A Karen la acusaron de omisión en muerte de su hija; SCJN postergó su caso
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Cuartoscuro Archivo

A Karen la acusaron de omisión en la muerte de su hija, lleva 9 años presa y SCJN postergó su caso

Ella no participó en las agresiones, pero la acusaron porque su pareja violó y mató a su bebé.
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12 de noviembre, 2020
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A Karen la condenaron a 30 años de cárcel porque su pareja violó y mató a su bebé. No es que haya sido acusada de complicidad, ya que quedó claro que no participó en las agresiones. Ni siquiera estaba presente cuando empezaron. Fue sentenciada por “comisión por omisión”, es decir, condenada como si hubiera violado y matado a su propia hija, al no evitar que el hombre con el que vivía lo hiciera.

Hace nueve años y medio que está presa por ese delito. El 10 de mayo de 2011 no fue para ella un Día de las Madres normal, sino el primer día que pasó detenida, con el dolor de su bebé muerta la víspera, y un sistema que desde ese momento la empezó a juzgar por su papel de madre.

Entérate: Derecho a decidir de las mujeres, la omisión de la Suprema Corte

Esa condena estuvo a punto de ser revocada, al menos parcialmente, el pasado miércoles 4 de noviembre por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), hasta donde llegó el caso mediante un amparo interpuesto tras la ratificación de la sentencia en un Tribunal Colegiado, a pesar de las denuncias de que hubo tortura psicológica para obtener confesiones a modo.

En la lista de asuntos para discusión de la Primera Sala de la Corte estaba el amparo directo 92/2018, con proyecto de resolución del Ministro Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, que propone echar abajo la condena por violación y revisar la de homicidio con perspectiva de género, descalificando el argumento de que ella pudo evitar lo sucedido.

Pero al iniciar la sesión del 4 de noviembre, el asunto se sacó sin explicación y sin que haya una nueva fecha para que vuelva a incluirse y ahora sí se discuta.

Los abogados que han llevado el caso, Gladys Fabiola Morales y Alberto Muñoz, temen que eso signifique que se va a modificar el proyecto y ya no sea tan contundente a favor de Karen.

Una condena entre dudas y tortura

Luis, el hombre que vivía con Karen, fue condenado a 35 años de cárcel con base en la confesión que ella firmó. Pero en el relato que ella ha hecho a los abogados de lo que realmente pasó, ni siquiera está claro que la bebé haya muerto por una golpiza.

Es cierto que había un contexto de violencia. A Karen la abandonaron sus padres siendo muy chica y la criaron sus abuelos. A los 20 años ya tenía dos hijos, un historial de consumo de drogas y una pareja violenta. 

Es cierto también que hubo al menos un descuido con la niña, por el cual se cayó de la cama en abril de 2011 y la llevaron al hospital. Los doctores dijeron que no tenía nada, aunque a partir de ahí empezó a tener convulsiones y varias veces volvieron a llevarla a revisión, según la versión de su madre.

El 9 de mayo, Karen salió de bañarse y Luis le dijo que la niña estaba convulsionando otra vez, así que nuevamente fueron a buscar un doctor. En el Hospital Pediátrico de Legaria, después de revisarla, le entregaron un sobre a la pareja para que lo llevara al Ministerio Público. Ellos obedecieron, llegaron por su propio pie, y cuando las autoridades lo abrieron, los separaron y empezaron a interrogarlos.

Muñoz explica que Karen estuvo cinco horas retenida, finalmente le presentaron a un abogado de oficio con el que habló solo cinco minutos y que le dijo que contestara que sí a todo y que luego solucionaría la acusación que en ese momento era por lesiones.

Así fue como firmó una declaración en la que decía que cuando salió de bañarse vio a Luis estrellar a la bebé contra la pared. Pero para ese momento, la niña ya había muerto en el hospital. Por lo que ese documento se convirtió en una confesión de homicidio.

A la niña se le encontró además una lesión anal, que pudo haber sido por una parasitosis, explica Muñoz, pero la confesión de Karen incluyó una referencia a que una vez encontró a su pareja con la mano en la entrepierna de la niña y le dijo que no la tocara, lo cual fue tomado como prueba de que había violencia sexual.

En esas horas y las siguientes en que Karen estuvo detenida, los mismos policías que la custodiaban le repitieron que era una mala madre, una “chacala”, y le pegaron en la cabeza. La aplicación del Protocolo de Estambul —un mecanismo para detectar tortura— dio positivo, incluso la Comisión de Derechos Humanos del entonces Distrito Federal dijo que tenía síntomas de estrés postraumático coincidente con víctimas de tortura, pero la jueza del caso reclamó al organismo que se estaba olvidando de que había una menor de edad víctima.

Aun así, la confesión fue tomada como válida para condenar en 2014 no solo a Luis, sino también a Karen, al considerar que por ser su madre, tenía la calidad de garante de los derechos de la niña y debió impedir los actos que terminaron en su muerte.

La “omisión” como delito

El abogado Alberto Muñoz explica que para acusar a alguien por omisión se deben cumplir ciertos estándares. Uno es que la persona tuviera la custodia efectiva en ese momento: es decir, no basta con ser los padres para tener la responsabilidad de lo que le ocurra a un menor, porque si está en la escuela, por ejemplo, no podrían evitar que algo le pase. En este caso, Karen estaba bañándose en otro punto de la casa.

Otro elemento a considerar es que el inculpado pudiera prever lo que iba a pasar, es decir, que Karen hubiera previsto que si dejaba sola a la bebé con Luis, él la iba a golpear. Y después de eso, si realmente podría haber impedido la agresión, cuando según el relato de la mujer, esta ya había empezado cuando ella entró a la habitación.

Finalmente, que exista una conexión entre la conducta omisa y el resultado. O sea, considerar si Karen pudo haberse interpuesto entre el hombre y la niña para con eso evitar el abuso sexual y la muerte.

“En el tema de violación, argumentamos que no puedes decir que alguien es sujeto activo de una violación por comisión por omisión. O sea: o cometió la violación, ya sea en su modalidad de coautor, autor intelectual, pero el tipo penal no permite que esto se cometa por omisión, no puedes decir que alguien violó por no hacer nada”, detalla.

Así que el amparo se interpuso por inconstitucionalidad e inconvencionalidad del artículo 16 del Código Penal del Distrito Federal, por el que se condenó a Karen por violación equiparada en la modalidad de comisión por omisión. Al ser una inconstitucionalidad, fue que llegó hasta la SCJN su caso.

Un proyecto de la SCJN con perspectiva de género

El proyecto de sentencia que elaboró el Ministro Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena abunda constantemente en la desigualdad social que viven las mujeres, y que los juzgadores tienen la obligación de considerar esos factores no solo cuando las mujeres padecen un hecho ilícito y están en posición de víctima, sino también cuando están como probables perpetradoras. Dice que hay condiciones de violencia y sumisión históricas que pudieron llevarlas a ser inducidas o incluso coaccionadas para delinquir, o al menos para estar en situaciones que las limitan y en las que no podría exigírseles evitar un hecho.

Subraya que las mujeres enfrentan barreras y obstáculos estructurales que se expresan en la legislación y en las prácticas culturales, y que las autoridades judiciales no deben permitir que su interpretación de los hechos y las circunstancias estén motivadas por una visión estereotipada y preconcebida de lo que una persona debe hacer o sentir a partir de su identidad sexo-genérica.

De modo que ordena absolver a Karen —llamada Julieta para preservar datos personales— del delito de violación agravada con el argumento de que es una acción con un resultado formal, por lo que ella no puede ser acusada de comisión por omisión.

Y del delito de homicidio agravado también en modalidad de comisión por omisión, ordena al Tribunal Colegiado determinar nuevamente su responsabilidad penal, pero ahora juzgando con perspectiva de género y sin dar por hecho que al ser la madre, tenía posición de garante.

“Esta significación reproduce —implícitamente— estereotipos nocivos de género basados en las expectativas sociales idealizadas sobre el cuidado que las madres deben brindar a sus hijes, entendiendo, incluso, que tienen una tendencia ‘natural’ a anticipar los daños que pueden ocurrirles o causárseles, y suponer como esperables conductas en el límite de lo heroico”, concluye.

Este proyecto era el que se discutiría el pasado 4 de noviembre y que hasta este momento queda en suspenso si se  mantendrá para su aprobación.

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Cómo evitar caer en la ‘trampa de la eficiencia’ en el trabajo

Tenemos una cantidad limitada de tiempo, sin embargo, seguimos esforzándonos para cumplir metas infinitas. ¿Por qué nos imponemos tanta presión y cómo podríamos dejar de hacerlo?
24 de agosto, 2021
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Aquí va una pregunta sencilla que podría provocar una pequeña crisis existencial. Sin necesidad de sacar una calculadora, adivina: ¿cuántas semanas vivirá una persona promedio?

La respuesta, para una esperanza de vida de unos 80 años, es 4.000. Hasta los centenarios sólo vivirán 5.200.

Si eres como yo, ese concepto podría generar una sensación de pavor, seguida de una mayor determinación de lograr lo máximo de este corto período en la Tierra. Seguro que tiene sentido embutir cuantas actividades sean posibles en cada día, para asegurarnos de cumplir nuestras metas antes de dejar esta vida.

En realidad, eso podría ser la peor cosa que pudiéramos hacer para vivir una vida llena y feliz. En su nuevo libro, “Cuatro mil semanas”, el escritor en psicología Oliver Burkeman sostiene que esto sólo conduce a decepción e infelicidad, gracias a un fenómeno conocido como la “trampa de la eficiencia”. En su opinión, nos vendría mejor ir más lento, en lugar de acelerar, si queremos sacarle el máximo a nuestra corta esperanza de vida.

La tiranía del tiempo

La ansiedad por el paso del tiempo no es exactamente exclusiva de la vida moderna. Alrededor de 29 a.C., el poeta romano Virgilio escribió “fugit inreparabile tempus” (“el tiempo vuela irrevocablemente”) lo que expresa un poco de la ansiedad por el paso de los días. Pensamientos similares sobre cómo el tiempo se nos escapa se pueden encontrar en Chaucer y Shakespeare.

Burkeman, sin embargo, cree que la peculiar preocupación de la humanidad con el tiempo -y, en particular, si lo invertimos “productivamente”- se volvió mayor con el uso común del reloj y el surgimiento de la Revolución industrial. Antes de eso, los ritmos naturales del día guiaban a la gente: “Hay que ordeñar la vacas cuando necesitan ser ordeñadas, y no podías decidir de alguna manera hacer todo el ordeño de un mes en unos cuantos días”, dice.

Producción en línea en una fábrica automotriz

Getty Images
El auge de la Revolución industrial nos volvió agudamente conscientes de la productividad y el rendimiento, añadiendo más presión en el trabajo.

Una vez la gente empezó a trabajar en molinos y fábricas, sus actividades tuvieron que ser coordinadas con más precisión, frecuentemente para optimizar el uso de las máquinas que operaban.

Eso dio paso a prestarle mayor atención a la planificación y la creación de horarios, a la vez que se entendió que nuestra productividad podría ser cuidadosamente monitoreada. Y la presión resultante, de hacer más en menos tiempo, parece haber crecido exponencialmente en la segunda mitad del siglo XX.

La industria de autoayuda se ha encargado de atender estas ansiedades, con muchos textos en las pasadas cuatro décadas ofreciendo consejos para administrar mejor el tiempo.

“La implicación de estos libros es que, con la técnica correcta, podrías cumplir casi cualquier obligación que se te atraviese. Podrías emprender cuantas ambiciones personales quisieras, con una rutina diaria perfectamente optimizada”, señala Burkeman.

La “trampa de la eficiencia”

Desafortunadamente, no siempre funciona así. Burkeman describe la obsesión con la eficiencia y la productividad como una especie de “trampa”, ya que en realidad nunca puedes escapar de la sensación de que podrías estar haciendo más.

"Es una verdadera receta para el estrés -la idea que puedes hacer algo sobrehumano con tu tiempo"", Source: Oliver Burkeman, Source description: Autor de "Cuatro mil semanas", Image: Una mujer con cuatro brazos haciendo muchos trabajos a la vez

Considera una meta básica, como optimizar tu correspondencia de correo electrónico. Podrías pensar en alcanzar un tipo de estado zen donde no tienes nada en tu buzón al final de cada día, y contestas cada correo a medida que llega. Desafortunadamente, cada correo que envías probablemente generará más respuestas y tareas que completar, lo que puede llevar a que los mensajes se acumulen otra vez.

El hecho de que el trabajo suele engendrar más trabajo significa que muchos empleados eficientes pronto se extralimitan más allá de sus capacidades, a medida que su jefe les sigue añadiendo responsabilidades. Como Burkeman escribe en “Cuatro mil semanas”: “Tu jefe no es idiota. ¿Por qué le daría el trabajo a otra persona más lenta?”

La rutina hedonista

También hay buenas razones psicológicas que explican por qué nunca estaremos satisfechos con nuestras actividades actuales -en el trabajo como en nuestras vidas personales-, que nos llevan a estar constantemente aplicándonos más presión.

Los humanos tenemos un molesto hábito de acostumbrarnos a los cambios positivos en nuestras vidas -el fenómeno conocido como la “rutina hedonista”-.

Podrías pensar que una promoción en el trabajo sería una recompensa adecuada por todo tu esfuerzo, pero los estudios demuestran que muchas veces no te hace más feliz que tu actual cargo. No importa cuán productivo se es, ni cuánto se logra, siempre querrás más para ti.

La noción de la trampa de la eficiencia de Burkeman también me hace recordar un estudio de la Universidad de Rutgers, en EE.UU., y de la Universidad de Toronto, en Canadá. A unos participantes le pidieron hacer una lista de 10 actividades que los haría sentirse mejor en sus vidas -sugestionándolos para pensar en la felicidad como una meta activa-. Después, ellos mismos registraron puntajes inferiores en un cuestionario sobre su bienestar actual que los participantes a los que antes se les había pedido que dijeran de qué estaban agradecidos en ese momento.

Una exploración más profunda encontró que la reducción de felicidad estaba vinculada al sentido de que el tiempo de alguna manera se estaba esfumando: en lugar de hacer que los participantes se sintieran positivos y proactivos, el pensar en todas esas actividades les había hecho más agudamente conscientes del poco tiempo que en realidad tenían para logarlo todo.

Un hombre con un proyecto personal pinta un cartel

Getty Images
Si tratas de hacer menos con tu tiempo y te enfocas en terminar una sola tarea, podrás dar pasos más amplios.

Escapando de la trampa

Al fin de cuentas, Burkeman piensa que nuestro implacable impulso de productividad es un intento inútil de escapar la cruda realidad de nuestras 4.000 semanas en la Tierra. “Es seductor tratar de pasar el tiempo mejorando tus rutinas y rituales, pero eso simplemente contribuye a evitar enfrentar la verdad de lo finitos que somos”, afirma. “Y es una verdadera receta para el estrés -la idea que puedes hacer algo sobrehumano con tu tiempo-“.

En opinión de Burkeman, todos podríamos reducir nuestra ansiedad si sólo aceptáramos nuestra capacidad limitada de lograr todo lo que quisiéramos en la vida.

Tiene unos cuantos consejos prácticos.

El primero parecería obvio, pero frecuentemente lo olvidamos: necesitamos limitar el número de objetivos que queremos alcanzar a la vez.

Podrías priorizar el mudarte de casa y escribir un libro, por ejemplo, mientras te das cuenta de que las clases de piano tendrán que esperar. Aunque pueda ser descorazonador abandonar algo que es muy importante para ti, serás capaz de dar pasos más grandes hacia las metas que has escogido, que si tratas de cumplir demasiadas cosas simultáneamente.

Puedes intercambiar metas, naturalmente, a medida que tu vida progresa -una vez te hayas mudado, por ejemplo, habrá espacio en tu horario para aprender el piano-. Pero en general, Burkeman sostiene que seríamos más felices si tomamos la decisión consciente de poner en espera algunos proyectos, en lugar de tener la continua sensación de que no estamos cumpliendo con falsas expectativas.

“Simplemente te estás reconciliando con ser un humano finito”, indica.

"Cuando enfrentas esta realidad , es de verdad muy liberadora"", Source: Oliver Burkeman, Source description: Autor de "Cuatro mil semanas", Image: Un hombre frente a un piano y un escritorio levantando los brazos en una expresión de felicidad

En el trabajo del día a día, Burkeman también aboga por tener una “lista de labores cumplidas” -más o menos paralela a la “lista de labores por hacer” que empieza vacía cada mañana, pero se va llenando con cada tarea que cumples-.

Muy importante es que muchas de esas tareas pueden haber sido distracciones que nunca hubieras incluido en tu lista de labores por hacer, pero que, sin embargo, fueron importantes cumplir. De esta manera, la práctica te ayuda a reformular tu carga laboral para que tengas una mayor sentido de logro, en vez de estresarte por las cosas que todavía no has acabado de hacer.

No obstante, Burkeman reconoce que le resulta difícil cambiar su propia actitud mental y aceptar los límites de lo que puede lograr en sus 4.000 semanas -pero vale la pena perseverar-.

“Cuando enfrentas esta realidad, es de verdad muy liberadora”, dice. “Te das cuenta de que has estado peleando una batalla inútil”.

El libro de Oliver Burkeman “Cuatro mil semanas” (Four Thousand Weeks) está publicado por la editorial Farrar, Straus and Giroux en EE.UU., y por Bodley Head en Reino Unido. En Twitter se le encuentra en @oliverburkeman.

David Robson es autor de “La trampa de la inteligencia: por que la gente lista hace tonterías” (The Intelligence Trap: Why Smart People Make Dumb Mistakes). Su próximo libro es “El efecto de la expectativa: cómo tu actitud mental puede cambiar tu mundo” (The Expectation Effect: How Your Mindset Can Change Your World) que saldrá en 2022. Se le encuentra en Twitter en @d_a_robson.


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