En primer año de AMLO: gasto irregular de 8 mil mdp en obras de reconstrucción
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En primer año de AMLO: opacidad y omisiones en gasto de 8 mil mdp para reconstrucción tras sismos

Informes de ASF reportan un cúmulo de irregularidades en el programa para reparar escuelas, casas, hospitales y monumentos dañados por los sismos.
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2 de noviembre, 2020
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Entrega de dinero sin calendarios ni controles, nula supervisión de obras y beneficiarios, subejercicios o sobreejercicios sin explicación lógica, informes incompletos o contradictorios, sistemas de seguimiento que nunca se pusieron en marcha, cifras que no cuadran…

Son algunos ejemplos del cúmulo de irregularidades que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) detectó en la ejecución en 2019 del Programa Nacional de Reconstrucción tras los sismos de 2017 y 2018, y para el cual el gobierno de Andrés Manuel López Obrador contó con un presupuesto que ascendió a los 8 mil millones de pesos.

Entérate: Programa de Reconstrucción solo avanzó 20% y en daños menores, advierte Coneval

El dinero estaba destinado para la reparación integral de viviendas, escuelas, hospitales y hasta monumentos históricos dañados o destruidos por los sismos, sin embargo, la pésima ejecución del programa denunciada por los auditores impidió, siquiera, conocer de forma confiable en que medida se ha avanzado y si ha habido un beneficio o no para los afectados.

En la base de las fallas está la nueva administración de la Secretaría de Desarrollo Territorial y Urbano (Sedatu), ya que es la instancia a la que correspondía la correcta coordinación y seguimiento de los distintos entes y dependencias responsables de ejecutar los recursos del programa. De hecho, solo por esa coordinación la SEDATU ejerció un presupuesto de mas de 370 millones, pero su desempeño fue negativo, según la ASF.

“El desempeño de la SEDATU presentó deficiencias estratégicas y operativas como instancia coordinadora, lo que implicó que no acreditará la evidencia que posibilitara tener la certeza de la atención de los 37 mil 218 bienes identificados como afectados, ni de su avance físico y financiero y, por tanto, garantizar que la aplicación de los recursos económicos asignados al programa de reconstrucción se administraran cumpliendo con los principios de eficiencia, eficacia y economía”, concluyeron los auditores.

La ASF evaluó a través de siete auditorías de desempeño las distintas vertientes que cubre el Programa Nacional de Reconstrucción. La conclusión unánime en todas es que el trabajo fue opaco, descontrolado y en términos generales deficiente. A continuación, Animal Político presenta el resumen de los resultados en las tres principales áreas de cobertura:

Vivienda: cobertura corta y dudosa

En 2019 se destinaron 5 mil 240 millones de pesos para la atención de las viviendas afectadas por los sismos. La ejecución estuvo a cargo de la Comisión Nacional de Vivienda (CONAVI). El objetivo era apoyar en la reconstrucción o reparación de 180 mil 545 viviendas en más de una decena de entidades, situación que estuvo lejos de cumplirse.

De entrada, los auditores detectaron que no hay evidencia documental que permita realmente identificar con precisión el universo completo de las viviendas a atender, ni un plan general para llevarlo a cabo. Al final, se reportó solo identificación y entrega de 36 mil 495 subsidios, casi la quinta parte del universo objetivos.

Pero ni la atención y seguimiento de lo que sí se entregó se realizó de manera adecuada pues la carencia de controles y procedimientos rigurosos ocurrió desde el momento mismo de entregar el dinero, de lo que no hay constancia. A partir de ahí se puso en riesgo la cobertura completa del programa.

“Aunque la CONAVI informó que se ministraron los recursos no se acreditó su entrega ni la documentación que lo sustente, tampoco comprobó contar con una calendarización para la ejecución de los subsidios que sirviera como una base para el control en la ejecución de los recursos del programa para el mejor cumplimiento de sus objetivos, sin que justificara las causas de esas deficiencias”, indica el informe de los auditores.

Aunado a ello se identificaron discrepancias entre distintos registros internos entregados por la entidad responsable de la ejecución, algunos de ellos basados mas en estimaciones que en un seguimiento real en terreno, así como carencias de una metodología adecuada y un diseño del programa solido. Desde el punto de vista de los auditores, eso le resta confiabilidad a los datos aportados.

“Al carecer de la evidencia documental no acreditó en qué medida esas personas afectadas tuvieron acceso a viviendas habitables, seguras estructuralmente y adecuadas, conforme a los objetivos del programa, lo cual representó un riesgo de que el programa no repercutiera en la atención de los afectados por esos desastres naturales”, concluyó la ASF.

Escuelas: más gasto y… ¡menos cobertura!

En la atención de escuelas afectadas por los sismos los auditores encontraron algunas de las deficiencias más graves. La responsable operativa fue la Secretaría de Educación Pública a través del Instituto Nacional de Infraestructura Física Educativa (INIFED). El objetivo era apoyar en la reparación de 736 planteles dañados ejerciendo un presupuesto de 800 millones de pesos.

Lo que los auditores encontraron fue diametralmente distinto. El INIFED terminó gastando un presupuesto 50 por ciento mayor al programado llegando a los 1 mil 230 millones de pesos pero que solo se tradujeron en la entrega de subsidios para 296 plateles afectados, menos de la mitad de los beneficiarios que debían cubrirse.

Detrás de todo esto hay un cúmulo de distintas fallas y omisiones. Por ejemplo, los subsidios fueron registrados de forma tan deficiente que en el 30 por ciento de ellos resultó imposible determinar la ubicación del plantel educativo que supuestamente fue beneficiado según los registros.

Al igual que en el caso de las viviendas existe una sistemática falta de calendarización para la entrega de los subsidios, y hay un pobre seguimiento mensual del avance en la ejecución de los proyectos. Las inconsistencias fueron constantes a lo largo de todo 2019 al punto en que hoy resulta complejo generar al menos un esquema confiable de verificación en el terreno de los trabajos reportados.

“En opinión de la ASF, el ejercicio de los recursos y la operación, en 2019, del Programa Nacional de Reconstrucción para la entrega de subsidios con el propósito de atender la infraestructura física educativa afectada por los sismos de 2017 y 2018 se realizó de manera deficiente, desarticulada y con el mínimo control y seguimiento de sus actividades”, concluye el informe de resultados de los auditores.

Hospitales: dos años y muy poco

La meta en 2019 se centró en atender 109 centros de salud en el país afectados de manera considerable por los sismos ocurridos dos años antes, para lo cual se presupuestaron 800 millones de pesos del programa que se asignaron a la Secretaría de Salud Federal.

Lo que los auditores encontraron, otra vez, fue una ejecución del programa que se quedó corta y que además es dudosa.

El informe de resultados arroja que, del universo de centros de salud a atender, solo se entregaron los subsidios correspondientes a 81 hospitales y clínicas, es decir al 77 por ciento del total de los que se habían programado atender, quedando fuera la quinta parte de ellos. Pero, además, tampoco hay evidencia documental suficiente para sostener que los que sí fueron atendidos realmente recibieron los apoyos completos.

“Durante la revisión, se detectaron deficiencias en los procesos de programación, ejecución y seguimiento, lo que no otorgó certeza respecto del avance en la rehabilitación de la infraestructura en salud afectada, ni del restablecimiento de los servicios médicos a la población afectada, lo que ocasionó que, a dos años de los sismos ocurridos en el país, los derechos de la población que sería apoyada continúan restringidos”, señalaron los auditores.

La asignación del dinero presenta graves inconsistencias, Salud firmó convenios para la distribución de 397 millones de pesos en los centros afectados, pero luego reportó la transferencia de 467 millones, sin que haya explicación del porque de la diferencia entre lo convenido y lo ministrado. Y en cualquier caso se trata de un subejercicio del presupuesto total programado.

Todo lo anterior sumado a omisiones administrativas como la habitual falta de seguimiento y verificación adecuada llevan a concluir, según la ASF, un funcionamiento “desarticulado del programa”, y en general un ejercicio “deficiente, inercial y con el mínimo control y seguimiento de sus actividades”.

Monumentos: en 12 años terminan

Los sismos de 2017 y 2018 ocasionaron afectaciones de distinta gravedad a 2 mil 430 monumentos históricos y sitios arqueológicos en once estados. En 2019 se presupuestaron, como parte del Programa Nacional de Reconstrucción, un total de 800 millones de pesos para atender un mínimo de 1 mil 137 monumentos del universo de los afectados. La operación quedó a cargo de la Secretaría de Cultura.

Como fue el común denominador en otros casos, los auditores encontraron una ejecución con múltiples inconsistencias. Por ejemplo, Cultura recibió 669 solicitudes formales para acceder a los subsidios, de las cuales solo 54 se presentaron con los lineamientos completos establecidos en la convocatoria. Pese a ello la dependencia reportó la entrega de recursos para el apoyo de 206 bienes.

La entrega del dinero se hizo sin definir parámetros sobre montos mínimos o máximos, es decir, de forma totalmente discrecional. No hubo seguimientos adecuados, ni controles, ni verificaciones. Los auditores solo recibieron soporte documental de 175 de los bienes apoyados.

Aun con todo el desorden y los controles mínimos la cobertura se quedó muy lejos de los programado. La ASF subraya que los 206 bienes apoyados representan una “cobertura marginal” respecto al universo de 1 mil 137 que debieron haberse atendido y restaurado.

Peor aun es que de los 206 proyectos apoyados solo se concluyeron los trabajos al cierre de la auditoría en 101 casos. A ese ritmo, indican los auditores, se necesitarían por lo menos doce años más para concluir la restauración del patrimonio cultural e histórico afectado por los sismos de 2017 y 2018.

Aunque no forma parte del programa, la ASF también reviso la gestión que hizo e Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para la atención de 134 monumentos afectados por los sismos, intervenciones que constaron 117.5 millones de pesos de recursos que en este caso provinieron del FONDEN.

El resultado, para mal, fue el mismo: ausencia de documentos que amparen la entrega adecuada del dinero y de mecanismos para un correcto seguimiento de los trabajos que deberían de haberse llevado a cabo, lo que en suma impide acreditar que realmente haya avances en la restauración de patrimonio cultural aun cuando el dinero se gasta en gran cantidad.

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Por qué la pandemia de COVID-19 disminuyó nuestra capacidad de concentración (y 3 trucos para recuperarla)

Una de las consecuencias psicológicas de la pandemia es la dificultad para concentrarse en tareas como la lectura o el trabajo.
19 de diciembre, 2020
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Da la impresión que ya llevamos años en estos “tiempos inciertos”.

Hace meses nuestras rutinas fueron interrumpidas y nos hemos visto obligados a adaptarnos.

Y una consecuencia importante es el estado de fatiga mental. Se volvió más difícil concentrarse durante un período largo de tiempo y parece que estuviéramos en un estado colectivo de distracción casi constante.

“Sentí que tenía un bloqueo mental que me impedía concentrarme “, afirma la escritora y lectora asidua Sophie Vershbow.

Ella entró en ese estado de ánimo al principio de la pandemia y su tuit en el que admitía no poder concentrarse lo suficiente para leer un libro recibió más de 2.000 “me gusta”.

Pero no está sola. Haga una búsqueda rápida en internet y encontrará una avalancha de artículos recientes sobre personas que no pueden concentrarse, el predominio de la “niebla mental” y las diferentes formas de pérdida de concentración.

Por supuesto, gran parte de este sentimiento subjetivo de distracción mental se centra en los aspectos prácticos de la vida actual.

Para muchas personas, sobre todo para los padres y madres, el cambio repentino al trabajo desde casa significó una intensificación del conflicto entre su labor profesional y la vida doméstica.

Es complicado concentrarse en una hoja de cálculo mientras los hijos luchan por el control remoto del televisor.

Trabajo en casa

Alamy
El trabajo en casa cambió la vida a personas en todo el mundo.

Pero parece que hay más que eso. Incluso cuando se termina el trabajo del día y los niños están en la cama, no deja de ser difícil escapar con la ayuda de una novela.

La teoría

Existe una teoría psicológica, aplicada originalmente en el contexto del aprendizaje, que puede ayudar a explicar por qué vivir en la era de la covid-19 puede haber convertido nuestras mentes en una ensalada mixta.

Se llama teoría de la carga cognitiva y fue desarrollada por primera vez por el psicólogo educativo australiano John Sweller.

Nuestras mentes son como sistemas de procesamiento de información. Cuando estamos trabajando en un problema, especialmente uno desconocido, dependemos de nuestra “memoria de trabajo“, que es muy limitada tanto en su capacidad de almacenamiento como en el tiempo que retiene los datos.

Cuanto menos familiarizado uno está con una tarea, más dependerá de su memoria de trabajo para intentar hacer algún malabar con la información relevante y buscar una solución.

Por el contrario, cuando uno es experto, la mayor parte de lo que necesita saber se almacena en la memoria de largo plazo y puedes completar la tarea en piloto automático.

Nuevas tareas, nuevos niveles de estrés

La teoría de la carga cognitiva proporciona un marco útil para comprender las diferentes formas en que la pandemia puede estar causando estragos en la función mental.

Mujer corriendo

Alamy
El ejercicio es una buena manera de reducir el estrés.

Primero, le fuerza a adoptar nuevas rutinas y le despoja la capacidad de hacer cosas en automático.

Por ejemplo, en una reunión de trabajo de antes simplemente la persona aparecía y se unía a la discusión.

Ahora, si ese mismo individuo trabaja de forma remota, debe iniciar su software de videoconferencia, preocuparse por la conexión a internet, ajustar sus tiempos a los posibles retrasos, etc.

Lo mismo se aplica a los desafíos domésticos como hacer la compra online en lugar de en persona en el supermercado.

Estas adaptaciones forzosas obligan a salir del piloto automático y le exigen a nuestra limitada capacidad de memoria de trabajo.

Para esta teoría, la “carga cognitiva” intrínseca requerida en gran parte de lo que hacemos ha aumentado.

Pasamos la mayor parte de nuestro tiempo obligados a pensar deliberada y conscientemente, más como novatos que como un expertos, y eso es agotador en sí mismo.

En segundo lugar, las investigaciones basadas en la teoría de la carga cognitiva sostienen que las emociones pueden interferir con el procesamiento de la información.

Imagen de cerebro

Getty Images
La pandemia provoca que nuestro cerebro se esfuerce más.

Cuando uno está ansioso, por ejemplo, se reduce la capacidad de la memoria de trabajo. Esto hace que sea más difícil resolver cualquier problema mental que requiera una resolución consciente.

Algo parecido a los nervios durante un examen que revuelven el cerebro y dificultan resolver operaciones matemáticas o redactar una oración coherente.

O cómo el estrés ante una prueba de manejo hace que sea mucho más difícil realizar las diferentes maniobras solicitadas.

En tercer lugar, esta teoría habla de la “carga cognitiva externa”. Se trata de la demanda sobre la capacidad de nuestra memoria de trabajo impuesta por distracciones que no son directamente relevantes para lo que se trata de hacer.

Estas alteraciones podrían ser solo tareas secundarias básicas que se ejecutan en segundo plano, como escuchar el boletín de noticias mientras se trabaja.

Lo que sucede ahora es que las interrupciones cotidianas causadas por la pandemia obligan a las personas a aprovechar su capacidad de memoria de trabajo con más frecuencia.

Cuando uno está más estresado y los niveles de ansiedad aumentan, o si se están haciendo malabares con múltiples tareas y compromisos, disminuye la capacidad de la memoria de trabajo.

Es lo peor de ambos mundos y otra razón por la que te puedes sentir agotado mentalmente.

Factor covid-19

Por lo general, en un momento de conflicto, podemos resolver el problema de forma rápida y la carga cognitiva se vuelve más manejable.

Mujer con barbijo

Getty Images
La pandemia nos impone desafíos nuevos todos los días.

Lo sorprendente de la vida en esta pandemia es que la situación no deja de cambiar.

Los gobiernos de todo el mundo están implementando constantemente restricciones diferentes y más complejas.

Reglas de viaje, instrucciones de autoaislamiento, listas de observación de síntomas, nuevas aplicaciones para teléfonos inteligentes, etc. No pasa un día sin que escuchemos sobre algún cambio.

Cualquier situación novedosa impone una carga cognitiva en nuestros cerebros, pero el hecho de que la covid-19 tuviera un impacto tan extendido en la sociedad nos obligó a absorber información nueva más rápido de lo que éramos capaces”, explica Samuli Laato, investigadora de la Universidad de Turku, quien estudia el papel de la carga cognitiva en el comportamiento de compra inusual de las personas durante la pandemia (compra por pánico) y en el intercambio generalizado de información errónea.

La experta explica que “en general, la incertidumbre siempre aumenta la carga cognitiva. Los factores estresantes como la amenaza para la salud, el miedo al desempleo y el miedo a las perturbaciones del mercado de consumo provocan eso”.

“Además, se introdujeron políticas de trabajo remoto a nivel mundial, lo que requirió que las personas se adaptaran a las nuevas tecnologías y una nueva forma de trabajar en conjunto “, añade Laato.

Planificación y autodisciplina

Afortunadamente, interpretar el efecto de agotamiento mental de la vida pandémica a través de la lente de la teoría de la carga cognitiva nos brinda algunas estrategias simples y efectivas.

En primer lugar, hay que intentar establecer nuevas rutinas y mantenerlas, de modo que no utilicemos constantemente la capacidad de la memoria de trabajo para tareas cotidianas.

Por ejemplo, recientemente invertí en un sistema de internet inalámbrico con repetidores que redujo la interferencia en las videollamadas y me tomé el tiempo para leer sobre las diferentes funciones de las distintas plataformas de conferencias virtuales.

Al comprender esta clase de elementos básicos necesarios durante la pandemia, ya no tendremos que desperdiciar capacidad mental en ellos.

Mujer duerme

Getty Images
Dormir bien es fundamental para mejorar nuestra salud mental.

En segundo lugar, debido a que estamos atravesando una era de mayor ansiedad e incertidumbre, es importante poner un esfuerzo adicional en el manejo del estrés, para que su memoria de trabajo no se vea constantemente sobrecargada por las preocupaciones.

Esto significa comer bien, hacer ejercicio y establecer una rutina regular a la hora de dormir, así como encontrar tiempo para actividades que relajen.

En la medida en que la situación lo permita, se pueden elaborar planes de contingencia para diferentes aspectos de su vida. Realizar preparativos realistas para escenarios temidos puede ser un gran alivio para la ansiedad.

Además, hay que darle al cerebro un descanso de las diarias actualizaciones de cifras de la pandemia.

Se puede considerar disponer días (o al menos tardes o noches enteras) para evitar cualquier charla o información referida a la covid-19.

Finalmente, es importante aliviar la tensión de la memoria de trabajo desconectando cualquier “carga cognitiva extraña”.

Esto significa esforzarse más en organizar el tiempo y ser disciplinado con las distracciones.

Tratar de reservar momentos del día dedicados a diferentes tareas, ya sean laborales o domésticas.

Por ejemplo, cuando se trabaja es mejor no tener encendido el televisor o la radio con las noticias de fondo.

Cuando se juega con los hijos, no tener el teléfono móvil al lado, o al menos no revisar correos electrónicos o Twitter.

Hay que permitir que la mente se concentre en una cosa a la vez y la recompensa será sentirse menos agotado mentalmente.

Parece que vamos a vivir en esta era pandémica por un tiempo todavía.

Si bien la ansiedad y la anomalía constantes cansan mentalmente, puede consolarnos el hecho de que no somos los únicos que se sienten así.

Nuestros cerebros tienen una capacidad de procesamiento limitada que se está extendiendo al límite en este momento, pero con una planificación cuidadosa y autodisciplina, hay formas de reducir la carga cognitiva y redescubrir cómo concentrarnos.

*Este artículo es una adaptación, puedes leer la versión original en inglés aquí.


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https://www.youtube.com/watch?v=DuMVeWY6gZU

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