CDMX despliega 1,000 policías para protesta de 30 mujeres contra acoso en IPN
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Cuartoscuro Archivo

CDMX despliega 1,000 policías para protesta de 30 mujeres contra el acoso en IPN

Las manifestantes reclamaron que policías les impedían el paso y las mantenían encapsuladas.
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8 de noviembre, 2020
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Las autoridades de la Ciudad de México informaron este domingo que fueron desplegadas 800 mujeres policías del Grupo Atenea y 200 elementos masculinos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana para el operativo ante la protesta de mujeres en contra del acoso y la violencia sexual en el Instituto Politécnico Nacional (IPN).

Tanto el gobierno local como el IPN coincidieron en que fueron 30 mujeres las que participaron en esa manifestación.

La Secretaría de Gobierno acusó que las colectivas Bloque Negro Feminista, Okupa y Politécnicas al Grito de Guerra tenían como objetivo “tomar y vandalizar las instalaciones de la Dirección General de esa institución”, con la llamada la “Marcha por la indiferencia que existe en el Instituto Politécnico Nacional”.

En redes sociales difundieron la convocatoria para marchar desde Metro Politécnico, en la Ciudad de México, hasta la dirección general del IPN en Zacatenco.

Sin embargo la colectiva Politécnicas al Grito de Guerra denunció con videos que policías les impedían el paso en la zona cercana a la Escuela Superior de Cómputo, y las mantenían “encapsuladas”.

También acusaron haber recibido golpes. “Son 100 ateneas para 10 morras encerradas”, dijo una de las manifestantes.

A la postre, en otro video, se les observó entregar en la calle a autoridades politécnicas su pliego petitorio, en el que exigieron que las autoridades del IPN den seguridad a las mujeres, y sean suspendidos los trabajadores, profesores o directivos que tengan en su contra denuncias por acoso, abuso o violación.

Foto: Cuartoscuro 

“Tras detectar la presencia de vehículos sospechosos y algunos jóvenes con palos dentro de las instalaciones politécnicas, se reforzó el acompañamiento de Ateneas con el fin de proteger a las manifestantes por los cuatro costados”, refirió sobre el operativo la Secretaría de Gobierno.

“Luego de indicar que ya estaban listas para llegar a su destino, las colectivas fueron acompañadas por policías femeninas para garantizar su seguridad, así como por observadoras de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCDMX), del colectivo Marabunta y del equipo de monitoras de Diálogo y Concertación de la Secretaría de Gobierno de la Ciudad de México (SECGOB), integrado por el Sistema Integral de Derechos Humanos, el Mecanismo de Protección Integral de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas y Brigadas de Paz del Gobierno de la Ciudad de México.

A 50 metros de la entrada de la Dirección General del IPN, las manifestantes se entrevistaron con autoridades de la institución, a quienes leyeron y entregaron su pliego petitorio enfocado en la violencia de género. Al insistir en ingresar al patio de la Dirección General, las autoridades les indicaron que no era posible por la probable presencia de grupos ajenos al IPN.

Ante la negativa decidieron regresar a la estación Politécnico, del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro, donde llegaron acompañadas por personal de la CDHCDMX, del Colectivo Marabunta y del Sistema Integral de Derechos Humanos de la Ciudad de México”, agregó.

Habrá mesa de diálogo: IPN

El Instituto Politécnico Nacional, sobre esta protesta, dijo que participaron algunas mujeres “encapuchadas y otras con pañoletas moradas, armadas con palos, martillos, gases, gasolina y pintura”.

Ellas, agregó, “quisieron tomar por asalto las instalaciones, particularmente el área de la Dirección General, bajo el argumento de entregar un pliego petitorio, ante lo cual la Secretaria General de la institución, Guadalupe Vargas Jacobo, inició un diálogo con las mujeres encubiertas. Después de realizadas las pláticas, procedieron a realizar pintas en diferentes lugares”.

Antes de retirase, continuó, “estas personas gritaron consignas contra la policía y contra las autoridades, y en su trayecto realizaron pintas en bardas citadinas y paredes de domicilios particulares y negocios en calles aledañas”.

El IPN confirmó haber recibido el pliego petitorio, “a partir del cual se instalará en breve una mesa de diálogo” para seguir revisando las acciones realizadas”, y avanzar en temas pendientes.

“Esta casa de estudios atiende todas las demandas, denuncias y quejas que su comunidad presenta a través de los diversos mecanismos de actuación, además reitera su categórico rechazo a todo tipo de violencia, particularmente en contra de las mujeres y convoca al diálogo como el único instrumento legítimo para dirimir diferencias”.

Fotos: Cuartoscuro 

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La pesadilla de la montaña de basura tan alta como un edificio de 18 pisos en India

El primer ministro Narendra Modi anunció a principios de mes un plan para cerrar los enormes vertederos a cielo abierto en los que se acumula basura desde hace años.
19 de octubre, 2021
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Las “montañas de basura” de India pronto serán reemplazadas por plantas de tratamiento de desechos, prometió el primer ministro Narendra Modi a principios de este mes. Saumya Roy* escribe para la BBC sobre la más antigua de todas, tan alta como un edificio de 18 plantas, ubicada en la ciudad costera occidental de Bombay.

Todas las mañanas Farha Shaikh se para en la cima de una montaña de desechos de más de un siglo de antigüedad en Bombay, esperando que los camiones de basura suban.

Esta joven de 19 años ha estado hurgando en este vertedero del suburbio de Deonar desde que tiene memoria.

Normalmente recupera de entre los desechos viscosos botellas de plástico, vidrio y alambre que luego vende en los prósperos mercados de residuos de la ciudad.

Pero, sobre todo, busca teléfonos móviles rotos.

Cada pocas semanas Farha encuentra un celular “muerto” en la basura y con sus escasos ahorros lo repara.

Una vez que cobra vida, pasa las tardes viendo películas, jugando a los videojuegos, enviando mensajes de texto y llamando a sus amigos.

Cuando días o semanas después el aparato vuelve a dejar de funcionar, la conexión de Farha con el mundo exterior se desvanece.

Entonces regresa a las largas jornadas de rebuscar entre la basura, para conseguir botellas que vender y celulares que restaurar.

Deonar

Saumya Roy

Más de 16 millones de toneladas de desechos forman la montaña de basura de Deonar, ocho de ellas repartidas en una extensión de 121 hectáreas.

Los desechos se apilan hasta alcanzar una altura de 36,5 metros.

Se puede ver el mar desde la cima y sobre los sólidos montones de basura se han construido villas miseria.

Gases nocivos y contaminantes

Los desechos en descomposición liberan gases nocivos como metano, sulfuro de hidrógeno y monóxido de carbono.

Y en 2016 fue escenario de un incendio que ardió durante meses y llenó de humo gran parte de Bombay.

De acuerdo a un estudio que el regulador de polución de la India llevó a cabo en 2011, otros incendios similares contribuyeron con el 11% del material particulado que inunda el aire de Bombay, una de sus principales causas de contaminación.

Los vecinos de los alrededores llevan luchando en los tribunales desde hace 26 años, exigiendo el cierre del vertedero de Deonar.

Pero esa montaña de basura no es una excepción en el país. Una investigación realizada en 2020 por el Centro para la Ciencia y el Medio Ambiente (CSE), un think tank independiente con sede en Nueva Delhi, identificó en toda India 3.159 montañas de este tipo que contienen 800 millones de toneladas de desechos.

Estas han sido durante años un dolor de cabeza para funcionarios y políticos.

El 1 de octubre, Modi anunció un “programa nacional de limpieza” de casi US$13.000 millones que incluirá la instalación de una serie de plantas de tratamiento de aguas residuales para reemplazar gradualmente los vertederos de basura al aire libre como el de Deonar.

Pero los expertos se muestran escépticos.

“Si bien se ha logrado en ciudades más pequeñas, es difícil proporcionar una solución para las montañas de desechos a esta escala”, dice Siddharth Ghanshyam Singh, subdirector de programas de CSE.

“Se reconoce que es un problema, pero hemos aceptado que si vamos a vivir en grandes ciudades como Bombay o Nueva Delhi estas montañas de basura van a estar allí”, señala Dharmesh Shah, coordinador en el país de la Alianza Global para Alternativas de Incineradores, una coalición de grupos que abogan por la reducción de residuos.

Deonar

Reuters
La montaña de basura se incendi[o en marzo de 2016;.

Desde el año 2000, India ha aprobado regulaciones que obligan a los municipios a que procesen los desechos.

Pero la mayoría de los estados informan de un cumplimiento solo parcial y no hay suficientes plantas de tratamiento de desechos.

Bombay, la capital comercial y del entretenimiento de la India y hogar de unos 20 millones de personas, tiene una sola planta de este tipo.

Ahora hay planes para instalar una planta que convierta los residuos en energía en Deonar.

Modi dijo que espera que el plan cree nuevos empleos ecológicos. Pero esto preocupa a los recolectores como Farha que llevan toda la vida dedicados a ello.

Aunque desde el incendio de 2016 acceder a la montaña de basura de Deonar se ha vuelto más difícil.

El municipio incrementó la seguridad para evitar que los recolectores entren y provoquen incendios: las llamas derriten la basura más liviana, quedando con ello expuesto el metal que se vende a precios altos.

Los recolectores que logran colarse a menudo son golpeados, detenidos y expulsados, aunque algunos sobornan a los guardias o acceden al vertedero antes del amanecer, cuando comienzan las patrullas de seguridad.

Pero ese no es el único motivo por el que los recolectores de basura de Deonar han visto su modo de vida. Y es que ahora gran parte de la separación de residuos se hace en la ciudad.

Como consecuencia, Farha no tiene teléfono desde hace meses. Y se ve obligada a sobornar a los guardias con al menos 50 rupias (US$0,67) todos los días para entrar y trabajar en los terrenos de Deonar.

Para recuperar esto, incluso pensó en buscar entre la basura que comenzó a llegar desde las salas del hospital en las que se atendía a los pacientes de covid-19 el año pasado.

Pero su familia le pidió que no recogiera esos desechos “dañinos”.

Así que ahora se queda cerca, observando a los recolectores que usan equipo de protección para seguir recogiendo plástico bajo la lluvia para revender.

La ciudad estaba enviando basura nueva y, como lo habían hecho durante años, las montañas tenían que acomodarla y los recolectores tenían que recolectarla y revenderla.

“El hambre nos matará si no nos mata la enfermedad”, dice Farha.

*Saumya Roy es una periodista con sede en Bombay y autora del libro Mountain Tales: Love and Loss in the Municipality of Castaway Belonging (Profile Books / Hachette India).


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