La otra pandemia: aumentan 25% quejas de trabajadores por abusos laborales
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La otra pandemia: aumentan 25% quejas de trabajadores por abusos laborales

Hay empresas que le dicen a empleados ‘pues denúnciame, tu juicio se va a tardar años’, para que ellos acepten situaciones como recortes de salario de hasta el 60%.
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16 de noviembre, 2020
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César suspira al otro lado del teléfono y deja escapar un sonoro ufffff, que redondea con una risita nerviosa, incómoda, para a continuación repetir en voz alta la pregunta que le plantea el reportero: “¿Qué haría si sintiera síntomas de Covid? ¿Se lo diría o no a mi empresa?”

“Honestamente, es muy difícil responderte a eso”, responde al fin al otro lado de la llamada telefónica. “Porque si yo dijera que me siento mal, de lo que sea, lo que va a pasar en automático es que mandan a mi casa mínimo dos semanas sin goce de sueldo”. 

“Pero… por otra parte… -vuelve a titubear durante unos segundos-. También soy consciente de que si no lo dijera estaría exponiendo a muchas personas que son mis compañeros. Así que es un dilema muy fuerte”. 

Entérate: Al menos 11 mil trabajadores denuncian despidos y abusos en la epidemia; organizan movimiento nacional

César no se llama César. Pide que se le llame así porque teme represalias de la empresa para la que aún está trabajando: la maquiladora Eaton Cooper Bussman, compañía dedicada a la fabricación de fusibles que tiene una fábrica en Ciudad Juárez, Chihuahua, en la frontera con Estados Unidos.

A continuación, el hombre se apresura a decir que sabe que lo mandarían a casa sin nada en los bolsillos porque, precisamente, eso fue lo que le sucedió hace un par de meses, cuando llegó a la enfermería de la compañía con los síntomas de lo que más tarde se confirmó que era una alergia. 

“Me mandaron para mi casa una semana y dos días, y no me pagaron nada. Tenía cuatro días de vacaciones y los tomaron, y el resto de días también los tomaron como si yo hubiera pedido permiso sin goce de sueldo”, denuncia. 

Y su situación, subraya el juarense, no es desde luego la única. “A mucha gente la están regresando así”, insiste. Y ahora que Chihuahua ha vuelto al semáforo rojo por el nuevo disparo de los contagios, agrega, el temor entre sus compañeros y compañeras es que los regresen con el argumento de protegerlos, pero sin un centavo de un salario que, de por sí, es escaso: 198 pesos la jornada.  

“Hay mucho miedo entre los trabajadores, y por eso nadie quiere dar un paso al frente”, asegura César, que explica que ese temor está fundamentado con lo que pasó en abril pasado. En ese entonces, los 500 empleados que laboran aproximadamente en esta maquila hicieron protestas denunciando que no había las medidas sanitarias necesarias para trabajar en pandemia. Por lo que pararon labores el 9 de abril exigiendo que los mandaran a casa con el 100% de su salario, hasta que las condiciones fueran las óptimas. 

Pero la protesta fue contraproducente: “A muchos de los que levantaron la voz, los mandaron para recursos humanos y de ahí… para afuera. Luego, al tiempo, les hablaron para ofrecerle un poco de dinero para que no pusieran una demanda, presionándolos con que las demandas laborales se pueden tardar años en proceder, y eso fue todo. La mayoría aceptó el acuerdo porque no les quedó de otra”. 

Y por eso, por el temor a alzar la voz y quedarse sin trabajo, César opina que muchos como él también se enfrentan al mismo dilema de avisar o no al patrón en caso de que su salud empeore en estos días de pandemia.  

“La empresa no nos da esa seguridad, esa confianza. ¡Al contrario! -exclama, enojado-. Nos obligan a escondernos. A estar enfermos y no decirlo e ir a trabajar como sea. Porque sabemos que si decimos que estamos enfermos, de lo que sea, nos van a regresar y no nos van a pagar los días”. 

Y ahora menos que nunca, recalca, pueden estar sin un sueldo, por mínimo que sea. Y menos aun pueden permitirse perder el seguro médico del IMSS; el único salvavidas al que millones de trabajadores se aferran para acceder a la salud pública en esta pandemia. 

Lee: “El COVID nos trajo discriminación”: Niegan empleo por tener diabetes, hipertensión y obesidad

Se disparan las quejas en pandemia

Como expuso César, su caso no es único. 

Al contrario, además de miles de pérdidas de vidas humanas -más de 97 mil en México hasta el 13 de noviembre-, la pandemia ha generado también una oleada de quejas y de denuncias por conflictos laborales. 

Así se aprecia en las cifras oficiales de la Procuraduría Federal de la Defensa del Trabajador (Profedet), un órgano desconcentrado de la Secretaría del Trabajo que, hasta octubre pasado, ha recibido 191 mil solicitudes de asesoría por quejas de trabajadores, un 25% más en comparación con todo 2019. 

Y, de ese total, al menos 82 mil casos, el 42%, tuvieron lugar solo durante la pandemia, entre abril y octubre, cuando los trabajadores denunciaron principalmente casos de despidos injustificados, recortes arbitrarios de salario, impagos de indemnizaciones, entre otros motivos. 

La avalancha de quejas y de solicitudes de asesoría legal ha sido tal que la Profedet tuvo que abrir en abril pasado una ‘Procuraduría Digital’, donde otros 11 mil 600 trabajadores reportaron a través de Internet conflictos laborales, también por despidos injustificados, recortes, etcétera. 

Ante estas cifras, la Profedet explica que está privilegiando la conciliación amistosa entre empleados y patrones: hasta el momento, lleva más de 6 mil 100 conciliaciones, en las que sus abogados han logrado recuperar 385 millones de pesos para los trabajadores quejosos.

“En la Profedet, lo primero que vamos a hacer es tratar de llegar a un acuerdo amistoso entre las partes, porque si bien es cierto que hay patrones que están abusando, también hay empresarios que están teniendo problemas de liquidez muy graves, porque también ellos se han visto muy afectados por la pandemia”, plantea en entrevista Carolina Ortiz, titular de la Profedet. 

Ahora bien, el otro gran objetivo de privilegiar la conciliación es no llegar a los tribunales, a la justicia laboral, donde el tamaño del cuello de botella es enorme: al millón de demandas no resueltas previo a la contingencia sanitaria -algunas con 25 años de antigüedad-, hay que sumar otras 3 mil 375 demandas interpuestas por la Profedet este 2020. 

Carolina Ortiz dice que espera que, a partir del próximo 18 de noviembre, cuando entre en vigor el nuevo modelo de justicia laboral, que en su etapa inicial cambiará en ocho entidades del país las juntas de Conciliación por tribunales en los que se privilegiará audiencias rápidas de conciliación, sin llegar a juicio, la justicia acelere el paso.  

Pero, mientras eso sucede, este cuello de botella es el ariete al que se están agarrando múltiples empresas en esta pandemia, denuncia Susana Prieto, defensora de obreros y obreras de la industria maquiladora en Chihuahua y Tamaulipas, en la frontera norte de México.

Es decir, explica la abogada laboralista, hay empresas que están utilizando el argumento de ‘pues denúnciame, tu juicio se va a tardar años’ para que los empleados acepten, por ejemplo, recortes de salario de hasta el 60%, o para que acepten irse a casa varias semanas sin goce de sueldo, o para despedirlos.

“Te corren sin darte ni un peso. Y, si vas con abogados, como a los dos meses te buscan y te ofrecen un acuerdo amistoso por muy poco dinero diciéndote que, o aceptas y firmas eso, o tu caso se va a atorar años”, dice César, el empleado de una maquila en Ciudad Juárez.

“Las empresas te agarran en un momento de tremenda inestabilidad emocional y económica, y te dicen: firma aquí, y si no, pues no te damos nada”, añade Rosa Andrea Montero, cuya pareja, el veracruzano César Augusto Fernández, murió víctima de la Covid 19 tras contagiarse en la embarcación petrolera en la que trabajaba. 

Cuando se le plantea esta situación a Carolina Ortíz, titular de la Profedet, la respuesta inmediata es que, según la ley federal del trabajo, “no hay justificación legal alguna” para que esto suceda.

Y así lo ha reiterado también la secretaria de Trabajo, Luisa Alcalde, quien desde abril pasado ha advertido en múltiples foros que los patrones no pueden despedir a sus trabajadores o modificar unilateralmente las condiciones de sus contratos con el pretexto de la pandemia. Ya que hacerlo es una “ilegalidad”. 

No obstante, la abogada Susana Prieto critica que “fue un error desde el minuto uno” no incluir estas advertencias por escrito en el decreto de emergencia sanitiaria emitido el pasado 30 de marzo. Porque esto, asegura, está siendo la puerta de entrada para que casos como el de César se repitan en las maquilas de Chihuahua y Tamaulipas, y en buena parte de país. 

Y no es la única rendija legal, agrega Prieto. Por ejemplo, que la Covid 19 no sea considerada como una enfermedad de trabajo, sino como un padecimiento común, está eximiendo a los patrones de cualquier responsabilidad por arriesgar a sus empleados a trabajar en pandemia, aun y cuando no sean consideradas empresas esenciales. Y esto, a su vez, les da toda la ventaja legal para no pagar indemnizaciones en casos de muertes de empleados que se contagiaron de Covid durante el ejercicio de sus labores. 

Así lo explica la abogada: “Al inicio de la pandemia, sí se estaba considerando como una enfermedad de trabajo, y por eso se logró que ante las primeras muertes de empleados les pagaran a los familiares el 100% de la indemnización. Pero, desde julio, cuando por presión de empresarios ya dejó de considerarse como enfermedad de trabajo, esta situación cambió. Y ahora, los empresarios están mucho más protegidos porque ya no los puedes culpar de arriesgar a sus empleados”. 

Pero el riesgo laboral existe, hace hincapié César. Por ejemplo, en su caso asegura que no hay sana distancia en los autobuses llenos de empleados que los transportan desde varios puntos de la ciudad a la fábrica. Y, aunque a diario les dan un cubrebocas de tela, y una careta de protección, dice que evitar un contagio en un lugar donde trabajan al menos 500 personas “es prácticamente imposible”. 

Animal Político buscó a la empresa Eaton Cooper Bussman para solicitarle una entrevista o postura. Pero al momento de publicar este reportaje no había ofrecido respuesta. 

“A las tres faltas… pierdes el trabajo”

María tiene 47 años y también es de Ciudad Juárez, Chihuahua. Ella no trabaja para la maquila, pero también se ha visto afectada la pandemia. 

En entrevista telefónica, la mujer cuenta que tiene dos hijos, uno de 19 y otro de 14 años. Y que su esposo Eduardo Navarro, un duranguense al que conoció hace 21 años, trabajaba como vigilante para una empresa de seguridad que da servicios en una unidad deportiva en Juárez. 

María no acierta a decir con exactitud cuánto tiempo llevaba Eduardo trabajando en la unidad. Tras pensarlo en voz alta dice que “muchos años”, aunque admite que, sobre el papel, solo llevaba dos, “porque a cada rato lo despedían y lo volvían a contratar para que no hiciera antigüedad”. 

Aun así, la mujer asegura que su marido era feliz en su trabajo: “No ganaba mucho, pero le fascinaba”.

Para el 9 de mayo pasado, Eduardo comenzó a sentirse mal. Tenía temperatura alta, fuerte dolor de huesos, y las primeras dificultades para respirar. “Se me hace que traigo el Covid”, le dijo a su esposa.

Aun así, Eduardo se presentó al trabajo, como siempre. Allí también avisó que no se sentía bien, que creía que era portador de ese coronavirus del que tanto hablaban en la televisión. “Pero su supervisor no hizo nada”, lamenta María. “No le dieron ni un triste cubrebocas. Y tampoco le dijeron que se regresara para la casa dos o tres días a descansar”. 

Al día siguiente, Eduardo volvió a presentarse, a pesar de los reclamos de María. “Yo le decía que para qué iba si se sentía mal, que nadie se lo iba a agradecer. Al contrario, si te pasa algo nada más te reemplazan por otro, y ya”. Pero Eduardo negaba con la cabeza y, tozudo, insistía en que era su obligación cumplir con su trabajo, además de que, obvio, necesitaban el salario. “Si no se presentaba, no le pagaban el día”. 

Muy poco después, los síntomas se agravaron. A Eduardo no le quedó más remedio que llamar por teléfono a su supervisor, para avisar que ese día no podía ir a la unidad deportiva. La respuesta que le dieron, cuenta María, fue que tenía que llevar en persona un papel en el que constara que realmente estaba enfermo. “O de lo contrario, a las tres faltas perdía el trabajo”. 

Pero los hospitales del seguro donde le tenían que expedir ese documento ya estaban saturados para ese entonces. “Ya no recibían a nadie, o te decían que sí, pero que volvieras en cinco días”, cuenta María, aún con agonía en su voz. 

Así pasaron varios días, buscando dónde atenderse. Hasta que el 26 de mayo, cuando ya grave lo estaban trasladando a una clínica, Eduardo falleció a bordo de una ambulancia. 

“La empresa tampoco se hizo cargo de nada en ese momento. Ni del funeral, ni de nada”, asegura María, que incluso señala que la empresa tampoco le pagó a su marido las dos semanas que no fue a trabajar. 

Tras la tragedia, María recurrió a la abogada laboralista Susana Prieto para defender los derechos de su esposo. Cuando se le pregunta qué le exige a la compañía, la mujer dice que solo quiere lo justo. Que mínimo reconozcan el trato indigno que le dieron a Eduardo y que le paguen esas dos semanas que estuvo incapacitado y lo que le correspondía por los años de trabajo.

“No pedimos tanto. Nada más lo justo, lo que es”, dice la mujer, que, no obstante, recalca que su principal dolor es el trato que le dieron a su esposo. 

“Los hospitales estaban saturados, es cierto. Pero muchos en sus casas se están aliviando. A lo mejor, si la empresa le hubiera dado chance desde un inicio de venir para la casa a atenderse bien, tal vez hubiera mejorado. Y tal vez, aún estaría aquí conmigo, con sus hijos, con nosotros”.

Respuesta de Eaton Bussmann Ciudad Juárez

Tras la publicación de este reportaje, para el que inicialmente se buscó una postura de las empresas mencionadas sin que se tuviera respuesta, la compañía Eaton envió un correo electrónico en el que expresa varios puntos al respecto.

Sobre los despidos mencionados en la nota del pasado mes de abril, al inicio de la pandemia, Eaton refirió en su escrito que “la terminación de los empleados no estuvo relacionada con estar enfermo, o creer que podrían estar enfermos de Covid 19”. Aunque señaló que “por cuestiones de privacidad de los empleados” no pueden comentar más sobre los motivos de los despidos.

Por otra parte, Eaton apuntó que el pasado 4 de noviembre recibió una notificación de la Secretaría del Trabajo, en la que se detalla que “Eaton Bussmann, Ciudad Juárez, ha cumplido exitosamente con las medidas decretadas por la autoridad de salud, incluido el pago a los empleados mientras se encuentra en licencia médica”.

Asimismo, la empresa aseguró que han implementado medidas como el distanciamiento social, el aumento del saneamiento, y el monitoreo de temperatura del personal que ingresa a la planta, y que instaló “estaciones de desinfección en las instalaciones de fabricación y oficinas”.

Estas medidas, junto a la reducción del 50% de número de mesas y sillas en la cafetería, y la verificación “rigurosa” del estado de salud de los contratistas que requieran entrar a las instalaciones de la fábrica, han estado en vigor durante la pandemia “y siguen aplicándose”, subrayó Eaton.

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El boom del sotol, el licor perseguido en México y la polémica de su producción en Texas

Forma parte de la identidad de Chihuahua, Coahuila y Durango y es también un destilado con un mercado en expansión.
16 de julio, 2022
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“En mi pueblo acostumbran a decir: ‘Vamos a hacer la mañana’. Y lo primero que hacen al levantarse es tomar una copa de sotol”.

Jesús Miguel Olivas, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Agrícolas de la Universidad Autónoma de Chihuahua, habla del único destilado mexicano que no se hace a partir de un maguey o agave, de una bebida que, aunque ancestral, es para muchos una gran desconocida.

El sotol integra la historia y el paisaje cultural de Chihuahua, Coahuila y Durango, los tres estados del norte de México en los que se produce.

“Forma parte de nuestra identidad. Está presente en corridos, en la poesía, en la literatura. Es un legado de esta región”, le dice a BBC Mundo Ricardo Pico, vicepresidente del Consejo Certificador del Sotol. Por ello, está protegido con una denominación de origen.

Dasylirion en el Parque Nacional Big Bend, parte del desierto chihuahuense, en en suroeste de Texas.

Getty Images
El sotol es el único destilado mexicano que no se elabora a partir de un maguey o agave.

Y es, además, un mercado en expansión. “Comercialmente hablando, es lo que era el mezcal hace 12 años”, asegura Pico, comparándolo con el espirituoso mexicano cuya producción ha aumentado en ese periodo de los 500.000 a los 6,5 millones de litros al año. Aunque no hay cifras oficiales, los entrevistados para este artículo concuerdan en que hay un boom del sotol.

Ahora, hay quien ve ambos aspectos del sotol —la identidad que representa y su potencial comercial— amenazados.

Y es que también se ha empezado a hacer del otro lado de la frontera, en Estados Unidos.

La polémica sobre quién tiene derecho a elaborarla está servida.

Conocimiento ancestral

La palabra sotol proviene del vocablo náhuatl tzotollin, que significa el dulce de la cabeza.

La bebida conocida con ese nombre se elabora con distintas especies del género Dasylirion, una planta nativa deldesierto chihuahuense que resiste las extremas temperaturas —hasta mínimas de -14°C en invierno y 42°C en verano— de ese ecosistema semiárido que abarca la zona norte de México y el suroeste de Estados Unidos.

Mapa de las zonas en las que crece la planta del sotol

BBC

Ya en tiempos prehispánicos, las comunidades originarias de ese vasto territorio se servían de ella, principalmente para alimentarse.

“Asaban el corazón, conocido como piña, y hacían una especie de pastas que se podían almacenar. Eran una buena fuente de carbohidratos”, le dice a BBC Mundo Jeffrey Keeling, profesor de biología y gestión de recursos naturales de la Facultad de Agricultura y Ciencias Naturales de la Universidad de Alpine, Texas.

Los rarámuri o tarahumaras, quienes le siguen llamando sereque, la usaban también para hacer utensilios —no por nada en inglés se conoce también como desert spoon, cuchara del desierto—, canastas, zapatos y artesanías, o con fines medicinales, por sus propiedades antibióticas.

La planta del sotol, del género Dasylirion.

Getty Images
La planta del sotol tiene aspecto de palma.
Detalle de las flores de una planta de sotol.

Getty Images
Detalle de las flores de una planta de sotol.

Y elaboraban con ella un brebaje fermentado, similar al pulque que se hace con agave en otras zonas de México, de muy baja graduación, para usos ceremoniales ya desde hace 800 años, apunta el experto.

La destilación llegaría después, cuando los españoles trajeron consigo la técnica en el siglo XVI, y la bebida se empezó a parecer a la que se conoce actualmente.

Fermentación y destilado

Han pasado siglos desde aquello, pero el proceso de elaboración no ha variado mucho en décadas y su producción hoy sigue siendo mayoritariamente artesanal y en algunos casos semiindustrial, señala Pico.

Antes que nada, hay que cortar la planta, que crece de forma silvestre.

Hombre corta la cabeza de una planta de sotol.

Ángel Valdez
Son las cabezas de la planta, también llamadas piñas, las que se llevan a la vinata.

Aunque Olivas lidera un proyecto de la Facultad de Ciencias Agrícolas de la Universidad Autónoma de Chihuahua, que nació en 1996, centrado en la domesticación de la especie, con el objetivo de que en un futuro pueda haber plantaciones y la producción sea sostenible.

“Si no nos aseguramos de establecer plantaciones, es muy probable que si sigue creciendo el interés en la bebida, a mediano plazo nos veamos en problemas para tener materia prima”, le dice a BBC Mundo.

Una vez cortado el tallo o piña, ya en la vinata o destilería se cuece en rudimentarios hornos construidos a ras de suelo.

Las piñas cocinadas se someten a un proceso de molienda para reducirlas a trozos pequeños, a los que luego se les añade agua para que inicie la fermentación.

Piñas o cabezas de la planta de sotol en un horno rudimentario construido a ras de suelo.

Ángel Valdez

Finalmente, el doble destilado permite obtener una bebida con un volumen alcohólico del 45%.

“Tiene cosas en común con las producciones tradicionales de otros destilados, como el ‘perlado’, una técnica basada en la observación para calcular la graduación etílica, pero también muchísimas diferencias”, le dice a BBC Mundo Faridy Bujaidar, antropóloga especializada en bebidas espirituosas del norte de México.

“El tequila, el mezcal y el sotol, cada uno tiene su trayecto histórico, sus sabores y aromas particulares. Son conocimientos regionales muy focalizados“, añade.

La mayor disimilitud es quizá el volumen de producción. Ya comentamos cuánto mezcal se genera al año en el país, una cifra que palidece frente a la del tequila: 350 millones de litros en 2021, según el Consejo Regulador del Tequila.

Mientras, la entidad homóloga del sotol estima que de este se producen anualmente 500.000 litros, cerca del 80% en Chihuahua y el resto a partes iguales en Coahuila y Durango.

“A los ojos del consumidor somos una bebida emergente, aunque sea ancestral”, dice su presidente, Efraín Maldonado.

El Consejo calcula que en México hay unos 40 productores tradicionales.

Décadas de persecución

Este panorama es la herencia de la persecución que sufrieron los sotoleros durante décadas, apunta Pico, vicepresidente del Consejo Regulador del Sotol.

Se debió a una combinación de factores, explica, entre ellas la influencia de la prohibición de los destilados a principios del siglo pasado en el estado aledaño de Sonora y la Ley Seca vigente de 1920 a 1933 al otro lado de la frontera, en Estados Unidos, además de una “corriente de pensamiento conservador en México según la cual el alcohol corrompía la sociedad”.

“Aunque no hubiera una ley per se en el país que prohibiera la actividad sotolera, la policía conocida como ‘la acordada’ llegaba a las comunidades, para en teoría checar que se cumplían las normas ambientales y sanitarias, y les confiscaba el equipo a los vinateros o los llevaban presos“, cuenta.

Hombre cortando un Dasylirion.

Ángel Valdez
Las plantas a partir de las cuales se hace el sotol se encuentran en estado silvestre.

Eduardo Arrieta, “Don Lalo”, maestro sotolero de cuarta generación del municipio de Aldama, Chihuahua, conoce bien la historia.

En parte porque se la contó su abuelo, quien se llamaba igual que él, y en parte porque la vivió en carne propia.

“Mi abuelo empezó en el sotol muy joven, en 1920, cuando andaba en la Revolución con Pancho Villa”, le dice a BBC Mundo.

‘Quítame esa vinata’, le dijo Pancho Villa un día que pasó por allí a caballo, pero mi abuelo no hizo caso, así que cuando volvió lo agarraron, lo ataron y le dieron con un sable. Según ellos esa era la ley aquí antes”, cuenta.

Cuando mataron al “centauro del norte” en 1923, el abuelo de Don Lalo siguió destilando y le enseñó el oficio a su hijo, quien después haría lo propio con el suyo.

“A mí todavía me tocó esconderme cuando llegaron los de a caballo (la policía), para que no me hallaran y me llevaran. Nos destruían el alambique donde hacía uno el vino (sotol), lo balaceaban para que ya no sirviera”, recuerda.

Pico, del Consejo Regulador del Sotol, analiza aquello —que duró hasta finales del siglo pasado en ciertas zonas— con perspectiva.

“La persecución quizá actuó a nuestro favor porque, ¿quién sabe?, de otra manera quizá hubiéramos acabado ya con la planta”, dice. “O nos hubiéramos convertido en otro Tequila, Jalisco, con una industria completamente desarrollada y millonaria”.

Protección institucional

Para caminar en esa dirección y ordenar y proteger la producción del sotol en Chihuahua, Coahuila y Durango, se creó en 2002 la denominación de origen.

Destilando sotol en una vinata.

Ángel Valdez
La última fase de la elaboración del sotol es la destilación.

Una denominación de origen (D.O.) es un sello que certifica que un producto es originario de una zona geográfica particular, que en ella se llevan a cabo todas las fases de producción, y que a esto se deben la calidad y las características del mismo.

Una de las más famosas es la del champán, que dicta que solo se le puede llamar así al vino espumoso elaborado en la zona francesa de Champagne o la Champaña.

La D.O. del sotol está reconocida a nivel internacional por la Organización Mundial de la Protección Intelectual, en 2005 nació el Consejo Mexicano del Sotol y más recientemente, en 2017, el Consejo Certificador.

Hoy el producto se vende dentro y fuera de las fronteras mexicanas.

“El mejor mercado para el sotol en México está, curiosamente, allí donde se producen otros destilados, porque se valora ese tipo de producto: en Oaxaca, Jalisco, y, por supuesto, Ciudad de México“, informa Pico.

“En Estados Unidos se vende en Texas y California sobre todo, y existe un mercado emergente, en constante crecimiento, en Arizona, Nueva York, Colorado e Illinois“.

El problema que ven muchos en la industria del sotol en México es que EE.UU. está dejando de ser meramente consumidor y ha empezado a producir, aunque aún de forma muy focalizada, concretamente en Texas.

Y es que el sotol, a diferencia del tequila y el mezcal, no está reconocido como bebida distintiva de México por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

¿Quién tiene derecho a producir?

En enero, Sandro Canovas se plantó fuera de una destilería en Marfa, Texas, con un megáfono en la mano y gritó: “¡El sotol es mexicano! ¡Boicot a estos buitres culturales! No apoyen a los ladrones”.

Y repartió entre clientes y curiosos unos papeles en los que se leía: “Ten en cuenta que Marfa Spirit Co. opera a diario bajo estas premisas: a) apropiación cultural; b) el flagrante desprecio de la denominación de origen que pertenece a Chihuahua, Durango y Coahuila en México; c) ningún compromiso ni acciones o programas hacia la sostenibilidad en la producción de sus bebidas espirituosas”.

Dasylirion en el Parque Nacional Big Bend, parte del desierto chihuahuense, en en suroeste de Texas.

Getty Images
Dasylirion en el Parque Nacional Big Bend, parte del desierto chihuahuense, en en suroeste de Texas.

Fundado en 2021 por Morgan Weber, con una amplia experiencia en el sector de la restauración y al frente de bares especializados en licores mexicanos, Marfa Spirit Co. es una de las empresas que está produciendo destilado a partir de Dasylirion en Texas.

“Están robando patrimonio cultural, una de las tradiciones tangibles más viejas de la región del norte de México junto al adobe —él es adobero— y quitándoles el negocio a los maestros mexicanos que han hecho esto durante generaciones”, le dice a BBC Mundo el activista.

Cánovas empezó a alzar la voz sobre la cuestión en distintos eventos, hablando con sotoleros y otros miembros de la industria, tocó la puerta de las autoridades.

Pronto una confederación de productores mexicanos, el Grupo de Sotoleros El Potrero del Llano, publicó un comunicado condenando que varias destilerías texanas estuvieran usando la palabra “sotol” en sus productos.

Las autoridades chihuahuenses mantuvieron una serie de reuniones sobre la protección de la producción del sotol en el estado, a medida que la conversación llegaba a los ciudadanos.

Y en su edición del 17 de febrero el diario Hechos de Chihuahua publicó en portada este titular: “Sin respetar la denominación de origen, Texas produce sotol”.

Las piñas cocinadas se someten a un proceso de molienda

Ángel Valdez
Las piñas cocinadas se someten a un proceso de molienda.

Preguntado por la posición Consejo Regulador del Sotol sobre la cuestión, su presidente Efraín Maldonado es tajante:

“La norma denominación de origen es clara: a lo que se produzca en los tres territorios (Chihuahua, Coahuila y Durango) se puede le llamar sotol, a lo producido fuera no. Puede ser cualquier otro licor, destilado, pero no se le puede decir sotol“.

Weber, el dueño de Marfa Spirit Co., quien hizo equipo con Jacobo Jáquez, del veterano Sotol Don Celso, para elaborar su producto, se defiende haciendo referencia justamente a eso.

“La denominación de origen no dice nada sobre el uso de la planta para hacer una bebida”, le dice a BBC Mundo.

Sería una locura que, si tuvieras acceso a uvas, alguien te dijera que no puedes hacer vino espumoso. Lo puedes hacer. Otra cosa es que le puedas llamar champán. Y yo tengo acceso a las plantas de sotol”.

Por ello, aunque en las etiquetas viejas de sus botellas se leía Chihuahuan Desert Sotol, las más recientes dicen Far West Texas Desert Spirit, a lo que se le añade que está hecho en un 100% con sotol.

“Es importante honrar la tradición y nosotros no le llamamos sotol por respeto, le decimos licor del desierto. Pero las normas federales requieren que se incluyan los ingredientes en el etiquetado, así que tenemos que poner que viene de la planta sotol, como comúnmente se le llama”, explica.

“Nos critican mucho, que estamos violando la denominación de origen, cosa que no hacemos. Lo hacemos todo desde el respeto”, insiste.

Sin embargo, otras compañías les siguen llamando a sus destilados Texas sotol.

Shot de destilado reposado o añejo con dos pedazos de naranja.

Getty Images
Para hacer las variedades reposado y añejo se guarda el sotol en barricas de roble americano desde 4 hasta más de 12 meses.

Maldonado ve difícil que se deje de producir al otro lado de la frontera y cree que el futuro pasará por integrar a las destilerías estadounidenses en la industria ya existente.

“Quizá en algún momento, después de que las autoridades estatales y federales mexicanas puedan tocar base con las autoridades de Estados Unidos, y si encontramos un mecanismo que sea también benéfico para la industria de aquí, entonces a lo mejor nos podríamos sentar y negociarla“, añade.

Mientras, sigue trabajando en “ordenar” la industria, para que los sotoleros pequeños también puedan certificar su destilado y beneficiarse de la denominación de origen, y en unir fuerzas con las entidades de Coahuila y Durango.

“El mercado está creciendo y cada vez existe una mayor necesidad de que se difunda la tecnología para plantaciones”, dice el doctor Olivas.

“Y también que el público se entere de la calidad, el origen y lo que representa técnica, cultural, social y económicamente el sotol. Es importante que la gente sepa todo lo que hay detrás de una copita de sotol“, añadió durante el Festival del Agave, precisamente en Marfa.

La copa que, en su pueblo, toman temprano “para hacer la mañana”.


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