Se nos tapa la boca y nos piden silencio: Mujeres marchan para exigir alto a la violencia en CDMX
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Se nos tapa la boca y nos piden silencio: Mujeres marchan para exigir alto a la violencia en CDMX

Sobre un templete instalado frente a Palacio Nacional, se leyó un pronunciamiento y se escucharon testimonios dolorosos de violencia machista e inacción de las autoridades para resolver los casos.
26 de noviembre, 2020
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“La nota está aquí en este micrófono, no en las paredes”, dijeron familiares de víctimas de feminicidio o sobrevivientes de violencia machista mientras contaban sus historias desde el templete instalado en el Zócalo, el único punto de la marcha feminista de este miércoles en el que se desató algún choque entre manifestantes y policías.

La marcha de este 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres y a la que asistieron entre mil y dos mil mujeres, según las organizadoras, lejos estuvo de ser como las últimas manifestaciones feministas en la ciudad: con policías rodeandolas, usando extintores para contenerlas y violentando su derecho a marchar.

La diferencia notoria fue la ausencia visible de policías en todo el trayecto del Monumento a la Revolución hasta el Zócalo, gracias a un acuerdo entre las organizadoras de la movilización y la Secretaría de Gobierno de la Ciudad de México (Secgob).

Lee: Ni una más: Mujeres mexicanas protestaron en las principales ciudades del país contra la violencia machista

Aunque en los alrededores había camiones y agentes preparadas, no estuvieron escoltando a ambos lados del contingente, como en otras ocasiones, y ni siquiera policías de tránsito se veían al paso. Solo 391 integrantes de un Grupo de Diálogo y Convivencia de la Secretaría de Gobierno de la Ciudad, integrado por funcionarias de distintas dependencias que funcionaron como valla de paz, vestidas con color naranja y que por momentos incluso acompañaban las consignas feministas.

La marcha arrancó puntual a las 4 de la tarde y avanzó rápidamente, casi sin detenerse, por Paseo de la República y Avenida Juárez en el centro de la ciudad. La encabezaron familiares de víctimas y sobrevivientes, seguidas de otros grupos independientes de mujeres y organizaciones sociales como Las Constituyentes, Pan y Rosas y una representación indígena zapatista.

El llamado Bloque Negro, integrado por jóvenes que visten totalmente de ese color, se tapan el rostro y suelen tomar acciones directas -como se identifica a las pintas en mobiliario o edificios, así como otras reacciones para manifestarse-, iba a un lado, por momentos adelantándose o rezagándose. 

Pero ante la ausencia de policías, el grupo avanzó acompañando a la marcha y no hubo intercambio de agresiones; y ante una mayor presencia de vallas metálicas altas que protegían edificios y comercios, solo realizaron pintas a su paso y rompieron algunos cristales de mobiliario urbano, además de reclamar a los hombres que las grababan que no lo hicieran.

El contingente completo avanzó pacíficamente y a la vista de gente que estaba en el Centro Histórico por la calle 5 de mayo hasta llegar al Zócalo a las 5 de la tarde, ya que también se había acordado que las autoridades permitirían la entrada hasta ese punto, aunque permanezca el plantón de casas de campaña de la organización Frena contra el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Sobre un templete instalado frente a Palacio Nacional, se leyó un pronunciamiento y se escucharon testimonios dolorosos de violencia machista e inacción de las autoridades para resolver los casos.

“Por todos lados se nos habla de la muerte, de una pandemia que ha conmocionado al planeta entero. Se imponen nuevas reglas, se fabrica una nueva normalidad que es funcional al capitalismo. Se nos cubre la boca, se nos pide silencio y se nos conmina al aislamiento. Pero nosotras, compañeras, vivimos estos tiempos de confinamiento de manera muy particular: nosotras resguardamos la vida no solo del COVID-19, sino también del riesgo a ser asesinadas brutalmente durante esta pandemia, y de la posibilidad de contagio al ver profundizada la precarización de nuestras vidas”, leyó una mujer para dar inicio al mitin.

Agregó que las estadísticas oficiales muestran que más de dos mil mujeres han sido asesinadas durante el confinamiento, y que más de ocho mil han denunciado haber sido violadas.

“Los datos están ahí a pesar del discurso presidencial que busca minimizar e invisibilizar la violencia a la que nos estamos enfrentando las mujeres y las niñas”.

En el Zócalo se rompe acuerdo de paz

Mientras ocurrían los pronunciamientos, algunas de las jóvenes del Bloque Negro comenzaron a retirar las vallas que protegían la Catedral e incluso subieron a las rejas. De pronto, aparecieron desde un costado decenas de policías mujeres que formaron una fila hasta cubrir totalmente el templo. Estaban en la parte interna, por lo que no hubo contacto con las manifestantes, que tan solo lanzaron cohetones que no llegaron a alcanzarlas.

Pero después de eso, las chicas se movieron hacia Palacio Nacional para quitar también esas vallas. Entonces se repitió la aparición inmediata de decenas y decenas de policías; y lo mismo ocurrió minutos después cuando las jóvenes tumbaron parte de las protecciones que rodeaban al campamento de Frena e incluso arrancaron algunas tiendas de campaña vacías a las que luego prendieron fuego.

Lee: En 8 meses de pandemia, refugios para mujeres violentadas han atendido 51% más solicitudes de ayuda

El gobierno de la Ciudad de México emitió por la noche un comunicado en el que dividió a las mil participantes en dos contingentes y acusó que uno de ellos fue quien rompió lo acordado previamente.

“Una de las colectivas de Acción Directa incumplió el acuerdo de manifestarse pacíficamente al derribar las vallas que se encontraban frente a Palacio Nacional, por lo que elementos del agrupamiento Ateneas de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) conformaron un cerco para evitar vandalizaciones en el edificio. Posteriormente, elementos de la SSC mantuvieron su presencia y realizaron acciones de contención para prevenir enfrentamientos entre las personas que se encuentran acampando en la Plaza de la Constitución”, afirmó.

Aunque la Red Rompe el Miedo, que monitoreó el desarrollo de la marcha, criticó la reacción de la policía.

“Según los protocolos de actuación policial, los elementos de seguridad deben estar a una distancia que justo no genere un clima adverso para el ejercicio de la protesta. Y en diversas ocasiones se vio el acercamiento de los elementos lo que generó encono con manifestantes”, señaló la coordinadora, Paula Saucedo.

Por alrededor de una hora, se repitieron los episodios en los que las jóvenes retiraban vallas, llegaban policías, había empujones en los que a veces les quitaron escudos y respondieron activando extintores, aunque en mucho menor cantidad que durante la pasada marcha por la legalización del aborto el 28 de septiembre. Y al seguir llegando más elementos a rodear a las manifestantes, ellas gritaban que no se dejaran encapsular y corrían hacia otro punto de la explanada, donde volvía a darse una escena similar.

Las víctimas sobre el templete reclamaban que la policía no actuara con la misma celeridad para buscar a sus agresores, a los feminicidas que les quitaron a una mujer de su familia. Recordaban también, en medio del sonido de cohetones y el polvo verde que despiden los extintores que usan las agentes, la represión que ha sufrido el movimiento feminista en los últimos tiempos: los disparos en una marcha en Cancún, Quintana Roo, el pasado 9 de noviembr; las detenciones y golpes en el Estado de México el 11 de septiembre; agresiones en  León, Guanajuato, el 22 de agosto; y distintas represiones y encapsulamiento de manifestantes durante la jornada por la legalización del aborto el 28 de septiembre.

Al final, el Zócalo quedó completamente rodeado por agentes, solo con la salida abierta por 5 de mayo. Según el comunicado de la Secgob, participaron mil 500 del cuerpo Ateneas de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), además de 80 elementos de Bomberos, 44 del Escuadrón de Rescates y Urgencias Médicas (ERUM) y 23 de Protección Civil.

El saldo oficial fue de 20 civiles que recibieron atención médica en el lugar y 23 policías lesionadas, seis de ellas que fueron trasladadas a un hospital. Mientras que “20 mujeres con actitud muy violenta fueron retiradas del lugar para evitar la generación de violencia”.

Alrededor de las 6 de la tarde, las manifestantes empezaron a dispersarse y las familias de víctimas y sobrevivientes dieron por concluido el mitin. Solo quedaron pequeños grupos que prendieron fuego a escudos policiacos, pancartas y algunas casas de campaña, y que seguían derribando vallas metálicas, mientras la noche iba cayendo y la explanada fue quedando solo llena de policías.

 

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El 'Chernóbil mexicano': cómo ocurrió el mayor incidente nuclear de América

Un empleado de un hospital en México manipuló una maquina de terapia de cáncer que tenía una fuente radiactiva. La cadena de sucesos que siguió generó en 1984 el mayor incidente nuclear en la historia del continente.
25 de octubre, 2020
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La búsqueda de desechos radiactivos

BBC/CNSNS
Ciudad Juárez, México, vivió una inquietante alerta por radiación en la década de 1980.

La activación de alarmas en un centro de investigación nuclear en el suroeste de Estados Unidos fue el primer indicio de que algo andaba mal.

En la carretera que pasa por el Laboratorio Nacional de Los Álamos, Nuevo México, transitaba un camión de carga en enero de 1984 que activó los detectores de de radiación de ese, el lugar donde se fabricó la primera bomba atómica.

Una cámara del exterior ayudó a detectar que el vehículo, que pasaba por simple coincidencia por ahí, tenía un elevado nivel de radiación.

La investigación de su origen llevó hasta Ciudad Juárez, México, donde inadvertidamente ya estaba en marcha el mayor incidente nuclear de su tipo en América dada la extensión que abarcó.

Aunque no tiene una comparación con la explosión de un reactor nuclear, se le ha llamado el “Chernóbil mexicano” por el alcance de contaminación que generó en México, lo cual provoca comparaciones con aquel accidente de la Unión Soviética.

Y es que miles de toneladas de varilla de construcción quedaron contaminadas con cobalto-60 y este material fue comercializado en 17 de los 32 estados de México.

El otro gran incidente de radiación en América fue en 1987 en Goiânia, Brasil, que causó al menos cinco muertes y una decena de personas con padecimientos crónicos.

Un entierro en Goiânia, Brasil, en 1987

Getty Images
El de Ciudad Juárez y el de Goiânia, Brasil, han sido los incidentes con radiación más grandes del continente.

En el caso de México, unas 4,000 personas tuvieron algún grado de exposición.

Pese al elevado número, hasta la actualidad no hay certeza de cuántas víctimas con padecimientos a largo plazo dejó el incidente, además de que no hubo un seguimiento de las autoridades sanitarias sobre las personas más expuestas.

“Un material que es sólido, encerrado, se vuelve líquido y se convierte en varilla y se distribuye por toda una nación. Aunque en ese estado ya no no es riesgoso, esa es una gran aberración de manejo de material radiactivo“, dice a BBC Mundo Gerardo Espinosa, un físico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y quien participó en la investigación académica de aquel suceso.

Como muestran la documentación de lo ocurrido, varios fueron los errores que generaron la crisis de contaminación de esa magnitud.

La compra inutilizada y no reportada

Una extensa investigación del Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias (CNSNS) publicada en 1985 describe cómo se generó la situación.

El 25 de noviembre de 1977, el Centro Médico de Especialidades de Ciudad Juárez adquirió una unidad de tratamiento con cobalto-60 fabricada en Estados Unidos.

Aunque su importación requería un permiso, la CNSNS asegura que el organismo pertinente “nunca fue avisado” y por ende “jamás extendió la autorización”.

Una unidad de terapia con cobalto

Getty Images
El cobalto-60 se ha usado para la radioterapia desde mediados del siglo XX y hasta la actualidad.

En tanto, el hospital nunca tuvo el personal capacitado para usarlo, por lo que lo almacenó indefinidamente en un espacio de la clínica en la que “no se cumplían los requisitos mínimos” de seguridad, según la CNSNS.

El cobalto es un material radiactivo que se produce en reactores y que se usa para aplicaciones de física médica, para terapias con radiación. Hoy los hospitales siguen usando cobalto-60 para pacientes con cáncer”, explica Espinosa.

La extraen del hospital como “chatarra”

Pasaron seis años hasta que, en diciembre de 1983, el técnico de mantenimiento de la clínica Vicente Sotelo Alardín inadvertidamente inició el incidente.

El trabajador “desarmó el cabezal de la unidad y extrajo de allí un cilindro en cuyo interior se encontraba el cobalto-60. La operación la realizó sin ninguna ayuda”, dice la investigación.

“El objetivo era vender como chatarra las partes”.

Ilustración de la fuente de cobalto

CNSNS
Sotelo perforó la fuente blindada de cobalto-60, lo que causó la salida de material radiactivo.

Debido a que el cilindro con la fuente radiactiva pesaba unos 100 kg, Sotelo Alardín le pidió ayuda a un amigo, Ricardo Hernández, para trasladar el material en una pequeña camioneta de carga.

Viajaron hasta un local de compra-venta de chatarra llamado Yonke Fénix, en el sur de Ciudad Juárez, donde vendieron lo obtenido.

Sin embargo, la manera en cómo el aparato fue perforado y trasladado dio pie a que el incidente tuviera consecuencias todavía más graves.

“La verdad es que nunca nos avisaron que esa máquina tenía contaminación. Había muchas cosas arrumbadas: aparatos de ventilación, catres y todo eso y, la verdad, ni un solo letrero con una calavera o algo así“, dijo Sotelo Alardín al semanario Proceso en 1984.

Según los directivos del hospital, el trabajador tomó sin autorización el aparato, pero Sotelo Alardín aseguraba que el jefe de mantenimiento del hospital le dijo que podía tomarlo.

Un rastro de radiación por Ciudad Juárez

El trabajador había perforado el cilindro que contenía 6,000 gránulos o “pellets” de cobalto-60 y una cantidad indefinida de ellos quedaron regados en la camioneta usada, en el patio de Yonke Fénix, en las grúas y otros vehículos del negocio y hasta en las calles de Ciudad Juárez.

Pero los dos grandes focos de radiactividad fueron la camioneta y el depósito de chatarra.

Pellets como los del incidente de Ciudad Juárez

CNSNS
Los gránulos de cobalto-60 son diminutos, pero representan una fuente de radioactividad decadente hasta por 35 años.

“Ha podido establecerse que para el 14 de diciembre de 1983 ya había sido utilizada la chatarra contaminada con el cobalto-60 por las fábricas de productos de acero, en las fundiciones”, dice la investigación, que señala que la empresa Aceros de Chihuahua SA (Achisa) como el principal comprador de hierro.

El descubrimiento por casualidad

El 16 de enero de 1984 se dio la detección del camión de carga que pasaba cerca del Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Nuevo México (Estados Unidos).

Cuando las autoridades estadounidenses revisaron las cámaras y vieron que se trataba del vehículo empleado por Achisa, notificaron al gobierno de México.

A partir de ahí, los expertos fueron jalando la hebra de la madeja hasta dar con el origen del problema y el riesgo de contaminación que se generó: “se confirmó la existencia de una amplia dispersión de material radiactivo”.

Laboratorio Nacional de Los Álamos

Getty Images
En el Laboratorio Nacional de Los Álamos se detectó el camión con radiación.

Espinosa explica que este material radiactivo “tiene una vida media de 5 años” y a partir de ahí la fuente pierde su intensidad de manera progresiva.

“Si tienes 100 átomos radiactivos, en 5 años tendrás 50, en otros 5 años nada más 25. Se considera que tienen 7 vidas medias, es decir, una vida activa de casi 35 años”, así que en 1984 el cobalto-60 del incidente ya había pasado a la mitad de su potencia.

La camioneta estacionada

La investigación encontró en principio que no solo en las instalaciones Yonke Fénix y Achisa había contaminación, sino también en el área de mantenimiento y el conmutador telefónico del hospital de origen, la camioneta del hospital a cargo de Sotelo Alardín y la calle en donde la estacionó, así como una maquiladora de productos de acero llamada Falcón de Juárez.

La fuente de desechos encontrada

CNSNS
La fuente de cobalto-60 fue encontrada en el sitio de compra-venta de chatarra Yonke Fénix.

Además de establecer “blindaje” en torno a los lugares investigados y asegurar las varillas y productos contaminados, fue imperativo rastrear la presencia de los gránulos de cobalto-60 sueltos con equipos especializados e incluso un helicóptero con un detector que barrió las calles de Ciudad Juárez.

La pequeña camioneta Datsun, estacionada durante semanas debido a una avería en un barrio habitacional cercano a la frontera con EE.UU., donde vivía Sotelo Alardín, también fue un foco de contaminación inquietante: las lecturas de niveles de radiación llegaron en un momento hasta 1.000 R/h

“Eso se considera alto y en una exposición de una hora a cuerpo completo puede morir la persona. Pero si el conductor y acompañante estuvieron en la cabina durante el transporte de la fuente debieron haber recibido una exposición de aproximadamente 4.7 R/h que pudo haberles provocado vómitos al cabo de horas y enrojecimiento de la piel en la semana”, dice a BBC Mundo el doctor Epifanio Cruz, de la UNAM.

La búsqueda de desechos radiactivos

CNSNS
Los gránulos o pellets quedaron regados por los locales de comercio de hierro.

“En virtud de que se trataba de una zona densamente poblada, se consideró urgente llevar la camioneta contaminada a un sitio que reuniera las características de no estar poblado ni se encontrase demasiado distante”, dice el informe de la CNSNS.

La maniobra se planeó cuidadosamente y se ejecutó en 10 minutos. El vehículo fue llevado hasta el parque de El Chamizal, a un lado de la línea fronteriza con Estados Unidos.

“Fuimos a hacer mediciones de radiación. Una señora se sentaba diario junto a la camioneta. Nadie se enteró de que había una fuente radiactiva. Y ese fue el problema”, recuerda Espinosa del trabajo que hicieron por parte de la UNAM.

La búsqueda de desechos radiactivos

CNSNS
La población poco supo de la situación que se había dado, explica Espinosa.

“Nadie supo que había material radiactivo ni en el hospital, ni en el traslado, ni en la camioneta”, añade.

El material sacado de Ciudad Juárez

La degradación natural del cobalto-60 hizo que la fuente de radiación pasara de 3.000 curios (Ci) en 1977 a 450 Ci para febrero de 1984.

“Con menos de 500 puede haber efecto, pero no mucho. Depende del tiempo de exposición. Por eso el daño a la población fue muy bajo”, explica Espinosa.

Además de Yonke Fénix y Achisa, la investigación de la CNSNS detectó que tres empresas que comercializaban materiales férreos en las ciudades de Monterrey, Gómez Palacio y San Luis Potosí registraban contaminación.

Las instalaciones de Achisa

CNSNS
Unas 6.600 toneladas de varilla fueron fabricadas con hierro contaminado, según la investigación.

Incluso en una carretera que une a Ciudad Juárez y Chihuahua hubo rastros de material radiactivo. Todo requirió una cuidadosa tarea de detección y aseguramiento de gránulos y objetos conaminados.

En total, 6,600 toneladas de varilla y 3,000 bases metálicas para mesas estaban contaminadas.

La varilla fue comercializada en 17 de los 32 estados de México. De 17,600 construcciones inspeccionadas, 814 tuvieron que ser demolidas, según el informe.

“Nos pidieron a la UNAM que fuéramos a medir las varillas de castillos (pilares) de construcciones. Su nivel ya no era importante, pero por ley había que detectar ese material. Y se hizo un escándalo gubernamental porque se pedía que se derribaran”, recuerda Espinosa.

La búsqueda de desechos radiactivos

CNSNS
Gránulos de cobalto-60 fueron detectados incluso en una carretera por la que pasó un vehículo con hierro contaminado.

El experto explica que, si bien el nivel de exposición ya no era riesgoso, las normas internacionales requieren que 90% del material contaminado sea asegurado y desechado.

4,000 personas expuestas

La investigación indica que unas 4,000 personas resultaron “expuestas a la radiación” de las cuales un 80% recibió dosis inferiores a 500 mrem.

Eso es equivalente a lo que una persona puede recibir si está cerca de un paciente que recibió tratamiento de radiación.

Otro 18% recibió entre 0,5 y 25 rems, mientras que 2%, o unas 80 personas, estuvieron expuestas a más de 25 rems. De todas, cinco personas estuvieron expuestas a dosis de entre 300 y 700 rems en un periodo de dos meses, según la CNSNS.

“Para las cinco personas expuestas a las dosis entre 300 y 700 rem, fue más que suficiente para afectar a gónadas, glándulas tiroides y huesos superficiales por ejemplo en manos y pies, acortamiento de la calidad de vida”, explica el doctor Cruz.

“El efecto de esas dosis puede llevar a daños del material genético hereditario al menos a dos generaciones, causar esterilidad y falta de espermatozoides en la persona expuesta que puede recobrarse pasados al menos cinco años”, añade.

La investigación publicada en 1985 presenta un informe médico, pero es poco lo que se describe sobre problemas de salud detectados en las personas expuestas.

Sobre Vicente Sotelo Aldarín no se reporta nada, pero él mismo dijo a Proceso meses después que tuvo malestares que luego desaparecieron: “creyeron que era diabetes”.

Después del incidente, poco se supo del trabajador. Espinosa dice que “el señor se perdió”.

Los trabajadores de Yonke Fénix “dijeron no haber experimentado vómitos, cansancio ni náuseas y no presentaban marcas visibles en pies o manos”, salvo algunas pigmentaciones y algunos malestares pasajeros, según la CNSNS.

Cuatro trabajadores, el hijo de uno de ellos y un cliente, sí presentaron leucopenia, que es disminución en la concentración de leucocitos en la sangre.

Pero luego de unos meses. los empleados de Achisa “se quejaron de fuertes dolores de cabeza, vómitos y diarreas”, reportó Proceso en aquella época.

Señal de peligro por radiación.

Getty Images
Sotelo Aldarín asegura que no había ninguna advertencia de riesgo en la máquina que tomó.

Ricardo Hernández, quien ayudó a trasladar la unidad, tenía “una quemadura atribuible a radiaciones en proceso de cicatrización sin ningún otro síntoma”.

“En ninguno de los casos se detectó sintomatología aguda”, según la investigación de ese entonces. No hubo reportes de víctimas mortales conocidas.

BBC Mundo solicitó a la CNSNS una actualización de las consecuencias médicas que hubo, pero la institución dijo que lo contenido en el informe de 1985 es lo único disponible: “no contamos con más registros de esa época”.

Como varios reportes de la época indican, no hubo seguimiento sanitario de las víctimas, por lo que no se sabe a ciencia cierta si las personas expuestas sufrieron más trastornos o cáncer, que es una de las consecuencias por la exposición de radiación.

El “cementerio” radiactivo

Encontrar un lugar en el cual colocar el material radiactivo fue el siguiente problema a resolver: tenía que estar en un sitio apartado de la población, poca lluvia, sin contacto con fuentes de agua y con el menor riesgo de contaminación al medioambiente.

“Llevaron de un lado para otro durante casi un año en camiones el material radiactivo para ver dónde lo enterraban. Fue un desorden total“, recuerda Espinosa.

El tiradero de desechos radiactivos

CNSNS
En un espacio desértico conocido como “La Pedrera” fue excavado el “cementerio” de desechos.

Luego de múltiples intentos fallidos por asegurar un terreno, por la oposición de pobladores y autoridades locales, el gobierno mexicano efectuó una excavación en un paraje desértico del sur de Ciudad Juárez llamado “La Pedrera”.

Ahí fueron llevados tanto las varillas y otros materiales fabricados con hierro contaminado, como la camioneta de Sotelo Aldarín. Todo fue sepultado entre concreto para neutralizar su efecto nocivo.

Sin embargo, reportajes de la prensa local y nacional han mostrado que aquel “cementerio” de desechos radiactivos que debería estar protegido ha quedado en el abandono.

La CNSNS dijo a BBC Mundo que “se calcula que actualmente la concentración de actividad presenta niveles prácticamente inocuos, cercanos a los niveles de dispensa”.

“Por lo anterior, se puede afirmar que la existencia del sitio de disposición La Piedrera no representa riesgo radiológico alguno para la población ni para el ambiente”, añade.

El tiradero de desechos radiactivos

CNSNS
La camioneta manejada por Sotelo Aldarín fue enterrada en el tiradero construido.

Y es que medios locales han denunciado que el lugar carece de vigilancia y que incluso ha habido incursiones de personas que buscan objetos para comercializar.

Para el físico Guillermo Espinosa, es cierto que la vida media ya superada ayudó a que no fuera un riesgo en la actualidad: “pero sí creo que fue muy mal manejado”, considera.

La radiactividad es como el fuego: si lo manejas bien, cocinas unos excelentes bifes. Si no la manejas bien, hay quemaduras”, continúa.

“La lección que se debe aprender es que cualquier fuente de radiación debe estar controlada, certificada y siempre debe haber un responsable. Cosa que ahí no ocurrió”.


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