Desaparece un Guardia Nacional en Chihuahua; familia acusa omisiones
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Favia Lucero/YoCiudadano

Agente de la Guardia Nacional desaparece en Chihuahua; su familia se enfrenta a la apatía oficial

La familia del agente de la Guardia Nacional lleva más de siete meses sin respuesta de la corporación y de la Fiscalía de Chihuahua que investiga la desaparición.
Favia Lucero/YoCiudadano
Por Miguel Silerio/YoCiudadano
27 de noviembre, 2020
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Alejandro García Rosas habló por teléfono con su esposa por última vez el pasado 13 de abril. Un día antes abordó un camión de pasajeros en San Pedro de las Colonias, Coahuila, con rumbo a Ciudad Juárez, Chihuahua, para retomar sus actividades de resguardo de la frontera norte como parte de la Guardia Nacional. Desde ese día no se sabe nada de él.

Su esposa, Ana, relata que hasta el momento ni las autoridades estatales de Chihuahua ni la Guardia Nacional le han dado respuestas sobre el paradero de su esposo, quien antes de pertenecer a la corporación creada en el presente sexenio fue soldado y cabo del ejército.

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La mujer lleva más de siete meses esperando el resultado de una prueba genética que podría determinar que el cuerpo sin vida de Alejandro habría sido encontrado en una fosa clandestina.

La Fiscalía de Chihuahua dio con la fosa ubicada en la colonia Rancho Anapra, cerca de la frontera, por el testimonio de un menor de edad que habría participado en la inhumación del cuerpo.

El 14 de mayo Ana se presentó en Ciudad Juárez ante la oficina de Servicios Periciales y Ciencias Forenses de la Zona Norte para una entrevista que permitiera comparar las características físicas de Alejandro con las del cuerpo localizado por la Fiscalía. El estudio falló en determinar su identidad.

El estado de descomposición del cadáver impidió la identificación de coincidencias en cuanto a cicatrices, lunares o manchas en la piel y piezas dentales. Por otra parte, el comparativo de los rasgos que la Fiscalía determinó “positivos” incluían un error de la agente encargada: el cuerpo corresponde al de un hombre de entre 25 y 30 años, mientras que Alejandro habría cumplido 37 en abril.

Al día siguiente Ana acudió con sus dos hijos para aportar muestras de ADN que permitieran a la Unidad Especializada en la Investigación de Personas Ausentes y Extraviadas cotejar el perfil genético del cadáver. Durante su estadía no se le permitió ver el cuerpo ni la ropa que este llevaba.

La toma de las muestras genéticas por parte de la Fiscalía chihuahuense marcó el inicio de un periodo de silencio y contradicciones que se extiende hasta el día de hoy. Ana no ha recibido adelantos del caso, los agentes encargados no contestan sus llamadas y de la Guardia Nacional no ha recibido más que una respuesta cargada de indiferencia: que Alejandro no ha acudido a su trabajo, y por lo tanto es un desertor.

“Realmente el apoyo de la Guardia Nacional nunca se tuvo. Pedí el apoyo de ellos y hubo mucha negligencia, porque incluso se murmuraba que mi esposo se había autosecuestrado”, recuerda Ana.

En los días siguientes al reporte de desaparición, un capitán de la Guardia Nacional visitó a Ana en su casa. Le pidió que hablara con Alejandro, que le dijera que se presentara a trabajar, que diera la cara. Le aseguró que “no le harían nada”.

La Guardia Nacional le dijo a Ana que rastrearon el teléfono de Alejandro. Se encontraba en Torreón, Coahuila, y, según el capitán, habría sostenido comunicación con otra persona durante la noche anterior.

“Pero yo sabía que eso no era cierto, yo le mandé mensajes y nunca me contestó”, asegura Ana. Poco después la Guardia Nacional corrigió la sospecha: el teléfono que habían rastreado no era el de Alejandro. Se equivocaron al marcar por un dígito.

En el caso de la Fiscalía de Chihuahua, la información que le ha brindado a Ana —cuando lo ha hecho— ha sido contradictoria e inconclusa. El agente encargado de la investigación le ha dicho que el caso está prácticamente cerrado y que la carpeta de investigación pasará al departamento de Homicidios una vez que se tenga el resultado de la prueba genética, aunque ha tardado más de medio año.

Además, no fue hasta que Ana tuvo la carpeta de investigación en sus manos que se enteró del lugar exacto en el que posiblemente habrían encontrado el cuerpo de su esposo.

“El policía que llevaba el caso de mi esposo me dijo que habían encontrado el cuerpo en una colonia en el centro, después volví a marcar y me dijeron que lo habían encontrado en otro lado. Con el expediente ya pude ver en dónde lo encontraron”, dice.

Cuestionado sobre la tardanza en la entrega del resultado de la prueba genética, el Fiscal de la Zona Norte de Chihuahua, Jorge Arnaldo Nava López, dice que esto es señal de que no se han encontrado coincidencias y se comprometió a revisar el caso para próximamente aportar avances sobre las tareas de búsqueda.

“Estos son procedimientos muy técnicos. Si hubiera algún hit positivo en este procedimiento de genética forense, de manera inmediata se notificará a los familiares. Si no se les ha notificado al momento es porque no hemos tenido coincidencias positivas”, asegura.

Al respecto, la Guardia Nacional reconoce la desaparición de Alejandro García Rosas y asegura haber orientado a su familia para interponer la denuncia correspondiente ante la Fiscalía de Chihuahua, además de que colabora con las autoridades en las tareas de búsqueda.

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***

Es un lunes de abril y Javier fuma afuera de la casa de su abuela. Pasó todo el día anterior en casa de su novia, viendo películas. Por un camino de terracería se acerca “Junior”, su primo, quien le pregunta si quiere ganarse una “feria” por un trabajo sencillo. Tan sencillo como hacer un hoyo en la tierra.

Junior le dice a Javier que debe ir atrás de la Universidad Tecnológica Paso del Norte, que está ubicada en el páramo de tierra y yerbas que es Anapra, donde ya hay alguien esperándolo.

Javier le pide una pala a su vecino y se dirige al lugar indicado. Casi medio kilómetro más allá de la Universidad, en un descampado, lo espera un hombre viejo, alto, con botas de obrero.

“¿Tú eres la personas que iban a mandar?”, le pregunta. Javier responde que sí. Comienzan a excavar detrás de un mezquite. Hacen un hoyo de metro y medio de profundidad.

Javier aún no lo sabe, pero ese mezquite será el punto de referencia cuando regrese unas semanas después, en busca de ese mismo lugar, acompañado por agentes de la Fiscalía de Chihuahua.

Cuando terminan el trabajo deben esperar allí. Esa es la instrucción: esperar hasta que reciban una llamada. El viejo no habla mucho. Pasan seis horas casi en silencio cuando suena un teléfono. Un vehículo café se aproxima por el desierto.

Del vehículo desciende una cara conocida. Es “El Camello”, que abre la cajuela y baja el cuerpo de un hombre: un pantalón negro, una camisa de vestir azul marino con rayas negras, un trapo en la cabeza amarrado al cuello con un cable eléctrico. Esa es la descripción precisa que queda inscrita en la memoria de Javier.

“¿Qué estás viendo, wey? ¡Vete de aquí!”, espeta El Camello. Javier tarda 20 minutos en caminar a la casa de su abuela, tomar agua y volver a la de su novia. No habla con nadie sobre lo que acaba de hacer. No habla con nadie por ahora, pero lo hará dentro de dos semanas, frente a un agente investigador.

Al día siguiente, Javier encuentra a El Camello en casa de su abuela, en Rancho Anapra. Se trata de una colonia periférica de Juárez, ubicada en el norponiente del municipio. A pocos metros se levanta una valla metálica de cinco metros que delimita la frontera entre México y Estados Unidos. Al otro lado se alcanza a ver la ciudad de Sunland Park, en Nuevo México.

Javier le pregunta a El Camello por qué mataron al hombre que sacó de la cajuela. La respuesta revela la naturaleza brutal de la frontera:

“Que andaba queriendo pasar gente indocumentada. Que el militar quería empezar a pasar gente sin pagar, que por eso lo mataron.”

Entérate: Opacidad, simulación y dudosa eficacia: la Guardia Nacional a un año de su creación

***

 “Indudablemente, la verdad se aleja con el tiempo”, sostiene Carla Palacios Flores, abogada del Centro de Derechos Humanos Paso del Norte (CDHPN), una organización que en Ciudad Juárez brinda acompañamiento a sobrevivientes y familiares de víctimas de tortura y desaparición forzada.

“El que las autoridades estén todavía sin dar respuesta a la familia se traduce en una posible pérdida de evidencias. Estamos hablando de que, después de tantos meses, es posible que los perpetradores del homicidio hayan huido de la ciudad y que la recolección de evidencia no sea sencilla”, dice Palacios, quien desde junio acompaña legalmente a la familia de Alejandro García Rosas.

Para la abogada, la hipótesis de la participación de Alejandro en el cruce ilegal de migrantes es un elemento que lo criminaliza y que podría explicar el cese de las diligencias para localizarlo, en el marco de un proceso que, para la familia, ha sido “sumamente revictimizante“.

Además, dice, las actividades propias del trabajo de Alejandro podrían haberlo puesto en una situación de vulnerabilidad, pues los elementos de la Guardia Nacional están designados a la protección de la franja fronteriza desde su llegada a esta ciudad, en junio del año pasado.

Palacios opina que el trabajo de las autoridades estatales y federales en torno a la desaparición de Alejandro ha sido negligente y omiso. Han puesto a la víctima y a su familia, dice, en una situación que vulnera sus derechos humanos.

En la experiencia del CDHPN, pruebas genéticas similares a la que se realizó al cadáver encontrado en el desierto tardan aproximadamente dos meses. En una ocasión, relata la abogada, se logró obtener el resultado en una semana “gracias a la presión que hizo la organización”.

El cabo Alejandro García Rosas nació en Ayutla de los Libres, Guerrero, en 1983. Ingresó a las fuerzas armadas a los 21 años, en noviembre de 2004. Estudió hasta la secundaria y antes de ser soldado fue campesino.

Inicialmente formó parte del 50 Batallón de Infantería, en Chilpancingo, pero luego fue trasladado al 31, ubicado en San Pedro de las Colonias, donde vivía con su familia desde hace tres años.

Su hoja de identificación militar lo describe como un joven delgado, moreno, de corta estatura. Actividad artística que practica: guitarra. Actividad deportiva que practica: futbol.

Su expediente laboral indica que en 2009 fue reconocido junto a los miembros de su Batallón por su “lealtad institucional, esmero y celo en el cumplimiento de sus obligaciones, destacando las operaciones contra el narcotráfico”. En 2015 se le otorgó una condecoración de perseverancia.

Hasta hoy, sus 16 años de servicio en las Fuerzas Armadas no han sido suficientes para que autoridades estatales y federales den con su paradero o, siquiera, lo busquen.

Su familia ha pedido celeridad en la identificación de un cadáver que podría ser el suyo. En cambio, se ha dejado pasar el tiempo con la consecuente pérdida de evidencias para la investigación de los que podrían ser dos delitos: una desaparición y un homicidio.

Mientras las autoridades callan, la justicia no llega para el cabo comisionado a vigilar la frontera, ni para la familia que lo espera en un municipio distante. Tampoco para el hombre desconocido que fue sepultado al pie de un mezquite, en la inmensidad terrosa del desierto de Chihuahua.

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La impresionante (y costosa) operación del Kremlin para proteger a Putin del coronavirus

Desde el inicio de la pandemia, las autoridades rusas han hecho enormes esfuerzos para proteger al presidente Vladimir Putin de la COVID-19.
7 de abril, 2021
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Desde el mismo comienzo de la pandemia de coronavirus, las autoridades rusas han hecho todo lo posible para proteger al presidente Vladimir Putin de la infección. Pero ¿cómo se organiza una cuarentena al estilo del Kremlin y cuánto ha costado?

Durante el último año, cientos de personas han tenido que ponerse en cuarentena en Rusia, antes de estar cerca de Vladimir Putin. Algunos tuvieron que aislarse incluso si no estaban en contacto directo con el presidente, sino como precaución porque estaban en contacto con otras personas que tenían previsto reunirse con él.

El 25 de marzo de 2020, el presidente Putin se dirigió a la nación y anunció que el 1 de abril marcaría el comienzo de una “semana no laboral”, mientras el coronavirus se propagaba rápidamente en Rusia.

Más tarde, en abril, se introdujo un confinamiento completo con el cierre de tiendas no esenciales y la prohibición de reuniones masivas, mientras una gran proporción de la población comenzó a trabajar desde casa.

Al mismo tiempo, 60 miembros de la tripulación de vuelo especial de la aerolínea Rossiya, al servicio del presidente Putin y de otros altos funcionarios del gobierno ruso, fueron puestos en cuarentena por primera vez el 26 de marzo de 2020 en un hotel no lejos de Moscú.

Desde entonces, cientos de pilotos, médicos, conductores y otro personal de apoyo, así como visitantes del mandatario, han pasado tiempo en cuarentena en una docena de hoteles en toda Rusia para proteger al presidente Putin de la infección.

Recientemente, se informó que el mandatario recibió una vacuna desarrollada en Rusia, aunque no se ha especificado cuál, pero los contratos con varios hoteles de “cuarentena” parecen estar vigentes hasta bien entrado el próximo año.

El servicio ruso de la BBC ha calculado que la Dirección del Presidente de la Federación Rusa, un órgano ejecutivo responsable del buen funcionamiento del equipo presidencial, recibió del presupuesto estatal unos US$84 millones para medidas de lucha contra la pandemia.

Los hoteles del Kremlin

Vladimir Putin en una pantalla.

Getty Images
El Kremlin ha hecho grandes esfuerzos económicos y logísticos para mantener a Putin a salvo de la enfermedad.

El servicio ruso de la BBC ha hallado que, al menos, 12 hotelesse han utilizado para las cuarentenas del Kremlin. Estos lugares de hospedaje se encuentran en Moscú y en su región circundante, la Crimea anexada, así como en una ubicación no muy lejos de la ciudad sureña de Sochi, el escenario de los Juegos Olímpicos de invierno de 2014 y uno de los lugares favoritos del presidente Putin.

En la lista de cuarentena no había hoteles privados: todos los lugares donde los visitantes y el personal de servicio pasaron tiempo pertenecen a la Dirección Presidencial. Algunas de las reservas están hechas hasta marzo de 2022.

Los miembros de la tripulación de vuelo de Rossiya parecen ser los principales ocupantes de estos hoteles. La tripulación sirve a funcionarios, incluido el propio presidente Vladimir Putin, así como al primer ministro Mikhail Mishustin y otros ocho ministros del gabinete.

El servicio ruso de la BBC pudo saber que el presidente Putin pasó gran parte del año pasado trabajando desde su residencia de Sochi.

Una fuente familiarizada con las condiciones de la cuarentena dijo que decenas de pilotos y otro personal aéreo tuvieron que ponerse en confinamiento cerca de Sochi para proporcionar transporte al mandatario, así como para el primer ministro, el ministro de Relaciones Exteriores y muchos otros. Entre los que se pusieron en cuarentena se encontraban pilotos de aviones y helicópteros.

Confinarse para ver a Putin

Vladimir Putin en un escenario.

Getty Images
Antes de que Putin asista a actos públicos se toman numerosas medidas para minimizar el riesgo de que se contagie.

El 75º aniversario de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial debería haber sido una celebración importante en Rusia.

El recuerdo de esa guerra y el papel de Rusia en la derrota del nazismo son partes clave de la narrativa patriótica del gobierno de Putin. La celebración habría tenido lugar en la Plaza Roja el 9 de mayo, el Día de la Victoria de Rusia.

En lugar de ello, la conmemoración se trasladó al 24 de junio de 2020 y se realizó en una escala mucho menor, aunque todavía incluía un desfile militar. Los veteranos de guerra y las celebridades estrecharon la mano del presidente Putin y recibieron premios para conmemorar el aniversario.

Bloomberg informó que antes de reunirse cara a cara con el presidente, más de 200 personas, incluidos 80 veteranos de guerra de entre 80 y 90 años, tuvieron que ponerse en confinamiento durante dos semanas.

El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, confirmó antes del desfile de junio que “un grupo de veteranos” estaba en cuarentena “en excelentes condiciones”, aunque destacó que esto se hacía como precaución por su bien.

El presidente Putin colocando flores sobre una tumba.

Kremlin.ru
Detrás de las apariciones de Putin en público hay toda una operación para asegurar que no corre riesgo de infectarse con el coronavirus.

Las agencias de noticias estatales rusas TASS y RIA-Novosti publicaron historias idénticas, describiendo cómo “uno de los hoteles de Moscú” había sido equipado para la cuarentena de unos 20 periodistas.

Se quedaron en habitaciones individuales, dejándolas solo mientras las limpiaban. No podían hablar entre ellos cara a cara y solo podían comunicarse virtualmente.

No se les permitió fumar ni beber alcohol. Los paquetes y las encomiendas que recibían de fuera del hotel de cuarentena solamente les eran entregados después de ser inspeccionados y desinfectados.

Los reporteros que se encontraban en aislamiento eran alimentados tres veces al día, dejando sus comidas y bebidas fuera de sus habitaciones, junto con cubiertos desechables. Cualquiera que entrara en contacto con ellos usaba trajes de protección personal completos.

También hubo informes sobre funcionarios del gobierno regional que se aislaron antes de las visitas del presidente Putin. Por ejemplo, en la ciudad de Sarov, en la región de Nizhny Nóvgorod, las autoridades locales asignaron US$13.000 para medidas “destinadas a prevenir la propagación de la infección por coronavirus durante la visita del presidente de la Federación de Rusia”.

El servicio ruso de la BBC se enteró de que alrededor de 20 miembros del personal de la administración local de Sarov estaban aislados en una pensión para veteranos de guerra. Los gastos de su estancia incluyeron camas de madera “de nogal”, juegos de ropa de cama, plancha y cuatro cajas fuertes de seguridad.

La BBC le preguntó al portavoz del Kremlin sobre las precauciones amplias y de larga escala tomadas para proteger al presidente Putin y si, en su conocimiento, otros países tenían prácticas similares en vigor. Dmitry Peskov declinó hacer comentarios.


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