Mexicanos desconfían de salud pública, pero no pueden pagar atención privada
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Andrea Paredes y Jesús Santamaría

Mexicanos desconfían de servicios de salud públicos, prefieren los privados aunque no pueden pagarlos

De acuerdo con una encuesta del World Justice Project el 64.7% dijo que elegiría acudir a un hospital privado si tuviera síntomas de COVID, pero más del 70% aceptan que sería muy difícil cubrir los gastos de la atención privada.
Andrea Paredes y Jesús Santamaría
17 de noviembre, 2020
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Cuidar a Cleotilde, una mujer de 87 años que pasa la mayor parte del tiempo acostada en una camilla, representa una inversión fuerte para su familia. Pese a que cuenta con seguridad social, sus hijos prefieren rentar equipo médico para que se atienda en casa, con doctores particulares.

Desde hace aproximadamente tres años, entre sus nueve hijos han gastado más de cien mil pesos en la atención médica de la mujer, que vive con problemas de salud relacionados con dolores crónicos que afectan sus nervios y con heridas que aparecen en su cuerpo a causa de que ha perdido movilidad en la parte inferior del cuerpo.

Su familia decidió que es preferible pagar servicios particulares, principalmente porque a Cleotilde le da desconfianza que la lleven a atenderse en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), dependencia de la que es derechohabiente.

Lee: Los mitos del gobierno mexicano sobre la pandemia II: las muertes por COVID se explican por las condiciones de salud previas de los mexicanos

De acuerdo con su hija Guadalupe, cuando aparecen los fuertes dolores o se enferma del estómago o la garganta, la mayoría de las veces recurren a un médico con consultorio propio en la misma colonia del pueblo de Xochimilco donde viven. Para atender las heridas que le salen en el cuerpo debido a la poca movilidad que tiene, deben buscar médicos especialistas, que son más caros.

Ahora, con la pandemia de COVID, para no exponer a Cleotilde, la familia paga para que los médicos acudan a su domicilio para las revisiones, por lo que los honorarios se incrementan a 300 pesos por una consulta general, y hasta mil 500 pesos cuando se trata de la visita del especialista, más los medicamentos que deben suministrarle.

“Llevamos más de 100 mil pesos invertidos, pero tuvimos que recurrir a los servicios particulares porque el hecho de decirle a mi mamá que la íbamos a llevar al Seguro le daba pánico, por la experiencia que vivió con su esposo, que se atendió en sus últimos años en servicios públicos, pero ya enfermo no pasó mucho tiempo internado cuando falleció”, cuenta Guadalupe.

Para la mayoría de las familias en México resulta difícil cubrir los gastos de atención a la salud en servicios particulares, aunque en caso de enfermar dicen preferir ser atendidos en servicios de paga, más aún en un momento de contingencia sanitaria como la pandemia de COVID.

Según la *Encuesta de Acceso a la Salud y Estado de Derecho en el marco del COVID-19 del World Justice Project, el 70.7% de las personas en México señalan que sería muy difícil o algo difícil cubrir los gastos de un médico u hospital privado. En el caso de los consultorios adyacentes a farmacia, otra modalidad de estos servicios de paga, solo el 34.7% consideró que tendría dificultades para pagarlo.

A estas dificultades se suma que la pandemia de COVID-19 y los cambios sociales resultado de la misma han impactado de manera desigual en la vida de las personas, principalmente en el ámbito de la salud.

De acuerdo con World Justice Project, la crisis de salud pública se suma a los retos existentes en materia de Estado de Derecho en México, que debería contribuir a la erradicación de las causas estructurales que subyacen en las prácticas discriminatorias y desigualdad en los servicios públicos. Algo que actualmente no sucede.

En el caso de la familia de Cleotilde, pese a las dificultades que representa pagar tanto, Guadalupe dice que la inversión en la salud de su madre vale la pena, porque en casa tiene “los cuidados que en el Seguro Social no le van a dar”.

El negocio de la salud

Hace 10 años, en 2010, una reforma gubernamental derivó en el establecimiento masivo de consultorios adyacentes a farmacias, luego de que se volviera obligatoria la presentación de una receta médica para poder comprar antibióticos.

Laura Flamand, coordinadora de la Red Desigualdades del Colegio de México, explica que este “modelo de negocio” brinda aproximadamente 6 millones de consultas al mes en todo el país, mientras el IMSS, subsistema que cuenta con más derechohabientes, mensualmente da 8 millones.

“Son de bajo costo, están ubicados de manera muy cercana a los domicilios en localidades urbanas y son de acceso inmediato. En la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2018, realizada por el INEGI, los consultorios adyacentes fueron los mejor calificados en cuanto a proximidad geográfica y tiempo en que tardan en atenderte”, señala la investigadora.

Entérate: Salud ya había usado en 2019 el fondo de enfermedades graves para comprar insumos básicos como jeringas y jarabes

Mientras en los servicios públicos las citas a los pacientes se dan con una periodicidad de entre un mes y hasta seis meses, el tiempo de espera para ser atendido en un consultorio de farmacia es de menos de 25 minutos.

Sin embargo, estos establecimientos tienen algunos problemas: “Para empezar hay un conflicto de interés muy fuerte, porque el médico en ese consultorio adyacente quiere que la persona compre medicamentos en la farmacia”.

“Si vas a un consultorio adyacente, el 67% de las veces te recetan tres medicamentos”.

Además, de acuerdo con un artículo del doctor Miguel Ángel Lezana Fernández, publicado en la Revista de la Comisión Nacional de Arbitraje Médico (CONAMED), la Comisión Federal de Prevención de Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) ha encontrado que el 52% de estos consultorios no da aviso de enfermedades contagiosas obligatorias al Sistema de Salud federal. En el 32% de los casos, el responsable sanitario ni siquiera cuenta con título de médico.

En ellos, las consultas suelen tener un costo de entre 30 y 70 pesos, aunque en algunos negocios la aportación a los honorarios de la o el médico es voluntaria.

Flamand explica que ello se debe a que “contratan a los médicos en condiciones terribles. La fundación Best, que es la que cuenta con más consultorios adyacentes a farmacia, les da los locales mediante un arreglo de comodato. Les prestan los espacios a cambio de que paguen los insumos que ocupan, como jeringas o gasas, y están obligados a dar una prescripción excesiva de medicamentos”.

En el caso de los consultorios adyacentes a farmacia propiedad de los médicos, estos cuentan con mejores condiciones para el titular del negocio y sus pacientes, pero en general, señala la investigadora, la infraestructura de estos es de baja calidad.

Mercedes López, quien tiene un consultorio adyacente a farmacia propio en Tulyehualco, Xochimilco, cuenta que a partir del inicio de la pandemia de COVID la gente dejó de acudir a atenderse por miedo a contagiarse de coronavirus, lo que ha mermado su economía, que de por sí se vio afectada porque ahora debe comprar productos para desinfectar el local y para protegerse.

Entérate: Estas son las ‘recomendaciones’ falsas, verdaderas y manipuladas sobre COVID-19 que se comparten por WhatsApp

“Se ha incrementado el gasto porque se tiene que desinfectar todo. Para revisar a un paciente a veces se tiene que hacer cambio de guantes hasta tres veces, y tengo que comprar aerosoles desinfectantes, además de mis cubrebocas”, señala en entrevista con el medio.

Por ahora sobrevive de las consultas que aún con la pandemia le requieren los vecinos de Tulyehualco, aunque por el temor que les provoca contagiarse de COVID en el consultorio, cada vez es más común que le pidan acudir a sus domicilios. Entre sus pacientes, dice Mercedes, ha tenido algunos con síntomas de coronavirus.

En la encuesta realizada por World Justice Project (WJP), el 34.7% de las personas señalaron que, en caso de presentar síntomas de COVID sería mucho o algo probable que acudan a atenderse en un consultorio adyacente a farmacia. El 64.7% dijo que elegiría acudir a un hospital privado.

Acerca de la percepción que tienen los mexicanos de los centros de salud y hospitales públicos para atender COVID, solo el 44.7% dijo que tiene mucho o algo de confianza en sus servicios.

En el caso de los hospitales privados, el 68% de los encuestados señaló tener mucho o algo de confianza en la atención que brindan a pacientes con coronavirus.

Los médicos de farmacia recibieron solo el 31.3% de las personas dijo que les tendía confianza, y el 28.8% indicó que confiaría en atenderse con remedios caseros u homeopatía.

Las desigualdades del sistema

Si bien el acceso a la salud en condiciones de igualdad para todas y todos los mexicanos es una obligación del  Estado mexicano, la pandemia ha complicado el cumplimiento de este derecho, establecido en el artículo 4 de la Constitución.

Según la Ley General de Salud, esto implicaría el bienestar físico y mental, la prolongación y mejoramiento de la calidad de la vida humana, y el disfrute de servicios de salud y asistencia social que satisfagan eficaz y oportunamente las necesidades de la población.

Sin embargo, el acceso a la salud, en la realidad, se ve atravesado por diversas desigualdades.

Las más acentuadas de las desigualdades, de acuerdo con Laura Flamand, son las territoriales y de subsistemas, además de la debilidad misma del Sistema de Salud.

Es decir, que no goza de la misma atención en salud una persona afiliada al IMSS, que la que alguien que es derechohabiente del ISSSTE, de la Secretaría de la Defensa Nacional, o Pemex. Tampoco cuenta con las mismas atenciones una persona que no cuenta con seguridad social y debe atenderse en los servicios públicos de cada entidad federativa, ni se accede por igual a este derecho en los diferentes estados.

En este sistema desigual, la doctora Flamand explica que los más vulnerables son las personas que no cuentan con seguridad social, que son 6 de cada 10 en el país.

“Son personas más vulnerables, no solo por su nivel de ingreso, sino porque en general tienen situaciones laborales menos estables y menos seguras. No solo son vendedores ambulantes, hay personas que sus empresas los tienen sin honorarios, y a pesar de que pagan impuestos no gozan del mismo acceso a la salud”.

Y es que se destina 39% más del gasto público en salud para las personas que cuentan con seguridad social, en comparación con quienes no tienen.

“Es grave que bajo la Constitución, de acuerdo al artículo 4º, todas las personas en México tenemos garantizado el derecho a la protección social en salud, pero el gasto público entre subsistemas no respeta ese derecho”, señala Flamand.

La repartición desigual de los recursos públicos se refleja en los recursos materiales con los que cuentan, como camillas, personal médico general y especialistas. Los servicios de las personas con seguridad social cuentan con mayor inversión.

A estas diferencias se suma la desigualdad entre entidades federativas. Tan solo en el tema de la mortalidad infantil, una niña o niño que nace en estados con altas tasas de pobreza, como Veracruz, Puebla o Chiapas tiene el doble de probabilidad de morir antes de cumplir un año, en comparación con los estados con una tasa menor, como Baja California Sur, Coahuila y Aguascalientes, de acuerdo con información sobre Defunciones registradas por entidad federativa del INEGI.

“En México, en general, quien nace en condición de vulnerabilidad o desventaja muere en esta condición. Las oportunidades de movilidad social son muy escasas, y el simple hecho azaroso de dónde naces, en qué tipo de familia y los servicios públicos a tu disposición determinan mucho de la calidad de vida y de salud que se tiene”, explica la investigadora.

Esto tiene que ver con las características de los sistemas de salud en cada estado, principalmente aquellos que atienden a las personas sin seguridad social.

Lee más: En 2019 crecen muertes por diabetes, cáncer, suicidios y VIH; bajan por accidentes viales

En los 32 estados hay un subsistema de salud que atiende a personas sin seguridad social, y estos cuentan con diferentes necesidades y cantidad de personas por atender. 

Por ejemplo, en Tabasco, Puebla, Oaxaca y Guerrero 7 de cada 10 personas se atienden en servicios de salud del estado, debido a que no cuentan con seguridad social de instituciones federales. En el caso de Coahuila y Nuevo León, estos solo atienden 3 de cada 10, según datos de los Indicadores de carencia social por entidad federativa del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL).

“El peor escenario es el de alguien que no tiene seguridad social, que vive en un estado vulnerable con pocas oportunidades de desarrollo, donde hay además un sistema de salud débil. Peor aún, si vive en una comunidad aislada donde en ocasiones ni siquiera hay médico o centro de salud. Ahí se ve claramente el entrecruzamiento y la acumulación de las desigualdades”.

Estas desigualdades, alerta Laura Flamand, podrían incrementarse con la puesta en marcha del Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI), al que solo se encuentran adheridos 26 de las 32 entidades federativas, además de que el presupuesto que recibirá en 2021 para operar será menor al del año anterior, aún con el contexto de la pandemia.

Aguascalientes, Guanajuato, Tamaulipas, Morelos, Nuevo León y Jalisco son los estados que rechazaron sumarse.

“La demanda para el INSABI es muy grande, porque con menos recursos tendrá que atender a más personas, pues se incrementará la población sin seguridad social, y con este panorama no parece que se vayan a abatir las desigualdades”, concluye.

 

*Conoce los resultados de la “Encuesta de Acceso a la Salud y Estado de Derecho en el marco del COVID-19 del World Justice Project: Encuesta telefónica nacional aplicada a 2352 personas mayores de 18 años en México. Realizada entre el 4 julio y 16 agosto de 2020”. 

 

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Olímpicos de Tokio: la controversia sobre lo que pueden usar o no las mujeres deportistas en las competencias

Críticas y multas siguen siendo la norma respecto a la indumentaria deportiva femenina. ¿Por qué seguimos discutiendo qué vistas las mujeres deportistas en pleno siglo XXI?
26 de julio, 2021
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“Juntos seguiremos luchando para cambiar las reglas de la ropa, para que las jugadoras puedan jugar con la ropa con la que se sientan cómodas”.

Esa fue la declaración de la Federación Noruega de Balonmano (NHF), después de que el equipo femenino de balonmano de playa de su país recibiera una multa de US$ 1.764 dólares.

¿Su delito? Haberse negado a usar la parte de abajo de una bikini cuando competían en los Campeonatos Europeos.

Sin embargo, justo un día antes, a una para-atleta le dijeron que esa misma parte de su indumentaria era “demasiado corta y reveladora”.

Desafortunadamente, la atención en torno a lo que visten las mujeres atletas (y las mujeres en general) no es nada nuevo.

Aquí hacemos un repaso de algunos de los incidentes más conocidos sobre este tema y las respuestas que generaron.

El equipo de balonmano de playa multado por no usar bikini

Las jugadoras del equipo noruego de balonmano de playa se quejaron de que los calzones (bragas, pantaletas, bombachas, en distintos países de América Latina) que les dijeron que usaran en su última competencia era demasiado restrictivos, sexualizados e incómodos.

Por ello eligieron usar shorts (como muestra la foto de arriba) durante el partido que disputaron con España por la medalla de bronce.

Antes de que comenzara el campeonato, Noruega se acercó a la Federación Internacional de Balonmano y pidió permiso para que las mujeres pudieran usar pantalones cortos.

La solicitud no solo fue rechazada, sino que se les recordó que las infracciones a las reglas eran punibles y cuando el equipo optó por pantalones cortos para el partido, recibió una multa por el equivalente a US$177 por jugadora.

La Federación Europea de Balonmano (EHF) impuso la multa por el uso de “ropa inadecuada” y declaró que Noruega había jugado con pantalones cortos, algo que “no concuerda con las regulaciones sobre el uniforme de atleta que figura en el reglamento de juego de balonmano de playa de la Federación Internacional de Balonmano”.

La reacción

La respuesta a la multa no se hizo esperar.

Equipo de balonmano noruego en 2018

Getty Images
Las mujeres deportistas han sido criticadas muy veces a lo largo de los años por lo que llevan puesto.

Mucha gente señaló que si los jugadores masculinos de balonmano de playa podían usar camisetas holgadas sin mangas y pantalones cortos que les llegaban hasta la parte superior de los muslos, ¿por qué las mujeres no podían usar algo similar?

“Lo más importante es tener una vestimenta con la que los atletas se sientan cómodos“, argumentó el director de la Federación Noruega de Balonmano, Kåre Geir Lio, quien no solo respaldó a las mujeres, sino que la federación acordó pagar la multa.

El presidente de la Federación Noruega de Vóleibol, Eirik Sordahl, dijo: “En 2021, esto ni siquiera debería ser un problema”.

Y el ministro de Cultura y Deportes del país, Abid Raja, tuiteó: “Es completamente ridículo, se necesita un cambio de actitud en el machista y conservador mundo del deporte internacional”.

Incluso la cantante estadounidense Pink se ofreció a pagar la multa.

Durante muchos años, las jugadoras se han quejado sobre esta diferencia en los deportes de playa y han dicho que encuentran que el bikini es degradante y poco práctico.

Solo para mujeres

“Todo deporte necesita reglas. Pero cuando tenemos un conjunto de reglas solo para mujeres, entonces tenemos un problema”, le dice a la BBC la periodista deportiva Renata Mendonca.

“Esto es sexismo en su máxima expresión. Desafortunadamente, el sexismo en los deportes ocurre mucho y juega un factor importante en por qué tantas atletas brillantes abandonan su campo”, le dice a la BBC Tova Leigh, creadora de contenido digital y exabogada.

“El tema no son los pantalones cortos. El tema es que, incluso en 2021, a las mujeres todavía se les dice lo que pueden o no pueden usar porque los cuerpos de las mujeres todavía son vistos como objetos en beneficio de los hombres, lo que le da a todos el derecho a comentar, exigir y opinar sobre ellos “.

“Las mujeres en el deporte no son tomadas en serio, son tratadas como algo vistoso y no como las atletas profesionales que son”, agrega Leigh, quien a menudo ha escrito y comentado en las redes sociales sobre el escrutinio sexista que enfrentan los cuerpos de las mujeres a diario.

Mendonca concuerda: “No hay una justificación razonable para el bikini, el deporte no cambiará de ninguna manera si a las mujeres se les permite jugar en pantalones cortos; en todo caso, se sentirán más cómodas”.

Falta de mujeres en la dirección de organismos deportivos

Mendonca, cofundó la plataforma digital Dibradoras, que tiene como objetivo aumentar la visibilidad de las mujeres en el deporte, dándoles la exposición que merecen, dice, pero que a menudo no se les da en los medios más importantes.

“Las competencias deportivas se concibieron para hombres, como muestra este tipo de incidentes. En 2021, las personas que dirigen organizaciones deportivas, generalmente hombres blancos, todavía ven a las mujeres atletas como un adorno, solo para complacer a los hombres”.

Debería ser decisión de las mujeres cuál es el mejor atuendo para ellas. Pero como hay pocas mujeres a cargo de organizaciones deportivas y la mayoría de las veces no hay ninguna, las voces de las atletas femeninas no se escuchan “, aclara.

“¿Por qué no se tienen en cuenta las voces de las deportistas y por qué los cuerpos y la vestimenta de las deportistas siguen siendo vigilados por las autoridades deportivas y otras personas a su alrededor?”.

Los shorts considerados ‘demasiado cortos y reveladores”

Pero el del equipo noruego no es el primer caso de una mujer en el deporte que se enfrenta a este problema y seguramente no será el último.

De hecho, fue el día antes de esta multa, que la para-atleta del equipo GB (el equipo británico) y doble campeona mundial, Olivia Breen, se quedó “sin palabras” cuando le dijeron que usara pantalones cortos “más apropiados” mientras competía en los Campeonato Ingleses.

El comentario provino de un funcionario, quien dijo que sus shorts eran “demasiado cortos y reveladores”. (Puedes ver lo que lleva puesto en el tweet de arriba).

La velocista y saltadora de longitud, que está lista para competir en los Juegos Paralímpicos en Tokio, dice que su intención era evitar que les pasara a otros.

Breen describe su prenda como “parte de abajo del bikini de cintura alta”.

“Queremos estar lo más ligeras posible cuando competimos, no tener que sentirnos pesadas, sentirnos cómodas“, dijo a la BBC.

“Las he usado por nueve años, y nunca he tenido un problema. Sencillamente deberíamos usar lo que tenemos derecho a usar”.

“Estos dos ejemplos pueden parecer contradictorios entre sí, pero son simplemente dos caras de la misma moneda“, argumenta Leigh.

“Los cuerpos de las mujeres son tratados y vistos como ‘el problema’. Nuestros cuerpos son ‘inapropiados’ o ‘no lo suficientemente entretenidos'”.

Jugando con un hijab

Este mismo problema también surgió en 2016, cuando una imagen de los Juegos Olímpicos de Río fue ampliamente compartida y comentada.

Una foto de dos jugadoras de vóleibol de playa, una de Egipto y otra de Alemania generó muchísimos comentarios no por sus impresionantes habilidades deportivas sino por el “contraste de sus vestimentas” y algunos periódicos dijeron que la fotografía representaba un “choque cultural”.

Ese comentario fue ferozmente refutado y muchos dijeron que en realidad mostraba el “poder unificador del deporte”.

Doaa Elghobashy y Kira Walkenhorst en Rio 2016

Reuters
Esta foto tomada en Rio 2016 generó un intenso debate que poco tuvo que ver con el desempeño deportivo de los equipos involucrados.

Doaa Elghobashy de Egipto (que aparece en la imagen de arriba) fue la primera jugadora olímpica de vóleibol de playa en usar un hiyab.

Ella simplemente comentó en ese momento: “He usado el hiyab durante 10 años… No me aleja de las cosas que amo hacer, y el vóleibol de playa es una de ellas”.

Pero la excesiva discusión sobre una imagen, puso de relieve un problema mayor para muchos.

“No importa de qué cultura vengas, los cuerpos de las mujeres y la forma en que se visten todavía se considera propiedad pública, o, más exactamente, propiedad del patriarcado“, escribió la periodista británica Hannah Smith en ese momento.

“No importa qué te pongas para hacer deporte como mujer, siempre serás juzgada por los hombres que miran”.

El catusit de Serena Williams

La gran tenista estadounidense Serena Williams dedicó su atuendo del Abierto de Francia 2018 a “todas las mamás que tuvieron un embarazo difícil” cuando regresó al trabajo después de su licencia por maternidad.

Serena Williams en el Abierto de Francia en 2018 .

Getty Images
A Serena Williams le informaron que no podría volver a usar este atuendo en futuras competencias.

La 23 veces campeona de Grand Slam dijo que su “catsuit” la hizo sentir como una “reina de Wakanda” en referencia a la película Black Panther.

A Williams le informaron que no le permitirían volver a usar este atuendo y el presidente de la Federación Francesa de Tenis, Bernard Giudicelli, le dijo a la revista Tennis: “Creo que a veces hemos ido demasiado lejos. Hay que respetar el juego y el lugar”.

Williams dijo que esta ropa la ayudó a lidiar con el problema de los coágulos de sangre, que según dijo casi acaban con su vida cuando dio a luz.

Ella dice que habló con Giudicelli en ese momento, insistiendo en que la decisión “no fue un gran problema” y “si saben que algunas cosas son por razones de salud, entonces no hay forma de que no estén de acuerdo con eso”.

Entonces, con más atletas femeninas que plantean su posición y con cada vez más gente que protesta sobre el tema, ¿podemos pensar que las cosas están empezando a cambiar?

Las gimnastas que usan trajes enteros en Tokio

Las gimnastas alemanas vistieron trajes enteros en la clasificación femenina en los Juegos Olímpicos mientras continuaban manteniendo su posición en contra de la sexualización de su deporte.

Pauline Schaefer-Betz

Getty Images
La alemana Pauline Schaefer-Betz compite en un traje entero en los Juegos de Tokio 2020.

Algunas de ellas usaron atuendos similares en el Campeonato de Europa a principios de este año, y Sarah Voss dijo que ella y sus compañeras de equipo querían que las jóvenes se sintieran seguras en el deporte.

Los trajes enteros, como los que usa Pauline Schaefer-Betz en la foto de arriba, desafían las convenciones.

La mayoría de las gimnastas optan por un leotardo y las que cubren sus piernas en la competencia internacional lo hacen por razones religiosas.

El equipo alemán había usado atuendos similares durante los entrenamientos la semana pasada, y la tres veces campeona olímpica Elizabeth Seitz dijo en ese momento que se trataba de “lo que se siente cómodo“.

“Queríamos mostrar que todas las mujeres, todo el mundo, debería decidir qué ponerse”, dijo.

Gorra de natación Soul cap

Aunque las gorras de natación diseñadas por Soul Cap no han tenido una suerte fácil, la marea parece estar cambiando.

La decisión de no permitir estas gorras diseñadas para el pelo africano en los torneos internacionales podría ser reconsiderada después de las reacciones que ha generado.

La empresa ha dicho que Fina, el organismo que gobierna los deportes de agua, les dijo que los gorros no son apropiados porque no siguen “la forma natural de la cabeza”.

Pero los comentarios provocaron críticas de muchos nadadores y algunos dijeron que desanimaría a las personas negras de participar en el deporte.

Como resultado, Fina ahora dice que está “revisando la situación” con respecto a los productos.

Alice Dearing

Luke Hutson-Flynn
Alice Dearing, del equipo GB, con una gorra de natación Soul Cap.

Es poco probable que las historias sobre las mujeres atletas que son criticadas por lo que visten no dominen los titulares en el futuro.

Pero según Leigh, hay una cosa que todos podemos hacer para ayudar ahora y es “llamar la atención cada vez que ocurre“.

¿Por qué? Porque “tenemos que mostrar a las niñas, desde pequeñas, que el deporte es un lugar de mujeres”.

“Juntos seguiremos luchando para cambiar las reglas de la vestimenta, para que las jugadoras puedan participar con la ropa con la que se sientan cómodas “.


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