Mujeres detenidas en protesta en Cancún denuncian agresión sexual de policías
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Cuartoscuro Archivo

Mujeres detenidas durante protesta en Cancún denuncian agresiones sexuales de los policías

Personas que fueron detenidas aseguran que los integrantes del mando único policial no sólo dispararon sus armas, también los insultaron, golpearon y agredieron sexualmente a las mujeres.
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11 de noviembre, 2020
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El lunes 9 de noviembre fue la primera vez que María Elena, de 27 años, acudió a una protesta. Tomó la calle para alzar la voz en contra de la violencia feminicida en Cancún, Quintana Roo. Estaba gritando y cantado consignas afuera de la presidencia municipal cuando los policías del bando único empezaron a disparar. María Elena corrió para escapar de las balas. Acabó golpeada, violentada sexualmente y detenida en la Fiscalía del estado. 

La joven dice que aunque sí había personas sacando su coraje rompiendo vidrios y cosas, ella, y muchos de los asistentes, se estaban manifestando de forma pacífica.

María Elena trabaja en el área de administración del Colegio Kukulkán, una escuela privada, pero de colegiaturas muy módicas, para cursar secundaria y bachillerato, en la que estudió Bianca Alejandrina Lorenzana Alvarado, “Alexis”, la joven de 20 años que desapareció en Cancún el pasado 7 de noviembre y cuyo cadáver encontraron el lunes en la madrugada. 

Entérate: Disparos en protesta en Cancún fueron acción planeada, acusa Red Feminista; piden salida de Capella

María Elena estaba en la manifestación por ese feminicidio, para exigir justicia y un alto a la violencia contra las mujeres. Estaba gritando consignas, cantando y bailando, dice, cuando empezaron las detonaciones. 

“Yo no sabía ni qué hacer. Era mi primer marcha y, claro, tampoco es que uno deba tener un manual para saber qué hacer en caso de que la policía tire balazos. Eso no es algo que se deba normalizar. Decidí correr en sentido contrario de donde venían las balas. Pero cuando iba corriendo por la parte de atrás del ayuntamiento, salieron más policías. Casi choco con uno. Él no iba tirando al aire o al suelo, como yo creí que estaban haciendo. Estaba tirando en recto”, asegura María Elena. 

Fue entonces cuando se dio cuenta de que si la policía no estaba disparando hacia arriba o hacia el suelo, correr la volvía un blanco.

“Ahí fue que decidí tirarme al piso. Estaba junto a una de las últimas jardineras que hay en la parte de atrás del Ayuntamiento. Vi a otras chicas ahí. Éramos cinco. Llegó un grupo de cinco o seis policías, altos, robustos y nos empezaron a golpear. A una mujer le dieron con un palo en la cabeza. Ella gritaba: soy periodista, soy periodista, no hice nada, estoy trabajando. A otra le dieron en la espalda. Nos decían que si queríamos desmadre, lo íbamos a tener”. 

María Elena cuenta que las jalonearon para llevarlas hacia adentro del Palacio Municipal. “Yo les decía que no me jalaran, que estaba cooperando y no había hecho nada. Cada que decía algo, me soltaban un golpe. Cuando íbamos por la parte de atrás del ayuntamiento, me empezaron a pegar en las costillas, me sacaron el aire. Medio podía caminar. Un policía me agarró del glúteo con su manaza, sus dedos llegaron hasta mi vagina, así me quiso levantar. Me hice bolita y casi a rastras me metieron”. 

Adentro del ayuntamiento siguieron para María Elena los gritos y los golpes. Adentro, su compañera en el área de administración del Colegio Kukulkán y también asistente a la manifestación, Quetzalli, de 22 años, también sufrió golpes, insultos y violencia sexual. 

“Mientras me golpeaban, los policías decían que conmigo se iban a desquitar de todo el desorden que habíamos hecho, que si queríamos desmadre, desmadre iba a tener, aunque yo no había hecho nada que no fuera gritar y cantar”, dice Quetzalli.

Ella fue a la primera “detenida” a la que metieron a la presidencia municipal. “Empezaron a pegarme. Me le zafé a una de las mujeres policías. No me dejaba esposar. Me golpearon en las costillas, en las piernas. Me revolvía. Me querían tirar y yo luchaba para que no pudieran. Lograron hincarme. Me dieron de cachetadas. Querían que les dijera quién había hecho los desmanes, con quién había llegado yo a la marcha. Les dije que no iba a contestar nada”. 

Los policías llevaron a Quetzalli junto con las otras chicas. “Me levantaron y me llevaron donde estaban ellas. Me pusieron de cuclillas. Fue entonces cuando una de las mujeres policías metió su mano por abajo de mi short, metió sus dedos en mi vagina y me levantó así. Grité, grité lo que me estaba haciendo. Personal de derechos humanos llegó corriendo. Le pidieron su nombre a la policía. Pero ella se negó a dárselos y se fue”. 

Los gritos de Quetzalli los escuchó también Julián Ramírez, el director del Colegio Kukulkán. Él también estaba en la manifestación, a él también lo golpearon, tanto que las dos jóvenes aseguran que los policías lo metieron chorreando sangre a la presidencia municipal. 

“Escuché lo que gritaba Quetzalli. Quería ayudarla, pero no podía. Sentí mucha rabia, mucha impotencia”. 

Julián fue uno de los asistentes a la manifestación que difundió uno de los videos, que quedaron como testimonio de la actuación de la policía esa noche del lunes 9 de noviembre en Cancún. 

En el video se oye a Julián decir que es profesor y que los jóvenes son sus estudiantes. “Tranquilo, tranquilos, yo vengo acompañando. Son mis alumnos. Hey, es mi alumno. No vengo encapuchado”. 

Esa es la primera vez que se escucha que Julián corre. Pero regresa para seguir filmando. “¿Eres consciente de que estás tirando bala en una manifestación pacífica? Yo vengo acompañando. Era mi alumna (dice en referencia a Alexis). Se pusieron a disparar en una manifestación feminista y a toletear banda en una manifestación pacífica. ¿Por qué salen armados a una manifestación?”. 

Después de reclamar a los policías sobre su actuación, Julián se dirige a la Guardia Nacional, que en ese momento baja de sus vehículos e ingresa a la plaza de la presidencia municipal. Julián les dice que los policías están tirando bala. El profesor se dirige de nuevo a reclamar a los del mando único: “mataron a mi alumna, desagraciados. No pueden contestar a balazos y a toletazos”, es una de las últimas frases que se le oye decir antes de que el video se interrumpa. 

“Ahí fue que los policías del mando único me empezaron a pegar y me llevaron para adentro del ayuntamiento. Me hicieron una  rajada en la frente de uno de los muchos golpes que me dieron”. 

A Julián, María Elena, Quetzalli y otras cinco personas se las llevaron después a la Fiscalía. Alrededor de las 9:30 de la noche los liberaron. De ahí se fueron a la Comisión Estatal de Derechos Humanos a levantar una queja y después al Hospital General de Cancún a que suturaran a Julián y les tomaran radiografías para saber si no tenían algo roto. 

“No tengo fracturas. Pero sí muchos golpes y la rabia de que nos violentaron sexualmente. Aún así no nos van a parar. Fue mi primer marcha y ahora marcharé mucho más”, dice María Elena. 

Los tres irán este miércoles 11 de noviembre, acompañados por personal de Derechos Humanos, a levantar su denuncia a la Fiscalía por los golpes, abusos y violencia sexual que sufrieron.

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Cómo es crecer en una ciudad donde todo el año es Navidad

Para los residentes de Polo Norte, en Alaska, Navidad es algo que sucede todo el año. ¿Qué se siente vivir en una ciudad tan peculiar?
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8 de diciembre, 2021
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¿Sabes cómo ir hasta la casa de Santa Claus?

Sí. Ve derecho por la calle Santa Claus (obvio). Luego gira a la derecha en la calle San Nicolás, justo donde está la hamburguesería Wendy.

Puede que estas no sean las indicaciones más comunes, pero, Polo Norte, en Alaska, tampoco es una ciudad común.

Si no pregúntale a Cody Meyer, un joven de 21 años que se crió en Polo Norte, y ahora trabaja en la Casa de Santa Claus.

Eso sí, no lo llames elfo. Ya bastante problemas tiene cuando le toca explicar de dónde es cuando conoce a gente nueva por internet.

“Por lo general es: ‘¡Oh Dios, eres del Polo Norte! ¿Estás bromeando?'”, le cuenta Meyer a la BBC.

“La gente me pregunta: ‘¿Es una ciudad de verdad?’ Y entonces les tengo que mostrar en Google. Sí, es una ciudad real”.

Estatua gigante de Santa Claus en Polo Norte

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En Polo Norte se encuentra la escultura de fibra de vidrio de Santa Claus más grande del mundo.

La pequeña ciudad llamada Polo Norte -con una población de 2. mil 17 personas- está a 2.7 km del Polo Norte geográfico.

Aún así, encontrarás renos pastando en los bordes de la calle Muñeco de Nieve y velas por donde quiera que vayas y, naturalmente, la estatua de fibra de vidrio de Papá Noel más grande del mundo.

Polo Norte está a un par de horas al sur del de Círculo Ártico. Es una atracción turística popular y, por supuesto, el destino de cualquier carta que llegue al servicio postal estadounidense con la dirección: “Santa Claus, Polo Norte”.

Un equipo de voluntarios responde estas cartas cerca de la Base de la Fuerza Aérea Eielson. Lo hacen para darle a Santa un poco de descanso, como te imaginarás.

“Santa es un hombre muy ocupado, así que estoy seguro de que aprecia nuestra ayuda”, dice Mitzi Wilcox, quien está en la base de Polo Norte desde hace dos años.

Según cuenta, se trata de una experiencia única: “¿Cuánta gente puede decir que vive en Polo Norte? Nosotros respondemos las cartas de niños de todo el mundo”.

“Recuerdo cuando yo le escribía cartas a Santa y me puedo imaginar lo contenta que me hubiera puesto si él me hubiese respondido”.

Mitzi Wilcox

BBC
Mitzi Wilcox se encarga de responder las cartas de todo el mundo que llegan con pedidos para Santa Claus.

En esta época del año, no hay mucha luz en la ciudad.

“Por lo general el sol sale a eso de las 11:00 am o 12:00 pm en el momento más oscuro del invierno”, explica Meyer. “Luego se pone a eso de las 3:00 pm. Así que tienes unas cuatro (horas de sol)”.

“Se recomiendan luces que imitan la luz solar y vitaminas por la falta de sol”, explica Wilcox.

¿Y el frío? En este sitio las temperaturas pueden bajar hasta -25°C en diciembre.

“Yo me pongo muchas capas”, dice. Y agrega: “El invierno puede parecer largo, pero al estar tan al norte, podemos ver la aurora boreal”.

Aurora boreal

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Una de las ventajas de vivir tan al norte, es que se puede ver la aurora boreal.

¿Cómo es entonces una salida nocturna en Polo Norte? Según Meyer, disfrutar del aire libre ayuda.

“Hacemos snowboarding”, dice. Y también otras actividades como pescar en el hielo, añade.

¿Pero no aburre un poco vivir todo el tiempo como si fuera Navidad?

Dos años en Polo Norte no han mermado el entusiasmo que Wilcox siente por las fiestas: “La Navidad es mi época favorita del año”.

¿Y Meyer? ¿No ha sentido el deseo de abandonar la Casa de Santa y marcharse al sur? No.

“Me encanta”, nos dice. “Probablemente me quede aquí por un tiempo muy largo, sino toda mi vida”.


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