La Sierra Tarahumara enfrenta una fuerte sequía; alertan por desnutrición
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La Sierra Tarahumara enfrenta un año de sequía grave; alertan por desnutrición y precaria atención médica

La pandemia podría ser muy grave no solo con la desnutrición, también por la precaria infraestructura de salud. Los centros de salud en las comunidades están mínimo a dos horas caminando.
Cuartoscuro
6 de noviembre, 2020
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Las comunidades indígenas rarámuris y ódamis que habitan la Sierra Tarahumara de Chihuahua, México, afrontan, en este 2020, una sequía atípica que hizo que se perdiera buena parte de las cosechas que sus poblaciones usan para el autoconsumo. La Secretaría de Desarrollo Rural del Gobierno de Chihuahua alertó que se han perdido entre 50 y 80% de esas cosechas.

En las comunidades están buscando opciones, dijo Irma Chávez, mujer rarámuri y promotora cultural colaboradora en el programa Chihuahua Crece Contigo, quien contó que para evitar pasar hambre están volviendo a comer ardillas y lagartijas, o pulpa de nopal. Pero aunque busquen opciones la situación es crítica.

Irma aseguró que en su comunidad, Choréachi, ubicada en el municipio de Guadalupe y Calvo, hay casos de niños desnutridos, “y este año no se dio el maíz ni para hacer pinole, va a ser muy grave”.

Dijo que hay una preocupación en las familias porque “no habrá suficiente para comer. Los niños ya estaban desnutridos y ahora ¿qué nos espera ahora si llegara la pandemia?”

Este jueves, Irma fue una de las participantes en la conferencia de prensa organizada por la organización Raichilli, sobre el posible impacto de COVID-19 en la Sierra Tarahumara. Compartiendo el micrófono con ella estaba Eva Pérez, mujer rarámuri, promotora de salud y lideresa de la comunidad de Bosques de San Elías Repechique.

Las dos denunciaron las precarias condiciones en que se encuentran las comunidades de la Tarahumara  por la sequía que viven, y se mostraron preocupadas en caso de que se lleguen a presentar casos de COVID-19 entre sus pobladores.

La pandemia podría ser muy grave, no solo por la desnutrición, también por la precaria infraestructura de salud. Los centros de salud en las comunidades están mínimo a dos horas caminando. 

Además, muchos pobladores de las rancherías y hasta de las comunidades más grandes no creen en el COVID, algo a lo que ha contribuido la falta de información.

“A las autoridades les falta mucho por hacer. Donde yo vivo solo al principio fueron a platicar que venía la enfermedad, pero las comunidades no lo vieron tan importante. Para ellos sigue siendo raro usar el cubrebocas, por ejemplo. Pero es que no ha habido buena información. Ahora que volvemos a foco rojo, hay que volver a intentar concientizar, pero no se está haciendo y luego también es que llegan con sus medidas y pues allá no hay jabón, ni gel antibacterial, pues cómo les dices que lo usen. Allá lo único sería el cubrebocas y la distancia”, contó Irma.

Eso es justo lo que hasta ahora los ha librado de la pandemia, la distancia. Pero Elvira Luna, mujer rarámuri y enfermera en un hospital COVID-19 de Chihuahua teme que si bien el virus llegará tarde, a fin de cuentas llegará, como ha ocurrido con otras enfermedades en otros años.

Elvira recordó el caso de la tuberculosis. Hace algunos años “las comunidades tampoco creían en eso, y sí tardó en llegar justo porque estamos lejos, pero llegó y en los hospitales había mucha gente de las comunidades con tuberculosis”.

Elvia dijo que antes de 2012 hubo muchos casos de esa enfermedad en las rancherías, y también hace dos años. El impacto allá ha sido tardío, pero fuerte. Igual puede ser el de COVID.

A Irma, a Elvira, a Elvia y a los que han tenido que salir de sus comunidades por alguna razón les da miedo ser el vehículo que usé el virus del SARS CoV2, que causa la enfermedad COVID-19 para llegar a las rancherías de la Sierra Tarahumara,  pero es justo la sequía y la falta de trabajo lo que ha orillado a más personas a irse a trabajar a los campos agrícolas.

“Mucha gente se ha ido de jornaleros, y algunos no regresan justo para no llevar los contagios. Muchos claro no se quieren ir a arriesgar a esos campos, pero no tienen opción, no hay acá trabajo, no hay cosecha”, señaló Irma.

La Red Mexicana de Jornaleras y Jornaleros Agrícolas ha alertado de oleadas inusuales de pobladores de las comunidades hacia los campos de cultivo, en meses y número de personas que no se habían visto antes. La organización acusa que las autoridades no han hecho un censo para tener información oficial sobre cuántos trabajadores se han contagiado de COVID-19 y fallecido por la enfermedad.

El otro impacto

A Elvira lo que le preocupa además de la sequía es toda la atención médica que no han recibido los habitantes de las rancherías que están en la Sierra Tarahumara, ante el cierre de la mayoría de los servicios en los hospitales, que se volcaron a atender el COVID.

 “Hay muchas personas que ya no pueden ser trasladadas a la ciudad, para sus estudios o seguimientos. Ahorita no atienden a pacientes por otro tipo de diagnostico que no sea de gravedad. Eso nos va a traer problemas, porque ya llevábamos un seguimiento de los casos y ya cuando llega esto se vieron muy afectados, desde el traslado, las próximas citas, todo se vino abajo”.

El impacto real de todo eso no se sabe todavía, aunque hay casos que Irma, en su trabajo de ir a las rancherías, ya tiene claro: “en la sierra veo el impacto fuerte que les causó a niños y mujeres con cáncer, que se les cerró la opción de que los atendieran en los hospitales, no tanto por el cierre de servicios, sino porque todo se complica”.

Irma explicó que los caminos se cerraron, los camiones dejaron de pasar, no hay donde hacerse los estudios diagnósticos. “El servicio sí se les cerró a muchas personas en la sierra, porque de por sí no nos quedaba cerca, en el caso de mi comunidad el centro de salud queda a dos horas caminando. A las mujeres las llevaban a Guachochi, para hacer los estudios o tomografías y ahorita no se puede ir”.

Las brigadas de salud encargadas de atender enfermedades como la diabetes no han acudido a las comunidades.

“Dicen que les da miedo el COVID y no vienen. Yo pedí hace un mes que vinieran, pero me dijeron que no”, agregó Elvia.

“Es triste todo lo que vivimos acá, es triste y muy difícil”, dijo.

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Ómicron: ¿cómo pueden los científicos actualizar las vacunas contra el COVID para la nueva variante?

La microbióloga Deborah Fuller, experta en vacunas de ARNm y ADN, explica por qué es posible que sea necesario actualizar las vacunas contra la covid-19 frente a la aparición de la variante ómicron y cómo sería ese proceso.
Getty Images
5 de diciembre, 2021
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Si la variante ómicron del coronavirus es lo suficientemente diferente de la cepa original, es posible que las vacunas existentes no sean tan efectivas como lo han sido hasta ahora.

Si es así, es probable que las empresas necesiten actualizar sus vacunas para combatir mejor a ómicron.

Deborah Fuller es una microbióloga que ha estado estudiando las vacunas de ARNm y ADN durante más de dos décadas.

Aquí explica por qué es posible que sea necesario actualizar las vacunas y cómo sería ese proceso.

1. ¿Por qué las vacunas podrían necesitar una actualización?

Básicamente, la pregunta se trata de si un virus ha cambiado lo suficiente como para que los anticuerpos creados por la vacuna original ya no puedan reconocer y defenderse de la nueva variante mutada.

Los coronavirus usan proteínas de espiga para unirse a los receptores ACE-2 en la superficie de las células humanas e infectarlas.

Todas las vacunas de ARNm contra la covid-19 funcionan dando instrucciones en forma de ARNm para que las células produzcan una versión inofensiva de la proteína de espiga.

Una persona vacunándose contra el coronavirus.

Getty Images

Esta proteína luego induce al cuerpo humano a producir anticuerpos.

Si una persona se expone alguna vez al coronavirus, estos anticuerpos se unen a la proteína de espiga y, por lo tanto, interfieren en su capacidad para infectar las células de esa persona.

2. ¿En qué sentido sería diferente una nueva vacuna?

Las vacunas de ARNm existentes, como las fabricadas por Moderna o Pfizer, codifican una proteína de espiga de la cepa original de coronavirus.

En una vacuna nueva o actualizada, las instrucciones del ARNm codificarían la proteína de espiga de ómicron.

Al intercambiar el código genético de la proteína original por el de esta variante, una nueva vacuna induciría anticuerpos que se unan de manera más efectiva al virus ómicron y eviten que infecte las células.

Las personas ya vacunadas o expuestas previamente a la covid-19 probablemente necesitarían solo una única dosis de refuerzo de una nueva vacuna para estar protegidas no solo de la nueva cepa sino también de otras cepas que pueden estar todavía en circulación.

Si ómicron surge como la cepa dominante sobre delta, los que no estén vacunados solo necesitarían recibir entre dos y tres dosis de la vacuna actualizada.

Gráfico de la mutación.

BBC

Si tanto delta como ómicron están en circulación, es probable que las personas deban recibir una combinación de la primera vacuna y de la actualizada.

3. ¿Cómo los científicos actualizan una vacuna?

Para hacer una vacuna de ARNm actualizada, se necesitan dos ingredientes: la secuencia genética de la proteína de espiga de una nueva variante de interés y una plantilla de ADN que se usaría para construir el ARNm.

En la mayoría de los organismos, el ADN proporciona las instrucciones para producir ARNm. Dado que los investigadores ya han publicado el código genético de la proteína de ómicron, lo que queda por hacer es crear una plantilla de ADN para la proteína que se usaría para producir la parte del ARNm de las nuevas vacunas.

Para hacer esto, los investigadores mezclan plantillas de ADN con enzimas sintéticas y los cuatro bloques de construcción moleculares que forman el ARNm: G, A, T y C, para abreviar.

Luego, las enzimas construyen una copia de ARNm de la plantilla de ADN, en un proceso llamado transcripción.

Con este proceso, solo se necesitan unos minutos para producir un lote del ARNm para las vacunas.

Tabla de principales variantes de Sars-CoV-2 monitoreadas por la OMS

BBC

Luego, los investigadores colocan las transcripciones de ARNm dentro de nanopartículas grasas que protegen las instrucciones hasta que se entregan de manera segura en las células del brazo.

4. ¿Cuánto tiempo pasará hasta que haya una nueva vacuna?

Solo se necesitan tres días para generar la plantilla de ADN necesaria para hacer una nueva vacuna de ARNm.

Luego, se necesitaría aproximadamente una semana para producir dosis suficientes de la vacuna de ARNm para probar en el laboratorio y otras seis semanas para realizar las pruebas preclínicas en células humanas en tubos de ensayo para asegurarse de que una nueva vacuna funcione como debería.

Entonces, en unos 52 días, los científicos podrían tener una vacuna de ARNm actualizada lista para conectarse al proceso de fabricación y comenzar a producir dosis para un ensayo clínico en humanos.

Es probable que ese ensayo requiera al menos otras pocas semanas, lo que sumaría un total de alrededor de 100 días para actualizar y probar una nueva vacuna.

Mientras se lleva a cabo ese ensayo, los fabricantes podrían comenzar a cambiar su proceso actual de producción.

Idealmente, una vez que se complete el ensayo clínico, y si la vacuna se autoriza o aprueba, una empresa podría comenzar inmediatamente a distribuir las dosis de la nueva vacuna.

5. ¿Una vacuna actualizada necesita ensayos clínicos completos?

Actualmente no está claro cuántos datos clínicos se necesitarían para obtener la aprobación o autorización de la FDA para una vacuna contra la covid-19 actualizada.

Sin embargo, todos los ingredientes serían iguales en una nueva vacuna. La única diferencia serían unas pocas líneas de código genético que cambiarían ligeramente la forma de la proteína de espiga.

Desde una perspectiva de seguridad, una vacuna actualizada es esencialmente idéntica a las vacunas ya probadas.

Debido a estas similitudes, es posible que las pruebas clínicas no necesiten ser tan extensas como las que se necesitaban para las vacunas de primera generación.

Una persona se somete a la prueba PCR de coronvairus

Getty Images

Como mínimo, los ensayos clínicos de las vacunas actualizadas probablemente requieran pruebas de seguridad y la confirmación de que inducen niveles de anticuerpos equiparables con los de la vacuna original contra las cepas beta y delta.

Si estos son los únicos requisitos, los investigadores inscribirían solo a cientos, no a decenas de miles, de personas para obtener los datos clínicos necesarios.

Una cosa importante a tener en cuenta es que si los fabricantes deciden actualizar sus vacunas para la variante ómicron, no sería la primera vez que realizan un cambio de este tipo.

Una variante anterior, B.1.351, surgió en octubre de 2020 y era lo suficientemente resistente a las vacunas vigentes en ese momento como para justificar su actualización.

Los fabricantes respondieron rápidamente a la amenaza potencial desarrollando una vacuna de ARNm actualizada para coincidir con esta variante y realizaron ensayos clínicos para probar la nueva vacuna.

Afortunadamente, esta variante no se convirtió en la variante dominante. Pero si lo hubiera hecho, los fabricantes de vacunas habrían estado listos para lanzar una vacuna actualizada.

Si resulta que ómicron, o cualquier variante futura para el caso, justifica una nueva vacuna, las empresas ya hicieron los ensayos generales y están listas para enfrentar el desafío.

* Deborah Fuller es profesora de Microbiología en la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington.

* Esta nota es una traducción de un artículo publicado originalmente en The Conversation y que puedes leer aquí.


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