Juez abrió caso contra 9 marinos por desaparición, pero no ordenó detenerlos
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Foto: Alejandro Ponce

Juez abrió caso contra 9 marinos de 'élite' por desaparición forzada, pero no ordenó su detención

“No estoy conforme con la resolución. No se me hace justo ni lógico. ¿Cómo va a decir que pueden llevar su juicio en libertad?", reclamó la madre de una de las víctimas.
Foto: Alejandro Ponce
Por Alberto Pradilla y Arturo Ángel
6 de noviembre, 2020
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Más de dos años después de la desaparición en Nuevo Laredo, Tamaulipas, de Julio César Viramontes Arredondo, un Juez Federal consideró que existen indicios para señalar a nueve marinos. A pesar de las pruebas recabadas, el titular del juzgado de Reynosa, Tamaulipas, decidió no ordenar la aprehensión de los oficiales, todos ellos integrantes de la Unidad de Operaciones Especiales (UOPES) de la Armada de México. Esta es la primera ocasión que llega al tribunal una de las 34 carpetas de investigación abiertas por las desaparición forzosa y posible ejecución extrajudicial de 47 personas entre enero y junio de 2018, en la ciudad fronteriza.

“No estoy conforme con la resolución. No se me hace justo ni lógico. ¿Cómo va a decir que pueden llevar su juicio en libertad? Yo pienso que ellos en cualquier momento pueden desaparecer como tantos otros, simplemente no dar la cara o no seguir con esto. Para mí hubiera sido mejor que estuvieran presos y así obligarlos a hablar. A mí lo que más me importa es saber dónde está mi hijo”, dice Erika Arredondo, madre del desaparecido.

Entérate: ‘Es una simulación, no quieren investigar a la Marina’, denuncian por caso de desapariciones en Nuevo Laredo

El 29 de julio de este año, la Fiscalía Especializada en Investigación de Delitos de Desaparición Forzada de la Fiscalía General de la República (FGR) llevó ante un juez federal de Reynosa, Tamaulipas, las conclusiones iniciales de la carpeta de investigación FED/SDHPDSC/FEIDDF-TAMP/0000312/2018, una de las 34 iniciadas por las múltiples desapariciones forzosas ocurridas en aquel primer semestre de 2018 en Nuevo Laredo.

Los resultados obtenidos por la FGR fueron los siguientes: nueve elementos de la Unidad de Operaciones Especiales de la Armada, el grupo élite de la Marina, identificados con nombre y apellido, son los probables responsables de la desaparición forzada de Julio César Viramontes Arredondo, cuyo paradero, hasta el día de hoy, se desconoce. Al frente del operativo se encontraba Salvador Gerónimo Ramírez, oficial de Marina señalado tanto por esta investigación como por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) en su recomendación 36VG/2020, hecha pública en julio de este año.

Según las investigaciones, los marinos chocaron su vehículo contra el coche en el que transitaba Viramontes, lo capturaron y se lo llevaron al cuartel de la avenida Leona Vicario. Dos días después fue trasladado a otro cuartel, conocido como “El Laguito”, donde se le pierde la pista. Durante todos aquellos días, Erika Arredondo estuvo en el exterior pidiendo que le entregaran a su hijo, pero los uniformados le decían que ellos no lo tenían.

En un intento por encubrir lo sucedido, los marinos y sus mandos ocultaron el vehículo en el que viajaba la víctima y alteraron las bitácoras oficiales de los hechos, según el relato presentado ante el juez. Además, cuando declararon ante el Ministerio Público cayeron en contradicciones. Las mismas que también recoge la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) en su recomendación 36VG/2020, donde llama la atención sobre otro detalle: las placas de la camioneta en la que chocaron contra la víctima estaban alteradas y los marinos no dieron explicaciones creíbles sobre por qué trataban de esconderse.

Con estas pruebas, los fiscales de la FGR le pidieron al juez abrir el proceso penal correspondiente y girar las nueve órdenes de aprehensión en contra de los marinos para que, de esta forma, sean trasladados ante el tribunal y se les presenten los cargos.

Tras escuchar los argumentos en la audiencia privada realizada por videoconferencia, el juez decidió que la evidencia inicial era suficiente para abrir un proceso judicial, bajo la causa penal 155/2020. Sin embargo, y en un hecho inesperado para los fiscales, se negó la aprehensión de los marinos involucrados en los hechos.

Se acredita desaparición

“Considero que se acredita la posibilidad de la desaparición forzada… pero no veo argumentos que justifiquen la necesidad de cautela (para girar la orden de aprehensión). El argumento medular de que es un delito que amerita prisión preventiva automática no es suficiente”, señaló el juez en su resolución.

La “necesidad de cautela” referida por el juez es la condición que la ley contempla para obligar a una persona a presentarse a una audiencia inicial sin pedírselo antes voluntariamente. Para acreditar que existe tal “necesidad” deben justificarse riesgos como, por ejemplo, que las personas que serán imputadas escapen, o que pueden destruir evidencia, o que pueden poner en riesgo a víctimas y testigos de un caso.

Desde el punto de vista del juez nada de lo anterior se justificó en este caso. Descartó que existiera riesgo de fuga pues los marinos son elementos en activo que pueden ser citados a través de sus superiores como, en su momento, ya se presentaron cuando se les citó a declarar en calidad de testigos.

Sin embargo, quien fungía como principal jefe de la unidad en aquel momento, Marco Antonio Ortega Siu, está también bajo sospecha por aquellos hechos.

Sobre el posible riesgo para las víctimas o la evidencia, el juez dijo que en más de dos años de investigación no advierte que eso haya ocurrido, por lo que consideró que sin evidencia de los fiscales que pruebe lo contrario tampoco podía dar por bueno este requisito.

Así, rechazó ordenar la detención de los marinos y pidió a los fiscales explorar otras alternativas como citatorios u órdenes de presentación voluntarias, para que comparezcan ante el tribunal para escuchar los cargos.

En contra de esa determinación la FGR promovió un recurso de apelación el pasado 3 de agosto, al que se sumó una segunda apelación del asesor jurídico de las víctimas, integrante de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) presentada el 13 del mismo mes.

En dichas apelaciones, a las que Animal Político tuvo acceso, los fiscales y el abogado piden a un magistrado federal revocar la decisión del juez, y ordenar la aprehensión de los nueve marinos

En el caso de la FGR, el fiscal Lester Bautista calificó como una “incongruencia” el hecho de que el juez admitiera que hay evidencia inicial suficiente (como la alteración de las bitácoras) para sostener que los marinos pudieron perpetrar las desapariciones, pero que a su vez sostuviera que no existe riesgo de fuga con argumentos como que estos ya habían testificado antes.

“Las declaraciones previas (de los marinos) no garantizan que se vuelvan a presentar. En ese momento se les convocó cuando no sabían el motivo ni conocían la investigación. No puede compararse ese momento a ser citado ahora como probables responsables (…) menos aun cuando saben que es un delito que amerita prisión preventiva oficiosa” indicó el fiscal.

Bautista también tachó de “ilógico” el argumento del juez de que no existe riesgo de obstaculizar la investigación, pues dijo que la propia indagatoria inicial que valoró como acertada incluye pruebas de “ocultamiento y obstrucción” por parte de los efectivos de la Marina.

Por su parte el asesor de las víctimas asignado por la CEAV, Julio Cesar Pulido, ratificó en su apelación lo expuesto por los fiscales y además recordó que los implicados forman parte de un “grupo élite” de la Armada, por lo que cuentan con facilidad de desplazarse a cualquier parte del país y dificultar así su localización.

El hecho de que puedan ser citados a través de un superior como sugiere el juez, añadió el abogado, tampoco resulta conveniente debido a la gravedad del delito de desaparición forzada, que es considerado como un ilícito de lesa humanidad en donde el perpetrador son agentes del Estado. Y es el mismo Estado al que pertenecen también los superiores de los probables responsables.

Además, Pulido recordó que este no es un caso aislado, sino que se enmarca en un cúmulo de múltiples desapariciones más en las que habría participado la misma unidad de la Armada y donde hay más testigos y víctimas, razón suficiente para proceder con cautela en contra de los posibles involucrados.

La promoción de estas apelaciones provocó que el proceso en contra de los nueve marinos se detuviera temporalmente sin que, hasta ahora, se haya informado – al menos a las víctimas – de novedades.

Las apelaciones fueron turnadas al Magistrado federal Sabino Perez García, adscrito al Tercer Tribunal Unitario de Tamaulipas, según confirmó el Poder Judicial.

Contradicciones de los marinos y miedo de los testigos

Ajena a los procesos legales y sin recibir apenas información, Erika Arredondo está condenada a esperar. Antes de que se llevasen a su hijo vivía en Laredo, Texas, donde trabajaba en una tienda de ropa. Pero su vida se vino abajo y terminó por mudarse al sur del Río Bravo para estar más cerca de las investigaciones. Solo le queda la fe. Y el dolor al ver a sus nietos, que ahora tienen 6 y 8 años, a los que prometió que traería de vuelta a su padre. Dice que se siente culpable porque cree que no les ha cumplido. La desaparición de un ser querido pone la vida de sus allegados en suspenso.

“Yo no sé qué decir, ya no sé cómo explicarles que su abuelita no ha cumplido la promesa. Sí es algo bastante duro, porque ni siquiera tengo el valor de verlos tan seguido como quisiera. No quiero que me recuerden que no he cumplido. Entonces, yo pienso que yo he hecho todo lo posible, pero a veces creo… que no ya no sé ni qué, pero no sé cómo seguir con esto”, dice.

Hablar con Jessica Arredondo lleva a regresar a aquel día en el que su hijo iba en coche con otra persona a la que nadie ha identificado. A las 14 horas del 19 de febrero de 2018 entre las calles Bravo y Paz, en la colonia Buenavista de Nuevo Laredo, Tamaulipas. Ahí fue donde una camioneta de la Marina con las placas alteradas chocó con el Ford Focus negro en el que transitaba la víctima. Uno de sus ocupantes, el conductor, se marcha corriendo. El segundo, Viramontes Arredondo, se queda y es capturado por los marinos. No hay explicaciones sobre por qué fue detenido o qué hicieron con él. Simplemente, su pista se desvanece.

Según la recomendación de 36VG/2020 de la CNDH, donde viene reflejado un detallado relato de los hechos, los marinos permanecieron durante al menos dos horas en el lugar. Hubo testigos, pero nadie quiso dar su versión por miedo a represalias.

Entre los uniformados presentes en aquel operativo destaca uno en particular: Salvador Gerónimo, un oficial que viene mencionado tanto en la investigación de la FGR como en la recomendación de la CNDH. Él era el tipo al mando y el que se hizo responsable ante las autoridades de tránsito que se personaron al lugar. En aquel momento aseguró que daría parte a Alfredo Reyes Mondragón, el capitán de Fragata al mando de todo el operativo de la Marina en Nuevo Laredo. Este, sin embargo, negará posteriormente hacerse cargo del coche accidentado como aseguró su subordinado.

Como oficial responsable de la Marina, Reyes Mondragón estampa su firma en el parte de novedades del 20 de febrero en el que se hace mención al accidente pero se intenta desvincular de la Marina.

“Durante el citado recorrido se atendió reporte el C4, recibido a las 17:09 horas del 19 de febrero de 2018… …hora en que fue reportado 17:05 horas, de un vehículo abandonado en la calle Paz y Bravo de la colonia Buena Vista, al arribar al citado lugar a las 17:30 horas se encontró un vehículo Ford Focus , se entrevistó a una persona del sexo masculino quien respondió al nombre de… …junto con otra persona… …quienes manifestaron que habían chocado pero que ya les habían hablado a sus familiares para que les ayudaran a mover su vehículo, el cual ya no encendía y que no requerían ningún apoyo, por lo que el personal de la SEMAR, se retiró del lugar a las 17:40 horas”, dice el parte citado en la recomendación de la CNDH.

En realidad, el vehículo con el que chocó el coche en el que viajaba Julio César pertenecía a la Semar. Además, según oficiales de Tránsito que testifican en la recomendación de la CNDH, fueron marinos los que se llevaron el Ford Focus siniestrado.

Queda como testimonio también un ejemplar del periódico “La Tarde. El popular de la frontera” del 20 de febrero en el que se da cuenta del accidente y se asegura que los marinos amenazaron a los testigos y al propietario del vehículo que pedía una compensación. En la fotografía se puede ver la camioneta de la Semar con las identificaciones cubiertas con cinta aislante para evitar que la unidad fuera reconocida. Desde el día posterior a aquel siniestro Erika Arredondo busca a su hijo, sin éxito. Esas primeras jornadas, claves para cualquier investigación, las pasó la mujer deambulando entre los cuarteles de la Marina, la FGR y diversas oficinas oficiales, como queda constancia en la recomendación de la CNDH. Todos le negaron tener pistas sobre el paradero del joven.

“Espero que nada más digan dónde está, que me lo regresen, es todo lo que pido”, dijo Arredondo.

Mientras, no deja de pensar en esos tres días en los que llamaba a la puerta del cuartel y le decían que allí no tenían a nadie. Tres días en los que apenas un par de muros le separaban de él, antes de que lo desapareciesen para siempre.

“Yo sé que estuvo ahí. Yo sé que esos días que yo estuve ahí parada en el cuartel, mi hijo estuvo ahí”, recordó, angustiada.

Aquellos cuarteles ya no están en manos de los marinos. Tras los señalamientos por las desapariciones y la retirada de 257 efectivos en junio de 2018, el primero fue quemado intencionadamente y los otros dos pasaron al ejército. En agosto, familiares acompañados de elementos de la FGR inspeccionaron el cuartel. En marzo de 2019, después que fuese destruido, la Fiscalía General del Estado de Tamaulipas realizó una inspección con binomio canino para buscar restos. En ninguna de las ocasiones se reportaron hallazgos.

“Ya está comprobado. Sé que mi hijo estuvo ahí y mi coraje, mi impotencia, mi dolor, es ahora darme cuenta que estuvo ahí, a unos pasos de mí, y yo no lo vi yo no lo pude sacar. Sí es bastante doloroso, es algo que yo también no me puedo perdonar. Porque digo, hubiera hecho algo más”, dice Arredondo.

La mujer estuvo durante tres días peleando para que le dejasen entrar al cuartel, convencida de que allí tenían a su hijo. Estaba en lo cierto, pero apenas le dejaron asomar la cabeza. Ahora Julio César lleva casi tres años desaparecido, ella se siente culpable y los posibles responsables siguen en libertad.

Para la señora el proceso legal es tortuoso. Primero, porque denuncia que hubo autoridades que, en lugar de apoyarles, les señalaban como si las familias fuesen las responsables de algo.

“En vez de investigar a los marinos nos empezaron a criminalizar a nosotros, a nuestros familiares, diciendo que eran del crimen organizado, que andaban mal o que algo hicieron”, explicó.

Segundo, porque la relación con sus representantes legales y la fiscalía no ha sido fácil. Aunque ella recibe el apoyo del Comité de Derechos Humanos de Nuevo Laredo, una ONG dirigida por Raymundo Ramos, un activista local, su caso lo llevan abogados de la CEAV. Y ella no se siente ni que le atiendan ni que le expliquen bien por dónde va el caso. Más aún cuando parece que hay avances.

Ante la ausencia de las instituciones Erika Arredondo, junto con otras familias de desaparecidos, se organizaron en torno a un colectivo. Ellas fueron las que llevaron a cabo búsquedas y las que encontraron algunos cuerpos, siguiendo las pistas de los vecinos que les decían por dónde marcharon los marinos. Ellas son las que siguen reclamando que se siga buscando a los desaparecidos y que se investigue y se condene a los culpables.

Miedo a testificar

“Yo lo único que quiero es que me digan dónde está mi hijo. Que si le hicieron algo que me diga dónde lo dejaron. O, sí está vivo, que me digan dónde buscarlo. En realidad, no se puede pedir justicia. Porque no hay. Espero que nada más digan dónde está, que me lo regresen, es todo lo que pido”, dijo, desesperada, Arredondo. Los últimos años no han sido fáciles. A la criminalización por parte de las autoridades y sentirse ignorada por quienes deberían buscar a su hijo se le suma la sensación de inseguridad. De que ella podría ser la siguiente solo por buscar respuestas.

“Esto es desgastante. Yo tuve que cambiarme de casa varias veces. De hecho, ahorita yo no tengo un lugar estable. Porque sigo cambiándome de casa por miedo a represalias. Sí tiene uno miedo, porque en realidad no sabes con qué clase de gente te estás metiendo”, explica.

“A los marinos no se les puede tocar, no se les puede hacer nada y aún aunque sean culpables, que tienen todas las pruebas para encerrarlos”, se queja.

El juez de Reynosa aseguró que no hay riesgo para las víctimas y que por eso deja a los marinos sospechosos en libertad. Arredondo no está de acuerdo. No es la única. Algunas de las víctimas denunciaron que los marinos les hostigaron cuando interpusieron sus denuncias. Que además de desaparecer a un ser querido, se paseaban, amenazantes, por las inmediaciones de sus viviendas.

Al menos una de las personas que fue testigo de una de las desapariciones fue víctima de un secuestro que atribuye a la Marina. En la recomendación de la CNDH esta persona relata cómo la secuestraron al salir de su casa y fue torturada durante tres días (entre el 23 y el 26 de mayo de 2018).

En entrevista con Animal Político, la víctima, que pidió anonimato por miedo a ser nuevamente capturada, vinculó su detención ilegal por haber presenciado la desaparición de Adolfo Ángel Chigo Villegas, de 14 años, capturado por elementos de la Semar el 1 de abril y todavía en paradero desconocido.

“Di mi declaración ante FGR y a los tres días los coches de la Marina empezaron a rondar por mi casa”, explicó.

Según su testimonio, durante tres días estuvo en manos de los presuntos marinos, que le amenazaron de muerte si no abandonaba las protestas que en aquellos momentos se desarrollaban contra los marinos y pidiendo la localización de los desaparecidos, entre ellos Chigo Villegas.

En su recomendación, la CNDH consideró que la participación de los marinos en la detención y tortura de esta persona es una línea de investigación en la que debe trabajarse.

“No tenemos seguridad sobre los testigos y, en estas circunstancias, no podemos presentar a ninguno”, aseguró Raymundo Ramos, presidente del Comité de Derechos Humanos de Nuevo Laredo. El activista acompaña a un grupo de víctimas desde que se produjeron los hechos. Sin embargo, dice que tiene miedo de presentar más testigos, que las autoridades no le dan garantías de que su vida vaya a estar protegida.

Una luz en medio del abandono

Desde que ocurrieron los hechos, los familiares de las personas desaparecidas y muertas en Nuevo Laredo se sienten abandonados por las autoridades. Aunque desde julio han recibido dos buenas noticias. La primera, la recomendación de la CNDH 36VG/2020 que señaló a 20 integrantes de la Unidad de Operaciones Especiales de la Marina y a funcionarios de los gobiernos de Nuevo Laredo y Tamaulipas como responsables de la desaparición forzosa y posible ejecución extrajudicial de 27 de las víctimas. La segunda, la judicialización de la primera de las 34 de carpetas de investigación que analizan 47 crímenes perpetrados en Nuevo Laredo en el primer semestre de 2018.

Pero incluso en estas ocasiones el vaso está medio vacío. Que los marinos no fuesen arrestados fue un duro golpe para la familia Arredondo y, por extensión, al resto de sus compañeras. Tampoco han recibido información sobre el cumplimiento del mandato de la CNDH. Es decir, que el señalamiento era claro, pero a la hora de tomar medidas, la institución que dirige Rosario Piedra Ibarra tampoco ha dado paso alguno.

La Marina, por ejemplo, aseguró aceptar la recomendación, pero en una respuesta a Animal Político limitaba su actuación a las búsquedas. Es decir, que la institución a la que pertenecían los acusados de llevarse a las víctimas solo se comprometen a ayudar en la búsqueda de hombres y mujeres que ellos presuntamente hicieron desaparecer.

Tampoco hay noticias sobre la reparación integral del daño de los 27 afectados que vienen en la recomendación. Ninguna institución se ha comprometido a pagarles. Habitualmente, cuando los responsables de violaciones a los derechos humanos no abonan las indemnizaciones, se hace cargo el Estado de forma subsidiaria a través de la CEAV. Pero esto era antes de la extinción de los fideicomisos. Así que no saben si les garantizarán las compensaciones económicas.

Por último, queda pendiente una disculpa pública que deberían hacer entre el gobierno municipal de Nuevo Laredo, el gobierno estatal de Tamaulipas y la Marina. Hasta el momento tampoco hay avances.

Para Erika Arredondo, lo fundamental es que le devuelvan a su hijo.

“No estoy conforme con la resolución que hizo el juez. Se he hace ilógico. ¿Cómo va decir que pueden llevar su juicio en libertad? Dice que son personas públicas y están a disposición cuando nosotros queramos, cuando sabemos que no es así. Yo pienso que ellos en cualquier momento pueden desaparecer, como tantos otros, simplemente no dar la cara o no seguir con esto. Para mí hubiera sido mejor que estuvieran presos y así obligarlos a hablar”, explicó sobre su caso. Pero antes de la justicia está la verdad, saber qué es lo que ocurrió. “A mí lo que más me importa es saber dónde está mi hijo”, reitera.

Hay otros hombres y mujeres en su misma situación. Quieren justicia, por supuesto. Pero la principal urgencia es saber qué ocurrió, dónde se llevaron a sus familiares y qué hicieron con ellos.

En el caso de Julio César Arredondo al menos hay una pista. Ahora mismo hay nueve marinos en libertad que podrían saber dónde se encuentra. Hasta el momento no han dicho ni una palabra sobre qué pudo ocurrir con el joven.

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Los niños que olvidaron leer y escribir durante la pandemia de COVID-19

Unicef reclama que solo en América Latina 86 millones de menores no han vuelto a clases. Se les ha comenzado a llamar "la generación perdida".
28 de septiembre, 2021
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Ya los llaman “la generación perdida”: Naciones Unidas señaló en un informe reciente que cerca de mil millones de menores alrededor del mundo están en riesgo de tener una “pérdida de aprendizaje” significativa a causa de las interrupciones en la asistencia a la escuela durante la pandemia del covid-19.

Y la advertencia va mucho más allá: en muchos países el sistema de educación está a punto de colapsar, si además de la pandemia se suman otros factores como el cambio climático y los conflictos internos.

Un ejemplo de esta crisis que reporta la ONU es lo que ocurre en India.

La periodista de la BBC Divya Arya pudo comprobar que niños en varias regiones de este país asiático “se han olvidado de leer y escribir” debido a que se han visto impedidos de asistir a la escuela en el último año.

Arya expone el caso de Radhika Kumari, de 10 años, a quien básicamente se le olvidó escribir debido a que “estuvo 17 meses” fuera de las aulas.

Radhika vive en el estado de Jharkhand, donde la brecha digital es enorme. Y cuando la pandemia del covid-19 obligó al cierre de las escuelas, muchos niños de las escuelas públicas no tuvieron acceso a dispositivos que les permitieran continuar con su educación de manera remota.

“Fue realmente impactante descubrir que, de 36 niños matriculados en un solo curso de nivel primario, 30 no podían leer una sola palabra“, le explicó a la BBC el economista Jean Dreze, quien analiza la situación en esta región de India desde que los estudiantes pudieron regresar a clases.

Vishnu reads aloud to Radhika.

BBC
En algunos sectores de India hay niños que estàn olvidando leer y escribir debido al cierre de escuelas.

“Si no te olvidas de leer y escribir, que te atrases un poco puede remediarse. Pero si te olvidas de los conceptos básicos, ahora que regresas a clases y te hacen avanzar al siguiente curso la brecha va a ser peor“, agrega.

Alumnos latinoamericanos

En Latinoamérica el panorama es similar: de acuerdo con un informe presentado por Unicef hace una semana, cerca de 86 millones de niños aún no han retomado las clases, lo que pone en riesgo el progreso de su aprendizaje y los niveles de conocimientos previamente adquiridos.

Durante los últimos 18 meses, la mayoría de los niños, niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe no han visto a sus profesores o amigos fuera de una pantalla. Los que no tienen Internet, directamente no los han visto”, explicó Jean Gough, directora regional de Unicef para América Latina y el Caribe.

Y añade que no solo existe el riesgo de que los niños dejen de aprender las competencias básicas para su vida, sino de que incluso no regresen nunca a la educación formal.

La educación virtual debe continuar y mejorar, pero está claro que durante la pandemia las familias más marginadas no han tenido acceso al aprendizaje”, añade la especialista.

La realidad es aún más acuciante entre los grupos más vulnerables, donde la deserción escolar era una problemática previa a la pandemia.

“Cada día fuera de las aulas acerca a los niños, niñas y adolescentes más vulnerables a la deserción escolar, la violencia de las pandillas, el abuso o la trata de personas”, añade.

“Fracasó mi colegio”

Para muchos de los alumnos y alumnas, durante estos últimos 18 meses “no se ha aprendido nada”.

En BBC Mundo hablamos con algunos escolares en partes de América Latina que se han visto afectados por la falta de conectividad y la baja asistencia escolar durante la pandemia.

Uno de ellos es Richard Guimaraes. Él tiene 15 años y vive en San Rafael, una comunidad indígena ubicada a dos horas y media de la ciudad Pucallpa, en el Amazonas peruano.

Richard quiere ser diseñador gráfico.

“Mis papás hacen artesanías y yo he aprendido a tejer y a hacer varias cosas que vendemos en el mercado”, le cuenta BBC Mundo.

Richard en su casa.

UNICEF
Richard Guimaraes vive en la regiòn amazónica de Perú.

“Y quiero aprender a hacerlas mejor”, confiesa.

Hace un año, Richard estaba cursando cuarto grado de bachillerato cuando la pandemia del covid-19 irrumpió con fuerza inusitada en el Perú y obligó a poner la vida en pausa.

En este último año y medio no aprendí nada. La pandemia hizo que fracasara el colegio“, se queja.

Antes de la pandemia, iba a clases desde las 7:30 de la mañana hasta el mediodía.

“En ese horario, durante la semana veíamos 12 materias”, recuerda.

Pero una vez comenzó la pandemia y las clases se suspendieron, las cosas se volvieron más difíciles.

“Pasamos de 12 materias a solo seis”, relata. El sistema establecido para remediar la crisis funcionaba así: cada mes los maestros venían a su localidad, les dejaban una especie de cartillas y ellos las tenían que resolver y enviar las respuestas a través de WhatsApp.

Arte, que es su clase favorita, se redujo a dibujos que hacía en casa y que le enviaba a su profesor por el móvil.

Mi papá vive de las artesanías y de vender plátanos, vivimos en una zona muy alejada, por lo que es difícil poder acceder a internet”, relata.

Como muchos de sus maestros no vivían cerca de su comunidad, solo los podía contactar por teléfono cuando se conectaba a internet. Además, algunas de las cartillas le parecían confusas y a veces hasta inentendibles.

Clases cerradas

Getty Images
Unicef señala que en América Latina y el Caribe 86 millones de niños aún no han regresado a las aulas.

El aumento de la desigualdad

Para muchos expertos en psicopedagogía y procesos educativos, es claro que los niños necesitan volver a las aulas lo más pronto posible.

La desaparición de este espacio de aprendizaje y socialización ha sido para muchos niños y niñas – especialmente entre familias de menor nivel sociocultural- “una catástrofe”.

“La verdad es que, en materia de conocimientos, un año y medio, casi dos de pérdida de clase porque la realidad es que los niños están volviendo a una escolarización muy precaria, es una catástrofe, que además va a costar mucho tiempo superar”, le dice a BBC Mundo Guillermina Tiramonti, especialista en educación e investigadora de Flacso Argentina.

Hay muchos niveles en este tema, pero pongo un ejemplo: un chico que estaba en primer año de primaria antes de la pandemia, y aún no había logrado aprender a leer, ahora que regresó al colegio debe finalizar el segundo grado sin haber aprendido a leer o escribir”, señala.

Para la académica, no solo se trata de los contenidos que no han sido aprendidos o incorporados sino de algo más importante: recuperar el hábito de aprender.

“La pérdida del conocimiento no es solamente no haber aprendido determinados contenidos, sino el hecho de perder el ritmo, el hábito, la rutina escolar”, apunta.

Lo explico en relación con un elemento muy simple como los códigos lingüísticos. Los niños de los sectores más bajos socio culturalmente no están acostumbrados a estos códigos complejos y solo tienen acceso a ellos en la escuela, donde son fundamentales para luego poder avanzar en el conocimiento. En la casa no tienen acceso a ellos”.

Para los niños que no están expuestos a ese tipo de códigos durante dos años, el retroceso cognitivo es muy grande, concluye Tiramonti.

salones cerrados en una escuela

Getty Images
Para varios analistas se deben crear proyectos especiales para recuperar el tiempo perdido durante la pandemia.

Revisar los objetivos

A medida que se van levantando las restricciones de la pandemia en distintas regiones, la reapertura de las escuelas se ha vuelto una prioridad de muchos gobiernos. A la fecha, el informe de la ONU señala que 47 millones de niños han regresado paulitinamente a las aulas.

Y la siguiente etapa también se pone en evidencia el gran desafío de poner al día a los niños con los objetivos que se debieron aprender durante este año y medio.

La educación de los niños y las niñas se perdió en un esfuerzo por proteger las vidas de toda la población ante el coronavirus“, explica Irma Martínez, experta en temas de educación de Human Rights Watch.

Pero si de toda crisis surge una oportunidad, este es el momento de replantear algunas de las premisas de la escolarización y el sistema educativo como un todo, señalan los expertos.

“El objetivo no debería ser simplemente volver a como eran las cosas antes de la pandemia, sino arreglar los defectos de los sistemas que durante mucho tiempo han impedido que las escuelas sean abiertas y acogedoras para todos los niños y niñas”, agrega Martínez.

En este tema, Tiramonti es categórica: “No podemos volver a la escuela y hacer como si nada hubiera pasado”, le dice a BBC Mundo.

“Es necesario hacer evaluación, ver qué pasó con los niños, cuáles son las pérdidas, cuáles son las problemáticas de aprendizaje que tienen y armar un programa para que recuperen aquellos conocimientos que son básicos para poder seguir una trayectoria escolar”.

Se necesita trabajo muy profesional para elaborar un proyecto de recuperación“, anota.

Hace menos de un mes, Richard Guimaraes es uno de decenas de miles de alumnos que volvieron a a las aulas después de casi un año y medio.

Y aunque está contento, siente en carne propia los desafíos: “Ahora estamos viendo las materias que dejamos de ver en la pandemia y es difícil seguir el ritmo. Es como empezar de nuevo”.


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