Guerreros Unidos sobornaba a coronel del caso Ayotzinapa, acusa testigo
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Guerreros Unidos sobornaba al coronel encargado del batallón que participó en caso Ayotzinapa, según testigo

La misma declaración de este testigo protegido es la principal prueba contra el capitán José Martínez Crespo, el único militar detenido. El uniformado dice ser un “chivo expiatorio” y niega relación con el crimen organizado.
Cuartoscuro
30 de noviembre, 2020
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Un coronel del Ejército mexicano estaba en nómina del grupo criminal Guerreros Unidos cuando desaparecieron los 43 estudiantes de Ayotzinapa, según un testigo protegido cuya declaración forma parte de la causa penal 5/2020 que investiga los hechos ocurridos en Iguala entre el 26 y el 27 de septiembre de 2014.

“Solo sé que su apellido es Rodríguez, de rango coronel, de aproximadamente un metro con setenta y cinco centímetros, moreno claro, nariz ancha, cabello corto, negro, delgado, cejas regulares”, dijo el declarante denominado como “Juan” en una comparecencia que tuvo lugar el 10 de febrero.

En el momento en el que tuvieron lugar las desapariciones de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, el coronel José Rodríguez Pérez estaba al mando del 27 Batallón de Infantería del Ejército en Iguala y fue él quien coordinó las acciones militares de aquella jornada. Posteriormente, fue ascendido a general brigadier durante el gobierno de Enrique Peña Nieto. 

Lee: Dictan formal prisión contra el primer militar vinculado a la desaparición de los 43 de Ayotzinapa

Animal Político quiso conocer la actual situación del coronel, pero ni la Secretaría de la Defensa (Sedena), ni la Fiscalía General de la República (FGR) dieron respuesta al cierre de la edición. 

El señalamiento contra el coronel Rodríguez está incluido dentro del auto de formal prisión dictado contra el capitán José Martínez Crespo, al que Animal Político tuvo acceso.

El capitán Crespo se entregó a las autoridades el pasado 11 de noviembre y está en prisión acusado de “delincuencia organizada con la finalidad de cometer delitos contra la salud”, delito que siempre ha negado.

Aunque la carpeta investigación la dirige la Unidad Especial de Investigación y Litigación para el caso Ayotzinapa, hasta el momento no se han formulado imputaciones directas sobre su participación en las desapariciones. 

El coronel Rodríguez y el capitán Crespo aparecen en la misma declaración: la del testigo protegido bajo el nombre de “Juan”. Sin embargo, su suerte ha sido muy diferente. Mientras que el militar de más alta graduación sigue en libertad, quien fuera su subalterno estará en prisión el tiempo que siga la causa en su contra.

Ambos declararon en su momento como testigos y Crespo no ha variado su discurso: se declara inocente y exculpa al Ejército. El capitán, no obstante, aparece también en otros testimonios: los de las personas presentes en la clínica Cristina, donde llegó a la 1 de la madrugada por orden de sus superiores. 

Dos declaraciones y varias inspecciones

El relato de “Juan” es clave porque se ha convertido en parte fundamental de la nueva investigación que sustituye a la denominada “verdad histórica” promovida por el entonces titular de la Procuraduría General de la República, Jesús Murillo Karam.

El presidente, Andrés Manuel López Obrador, ha reiterado desde hace meses la necesidad de “romper el pacto de silencio” y ha ofrecido beneficios legales a quienes se acojan a la figura de testigo protegido. Esto ha permitido que aparezcan nuevas aportaciones como las declaraciones de “Juan”, quien declaró al menos en dos ocasiones (10 de febrero y 31 de marzo) y acompañó a los investigadores a diversos lugares en Guerrero vinculados con el caso. 

Según lo declarado por el testigo protegido, los hechos de Iguala se desataron por el enfrentamiento entre miembros de Guerreros Unidos con un grupo rival, que habría llegado en camionetas detrás de los autobuses en los que viajaban los normalistas y sus integrantes habrían intentado camuflarse mezclándose con los estudiantes. El testimonio ha servido, como publicó la revista Proceso, para que se investigue el papel del Ejército en aquellos sucesos

La juez Segundo de Distrito de Procesos Penales Federales en el Estado de México con residencia en Toluca emitió el pasado 8 de septiembre al menos 25 órdenes de aprehensión por delitos de “delincuencia organizada” contra personas a las que vincula con la desaparición de los 43 estudiantes. Uno de los buscados era Crespo. Entre los requeridos por la justicia están también el expolicía federal Víctor Manuel Colmenares Campos, detenido en septiembre y encarcelado en Almoloya, Edomex, o Pablo Vega “El Transformer”, integrante de Guerreros Unidos y actualmente preso en Estados Unidos. 

Lee: Familiares de los 43 de Ayotzinapa temen que pacto deje libre al capitán Crespo

En esta nueva narrativa que explique qué ocurrió con los estudiantes y quiénes son los responsables es clave la declaración de “Juan”. El testigo, que fue parte de Guerreros Unidos desde 2010, sirvió para explicar el origen del grupo criminal, sus trasiegos de drogas a EU y cómo corrompían a funcionarios de los tres órdenes de gobierno para ponerlos a su servicio. 

“Algunos mandos del ejército estaban en la nómina del grupo, los elementos del ejército que participaron en los hechos del 26 y 27 de septiembre de 2014, en Iguala de Independencia, Guerrero, eran de los que estaban trabajando ese día”, dijo en su declaración de febrero.

Los presuntos sobornos: de 60 mil pesos a 5 millones

El testimonio es una amplia explicación sobre el nacimiento de Guerreros Unidos, grupo que se escindió del cártel de los Beltrán Leyva y que estaba liderado por Mario Casarrubias Salgado. Aquí aparece una figura clave: Jesús Pérez Lagunas, “El Güero Mugres”, a quien el confidente responsabiliza de la coordinar la acción contra los estudiantes y también de pagar sobornos a distintas autoridades de gobierno.

Se trata de un individuo que apenas aparecía en las averiguaciones anteriores y a quien tampoco se podrá sentar en el banquillo, ya que fue asesinado en 2018. 

Una de las partes clave del testimonio de “Juan” es cuando señala a dos militares de estar al servicio del crimen organizado. Por un lado, al “coronel Rodríguez”. Por el otro, al capitán Crespo.

A ambos les acusa de recibir dinero del narco. Además, vincula a los elementos del 27 batallón de infantería con la desaparición de los estudiantes. “Como ya le dije todos los que estuvieron ese día trabajando fuera del batallón intervinieron de alguna manera en el evento de los muchachos estudiantes. Usted ya tendría que ver con su trabajo quiénes fueron, ese evidente, además que como le dije antes específicamente no puedo develar por el momento nombres pues está en riesgo mi vida y la de mi familia”, dice la declaración. 

Según este testimonio, la alianza entre uniformados y crimen organizado no era algo puntual, ya que integrantes del 27 batallón colaboraban habitualmente con Guerreros Unidos. “Pues ellos eran parte como autoridad, varios tantos que no puedo especificar pues era obvio la forma en que estaban coludidos con el grupo, como aquel que le narré de la persona alias “El Huarache” donde a él lo detienen y lo dejan en libertad a Mario Casarrubias Salgado, otros en el que ellos ayudaban a transportar armas y droga pues nadie los paraba en la carretera. No puedo decir más porque ya le dije que corre mi vida riesgo”, afirma.

Sobre los pagos, el testigo es muy claro. “Se pagaba mensualmente según el rango era lo que variaba, un teniente andaba entre 60 y 80 mil pesos, un capitán andaba en 120 mil pesos, mientras que un general ya es cosa seria, lo que se le da pues va de 4 a 5 millones”.

“Juan” aseguró que era “El Güero Mugres”, asesinado en 2018, quien se encargaba de efectuar los pagos. El procedimiento era recolectar el dinero entre los integrantes de Guerreros Unidos y entregarlo a las personas que correspondían. 

El testimonio señala directamente a los militares por su participación en las desapariciones de los 43 normalistas y asegura que “El Güero Mugres” fue también el encargado de dar órdenes a los militares.

“A lo que me enteré que ellos estuvieron realizando funciones de tomar a los estudiantes y llevarlos al veintisiete batallón, para interrogarlos, en ese interrogatorio algunas de las personas que esa noche llevaron al batallón murieron, esas y las que quedaron vivas fueron entregadas a los miembros del grupo Guerreros Unidos, específicamente a policías estatales y municipales y estos a su vez a Nicolás Nájera y los Benítez Palacios para ejecutarlos y deshacerse de esas personas, estudiantes y la gente que levantaron que venían en las camionetas”. 

En este punto, “Juan” asegura que los militares desplazados al Hospital Cristina no acudieron para auxiliarlos, sino para llevárselos, pero el plan se frustró por la presencia de muchos testigos. “Al llegar a la clínica los militares no iban a auxiliarlos sino sacarlos para llevárselos, pero al llegar a la clínica había gente por eso ya no se los llevaron pues iba a haber muchos testigos”, dice.

Al frente del batallón que llegó a la clínica estaba el capitán Crespo, quien salió a patrullar pasada la medianoche por orden del coronel Rodríguez. Desde la prisión, el uniformado negó todos los cargos y aseguró que él fue señalado “por estar en el lugar y en el momento menos indicados”. 

Crespo descarta ser testigo protegido: “yo doy la cara”

“Yo recibo órdenes, acato órdenes e informo. En ningún momento nosotros como Ejército tuvimos algo que ver en lo que haya sucedido. Mis actuaciones siempre fueron informadas, siempre apegadas a derecho”, dijo el propio Crespo en un mensaje a Animal Político transmitido por el abogado Conrado López Hernández, presente en la causa como hombre de confianza del militar.

López Hernández, también militar, estudió en misma promoción que el capitán Crespo y ha intervenido en todo el proceso de entrega de su compañero ante las autoridades. 

Lee: Por primera vez detienen a un militar por la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa

“Las acusaciones son fuera de lugar. La persona con la que se están apoyando tiene el beneficio para que den información y tengan beneficio”, aseguró Crespo en su mensaje. El capitán fue muy crítico con el testigo protegido, a quien acusó de hacer “señalamientos falsos”. “Siempre va a haber un chivo expiatorio”, afirmó. 

Crespo niega tanto haber tenido relación con la desaparición de los 43 estudiantes así como estar en la nómina de Guerreros Unidos. De hecho, asegura haber participado en operativos contra este grupo delictivo en el que se incautaron armas, se destruyeron plantíos e incluso se causaron bajas. Su consejero, Conrado López Hernández, recuerda que él salió a patrullar pasada la medianoche, cuando los ataques a los normalistas habían sido horas antes. 

“Lo que pretenden es involucrar al Ejército para quitarse la culpa”, consideró. También descartó convertirse en testigo protegido para declarar contra superiores como el general que aparece en la declaración. “Yo doy la cara”, dijo, y aseguró que desde la Sedena le recomendaron afrontar el proceso para probar su inocencia. 

El papel de los militares en la noche de Iguala sigue siendo una gran interrogante. Desde que ocurrieron los hechos, las familias de los 43 estudiantes han exigido que se investigue a los integrantes del 27 Batallón de Infantería.

En un primer momento, quien era secretario de la Defensa, el general Salvador Cienfuegos, aseguró que los integrantes del Ejército ni siquiera estaban allí. Pero aquellas afirmaciones quedaron desmentidas por la realidad: no solo estaban en Iguala, sino que patrullaron en algunos de los lugares clave donde se registraron los sucesos con los normalistas. 

Desde que se anunciaron las órdenes de aprehensión contra militares, únicamente el capitán Crespo ha sido capturado. Aunque, en realidad, fue él quien se entregó a las autoridades.

Según Conrado López Hernández esto se produjo después de un acuerdo con mandos de la Secretaría de la Defensa, que le garantizaron que estaría en una prisión militar para proteger su seguridad. La juez decretó que Crespo siga en cárcel y es allí donde prepara su defensa, asesorado por cinco abogados de la defensoría de oficio militar.  

Desde que López Obrador llegó a la presidencia se han detenido a 80 personas vinculadas a la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa.

Desde marzo hasta la fecha se libraron 70 órdenes de aprehensión de 83 solicitadas. De ellas, 34 personas ya fueron arrestadas. Entre ellos no está ese coronel de apellido Rodríguez a quien un testigo protegido acusa de recibir dinero para proteger a Guerreros Unidos. 

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Los granjeros de Wisconsin que cambiaron el muro de Trump por un 'puente' con México

En territorio de gran apoyo "trumpista" y clave para estas elecciones, hay quien prefiere levantar puentes con México en lugar de muros.
29 de octubre, 2020
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John Rosenow y Roberto Tecpile.

T.G.

De pronto, la carretera se acaba y desaparecen los nombres y números que la identifican. En su lugar, una sola letra y un camino sin asfaltar, por el que cruzan los animales sin prestar atención al tráfico y alguno que otro yace muerto en la vía.

Alrededor, vastos campos verdes y dorados… y unos pequeños carteles que sobresalen en el terreno, con frases difíciles de leer desde el auto.

“Se trata del medio ambiente”, parece decir uno de ellos. “Se trata de ti”, continúa el siguiente.

Al fondo, la respuesta a mis dudas, en la verja de una de las primeras viviendas que me encuentro en el camino: “Vota el 3 de noviembre. Wisconsinitas por Biden”.

A diferencia de los carteles pro-Trump, este es el primero que veo a favor del candidato demócrata a la presidencia de EE.UU., Joe Biden, en decenas de kilómetros. Y casi el único de ese gran tamaño.

Carteles en la verja de la casa de John Rosenow.

T.G.
Además del voto a Biden, la familia Rosenow colgó frases de Alexander Hamilton (“Quienes no defienden nada, acaban creyéndose cualquier cosa”) o James Baldwin (“La ignorancia, aliada con el poder, es el mayor enemigo de la justicia”).

“Son cosa de mi mujer… Yo soy el manitas”, dice bromeando el granjero John Rosenow en el jardín de su casa y sin soltar a su pequeño perro, que gruñe a la extraña hasta que se le da algo de cariño.

Rosenow dice ser la “excepción” en esta pequeña localidad rural de Wisconsin, Waumandee, una de las que le dieron la sorprendente victoria a Donald Trump en 2016 y que estas elecciones también serán determinantes.

El estado de Wisconsin llevaba sin votar por un candidato republicano desde los años 80 pero lo hizo por Trump por un estrecho margen de votos; un viraje que se dio, entre otras cosas, por el apoyo de enclaves rurales como éste.

“En realidad, mi familia y yo llevamos siendo la excepción 100 años”, dice con cierto orgullo el granjero.

Pero hay algo en lo que su familia también destaca en este lugar: un proyecto con el que, mientras se intensificaba la retórica antinmigración de Washington, él y otros compañeros conseguían derribar barreras entre EE.UU. y México.

Lo llaman “Puentes” y es la antítesis del muro de Trump.

Un sector falto de mano de obra

“Por ahí va Roberto. Luego lo conocerás, ayer estuvimos jugando al golf. Está muy enganchado… como yo”, dice riendo Rosenow al principio de la entrevista, apuntando al vehículo industrial que acaba de cruzar por la vía más cercana y cuyo estruendo corta nuestra conversación.

En el transporte, uno de los trabajadores mexicanos que más años lleva en este “rancho” de producción láctea, seis; y el que mejor parece manejarse con el inglés.

tractor en la granja de Rosenow.

T.G.
Roberto Tecpile lleva seis años en la granja de Rosenow.

“Está aquí desde las 4:00 am dando de comer a las vacas“, explica el granjero a media mañana. Más de cuatro horas después, Roberto seguirá allí.

En este martes de septiembre, la actividad en la granja de Rosenow, “Rosenholm Dairy”, parece funcionar como un reloj, a pesar de que el “patrón”, como le llaman sus empleados mexicanos, pase parte del día enseñando las instalaciones a esta periodista de BBC Mundo.

La situación actual es radicalmente distinta a la que vivieron en los años 90, cuando nadie parecía querer trabajar aquí y los empleados que encontraban no eran del todo fiables, por lo que Rosenow desayunaba en su cocina con la mirada puesta en el granero, por si alguien volvía a fallar y tenía que ir a suplirle.

“Era 1998, ya no podíamos encontrar gente localmente, así que decidimos emplear a inmigrantes a regañadientes”, recuerda el septuagenario, que suele levantarse a las 3:30 am para estar a las 4:00 listo para trabajar, con su característico peto de rayas.

John Rosenow en el jardín de su casa.

T.G.
Rosenow también es descendiente de inmigrantes.

“El primero que contraté fue a través de una empresa de Texas y fue fabuloso. Trabajó dos meses, pero se sentía solo, porque era el único mexicano en unas 100 millas a la redonda, así que se marchó”.

Fue el inicio de un flujo de inmigrantes, muchos de ellos indocumentados —si no la mayoría—, que ya no cesaría y que acabaría salvando su granja y la de muchos otros, en un momento de grave escasez de mano de obra y ante un mercado complicado en plena globalización.

El número de inmigrantes trabajando actualmente en el sector es difícil de establecer. El último estudio nacional realizado hace cinco años para la Federación Nacional de Productores de Leche estimó que representan el 51,2% de la fuerza laboral y que las granjas que emplean a inmigrantes producen el 79% del suministro lácteo de EE.UU.

En el sector agrícola en general, los latinos representan el 27,5%, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales de EE.UU. publicados en 2019.

Los mexicanos resolvieron el mayor problema en Waumandee, realizando trabajos duros —de 4:00 a 17:00 o más, y en temperaturas que en invierno pueden caer por debajo de los 10 grados bajo cero—; pero presentaron un nuevo desafío.

Datos clave del peso de los inmigrantes en el sector lácteo. [ 51,2% Los inmigrantes representan más de la mitad de la fuerza laboral de la industria en el país. ],[ 79% Es la cifra del suministro lácteo estadounidense que proviene de granjas que emplean a inmigrantes. ] , Source: Fuente: Estudio nacional para la Federación Nacional de Productores, publicado en 2015., Image: Dos vacas

“Me di cuenta pronto que no saber español y nada de la cultura era un aspecto realmente negativo para mí. Si iba a ser un buen empleador, necesitaba saber todo eso”, dice Rosenow, recordando algunos momentos que le frustraron y que hoy considera graciosos.

Acudieron entonces a la profesora de español de secundaria de la zona, Shaun Duvall, pero ella enseguida vio que con clases no bastaría y propuso un “viaje de inmersión” a México.

Rosenow reconoce que antes de ir le parecía absurdo (“¿por qué hacer tantos kilómetros con las tecnologías que tenemos hoy en día?”), pero casi dos décadas después, no duda: “Fue una experiencia reveladora”.

Rosenow con la familia de Marcos.

Puentes/Bridges
Rosenow ha viajado en diez ocasiones a México.

Y es que en ese primer viaje, al que se sumaron 15 granjeros y cuya agenda consistía en clases por la mañana y por la tarde, lo que se presentó como una idea casual —visitar a las familias de sus empleados durante uno de sus días libres— acabó convirtiéndose en revolucionario.

“Un veterano periodista en México me contó que nunca había visto algo igual”, subraya Rosenow sobre esa visita espontánea, que sus empleados latinos no pueden arriesgarse a hacer. Su situación irregular lo convierte en un peligro: si consiguen salir, quizá nunca puedan volver a entrar.

“Le dije a Duvall que no podíamos dejar que esto muriera, así que condujimos a todas partes, dimos charlas y recaudamos dinero para ayudar a respaldar la idea y a la gente a ir. Unas 150-200 personas, la mayoría granjeros, han ido ; yo unas 9 o 10”.

El activismo de Rosenow también le ha llevado en diversas ocasiones a Washington, donde se manifestó y presionó por los derechos de sus trabajadores, muchos de ellos condenados a vivir en las sombras.

Puentes en la era Trump

La jovial Mercedes Falk aparece en la granja y todos los empleados latinos se giran a saludarla. “¡Hola! —dice ella en perfecto español— ¿Nos vemos luego en la clase de inglés?”

Esa misma tarde estará impartiendo un curso gratuito para los trabajadores que quieran o puedan asistir, una iniciativa impulsada por Rosenow. La materia se imparte en la cocina de la propia granja, una suerte de sala de estar, con un sofá y un pequeño escritorio de madera, que hoy acogerá a tres empleados.

“Yo he estado ya cuatro veces en México. Y en todas las ocasiones fue conmovedor, sobre todo ver las reacciones de los padres. Dicen: ‘No sabía que mi hijo tenía un jefe que se preocupara tanto para recorrer todo este camino hasta aquí'”.

Falk asumió la dirección de “Puentes”, la organización sin ánimo de lucro que crearon para derribar barreras, en 2017, tras enamorarse de la vida en el campo y abandonar su vida urbana, en su Milwaukee natal.

Los viajes que realizan han cambiado mucho desde que empezaron en 2001: ahora el objetivo no son las clases de español, sino la visita a las familias.

“Solemos pasar 7 días: varios días enteros de visita a los familiares, alguno de descompresión y algo de turismo en la zona cercana a los pueblos donde viven los allegados”, explica Falk.

"Los granjeros están muy agradecidos porque antes no tenían mano de obra fiable"", Source: Mercedes Falk, Source description: Directora de "Puentes" desde 2017, Image: Mercedes Falk

“Doy lo mejor de mí para prepararlo todo, contactar con todas las familias, pero, bueno, es México… Todo puede cambiar”, dice riendo. “Eso ayuda también a los granjeros a entender la mentalidad de sus empleados —continúa—, allí se vive día a día y cuando lo ven de primera mano, entienden muchas cosas”.

Las fotografías que Falk muestra de sus viajes están plagadas de sonrisas por ambas partes, pero dejan entrever la pobreza y las dificultades que sufren las comunidades mexicanas que han visitado, la mayoría en las montañas de Veracruz.

“Es especialmente desgarrador escuchar a las madres hablar de cuánto echan de menos a sus hijas o hijos. Una de ellas me dijo que llevaba 15 años sin ver a su hijo. Puedes sentir su corazón quebrándose y esa parte se te queda grabada”, comenta la directora, que hace de intérprete en diferentes granjas.

Rosenow y Falk con la familia de Cristian.

Puentes/Bridges
“Si este noviembre hacemos el cambio (…) las posibilidades para nuestros empleados se ampliarán”, dice Rosenow.

Su mensaje cobra mayor relevancia si cabe en un momento de persistentes ataques a los inmigrantes por parte del presidente Donald Trump y el endurecimiento de las políticas antinmigración que ha impulsado desde su llegada a la Casa Blanca, marcada por la separación de familias en la frontera.

Trump logró su victoria con una campaña repleta de insultos a los inmigrantes y la promesa de “construir un muro” con México, y bajo su mandato el número de detenciones de migrantes en la frontera sur creció en 2019 (año fiscal) hasta su mayor nivel en 12 años, según publicó el Pew Research Center.

El presidente, además, firmó una polémica orden ejecutiva ampliando la autoridad del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) para detener inmigrantes “no autorizados” dentro del país, incluido aquellos sin antecedentes penales, lo que llevó a algunas de las mayores redadas en centros de trabajo en una década y a un aumento del 30% en detenciones en el año fiscal 2017.

No obstante, el número de arrestos en el país y deportaciones se sigue situando por debajo del registrado durante el mandato de Barack Obama, precisa el centro.

Nerviosismo

La pequeña comunidad de Waumandee votó por Trump en 2016, por 188 votos vs 87 de Hillary Clinton, y en esta campaña ya hay diversos vecinos con carteles a favor del presidente a las puertas de sus casas o negocios.

El desgarro social que se siente en otras partes de Wisconsin y del país en medio de la alta crispación política no parece ser un problema mayor en este enclave, donde el vecino es también el comisario de policía y un amigo de la infancia.

“Claro que conozco la granja de John, te indico con gusto”, me decía una afable señora a primera hora de la mañana en la única tienda que se encontraba abierta en la zona, a varios kilómetros de distancia del que era mi destino.

John en su granja.

T.G.
En la comunidad, dice Rosenow, hay diferencias políticas marcadas pero no se han retirado la palabra.

“Sé que los seguidores de Trump son en realidad buenas personas y me llevo bien con ellos”, comenta por su parte Rosenow, “Si nuestras vacas se escapan en medio de la noche, serán los primeros en ayudarnos. Mi esposa, por otra parte, lleva ese tema peor…”

Cuando se confirmó la victoria de Trump, no obstante, se vivió cierto nerviosismo en esta región del centro-oeste de Wisconsin.

“A los patrones les dio miedo”, recuerda Roberto Tecpile, el trabajador mexicano con el que Rosenow compartió “18 hoyos” la noche anterior, de estatura menuda y rostro joven.

El jefe de la granja explica que el miedo llevó a que muchos trabajadores inmigrantes “volvieran a sus casas” y varios de los granjeros de la zona pasaron por un momento “difícil” ante la escasez temporal de mano de obra

Ellos son los que más necesitan trabajadores. Y si viene Trump y los lleva… habrá problemas”, señala Tecpile, mientras va fijando una nueva verja para que las vacas no escapen del recinto y un socio de Rosenow, otro granjero estadounidense, le trae agua para combatir el calor, que empieza a ser sofocante.

Roberto Tecpile.

T.G.
Tecpile es también de Veracruz y tiene tres hijos.

El mexicano empezó a cruzar a EE.UU. cuando estaba soltero, jugándose la vida en el desierto durante dos días y dos noches, y siguió haciéndolo de casado, la última vez dejando atrás a una bebé recién nacida y otros dos hijos.

Pienso que solo podemos vivir así. No podemos estar todo el tiempo juntos (…) Cuando tienes familia, tienes más responsabilidad. Allí no hay dinero”, dice de su hogar en Veracruz.

Uno de sus compañeros, Moisés, de 27 años, cuenta que se irá pronto tras varios años trabajando en esta granja, quizá para no volver nunca más. “Yo me voy antes de que llegue el frío (…) Es muy duro”, subraya en una entrevista de pocas palabras, en la que no deja de recolocarse la gorra y mover los brazos, notablemente nervioso.

"Lo que menos me gusta es el frío. Antes de que llegue la nieve, yo me voy"", Source: Moisés, Source description: Empleado mexicano de 27 años y seis en la granja, Image: Moisés

Los inmigrantes suelen ocupar los puestos más agotadores en la industria láctea. Un estudio de 2009 de la Universidad de Madison concluyó que este grupo tendía a ser relegado a tareas rutinarias y mal pagadas, como ordeñadores o “empujadores”, que limpian el estiércol de los establos o llevan las vacas a ser ordeñadas, recogió un especial del diario local The Milwaukee Journal Sentinel.

De media, los trabajadores del sector trabajan 57 horas a la semana y tienen menos de 5 días libres al mes, incidía el periódico.

Tecpile conoce bien las dificultades de este trabajo pero también otros de gran esfuerzo manual: ha pasado de ser panadero u obrero en México, a cortar pinos o hacer cigarros en EE.UU. Lleva décadas siendo parte de un grupo crucial para la primera economía mundial, pero sigue obligado a vivir en los márgenes de la sociedad.

""Algunos piensan que es facilito, pero no. Hay que trabajar. Si no trabajas, no hay dólar" ", Source: Roberto Tecpile, Source description: Trabajador mexicano en la granja , Image: Roberto Tecpile

“Nadie tiene papeles acá, porque los ranchos no nos pueden dar visas (…) El trabajo que nosotros hacemos, pues les conviene a los americanos. Y pienso que muchos no quieren trabajar con hispanos, pero…”, comenta Tecpile, mientras continúa levantando vallas y fijándolas en el terreno arenoso, a golpe de fuerza.

De repente, su teléfono móvil suena y se escucha una voz en una lengua que me resulta ininteligible.

– “Es la esposa. Está hablando náhuatl ”, aclara él.

– “Órale, ¿ahí estás con tu patrón o con quién estás?”, se le oye decir a ella, ahora en español.

– “Aquí estoy con una reportera de España. ¿Puedes saludar?”

La mujer empieza a hablar con voz tímida pero dulce, y comparte alguno de sus temores: “A veces, estoy preocupada por mi esposo y por mi hijo, pero ellos dicen que están trabajando bien”.

Su hijo, un adolescente que aún no ha cumplido la mayoría de edad, tomó el mismo camino que su padre recientemente y cruzó con la ayuda de coyotes, una decisión que mantuvo en vilo a sus progenitores, conscientes de todos los que no salen con vida de ese mismo trayecto.

Hoy está en la clase de inglés de Falk y es uno de los que toma más apuntes, a pesar del desinterés que sentía por la escuela en su lugar de origen.

“Le gusta el trabajo, aunque es duro (…) Pero pienso que se va a desesperar“, dice Tecpile de su hijo adolescente. Él, sin embargo, cree que se quedará hasta que tenga que andar “con garrote”.

Tecpile y Rosenow.

T.G.
“Si estoy bien de salud, pienso que voy a seguir trabajando en Estados Unidos”, dice Tecpile.

Para Roberto Tecpile, “Puentes” es una iniciativa inusual y buena. Para Mercedes Falk y John Rosenow, la única vía posible.

“Cualquiera que tenga la oportunidad de conocer la otra parte de la historia —subraya Falk—, no puede evitar volver a casa con una perspectiva diferente, con empatía“.

Texto de Tamara Gil – @_tamaragil

Enviada especial de BBC Mundo a Wisconsin, EE.UU.

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