Pornografía infantil y delitos sexuales contra menores crecen en cuarentena
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Cuartoscuro Archivo

Pornografía infantil y delitos sexuales contra menores crecen durante cuarentena

Niñas, niños y adolescentes son contactados en internet por personas que con engaños, intimidación y extorsión les piden fotos o videos sexuales.
Cuartoscuro Archivo
16 de noviembre, 2020
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A la terapeuta infantil Elena Laguarda le llegó hace poco un caso dramático: un niño de 12 años que pasando horas en internet por la cuarentena ante el COVID-19, y mientras su madre tenía que salir nuevamente a trabajar, cayó en contacto con un pedófilo. Con chantajes y amenazas lo obligó a grabar contenido sexual de él y de su hermana de 4 años.

Asustado y arrepentido, pudo romper el secreto que le exigía el abusador y contarle a su mamá para pedir ayuda, y así logró que el abuso sexual en línea no se repitiera, como le ocurre a muchas otras víctimas.

Laguarda, socia fundadora de Asesoría Educativa y Prevención ATI, calcula que durante la cuarentena se ha duplicado el número de casos como éste que reciben en la asociación, de niñas,  niños y adolescentes que fueron contactados por internet por personas que les pidieron fotos o videos sexuales y los consiguieron a través de engaños, intimidación y extorsión; lo anterior, al hacerse pasar por otros adolescentes de su edad, hasta decirles que los hackearon y tienen registro de su actividad web, amenazando con exponerlos por haber buscado pornografía o haber compartido alguna foto previamente.

“Tenemos más de 17 años trabajando estos temas. Antes podíamos recibir petición de asesorías de embarazo adolescente, no sé cómo poner límites a mi hijo, oye ¿cómo le explico cómo nacen los bebés?, y sí de repente de que mi hijo vio pornografía y no sé qué hacer, o estoy preocupada porque no sé con quién está en contacto en la red. Pero nunca como ahora de verdad el tema de que entró en contacto con un desconocido en tik tok, ¿qué hago?, caché que tenía material, le están pidiendo fotos y entonces mandó fotos para protegerse porque conoce a un amigo en el juego de Fortnite… O sea, nunca como ahora”, explica en entrevista.

Y esas conductas tienen un sesgo de género desde esa edad. Según Laguarda, los casos de familias que están preocupadas porque un hijo está buscando pornografía en internet, son de adolescentes varones; pero los de quienes fueron contactadas para pedirles fotos, son más mujeres. Algo que coincide con todas las estadísticas de abuso sexual infantil, dice, que indican que a partir de los 10 años las víctimas son 70% niñas.

En México aumenta 38.5% la trata de menores

Diversos informes y organismos de todo el mundo apuntan a que ha habido un aumento del consumo de pornografía infantil —denominada por los expertos como abuso sexual infantil en línea— y, por lo tanto, de intentos de abusadores por producir este material, a veces con niñas y niños a los que tienen acceso directo o consiguiéndolo al engancharlos a través de la red.

Un informe publicado en septiembre por Europol, la agencia europea en materia policial, indica que en toda Europa se han registrado niveles récord de contenido sexual infantil compartido en línea y que creció 106% lo reportado por el National Center for Missing and Exploited Children, la organización más grande dedicada a estos temas. Los reportes de violencia sexual infantil también han crecido: en Estados Unidos, tan solo en marzo aumentó 22% el número de llamadas de menores a la National Sexual Assault Hotline, de las que 79% dijo vivir con su agresor.

De Latinoamérica, el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia reportó en julio que cada día hay 22 niñas y 4 niños víctimas; y el Ministerio de Justicia de Argentina señaló en septiembre que crecieron 13% las llamadas de emergencia por violencia sexual contra niñas y niños, y 267% los casos de menores violentados en un entorno digital.

Pero en México, no hay datos oficiales que sean públicos sobre estos delitos. Un reporte de la Guardia Nacional obtenido vía transparencia por El Universal con folio 2800100033220 mostró que los reportes ciudadanos por pornografía infantil pasaron de 121 en todo 2019 a 312 tan solo en el primer semestre de 2020.

El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) publica mensualmente la incidencia de diversos delitos, pero sin desglose por edades ni sexo, o un reporte de víctimas en el que sí viene esa información, pero no para delitos sexuales (abuso, acoso, hostigamiento, violación simple y equiparada, e incesto).

De los que sí vienen a detalle, los que más se acercan a estas conductas y han registrado los mayores incrementos este año respecto al anterior son la trata de personas, un 38.5%, y el rapto, que es la privación de la libertad con fines sexuales, en 15.2%

En ambos casos, son crímenes perpetrados sobre todo contra niñas y adolescentes mujeres. Mientras que solo hay 2 casos de rapto de hombres entre enero y septiembre, de mujeres suman 74. Y de 44 niños víctimas de trata a 154 niñas, lo que implica un aumento de 48.1% para este último delito en ellas.

De acuerdo con la especialista Elena Laguarda, la trata es en muchas ocasiones la manera de tener menores explotadas sexualmente y para producir contenido audiovisual; pero muchas otras veces, es la propia familia quien comete ambos tipos de abuso.

“Si nosotros pensamos ¿de dónde viene este material?, hay dos maneras en que este material se lleva a cabo: la primera está relacionada con trata de personas, es decir, niños y niñas y adolescentes que son secuestrados, extraídos para generar este material, pero eso no es la mayoría. Lo que está durísimo y lo que significa esta cifra es que detrás de cada uno de la mayoría de esos niños hay un tío, un abuelo, un primo, un hermano que abusó sexualmente de él y lo grabó para obtener dinero. Entonces, las niñas, niños y adolescentes en el lugar en donde tendrían que estar seguros, su casa, y con los adultos que los tendrían que estar cuidando, sus adultos confiables, es en donde están viviendo el abuso”, advierte.

La Red Nacional de Refugios, que da albergue a mujeres víctimas de violencia familiar con sus hijas e hijos, da cuenta de este fenómeno: al menos el 8% de todos los menores que recibieron, que implica más de 500 niñas, niños y adolescentes, fueron víctimas de violencia sexual en su propia casa.

¿Cómo pedir ayuda desde casa?

Las niñas y niños son quienes más encerrados están ante la pandemia por el cierre de escuelas hasta que el país regrese a semáforo verde y con las mayores restricciones para entrar a lugares públicos. Ante ello, el internet se ha vuelto su mayor riesgo, pero también el medio para buscar ayuda.

Laguarda, de Asesoría Educativa y Prevención ATI, explica que la pantalla de una computadora se ha vuelto una especie de niñera, como antes era la televisión, pero ahora con la posibilidad de interactuar y de llegar mucho más allá, por lo que han detectado que en estos meses los niños y niñas han tenido mayor contacto con contenido que no deberían: ya sea videojuegos de violencia extrema no adecuados para su edad, pornografía a la que llegan por curiosidad y aburrimiento, y contacto con abusadores.

En contraste, también les ha permitido buscar información sobre qué hacer ante una situación de violencia en casa o incluso para tratar de entender la ansiedad que están sufriendo por el encierro y las tensiones con la familia.

Así lo ha notado Valentina Hernández, psicóloga infantil dela línea de ayuda de la iniciativa Alumbra, perteneciente a la asociación Early Institute, que anualmente hace un informe sobre los niveles de violencia sexual infantil en México. Explica que si se trata de una mamá o algún otro familiar pidiendo apoyo por su hija o hijo, llaman más por teléfono, pero los menores han recurrido a chats o hasta correos electrónicos para comunicarse.

La demanda aumentó, asegura, cuando reiniciaron las clases en línea, lo que además coincide con que muchos padres empezaron a volver al trabajo presencial. Su mayor preocupación es que los niños se están encontrando solos, no solo físicamente, sino por una falta de atención a sus emociones, a presenciar mayor estrés en los adultos y que a veces detona violencia familiar.

Ambas especialistas critican que no hay políticas públicas adecuadas desde los gobiernos para atender adecuadamente a la infancia, y no ha habido una respuesta suficiente durante la pandemia, incluso cuando las personas llegan canalizadas.

“La respuesta institucional ha sido muy irregular. La gente lo que nos reporta, porque una de las características de lo que hace Alumbra es que damos seguimiento, hasta cinco llamadas”, detalla Hernández. “El mayor pretexto ahorita es: estamos en cuarentena, no sabemos si va a venir, o no sabemos a qué hora llega, no sabemos si va a haber el servicio, o desde que está la cuarentena no hay quien atienda presencialmente. Entonces hay una desinformación muy grande de los servicios”.

Si un menor necesita ayuda puede contactar a Alumbra por teléfono al 55 88 54 66 53 o en su chat, y a ATI por correo electrónico o Facebook.

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Tsunamis en el Ártico: la nueva y peligrosa amenaza del cambio climático

Geólogos advierten que Alaska está en puertas de un deslizamiento de rocas tan grande que puede ser capaz de provocar un tsunami no visto nunca antes.
28 de octubre, 2020
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Hielo en Alaska

Getty Images
Millones de toneladas de roca pueden deslizarse hasta el océano por el derretimiento del permafrost.

Barry Arm es una estrecha brecha de costa en el sur de Alaska.

No es muy grande si se la compara con el extenso borde de Norteamérica que colinda con el océano Pacífico, pero el lugar provoca una particular preocupación.

En Barry Arm, advierten geólogos, se puede llegar a producir un deslizamiento de hielo y roca capaz de desatar un tsunami catastrófico para la región.

Y ese sería solo uno de los posibles efectos del cambio climático que amenazan a Alaska y otras regiones del Ártico.

Por ello diferentes autoridades, científicos y activistas ambientales quieren llamar la atención sobre el peligro.

¿Alaska en peligro?

“Posibles efectos devastadores” es como califica Anna Liljedahl a lo que puede pasar en Alaska, que algunos científicos hablan incluso de en 12 meses o tan solo algunos años.

La geóloga le señala a BBC Mundo que su preocupación es muy grande debido a que existen condiciones para un deslizamiento mucho más grande que todos los vistos en el siglo XX.

“Se trata de fenómenos diferentes a los que conocimos antes. Y lo peor es que pensamos que se volverán cada vez más frecuentes”, señala la experta del Woods Hole Research Center de Alaska.

 

Liljedahl añade que la energía de un deslizamiento como el que considera es posible en Barry Arm puede superar al de un terremoto de magnitud 7.

“Se trata de una combinación muy peligrosa y es apenas un ejemplo de los peligros que tenemos en Alaska”, afirma.

Ante este tipo de advertencias, la División de Estudios Geológicos y Geofísicos de Alaska ha querido expresar cautela y señala que monitorea de manera permanente los posibles movimientos de tierra en la zona.

La entidad señala que se generaron modelos para el estudio de la geología de la región para predecir qué tan grande podría ser un tsunami y cómo se propagaría.

Se utilizan monitores con el sistema GPS (sistema de posicionamiento global) que funcionan con energía solar para detectar el potencial de deslizamientos que son los que preceden a los eventos sísmicos.

La preocupación

El estrecho de Barry Arm se encuentra en la bahía de Prince William Sound, en el golfo de Alaska.

Se trata de una zona con frecuente presencia de pescadores y que, antes de la pandemia, también recibía turistas en cruceros.

Ártico

Getty Images
El Ártico es una de las zonas que mayores riesgos corre ante el cambio climático.

Un deslizamiento de millones de toneladas de roca tiene potencial para eliminar esas actividades económicas en el lugar por un tiempo indeterminado.

Así lo advierte Steve Masterman, director de la División de Estudios Geológicos y Geofísicos de Alaska.

“El más notable de los tsunamis fue en 1958, cuando un deslizamiento de tierra generó una ola que se elevó a 1.700 pies (520 metros)”, señala el experto.

Masterman apunta que las rocas liberadas en esa ocasión eran apenas una décima parte del tamaño de un hipotético deslizamiento en Barry Arm.

Es por ello que la entidad dirigida por Masterman expresó su preocupación sobre los peligros geológicos que corren los habitantes de la zona.

Montañas de Alaska

Getty Images
Alaska puede estar a muy poco de un fenómeno climático devastador, advierten los expertos.

El paulatino del derretimiento del permafrost, la capa de suelo congelado existente en regiones como Alaska, el noreste de Canadá, Groenlandia (Dinamarca) o Siberia (Rusia), es apuntado como uno de los principales factores de riesgo de tsunamis en esa zona.

“El permafrost mantiene unida a la tierra y cuando ese hielo se convierte en agua de manera repentina cambian las condiciones y el suelo puede moverse”, explica Liljedahl.

La geóloga apunta que se trata de un asunto muy complejo porque es difícil hacer un diagnóstico de las condiciones en las que se encuentra esa capa congelada en la región, pese a las numerosas simulaciones con computadores que se realizan.

“Realmente necesitamos saber un poco más para determinar qué tan peligroso es el deslizamiento que se avecina. Por eso creemos necesario que se conozca de esta amenaza”, indica.

Liljedahl, al igual que Masterman y un grupo de científicos escribieron una carta pública a mediados de año advirtiendo del peligro de que un deslizamiento y un tsunami devastador se produzca en Alaska.

Otros peligros

Alaska no es la única región que se encuentra en peligro, explica la geóloga del Woods Hole Research Center.

También Columbia Británica, una provincia en el noroeste de Canadá, y Noruega se encuentran ante la posibilidad de deslizamientos y tsunamis por causa del cambio climático.

Terremoto Alaska

Getty Images
En 1964, Alaska vivió un terremoto que dejó decenas de muertos.

“A medida que el calentamiento global continúe derritiendo los glaciares y el permafrost, los tsunamis creados por deslizamientos de tierra están emergiendo como una amenaza mayor”, explica.

Durante el siglo pasado, 10 de los 14 tsunamis más altos registrados ocurrieron en áreas montañosas glaciares.

En 1958, el deslizamiento de tierra en la bahía de Lituya, en Alaska, creó una ola de más de 520 metros, la más alta jamás vista en la zona.

También, después de un el terremoto en Alaska en 1964, la mayoría de las muertes se debieron a tsunamis provocados por deslizamientos de tierra bajo el agua.

190 personas fallecieron aquella vez y se lo registra como el movimiento sísmico más poderoso en Estados Unidos.


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