Ambientalista Miguel Vázquez lleva un mes desaparecido en Veracruz
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Miguel Vázquez, el empresario y ambientalista que lleva más de un mes desaparecido en Tlapacoyan, Veracruz

Sus compañeros aseguran que el empresario, de 70 años, no había recibido amenazas. Argumentan que otros activistas fueron presionados para retirar amparos contra hidroeléctricas.
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24 de noviembre, 2020
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Miguel Vázquez Martínez, de 70 años, desapareció el 20 octubre en Tlapacoyan, Veracruz. La última vez que fue visto se encontraba subiendo al vehículo de unos desconocidos, que se lo llevaron, presuntamente, para ver un auto, ya que Vázquez Martínez es dueño de un taller y una refaccionaria.

Desde entonces su familia no tiene pistas sobre su paradero. Recibieron llamadas de sus supuestos captores para negociar por su libertad, pero no hubo acuerdos. Por recomendación de la Fiscalía General del Estado (FGE) guardaron silencio. Ahora, más de un mes después de que se lo llevaran, familiares y organizaciones ecologistas de la zona hacen público el secuestro: creen que su activismo en defensa del río esté detrás de su captura. 

Leer más: Adán Vez Lira, el ambientalista que se opuso a las minas y promovió el turismo ecológico en Veracruz

“En su mismo negocio le dieron referencias que querían cerrar algún trato y lo sustrajeron. Es preocupante porque tiene que ver con el contexto de violencia en el país, en el estado y en la región”, dice Emilio Rodríguez, integrante de la Asamblea Veracruzana de Iniciativas y de Defensa Ambiental (Lavida). 

Animal Político consultó con la FGE sobre las líneas de investigación y posibles motivos del rapto, pero la institución respondió que como se trata de un caso abierto no puede ofrecer detalles.

📢PRONUNCIAMIENTO📢

Gobierno de México
Gobierno de Veracruz
Exigimos la aparición con vida de Miguel Vázquez Martínez

Publicado por La Asamblea Veracruzana de Iniciativas y Defensa Ambiental en Domingo, 22 de noviembre de 2020

 

Los compañeros de Martínez en el activismo cuestionaron la labor de la Fiscalía y lamentaron la falta de avances en la investigación. “A los 33 días de su desaparición, no se han presentan resultados, por lo que demandamos de las autoridades políticas y de procuración de justicia avocarse con mayor puntualidad y trasparencia en la investigación y esclarecimiento del caso, compartiendo con la familia y las organizaciones que integran esta Alianza los avances del mismo ya que esta dilación pone en riesgo la vida del compañero”, dijeron, a través de un comunicado. 

Martínez es un empresario y activista muy conocido en la zona. Está casado, tiene seis hijos y ocho nietos. Además, es dueño de dos hoteles especializados en turismo ecológico, un taller y una refaccionaria. Desde hace 15 años es fundador y tesorero de la Alianza de Comunidades en Defensa de los Ríos Bobos-Nautla y Tecolutla A.C. por lo que su implicación en la defensa de la naturaleza es una de las opciones que se barajan sobre su secuestro. La otra podría ser la extorsión, ya que en la zona operan diversos grupos criminales. 

La trayectoria de Martínez está vinculada al río y, en los últimos tres lustros, su actividad ha estado centrada en impedir la instalación de hidroeléctricas. Como su negocio depende del cauce del río, de prácticas como el rafting, se unió a otros propietarios de la zona para evitar que se entubasen los cauces. 

24 proyectos hidroeléctricos

Según explica Héctor Colio, su compañero en el colectivo, en la cuenca del Bobos-Nautla, de 100 kilómetros de extensión, hay 24 proyectos de plantas para generar electricidad a través de la corriente del agua. Las agrupaciones ambientalistas han trabajado para evitar su instalación. Los planes más avanzados eran siete. Hasta el momento, lograron que tres sean desechadas por los tribunales al carecer de un Estudio de Impacto Ambiental viable pero otras cuatro han recibido de nuevo sus permisos. 

En este sentido, Rodríguez recuerda que el ahora desaparecido y sus compañeros fueron una avanzadilla en la denuncia de las pequeñas hidroeléctricas. “Son pioneros en el posicionamiento de este tema. Se pensaba que era la respuesta limpia a los megaproyectos. En lugar de hacer una gran presa, la dividen y significa un impacto mayúsculo”, explica.

Desde hace 15 años, Martínez y sus compañeros han presentado amparos ante los tribunales, realizado marchas para mostrar su rechazo a los proyectos y conferencias para convencer a los vecinos de la importancia de proteger la cuenca del río. 

“Primero vinieron las hidroeléctricas y ahora estamos haciendo frente a la amenaza de tres minas a cielo abierto, dos en Puebla y una en Veracruz”, explica Colio. 

“En esta lucha hemos sufrido amenazas por testaferros de las empresas y por autoridades de municipios que se han puesto del lado de los empresarios. La desaparición del compañero nos preocupa porque se suma a prisiones y amenazas que estamos sufriendo”, dijo el ambientalista. 

Colio reconoció que, hasta ahora, no tienen pistas para saber quién puede estar detrás de la desaparición. “Ya habían amenazado a algunos compañeros que se desistieran”, explicó. Según el ambientalista, el modus operandi era realizar llamadas para tratar de obligar a los activistas a retirar los amparos con los que mantienen paralizadas las obras.

Por eso, la desaparición de Martínez ha generado un ambiente de “terror” en la comunidad. “Esta noticia causa terror y una población aterrorizada se paraliza”, dijo. 

Está previsto que este 24 de noviembre comparezcan familiares y ambientalistas en una conferencia de prensa en Xalapa y luego se dirijan a las oficinas de la FGE para pedir explicaciones. 

“Miguel es un compañero solidario, un empresario local que siempre se mostró solidario con la causa. Ha dedicado su vida a la región”, dijo Emilio Rodríguez. 

México es uno de los países más peligrosos del mundo para la defensa del medio ambiente, según organizaciones como Global Witness. 

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#YoSoyAnimal

El pueblo en Francia que se quiere iluminar con organismos vivos

Organismos tan diversos como las luciérnagas, los hongos y los peces tienen la capacidad de brillar a través de la bioluminiscencia, que está presente en el 76% de las criaturas de aguas profundas.
29 de abril, 2022
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En una tranquila habitación de un centro de vacunación contra el coronavirus en Rambouillet, una pequeña ciudad francesa a unos 50 kilómetros al suroeste de París, una suave luz azul emana de una fila de tubos.

En fechas próximas, el mismo resplandor azul iluminará la cercana Place André Thomé y Jacqueline Thomé-Patenôtre.

Pero a diferencia de las farolas estándar, que a menudo emiten un fuerte resplandor y necesitan ser conectadas a la red eléctrica, estas luces son alimentadas por organismos vivos a través de un proceso conocido como bioluminiscencia.

Este fenómeno, en el que las reacciones químicas dentro del cuerpo de un organismo producen luz, se puede observar en muchos lugares de la naturaleza.

Organismos tan diversos como las luciérnagas, los hongos y los peces tienen la capacidad de brillar a través de la bioluminiscencia: está presente en el 76% de las criaturas de aguas profundas.

Estos experimentos también están en marcha en toda Francia, incluso en el aeropuerto Roissy-Charles-de-Gaulle de la capital.

Variedad natural

Los ejemplos de bioluminiscencia en el mundo natural son muchos.

Las luciérnagas se iluminan para atraer parejas, mientras que algunas especies de algas brillan cuando se agita el agua circundante.

El rape (un pezde aguas profundas) permite que bacterias bioluminiscentes se establezcan en un lóbulo sobre su cabeza como un señuelo tentador para sus presas.

La mayoría de las especies oceánicas bioluminiscentes emiten una luz azul verdosa que, debido a las longitudes de onda más cortas de los colores, puede viajar más lejos en el océano.

Algunas luciérnagas y ciertos caracoles brillan de color amarillo, y se sabe que el llamado “gusano ferroviario”, una larva de escarabajo nativa de las Américas, se vuelve rojo y amarillo verdoso en un patrón que se asemeja a un tren por la noche.

Incluso se ha descubierto que algunos roedores nocturnos que se encuentran en el sur de África tienen cabello que produce un brillo biofluorescente de color rosa intenso.

Las luces de Francia

El brillo azul turquesa en la sala de espera en Rambouillet proviene de una bacteria marina recolectada en la costa de Francia llamada Aliivibrio fischeri.

Las bacterias se almacenan dentro de tubos llenos de agua salada, lo que les permite circular en una especie de acuario luminoso.

Dado que la luz se genera a través de procesos bioquímicos internos que forman parte del metabolismo normal del organismo, su funcionamiento casi no requiere más energía que la necesaria para producir los alimentos que consumen las bacterias.

La bioluminiscencia en las aguas de la bahía Preservation de Tasmania

Brett Chatwin

Se agrega una mezcla de nutrientes básicos y se bombea aire a través del agua para proporcionar oxígeno.

Para “apagar las luces”, simplemente se corta el aire, deteniendo el proceso al enviar la bacteria a un estado anaeróbico donde no produce bioluminiscencia.

“Nuestro objetivo es cambiar la forma en que las ciudades usan la luz”, dice Sandra Rey, fundadora de la empresa emergente francesa Glowee, que está detrás del proyecto en Rambouillet.

“Queremos crear un ambiente que respete mejor a los ciudadanos, el medio ambiente y la biodiversidad e imponer esta nueva filosofía de la luz como una alternativa real”.

Los defensores del proyecto argumentan que la bioluminiscencia producida por bacterias podría ser una forma sostenible y eficiente en energía para iluminar nuestras vidas.

La forma en que actualmente producimos luz, argumenta Rey, ha cambiado poco desde que se desarrolló la primera bombilla en 1879.

Si bien la bombilla LED, que surgió en la década de 1960, ha reducido significativamente los costos de funcionamiento de la iluminación, todavía depende de la electricidad, que se produce en gran parte por la quema de combustibles fósiles.

Glowee

Fundada en 2014, Glowee está desarrollando una materia prima líquida, en teoría infinitamente renovable, hecha de microorganismos bioluminiscentes.

Se cultiva en acuarios de agua salada antes de envasarse en los tubos.

El proceso de fabricación, afirma Rey, consume menos agua que la fabricación de luces LED y libera menos CO2, mientras que el líquido también es biodegradable.

Las luces también usan menos electricidad para funcionar que las LED, según la compañía, aunque las bombillas Glowee producen menos intensidad de luz que la mayoría de las bombillas LED modernas.

las luces de Glowee

Glowee
Las luces de Glowee.

Si bien las luces de Glowee actualmente solo están disponibles en tubos estándar para eventos, la compañía planea producir pronto varios tipos de mobiliario urbano, como bancos para exteriores, con iluminación incorporada.

En 2019, el ayuntamiento de Rambouillet firmó una sociedad con Glowee e invirtió US$109.000 para convertir la ciudad en “un laboratorio de bioluminiscencia a gran escala”.

Guillaume Douet, jefe de espacios públicos de Rambouillet, cree que si el experimento tiene éxito, podría conducir a una transformación en todo el país.

“Se trata de una ciudad del mañana”, dice Douet. “Si el prototipo realmente funciona, podemos implementarlo a gran escala y reemplazar los sistemas de iluminación actuales”.

Los usos de la bioluminiscencia

Los estudios de la bioluminiscencia no son nuevos.

Alrededor del año 350 a. C., el filósofo griego Aristóteles describió la bioluminiscencia en luciérnagas como un tipo de luz “fría”.

Los mineros del carbón han usado luciérnagas en frascos como iluminación en minas donde cualquier tipo de llama, incluso una vela, podría desencadenar una explosión mortal.

Luciérnagas

Getty Images

Mientras tanto, las tribus de la India han utilizado hongos brillantes durante años para iluminar selvas densas.

Sin embargo, Glowee es la primera empresa del mundo en alcanzar este nivel de experimentación y dice que está en negociaciones con 40 ciudades de Francia, Bélgica, Suiza y Portugal.

ERDF, una empresa mayoritariamente estatal que gestiona la red eléctrica de Francia, se encuentra entre los patrocinadores de Glowee; la Comisión Europea ha proporcionado US$1,9 millones de financiación y el Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica de Francia (Inserm) ha proporcionado asistencia técnica y apoyo.

Los desafíos

Carl Johnson, profesor de ciencias biológicas en la Universidad de Vanderbilt, cree que aún quedan serios desafíos por delante antes de que la bioluminiscencia pueda obtener luz verde para su implementación a gran escala.

“Primero, tienes que alimentar a las bacterias y diluirlas a medida que crecen”, dice.

“Eso no es tan fácil. Además, el fenómeno dependerá mucho de la temperatura y dudo que funcione en el invierno. En tercer lugar, la bioluminiscencia es muy tenue en comparación con la iluminación eléctrica”, agrega.

Rey, de Glowee, reconoce los desafíos que se avecinan, pero insiste en que los beneficios, tanto ecológicos como económicos, podrían ver ciudades futuras bañadas en luz azul bacteriana.

Hongos

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Actualmente, el equipo de Evry está trabajando para aumentar la intensidad de la luz producida por bacterias, que por ahora solo dura días o semanas antes de requerir más nutrientes y aún no es tan fuerte como las luces LED.

Hasta ahora, Glowee dice que sus bacterias pueden producir una salida de brillo de 15 lúmenes por metro cuadrado, por debajo, pero no muy lejos, del mínimo de 25 por metro cuadrado que cree que se requiere para la iluminación pública en parques y jardines.

En comparación, una bombilla LED doméstica de 220 lúmenes puede producir unos 111 lúmenes por metro cuadrado de suelo.

“Estamos avanzando poco a poco”, dice. “Pero ya hemos dado pasos enormes y nuestra filosofía de la luz es una respuesta a la crisis que enfrenta la humanidad”.

Catrin Williams, profesora de la Facultad de Biociencias de la Universidad de Cardiff que ha estudiado la bioluminiscencia en bacterias, está de acuerdo en que es “difícil” mantener cultivos bacterianos vivos a largo plazo debido a la necesidad de suministro de nutrientes.

Pero Williams dice que esto podría superarse centrándose en la “quimioluminiscencia”, un proceso que Glowee también está investigando actualmente, que elimina la necesidad de bacterias vivas.

En cambio, la enzima responsable de la bioluminiscencia, la luciferasa, en teoría puede extraerse de las bacterias y usarse para producir luz.

“Creo que el enfoque de Glowee es extremadamente novedoso e innovador y podría ser fantástico”, dice Williams.

Otras iniciativas

Otras iniciativas en todo el mundo están proporcionando más rayos de esperanza.

Nyoka Design Labs, con sede en Vancouver, está desarrollando una alternativa biodegradable a las barras luminosas utilizando enzimas no vivas y libres de células que, según los creadores, son mucho más fáciles de mantener que las bacterias vivas.

“En lugar de usar todo el automóvil, solo quitamos los faros”, dice Paige Whitehead, fundadora y directora ejecutiva.

“La enzimología ha avanzado hasta el punto de que ya no tenemos que depender de los sistemas sustentados por células”, agrega.

Luciérnagas

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Las luciérnagas han sido estudiadas desde la Antigüedad.

Una vez utilizadas, las barras luminosas no se pueden reciclar debido a la mezcla de productos químicos que contienen.

Se utilizan en una amplia gama de aplicaciones, desde usos policiales y militares hasta festivales de música.

Algunos investigadores han expresado su preocupación por el efecto de los productos químicos que contienen en la vida marina, ya que también se utilizan a menudo como señuelos en la pesca con palangre.

“Gran parte de este desperdicio es innecesario”, dice Whitehead. “La visión que buscamos es reemplazar cualquier sistema de iluminación alternativo para hacerlos más sostenibles”.

En un gran avance para esa visión, un estudio publicado en abril de 2020 reveló que un equipo de bioingenieros rusos que trabajan con una empresa emergente de biotecnología con sede en Moscú han creado un método para mantener la bioluminiscencia en las plantas.

Afirman que pudieron hacer que las plantas brillaran 10 veces más y durante más tiempo que los esfuerzos anteriores, produciendo más de 10.000 millones de fotones por minuto, mediante la bioingeniería de genes bioluminiscentes de hongos en las plantas.

La nueva investigación se basó en los hallazgos que identificaron una versión fúngica de la luciferina, uno de los compuestos únicos que es necesario para la bioluminiscencia, junto con las enzimas luciferasa o fotoproteína.

Keith Wood, un científico que hace 30 años creó la primera planta luminiscente utilizando un gen de luciérnagas, dice que la tecnología podría reemplazar en parte la iluminación artificial como los LED.

Más recientemente, descubrió que al alterar la estructura genética de una luciferasa que se encuentra en el camarón de aguas profundas Oplophorus gracilirostris, su brillo podría aumentar 2,5 millones de veces.

luces

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La enzima resultante, que los investigadores llamaron NanoLuc, también era 150 veces más brillante que las luciferasas que se encuentran en las luciérnagas.

“La aplicación de la biología sintética a la bioluminiscencia es una gran oportunidad”, dice Wood, quien ahora está desarrollando una planta bioluminiscente para la empresa Light Bio.

Pero todavía está por decidirse exactamente cómo se podrían usar estas plantas bioluminiscentes transgénicas en el futuro.


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