La última milla: ¿cómo se vive la pandemia en zonas rurales?
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Cuartoscuro Archivo

La última milla: ¿cómo se vive la pandemia en zonas rurales?

En comunidades como Las Margaritas, en Durango, hay un nivel de acceso bajo a los servicios de salud e información.
Cuartoscuro Archivo
Por Erandi Ramírez, Santiago Vázquez, Regina Lopez-Puerta y Fernando Balcázar
2 de noviembre, 2020
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Rocío Palacios es una mujer de 23 años que habita en el Rancho Las Margaritas, comunidad perteneciente al municipio de Súchil, Durango, en donde trabaja como empleada doméstica. Desde que empezó la pandemia de coronavirus, la joven se ha mantenido informada a través de la televisión, su medio principal de información, pues en el rancho el acceso a la información es limitado debido a la ubicación de la comunidad, escondida entre las montañas, que dificulta el acceso a la señal telefónica y de internet. Los servicios más básicos, como la electricidad, llegaron hace apenas una década. Anteriormente, los habitantes tenían que subsistir con plantas de diesel para generar luz. Pero no solo el acceso a la información es complicado, sino también el acceso a la salud.

Entérate: Sin internet, tele o radio, tres hermanos en Chiapas terminan el año escolar solo con un celular

La familia de Rocío es una de las afortunadas que son derechohabientes al seguro social en la localidad; Palacios asegura que solo 5 familias del rancho cuentan con ese privilegio, ya que las demás se rehúsan a aceptarlo porque dicen no confiar en las instituciones. Aunque el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) no cuenta con datos específicos sobre Las Margaritas, los números sobre Súchil parecen confirmar lo dicho por Rocío: el 75.5% de la población en el municipio tiene carencia por acceso a la seguridad social.

Sin embargo, contar con un seguro social no significa tener una buena oportunidad de acudir a un centro de salud: el más cercano a Rocío le queda en el municipio de Mezquital, a 3 horas en auto. De presentar algún síntoma o complicación de covid-19, este sería al lugar donde irían.

Las declaraciones de Carlos Gutiérrez, de 71 años, socio de la empresa ganadera donde trabajan la mayoría de los habitantes de la comunidad, coinciden con las de Rocío, en cuanto a la salud como a la información. «(Los habitantes) tienen acceso a toda la información, por medio de la televisión.». En cuanto a la oportunidad de acceder a los servicios de salud del IMSS, Gutiérrez comenta «…aquí se les ofrece, por parte de la empresa, el que tengan seguro social, pero se rehúsan; el motivo, no sé por qué […] Existía el Seguro Popular, que ahí estaban inscritos algunos, pero con nuestro nuevo gobierno federal eso se eliminó.».

Los habitantes de Las Margaritas insisten en el pobre acceso a los servicios de salud e información que tienen en su comunidad. Sin embargo, dicen tener conocimiento de lo que está pasando, pues acceden a las noticias mediante la señal que llega a las antenas de televisión. Con esta información, se han tomado medidas para evitar la propagación del virus, restringiendo entradas y salidas de la comunidad. Al inicio de la pandemia, cuando los habitantes requerían víveres, estos eran encargados a personas fuera de la comunidad, quienes se los llevaban hasta el pueblo; ahora que ha avanzado la contingencia, algunos habitantes acuden cada mes a Vicente Guerrero a adquirir los propios.

Si alguna persona dentro del rancho, aun con las medidas que se han implementado, llegara a presentar síntomas, tendría que pasar por una larga, tortuosa y complicada travesía. Los dos hospitales más cercanos están a 50 y 80 kilómetros, respectivamente, y para llegar a ellos hay que pasar por un camino complicado. Derrumbes y zonas con el pavimento en condiciones deplorables son algunos obstáculos que hacen que el recorrido sea demasiado largo para llegar al hospital más cercano.

De acuerdo al Programa Nacional de Conservación de Carreteras, en el 2019 se asignaron 13,540,00.00 MXN a la renivelación y riego de sello a la carretera Durango-Mezquital. Sin embargo, en julio de 2020, la carretera seguía en mal estado.

Una vez superada semejante odisea de caminos de terracería (que se complican aún más con las tormentas torrenciales en la época de lluvias), cuando el paciente llega al centro médico se enfrenta a otro gran desafío: los hospitales no cuentan ni con lo básico. De acuerdo con Wendy Rosales, trabajadora doméstica de 26 años, comenta que la mayoría de las personas que atienden están haciendo sus pasantías, lo que significa que aún no han obtenido una cédula profesional que los certifique como médicos.

La situación en los municipios cercanos no es muy diferente: en el caso de Vicente Guerrero es del 62.7% y en el Mezquital 92.2% de la población tienen carencias por acceso a seguridad social, mientras que el promedio estatal es de 70.6% y en la capital del estado apenas llega a 46.4%.

Pero el porcentaje de la población afiliada a estas instituciones no es la única diferencia. Si se consideran los tipos de clínicas que hay en cada uno de estos municipios, la desigualdad se hace más evidente. Así lo notan Wendy y Alejandro, ganadero en Las Margaritas. Ambos explican que acudirían a la capital estatal antes que a alguno de los municipios cercanos en caso de que ellos o un familiar presente síntomas graves de covid-19.

La razón de Wendy para ir a la capital si se presentaran síntomas graves es la cantidad de medicamentos, que considera mayor en los hospitales de esta ciudad. Por otra parte, Alejandro, quien se dedica a la ganadería y es padre de una hija, hace referencia a la atención que se tiene en estos municipios: «Ahí no hay atención médica para ese virus», dice mientras trabaja en su caballo.

Y es que la gente de Las Margaritas no ha dejado de trabajar. Debido a que la comunidad está geográficamente aislada, no se está realizando una cuarentena formal; sin embargo, sí se les ha pedido a los habitantes pasar el mayor tiempo posible en casa, lavarse las manos con frecuencia y utilizar gel antibacterial. Pero Wendy comenta que las medidas en Las Margaritas no se siguen tan rigurosamente, y que no es necesario hacerlo: «Aquí en el rancho no somos tanta gente, todos estamos al aire libre.».

La vida dentro de la comunidad parece no haber cambiado mucho. Incluso antes de la pandemia, los problemas ya estaban presentes: falta de seguridad social, hospitales lejanos y caminos peligrosos. Pero Las Margaritas no es un caso aislado; en México existen 1,031 municipios con mayores o iguales niveles de pobreza.

Esta historia es parte de la iniciativa Voces en Red misma que fue posible gracias al apoyo de USAID.

Referencias:

(2015). Directorio de Unidades Médicas. Abril 19,2020, de Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado Sitio web: https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/423/unidadesmedicas.pdf

(2015). División municipal. Abril 19,2020, de Resultados de búsqueda Resultado web con enlaces de partes del sitio Instituto Nacional de Estadística y Geografía Sitio web: http://cuentame.inegi.org.mx/monografias/informacion/dur/territorio/div_municipal.aspx?tema=me

Directorio de instalaciones del IMSS. Abril 19, 2020, de Gobierno de México Sitio web: http://www.imss.gob.mx/directorio/

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Lucie Vildnerova

'Salí de vacaciones de Polonia y terminé quedándome toda la pandemia en Colombia porque acá encontré familia'

Joanna Zdanowska, una polaca de 47 años, era una de las turistas que estaba en Colombia cuando empezó la cuarentena. Y se quedó a gusto porque, según dice, encontró familia en un pequeño pueblo de la costa caribeña del país.
Lucie Vildnerova
4 de enero, 2021
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Joanna Zdanowska, una polaca de 47 años, era una de las turistas que estaba en Colombia cuando empezó la cuarentena por la pandemia de coronavirus.

A diferencia de cientos de extranjeros que volvieron a su país, elladecidió quedarse en un país cuya naturaleza enamora con facilidad.

Su relato, presentado en este texto que resultó de una conversación con BBC Mundo, es prueba de que el virus, además de trágico, abrió la puerta para muchas experiencias e historias positivas.


En agosto de 2020, cuando en Colombia anunciaron el fin de la cuarentena estricta, nosotras ya nos queríamos quedar donde estábamos. No queríamos que nada cambiara.

Mis amigos turistas y yo, que vinimos a América Latina a viajar antes de que empezara la pandemia, encontramos en Palomino, en la Costa Atlántica colombiana, un hogar.

Palomino es un pequeño pueblo muy cerca de una hermosa playa llena de palmeras que se prolonga por varios kilómetros.

En marzo, apenas empezó todo, yo no quise irme a Polonia, como hicieron algunos de mis compañeros, porque tenía la esperanza de que pronto podría seguir viajando.

Pero luego pasaron dos semanas y prolongaron la cuarentena. Y dos más. Y más. Y así hasta que nos quedamos ocho meses en un pueblo al lado de la playa sin poder nadar en el mar.

Estábamos en un hostal y todos los restaurantes y bares estaban cerrados. No había nada para hacer.

Con el tiempo se fueron yendo los turistas y solo quedamos algunos pocos. Pero con los días fuimos conformando una familia de unas quince personas con una relación muy íntima con los dueños de los hostales donde estábamos.

Salí de vacaciones de Polonia y terminé quedándome toda la pandemia en Colombia porque acá encontré familia.

Atrapada a gusto en Colombia

En 2019, decidí tomarme un año sabático porque me aburrí de Polonia, donde además tengo un apartamento que genera renta y me permite viajar tranquila.

Estuve en México y Cuba. Luego tenía el plan de viajar dos meses por Colombia, un país que recomiendan mucho para el turismo. Me quedé 10 meses y sigo contando.

Cuando viajas conoces muchas personas, pero normalmente los ves máximo una semana. Pero cuando vives con alguien seis meses, se genera una relación única.

Turistas en Palomino

Joanna Zdanowska
Los turistas que se quedaron en Palomino toda la cuarentena se convirtieron en miembros y colaboradores de la comunidad.

Porque ninguno trabajaba, entonces pasábamos todos el día juntos. Nos sentimos como en vacaciones permanentes.

Cada día había actividades con la gente local para apoyarnos unos a otros. Nos cocinaban. Algunos trabajaban para los hostales, otros aprendieron a surfear, había una chica que empezó a dar clases de español por internet.

En la casa donde yo me quedé, por ejemplo, había una familia de venezolanos con dos niños que descubrieron que nosotras las tratábamos mejor que sus padres. Entonces pasaban el día con nosotras. Yo les compré libros y les leía cuentos. Les mostraba videos en YouTube. Ahora los niños dicen que nosotras somos sus madres. Eso te rompe el corazón.

Lo que aprendí

Lo mejor de haberme quedado tanto tiempo aquí fue que pude conocer bien a la gente del pueblo, una experiencia que no tiene nada que ver con uno ve en el sector turismo.

Una de las experiencias más extraordinarias que tuve fue cuando fui a un pueblo de arhuacos, un grupo de indígenas que viven en la Sierra Nevada de Santa Marta y han tenido muy poco contacto con culturas occidentales.

Tuvimos que salir a las 4 de la mañana. Nos dijeron que eran 8 horas caminando pero cuando levábamos 9 horas aún no llegábamos. Pensamos que este lugar no existía. A las 10 horas finalmente llegamos, sin poder hablar del cansancio. Y nos quedamos ahí con nuestras hamacas.

Nos dieron su casa más grande. Nos quedamos tres días.

Joanna Zdanowska

Joanna Zdanowska
Joanna dice que los tres días que estuvo en un pequeña villa de indígenas le cambió su forma de pensar.

Esta experiencia cambió mi pensamiento, descubrimos algo que puede ser obvio pero nunca lo habíamos vivido: que no necesitamos nada para ser feliz.

Nos cobraban 50 dólares por cada uno de nosotros cinco. Cuando vimos las condiciones en las que viven los indígenas, decidimos no negociar nada, porque duermen en el suelo, cocinan en el fuego, no hay electricidad, ni gas, todo es muy básico; comen solo cosas que tienen ahí en su finca: yuca, plátano, arroz.

Son cosas muy básicas que me enseñaron mucho y me dieron ganas de seguir viajando, y quizá buscar aprovechar mi experiencia de 14 años en la televisión polaca en alguno de estos países. Creo que es buen momento para vender producciones que ya están listas y no necesitan más que subtítulos o doblaje.

Palomino

Joanna Zdanowska
Palomino es uno de los tantos paraísos de Colombia.

Con mi familia no necesito tener contacto físico. Lo único que me hace falta es ver al hijo de mi hermana, que solo vi cuando tenía un año. Pero hablamos mucho.

Y ahora la situación en Polonia es muy fuerte: en coronavirus Colombia y Polonia son países vecinos. Pero, además, ahora el gobierno en mi país es muy conversador y tengo la impresión de que estamos como hace 30 años: no aceptan la sociedad LGTBI, el aborto es tema de guerra, millones de personas están en la calle protestando.

Además allá es invierno. Y no es que me haya acostumbrado al clima de acá. Cuando hace 38 grados me molesta. Pero estar solo en chancletas y vestido corto en lugar de cinco kilos de ropa te relaja. Y eso me gusta de Palomino.


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