Los informes del Ejército de la Noche de Iguala sobre el capitán Martínez Crespo
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Foto: José Luis de la Cruz

Los informes del Ejército de la Noche de Iguala sobre el capitán Martínez Crespo

Las primeras versiones y testimonios de estudiantes y personas que los auxiliaron en medio de los ataques de esa larga noche de Iguala, dan cuenta de su presencia.
Foto: José Luis de la Cruz
Por Margena de la O/ Amapola Periodismo
22 de noviembre, 2020
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La propia Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) documentó la intervención del Capitán Segundo de Infanteria, José Martínez Crespo, en la noche de Iguala, en la que desaparecieron los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa.

Martínez Crespo es el primer militar detenido por su participación en estos hechos ocurridos la noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre del 2014.

En los partes informativos del Ejército -formatos institucionales generados con los reportes de los propios miembros del Ejército desde el lugar de los hechos-  se da cuenta de la intervención del Capitán Segundo de Infantería, José Martínez Crespo, en momentos importantes de esa noche, y se tuvo acceso a ellos desde 2015, año en que los familiares de los 43 normalistas desaparecidos ya planteaban su sospecha contra miembros del Ejército ante una presunta relación con el ataque y desaparición de los muchachos.

Las primeras versiones y testimonios de estudiantes y personas que los auxiliaron en medio de los ataques de esa larga noche de Iguala, dan cuenta de su presencia.

Su participación recobra un peso importante en estas últimas fechas, seis años después de la desaparición de los normalistas, porque el Capitán fue detenido en días recientes y varios medios de alcance nacional consignaron su situación como una presunta relación con los hechos de Iguala.

Agencia Proceso informó que Martínez Crespo, a quien enuncia como uno de los señalados del caso Ayotzinapa, fue ingresado a prisión al Campo Militar 1-A por delincuencia organizada, homicidio y desaparición forzada.

El primer parte de esos hechos de Iguala lo generó la institución a las siete con cuarenta horas de la tarde: “estudiantes sin actividad”, en el tramo 127 de la carretera Chilpancingo-Iguala, cerca de la comunidad Rancho del Cura. Llegaron en el autobús de la empresa de Estrella de Oro número 1531.

En el parte de novedades 22636 se notifica a la 35 Zona Militar que el 27 Batallón de Infantería organizó la madrugada del 27 de septiembre una fuerza de reacción para patrullar la ciudad al mando del Capitán.

Todos esos hechos forman parte de una correspondencia entre el 27 Batallón de Infantería de Iguala y la 35 Zona Militar, con base en Chilpancingo.

Esta información se publicó por primera vez en la edición 799 del semanario Trinchera, correspondiente a la semana de los últimos días de junio y los primeros de julio del 2015. Esta información salió de documentos oficiales obtenidos por la periodista Marcela Turati a través de la Ley de Acceso a la Información que compartió con semanario Trinchera.

Lee: Dictan formal prisión contra el primer militar vinculado a la desaparición de los 43 de Ayotzinapa

La cronología militar 

De acuerdo al parte de novedades del 26 de septiembre, folio 22632, entre las ocho y ocho con cincuenta minutos de la noche arriban unos 40 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa a la caseta de cobro Ixtla-Iguala en el autobús 1568. Ponen como advertencia de que los estudiantes podrían “apoderarse ilegalmente de otros autobuses”.

Veinte minutos después reportan que los normalistas están en la central de autobuses Estrella Blanca, ubicada en la esquina Salazar y Hermenegildo Galeana.

Los estudiantes habrían apedreado un autobús Futura número 2513, el cual se llevaron junto a otros dos de la misma línea por la calle Hermenegildo Galeana en dirección al centro de la ciudad. Los policías municipales los siguieron y los normalistas se bajaron y les arrojaron piedras, “por lo que éstos últimos (policías) respondieron la agresión efectuando detonaciones de arma de fuego”.

Enseguida, al menos es lo que se lee en la tarjeta informativa continua, el Ejército busca comunicación con los responsables de la Policía Estatal y Policía Municipal para saber qué ocurría: “A las 22:00 horas se estableció comunicación con José Adame Baustista, coordinador operativo de la Policía Estatal en la Zona Norte, quien contestó que la corporación no iría a prestar apoyo a la Policía Municipal a menos que recibiera ordenes de sus superiores”.

Sigue: “A las 21:15 horas se estableció comunicación con Felipe Flores Velázquez, secretario de Seguridad Pública del municipio de Iguala, con una actitud reservada y tratando de minimizar los hechos, que su personal se encontraba en los filtros en las salidas de esta ciudad, que no tenían ningún carro detenido y que no se habían suscitado disparos de armas de fuego”.

Flores Velázquez fue funcionario del gobierno municipal de José Luis Abarca Velázquez, quien era alcalde de Iguala cuando ocurrió la desaparición de los normalistas y a quien vinculaban con el grupo criminal Guerreros Unidos. El edil está preso por delincuencia organizada.

El gobierno federal señaló al exjefe policiaco como responsable de la desaparición de los 43 normalistas. Lo detuvieron en el año de 2016 y lo liberaron tres años después, como ocurrió con otros implicados en el caso, por irregularidades en la investigación.

La secuencia de los hechos hilvanados por el Ejército a partir de los reportes llevan hasta las calles Juan Álvarez y Simón Bolívar, frente a la Clínica Cristina, por los disparos que se escucharon. En ese reporte dan cuenta que en la calle Juan Álvarez, cruce con Periférico Norte, hay un autobús y cinco patrullas de la Policía Municipal, de donde se llevan detenidos a cuatro normalistas.

Después, otro parte sitúa en la carretera Iguala-Chilpancingo, frente a Palacio de Justicia, donde reportan que hay otro autobús con normalistas detenido por dos patrullas de la Policía Municipal.

En este punto, el 27 Batallón de Infantería reporta a sus superiores de la 35 Zona Militar que los policías bajaron a los estudiantes escupiendo “palabras altisonantes”.

La información indica que a las diez y media de la noche del 26 llegaron a ese lugar otras tres patrullas, de las que se bajaron “policías” vestidos de negro y con la cara tapada (“encapuchados”). Cinco minutos después trataron de bajar a los normalistas y los estudiantes dijeron que algunos de sus compañeros se estaban heridos.

Para los primeros minutos del 27 de septiembre, los partes de novedades con folios 22634 y 22635 (ampliación de información) dan cuenta de la lesión de bala de tres normalistas internados en el hospital general Jorge Soberón Acevedo de Iguala. Después puntualizaron que en total se internaron a 13 heridos en el hospital general.

En el mismo parte reportan la agresión de automovilistas por “hombres armados” sobre la carretera federal Chilpancingo-Iguala, a la altura de la entrada a las comunidades Santa Teresa y Zacacoyuca. Esto corresponde a la agresión contra los jóvenes deportistas del equipo de futbol Los Avispones que viajaba en un camión de turismo, y los pasajeros de taxis colectivos de la ruta Iguala-Chilpancingo.

Durante la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014 asesinaron a seis personas, tres normalistas de Ayotzinapa, un futbolista, el chofer del autobús del equipo de deportistas y la pasajera de un taxi colectivo.

La secuencia de reportes del Ejército ubica que en el taxi con placas de circulación 5486FFN y número económico 0972 quedó una mujer muerta, y que el autobús donde viajaban los futbolistas era de renta de la línea Castro Tours, placas de circulación 434-RK-9.

Entérate: Familiares de los 43 de Ayotzinapa temen que pacto deje libre al capitán Crespo

La intervención del Ejército

En el parte de novedades 22636 se notifica a la 35 Zona Militar que el 27 Batallón de Infantería organizó para la madrugada del 27 de septiembre una fuerza de reacción para patrullar la ciudad, al mando del Capitán Segundo de Infantería, José Martínez Crespo.

Ese grupo reportó que en el cruce de la calle Juan Álvarez y Periférico Norte encontraron los cadáveres baleados de dos normalistas.

También que otros 25 estudiantes estaban refugiados en el hospital Cristina, ubicado a unos 500 metros de ese cruce de las calles. Uno de ellos tenía una herida en el labio superior “en forma sedal”.

El reporte se refiere a Édgar Andrés Vargas, el normalista que durante el ataque en la calle que desemboca en el Periférico Norte lo hirieron en la cara y le destrozaron el maxilar superior y la base de su nariz quien, todavía el año pasado, informó que le hacían algunas cirugías finales de todo el proceso de reconstrucción de su cara.

“Los 25 estudiantes localizados en el interior del hospital Cristina, agradecieron al Capitán Segundo de Infantería, José Martínez Crespo, el apoyo brindado, manifestándole que no deseaban permanecer más en el lugar; que se retiraban y que ellos por sus propios medios le brindarían la atención médica a su compañero herido”, este es un párrafo íntegro de la versión interna del Ejército sobre la supuesta interacción del Capitán con los normalistas en la clínica.

Esta versión es opuesta a la que denunciaron los normalistas sobre ese momento.

La otra versión 

Existe todo un historial en imágenes en Internet del Capitán Segundo de Infantería del 27 Batallón de Infantería, José Martínez Crespo, en actos públicos con el exalcalde de Iguala, José Luis Abarca Velázquez, preso también por el crimen de tres dirigentes sociales de la Unidad Popular (UP). A ese exservidor público se le señala públicamente por su presunta relación con los hechos donde desparecieron a los 43 normalistas de Ayotzinapa.

El Capitán Martínez Crespo recobró mayor visibilidad en el caso Iguala cuando el cabo Gil, lugarteniente de Sidronio Casarrubias, uno de los líderes presos de Guerreros Unidos, lo acusó de ser operador de la desaparición de los 43 estudiantes, y de mantener relación con su grupo criminal.

El detenido acusó al militar a través de un mensaje escrito en una manta que apareció colgada en la preparatoria de la Uagro en Iguala, la mañana del 31 de octubre del 2014.

Otro oficial al que implicó en ese mismo mensaje con la desaparición de los muchachos y en un involucramiento con los Guerreros Unidos, fue al teniente Barbos.

Testimonios de los normalistas

Omar García, normalista de Ayotzinapa y parte del grupo que salió de la Normal Rural en las dos urvans hacia Iguala para auxiliar a sus compañeros a quienes también atacaron policías municipales, denunció en diferentes entrevistas el comportamiento del Ejército durante la noche de Iguala.

A Telemundo le narró instantes con militares en la Clínica Cristina: “Nos decían cállense, ustedes se los buscaron, querían ponerse como hombrecitos, pues ahora éntrenle, éntrenle y aguántense”.

Describió lo que sintió en ese momento: “Teníamos miedo y rabia a la vez….”.

En MVS ahondó en algunas escenas: “Llegó el Ejército acusándonos de allanamiento (de la Clínica Cristina), dándonos culatazos. Al compañero herido también lo sometieron”.

Agregó que un militar los culpaba de lo que les sucedió: “Ustedes se lo buscaron; eso les pasa por andar haciendo lo que hacen”.

El grupo de normalistas con el que viajó Omar García llegó hasta el cruce de la calle Juan Álvarez y Periférico Norte, lugar donde ocurrió el segundo ataque más grande de la noche contra los estudiantes.

Omar García mencionó que los militares les comentaron por qué no intervinieron antes esa noche: “Dijeron que no podían cubrir el caso porque les habían prohibido desde el Estado”.

Los maestros cetegistas acudieron cerca de la medianoche al mismo cruce y vivieron con los normalistas ese segundo ataque.

Un maestro de la CETEG narró que fue lo que vivieron y cómo llegaron a la clínica.

“Nos metimos a un clínica particular (Cristina) y un médico nos dijo que había dos cuerpos tirados, y por eso nos enteramos que habían caído dos muchachos de Ayotzinapa…”.

“Me comuniqué con los compañeros de la CETEG para que mandaran un carro (pretendían llevarse a Édgar a otro hospital). Venía un compañero para la clínica cuando nos dice que ya iba el Ejército”.

“El Ejército se mete a la clínica y todos corrimos a escondernos, honestamente, y empezaron a sacarnos de donde nos escondimos adentro de la clínica. Yo salí. Nos juntaron en la sala de espera. Quien iba al frente, un comandante, nos pide carteras y celulares, que los pusiéramos en una mesita de la sala de espera”.

“Me pregunta: ¿A qué se dedica?. Soy profesor, contesto. Esto les están enseñando (señalando a los normalistas), le dije, no, estamos apoyando porque tenían heridos, no estamos haciendo nada malo, nosotros fuimos agredidos. Me dice: bueno, esto es allanamiento de morada, voy a traer la patrulla municipal para que se los lleve detenidos”.

El comandante del Ejército pretendía que los policías municipales de Iguala, quienes los atacaron horas antes, se los llevaran detenidos por refugiarse en la Clínica. Cuando llegó a auxiliarlos, recordó, los normalistas le dijeron que los policías municipales les dispararon y persiguieron.

“Oiga oficial –recuerda que le dijo así al Capitán–, pero si ellos nos dispararon, nos van a matar. Usted nos va a entregar. ¡¿Cómo que dispararon los municipales?! ¿Están seguros?, nos dijo el comandante. Los muchachos empiezan a hablar: ‘¡Sí, jefe, fueron ellos!’”.

“Se sale el comandante de la clínica con tres subalternos, obviamente nos dejan a dos que estuvieran encañonándonos, para que no nos moviéramos. Regresan, y dice: ‘aquí se van a quedar, no les va a pasar nada. Ya el Ejército tiene el control de la zona. Pero a ustedes, muchachos, los mandaron a estudiar, no los mandaron a hacer maldades’”.

Los militares les tomaron fotografías de sus rostros a todos los refugiados en la clínica, y si algún celular de los estudiantes sonaba les decían exactamente lo que debían contestar, contaron el maestro y el normalista.

David Flores Maldonado, quien era dirigente estudiantil de Ayotzinapa, a quien cuestionan por su estrecha relación con integrantes del gobierno federal de Enrique Peña Nieto, en una entrevista con Amapola. Periodismo transgresor contó que esa noche de Iguala, el jefe militar los maltrato.

La primera versión de este texto fue publicado por semanario Trinchera en 2015

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Qué tan rápido dejamos de estar en forma cuando abandonamos el ejercicio

Tener un buen estado físico puede tomar meses de trabajo duro y los logros se pueden desvanecer si dejas de hacer ejercicio. Aunque puede que, cuando quieras retomarlo, no te toque comenzar desde cero.
18 de junio, 2021
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Ponerse físicamente en forma no es fácil. Y después de todo ese trabajo que hacemos con nuestro cuerpo, ¿por cuánto tiempo podemos mantener el buen estado?

Resulta que, incluso con el gran esfuerzo que dedicamos al entrenamiento, tomarse un tiempo de descanso puede significar perder la forma mucho más rápido de lo que tardamos en adquirirla.

Para comprender cómo podemos tan fácilmente perder lo ganado, antes necesitamos entender cómo logramos “estar en forma”.

La clave para conseguir un buen estado físico o mejorarlo —ya sea porque aumentamos nuestra capacidad cardiaca o nuestra fuerza muscular— es sobrepasar la “carga habitual”.

Esto significa hacer más de lo que nuestro cuerpo está acostumbrado.

El esfuerzo que esto implica hace que el cuerpo se adapte a la exigencia y mejore su tolerancia, lo que finalmente conduce a alcanzar un nivel de resistencia física más alto.

Ahora, el tiempo que nos lleva ponernos en forma depende de varios factores, entre los que se cuentan nuestro nivel de resistencia, la edad, el esfuerzo que hacemos en cada sesión de entrenamiento e incluso el lugar donde entrenamos (la contaminación y el calor pueden afectar la respuesta fisiológica al ejercicio).

Pero algunos estudios indican que incluso seis sesiones de entrenamiento a intervalos pueden aumentar el consumo máximo de oxígeno (V02 máx.), una medida de la condición física general, y mejorar la eficacia de nuestro cuerpo para abastecerse de combustible utilizando el azúcar almacenado en nuestras células durante el ejercicio.

Cpooredora

Getty Images
Si dejan de hacer ejercicio, los corredores comienzan a perder su aptitud cardíaca en unas pocas semanas.

En el caso del entrenamiento de fuerza, se puede observar un aumento de la fuerza muscular en tan solo dos semanas, pero los cambios en el tamaño de los músculos no se verán hasta las 8 o 12 semanas.

Capacidad cardiovascular

Cuando dejamos de entrenar, la rapidez con la que perdemos la forma física también depende de muchos factores, incluido el tipo de forma física de la que hablamos (como la fuerza o la condición cardiovascular).

Como ejemplo, consideremos a un corredor de maratón, que está en plena forma atlética y puede correr un maratón en dos horas y 30 minutos.

Esta persona seguramente entrena cinco o seis días a la semana y recorre un total de 90km.

Además, ha pasado los últimos 15 años de su vida entrenando para llegar a este nivel.

Ahora digamos que este corredor deja de entrenar de un día para otro. Debido a que el cuerpo ya no tiene esa exigencia casi todos los días, el maratonista va a comenzar a perder la forma física en pocas semanas.

La aptitud cardiorrespiratoria, indicada por el factor VO2 máx. (la máxima cantidad de oxígeno que una persona puede usar durante el ejercicio), comenzará a disminuir en alrededor de un 10% en las primeras cuatro semanas después del último entrenamiento.

Esta tasa va a continuar disminuyendo, pero más lentamente durante largos periodos.

Hombre levantando pesas.

Getty Images
12 semanas sin entrenamiento provocan una disminución significativa en la cantidad de peso se que puede levantar.

Aunque los atletas de alto rendimiento (como, por ejemplo, un maratonista) ven un rápido declive en su factor VO2 máx. en las primeras cuatro semanas, esta pérdida luego se detiene y logran mantener un VO2 máx. por encima del promedio.

Sin embargo, para quienes no son atletas de alto rendimiento y dejan de hacer ejercicio, en menos de ocho semanas el VO2 máx. caerá bruscamente a los niveles en que estaban antes del entrenamiento.

La razón por la que este factor se reduce está relacionada con la merma en los volúmenes de sangre y plasma de casi un 12% en las primeras cuatro semanas después de que la persona deja de entrenarse.

Y los volúmenes de sangre y plasma caerán debido a la falta de exigencia sobre nuestro corazón y músculos.

El volumen de plasma incluso podría disminuir cerca de un 5% en las primeras 48 horas después de dejar de hacer ejercicio.

El efecto de la disminución del volumen de sangre y plasma es que habrá menos sangre bombeada por todo el cuerpo con cada impulso del corazón.

Grafico de varios hombres corriendo

Getty Images
Para una persona que no es un atleta de alto rendimiento y deja de paracticar algún tipo de ejercicio, el VO2 max caerá bruscamente a niveles de preentrenamiento en menos de ocho semanas.

El efecto de la disminución del volumen sanguíneo y plasmático hace que se bombee menos sangre por el cuerpo en cada latido del corazón. Pero estos niveles solo descienden al punto de partida, lo que significa que no empeoramos.

Por supuesto, la mayoría de nosotros no somos maratonistas, pero tampoco somos inmunes a estos efectos.

En el momento en que dejemos de ejercitarnos, el cuerpo comenzará a perder esas adaptaciones cardiovasculares a un ritmo muy similar al de los atletas de alta competencia.

Entrenamiento de fuerza

En cuanto a la fuerza, las pruebas demuestran que, en la persona promedio, 12 semanas sin entrenar provocan una disminución significativa de la cantidad de peso que podemos levantar.

La buena noticia es que la investigación muestra que se logra mantener algo de la fuerza que se había ganado antes de dejar de entrenar.

Lo que llama la atención es que, a pesar de la disminución significativa en la fuerza, solo hay una reducción mínima en el tamaño de las fibras musculares.

La razón por la que perdemos fuerza muscular tiene que ver, en gran medida, con el hecho de que ya no estamos sometiendo nuestros músculos a una presión.

Por lo tanto, cuando ya no estamos trabajando nuestros músculos con fuerza, estos se vuelven «perezosos», lo que hace que el número de nuestras fibras musculares disminuya, y que se empleen menos músculos durante una actividad.

Esto, en última instancia, hace que seamos menos capaces de levantar el peso que solíamos levantar.

HOmbre haciendo abdominales

Getty Images
Perdemos fuerza porque ya no estamos poniendo nuestros músculos bajo presión.

La cantidad de fibras musculares utilizadas durante el ejercicio disminuye en alrededor de un 13% después de solo dos semanas sin entrenamiento, aunque esto no conlleva una pérdida de fuerza muscular.

Esto implica que las pérdidas observadas durante los períodos más largos sin entrenamiento son una combinación de esta disminución inicial en la cantidad de fibras musculares que usamos, pero también de la disminución más lenta de la masa muscular.

El aficionado al gimnasio promedio que levanta pesas experimentará una disminución en el tamaño de sus músculos y, con el tiempo, le resultará más difícil levantar cargas pesadas, ya que tienen menos fibras musculares ejercitadas.

Por lo tanto, incluso después de todo ese esfuerzo que hacemos para ponernos en forma, comenzamos a perder estado cardiovascular y fuerza dentro de las 48 horas posteriores a la interrupción del ejercicio.

Pero no comenzamos a sentir estos efectos hasta después de dos o tres semanas en el aspecto cardiovascular, y en el muscular hasta entre seis y 10 semanas.

La tasa de “desentrenamiento” es similar para hombres y mujeres, e incluso para atletas de mayor edad.

Pero cuanto más en forma estés, más lentamente perderás lo que has ganado.

*Dan Gordon es profesor asociado de fisiología dela Universidad Anglia Ruskin. Justin Roberts es profesor asociado de salud y nutrición física en la misma universidad.


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