En primer año de AMLO: gasto irregular de 8 mil mdp en obras de reconstrucción
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En primer año de AMLO: opacidad y omisiones en gasto de 8 mil mdp para reconstrucción tras sismos

Informes de ASF reportan un cúmulo de irregularidades en el programa para reparar escuelas, casas, hospitales y monumentos dañados por los sismos.
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2 de noviembre, 2020
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Entrega de dinero sin calendarios ni controles, nula supervisión de obras y beneficiarios, subejercicios o sobreejercicios sin explicación lógica, informes incompletos o contradictorios, sistemas de seguimiento que nunca se pusieron en marcha, cifras que no cuadran…

Son algunos ejemplos del cúmulo de irregularidades que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) detectó en la ejecución en 2019 del Programa Nacional de Reconstrucción tras los sismos de 2017 y 2018, y para el cual el gobierno de Andrés Manuel López Obrador contó con un presupuesto que ascendió a los 8 mil millones de pesos.

Entérate: Programa de Reconstrucción solo avanzó 20% y en daños menores, advierte Coneval

El dinero estaba destinado para la reparación integral de viviendas, escuelas, hospitales y hasta monumentos históricos dañados o destruidos por los sismos, sin embargo, la pésima ejecución del programa denunciada por los auditores impidió, siquiera, conocer de forma confiable en que medida se ha avanzado y si ha habido un beneficio o no para los afectados.

En la base de las fallas está la nueva administración de la Secretaría de Desarrollo Territorial y Urbano (Sedatu), ya que es la instancia a la que correspondía la correcta coordinación y seguimiento de los distintos entes y dependencias responsables de ejecutar los recursos del programa. De hecho, solo por esa coordinación la SEDATU ejerció un presupuesto de mas de 370 millones, pero su desempeño fue negativo, según la ASF.

“El desempeño de la SEDATU presentó deficiencias estratégicas y operativas como instancia coordinadora, lo que implicó que no acreditará la evidencia que posibilitara tener la certeza de la atención de los 37 mil 218 bienes identificados como afectados, ni de su avance físico y financiero y, por tanto, garantizar que la aplicación de los recursos económicos asignados al programa de reconstrucción se administraran cumpliendo con los principios de eficiencia, eficacia y economía”, concluyeron los auditores.

La ASF evaluó a través de siete auditorías de desempeño las distintas vertientes que cubre el Programa Nacional de Reconstrucción. La conclusión unánime en todas es que el trabajo fue opaco, descontrolado y en términos generales deficiente. A continuación, Animal Político presenta el resumen de los resultados en las tres principales áreas de cobertura:

Vivienda: cobertura corta y dudosa

En 2019 se destinaron 5 mil 240 millones de pesos para la atención de las viviendas afectadas por los sismos. La ejecución estuvo a cargo de la Comisión Nacional de Vivienda (CONAVI). El objetivo era apoyar en la reconstrucción o reparación de 180 mil 545 viviendas en más de una decena de entidades, situación que estuvo lejos de cumplirse.

De entrada, los auditores detectaron que no hay evidencia documental que permita realmente identificar con precisión el universo completo de las viviendas a atender, ni un plan general para llevarlo a cabo. Al final, se reportó solo identificación y entrega de 36 mil 495 subsidios, casi la quinta parte del universo objetivos.

Pero ni la atención y seguimiento de lo que sí se entregó se realizó de manera adecuada pues la carencia de controles y procedimientos rigurosos ocurrió desde el momento mismo de entregar el dinero, de lo que no hay constancia. A partir de ahí se puso en riesgo la cobertura completa del programa.

“Aunque la CONAVI informó que se ministraron los recursos no se acreditó su entrega ni la documentación que lo sustente, tampoco comprobó contar con una calendarización para la ejecución de los subsidios que sirviera como una base para el control en la ejecución de los recursos del programa para el mejor cumplimiento de sus objetivos, sin que justificara las causas de esas deficiencias”, indica el informe de los auditores.

Aunado a ello se identificaron discrepancias entre distintos registros internos entregados por la entidad responsable de la ejecución, algunos de ellos basados mas en estimaciones que en un seguimiento real en terreno, así como carencias de una metodología adecuada y un diseño del programa solido. Desde el punto de vista de los auditores, eso le resta confiabilidad a los datos aportados.

“Al carecer de la evidencia documental no acreditó en qué medida esas personas afectadas tuvieron acceso a viviendas habitables, seguras estructuralmente y adecuadas, conforme a los objetivos del programa, lo cual representó un riesgo de que el programa no repercutiera en la atención de los afectados por esos desastres naturales”, concluyó la ASF.

Escuelas: más gasto y… ¡menos cobertura!

En la atención de escuelas afectadas por los sismos los auditores encontraron algunas de las deficiencias más graves. La responsable operativa fue la Secretaría de Educación Pública a través del Instituto Nacional de Infraestructura Física Educativa (INIFED). El objetivo era apoyar en la reparación de 736 planteles dañados ejerciendo un presupuesto de 800 millones de pesos.

Lo que los auditores encontraron fue diametralmente distinto. El INIFED terminó gastando un presupuesto 50 por ciento mayor al programado llegando a los 1 mil 230 millones de pesos pero que solo se tradujeron en la entrega de subsidios para 296 plateles afectados, menos de la mitad de los beneficiarios que debían cubrirse.

Detrás de todo esto hay un cúmulo de distintas fallas y omisiones. Por ejemplo, los subsidios fueron registrados de forma tan deficiente que en el 30 por ciento de ellos resultó imposible determinar la ubicación del plantel educativo que supuestamente fue beneficiado según los registros.

Al igual que en el caso de las viviendas existe una sistemática falta de calendarización para la entrega de los subsidios, y hay un pobre seguimiento mensual del avance en la ejecución de los proyectos. Las inconsistencias fueron constantes a lo largo de todo 2019 al punto en que hoy resulta complejo generar al menos un esquema confiable de verificación en el terreno de los trabajos reportados.

“En opinión de la ASF, el ejercicio de los recursos y la operación, en 2019, del Programa Nacional de Reconstrucción para la entrega de subsidios con el propósito de atender la infraestructura física educativa afectada por los sismos de 2017 y 2018 se realizó de manera deficiente, desarticulada y con el mínimo control y seguimiento de sus actividades”, concluye el informe de resultados de los auditores.

Hospitales: dos años y muy poco

La meta en 2019 se centró en atender 109 centros de salud en el país afectados de manera considerable por los sismos ocurridos dos años antes, para lo cual se presupuestaron 800 millones de pesos del programa que se asignaron a la Secretaría de Salud Federal.

Lo que los auditores encontraron, otra vez, fue una ejecución del programa que se quedó corta y que además es dudosa.

El informe de resultados arroja que, del universo de centros de salud a atender, solo se entregaron los subsidios correspondientes a 81 hospitales y clínicas, es decir al 77 por ciento del total de los que se habían programado atender, quedando fuera la quinta parte de ellos. Pero, además, tampoco hay evidencia documental suficiente para sostener que los que sí fueron atendidos realmente recibieron los apoyos completos.

“Durante la revisión, se detectaron deficiencias en los procesos de programación, ejecución y seguimiento, lo que no otorgó certeza respecto del avance en la rehabilitación de la infraestructura en salud afectada, ni del restablecimiento de los servicios médicos a la población afectada, lo que ocasionó que, a dos años de los sismos ocurridos en el país, los derechos de la población que sería apoyada continúan restringidos”, señalaron los auditores.

La asignación del dinero presenta graves inconsistencias, Salud firmó convenios para la distribución de 397 millones de pesos en los centros afectados, pero luego reportó la transferencia de 467 millones, sin que haya explicación del porque de la diferencia entre lo convenido y lo ministrado. Y en cualquier caso se trata de un subejercicio del presupuesto total programado.

Todo lo anterior sumado a omisiones administrativas como la habitual falta de seguimiento y verificación adecuada llevan a concluir, según la ASF, un funcionamiento “desarticulado del programa”, y en general un ejercicio “deficiente, inercial y con el mínimo control y seguimiento de sus actividades”.

Monumentos: en 12 años terminan

Los sismos de 2017 y 2018 ocasionaron afectaciones de distinta gravedad a 2 mil 430 monumentos históricos y sitios arqueológicos en once estados. En 2019 se presupuestaron, como parte del Programa Nacional de Reconstrucción, un total de 800 millones de pesos para atender un mínimo de 1 mil 137 monumentos del universo de los afectados. La operación quedó a cargo de la Secretaría de Cultura.

Como fue el común denominador en otros casos, los auditores encontraron una ejecución con múltiples inconsistencias. Por ejemplo, Cultura recibió 669 solicitudes formales para acceder a los subsidios, de las cuales solo 54 se presentaron con los lineamientos completos establecidos en la convocatoria. Pese a ello la dependencia reportó la entrega de recursos para el apoyo de 206 bienes.

La entrega del dinero se hizo sin definir parámetros sobre montos mínimos o máximos, es decir, de forma totalmente discrecional. No hubo seguimientos adecuados, ni controles, ni verificaciones. Los auditores solo recibieron soporte documental de 175 de los bienes apoyados.

Aun con todo el desorden y los controles mínimos la cobertura se quedó muy lejos de los programado. La ASF subraya que los 206 bienes apoyados representan una “cobertura marginal” respecto al universo de 1 mil 137 que debieron haberse atendido y restaurado.

Peor aun es que de los 206 proyectos apoyados solo se concluyeron los trabajos al cierre de la auditoría en 101 casos. A ese ritmo, indican los auditores, se necesitarían por lo menos doce años más para concluir la restauración del patrimonio cultural e histórico afectado por los sismos de 2017 y 2018.

Aunque no forma parte del programa, la ASF también reviso la gestión que hizo e Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para la atención de 134 monumentos afectados por los sismos, intervenciones que constaron 117.5 millones de pesos de recursos que en este caso provinieron del FONDEN.

El resultado, para mal, fue el mismo: ausencia de documentos que amparen la entrega adecuada del dinero y de mecanismos para un correcto seguimiento de los trabajos que deberían de haberse llevado a cabo, lo que en suma impide acreditar que realmente haya avances en la restauración de patrimonio cultural aun cuando el dinero se gasta en gran cantidad.

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11S: por qué la CIA no detectó los ataques contra las Torres Gemelas (pese a las señales que tuvo)

Cuando la CIA no logró evitar los ataques del 11 de septiembre de 2001, muchos se preguntaron si se pudo haber hecho más, pero este fracaso al parecer fue causado por un problema que va mucho más allá de las agencias de inteligencia.
Getty Images
11 de septiembre, 2021
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El fracaso de la CIA a la hora de detectar las señales que advertían de los ataques del 11 de septiembre de 2001 se ha convertido en uno de los temas más controvertidos en la historia de los servicios de inteligencia. Ha habido comisiones, revisiones, investigaciones internas y más.

Por un lado están los que dicen que la CIA no notó señales de advertencia obvias. Por el otro, aquellos que argumentan que es notoriamente difícil identificar las amenazas de antemano y que la agencia estadounidense hizo todo lo que era razonablemente posible.

Pero, ¿qué pasa si ambos lados están equivocados?

¿Qué pasa si la verdadera razón por la cual la CIA no pudo detectar la trama es más sutil de lo que cualquiera de las partes piensa?

¿Y qué si les digo que este problema se extiende más allá de los servicios de inteligencia y afecta en silencio a miles de organizaciones, gobiernos y equipos hoy en día?

Si bien muchas de las investigaciones se centraron en lo que la agencia hizo o dejó de hacer con la información disponible antes del 11S, pocos dieron un paso atrás para examinar la estructura interna de la propia CIA y, en particular, sus políticas de contratación.

Y desde una perspectiva tradicional, eran inmejorables: los potenciales analistas eran sometidos a una batería de exámenes psicológicos, médicos y de todo tipo. Y no hay duda de que contrataron personas excepcionales.

“Los dos exámenes principales eran uno del tipo de la prueba de acceso a la universidad para determinar la inteligencia de un candidato y un perfil psicológico para examinar su estado mental”, explica un veterano de la CIA.

“Las pruebas eliminaban a cualquiera que no fuera sobresaliente en ambos casos. En el año en que presenté mi solicitud, aceptaron a un candidato por cada 20.000 solicitantes. Cuando la CIA decía que contrataba a los mejores, estaba en lo cierto”, agrega.

Y, sin embargo, la mayoría de estos reclutas también se veían muy similares: hombres, blancos, anglosajones, estadounidenses, de religión protestante.

Este es un fenómeno común en el reclutamiento, a veces llamado “homofilia”: las personas tienden a contratar a personas que piensan (y a menudo se ven) como ellos mismos.

Y es que a uno lo valida el estar rodeado de personas que comparten las propias perspectivas y creencias.

De hecho, los escáneres cerebrales sugieren que cuando otros reflejan nuestros propios pensamientos eso estimula los centros de placer de nuestros cerebros.

Un hombre cruza el lobby de la sede de la CIA

AFP
Para el momento de los ataques, la mayor parte de los analistas de la CIA eran muy similares.

En su estudio sobre la CIA, los expertos en inteligencia Milo Jones y Phillipe Silberzahn escriben: “El primer atributo consistente de la identidad y cultura de la CIA desde 1947 hasta 2001 es la homogeneidad de su personal en términos de raza, sexo, etnia y antecedentes de clase“.

Y un estudio del inspector general sobre prácticas de reclutamiento encontró que en 1964, una rama de la CIA, la Oficina de Estimaciones Nacionales, “no tenía profesionales negros, judíos o mujeres, y solo unos pocos católicos”.

Para 1967, según el informe, había menos de 20 afroamericanos de unos 12.000 empleados no administrativos de la CIA, y la agencia mantuvo la práctica de no contratar minorías desde la década de 1960 hasta la década de 1980.

Y, hasta 1975, la comunidad de inteligencia de Estados Unidos “prohibió abiertamente el empleo de homosexuales”.

Hablando de su experiencia con la CIA en la década de 1980, una persona con información privilegiada escribió que el proceso de reclutamiento “condujo a nuevos oficiales que se parecían mucho a las personas que los reclutaron: blancos, en su mayoría anglosajones; de clase media y alta; graduados universitarios de artes liberales”. Había pocas mujeres y “pocas etnias, incluso con antecedentes europeos recientes”.

“En otras palabras, ni siquiera tanta diversidad como había entre los que habían ayudado a crear la CIA”, destaca el escrito.

La diversidad se redujo aún más después del final de la Guerra Fría. Un exoficial de operaciones dijo que la CIA tenía una “cultura blanca como el arroz”.

Y en los meses previos al 11 de septiembre, la Revista Internacional de Inteligencia y Contrainteligencia comentó: “Desde su inicio, la comunidad de inteligencia integrada por la élite protestante blanca, no solo porque esa era la clase en el poder, sino porque esa élite se vio a sí misma como garante y protectora de los valores y la ética estadounidenses”.

La sede de la CIA en Langley, Virginia

AFP
La sede de la CIA en Langley, Virginia

¿Pero por qué es un problema esta homogeneidad? Si uno está conformando un equipo de relevos, ¿no quiere simplemente a los corredores más rápidos? ¿Por qué habría de importar si son del mismo color, género, clase social, etc.?

Pues porque esta lógica, aunque irrefutable cuando se aplica a tareas simples como correr, cambia cuando se aplica a tareas complejas como la inteligencia.

¿Por qué? Porque cuando un problema es complejo, ninguna persona tiene todas las respuestas. Todos tenemos puntos ciegos, lagunas en nuestra comprensión.

Y esto significa que si uno reúne a un grupo de personas que comparten perspectivas y antecedentes similares, es probable que compartan los mismos puntos ciegos.

Lo que a su vez significa que lejos de desafiar y abordar estos puntos ciegos, es probable que estos se refuercen.


La ceguera de perspectiva describe el hecho que a menudo no somos capaces de ver a nuestros propios puntos ciegos. Nuestros modos de pensamiento son tan habituales que apenas notamos cómo filtran nuestra percepción de la realidad.

La periodista Reni Eddo-Lodge describe un período en el que tuvo que ir en bicicleta al trabajo: “Una verdad incómoda se me ocurrió cuando cargaba mi bicicleta de arriba a abajo por las escaleras: la mayoría del transporte público no era fácilmente accesible… Antes de tener que transportar mis propias ruedas, nunca me había dado cuenta de este problema. Había sido ajena al hecho de que esta falta de accesibilidad estaba afectando a cientos de personas”.

Este ejemplo no implica necesariamente que todas las estaciones deban estar equipadas con rampas o ascensores. Pero sí muestra que solo podemos realizar un análisis significativo si somos capaces de percibir los costos y beneficios. Y esto depende de la diversidad de perspectiva, de personas que pueden ayudarnos a ver nuestros propios puntos ciegos y a quienes podemos ayudar a ver los suyos.


Osama bin Laden le declaró la guerra a Estados Unidos desde una cueva en Tora Bora en febrero de 1996. Las imágenes mostraban a un hombre con una barba que le llegaba hasta el pecho. Vestía una túnica debajo del uniforme de combate.

Hoy, dado todo lo que sabemos sobre el horror que desencadenó, la declaración parece amenazante.

Pero una fuente de la principal agencia de inteligencia de EE.UU. dijo que la CIA “no podía creer que este saudita alto y con barba, en cuclillas alrededor de una fogata, pudiera ser una amenaza para Estados Unidos”.

Osama Bin Laden le declaró la guerra a EE.UU. desde una cueva en Afganistán el 20 de agosto de 1998.

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Osama Bin Laden le declaró la guerra a EE.UU. desde una cueva en Afganistán el 20 de agosto de 1998.

En otras palabras, para una masa crítica de analistas, Bin Laden parecía primitivo y relativamente inofensivo.

Richard Holbrooke, un alto funcionario del gobierno del presidente Clinton, lo expresó de esta manera: “¿Cómo puede un hombre en una cueva superar a los líderes mundiales de la sociedad de la información?“.

Otro dijo: “Simplemente no pudieron justificar la necesidad de destinar recursos para averiguar más sobre Bin Laden y Al Qaeda porque el tipo vivía en una cueva. Para ellos, era la esencia del atraso”.

Ahora, considera cómo alguien más familiarizado con el islam habría percibido las mismas imágenes.

Bin Laden llevaba una túnica no porque fuera primitivo en intelecto o tecnología, sino porque trataba de parecerse al profeta Mahoma. Ayunaba los mismos días que Mahoma ayunó. Sus poses y posturas, que a un público occidental le parecían tan atrasadas, eran las mismas que la tradición islámica atribuye al más sagrado de sus profetas.

Como lo expresó Lawrence Wright en el libro sobre el 11 de septiembre que le valió el Premio Pulitzer, Bin Laden orquestó su operación “invocando imágenes que eran profundamente significativas para muchos musulmanes pero prácticamente invisibles para aquellos que no estaban familiarizados con esa fe“.

Jones escribe: “La anécdota de la barba y la fogata es evidencia de un patrón más amplio en el que los estadounidenses no musulmanes, incluso los consumidores de inteligencia más experimentados, subestimaron a Al Qaeda por razones culturales”.

Osama Bin Laden

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Los analistas de la CIA no dimensionaron la amenaza representada por el millonario saudita.

En cuanto a la cueva, esta tenía un simbolismo aún más profundo.

Como casi cualquier musulmán sabe, Mahoma buscó refugio en una cueva después de escapar de sus perseguidores en La Meca. Para un musulmán, una cueva es sagrada. El arte islámico está lleno de imágenes de estalactitas.

Y Bin Laden modeló su exilio en Tora Bora como su propia hijrah personal, utilizando la cueva como propaganda.

Como dijo un erudito musulmán: “Bin Laden no era primitivo; era estratégico. Sabía manejar las imágenes del Corán para incitar a aquellos que luego se convertirían en mártires en los ataques del 11 de septiembre”.

Los analistas también fueron engañados por el hecho de que Bin Laden a menudo emitía pronunciamientos en forma de poesía.

Para los analistas blancos de clase media, esto parecía excéntrico y reforzaba la idea de un “mullah primitivo en una cueva”.

Para los musulmanes, sin embargo, la poesía tiene un significado diferente. Es sagrada. De hecho, los talibanes se expresan habitualmente en poesía.

La agencia estadounidense, sin embargo, estaba estudiando los pronunciamientos de Bin Laden utilizando un marco de referencia sesgado.

Como lo expresaron Jones y Silberzahn: “La poesía en sí misma no estaba únicamente en un idioma extranjero, el árabe; también provenía de un universo conceptual a años luz de la sede de la CIA”.

Islamistas pro Bin Laden

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“Bin Laden sabía manejar las imágenes del Corán para incitar a aquellos que luego se convertirían en mártires en los ataques del 11 de septiembre”.

Para el año 2000, la “chusma antimoderna y sin educación” que seguía a Bin Laden había crecido hasta alcanzar unas 20.000 personas, en su mayoría con educación universitaria y con un sesgo hacia la ingeniería.

Yazid Sufaat, quien se convertiría en uno de los investigadores de ántrax de Al Qaeda, tenía un título en Química. Y muchos estaban listos para morir por su fe.

Mientras tanto, el alto funcionario de la CIA Paul Pillar (blanco, de mediana edad, educado en una universidad de élite), estaba descartando la posibilidad misma de un gran ataque terrorista.

“Sería un error redefinir el contraterrorismo como la tarea de lidiar con el terrorismo ‘catastrófico’, ‘grandioso’ o el ‘súperterrorismo’, cuando en realidad esas etiquetas no representan la mayor parte del terrorismo que Estados Unidos probablemente deba enfrentar“, dijo.

Y otro defecto en las deliberaciones de la CIA fue su renuencia a creer que Bin Laden iniciaría un conflicto con Estados Unidos.

¿Por qué comenzar una guerra que no podría ganar?

Póster de búsqueda de Osama Bin Laden

AFP
Cuando EE.UU. reconoció el peligro que representaba Bin Laden, ya era tarde.

Los analistas no habían dado el salto conceptual que permite entender que para los yihadistas la victoria no debe asegurarse en la tierra sino en el paraíso.

De hecho, el nombre en clave de Al Qaeda para la trama era “La gran boda”.

Y es que en la ideología de los suicidas, el día de la muerte de un mártir es también el día de su boda, cuando es recibido por vírgenes en el cielo.

La CIA podría haber asignado más recursos a investigar a Al Qaeda. Podría haber intentado infiltrar la organización. Pero en la agencia fueron incapaces de comprender la urgencia. No asignaron más recursos, porque no percibieron una amenaza.

No buscaron penetrar Al Qaeda porque ignoraban el agujero en su análisis. Y el problema no se limitaba (únicamente) a la incapacidad de conectar los puntos en el otoño de 2001, sino que remitía una falla en todo el ciclo de inteligencia.

La escasez de musulmanes dentro de la CIA es solo un ejemplo de cómo la homogeneidad debilitó a la principal agencia de inteligencia del mundo, da una idea de cómo un grupo más diverso habría posibilitado una comprensión más rica no solo de la amenaza que representaba Al Qaeda, sino también de los peligros en todo el mundo; de cómo diferentes marcos de referencia, diferentes perspectivas, habrían posibilitado una síntesis más completa, matizada y poderosa.

Por ejemplo, una proporción sorprendentemente alta del personal de la CIA había crecido en familias de clase media, soportado pocas dificultades financieras u otros signos de potenciales precursores de la radicalización, o numerosas otras experiencias que podrían haber enriquecido el proceso de inteligencia.

En un equipo más diverso, cada uno de ellos habría sido un valioso activo. Como grupo, sin embargo, tenían defectos.

Gente con traje

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“A uno lo valida el estar rodeado de personas que comparten las propias perspectivas y creencias”.

El problema, sin embargo, no es solo de la CIA, como se nota al mirar a muchos gabinetes de gobiernos, bufetes de abogados, equipos de liderazgo del ejército, altos funcionarios públicos e incluso ejecutivos de algunas empresas de tecnología.

Y es que nos sentimos inconscientemente atraídos por personas que piensan como nosotros, pero rara vez notamos el peligro porque desconocemos nuestros propios puntos ciegos.

John Cleese, el comediante, lo expresó de esta manera: “Todo el mundo tiene teorías. Las personas peligrosas son aquellas que no conocen sus propias teorías. Es decir, las teorías sobre las que operan son en gran parte inconscientes”.

Obtener la combinación correcta de diversidad en los grupos humanos no es fácil. Reunir las mentes correctas, con perspectivas que desafían, aumentan, divergen y polinizan en lugar de loros, corroboran y restringen, es un verdadera ciencia.

Pero esto se convertirá en una fuente clave de ventaja competitiva para las organizaciones, sin mencionar las agencias de seguridad. Así es como los enteros se vuelven más que la suma de sus partes.

La CIA, por su parte, ha dado importantes pasos hacia una diversidad significativa desde el 11 de septiembre.

Pero el problema continúa persiguiendo a la agencia y un informe interno en 2015 fue bastante crítico.

Como dijo el entonces director, John Brennan: “El grupo de estudio analizó detenidamente nuestra agencia y llegó a una conclusión inequívoca, la CIA simplemente debe hacer más para desarrollar el entorno de liderazgo diverso e inclusivo que requieren nuestros valores y que nuestra misión exige”.

*Matthew Syed es el autor de Rebel Ideas: The Power of Diverse Thinking (“Ideas rebeldes: el poder del pensamiento diverso”).


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