En blanco y negro: la discapacidad en Latinoamérica, según el BID
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Cuartoscuro

En blanco y negro: la discapacidad en Latinoamérica, según el BID

Los pueblos indígenas tienen una mayor prevalencia de discapacidad, al igual que las personas de grupos de bajos ingresos.
Cuartoscuro
Por Bárbara Anderson / Yo También
29 de noviembre, 2020
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Esta semana, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicó un documento completo sobre discapacidad: “Somos Todos. Inclusión de las Personas con Discapacidad en América Latina y el Caribe”.

Es un reporte interesante que, a poco del Día Internacional de las Personas con Discapacidad este 3 de diciembre próximo, refresca los conceptos más actuales y los prejuicios aún también actuales en torno a la discapacidad.

“¿Quiénes son las personas con discapacidad (pcd)? Durante mucho tiempo, la respuesta obvia ha sido apuntar a personas ciegas o sordas, en silla de ruedas o un niño con síndrome de Down. Son ‘ellos’. Es algo dentro de sus cuerpos. Pero, ¿y si esto está mal? ¿Qué pasa si esa forma de entender las discapacidades hace que la inclusión de este colectivo social sea mucho más difícil?”, comienza el documento de más de 50 páginas del BID.

Lee: Las mujeres con discapacidad, invisibilizadas en las políticas para contener la COVID-19

También dedica un amplio espacio a la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD), que hace más de una década presentó una “cura” a los conceptos del pasado: trazar un camino para que una sociedad excluyente pueda hacer valer los derechos humanos de todos sus ciudadanos en toda su diversidad.

“¿Qué fue tan disruptivo y liberador en esta nueva definición? Separó las discapacidades de la persona y las situó en la relación que existe entre la deficiencia de la persona y las barreras presentes en su entorno. Por ejemplo, estar en silla de ruedas no es, en sí, una discapacidad. Se necesita de una escalera sin rampa o ascensor para entender esa situación como la discapacidad”, agrega el reporte.

La situación en nuestra región

Uno de cada 8 adultos en el mundo vive con alguna discapacidad, es  decir más de 1,000 millones de personas.

En América Latina y el Caribe, la proporción es similar y se calcula que representan alrededor del 13% de la población total. Y si bien los censos y la manera en la que se relevan los datos varían de país a país (un tema que también sugieren que se homologue), pone como ejemplos a nuestro país y Costa Rica:

Gráficas que muestran la prevalencia de discapacidad en México y Costa Rica. En el primero destaca que la discapacidad física es la más común, seguida de la visual, auditiva, psicosocial e intelectual. En el segundo la discapacidad física también es la más común, seguida de la visual, auditiva, intelectual y psicosocial. Fuente: Huete 2019, utilizando Encuestas de hogares armonizadas del BID para México (2016) y Costa Rica (2017).

En el primero destaca que la discapacidad física es la más común, seguida de la visual, auditiva, psicosocial e intelectual. En el segundo la discapacidad física también es la más común, seguida de la visual, auditiva, intelectual y psicosocial.

Según el mismo informe, en toda la región la tasa de prevalencia de discapacidad es de 4 a 6 veces superior en personas entre los 60 y los 69 años de edad, comparada con quienes están en sus veintes. Y sin dudas, como ya ocurrió en otras regiones como Europa, el envejecimiento de la población aumentará aún más estos números, ya que se prevé que 1 de cada 5 personas tendrá más de 65 años para 2050.

Pero hay un dato no menor en el tema de las variables en el rango de edades: las muy bajas tasas de prevalencia en niños menores de 18 años también pueden reflejar bajos reportes debido a la voluntad de los padres de no estigmatizar a los niños o el desconocimiento de las dificultades dada su edad.

Hay varios datos extras brutalmente reveladores:

En nuestra región más mujeres que hombres viven con una discapacidad. Una mayor expectativa de vida para las mujeres significa que la población en los grupos de edad avanzada es mayoritariamente femenina, lo que tiene un efecto sobre la prevalencia de la discapacidad entre las mujeres en las estadísticas generales.

Los pueblos indígenas tienen una mayor prevalencia de discapacidad, al igual que las personas de grupos de bajos ingresos. Es un círculo vicioso, donde las personas pobres tienen mayor riesgo de discapacidad y las pcd tienen más probabilidades de ser pobres. Para las personas con discapacidad, las vías para escapar de la pobreza se reducen.  Además, como las pcd enfrentan altos costos de tratamiento y asistencia personal, el impacto de los gastos catastróficos de salud en los ingresos familiares es aún mayor.

Entre los jóvenes de 24 a 35 años en América Latina y el Caribe, la tasa de empleo para hombres con discapacidad es 24 puntos porcentuales más baja que para los hombres sin discapacidad, y para las mujeres, es 12 puntos porcentuales menos. Incluso para las personas con discapacidades que tienen empleo, sus salarios son mucho más bajos, lo que refleja diferentes posibles fuentes de exclusión.

Solo 3% tiene acceso a servicios de rehabilitación; en Perú y Haití, menos del 10% de las personas con deficiencia auditiva tienen acceso a tecnologías de asistencia. Y en el caso de la población con discapacidades psicosociales que ha recibido rehabilitación, por citar solo dos ejemplos, es inferior al 25% tanto en Colombia como en México.

En Colombia las mujeres con discapacidad reportan haber sido amenazadas o abandonadas por su esposo o pareja a una tasa 4.5 veces mayor que las mujeres sin discapacidad, y son agredidas físicamente a una tasa de más de 10 puntos porcentuales más.

Un informe de 2015 de Disability Rights International reveló que más del 40% de las mujeres que habían sido tratadas en cuatro instituciones psiquiátricas en la CDMX habían sufrido abusos sexuales, y que 4 de cada 10 fueron obligadas a esterilizarse.

Un ejemplo replicable

En el documento del BID dedican un espacio especial a una iniciativa que ellos mismos apoyaron financieramente, que bien podría escalarse a otros países: el Proyecto Ciudad Mujer (CM) en República Dominicana.

Es un ejemplo de accesibilidad e inclusión integradas vía el diseño universal, donde la infraestructura física no solo está diseñada para ser accesible para personas con discapacidades físicas y sensoriales, sino que los protocolos de capacitación para los controles médicos, la inserción laboral, la violencia contra las mujeres y otros módulos han sido diseñados para que incluyan a mujeres y niños con discapacidades. Los videos con subtítulos también se pueden considerar un tipo de diseño universal a diferencia de las adaptaciones tales como el subtitulado en tiempo real o la interpretación simultánea con lenguaje de señas. En videos con amplia distribución es mucho más rentable incluir los subtítulos que ajustarlos repetidamente.

Adicionalmente, estos subtítulos son útiles para audiencias más amplias. Al implementar de forma adecuada las adaptaciones razonables y el diseño universal, las deficiencias se vuelven meramente anecdóticas.

Incluir a las personas con discapacidad no solo es una cuestión de derechos sino de crecimiento económico: un estudio del propio BID que examina Costa Rica, Chile y México estima que incluirlas al mercado laboral aumentaría el PIB entre un 2% y un 3%.

El reporte incluye un análisis de la gradual transición de escuelas especiales a educación accesible, un pendiente desde el Río Bravo hasta Ushuaia.

Este texto se publicó originalmente en Yo También

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Lula y Bolsonaro se enfrentarán en segunda vuelta en Brasil tras una votación cerrada

La mayor democracia de América Latina elegirá en segunda vuelta a su próximo presidente después de que ningún candidato consiguiera este domingo el 50% de votos necesarios para proclamarse vencedor.
3 de octubre, 2022
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Brasil, la mayor democracia de América Latina, elegirá a su próximo presidente en segunda vuelta después de que ningún candidato alcanzara este domingo el 50% de votos necesarios para proclamarse vencedor.

En una votación más ajustada de lo que pronosticaban las encuestas y con más de 99% de los sufragios contabilizados, el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva logró el 48.33% de los votos, frente al 43.28% del actual presidente brasileño de ultraderecha, Jair Bolsonaro.

En tercera posición se ubicó Simone Tebet, con el 4.17% de los sufragios, seguida de Ciro Gomes, con el 3.05%.

En esta jornada electoral, que ha trascurrido sin graves incidentes y con largas filas en los centros de votación, 156 millones de brasileños estaban llamados a las urnas. Además del presidente, también se elegía a los representantes de la Cámara de Diputados, a un tercio del Senado, a los gobernadores de los 26 estados y del Distrito Federal, y todos los parlamentos estatales.

Observadores electorales internacionales dijeron a BBC que esta votación fue “justa y transparente”, pese a las afirmaciones de Bolsonaro de que podría haber fraude.

También señalaron que el buen desempeño de Bolsonaro, que superó los pronósticos de las encuestas, desafía su afirmación infundada de que hay “una máquina de fraude” dentro del tribunal electoral.

Las últimas encuestas colocaban a Lula como líder en las intenciones de voto, con una ventaja de entre seis y 14 puntos sobre Bolsonaro. Algunas dejaban incluso abierta la posibilidad de que ganara la presidencia en esta primera vuelta.

La segunda vuelta entre Lula y Bolsonaro se celebrará en cuatro semanas, el domingo 30 de octubre.

Quien obtenga más votos en esa votación será declarado presidente electo. El nuevo presidente prestará juramento el 1 de enero de 2023.

Bolsonaro llega a la segunda vuelta con una tarea inédita en la historia electoral brasileña: superar al vencedor de la primera vuelta para ganar las elecciones.

Entre los desafíos que enfrenta el actual presidente brasileño están la ventaja numérica de Lula en la primera vuelta, el alto rechazo del electorado, el bajo potencial para atraer votantes de otros candidatos, un presupuesto de campaña restringido y una lenta recuperación de la economía.

Lee: Elecciones en Brasil: 3 claves para entender el áspero duelo entre Bolsonaro y Lula da Silva

Brasil

Getty Images
Se registraron lasrgas filas en los centros de votación.

Una prórroga

Tras conocerse los resultados de la primera vuelta, Lula compareció en público para hacer balance de la votación.

“Ayer, en la conferencia de prensa, les dije que en todas las elecciones a las que me presento quiero ganar en la primera vuelta, pero no siempre es posible”, dijo el cantidato del PT, quien puede regresar a la presidencia de Brasil tras haber pasado 580 días en prisión, antes de que sus condenas por corrupción fueran anuladas por la justicia.

Lula también afirmó que pasar a la segunda vuelta “es solo una prórroga” y aseguró que ganará las elecciones.

“Durante toda esta campaña íbamos adelante en las encuestas de opinión pública, de todos los institutos, y yo siempre pensé que íbamos a ganar estas elecciones y les quiero decir que vamos a ganar estas elecciones. Es tan solo una prórroga”, dijo.

Lula Da Silva

Reuters

Bolsonaro, al votar este domingo en Vila Militar, Río de Janeiro, volvió a poner en duda la seguridad de las urnas electrónicas y se negó a responder si reconocería los resultados del Tribunal Superior Electoral en caso de ser derrotado.

“Tanta gente en la calle apoyándonos, lamentablemente no lo vieron en la prensa. Es parte de las reglas del juego. Lo que cuenta es Datapueblo (an alusión a la encuesta de Datafolha, que lo situaba 14 puntos por detrás de Lula). ¿Elecciones limpias? No hay problema. Que gane el mejor”, aseguró el mandatario.

Como hizo este domingo, en las semanas previas a las elecciones, Bolsonaro puso en duda el sistema de votación, alegando, sin proporcionar pruebas, que es susceptible al fraude.

La autoridad electoral ha desestimado las acusaciones como “falsas y deshonestas”.

Jair Bolsonaro

EPA

“El bien contra el mal”

Durante la campaña, Bolsonaro planteó los comicios como “una lucha del bien contra el mal”, se presentó como garante de los valores conservadores y cristianos, y se refirió a Lula como un “ladrón” que puede llevar a Brasil hacia un socialismo como el de Venezuela.

Lula, por su parte, ha buscado ampliar su base electoral con acuerdos como el que alcanzó con su candidato a vicepresidente, Geraldo Alckmin, un exrival suyo de centroderecha al que derrotó en 2006.

El líder izquierdista tampoco rehuyó de la confrontación directa con Bolsonaro, a quien calificó de “genocida” por su respuesta a la pandemia de COVID-19, y sostuvo que en las elecciones se juega “la democracia contra el fascismo”.

Las mayores preocupaciones de los brasileños pasan por temas económicos como el desempleo o la inflación, así como por la salud, según distintos sondeos.

Un hombre en Brasil muestra un plato que tiene escrita la palabra "hambre" en portugués.

Reuters
La el hambre y la inseguridad alimentaria moderada afectan a tres de cada 10 brasileños.

Esta elección será la primera en Brasil luego de la pandemia que golpeó al país y dejó más de 685 mil muertes mientras Bolsonaro comparaba el COVID-19 con una “gripecita” y se mostraba escéptico sobre las vacunas para combatirlo.

La economía brasileña entró en recesión en 2021 y, si bien volvió a crecer desde hace casi un año y la tasa de desempleo cayó a 9.1% en julio, la mejora está lejos de ser percibida por la población en general.

El 15% de brasileños (unos 33 millones de personas) pasa hambre y más de la mitad de la población (125 millones de personas) padece en algún grado de inseguridad alimentaria, de acuerdo a un estudio de la red Penssan.


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