechar de forma sustentable los recursos forestales de la región.

Ellos invierten hasta un 60 % de sus ganancias para mantener la salud del bosque y atender las necesidades de escuelas, adultos mayores, estudiantes, así como para reparar caminos, instalar drenajes, mantener iglesias y generar empleos.

Actualmente, buscan que el Estado reconozca, a través de un trato fiscal diferenciado, las inversiones que realizan en el ámbito social, pero también en la conservación de los bosques. Esta demanda es compartida por otras comunidades que han creado empresas forestales en el norte, centro y sur de México.

Lee: Comunidades forestales y parques ecoturísticos sufren por pandemia del COVID-19

De acuerdo con datos de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), hay 2362 ejidos y comunidades que realizan manejo forestal en México; pero solo un poco más de la mitad —1392— han logrado formar una empresa forestal.

Estas son las cuatro claves para entender por qué las empresas forestales comunitarias en México demandan un trato diferenciado por parte del Estado en material fiscal.

1.Inversiones en apoyo social y conservación

“Aquí no se ve al bosque como lo ven los industriales. Nosotros tenemos un concepto cosmogónico de cómo el bosque nos provee de vida”, explica José Félix Avitia, ingeniero y miembro del equipo responsable de los bosques de la comunidad tepehuana de la Sierra Madre Occidental.

Esta comunidad administra un bosque de 144 000 hectáreas, de las cuales utilizan 48 000 para extraer madera y destinan 78 000 hectáreas, voluntariamente, a la conservación.

En Ixtlán de Juárez, 3500 hectáreas están destinadas al manejo y aprovechamiento sostenible de la madera. Allí, los mismos comuneros se encargan de erradicar plagas, combatir incendios y de la regeneración del bosque. Pero esta visión asociada a la conservación se extiende a la mayor parte de sus 19 300 hectáreas, razón por la cual la madera que producen cuenta con el certificado internacional del Forest Stewardship Council (FSC).

No obstante, estas empresas comunitarias forestales deben trabajar con maquinaria obsoleta debido a que sus ingresos por la venta de madera no alcanzan para renovar los equipos y, al mismo tiempo, cubrir los gastos sociales para ayudar al pueblo como equipar la ambulancia, pagar el sueldo de la ingeniera que lleva los procesos de certificación del bosque o cubrir el salario de los maestros bilingües, entre otras obligaciones.

“Las empresas forestales comunitarias se hacen cargo de las necesidades que el gobierno no atiende”, sostiene Bernardo Salinas, presidente del Comisariado de Bienes Comunales de San Bernardino de Milpillas Chico, en Durango, donde también se han instalado cuatro pequeños aserraderos comunitarios.

En el estudio El manejo forestal comunitario en México, las investigadoras Ofelia Andrea Valdés y Patricia Negreros señalan que las comunidades forestales además de generar fuentes de empleo propias, destinan las ganancias de sus empresas a mejorar las condiciones de vida de la comunidad.

2. Una política fiscal equitativa

En 1990 la Ley del Impuesto sobre la Renta incorporó una exención fiscal para las actividades de conservación, comercialización, almacenamiento e industrialización de productos de ejidos y comunidades agrarias o indígenas.

Doce años después, durante el gobierno de Vicente Fox se canceló ese beneficio y, en 2014, los beneficios fiscales se restringieron a las actividades agrícolas, ganaderas, pesqueras y silvícolas.

Desde entonces los aserraderos y empresas comunitarias de ecoturismo tuvieron que pagar el impuesto a la renta completo. Una política fiscal que obligó a las comunidades forestales a dedicarse solo a las actividades primarias, que son las menos rentables; mientras que los procesos industriales están en manos de las empresas intermediarias que, en el caso de la madera, la limpian, cortan, procesan y venden al cliente final sin tener que invertir en las comunidades o en los bosques.

“La ley nos dice que podemos cortar frutas, pero que no podemos hacer mermelada porque entonces nos cobran. Y nadie nos paga por todos los servicios que generamos que son para todos, aún fuera de las comunidades”, explica Óscar Méndez, contador y comunero de su natal Ixtlán.

3.Modificación de la ley

Carlos Brown, economista político y experto independiente en justicia fiscal, considera que el Estado mexicano podría conceder a las comunidades forestales las exenciones fiscales que piden a través de la figura de gastos tributarios.

Se trata de una herramienta legal —explica Brown— que se utiliza en distintas partes del mundo y que ya se aplica en el norte de México para mejorar la competitividad frente a Estados Unidos.

El fin de las empresas creadas por las comunidades forestales no es acumular riqueza sino mantener los empleos y mejorar las condiciones de vida de comuneros y ejidatarios, explica el biólogo Salvador Anta, asesor de la organización Política y Legislación Ambiental (Polea A.C.).

Las diputadas Irma Juan Carlos y Martha Olivia García y la senadora Susana Harp han asumido la propuesta de las comunidades y están planteando modificaciones a la ley.

Las iniciativas legislativas propuestas para lograr una justicia fiscal para empresas comunitarias forestales busca evitar que la ley favorezca a las grandes compañías agrícolas, ganaderas, silvícolas y pesqueras.

La diputada Irma Juan Carlos confía en que los demás legisladores reconozcan los beneficios que otorgan las comunidades forestales, las mismas “que no se contabilizan ni visibilizan en la actual ley”.

Martha Olivia García —también diputada y comunera del municipio de Tepehuanes, en Durango— destaca que el manejo forestal comunitario permite conservar bosques amenazados. “En Durango hay mucho desmonte (deforestación), así que estamos tratando que se certifiquen todas las comunidades y ejidos, pero se requiere que se les dé valor agregado a sus productos y esto les genera impuestos muy altos”.

Jaime Sainz, investigador de políticas ambientales del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), asegura que “lo mejor que se puede hacer” es aprobar que las empresas comunitarias forestales queden exentas del pago del impuesto sobre la renta. “La evidencia internacional ha encontrado que el trabajo de las comunidades es clave en la conservación de los bienes ambientales comunes”.

4. Los bosques y la pandemia

El actual Parlamento mexicano tiene hasta agosto del 2021 para aprobar las iniciativas legislativas propuestas. Sin embargo, la crisis económica causada por el COVID-19 ha puesto en jaque al gobierno federal que busca aumentar la recaudación fiscal.

Ernesto Herrera, director de la organización civil Reforestemos México, manifiesta que la crisis económica provocada por la pandemia también ha afectado a las empresas forestales comunitarias, que tuvieron que detener sus actividades y han registrado caídas en sus ventas de madera de hasta el 60 %.

Ante este panorama, en mayo de 2020, un total de 290 organizaciones de la sociedad civil presentaron varias propuestas para salvaguardar a las empresas forestales comunitarias, entre ellas, que se otorgue una prórroga para el cumplimiento de las obligaciones fiscales.

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NOOA

La Niña está de regreso: qué es y qué significa para el clima en América Latina

El fenómeno climático responsable de crudos inviernos y grandes sequías en todo el mundo ha llegado nuevamente y sus efectos se sentirán por varios meses.
NOOA
18 de octubre, 2021
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La Niña está de vuelta por segundo año consecutivo.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos anunció el jueves que el fenómeno climático responsable de crudos inviernos y grandes sequías en todo el mundo ha llegado nuevamente y hará sentir sus efectos por varios meses.

Según la NOAA, tras un periodo de relativo equilibrio atmosférico desde inicios de año, La Niña se intensificará durante las próximas semanas y no comenzará a debilitarse hasta la primavera de 2022, lo que puede tener un impacto en las lluvias, el final de la temporada de huracanes y la intensidad del próximo invierno boreal.

“Las condiciones de La Niña se han desarrollado y se espera que continúen con un 87% de probabilidad entre diciembre de 2021 y febrero de 2022“, indicó la agencia.

De acuerdo con el comunicado, los expertos comenzaron a notar que el evento climático se aproximaba en el último mes, cuando detectaron varios factores que apuntaban a su desarrollo entre ellos:

  • temperaturas de la superficie del mar por debajo del promedio en el Pacífico ecuatorial
  • anomalías térmicas en la mayor parte del Océano Pacífico central y oriental
  • anomalías en vientos del este en niveles bajos y en los vientos del oeste en los niveles superiores de la atmósfera.

Aunque generalmente los signos de su activación comienzan a detectarse en el verano boreal, ahora, como ocurrió en 2017, La Niña comenzó a manifestarse entrado el otoño.

“Nuestros científicos han estado rastreando el desarrollo potencial de La Niña desde este verano, y fue un factor en el pronóstico de la temporada de huracanes por encima de lo normal que hemos visto desarrollarse”, dijo Mike Halpert, subdirector del Centro de Predicción del Clima de la NOAA.

Pero ¿qué es la Niña y cómo afecta al clima de nuestro planeta y a América Latina?

La Niña

Para entender qué es La Niña es preciso explicar el fenómeno más general en el que se engloba: el llamado evento ENOS o El Niño-Oscilación del Sur.

El Niño es un patrón climático que causa un debilitamiento de los vientos alisios en el hemisferio sur del Pacífico.

Esos vientos, cuando son normales, arrastran las aguas superficiales desde las costas hacia el océano y esto provoca que las aguas frías de las profundidades surjan allí.

Cuando El Niño está activo, el agua del océano en la zona ecuatorial está más caliente.

BBC
Cuando El Niño está activo, el agua del océano en la zona ecuatorial está más caliente.

Esa agua fría es lo normal en la zona ecuatorial de la costa de Sudamérica.

Cuando esos vientos alisios se debilitan cesa ese proceso, al agua caliente se acumula y se produce un aumento de la superficie del mar en la costa de Perú y Ecuador, principalmente.

Ahora bien, cuando los alisios son muy fuertes y se refuerza la subida de esa agua fría en la zona ecuatorial y la temperatura del mar está por debajo de lo normal, comienza a manifestarse el fenómeno de La Niña, que viene a ser un patrón climático opuesto a las condiciones de El Niño.

Generalmente, entre las dos fases, ocurre un periodo llamado “zona neutra” (en la que nos encontrábamos hasta hace poco) en la que ninguno de los dos eventos están notablemente activos y las temperaturas están sobre el promedio.

¿Cuáles son sus efectos?

Los efectos de La Niña y el Niño, que van desde sequías a inundaciones, de lluvias intensas a huracanes, dependen siempre de la zona de la oscilación: puede producir indistintamente sequías en Latinoamérica, nevadas intensas en la zona norte de Estados Unidos o sequías en Australia o en las islas del Pacífico.

Y aunque siguen patrones, esto no implica que cada vez que se activen las condiciones se manifiesten de la misma manera: ningún evento de La Niña es como otro.

Aunque los pronósticos más certeros para la actual temporada se conocerán a finales de este mes, la NOAA y otras organizaciones meteorológicas de América Latina prevén “una La Niña de intensidad moderada“.

Esto, sin embargo, no predice por sí mismo las condiciones en las que se manifestará dado que datos históricos revelan que ha habido casos de sequías más severas en eventos débiles o moderados de La Niña que en eventos fuertes a intensos.

En años anteriores, el fenómeno se ha manifestado muy débil, aunque desde 2020 se comenzaron a experimentar síntomas de un potencial fortalecimiento como fue la larga temporada de huracanes del Atlántico, condiciones de sequía en América del Sur y fuertes lluvias en Centroamérica y el norte de Suramérica.

Cómo afectará a América Latina

Generalmente, La Niña se manifiesta en dos formas totalmente diferentes en América Latina: lluvias intensas y abundantes, aumento del caudal de los ríos y posteriores inundaciones en Colombia, Ecuador y el norte de Brasil; y en condiciones de sequía en Perú, Bolivia, el sur de Brasil, Argentina y Chile.

Varios de estos últimos países viven desde el pasado año una intensa sequía, que ha afectado los cultivos, ha secado ríos e impactado la generación hidroeléctrica.

Ahora se teme que La Niña retrase aún más la temporada de lluvias en el Cono Sur y haga de 2022 un año aún más seco.

Mientras, en el noreste de América del Sur han ocurridos deslaves en varios países y en otros, como en Colombia, las represas se encuentran en un 86% de capacidad, casi el doble de los niveles de hace un año, lo que es considerado históricamente alto.

Río Paraná

Getty Images
La sequía ha afectado a varios países de América Latina y ha “secado” ríos como el Paraná.

La NOAA ha señalado que La Niña puede influir en los últimos meses de la actual temporada ciclónica en el Atlántico, que ha sido particularmente activa.

En México, las autoridades meteorológicas indicaron que una nueva activación del evento podría traducirse en una extensión del periodo de lluvias hasta finales de noviembre, así como precipitaciones intensas en algunas partes del país en las que no son frecuentes y luego, un invierno más seco.

En Centroamérica, por su parte, el Comité Regional de Recursos Hidráulicos había pronosticado desde el verano que La Niña podría traer a la región “condiciones más lluviosas que lo normal”, principalmente en la frontera de México con Guatemala, el sur de El Salvador; la parte central de Honduras y en el Pacífico de Costa Rica y Panamá.

La Niña anterior ocurrió durante el invierno de 2020-2021 y con anterioridad, entre 2017 y 2018.

El último evento El Niño tuvo lugar entre 2018 y 2019.


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